{"id":61174,"date":"2024-06-18T18:54:54","date_gmt":"2024-06-18T16:54:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=61174"},"modified":"2024-06-18T18:54:54","modified_gmt":"2024-06-18T16:54:54","slug":"en-el-limite","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/en-el-limite\/","title":{"rendered":"En el l\u00edmite"},"content":{"rendered":"<p>Vigilar la frontera no es un trabajo f\u00e1cil. Tengo que velar por el bienestar de todos los espa\u00f1oles y eso implica evitar que ning\u00fan indeseable entre en nuestro pa\u00eds. Creo que, en el fondo, sab\u00e9is a qu\u00e9 me refiero, pero si quer\u00e9is que lo diga por vosotros, os dar\u00e9 el gusto: solo dejamos pasar a los blancos. Pod\u00e9is llamarme ignorante, pero lo cierto es que muy pocas personas toleran a los que son algo oscuros. Siendo sinceros, \u00bfc\u00f3mo reaccionar\u00edais si uno de ellos apareciese en vuestro lugar de trabajo? \u00bfO en una cena familiar? Los m\u00e1s susceptibles mostrar\u00edais vuestro disgusto desde el principio. Otros intentar\u00edais ser amables y fingir que os resultan divertidos, aunque solo sea para mantener las apariencias. Aun as\u00ed, lo m\u00e1s seguro es que, en mayor o menor medida, todos os sintierais inc\u00f3modos, y eso es precisamente lo que tengo que impedir. Quiz\u00e1s esto suene demasiado duro, pero no soy tan estricto como parece. A veces hago la vista gorda y dejo que pasen unos cuantos verdes.<\/p>\n<p>Cuando empec\u00e9 a trabajar en los l\u00edmites del humor, pensaba que las gracias sobre sexo tambi\u00e9n se considerar\u00edan inapropiadas y no tendr\u00edan cabida en nuestra sociedad, pero resultaron ser casi tan inocuas como el humor blanco. Soltar algunos chistes verdes en medio de una fiesta no inquieta a los invitados. Da igual que resulten demasiado expl\u00edcitos o que bromeen sobre acostarse con la madre de alguien. En vez de ser recibidos con silencios inc\u00f3modos y miradas de desaprobaci\u00f3n, los chistes verdes salen victoriosos de situaciones en las que el humor negro fracasa. Adem\u00e1s, tienen la virtud de aportar algo de diversidad a nuestra comedia, dentro de unos l\u00edmites razonables.<\/p>\n<p>Vosotros no sois conscientes de lo desbordante que llega a ser el humor. Hay chistes de todas las formas y colores, y no siempre s\u00e9 a cu\u00e1les debo permitir la entrada. Me he encontrado varias veces con un ni\u00f1o llamado Jaimito y con una chica rubia, de vestido escotado, que busca desesperadamente a su perro, un tal Mistetas. Tambi\u00e9n suelo toparme con bilba\u00ednos que arrastran piedras de trescientos kilos y andaluces que se duermen en medio de la cola. Ninguno de estos chistes est\u00e1 a la vanguardia del humor, pero han acabado result\u00e1ndome familiares y les doy el paso de forma autom\u00e1tica, sin apenas reparar en ellos, como quien saluda a su vecino en el ascensor. Por desgracia, no puedo tirar solo de inercia. Algunas veces tengo que fiarme de mi instinto.<\/p>\n<p>Hace unas semanas, un grupo de hombres vestidos como los Village People se precipit\u00f3 hacia la barrera gritando \u00abpasooo, que voy ardiendoooo\u00bb en tono afeminado. Como me parecieron chistes anticuados y de mal gusto intent\u00e9 contenerlos, pero mi superior me detuvo, diciendo que solo eran unas bromillas inocentes y que no hac\u00edan da\u00f1o a nadie. Aunque no me termin\u00f3 de convencer, decid\u00ed seguir las indicaciones del capit\u00e1n y ser un poco m\u00e1s permisivo. Al fin y al cabo, \u00e9l era el experto.<\/p>\n<p>Regres\u00e9 al trabajo creyendo que todo estaba bajo control, pero unas horas m\u00e1s tarde un se\u00f1or bajito y con bigote se acerc\u00f3 a mi puesto. Me dijo con voz aflautada que llegaba tarde a la inauguraci\u00f3n de un pantano y ten\u00eda que dejarle entrar en el pa\u00eds inmediatamente. Cuando iba a darle permiso, mi jefe volvi\u00f3 a intervenir, ech\u00e1ndolo de la cola a empujones. En un arrebato de lo m\u00e1s infantil, Franco se baj\u00f3 los pantalones, mostrando un culo tan blanco que podr\u00eda haber sido lavado con detergente.<\/p>\n<p>Tras el percance, el capit\u00e1n me explic\u00f3 que hab\u00eda estado a punto de cometer un grave error. Seg\u00fan \u00e9l, ese tipo de chistes eran una falta de respeto hacia los espa\u00f1oles y solo consegu\u00edan abrir viejas heridas. Intent\u00e9 justificarme, diciendo que el caudillo gobern\u00f3 Espa\u00f1a hace mucho tiempo y que era muy dif\u00edcil que una gracia as\u00ed hiriese la sensibilidad de alguien. Tambi\u00e9n coment\u00e9 que re\u00edrse de los grandes conflictos ayuda a hacerlos m\u00e1s peque\u00f1os, para poder dejarlos atr\u00e1s. A pesar del discurso, mi superior no cambi\u00f3 de opini\u00f3n sobre el chiste. La \u00fanica respuesta que obtuve de \u00e9l fue una palmadita en el hombro, acompa\u00f1ada de un seco \u00abno lo he pillado\u00bb.