{"id":9364,"date":"2016-05-12T17:49:12","date_gmt":"2016-05-12T15:49:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=9364"},"modified":"2024-05-05T10:30:55","modified_gmt":"2024-05-05T08:30:55","slug":"olvidar-sicilia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/olvidar-sicilia\/","title":{"rendered":"Olvidar Sicilia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">Segesta, en Sic\u00edlia, expuesta al sol sin subterfugios, recibiendo bendiciones y desgracias, ambas cosas por igual; siempre crudas, puras, exacerbadas. En la distancia, la dulce tibieza del mar; dentro, sobre esa c\u00faspide de tierra erguida \u2013una mano alza al hombre, s\u00f3lo un poco, en direcci\u00f3n al dios\u2013, el templo de Segesta perpet\u00faa solitario el rito del delirio. Aquellos que una vez buscaron exponerse abiertamente a la luz de este lugar, presuntamente el mismo en el que ahora nosotros tememos abrasarnos de un momento a otro \u2013ah\u00ed vamos con nuestros parasoles, nuestras pamelas, nuestras cremas de protecci\u00f3n solar\u2013 ya no est\u00e1n, se han marchado definitivamente, leg\u00e1ndonos la razonable duda sobre si realmente pudieron resistir el resplandor o, por el contrario, perecieron por su causa \u2013arden las plazas de Siracusa desierta, calla el mar, el sol revienta un d\u00eda m\u00e1s en lo alto del cielo\u2013. Sea como sea, lo cierto es que todos esos recintos sagrados son tambi\u00e9n recintos diurnos, recintos solares plantados en la cima, elevados y desnudos con el gesto de quien no teme en nada perecer bajo la luz del sol. Quiz\u00e1 porque corresponden al peligro con peligro, quiz\u00e1 porque el dios es algo atroz, algo peligroso, delirante y que delira, la belleza del templo de Segesta responde a la belleza de un paisaje que nos parece irresistible, insoportable, un desierto de terrible exuberancia.<\/p>\n<h2>La isla de Sic\u00edlia<\/h2>\n<p style=\"text-align: left;\">Pero la isla cuenta con la profundidad del mar que la rodea, se expone alegre al fuego del sol tal y como si creyese que en su voluntad reposa poder sumergir siempre de nuevo la cabeza entre las aguas; que nada m\u00e1s que un minuto entre inmensidades de sue\u00f1o y de agua es lo que aparece ante nuestros enceguecidos ojos. \u00bfDeber\u00edamos decir entonces que lo que vemos no es en absoluto un paisaje, algo quieto y persistente, sino algo as\u00ed como el \u00ednfimo instante de luz en el que el delf\u00edn asoma la cabeza entre las sombras de las olas y toma aire y saluda al cielo? \u00bfQue el tiempo entre los <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/los-griegos-nos-explican-que-votan-y-por-que\/\">griegos<\/a> y nosotros no es sino ese emerger y declinar la cabeza de alg\u00fan enorme animal marino en movimiento, un delf\u00edn que surca el mar y nos sonr\u00ede?<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Al caer la noche se hace el silencio en torno a la isla de Ortigia. No queda ya rastro de ese temblar y retorcerse las cosas bajo el sol del mediod\u00eda. No parece que la altura de los templos busque ya sostener el cielo con las manos. Todo quiere extenderse, yacer, aplanarse. Y, sin embargo, se percibe todav\u00eda un palpitar en este <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/miscelanea\/viajes\/\">viaje<\/a>. La isla palpita como palpitar\u00edan los pies de una m\u00e9nade despu\u00e9s de una org\u00eda en los bosques; la tierra quieta se asemeja al cuerpo de mujer en el que los saltos, los giros, las contracciones, los ritmos convulsos del d\u00eda o de la noche contin\u00faan en el silencio invisible de la carne que descansa. Inadvertidamente la fiesta se repite. As\u00ed parece Ortigia respirar en el sue\u00f1o de antiguas convulsiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pero