{"id":58767,"date":"2024-03-06T21:13:59","date_gmt":"2024-03-06T20:13:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=58767"},"modified":"2024-03-06T21:16:49","modified_gmt":"2024-03-06T20:16:49","slug":"la-amenaza-woke-y-el-nuevo-malestar-narcisista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-amenaza-woke-y-el-nuevo-malestar-narcisista\/","title":{"rendered":"La amenaza woke y el nuevo malestar narcisista"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: center;\">1<\/h4>\n<p>\u00c9rase una vez una Cultura que, a pesar de velar las desigualdades materiales de sus poblaciones, permit\u00eda una reproducci\u00f3n social m\u00e1s o menos razonable por sus exigencias de mediaci\u00f3n y esfuerzo, as\u00ed como una jerarqu\u00eda a\u00fan lo suficientemente vertical y transcendente como para fomentar la respetuosa admiraci\u00f3n por la tradici\u00f3n human\u00edstica y sus cl\u00e1sicos. Un d\u00eda, sin embargo, todo lo s\u00f3lido cultural se desvaneci\u00f3 en el aire. Una emergente subjetividad expresiva, consecuencia de profundas transformaciones sociales y econ\u00f3micas producidas desde los sesenta y setenta, hab\u00eda introducido una in\u00e9dita estructura de sentimiento: all\u00ed donde estaba la sublimaci\u00f3n paternal de la autoridad advino una espontaneidad supuestamente liberada. El hedonismo, la indisciplina ante toda jerarqu\u00eda, una desinhibida predisposici\u00f3n a la expresividad emocional o una voraz inclinaci\u00f3n al consumo y a la autorrealizaci\u00f3n personal en el mercado habr\u00edan consolidado este funesto ocaso civilizatorio. Dicho de otro modo: en el tr\u00e1nsito del viejo Sujeto a la ofensiva del individualismo de masas, nuestra Cultura \u2013sigo con las may\u00fasculas\u2013 habr\u00eda terminado cediendo el trono a una nueva subjetividad sentimental. Prometeo, confrontado metab\u00f3licamente a la resistencia de la naturaleza y el Principio de Realidad, habr\u00eda sido desbancado por Narciso y su Principio de Placer: una identidad ya no confrontada a lo real, sino inmersa en las pantallas, los flujos comunicativos y la sociedad de la informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfLes suena este relato? Podemos encontrarlo a izquierda y derecha en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Algunas veces se subraya el tono apocal\u00edptico o pesimista de este nuevo \u00abmalestar narcisista\u00bb; otras veces, el melanc\u00f3lico: solo la calurosa urdimbre social o \u00ablos dioses de la familia pueden salvarnos\u00bb. En otras ocasiones, en cambio, tambi\u00e9n adquiere tonalidades sociol\u00f3gicas o cr\u00edtico-culturales optimistas: al fin y al cabo, \u00bfacaso nuestra modernidad tard\u00eda no ha ampliado irreversiblemente el variado men\u00fa existencial de la oferta individual? Este, por ejemplo, ser\u00eda el discurso de la \u00abtercera v\u00eda\u00bb propuesto por Anthony Giddens.<\/p>\n<p>Cuando la corrosi\u00f3n no solo alcanza a las estructuras objetivas de la realidad, sino tambi\u00e9n a la identidad que anta\u00f1o hab\u00eda que conquistar con tanto esfuerzo y ascesis, \u00bfqu\u00e9 queda? Como ha argumentado Francisco V\u00e1zquez Garc\u00eda, la emergente \u00absubjetividad expresiva\u00bb no puede sino alterar las coordenadas de la vida cotidiana. \u00ab[\u2026] quien comienza su carrera en Microsoft no tiene ni idea de d\u00f3nde acabar\u00e1; comenzarla en Ford o en Renault, por el contrario, era tener la casi total certidumbre de terminarla en el mismo lugar\u00bb. La nueva subjetividad expresiva, ese modelo de identidad propio de los nuevos tiempos posdisciplinarios, no se confunde pues con el antiguo modelo liberal y asc\u00e9tico de autocontrol, pero \u00bfhasta qu\u00e9 punto es radicalmente diferente?<\/p>\n<p>Por una parte, retiene esa experiencia del mundo como esfera carente de significaci\u00f3n previa, borrando as\u00ed toda huella de teleolog\u00eda objetiva. Por otro lado, al extremar las potencialidades corrosivas de la modernidad, elimina tambi\u00e9n cualquier residuo de teleolog\u00eda subjetiva. El yo queda librado a s\u00ed mismo, a un viaje interior en busca de intensidades afectivas y de ef\u00edmeras experiencias fuertes que colmen la exigencia de sentido1.