{"id":67873,"date":"2026-03-07T18:45:35","date_gmt":"2026-03-07T17:45:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=67873"},"modified":"2026-03-07T18:45:35","modified_gmt":"2026-03-07T17:45:35","slug":"el-abrazo-que-nos-absuelve","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/","title":{"rendered":"El abrazo que nos absuelve"},"content":{"rendered":"<p>En un rinc\u00f3n de internet apareci\u00f3 hace unas semanas una imagen dif\u00edcil de ignorar: un peque\u00f1o macaco japon\u00e9s, rechazado por su madre, abrazado a un peluche <!--more-->como si en ese objeto de felpa se concentrara toda la ternura que el mundo le hab\u00eda negado. El animal se llama Punch y vive en el zool\u00f3gico de Ichikawa, en Jap\u00f3n. Naci\u00f3 en julio de 2025 y, tras ser abandonado por su madre, fue criado por cuidadores humanos que le proporcionaron un peluche para suplir el contacto materno que necesita cualquier primate en sus primeras semanas de vida.<\/p>\n<p>La imagen se volvi\u00f3 viral casi de inmediato. Punch camina, duerme y se refugia en ese peluche cuando se siente inseguro, y esa escena \u2014tan fr\u00e1gil, tan humana\u2014 recorri\u00f3 las redes sociales con una velocidad vertiginosa.<\/p>\n<p>Pero el fen\u00f3meno Punch no dice tanto sobre los animales como sobre nosotros. Sobre lo que necesitamos sentir. Sobre c\u00f3mo funciona la compasi\u00f3n en la era digital. Y sobre el extra\u00f1o equilibrio entre sensibilidad aut\u00e9ntica y cinismo ideol\u00f3gico que caracteriza a nuestras sociedades.<\/p>\n<p>La tesis que plantea el art\u00edculo publicado en <em>Catalunya Plural<\/em> es simple y perturbadora: Punch se vuelve viral porque es f\u00e1cil de comprender y de digerir; su historia no exige demasiado de nosotros. Nos permite experimentar una emoci\u00f3n intensa \u2014la ternura, la compasi\u00f3n\u2014 sin obligarnos a asumir responsabilidades complejas.<\/p>\n<p>Y quiz\u00e1 ah\u00ed resida su secreto.<\/p>\n<p>Porque Punch nos ofrece un tipo de compasi\u00f3n perfectamente calibrada para el mundo contempor\u00e1neo: una compasi\u00f3n breve, inmediata, compartible. Un gesto emocional que cabe en un v\u00eddeo de treinta segundos y que no nos obliga a replantear nuestras estructuras morales o pol\u00edticas.<\/p>\n<p>En otras palabras, Punch es la compasi\u00f3n ideal para el algoritmo.<\/p>\n<h3>La compasi\u00f3n instant\u00e1nea<\/h3>\n<p>La compasi\u00f3n, en su sentido m\u00e1s profundo, implica algo m\u00e1s que una emoci\u00f3n pasajera. Etimol\u00f3gicamente, significa \u201cpadecer con\u201d: compartir el sufrimiento del otro.<\/p>\n<p>Pero en la esfera digital la compasi\u00f3n ha sufrido una mutaci\u00f3n. Se ha convertido en una reacci\u00f3n instant\u00e1nea: un \u201cme gusta\u201d, un comentario, una l\u00e1grima breve antes de seguir desplazando la pantalla.<\/p>\n<p>Punch activa todos los resortes emocionales que hacen posible esa respuesta r\u00e1pida. Es peque\u00f1o. Es vulnerable. Es un animal \u2014y los animales, en internet, funcionan como catalizadores emocionales extraordinarios. Adem\u00e1s, su historia es clara y moralmente inequ\u00edvoca: abandono, sufrimiento, consuelo.<\/p>\n<p>Nada en esa narrativa exige deliberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En un mundo saturado de tragedias complejas \u2014guerras, desigualdad, migraciones\u2014 Punch aparece como una historia que se puede entender sin esfuerzo. No hay ambig\u00fcedad moral. No hay conflicto pol\u00edtico. Solo un peque\u00f1o ser que necesita cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Y eso nos permite sentirnos buenos.<\/p>\n<h3>El alivio emocional del espectador<\/h3>\n<p>Los psic\u00f3logos saben desde hace tiempo que el cerebro humano responde con intensidad a los relatos individuales. Una v\u00edctima concreta conmueve m\u00e1s que miles de v\u00edctimas an\u00f3nimas. Un rostro activa empat\u00eda; una estad\u00edstica, no.<\/p>\n<p>Punch es exactamente eso: un rostro.<\/p>\n<p>Su historia condensa emociones universales \u2014rechazo, vulnerabilidad, b\u00fasqueda de consuelo\u2014 que cualquiera puede reconocer. Como se\u00f1alaron algunos analistas de medios, muchas personas proyectan en \u00e9l sus propias experiencias de exclusi\u00f3n o abandono.<\/p>\n<p>\u201cTodos sabemos lo que es sentirse peque\u00f1o y confundido\u201d, escrib\u00eda una columnista estadounidense al comentar el fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>El peluche que Punch abraza se convierte as\u00ed en un s\u00edmbolo universal. No es solo un juguete: es la promesa de que incluso en la soledad existe alg\u00fan tipo de refugio.