{"id":58571,"date":"2024-02-27T20:09:28","date_gmt":"2024-02-27T19:09:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=58571"},"modified":"2024-02-27T20:09:28","modified_gmt":"2024-02-27T19:09:28","slug":"cabezas-contra-el-asfalto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/cabezas-contra-el-asfalto\/","title":{"rendered":"Cabezas contra el asfalto"},"content":{"rendered":"<p>Si golpe\u00e1s mucho la cabeza de alguien contra el asfalto \u2013aunque sea para hacerlo entrar en raz\u00f3n\u2013, es probable que termines lastim\u00e1ndolo. Esto es algo que mi madre me explic\u00f3 desde el principio, el d\u00eda que golpe\u00e9 la cabeza de Fredo contra el piso en el patio del colegio. Yo no era violento, quiero aclarar esto. Hablaba apenas lo necesario, y no ten\u00eda amigos ni enemigos con los que pelearme. Lo \u00fanico que hac\u00eda en los recreos era esperar en el aula, solo y lejos del ruido del patio, hasta que la clase volviera a empezar. Esperaba dibujando. Eso apuraba el tiempo y me apartaba del mundo. Dibujaba cajas cerradas y peces con forma de rompecabezas que encastraban entre s\u00ed. Fredo era el capit\u00e1n del equipo de f\u00fatbol y en nuestro grado las cosas se hac\u00edan y ocurr\u00edan como \u00e9l quer\u00eda. Como esa vez que a Cecilia se le hab\u00eda muerto el t\u00edo y le hizo creer que hab\u00eda sido \u00e9l.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, durante un recreo, Fredo entr\u00f3 en el aula, me sac\u00f3 de un tir\u00f3n el dibujo en el que estaba trabajando y se fue con \u00e9l corriendo. El dibujo eran dos peces rompecabezas, cada uno en una caja, y ambas cajas dentro de otra caja. Saqu\u00e9 eso de cajas dentro de cajas de un pintor que le gustaba a mam\u00e1, y todas las maestras estaban encantadas y dec\u00edan que era \u00abun recurso muy po\u00e9tico\u00bb. En el patio Fredo cortaba el dibujo por la mitad, y las mitades en mitades, y as\u00ed, mientras su grupo lo rodeaba y festejaba su aza\u00f1a. Cuando ya no pudo cortar pedazos m\u00e1s chicos tir\u00f3 todo por el aire. Lo primero que sent\u00ed fue tristeza. No es un decir, siempre pienso en c\u00f3mo siento las cosas en el momento en que me pasan, y quiz\u00e1 sea eso lo que me haga m\u00e1s lento, o m\u00e1s distra\u00eddo que el resto. Me tir\u00e9 sobre Fredo, lo tir\u00e9 al piso conmigo y lo agarr\u00e9 de los pelos. Ah\u00ed fue que empec\u00e9 a darle la cabeza contra el suelo. La maestra grit\u00f3 y un profesor de otra clase vino a separarnos, y no pas\u00f3 nada m\u00e1s en esta historia con Fredo. La cuento porque supongo que eso fue el inicio de todo, y cuando mam\u00e1 quiere saber algo siempre dice \u00ab\u00a1Por el principio, por el principio, por favor!\u00bb.<\/p>\n<p>En el secundario tuve otro \u00abepisodio\u00bb. Yo segu\u00eda dibujando y nadie tocaba mis dibujos, porque sab\u00edan que yo cre\u00eda en cosas como el bien y el mal, y me molestaba todo lo relacionado con lo segundo, que era a lo que se dedicaba en general la gente. La pelea con Fredo me hab\u00eda dado en el grupo un aire de respeto, y ya no se met\u00edan conmigo. Pero ese a\u00f1o un chico nuevo que se cre\u00eda muy vivo se enter\u00f3 de que Cecilia se hab\u00eda indispuesto por primera vez, as\u00ed que aprovech\u00f3 el recreo para entrar en el aula y llenarle la cartuchera de t\u00e9mpera roja. Lo vi todo desde mi mesa, dibujando disimuladamente. En la clase siguiente, cuando Cecilia busc\u00f3 algo entre sus l\u00e1pices, se manch\u00f3 los dedos y la ropa y el chico le grit\u00f3 que era una puta, que Cecilia era una puta como su madre y como todas, lo que de alg\u00fan modo inclu\u00eda tambi\u00e9n a mi mam\u00e1. Cecilia no me gustaba, pero al chico le