{"id":59702,"date":"2024-04-25T21:02:04","date_gmt":"2024-04-25T19:02:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=59702"},"modified":"2026-06-04T18:35:47","modified_gmt":"2026-06-04T16:35:47","slug":"maria-meluck-blanville-muerte-condesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/maria-meluck-blanville-muerte-condesa\/","title":{"rendered":"Maria Meluck Blanville"},"content":{"rendered":"<p>Maria Meluck, al o\u00edr que buscaba a la <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-polvo-de-la-condesa-2\/\">condesa<\/a>, la cogi\u00f3 con fuerza \u2014estaba desmayada\u2014 y la llev\u00f3 a un granero apartado donde se hallaba el maniqu\u00ed, y por \u00faltima vez recurri\u00f3 a su arte: puso a la condesa en los brazos del maniqu\u00ed que apret\u00f3 sobre su pecho con una fuerza que nadie hubiera podido vencer. Meluck orden\u00f3 a la condesa que se callara, de lo contrario morir\u00eda, pero esta recomendaci\u00f3n era in\u00fatil: la condesa se encontraba demasiado d\u00e9bil para poder hablar ni o\u00edr.<\/p>\n<p>Cubierta la cabeza con el chal de Matilde, Meluck sali\u00f3 al paso de la multitud que buscaba a la condesa; reconocida como tal por la criada, fue igualmente conducida al lugar del suplicio.<\/p>\n<p>Presid\u00eda Frenel, presa de la m\u00e1s violenta desesperaci\u00f3n; ten\u00eda a su lado a San Lucas. Prestar al conde una ayuda que le dictaba su coraz\u00f3n era ir contra la m\u00e1s simple prudencia. No obstante, se aprovech\u00f3 de la autoridad que le daba su nombre de comisario, y como San Lucas se dispusiese a hundir su pu\u00f1al en el coraz\u00f3n del conde, cogi\u00f3 a este y le salv\u00f3, al menos por un instante, pero nada hubiera detenido a San Lucas, si no hubiese descubierto a Maria Meluck, a la que hab\u00edan quitado el chal, y que \u00e9l reconoci\u00f3 al instante.<\/p>\n<p>\u2014Origen de mi oprobio \u2014le grit\u00f3\u2014 causa de mis desgracias, dos veces en vano he querido conquistarte; lo consigo ahora, que soy un miserable pobre pich\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 has venido a caer en mis manos para que te retuerza el cuello?<\/p>\n<p>Maria Meluck, sin dignarse echar una mirada al infame San Lucas, dijo a media voz a Frenel:<\/p>\n<p>\u2014No os pido que me hag\u00e1is vivir una hora m\u00e1s, pues no podr\u00edais prolongar mi existencia un minuto siquiera; pero os suplico que preserv\u00e9is aquel castillo del incendio y que salv\u00e9is a una pobre madre que est\u00e1 encerrada en el granero, apretada entre los brazos de la muerte.<\/p>\n<p>Acababa apenas de hablar, y Frenel se dispon\u00eda a salvarla con riesgo suyo, cuando San Lucas, que se hab\u00eda puesto m\u00e1s furioso por su desprecio abrumador, le hundi\u00f3 el cuchillo en la espalda y la tendi\u00f3 muerta a sus pies.<\/p>\n<p>Frenel vio, pero demasiado tarde, una de sus predicciones cumplidas: quer\u00eda vengarla de su verdugo cuando una nueva desgracia distrajo su atenci\u00f3n. En el momento en que Maria Meluck recib\u00eda el golpe mortal, el conde ca\u00eda muerto sin herida aparente.<\/p>\n<p>Las predicciones de Meluck continuaban realiz\u00e1ndose; hab\u00eda dicho que sus dos existencias estaban inseparablemente unidas y que \u00e9l no podr\u00eda vivir sino para ella. Este nuevo acontecimiento hizo reflexionar a Frenel sobre las \u00faltimas palabras de Meluck. Reuni\u00f3 a algunos de los principales habitantes del lugar, y les orden\u00f3, en nombre del pueblo, que consideraran aquel castillo como propiedad de la naci\u00f3n y lo preservaran de todo golpe. Quiz\u00e1 no hubiera sido respetada esa orden si aquella salvaje muchedumbre, fatigada por los excesos del d\u00eda, no se hubiera dispersado por las casas de la aldea para descansar un rato.<\/p>\n<p>Frenel aprovech\u00f3 el momento de calma. Se introdujo en el castillo imaginando que aquella madre de la que le hab\u00eda hablado Maria Meluck no era otra que la condesa; quer\u00eda salvarla, despu\u00e9s de eso considerar\u00eda su vida como terminada, ya que acababa de asistir a la muerte de sus dos amigos. Pronto dio con el granero, que estaba cerrado con llave; hizo saltar la cerradura, pero cu\u00e1l no ser\u00eda su espanto cuando vio, con las primeras luces del d\u00eda, a la condesa estrechada en los brazos de su marido, al que un momento antes hab\u00eda visto morir. Pero enseguida reconoci\u00f3, por sus ojos fijos, la imagen que ya una vez hab\u00eda decidido la suerte de esta casa; la condesa desmayada estaba entre los brazos del maniqu\u00ed y era doloroso destruir la imagen de su amigo, al que no hab\u00eda podido salvar en persona; sin embargo, la necesidad era imperiosa. Decidi\u00f3se a hacer pedazos el maniqu\u00ed, pero lo mismo que no es posible desembarazarse de una serpiente que os enlace, sino oponiendo la vida, as\u00ed Frenel no pudo, a pesar de todas sus precauciones, herir a Matilde. El dolor causado por esta leve herida la hizo volver en s\u00ed, y debi\u00f3 tomar a Frenel por un <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/quien-mato-al-conde\/\">asesino encarnizado del conde<\/a>.