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las jeremiadas conservadoras, es en este contexto hist\u00f3rico \u2013el tr\u00e1nsito del modelo autodisciplinado de subjetividad del primer capitalismo a la subjetividad expresiva de la tardomodernidad, ligada a un sistema econ\u00f3mico que estimula pero tambi\u00e9n disciplina de otro modo los deseos y necesidades de gratificaci\u00f3n individuales\u2013 donde resulta pertinente plantear la discusi\u00f3n de las llamadas \u00abguerras culturales\u00bb. Es aqu\u00ed tambi\u00e9n donde cabe analizar el cambio de sentido que, en los \u00faltimos tiempos, se ha producido en relaci\u00f3n a la problem\u00e1tica woke (\u00abestar alerta\u00bb, \u00abdespertarse\u00bb, \u00abconcienciarse\u00bb) como conciencia creciente de las llamadas \u00abpol\u00edticas de la identidad\u00bb o pol\u00edticas cr\u00edticas con la discriminaci\u00f3n y las desigualdades de raza y g\u00e9nero. Como es sabido, lo que destacan sus indignados cr\u00edticos, y no solo desde las filas de la derecha, es que este t\u00e9rmino, originado a comienzos del siglo XX en el marco de la lucha por los derechos civiles dentro del activismo negro norteamericano, ha terminado convirti\u00e9ndose en una ideolog\u00eda hegem\u00f3nica impulsada desde un supuesto mainstream esencialmente punitiva y censuradora (\u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb). Aunque la primera noticia documentada de la frase stay woke data de 1938, cuando el m\u00fasico Huddie Letbetter termin\u00f3 una canci\u00f3n sobre las injusticias sufridas por las personas negras, aconsej\u00e1ndoles \u00abm\u00e1s vale ser conscientes\u00bb, hoy el t\u00e9rmino se esgrime peyorativamente como una consigna narcisista. En su ofensiva cultural y moral, la agenda woke evocar\u00eda el supuesto asalto exitoso a todo tipo de instituciones, desde la universidad y los medios de comunicaci\u00f3n al \u00e1mbito legislativo del Estado. Lo que anta\u00f1o era minoritario y marginal habr\u00eda tomado totalitariamente el palacio de invierno cultural. Y estar\u00edamos sufriendo sus consecuencias: una sintom\u00e1tica falta de libertad que abarcar\u00eda desde la sexualidad al medio ambiente o el derecho de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>All\u00ed donde estaban supuestamente el Ciudadano y el Estado de Derecho, ahora, tras su desmitificaci\u00f3n izquierdista, solo tendr\u00edamos las funestas pol\u00edticas de la identidad. El problema de este relato no es solo la nostalgia que se revela de una idealizaci\u00f3n llamada estado del bienestar keynesiano ni su simplismo a la hora de equiparar las presuntas continuidades entre la identidad radical de clase marxista y el radicalismo culturalista; es que no ofrece un an\u00e1lisis; es m\u00e1s bien una abstracci\u00f3n exagerada que funciona como comod\u00edn explicativo y una especie de acto reflejo ante cualquier situaci\u00f3n concreta de disputa cultural. Sin necesidad de negar algunos abusos de las pol\u00edticas de la identidad, como veremos, resulta exagerado culparlas de todos los males y p\u00e9rdidas electorales, como hace cierta izquierda, o de la degeneraci\u00f3n de las costumbres morales, como hace la derecha reaccionaria. Escuchando ciertos reproches, se podr\u00eda pensar que la defensa de los ba\u00f1os sin g\u00e9nero es m\u00e1s determinante que fen\u00f3menos como la desindustrializaci\u00f3n del llamado \u00abcintur\u00f3n del \u00f3xido\u00bb o que las universidades est\u00e1n dominadas por recalcitrantes spin doctors marxistas, deconstructivos y radicalizados pol\u00edticamente, que adoctrinan a sus estudiantes pervirtiendo el genuino sentido de la universidad.<\/p>\n<p>\u00abIzquierda cultural\u00bb es, en este sentido, un r\u00f3tulo pol\u00e9mico y defensivo que sintom\u00e1ticamente habla m\u00e1s de sus hasta ahora privilegiados detractores que del objeto mismo. No deja de ser ir\u00f3nico que desde influyentes plataformas medi\u00e1ticas el t\u00e9rmino \u00abguerra cultural\u00bb invoque el fantasma omnipresente de la amenaza woke o de poderos\u00edsimos \u00ablobbies trans\u00bb, terribles gigantes que, ante una mirada m\u00e1s anal\u00edtica, no son m\u00e1s que molinos hipertrofiados que revelan, eso s\u00ed, que la llamada \u00abCultura\u00bb es un campo de fuerzas transido de relaciones de poder, desigualdades materiales y agotados privilegios inerciales. Si las pol\u00edticas de la identidad han politizado la universidad y los medios de comunicaci\u00f3n con sus cuotas y exigencias es porque ellos estaban, y vaya si lo estaban, ya politizados; en estas caricaturas deformadas, como ha escrito Edward Said respecto a los cr\u00edticos culturales de la \u00abcorrecci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb, este tipo de denuncia \u00abpasa por alto totalmente la asombrosa conformidad y correcci\u00f3n pol\u00edtica en temas relacionados, por ejemplo, con el ej\u00e9rcito, la seguridad nacional, la pol\u00edtica exterior y econ\u00f3mica\u00bb2.