{"id":6734,"date":"2015-01-21T08:52:45","date_gmt":"2015-01-21T08:52:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/mencio-el-tiranicida-chino\/"},"modified":"2025-08-10T13:46:47","modified_gmt":"2025-08-10T11:46:47","slug":"mencio-el-tiranicida-chino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/mencio-el-tiranicida-chino\/","title":{"rendered":"Mencio, el tiranicida chino"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-6733 size-full\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Mencio_revRambla02.jpg\" alt=\"Mencio\" width=\"700\" height=\"252\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Mencio_revRambla02.jpg 700w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Mencio_revRambla02-300x108.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Mencio_revRambla02-500x180.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/p>\n<p>Muchos siglos antes de que el jesuita y te\u00f3logo espa\u00f1ol\u00a0Juan de Mariana defendiera la legitimidad del tiranicidio; de que los fil\u00f3sofos de la escuela escocesa se ocuparan de ese innato sentimiento de \u201csympathy\u201d (empat\u00eda) al cual atribuyeron el origen\u00a0de los compromisos morales; y de que el ginebrino Jean-Jacques Rousseau contrapusiera la\u00a0inocencia del humano en estado de naturaleza a la perversi\u00f3n de esp\u00edritu achacada a la\u00a0sociedad, un antiguo fil\u00f3sofo chino, Mencio, anticip\u00f3 todos estos argumentos, firmemente convencido de la bondad natural del hombre y su\u00a0irradiaci\u00f3n de provechosos sentimientos, a modo de ben\u00e9fico sol de la\u00a0moral.<\/p>\n<p>Mencio es el nombre latinizado del pedagogo chino M\u00e8ngz\u01d0\u00a0(h. 370-289 a.\u00a0C.); se lo adjudicaron los misioneros jesuitas que accedieron a sus textos mientras entablaban di\u00e1logo filos\u00f3fico con el confucianismo, all\u00e1 por los siglos XVI y XVII. Nacido en el reino de Zhou (actual Zoucheng, en la provincia de Handong) en el seno de una familia aristocr\u00e1tica, nuestro personaje trab\u00f3 temprano\u00a0contacto con la doctrina de su paisano Confucio (K\u01d2ngz\u01d0),\u00a0de la cual fue\u00a0int\u00e9rprete y continuador, y con tal aprovechamiento que si\u00a0el segundo es conocido entre sus seguidores como \u201cGran Sabio\u201d, a Mencio quisieron distinguirlo como \u201cSegundo Sabio\u201d.<\/p>\n<p>Durante la mayor parte de su vida educ\u00f3 en la virtud de la templanza interior y la moderaci\u00f3n p\u00fablica a numerosos j\u00f3venes arist\u00f3cratas, pero tambi\u00e9n tuvo breve experiencia pol\u00edtica como ministro del reino de Ch\u2019i, uno de los estados en que se divid\u00eda por entonces China; se sabe que dimiti\u00f3 del cargo porque su soberano no atend\u00eda a consejos y gobernaba de modo autocr\u00e1tico, guiado por su inter\u00e9s personal (una de las pr\u00e1cticas que el fil\u00f3sofo critic\u00f3 con mayor ardor). Su\u00a0pensamiento qued\u00f3 compendiado en una sola obra, el\u00a0M\u00e8ng-zei\u00a0(Libro de Mencio).<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n se ha dicho que todo humano es hijo de su tiempo\u2026\u00a0aunque no lo parezca el idealista Mencio, pues vivi\u00f3 en el llamado Per\u00edodo de los Reinos\u00a0Combatientes, sobradamente servido de violencia e iniquidad como para escorarlo hacia una visi\u00f3n pesimista de la naturaleza humana. Sin embargo, el Segundo Sabio se resisti\u00f3 a tomar como relevante, a\u00a0efectos antropol\u00f3gicos, el espect\u00e1culo de sevicias servido por sus\u00a0contempor\u00e1neos; lejos de parecerle los frutos de esp\u00edritus malvados, las atribuy\u00f3 a la pesadilla de mentes ofuscadas por