<\/p>\n<p>Ese s\u00edmbolo es tan potente que incluso ha tenido efectos econ\u00f3micos y medi\u00e1ticos. Las visitas al zool\u00f3gico se duplicaron tras la viralizaci\u00f3n del caso, y el peluche que utiliza el macaco se agot\u00f3 en muchas tiendas.<\/p>\n<p>La compasi\u00f3n tambi\u00e9n puede ser un negocio.<\/p>\n<h3>La ternura y su reverso<\/h3>\n<p>Sin embargo, el fen\u00f3meno Punch tiene un reverso inc\u00f3modo.<\/p>\n<p>Mientras millones de personas comparten v\u00eddeos del peque\u00f1o macaco, organizaciones animalistas han advertido que lo que muchos interpretan como una escena adorable puede ser en realidad la expresi\u00f3n de un trauma provocado por el cautiverio.<\/p>\n<p>Otros cr\u00edticos han se\u00f1alado una contradicci\u00f3n m\u00e1s amplia: la facilidad con la que el p\u00fablico empatiza con un animal viral frente a la indiferencia habitual hacia el sufrimiento humano.<\/p>\n<p>Como se\u00f1alaba una profesora citada en la prensa, muchos seres humanos en situaciones tr\u00e1gicas no reciben ni una fracci\u00f3n de la empat\u00eda que suscita Punch.<\/p>\n<p>Este contraste revela algo inquietante: nuestra sensibilidad no es necesariamente proporcional al sufrimiento real, sino a la narrativa que lo acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Y Punch, narrativamente, es perfecto.<\/p>\n<h3>El cinismo ideol\u00f3gico<\/h3>\n<p>Aqu\u00ed aparece el concepto central del art\u00edculo de <em>Catalunya Plural<\/em>: el cinismo ideol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Vivimos en una \u00e9poca en la que muchos discursos pol\u00edticos desconf\u00edan abiertamente de la compasi\u00f3n. La empat\u00eda se sospecha como manipulaci\u00f3n sentimental, como estrategia de propaganda o como gesto superficial.<\/p>\n<p>El resultado es parad\u00f3jico.<\/p>\n<p>Por un lado, existe un discurso p\u00fablico cada vez m\u00e1s esc\u00e9ptico hacia la emoci\u00f3n. Pero por otro, las redes sociales se alimentan precisamente de emociones intensas y simplificadas.<\/p>\n<p>En ese contexto, Punch se convierte en un territorio neutral. Nadie discute sobre \u00e9l. Nadie necesita posicionarse pol\u00edticamente. No hay ideolog\u00edas en conflicto, ni debates complejos.<\/p>\n<p>Solo un mono y su peluche.<\/p>\n<p>La compasi\u00f3n por Punch funciona as\u00ed como un peque\u00f1o oasis emocional en medio del ruido ideol\u00f3gico. Nos permite sentir sin discutir.<\/p>\n<p>Y tal vez por eso nos gusta tanto.<\/p>\n<h3>El algoritmo de la ternura<\/h3>\n<p>Las redes sociales amplifican historias como la de Punch porque encajan perfectamente en su l\u00f3gica: im\u00e1genes claras, emociones intensas, narrativa sencilla.<\/p>\n<p>Pero el algoritmo no premia la complejidad.<\/p>\n<p>Una historia sobre desigualdad estructural o crisis humanitaria requiere tiempo y contexto. Un v\u00eddeo de Punch abrazando su peluche, en cambio, se entiende en un segundo.<\/p>\n<p>El resultado es una especie de econom\u00eda emocional donde ciertas historias \u2014las m\u00e1s simples y visuales\u2014 dominan el espacio p\u00fablico.<\/p>\n<p>La viralidad no refleja necesariamente lo que m\u00e1s importa, sino lo que se puede compartir con mayor facilidad.<\/p>\n<p>Y Punch es, en ese sentido, una historia perfectamente optimizada.<\/p>\n<h3>Lo que Punch revela sobre nosotros<\/h3>\n<p>La pregunta que queda flotando es inc\u00f3moda: \u00bfqu\u00e9 dice de nosotros el hecho de que un peque\u00f1o macaco se convierta en s\u00edmbolo global de compasi\u00f3n?<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 dice algo bueno.<\/p>\n<p>Tal vez revela que, incluso en una \u00e9poca saturada de iron\u00eda y distancia emocional, seguimos respondiendo a la vulnerabilidad. Que todav\u00eda hay algo en nosotros que se conmueve ante el sufrimiento.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n dice algo inquietante.<\/p>\n<p>Dice que nuestra compasi\u00f3n puede ser selectiva, breve y superficial. Que preferimos historias que nos permitan sentir sin complicarnos demasiado la vida.<\/p>\n<p>Punch no exige nada de nosotros. No nos pide cambiar el mundo. No nos obliga a cuestionar nuestras decisiones colectivas.<\/p>\n<p>Solo nos pide mirar.<\/p>\n<p>Y quiz\u00e1 ese sea el verdadero problema.<\/p>\n<h3>El abrazo que necesitamos<\/h3>\n<p>Al final, Punch sigue creciendo en su zool\u00f3gico. Poco a poco empieza a integrarse con otros macacos y, seg\u00fan los cuidadores, depende cada vez menos de su peluche.