Las consecuencias de las sanciones impuestas a Rusia por el conflicto de Ucrania han convertido a Europa en “el tercer mundo de las economías occidentales”. Así de contundente se muestra el colaborador de Forbes especialista en inversiones, Kenneth Rapoza, en su último artículo publicado en la revista económica estadounidense.

“Estos días, el mercado de valores europeo es el peor del mundo occidental”, con un rendimiento inferior al de Estados Unidos en diez puntos básicos, dice Rapoza en su artículo del martes. “El viento en contra más significativo” para llegar a este punto han sido las “sanciones a Rusia sobre la energía como castigo por su guerra con Ucrania”, insiste Rapoza. Esas restricciones “desencadenaron un enorme repunte de los precios de las materias primas que ha perjudicado sobre todo a la economía europea”, añade.

El autor aconseja a los inversores que no inviertan su dinero en Europa, al menos hasta que Bruselas descubra cómo compensar la reducción masiva del suministro energético de Rusia, y cómo mitigar el impacto perjudicial de sus propias sanciones.

Si no hay pronto un alto el fuego en Ucrania, lo más probable es que “Europa esté tan desesperada este invierno y las cadenas de suministro tan estiradas que no tendrá más remedio que relajar algunas sanciones o convencer a los socios no comunitarios de que reetiqueten y transborden las materias primas rusas para que parezcan [cumplir] sus propias normas, pero haciendo realmente un giro de 180 grados”, escribe.

Hasta que no se aporte alguna solución, Europa seguirá siendo “el tercer mundo de las economías occidentales”, subraya Rapoza, afirmando que así le había descrito recientemente un inversor en Twitter la situación del continente.

Rapoza también recuerda que en Europa “tuvieron que volver al carbón para renunciar al gas ruso y están quemando más para mantener las luces encendidas. Están importando petróleo saudí como los saudíes importan petróleo ruso para su propio uso”.

En este sentido, el articulista añade que “las exportaciones de carbón de EE. UU. a Europa aumentaron más del 140% en mayo en comparación con el año anterior, y continúan a ese nivel elevado porque Europa necesita desesperadamente carbón para la generación de electricidad para reemplazar el gas ruso. Para octubre, los envíos de carbón de EE. UU. deberán crecer aún mucho más para que haya suficiente carbón disponible en Europa”.

El autor también pidió a Vladímir Signorelli, director de la consultora estadounidense Bretton Woods Research, que comentara la idea de que Europa se convierta en “el tercer mundo de las economías occidentales”. “Ciertamente, van por ese camino”, reconoció Signorelli. “Y tienes a los Verdes que siguen oponiéndose a la energía nuclear en Alemania. No los entiendo. Están en la vía rápida hacia un programa energético tercermundista”.

Solo China es ahora “peor como inversión” que Europa, afirma Rapoza, citando la “acalorada lucha política” de Pekín con Washington, la lucha interna dentro de las élites políticas chinas y las duras restricciones de Covid-19 del país.

Pobreza crónica

Según el último informe de la Fundación FOESSA, publicado en enero 2022, cuatro de cada diez personas en España están en situación de exclusión social severa. El informe ponía entonces de relieve el empobrecimiento acaecido como consecuencia de la pandemia del coronavirus, pero no cuantificaba la repercusión de la guerra en Ucrania. Es decir, no contaba con la inflación desbocada que hoy nos asola y que ha empobrecido drásticamente los hogares españoles.

En Europa, unos 113 millones de europeos están en riesgo de pobreza o exclusión social. Son personas con ingresos un 60 % inferior a la media del estado en el que viven y que sólo pueden permitirse comer caliente uno de cada dos días. Suponen el 22,5 % de la población total de la Unión Europea, es decir, uno de cada cuatro. Es casi un 4 % más que los que había antes de que se iniciara la crisis en 2008.

En 2017, según los datos aportados por Eurostat, la Agencia Europea de Estadística, Bulgaria, con más del 38 %; seguida por Rumanía, con el 35,7 %, y Grecia, con el 34,5 % encabezaban la lista de población en riesgo; mientras que la República Checa, con el 12,2 %, y Finlandia, con el 15 %, la cerraban. España ocupaba el séptimo lugar, con casi un 27 %. A día de hoy estos datos han quedado obsoletos. Lo que se avecina puede ser mucho peor.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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