<\/p>\n<p>Por otro lado, \u00bfno es limitado todo an\u00e1lisis del narcisismo contempor\u00e1neo \u2013en redes, por ejemplo\u2013 que no vaya vinculado tambi\u00e9n a c\u00f3mo este es no una causa, sino un efecto de relaciones estructurales de poder concretas? De lo contrario, esta cr\u00edtica del narcisismo deviene f\u00e1cil moralina y no permite entender c\u00f3mo las construcciones materiales e institucionales de la subjetividad contempor\u00e1nea dependen de ciertos dispositivos: terap\u00e9uticos, t\u00e9cnico-gubernamentales, laborales o medi\u00e1ticos. Un interesante art\u00edculo de Mark Fisher, \u00abNo hay romance sin finanzas\u00bb (Los fantasmas de mi vida), permite arrojar otra luz sobre estos procesos apresuradamente descalificados como \u00abnarcisistas\u00bb. M\u00e1s que de la emergencia de un yo expresivo sentimental e irresponsablemente hedonista, convendr\u00eda hablar tambi\u00e9n de un yo terap\u00e9uticamente endurecido bajo condiciones de precariedad: la subjetividad narcisista como estrategia de supervivencia social y, en esa medida, como bloqueo de clase.<\/p>\n<p>De este modo, la propagaci\u00f3n exitosa de las narrativas terap\u00e9uticas fue uno de los modos en los que el neoliberalismo contuvo y privatiz\u00f3 la revoluci\u00f3n molecular que la nueva conciencia pol\u00edtica estaba provocando en los a\u00f1os sesenta y setenta. All\u00ed donde esta \u00abconciencia despierta\u00bb se\u00f1alaba estructuras impersonales y colectivas \u2013ocultas por la ideolog\u00eda capitalista y patriarcal\u2013, la \u00f3ptica neoliberal solo ha terminado visibilizando individuos, elecciones y responsabilidades personales. Fisher destaca c\u00f3mo estas pr\u00e1cticas de la conciencia despierta no solo cuestionaban la ideolog\u00eda capitalista; tambi\u00e9n marcaron un quiebre decisivo con el marxismo-leninismo: la escatolog\u00eda revolucionaria y el machismo militarista, que transformaron a la revoluci\u00f3n en la reserva de una vanguardia, ya no estaban all\u00ed. Al contrario, la autoconciencia hizo que la actividad revolucionaria estuviera potencialmente disponible para cualquiera. Basta con que dos o m\u00e1s personas se re\u00fanan para poder comenzar a colectivizar las tensiones que el capitalismo generalmente privatiza3.<\/p>\n<figure id=\"attachment_58769\" aria-describedby=\"caption-attachment-58769\" style=\"width: 940px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-58769 size-full\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/John-Steuart-Curry-Baptism-in-Kansas-1928.jpg\" alt=\"\" width=\"940\" height=\"742\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/John-Steuart-Curry-Baptism-in-Kansas-1928.jpg 940w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/John-Steuart-Curry-Baptism-in-Kansas-1928-462x365.jpg 462w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/John-Steuart-Curry-Baptism-in-Kansas-1928-840x663.jpg 840w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/John-Steuart-Curry-Baptism-in-Kansas-1928-768x606.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/John-Steuart-Curry-Baptism-in-Kansas-1928-15x12.jpg 15w\" sizes=\"(max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-58769\" class=\"wp-caption-text\">John Steuart Curry, Baptism in Kansas, 1928. Minerva<\/figcaption><\/figure>\n<p>Una de las trampas, por tanto, del debate woke\/antiwoke radica en que plantea una lectura interesadamente reduccionista y falsamente retrospectiva de lo que fueron los movimientos pol\u00edticos ligados a la desnaturalizaci\u00f3n de la cultura tradicional desde las experiencias subalternas de opresi\u00f3n, de consciousness raising (\u00abtoma de conciencia\u00bb) de los sesenta y setenta. Que la ilusi\u00f3n de la Cultura ecum\u00e9nica, con sus formas tradicionales de ense\u00f1arla y estudiarla, no pudiera ya mantenerse desde entonces como un reino soberano m\u00e1s all\u00e1 de lo pol\u00edtico y lo material implic\u00f3 que \u00ablo cultural\u00bb empezara a verse como una esfera ya siempre atravesada por la pol\u00edtica, la materialidad y las relaciones de poder. Como escribe Terry Eagleton, \u00absin una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de los procesos culturales a trav\u00e9s de los cuales el poder pol\u00edtico se despliega, se refuerza, se le resiste y a veces se le subvierte, seremos incapaces de desenmascarar las luchas por el poder m\u00e1s letales a las que ahora nos enfrentamos\u00bb4.