{"id":63996,"date":"2025-01-15T19:58:51","date_gmt":"2025-01-15T18:58:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=63996"},"modified":"2025-01-15T19:58:51","modified_gmt":"2025-01-15T18:58:51","slug":"la-vida-no-es-twitter","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-vida-no-es-twitter\/","title":{"rendered":"La vida no es Twitter"},"content":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de subir todo aquel polvoriento camino, bordeando el m\u00e1s alto promontorio de la Europa del Este, los troncos de los \u00e1rboles ca\u00eddos, de hito en hito, daban buena cuenta de la magnitud del temporal y de lo inaccesible de la aldea en aquella monta\u00f1a maldita. El periodista Rick Bourbon deseaba alejarse del mundanal ruido y tal vez por eso, busc\u00f3 alojarse en una de esas rudas caba\u00f1as, tal vez por una buena temporada. Tras s\u00f3lo unas horas de encender el fuego y pernoctar en aquella humilde morada, un nuevo temporal de nieve y hielo dej\u00f3 a sus escasos habitantes completamente aislados en mitad del g\u00e9lido invierno. No solo era un aislamiento f\u00edsico, no hab\u00eda cobertura, ni internet. Por lo que sus afables moradores carec\u00edan de redes sociales. Al d\u00eda siguiente, fue recibido con muchos agasajos por el alcalde del villorrio. Pronto percibi\u00f3 que aquellas horas pasaban en un tiempo singular y distinto, y las peculiares costumbres de aquellos seres ermita\u00f1os demostraban, a cada instante, que se comportaban como una cultura arcaica, hija de la tierra y del cielo. Tras degustar las sabrosas viandas que le ofreci\u00f3 el alcalde, la amena conversaci\u00f3n hizo que de forma casual tuvieran que asomarse juntos a un oscuro secreto. El prudente pol\u00edtico ten\u00eda un hijo llamado Segismundo, que de bruto que era, lo consideraban harto salvaje, y su juicioso padre lo rechazaba como digno heredero. \u201cTodo el pueblo lo sabe, es demasiado malvado, no sirve para gobernar y el d\u00eda que yo falte este lugar ser\u00e1 un insoportable infierno\u201d. Pasaron los d\u00edas y pronto Rick se propuso escribir un art\u00edculo y comprendi\u00f3 que las costumbres de los lugare\u00f1os distaban mucho de ser normales, e incluso le asust\u00f3 un extra\u00f1o vecino que nunca sal\u00eda de su caba\u00f1a y a menudo profer\u00eda horribles gritos y grotescas risas. Tal vez llevado por la curiosidad, sin ning\u00fan permiso, una noche se atrevi\u00f3 a franquear su puerta y encontr\u00f3 a alguien de rasgos simiescos y apresado con enormes cadenas. Poco tard\u00f3 en entrar una muchacha \u2013que le tra\u00eda el alimento diario\u2014y a la que el histri\u00f3nico sujeto sin dilaci\u00f3n, intent\u00f3 forzar rasg\u00e1ndole el vestido y tir\u00e1ndola al suelo. Rick lo evit\u00f3 y no hubo que barajar muchas hip\u00f3tesis para deducir que se encontraba de bruces frente al visceral v\u00e1stago del taciturno alcalde. En la siguiente reuni\u00f3n con el digno mandatario, Rick le propuso una particular estrategia para probar si de verdad su hijo podr\u00eda alg\u00fan d\u00eda sucederle en su importante responsabilidad, o de lo contrario, era mejor que a todas luces continuara permanentemente encerrado. En efecto, el mismo d\u00eda que los rayos de sol despejaron el camino, le dieron una potente adormidera y lo transportaron inconsciente a un lujoso ayuntamiento del valle, donde el susodicho despert\u00f3 rodeado de sabrosas viandas y elegantes criados. El inmoderado car\u00e1cter de Segismundo pronto se mostr\u00f3 en toda su crueldad al tirar por el balc\u00f3n a un concejal que le llevaba la contraria, en un descuido de promotores de aquel ins\u00f3lito experimento. Es m\u00e1s, a continuaci\u00f3n, sin demora alguna, desnud\u00f3 a la fuerza a una bella camarera, a la que oblig\u00f3 a que le diera placer de rodillas como una esclava que por terror se entregara involuntariamente a un se\u00f1or de un reino primitivo. Aquella belleza sin par se sinti\u00f3 sin serlo, como vestal entregada en sacrificio a una bestia con derecho de pernada, que reinar\u00eda para siempre en aquella monta\u00f1a privada del amor y los preceptos del cantar de los cantares. Solo dej\u00f3 sus rosadas braguitas por las rodillas, como una tr\u00e9mula bandera que fuertemente agitada, gimiera una danza er\u00f3tica a media asta. Sin ninguna mesura olisque\u00f3 de su rosada piel, mientras penetraba su h\u00fameda belleza superlativa. Despu\u00e9s de saciar su lujuria sinf\u00edn, explic\u00f3 lo que hab\u00eda hecho en internet y cont\u00f3 con pelos y se\u00f1ales sus malvadas experiencias en las redes sociales. Nada m\u00e1s comprender la cantidad de seguidores que le granjeaban sus criminales andanzas, se interrumpi\u00f3 la conexi\u00f3n y lleg\u00f3 muy nervioso su padre. Ante tales tropel\u00edas, Rick y el alcalde decidieron volver a drogarlo y llevarlo de nuevo, encadenado en su pobre y alejada caba\u00f1a. Cuando despert\u00f3 en aquel l\u00fagubre lugar, Segismundo no daba cr\u00e9dito a lo que hab\u00eda sucedido y arrepentido de su comportamiento, se encomend\u00f3 al m\u00e1s amargo sue\u00f1o. Fue justo pasado un a\u00f1o, cuando llevaron internet a la aldea y se celebraron las elecciones; su padre, que hab\u00eda llegado a una edad provecta, seleccion\u00f3 como candidato a uno de sus m\u00e1s fieles consejeros. Una peque\u00f1a contienda civil comenz\u00f3 cuando todos sus antiguos seguidores de las redes sociales, se levantaron en contra de la decisi\u00f3n de su padre. Finalmente, los fan\u00e1ticos de Segismundo, ganaron la guerra, y fueron a su encuentro, blandiendo hachas y palos, para nombrarlo el nuevo alcalde de aquella siniestra aldea. Contra todo pron\u00f3stico, cuando uno de sus traidores consejeros le propuso quitar la censura de cualquier contenido, y embaucar para siempre as\u00ed a sus sencillos habitantes, Segismundo se neg\u00f3 diciendo que la vida no era Twitter y los contenidos censurables, censurables son.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de subir todo aquel polvoriento camino, bordeando el m\u00e1s alto promontorio de la Europa del Este, los troncos de los \u00e1rboles ca\u00eddos, de hito en hito, daban buena cuenta de la magnitud del temporal y de lo inaccesible de la aldea en aquella monta\u00f1a maldita. 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