<\/p>\n<p>Su historia continuar\u00e1, aunque probablemente el mundo digital ya est\u00e9 buscando la pr\u00f3xima emoci\u00f3n viral.<\/p>\n<p>Lo que quedar\u00e1, sin embargo, es la pregunta que su peque\u00f1o abrazo plantea: si somos capaces de sentir tanta ternura por un animal desconocido al otro lado del planeta, \u00bfpor qu\u00e9 nos cuesta tanto extender esa misma compasi\u00f3n a los conflictos humanos que nos rodean?<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 Punch no sea solo una historia tierna.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 sea un espejo.<\/p>\n<p>Un espejo que refleja nuestras emociones m\u00e1s nobles \u2014y tambi\u00e9n nuestras limitaciones.<\/p>\n<p>Porque amar a Punch es f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Lo dif\u00edcil, siempre, es amar el mundo real.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia viral de Punch revela menos sobre un mono abandonado que sobre nuestra necesidad contempor\u00e1nea de compasi\u00f3n f\u00e1cil en un mundo saturado de cinismo.<\/p>","protected":false},"author":3,"featured_media":67874,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4099],"tags":[],"class_list":["post-67873","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-otras-miradas"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>El abrazo que nos absuelve - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El abrazo que nos absuelve - Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La historia viral de Punch revela menos sobre un mono abandonado que sobre nuestra necesidad contempor\u00e1nea de compasi\u00f3n f\u00e1cil en un mundo saturado de cinismo.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/\" \/>\n<meta property=\"article:author\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2026-03-07T17:45:35+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1050\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"700\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/webp\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"R@mbla\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@revistarambla\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@revistarambla\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Written by\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"R@mbla\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Estimated reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"6 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"R@mbla\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c\"},\"headline\":\"El abrazo que nos absuelve\",\"datePublished\":\"2026-03-07T17:45:35+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/\"},\"wordCount\":1354,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/03\\\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp\",\"articleSection\":[\"Otras Miradas\"],\"inLanguage\":\"en-GB\"},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/\",\"name\":\"El abrazo que nos absuelve - Revista Rambla\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/03\\\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp\",\"datePublished\":\"2026-03-07T17:45:35+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"en-GB\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"en-GB\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/03\\\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2026\\\/03\\\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp\",\"width\":1050,\"height\":700,\"caption\":\"punch\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/el-abrazo-que-nos-absuelve\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"El abrazo que nos absuelve\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"name\":\"Revista Rambla Barcelona\",\"description\":\"Periodismo independiente\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"en-GB\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\",\"name\":\"Revista Rambla\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"en-GB\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2020\\\/09\\\/banner_rambla_1900x600_BB.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2020\\\/09\\\/banner_rambla_1900x600_BB.png\",\"width\":1900,\"height\":600,\"caption\":\"Revista Rambla\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/revistarambla\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/revistarambla\",\"https:\\\/\\\/www.instagram.com\\\/revista_rambla\",\"https:\\\/\\\/es.linkedin.com\\\/company\\\/revista-rambla\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c\",\"name\":\"R@mbla\",\"description\":\"Este art\u00edculo ha sido redactado y\\\/o validado por el equipo de redacci\u00f3n de Revista Rambla.