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">2<\/h4>\n<p>Asimismo, no deja de llamar la atenci\u00f3n que el mantra \u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb y la advertencia respecto a la omnipresente ideolog\u00eda woke sean proferidos por un tipo espec\u00edfico de intelectual, una voz supuestamente rebelde e insobornable pero casi siempre cercana a grupos medi\u00e1ticos de poder, que suele deplorar que la sociedad haya perdido el sentido de la autoridad y el respeto por la cultura, amenazada por nuevos oscurantismos marcadamente sentimentales. Se trata, como explica Enzo Traverso, de un \u00abpoder intelectual\u00bb particular:<\/p>\n<p>No son expertos en temas de gobierno (aunque a veces pueden jactarse de ser sus inspiradores) ni intelectuales \u201cespec\u00edficos\u201d (no son investigadores). En el peor de los casos, los motiva una preocupaci\u00f3n de visibilidad medi\u00e1tica; en el mejor, pertenecen a una tradici\u00f3n conservadora que posee sus cartas de nobleza. Sus ideas dan forma al esp\u00edritu de la \u00e9poca. Su \u00e9xito deriva en principio de su inserci\u00f3n en un sistema medi\u00e1tico multipolar, compuesto por la prensa escrita, la radio, la televisi\u00f3n y las grandes editoriales5.<\/p>\n<p>Desde este \u00e1ngulo apreciamos un doble movimiento de defensa: por un lado, advertimos c\u00f3mo la usual ret\u00f3rica cr\u00edtica contra la \u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb depende de una posici\u00f3n privilegiada que esgrime el supuesto buen tono y los buenos modales de la \u00ablibertad\u00bb para cuestionar la groser\u00eda de un gesto cr\u00edtico con inter\u00e9s democratizador. Por otro, en tiempos recientes, vemos c\u00f3mo el buen tono liberal ha cambiado para asumir los rasgos del rebelde disidente outsider contra lo \u00abpol\u00edticamente correcto\u00bb. As\u00ed, frente a la supuesta \u00f1o\u00f1er\u00eda biempensante woke, el nuevo desprecio emerge bajo la contrafigura de \u00abun ello liberado de las ataduras de las convenciones de discurso y la correcci\u00f3n pol\u00edtica [&#8230;] y se relaciona m\u00e1s con el Marqu\u00e9s de Sade que con Edmund Burke\u00bb6. Esta precisi\u00f3n de Angela Nagle es muy interesante: ya no nos encontramos exactamente ante el conservadurismo receloso de la Revoluci\u00f3n francesa y de sus abstractas \u2013por violentas\u2013 reivindicaciones de una racionalidad desnuda sin tradici\u00f3n y continuidad hist\u00f3rica. La derecha alternativa trol no es tan deudora de la Biblia y del orden como del nihilismo de El club de la lucha. La ret\u00f3rica de este desprecio hace buenas migas con un cinismo sin miramientos que se jacta justamente de su crudeza frente a las enso\u00f1aciones \u00abbuenistas\u00bb e \u00abintelectuales\u00bb de las universidades p\u00fablicas.<\/p>\n<p>El reciente aumento de las invocaciones derechistas a la \u00abguerra cultural\u00bb es s\u00edntoma de un miedo e imitaci\u00f3n ambivalentes que definen \u00faltimamente a la derecha. Ante este tel\u00f3n de fondo llama la atenci\u00f3n c\u00f3mo thinks tanks conservadores han hecho proliferar en las \u00faltimas d\u00e9cadas la caricatura de Gramsci como el gran genio maligno comunista detr\u00e1s de los triunfos culturales de la izquierda. Recientemente, Alberto Toscano (\u00abGramsci en Florida\u00bb)7 ha analizado esta fantas\u00eda que percibe en la ofensiva woke no solo el caballo de Troya ideol\u00f3gico que, desde las universidades y la ense\u00f1anza p\u00fablica, est\u00e1 abonando el terreno para la abolici\u00f3n de la propiedad privada y la desaparici\u00f3n de la Moral, sino tambi\u00e9n el marco estrat\u00e9gico a imitar por el pensamiento conservador. Esto explica tambi\u00e9n en qu\u00e9 medida la inflada amenaza woke responde a la operaci\u00f3n de responder y contraatacar en el terreno de la batalla cultural a las supuestas conquistas que la izquierda ha obtenido por, as\u00ed se piensa, la tibia incomparecencia de la derecha liberal m\u00e1s tecn\u00f3crata y economicista.<\/p>\n<p>Este asunto ha llevado a que, recientemente, el reaccionario gobernador de Florida Ron DeSantis haya polemizado nada menos que con Donald Trump, competidor suyo en la lucha por la Casa Blanca. \u00bfLa pol\u00e9mica? Que la ideolog\u00eda woke ha borrado en el parque Disney World, en Florida, todas las se\u00f1ales de boys and girls y que vaya a celebrarse ah\u00ed la mayor conferencia LGBTQ+ que haya tenido lugar. Ante la cr\u00edtica de Trump advirtiendo de que la oposici\u00f3n de DeSantis pudiera llevar a que \u00abel pr\u00f3ximo movimiento de Disney sea anunciar que no va a invertir m\u00e1s dinero en Florida por culpa del gobernador\u00bb, este ha contestado lo siguiente: \u00abla ideolog\u00eda woke es una forma de marxismo cultural. Los l\u00edderes tienen que enfrentarse a las grandes corporaciones cuando estas se equivocan, como Disney, al usar su poder econ\u00f3mico para promover una agenda pol\u00edtica. Estamos haciendo de Florida el estado donde la econom\u00eda crece porque somos el estado en el que lo woke va a morir\u00bb.