esto es incomprensible. Unas fotos del museo arqueol\u00f3gico de Siracusa exponen c\u00e1ntaros hallados en Megara y en Naxos, ovalados, sellados con piedras y arcilla, semejantes a semillas enterradas en la tierra. As\u00ed que estaban muertos los muertos\u2026 \u00bfO qu\u00e9 sentido ten\u00eda todo aquello? \u00bfPor qu\u00e9 desconectar la semilla de la tierra? \u00bfPara saber m\u00e1s?, \u00bfsaber qu\u00e9? S\u00ed, todo radica en la desconexi\u00f3n, pensamos, la desconexi\u00f3n y la p\u00e9rdida. El delf\u00edn se hundir\u00e1 de nuevo en la cresta de la pr\u00f3xima ola. Todo quedar\u00e1 tranquilo, todo descubrir\u00e1 su importancia. Porque, en realidad, la clave de todo aquello se encontraba precisamente ah\u00ed: \u00bfqu\u00e9 es importante y qu\u00e9 no?, \u00bfacaso es importante que el templo de Atena se haya fundido en catedral, o que aquellos viejos bloques y columnas asomasen entre hierbajos, o que todo eso no fuese m\u00e1s que la ficci\u00f3n de alg\u00fan principio arqueol\u00f3gico caduco? Enmudecemos ante las columnas que se elevan como dedos hacia el cielo, y quiz\u00e1 ese reproche \u2013no puedes decidir sobre nosotras, no puedes saber nada\u2013 explique nuestro \u00e1nimo apesadumbrado y sombr\u00edo cuando el azar nos sit\u00faa frente a frente con tales misterios.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Bajando las colinas de Segesta volvemos a ser nosotros mismos. Ha cesado la expulsi\u00f3n, la confrontaci\u00f3n violenta, el malestar de la duda. Volvemos a pisar seguro en el terreno de lo trivial e inofensivo, y aunque por un momento persista nuestra sensaci\u00f3n de peque\u00f1ez, otro momento basta para que nos acostumbremos de nuevo a ella, y as\u00ed olvidamos, as\u00ed perdemos de vista el v\u00e9rtigo, la altura en la columna. Preferibles son los aromas, los colores, los arbustos en las piedras que encontramos al borde del camino al pueblo de mar. \u00a1Atreverse con ese exceso, esa ingravidez bajo un sol desorbitado\u2026! Y as\u00ed, descendiendo, buscando en lo m\u00e1s hondo de nuestra desorientaci\u00f3n o nuestro desasosiego (un sentimiento que no nos sobrecoge frente a la catedral que ha engullido el templo griego), descubrimos que, oh, ese cansancio frente al Erecteion, ese vah\u00eddo frente al templo de Zeus en Olimpia, esa tristeza frente al antiguo teatro de Esparta o bajo el roble de Zeus en Dodona, ay, todos esos sentimientos son la \u00fanica pero definitiva barrera entre ellos y nosotros, entre nosotros y ellos. El templo, como la colina, no reclama nada. Se hace pedazos, consiente que las hierbas lo recubran, se deja ocultar por los colores. Olimpia es el\u00e1stica como el r\u00edo que la circunda, la acr\u00f3polis de Agrigento cambia de aspecto como el puerto de Emp\u00e9docles, y Esparta es una desconocida. Pero \u00bfqu\u00e9 pasa con Poseid\u00f3n en el cabo Sunio, qu\u00e9 pasa con Apolo y el Parnaso y Segesta y el mar de Siracusa? Su importancia, esa cosa extra\u00f1a y dif\u00edcil sobre la que ya no nos atrevemos a juzgar, nubl\u00f3 en aquella ocasi\u00f3n nuestra mirada, satur\u00f3 nuestros sentidos, y la mente se qued\u00f3 quieta y muy, muy blanca.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pasear por Ortigia y olvidar, Ah\u00ed est\u00e1n los caf\u00e9s, los palacios, los conventos, las iglesias, ah\u00ed la Virgen de dulce rostro que ha engullido a la diosa griega. Todas ellas son cosas que podemos soportar. No as\u00ed el sol de Selinunte, no las rocas escarpadas de Segesta.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Segesta, en Sic\u00edlia, expuesta al sol sin subterfugios, recibiendo bendiciones y desgracias, ambas cosas por igual; siempre crudas, puras, exacerbadas. 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