\",\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/revistarambla\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/revistarambla\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"El abrazo que nos absuelve - Revista Rambla","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/","og_locale":"en_GB","og_type":"article","og_title":"El abrazo que nos absuelve - Revista Rambla","og_description":"La historia viral de Punch revela menos sobre un mono abandonado que sobre nuestra necesidad contempor\u00e1nea de compasi\u00f3n f\u00e1cil en un mundo saturado de cinismo.","og_url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/","og_site_name":"Revista Rambla","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/","article_author":"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla","article_published_time":"2026-03-07T17:45:35+00:00","og_image":[{"width":1050,"height":700,"url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp","type":"image\/webp"}],"author":"R@mbla","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@revistarambla","twitter_site":"@revistarambla","twitter_misc":{"Written by":"R@mbla","Estimated reading time":"6 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/"},"author":{"name":"R@mbla","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/person\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c"},"headline":"El abrazo que nos absuelve","datePublished":"2026-03-07T17:45:35+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/"},"wordCount":1354,"publisher":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp","articleSection":["Otras Miradas"],"inLanguage":"en-GB"},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/","name":"El abrazo que nos absuelve - Revista Rambla","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp","datePublished":"2026-03-07T17:45:35+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#breadcrumb"},"inLanguage":"en-GB","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"en-GB","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp","contentUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/7f77c99b368af36444f8fd62cced464a.webp","width":1050,"height":700,"caption":"punch"},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-abrazo-que-nos-absuelve\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/www.revistarambla.com\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"El abrazo que nos absuelve"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#website","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/","name":"Revista Rambla Barcelona","description":"Periodismo independiente","publisher":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"en-GB"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization","name":"Revista Rambla","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"en-GB","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/banner_rambla_1900x600_BB.png","contentUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/banner_rambla_1900x600_BB.png","width":1900,"height":600,"caption":"Revista Rambla"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/","https:\/\/x.com\/revistarambla","https:\/\/www.instagram.com\/revista_rambla","https:\/\/es.linkedin.com\/company\/revista-rambla"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/person\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c","name":"R@mbla","description":"Este art\u00edculo ha sido redactado y\/o validado por el equipo de redacci\u00f3n de Revista Rambla.","sameAs":["https:\/\/www.revistarambla.com\/","https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla","https:\/\/x.com\/revistarambla"]}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67873","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=67873"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67873\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":67875,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/67873\/revisions\/67875"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/67874"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=67873"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=67873"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=67873"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}