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb evocar\u00eda para sus detractores un doble exceso: por un lado, punitivo, moralizador y sectario \u2013\u00abya no tendr\u00edamos la libertad de antes\u00bb, \u00abtodo ofende\u00bb\u2013; por otro, marcadamente culturalista, como si la esfera de lo \u00abcultural\u00bb ocupara de modo hipertr\u00f3fico espacios hasta ahora separados de su discurso. Esta segunda cr\u00edtica se encuentra muy pr\u00f3xima a otra tercera: el \u00e9nfasis en lo cultural ha erosionado el relato com\u00fan del proyecto emancipatorio moderno y dividido a la izquierda en batallas sectarias basadas en la identidad. Este argumento no solo se ha convertido en un curioso lugar com\u00fan y una consigna r\u00e1pida; significativamente, es un marco discursivo que suele ser utilizado por los medios conservadores para debilitar a la izquierda: el supuesto espect\u00e1culo sectario de la izquierda, no pocas veces interesadamente amplificado, revela su frivolidad e irresponsabilidad reforzando la seriedad y el robusto sentido com\u00fan del adversario. En otras palabras, el hecho de que se oriente la discusi\u00f3n p\u00fablica hacia un escenario ideol\u00f3gico ya marcado, en el que el plano material o econ\u00f3mico se encuentra absolutamente desligado de lo cultural, \u00bfno act\u00faa como una operaci\u00f3n hegem\u00f3nica y t\u00e1ctica por parte del pensamiento conservador para debilitar a las fuerzas progresistas?<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed podemos plantear en qu\u00e9 medida la expresi\u00f3n peyorativa \u00abizquierda cultural\u00bb parte tambi\u00e9n de una premisa pol\u00edticamente interesada en la intervenci\u00f3n cultural que busca fragmentar el tablero de unas reivindicaciones que, por otra parte, no son tan un\u00edvocas y distintas en la sociedad civil, toda vez que lo material y lo cultural son muchas veces indistinguibles. Es una operaci\u00f3n exitosa: en un mismo movimiento t\u00e1ctico se identifica la \u00abizquierda\u00bb como una posici\u00f3n ortodoxa limitada a una perspectiva anacr\u00f3nica de clase, inmuniz\u00e1ndola de la vitalidad de los nuevos movimientos, y se rompen las posibles mediaciones hegem\u00f3nicas entre lo material y lo cultural, estrechando as\u00ed el campo pol\u00edtico. Es aqu\u00ed donde emerge la genuina \u00abtrampa\u00bb: la de aceptar la dicotom\u00eda de estos interesados y prefijados lugares comunes de la discusi\u00f3n y sus marcadas reglas de juego. Posiblemente, una de las lecciones a extraer del ejemplo de Disney en Florida sea la necesidad de distinguir entre el uso hipertrofiado y los efectos de la cr\u00edtica est\u00e1ndar antiwoke, con su marco discursivo victimista y conspiranoico, y la necesidad de plantear una cr\u00edtica a los abusos de ciertas pol\u00edticas de la identidad.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">3<\/h4>\n<p>\u00bfQu\u00e9 habr\u00eda ocurrido para que se produzca este desplazamiento de la lucha de clases a la lucha de identidades? Cierto relato, muy aplaudido por sectores cercanos a la socialdemocracia norteamericana (Richard Rorty en Forjar nuestro pa\u00eds), lo explica de la siguiente forma: la victoria del estado de bienestar tras la posguerra habr\u00eda llevado a la izquierda radical extraparlamentaria a propiciar un \u00abgiro cultural\u00bb en l\u00ednea con lo que grupos mao\u00edstas ya llamaban, en las d\u00e9cadas de 1960 y 1970, una \u00abrevoluci\u00f3n cultural\u00bb. Ante la supuesta narcotizaci\u00f3n del espect\u00e1culo y el aburguesamiento de la clase trabajadora, esta \u00abizquierda cultural\u00bb, m\u00e1s formada en las universidades que en las luchas sindicales, habr\u00eda recogido las conquistas y los derechos precisamente conseguidos por el bienestar econ\u00f3mico y social producido por el capitalismo para impulsar una pol\u00edtica \u00abmolecular\u00bb de guerra cultural. La nueva vanguardia ya no pasar\u00eda por la, cada vez m\u00e1s acomodaticia y \u00abconservadora\u00bb, clase trabajadora, sino por los nuevos movimientos sociales y su ret\u00f3rica revolucionaria de otro modo. Este diagn\u00f3stico de Rorty, muy discutible, ha terminado siendo aceptado como un lugar com\u00fan en determinados sectores en Espa\u00f1a, obviando, entre otros malentendidos de trazo grueso, las tremendas diferencias existentes entre Estados Unidos y nuestro pa\u00eds: las distracciones radicalizadas y elitistas de las pol\u00edticas de la identidad, en el fondo un nuevo recambio maximalista y te\u00f3rico del viejo marxismo, no solo habr\u00edan debilitado el movimiento social de la izquierda, sino tambi\u00e9n incubado la reacci\u00f3n populista que hoy padecemos. En otras palabras: el trumpismo ser\u00eda la respuesta a las pol\u00edticas intransigentes de lo pol\u00edticamente correcto.