di la cabeza contra el piso hasta que empez\u00f3 a sangrar. El profesor tuvo que pedir ayuda para separarnos. Mientras nos sosten\u00edan para que no volvi\u00e9ramos a agarrarnos le pregunt\u00e9 si ahora el cerebro no le drenaba mejor. Me pareci\u00f3 una frase suprema, pero fui el \u00fanico que se rio. Me llenaron el bolet\u00edn de amonestaciones y me suspendieron por dos d\u00edas. Mam\u00e1 tambi\u00e9n estaba enojada conmigo, pero la escuch\u00e9 decir por tel\u00e9fono que su hijo \u00abno estaba acostumbrado a la intolerancia, y que todo lo que yo hab\u00eda querido hacer era proteger a esa pobre chica\u00bb.<br \/>\nUniverso Schweblin<\/p>\n<p>Desde entonces Cecilia hac\u00eda todo lo posible por ser mi amiga. Era un fastidio tenerla siempre sentada tan cerca, mir\u00e1ndome fijo a cada rato. Me escrib\u00eda cartas sobre la amistad y el amor y las escond\u00eda entre mis cosas. Yo segu\u00eda dibujando. Mi mam\u00e1 me hab\u00eda anotado en el taller de dibujo y pintura del colegio, que era todos los viernes. La profesora nos mandaba a comprar hojas A3, mucho m\u00e1s grandes de las que yo hab\u00eda usado hasta entonces. Tambi\u00e9n t\u00e9mperas y pinceles. La profesora mostraba a la clase mis trabajos para explicar por qu\u00e9 yo era \u00abtan genial\u00bb, c\u00f3mo lo lograba, y qu\u00e9 es lo que quer\u00eda \u00abcomunicar con cada pincelada\u00bb. En el taller aprend\u00ed a hacer todas las extremidades de las fichas de rompecabezas en 3D, aprend\u00ed a pintar fondos esfuminados que, \u00abcontra el realismo de un horizonte, dan idea de abstracci\u00f3n\u00bb, y a pasarle spray a los mejores trabajos para que se conservaran bien y no perdieran \u00abla intensidad de los colores\u00bb.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s importante para m\u00ed era pintar. Hab\u00eda otras cosas que me gustaban, como mirar televisi\u00f3n, no hacer nada y dormir. Pero pintar era lo mejor. En tercer a\u00f1o se organiz\u00f3 un concurso de pintura para exponer en el hall. El jurado eran la profesora de dibujo, la directora y su secretaria. Las tres eligieron \u00abpor unanimidad\u00bb mi obra \u00abm\u00e1s representativa\u00bb y colgaron el cuadro en el hall de entrada del colegio. Por esos d\u00edas a Cecilia le gustaba decir que yo estaba enamorado de ella, \u00abdesde siempre\u00bb. Que el pez rojo y el pez azul que yo hab\u00eda empezado a dibujar entre las fichas de rompecabezas era una \u00ababstracci\u00f3n rom\u00e1ntica de nuestra relaci\u00f3n\u00bb. Que las fichas de rompecabezas de un pez encastraban en el otro porque \u00e9ramos as\u00ed, \u00abel uno para el otro\u00bb. Entonces, durante un recreo, descubr\u00ed que en el cuadro premiado, colgado en el hall, alguien hab\u00eda escrito nuestros nombres sobre cada pez; y en el pizarr\u00f3n del aula, un coraz\u00f3n gigante atravesado por una flecha con nuestros nombres. Era la misma letra que la del cuadro. Todos lo hab\u00edan visto y se miraban entre s\u00ed con sonrisa burlona. Cecilia me sonri\u00f3, colorada, y yo sent\u00ed otra vez esas ganas incontrolables de golpear, y aun antes de que nada sucediese vi la imagen de su cabeza golpe\u00e1ndose, el cuero cabelludo estrellarse una y otra vez contra las irregularidades del piso, la cabeza perforada, la sangre espesando los pelos. Sent\u00ed mi cuerpo abalanzarse sobre ella, descontrolado y, por alguna raz\u00f3n, un segundo despu\u00e9s, contenerse. Fue como una \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb \u2013gente que sabe de esto me lo explic\u00f3 mucho tiempo despu\u00e9s\u2013. Y la \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb me ayud\u00f3 a evitar las im\u00e1genes que acababa de ver, y me dio el impulso de todo lo que vino despu\u00e9s: corr\u00ed hasta el taller de dibujo y pintura \u2013algunos chicos me siguieron, Cecilia entre ellos\u2013, saqu\u00e9 de los armarios las hojas y las t\u00e9mperas, y me sent\u00e9 a dibujar. Dibuj\u00e9 todo. Un primer\u00edsimo primer plano del espanto en un ojo de Cecilia, un recorte de su frente transpirada, llena de granos y puntos negros. El piso \u00e1spero debajo, la punta de mis dedos fuertes apenas entrando en cuadro, enredados en sus pelos, y despu\u00e9s, puro, el rojo, manch\u00e1ndolo todo.