la ignorancia de s\u00ed mismas. Intentemos perseverar en el sentido profundo de esta convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para Mencio, los humanos somos seres complejos, moldeados a parte\u00a0iguales de animalidad y espiritualidad \u2013\u00a1vaya obviedad!, pensar\u00e1n los\u00a0lectores sin que les falte raz\u00f3n, pero dejemos al fil\u00f3sofo explicarse\u2013. Una parte de nuestra naturaleza se cifra en el instinto, ligado a eso que por su manifestaci\u00f3n se califica como\u00a0apetito\u00a0o deseo\u00a0y por su urgencia como\u00a0necesidad\u00a0(sobre todo la alimentaci\u00f3n, la sexualidad y\u00a0la b\u00fasqueda de la comodidad y la seguridad). Parece\u00a0l\u00f3gico, sostiene Mencio, que estas pulsiones, incorporadas a nuestro\u00a0acerbo por la madre naturaleza (\u00a1y con qu\u00e9 pujanza!), deben ser respetadas en una conducta cabal; sin embargo, la experiencia prueba\u00a0que nos abocan con frecuencia a la brutalidad.\u00a0Llegados a este punto, el fil\u00f3sofo asigna la singularidad de la humana condici\u00f3n a la posesi\u00f3n de otra tendencia ing\u00e9nita, administradora de las anteriores: la voluntad de\u00a0razonar y amar que nos diferencia del resto de los animales. La inclinaci\u00f3n hacia la bondad, en suma: \u201cTodos tienen un coraz\u00f3n que no puede sufrir los padecimientos ajenos.\u201d As\u00ed pues, por nacer el hombre \u2013la mujer tambi\u00e9n\u2013 con sus facultades\u00a0racionales y volitivas dispuestas para la acci\u00f3n, se trata de un ser\u00a0esencialmente bueno\u2026 Cuando menos, en potencia.<\/p>\n<p>Nuestra primigenia bondad se desglosa, seg\u00fan Mencio, en cuatro\u00a0sentimientos y sus correspondientes virtudes. A saber:<\/p>\n<p>*la compasi\u00f3n, origen de la benevolencia;<\/p>\n<p>*la verg\u00fcenza, de la que obtenemos la rectitud;<\/p>\n<p>*la modestia, punto de partida de la urbanidad;<\/p>\n<p>*y la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, simiente de la\u00a0sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>Leemos en el\u00a0Libro:\u00a0\u201cQuien tiene estos cuatro principios y dice, sin embargo, que no puede desarrollarlos, se arruina a s\u00ed mismo.\u201d<\/p>\n<p>Tal como prescrib\u00eda la doctrina confuciana, no hace falta ser un sabio\u00a0para comprender esta gran verdad que todos albergamos en nuestro\u00a0interior, basta tan solo con seguir el dictado de un coraz\u00f3n sereno. Siempre ser\u00e1\u00a0un patrimonio universal, aunque de tanto en tanto, para que no caiga en\u00a0el olvido, conviene su recordatorio en boca de las mentes m\u00e1s\u00a0l\u00facidas, como ocurri\u00f3 en el siglo anterior a Mencio con el llamado a conocerse a uno mismo (\u201c\u03b3\u03bd\u1ff6\u03b8\u03b9 \u03c3\u03b5\u03b1\u03c5\u03c4\u03cc\u03bd\u201d) del inquieto S\u00f3crates.<\/p>\n<p>El fil\u00f3sofo chino estaba empe\u00f1ado no ya en la depreciaci\u00f3n del mal, sino en desustanciarlo; su pensamiento vendr\u00eda a coincidir con la apreciaci\u00f3n de Boecio, formulada nueve siglos despu\u00e9s: el mal\u00a0es la ausencia de bien, incluso cuando no se pretende incurrir en ello. La cita se aviene perfectamente con el\u00a0pensamiento del Segundo Sabio: en su caso, el mal es la ignorancia o el descuido de nuestros sentimientos.