<\/p>\n<p>Sin embargo, la constataci\u00f3n de c\u00f3mo el discurso conservador usa el marco woke para impulsar su agenda hegem\u00f3nica no deber\u00eda llevarnos a no dialogar y discutir otras cr\u00edticas que, desde la izquierda, se han esgrimido contra algunos aspectos de las pol\u00edticas de la identidad. Hasta un icono de la izquierda neomarxista como Slavoj \u017di\u017eek ha salido recientemente a la palestra para denunciar los supuestos abusos de la ideolog\u00eda woke desde el horizonte normativo althusseriano de la cr\u00edtica ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Desde el marxismo neoleninista de \u017di\u017eek, el diagn\u00f3stico es curiosamente parecido al conservador o socialdem\u00f3crata de Rorty: un nuevo paradigma habr\u00eda triunfado desde la d\u00e9cada de los ochenta sobre el nuevo campo de batalla de las reivindicaciones sociales: el derecho a reescribir a nuestra voluntad la identidad. Seg\u00fan esta lectura, este giro parcialmente funesto hacia las pol\u00edticas de la identidad y las diferencias culturales, o hacia el reconocimiento, habr\u00eda terminado eclipsando otras cuestiones como la justicia social o la redistribuci\u00f3n econ\u00f3mica, distanciando a esta nueva intelectualidad de la agenda pol\u00edtica concreta y promoviendo \u00abestudios de victimismo\u00bb: \u00ab[\u2026] es exactamente lo mismo lo que ocurre con gran parte del movimiento woke: nos despiertan (en el racismo y el sexismo) precisamente para permitirnos seguir durmiendo, es decir, ignorando las verdaderas ra\u00edces y la profundidad de los traumas raciales y sexuales\u00bb8.<\/p>\n<p>\u017di\u017eek reconoce que el desplazamiento desde el relato izquierdista posmoderno del marxismo \u00abesencialista\u00bb, con el proletariado como \u00fanico Sujeto Hist\u00f3rico, el privilegio de la lucha econ\u00f3mica de clase, etc., hacia la irreducible pluralidad de luchas, describe indudablemente un proceso hist\u00f3rico real. El problema, seg\u00fan \u00e9l, es que sus partidarios, como regla, omiten la resignaci\u00f3n que implica la aceptaci\u00f3n del capitalismo como la \u00fanica opci\u00f3n, naturalizando en esa medida el trasfondo estructural.<\/p>\n<p>En la medida en que la pol\u00edtica posmoderna implica un repliegue te\u00f3rico del problema de la dominaci\u00f3n dentro del capitalismo, es aqu\u00ed, en esta suspensi\u00f3n silenciosa de la lucha de clases, que nos encontramos ante un caso ejemplar del mecanismo de desplazamiento ideol\u00f3gico: cuando el antagonismo de clase es repudiado, cuando su papel estructurante clave es suspendido, otros indicadores de la diferencia social pueden pasar a soportar un peso inmoderado; de hecho, pueden soportar todo el peso de los sufrimientos producidos por el capitalismo 9.<\/p>\n<p>Lo que resulta discutible de este diagn\u00f3stico, muy deudor, por otra parte, de un discurso cr\u00edtico que entiende la \u00abpermisividad hedonista\u00bb como el baluarte ideol\u00f3gico m\u00e1s importante del capitalismo, es que confunde causas con consecuencias. Al identificar este gran Narcisismo como el gran problema \u2013cuando en realidad no es m\u00e1s que un producto de las fuerzas de la acumulaci\u00f3n de capital\u2013, \u017di\u017eek no solo comparte el mismo an\u00e1lisis del capitalismo posmoderno que la derecha cristiana fundamentalista, ofreciendo una soluci\u00f3n problem\u00e1tica al mismo (\u00bfno son los valores de la disciplina y el esp\u00edritu de sacrificio medios estrat\u00e9gicos m\u00e1s que fines para la izquierda?), sino que no percibe adecuadamente c\u00f3mo en los \u00faltimos tiempos el verdadero problema es la creciente complicidad entre un neoliberalismo en crisis y el neoconservadurismo.