<\/p>\n<p>Si me preguntan qu\u00e9 aprend\u00ed en el colegio, solo puedo responder que a pintar. Todo lo dem\u00e1s, vino como se fue, no queda nada. Tampoco estudi\u00e9 despu\u00e9s del secundario. Pinto cuadros de cabezas golpeando contra el piso, y me pagan fortunas por ellos. Vivo en un loft en el microcentro. Arriba tengo el cuarto y el ba\u00f1o, abajo la cocina y todo el resto es estudio, o \u00abatelier\u00bb, como le gusta llamarlo a An\u00edbal. Algunos piden retratos de sus propias cabezas. Les gustan los lienzos gigantes y cuadrados, los hago de hasta dos metros por dos metros. Me pagan lo que pida. Veo despu\u00e9s los cuadros colgados en sus livings enormes y vac\u00edos y creo que esos tipos se merecen verse a s\u00ed mismos tan bien estampados contra el piso por mi mano y parecen muy conformes cuando se paran frente a los cuadros. Tienen que verlos para entender de qu\u00e9 tipo de cuadros estoy hablando. Cuadros supremamente buenos.<\/p>\n<p>No me gusta tener novias. Sal\u00ed con algunas chicas, pero nunca funcion\u00f3. Tarde o temprano reclaman m\u00e1s tiempo o piden que diga cosas que en realidad no siento. Una vez prob\u00e9 decir lo que sent\u00eda y fue peor. Otra vez, una se volvi\u00f3 completamente loca sin que yo dijera absolutamente nada. Decidi\u00f3 que yo no la amaba, que nunca iba a amarla, me oblig\u00f3 a agarrarla de los pelos y empez\u00f3 a darse sola la cabeza contra la pared. Pienso que relaciones as\u00ed no son sanas. An\u00edbal, que es mi representante y el tipo que se encarga de poner mis cuadros en las galer\u00edas y decidir qu\u00e9 precio tiene cada cosa que hago, dice que el tema de las mujeres no nos conviene. Dice que la energ\u00eda masculina es superior, porque no se dispersa y es \u00abmonotem\u00e1tica\u00bb. Monotem\u00e1tica es que solo piensa en una cosa, pero nunca dice en cu\u00e1l. Dice que las mujeres son buenas al principio, \u00abcuando est\u00e1n bien buenas\u00bb, y buenas al final, porque vio morir a su padre en brazos de su madre y esa es una buena forma de morir. Pero todo lo que est\u00e1 en el medio es \u00abun infierno\u00bb. Dice que ahora tengo que concentrarme en lo que yo s\u00e9 hacer, que es no decir nada y pintar. Es calvo y gordo, y no importa lo que pase, siempre est\u00e1 sacando palabras de su boca y aspirando con la nariz cada diez segundos. An\u00edbal antes fue pintor, pero nunca quiere hablar de eso. Como yo vivo encerrado, y \u00e9l mismo convence a mi mam\u00e1 de que no me moleste, suele pasar al mediod\u00eda a dejarme comida y darle un vistazo a lo que estoy trabajando. Se para frente a los cuadros, con los pulgares colgando de los bolsillos delanteros de los jeans, y dice siempre las mismas cosas: \u00abM\u00e1s rojo, necesita m\u00e1s rojo\u00bb. O: \u00abM\u00e1s grande, tengo que verlo desde la otra esquina\u00bb. Y casi siempre, antes de irse: \u00abSos un megagenio. Un me-ga-ge-nio\u00bb. Cuando no me siento bien, porque estoy triste o cansado, me miro en el espejo del ba\u00f1o, cuelgo los pulgares de los bolsillos de mis jeans y me digo: \u00abSos un megagenio. Un me-ga-ge-nio\u00bb. A veces funciona.