<\/p>\n<p>En medio del peligro debe tomarse una resoluci\u00f3n sobre la marcha; m\u00e1s tarde, el coraz\u00f3n quisiera volver con frecuencia sobre lo que el peligro nos ha mandado hacer, pero la angustia no tiene tiempo de titubear. El deseo de salvar a sus tres hijos hizo que Matilde se olvidara de decir un \u00faltimo adi\u00f3s a su marido y a su noble amiga. Se alej\u00f3 del castillo como si abandonase Sodoma: sin atreverse a mirar detr\u00e1s de ella.<\/p>\n<p>Frenel la acompa\u00f1\u00f3, la cuid\u00f3 con incansable abnegaci\u00f3n y la condujo hasta Suiza, a casa de unos parientes acomodados que recibieron a la infortunada con los brazos abiertos.<\/p>\n<p>Desde el d\u00eda de la matanza, Frenel hab\u00eda sido presa de una tristeza sombr\u00eda. Un atardecer que refer\u00eda a Matilde los detalles de aquel d\u00eda horrible, jur\u00f3 que se despreciar\u00eda siempre por haberse hecho matar en vez de presidir la muerte de su amigo; la condesa procur\u00f3 consolarle, pero fue en vano. Cuando ella se hubo alejado, abraz\u00f3 cari\u00f1osamente a los ni\u00f1os, les dijo que iba a partir por alg\u00fan tiempo, y que no le esperase a cenar, que iba a comer la comida que se merec\u00eda. As\u00ed se despidi\u00f3 de ellos. Matilde lleg\u00f3 en ese momento; le oy\u00f3 con inquietud hablar de su partida y le record\u00f3 que, al menos, hab\u00eda salvado a sus hijos, que la hab\u00eda consolado con su presencia, que estaba inquieta de verle alejarse, pero nada de eso pudo retenerle.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente se recogi\u00f3 el cad\u00e1ver de Frenel a una legua de la casa. Se hab\u00eda arrojado sobre su espada. A su lado se encontr\u00f3 una carta. Dec\u00eda que se hab\u00eda hecho justicia con su propia mano en un camino p\u00fablico por donde pasa la alegr\u00eda, lo mismo que la desgracia, para que el recuerdo de su sangre derramada no turbase a ninguno de los pac\u00edficos habitantes de aquel pa\u00eds feliz al correr sobre su tierra.<\/p>\n<p>\u00bfComo describir el dolor de la condesa cuando recibi\u00f3 este \u00faltimo golpe que le recordaba tan dolorosamente los que hab\u00eda recibido sobre sus m\u00e1s tiernos afectos?<\/p>\n<p>La tranquilidad estaba restablecida. Matilde hab\u00eda recobrado sus bienes con sus hermosos hijos, pero todo esto no era nada para ella. El que cree poseer el universo, y el que se considera como que nada posee, en \u00e9l, son dos grandes caracteres. Pero lo que yo puedo llamar un sentimiento admirable, es el sentimiento completo de la nada con respeto al mundo, sentimiento que ella me hizo ver durante el tiempo que estuve a su lado y mientras sus dos hijos se hallaban a la muerte. El cielo se los ha conservado. Salvo este sentimiento de su nada, no hab\u00eda conservado m\u00e1s que un solo sentimiento: el respeto por su terrible Meluck, respeto que manifestaba en todo momento y que con frecuencia le hac\u00eda salir del silencio que reinaba en su coraz\u00f3n. Cu\u00e1ntas veces me hizo admirar aquella alma verdaderamente oriental que prefiri\u00f3 ser la profetiza de una familia a la que su pasi\u00f3n la hab\u00eda unido, en tanto que hubiera podido ser la profetiza de Oriente y predecir todo el siglo que se preparaba.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maria Meluck, al o\u00edr que buscaba a la condesa, la cogi\u00f3 con fuerza \u2014estaba desmayada\u2014 y la llev\u00f3 a un granero apartado donde se hallaba el maniqu\u00ed, y por \u00faltima vez recurri\u00f3 a su arte: puso a la condesa en los brazos del maniqu\u00ed que apret\u00f3 sobre su pecho con una fuerza que nadie hubiera [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59707,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"ppma_author":[4140],"class_list":["post-59702","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","author-jpinol"],"blocksy_meta":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.7 - 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