<\/p>\n<p>Esta clase de situaciones complican mi trabajo. A diferencia de cualquier otra frontera, los l\u00edmites del humor no son algo definido. Por ejemplo, pueden cambiar su contorno con el tiempo. Algunas cosas de las que era impensable re\u00edrse se han acabado volviendo objeto de chiste. En otras ocasiones, pasa lo contrario: los l\u00edmites se contraen y la gente cada vez es m\u00e1s susceptible ante ciertas bromas. Con la experiencia, he aprendido que el tiempo es un factor importante, pero la aceptaci\u00f3n de un chiste depende, sobre todo, de su receptor. Aunque a mi jefe y a m\u00ed no nos hacen gracia las mismas cosas, sol\u00eda creer que los l\u00edmites de la comedia eran lo bastante grandes como para que, tarde o temprano, coincidi\u00e9ramos en alg\u00fan chiste. Eso pensaba, hasta el momento del incidente.<\/p>\n<p>El pasado lunes, un coche de Lepe lleg\u00f3 a la frontera. De \u00e9l bajaron cinco pueblerinos. Todos con boina, camisa vieja a cuadros y alpargatas. Algunos completaban el modelito con un mondadientes en los labios o una gallina bajo el brazo. Cuando les hice las preguntas reglamentarias se mostraron bastante reservados. Empec\u00e9 a creer que intentaban ocultar algo, pero conociendo su lugar de origen achaqu\u00e9 su silencio a un problema de elocuencia. Iba a darles mi aprobaci\u00f3n, hasta que me fij\u00e9 en uno de los mondadientes. Su due\u00f1o lo meneaba de un lado a otro con nerviosismo, como si fuese una bola de metal dentro de una ruleta. A pesar de lo hipn\u00f3tico que resultaba el movimiento, lo que realmente llam\u00f3 mi atenci\u00f3n no fue el palillo. Un cent\u00edmetro por encima de \u00e9l revoloteaba un bigote que me resultaba demasiado familiar.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfHay alg\u00fan problema, agente?\u00bb, pregunt\u00f3 el lepero, agravando la voz. Al ver que su desparpajo me resultaba sospechoso, decidi\u00f3 rectificar. \u00abYepaaa, \u00bft\u00fa de qui\u00e9n eres?\u00bb, farfull\u00f3. Aunque reaccion\u00f3 con rapidez, uno de sus compa\u00f1eros acab\u00f3 delat\u00e1ndolo. \u00abMierda, siempre que me subo a un coche la cosa acaba mal\u00bb, escuch\u00e9 de fondo. El resto de aldeanos intentaron hacerle callar, pero ya era tarde. Carrero Blanco entr\u00f3 en p\u00e1nico y ech\u00f3 a correr. Tras \u00e9l, las gallinas y los leperos salieron en desbandada. Durante la carrera, perdieron las boinas y las pelucas que ocultaban su identidad. Adem\u00e1s de los chistes de Franco y Carrero Blanco, acert\u00e9 a ver una broma sobre la Iglesia y otra sobre la Casa Real. Deb\u00ed pedir ayuda, pero la situaci\u00f3n me sobrepas\u00f3. Por suerte, el capit\u00e1n andaba cerca, como de costumbre, y pudo actuar a tiempo. A su se\u00f1al, los dem\u00e1s guardias se desplegaron y fueron tras los fugitivos.<\/p>\n<p>Mis compa\u00f1eros arrestaron a cuatro de los chascarrillos antes de que cruzaran la frontera. Descubr\u00ed al \u00faltimo de ellos, un chiste que a\u00fan no hab\u00eda identificado, intentando trepar la valla. En esta ocasi\u00f3n, reaccion\u00e9 al instante y consegu\u00ed cogerle del pie antes de que lograra pasar al otro lado. El falso lepero se aferr\u00f3 a la alambrada y comenz\u00f3 a patalear con fuerza para librarse de m\u00ed. Durante el forcejeo, se gir\u00f3 y me mir\u00f3 a los ojos. En ese momento pude apreciar el chiste por primera vez. No ten\u00eda nada que ver con las gracietas que pasaban por mi puesto a diario. Abarcaba todas las ofensas posibles. Hac\u00eda referencia a varias religiones, enfermedades terminales, pol\u00edticos y pr\u00e1cticas sexuales. Era una amalgama de tab\u00faes que satirizaba todos los aspectos de nuestra sociedad y no dejaba t\u00edtere con cabeza. Me encantar\u00eda describ\u00edroslo con detalle, pero si lo explicase perder\u00eda la gracia, y eso no ser\u00eda justo ni para \u00e9l ni para vosotros. Tendr\u00e9is que fiaros de mi palabra: era realmente gracioso, tanto que no pude evitar soltar una carcajada y, en consecuencia, el pie que estaba agarrando.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que el chiste saltase la valla y se perdiese en la lejan\u00eda, mi jefe se acerc\u00f3 corriendo y, rojo de rabia, me pregunt\u00f3 c\u00f3mo se hab\u00eda podido escapar. Cuando dej\u00e9 de re\u00edr, me sequ\u00e9 las l\u00e1grimas y le respond\u00ed: \u00abNo lo he pillado\u00bb. El capit\u00e1n ni siquiera esboz\u00f3 una sonrisa. Apret\u00f3 los pu\u00f1os, se dio la vuelta y, sin mediar palabra, regres\u00f3 con los dem\u00e1s agentes.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vigilar la frontera no es un trabajo f\u00e1cil. Tengo que velar por el bienestar de todos los espa\u00f1oles y eso implica evitar que ning\u00fan indeseable entre en nuestro pa\u00eds. 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