<\/p>\n<p>Dicho esto, sin embargo, es leg\u00edtimo preguntarse por los bloqueos producidos al abrigo de esta saludable profundizaci\u00f3n democr\u00e1tica de los nuevos movimientos sociales, una nueva democratizaci\u00f3n invisibilizada y eclipsada bajo representaciones privilegiadas de lo cultural ilusoriamente neutrales y universales. En ocasiones, la necesaria operaci\u00f3n cr\u00edtica de desnaturalizaci\u00f3n de los viejos prejuicios patriarcales y raciales ha quedado neutralizada por discursos que, en lugar de aspirar a la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica, terminan girando en torno al agravio sentimental y victimista. Es esta atenci\u00f3n a los distintos usos de la cr\u00edtica en su relaci\u00f3n con el agravio y el dolor de la identidad lo que hace de Estados del agravio, de Wendy Brown, un ensayo muy relevante que, a pesar de haberse escrito en 1995, es hoy extremadamente actual. Esta gram\u00e1tica del malestar, de hecho, se ha extendido a otros discursos ideol\u00f3gicos situados en las ant\u00edpodas. No en vano, Brown, m\u00e1s recientemente, ha analizado en qu\u00e9 medida el discurso reaccionario de la Alt Right y el trumpismo parte tambi\u00e9n de unas coordenadas victimistas, si bien diferentes.<\/p>\n<p>Brown se pregunta en qu\u00e9 medida esta ampliaci\u00f3n del campo de batalla cr\u00edtico puede quedar en ocasiones bloqueada en un juego de espejos identitario. En este bloqueo, cierta denuncia del poder se realiza al precio de la incapacidad de articular la propia identidad minorizada en un horizonte pol\u00edtico colectivo y sin el objetivo de construir nuevas formas de universalidad ampliadas. Lo interesante de este cuestionamiento radica en que Brown no busca hacer el juego al mantra de la \u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb ni aboga por ninguna perspectiva de regreso frente a los abusos de la \u00abizquierda cultural\u00bb, sino que pretende redefinir un sentido leg\u00edtimo de la cr\u00edtica de los marcos culturales hegem\u00f3nicos que no recaiga en una posici\u00f3n reactiva o parasitaria de las estructuras de dominaci\u00f3n que combate.<\/p>\n<p>Aunque a Brown le preocupa el modo en el que las pol\u00edticas de la identidad han subordinado un imaginario democr\u00e1tico radical preocupado por la libertad pol\u00edtica, la igualdad y la emancipaci\u00f3n de la minor\u00eda de edad a una pol\u00edtica cultural de protecci\u00f3n y de reparaci\u00f3n, idealmente despojada de tensiones y ambivalencias, no propone tampoco una vuelta al modelo de clase defendido, como ve\u00edamos, por Slavoj \u017di\u017eek. Brown entiende que no es una contradicci\u00f3n ser cr\u00edtica e intentar ayudar a reformular movimientos pol\u00edticos a los que un@ pertenece. \u00ab\u00bfQu\u00e9 tipo de formaciones pol\u00edticas exigen una lealtad acr\u00edtica e irreflexiva? \u2013se pregunta\u2013. Sabemos la respuesta: las antidemocr\u00e1ticas y antiintelectuales\u00bb. Seg\u00fan Brown, la pol\u00edtica de la identidad posibilita un sentido de comunidad entre aquellos que se reconocen como parte de grupos vulnerables que habr\u00edan sido sistem\u00e1ticamente excluidos del espacio p\u00fablico. Sin embargo, la exclusi\u00f3n no se confronta aqu\u00ed problematizando din\u00e1micas estructurales que la habr\u00edan posibilitado, sino que se busca remediarla permitiendo que cada uno de estos grupos sea reconocido, sobre todo legalmente, integrado y protegido dentro de un espacio pol\u00edtico y social ya reconfirmado. As\u00ed se produce \u00abuna cierta relegitimaci\u00f3n del capitalismo\u00bb, basada en una \u00abformulaci\u00f3n de justicia\u00bb que limita sus reclamos a obtener iguales oportunidades en las din\u00e1micas establecidas, en la \u00abmovilidad ascendente\u00bb y en la recompensa meritocr\u00e1tica \u2013libre de estigmatizaciones\u2013 por el esfuerzo realizado.<\/p>\n<p>De este modo, se reinscribe \u00abun ideal burgu\u00e9s\u00bb como \u00abmedida\u00bb de justicia y las injurias padecidas terminan ley\u00e9ndose \u00fanicamente en t\u00e9rminos de \u00abaceptaci\u00f3n social, protecci\u00f3n legal, relativa comodidad material e independencia social\u00bb. Pero, sobre todo, el agravio queda codificado y apegado a ciertas identidades. El riesgo inherente a esta gram\u00e1tica a\u00fan \u00abliberal\u00bb del agravio en la pol\u00edtica de la identidad es caer en una \u00abpol\u00edtica del resentimiento\u00bb, esto es, siguiendo a Nietzsche, una interpretaci\u00f3n del dolor que, cuestionando por principio toda voluntad de poder, ata los cuerpos a una identidad cerrada inmunitaria y defensivamente frente a una otredad amenazante y que la fija adem\u00e1s como impotente. Esta afirmaci\u00f3n de s\u00ed como v\u00edctima se consigue al precio de volver insistentemente sobre una herida, \u00abuna herida supurante\u00bb, que reduce el pasado y su fuerza performativa a un peso muerto que corroe las capacidades, inamovible. De ah\u00ed que Brown se pregunte:<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si busc\u00e1ramos suplantar el lenguaje del \u00abyo soy\u00bb, con su cierre defensivo sobre la identidad, su insistencia en la fijaci\u00f3n de la posici\u00f3n y su ecuaci\u00f3n de lo social con un posicionamiento moral, por el lenguaje del \u00abdeseo\u00bb reflexivo? \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si fuera posible rehabilitar la memoria del deseo dentro de los procesos de identificaci\u00f3n, el momento del deseo, ya sea de \u00abtener\u00bb o \u00abser\u00bb, antes de su ser herido y, por lo tanto, antes de la formaci\u00f3n de la identidad en el sitio de la herida?10.