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la bondad, prosigue Mencio, repercute sobre nuestro esp\u00edritu como un\u00a0b\u00e1lsamo de alegr\u00eda. Su p\u00e9rdida, aunque pueda deparar satisfacciones\u00a0transitorias en forma de deleites sensoriales (por ejemplo, la\u00a0concupiscencia), an\u00edmicos (el entusiasmo) o materiales (el poder, las riquezas),\u00a0finalmente nos aboca a la tristeza, como resultado del hast\u00edo de los\u00a0placeres o la tensi\u00f3n que exige mantenernos en nuestro privilegiado\u00a0estatuto mundano. Y es precisamente la innoble propaganda \u2013llam\u00e9mosla as\u00ed\u2013 de tales gozos, generalizada en los usos y costumbres, la\u00a0principal causa de ese olvido de s\u00ed mismo en que cae nuestro esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Como se ha visto y siempre seg\u00fan Mencio, la verdadera sabidur\u00eda estriba\u00a0en un conocimiento m\u00e1s intuitivo que conceptual y reglado. La\u00a0buena inclinaci\u00f3n de nuestro coraz\u00f3n nos hace contraer un deber de\u00a0observancia con una\u00a0inclinaci\u00f3n basal, la empat\u00eda. Este compromiso, sostuvo nuestro fil\u00f3sofo, es m\u00e1s\u00a0valioso que la propia vida (otra semejanza con S\u00f3crates, que prefiri\u00f3 una\u00a0muerte digna a una existencia ruin); lo cual no implica, y as\u00ed se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n, que debamos sacrificarnos ante el imperio del mal, en\u00a0aras de una menci\u00f3n encomi\u00e1stica en los libros de historia.<\/p>\n<p>L\u00f3gico correlato de lo anterior, nuestro fil\u00f3sofo sostuvo que las leyes solo son respetables si han sido dictadas con \u00e1nimo compasivo\u00a0y generoso, siguiendo los dictados de la sabidur\u00eda innata del coraz\u00f3n; en\u00a0caso contrario, nada m\u00e1s esconden la soberbia de quien impone sus\u00a0apetitos ego\u00edstas sobre el principio de benevolencia universal.<\/p>\n<p>Objetar\u00e1 el lector que el sentido de la justicia, como el de la moralidad, se cifra en una aspiraci\u00f3n universal, s\u00ed, pero puramente formal, independiente de los contenidos positivos que articulan las acciones de los sujetos\u00a0(los\u00a0c\u00f3digos legales y morales concretos, escritos u orales, expl\u00edcitos o latentes en los h\u00e1bitos y costumbres); estos preceptos\u00a0son diversos e incluso antag\u00f3nicos entre s\u00ed. Pues bien, Mencio busc\u00f3 la objetivaci\u00f3n pol\u00edtica de la conducta justa de un modo muy materialista, al relacionarla con el cumplimiento de los apetitos\/necesidades de todos los individuos. Como puede leerse en el\u00a0M\u00e8ng-zei,\u00a0la\u00a0rebeli\u00f3n est\u00e1 plenamente justificada si los gobernantes no organizan \u201cla\u00a0producci\u00f3n de sus s\u00fabditos de forma que puedan sostener a su padre y a\u00a0su madre, a sus hijos y esposas, que en los a\u00f1os buenos puedan comer a\u00a0su gusto, y en los malos no morir de hambre\u201d, porque \u201cLo m\u00e1s\u00a0importante es el pueblo; el Estado lo es menos; y el soberano, menos\u00a0a\u00fan\u201d.<\/p>\n<p>Parafraseando al dramaturgo espa\u00f1ol Francisco de Rojas Zorrilla: de la justicia abajo, ninguno. Tome nota quien deba.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchos siglos antes de que el jesuita y te\u00f3logo espa\u00f1ol\u00a0Juan de Mariana defendiera la legitimidad del tiranicidio; de que los fil\u00f3sofos de la escuela escocesa se ocuparan de ese innato sentimiento de \u201csympathy\u201d (empat\u00eda) al cual atribuyeron el origen\u00a0de los compromisos morales; y de que el ginebrino Jean-Jacques Rousseau contrapusiera [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":6733,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-6734","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Mencio, el tiranicida chino - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/mencio-el-tiranicida-chino\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Mencio, el tiranicida chino - 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