<\/p>\n<p>Ciertas gram\u00e1ticas pol\u00edticas identitarias ser\u00edan, por tanto, una especie de discurso moralizante invertido, un discurso pol\u00edtico supuestamente antiliberal que solo conservar\u00eda y reproducir\u00eda de otro modo los principios del liberalismo frente al poder pol\u00edtico. Este moralismo, por otra parte, anular\u00eda el sentido de la cr\u00edtica planteando la problem\u00e1tica de la injusticia y el agravio como si fuera solo un problema de observaciones, actitud y discurso, en lugar de como una cuesti\u00f3n de formato hist\u00f3rico, con caracter\u00edsticas pol\u00edtico-econ\u00f3micas. Este diagn\u00f3stico cr\u00edtico de Brown, que, ciertamente ha generado otras objeciones interesantes entre las autoras del \u00abgiro afectivo\u00bb, permite entender las limitaciones pol\u00edticas de este auge de la identidad. Que la afirmaci\u00f3n de que \u00ablo personal es pol\u00edtico\u00bb haya quedado reducida a \u00ablo pol\u00edtico es lo personal\u00bb implica asumir lo personal no como necesaria condici\u00f3n para construir espacios colectivos, sino, en cierto modo, como un repliegue inmunitario frente a estos, un gesto, muy fomentado por el dispositivo de poder neoliberal, que bloquea lo que deber\u00eda ser un viaje de ida y vuelta entre lo concreto y lo universal.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, como podemos observar, reducir la discusi\u00f3n woke a una esquem\u00e1tica batalla entre la vieja cr\u00edtica de la \u00abcultura de la cancelaci\u00f3n\u00bb y la nueva cr\u00edtica de los privilegios culturales hasta ahora incuestionados tambi\u00e9n deja pasar otros matices importantes sobre el sentido de la cr\u00edtica. \u00bfQu\u00e9 nos deparar\u00e1 esta resignificaci\u00f3n m\u00e1s afinada del marco cr\u00edtico y qu\u00e9 consecuencias se derivar\u00e1n en el futuro pr\u00f3ximo de lo que emerge cada vez m\u00e1s en este umbral hist\u00f3rico como una gran disputa entre identidades nost\u00e1lgicas e identidades experimentales?<\/p>\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p>1. F. V\u00e1zquez Garc\u00eda, Tras la autoestima, Tercera Prensa, San Sebasti\u00e1n, 2005. \u21a9<br \/>\n2. E. Said, Representaciones del intelectual, Barcelona, Paid\u00f3s, 1996, p. 86. \u21a9<br \/>\n3. M. Fisher, Los fantasmas de mi vida, Buenos Aires, Caja Negra, 2018, p. 131. \u21a9<br \/>\n4. T. Eagleton, Idea de cultura, Barcelona, Paid\u00f3s, 2001, p. 102. \u21a9<br \/>\n5. E. Traverso, \u00bfQu\u00e9 fue de los intelectuales?, Buenos Aires, Siglo XXI, 2006, p. 113 \u21a9<br \/>\n6. A. Nagle, Muerte a los normies. Las guerras culturales en Internet que han dado lugar al ascenso de Trump y la Alt-Right, Barcelona, Orciny Press, 2018, p. 76. \u21a9<br \/>\n7. El art\u00edculo se puede consultar (en ingl\u00e9s) aqu\u00ed: https:\/\/www.newstatesman.com\/the-weekend-essay\/2023\/03\/gramsci-florida-republican-party. \u21a9<br \/>\n8. S. \u017di\u017eek, \u00ablo woke no es un despertar a los problemas reales, sino seguir anestesiados\u00bb, publicado en El Confidencial el 4 de marzo de 2023 (https:\/\/blogs.elconfidencial.com\/cultura\/tribuna\/2023-03-04\/zizek-woke-despertar-racismo-feminismo_3584967\/) Consultado el 6 de mayo de 2023. \u21a9<br \/>\n9. S. \u017di\u017eek, en varios, Contingencia, hegemon\u00eda y universalidad, Buenos Aires, FCE, 2003, p. 104 \u21a9<br \/>\n10. W. Brown, Estados del agravio, Madrid, Lengua de Trapo, 2019, p. 160. \u21a9<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>*Fuente: https:\/\/cbamadrid.es\/revistaminerva\/articulo.php?id=945<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo y profesor de la UCM Germ\u00e1n Cano analiza las trampas que encierran las disputas en torno a lo woke. Un debate trucado, en el que quienes denuncian el auge de un clima cultural individualista, punitivista y censurador se enfrentan a lo que probablemente no sea m\u00e1s que un hombre de paja. 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