<\/p>\n<p>Y ahora viene la parte importante de la historia. Resulta que siempre tuve un terrible agujero entre las dos \u00faltimas muelas derechas, en el \u00abmaxilar superior\u00bb, y hace un tiempo empez\u00f3 a met\u00e9rseme ah\u00ed cualquier cosa que como. Me agarr\u00e9 una caries insoportable. An\u00edbal dijo que no pod\u00eda ir a cualquier dentista, porque despu\u00e9s de las mujeres, los dentistas eran lo peor. Trajo una tarjeta y dijo: \u00abEs coreano, pero es bueno\u00bb. Me pidi\u00f3 una cita para esa misma tarde. John Sohn parec\u00eda joven, pens\u00e9 que podr\u00eda tener mi edad, aunque calcularle la edad a los coreanos es algo dif\u00edcil. Me puso algo de anestesia, perfor\u00f3 dos dientes y tap\u00f3 con pasta los agujeros que hab\u00eda hecho. Todo con una sonrisa perfecta y sin hacerme doler en ning\u00fan momento. Me cay\u00f3 bien, as\u00ed que le cont\u00e9 que pintaba cabezas contra el asfalto. John Sohn hizo un momento de silencio, que result\u00f3 ser como un momento de \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb \u2013lo que me hizo pensar que ten\u00edamos algo muy importante en com\u00fan\u2013 y dijo \u00abes justo lo que estoy buscando\u00bb. Me invit\u00f3 a cenar a uno de esos restaurantes coreanos de verdad. Quiero decir, no de los tur\u00edsticos, sino de esos en los que se entra por una peque\u00f1a puerta en la que aparentemente no hay nada, y dentro hay un tremendo mundo coreano. Mesas grandes y redondas, aunque solo se sienten dos personas, el men\u00fa en coreano, todos los mozos coreanos y todos los clientes coreanos. John Sohn eligi\u00f3 para m\u00ed un plato tradicional y le dio al mozo instrucciones precisas acerca de c\u00f3mo prepararlo. John Sohn necesitaba a alguien que pintara un cuadro gigante para su sala de espera. Dijo que lo importante era el diente. Quer\u00eda hacer un trato: yo pintaba el cuadro, y \u00e9l me arreglaba todos los dientes. Me explic\u00f3 por qu\u00e9 quer\u00eda el cuadro, c\u00f3mo repercutir\u00eda eso sobre los clientes y el valor publicitario en su cultura coreana. Hablaba todo el tiempo, como An\u00edbal, y a m\u00ed me gusta que sea otro el que se encargue de hablar todo el tiempo. Cuando terminamos de comer John Sohn me present\u00f3 a unos coreanos de la mesa de al lado, y tomamos el caf\u00e9 con ellos. Coreano no hablo, as\u00ed que no entend\u00ed nada, pero verlos conversar me ayud\u00f3 a darme cuenta de que yo ten\u00eda ahora un amigo dentista, y un trato importante con el amigo dentista, y que eso estaba muy bien.<\/p>\n<p>Trabaj\u00e9 sobre el cuadro de John muchos d\u00edas, hasta que una ma\u00f1ana despert\u00e9 en el sill\u00f3n del estudio, mir\u00e9 el tapiz y sent\u00ed un profundo agradecimiento: su amistad me hab\u00eda dado mi mejor cuadro. Lo llam\u00e9 al consultorio y John se puso muy feliz, lo s\u00e9 porque cuando algo lo entusiasmaba hablaba todav\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido, y a veces en coreano. Dijo que vendr\u00eda a almorzar. Era la primera vez que un amigo ven\u00eda a visitarme. Orden\u00e9 un poco los cuadros, cuidando de dejar a la vista los mejores. Sub\u00ed al cuarto la ropa tirada y llev\u00e9 a la cocina los vasos y los platos sucios. Saqu\u00e9 comida de la heladera y la prepar\u00e9 en una bandeja. Cuando John lleg\u00f3 mir\u00f3 hacia todos lados, buscando el cuadro, pero yo le advert\u00ed que todav\u00eda no era \u00abel momento\u00bb, y \u00e9l lo respet\u00f3 porque los coreanos saben mucho del respeto, o al menos eso es lo que \u00e9l siempre dec\u00eda. As\u00ed que nos sentamos a almorzar. Le pregunt\u00e9 si quer\u00eda m\u00e1s sal, si prefer\u00eda algo m\u00e1s caliente, si le serv\u00eda m\u00e1s gaseosa. Pero todo estaba bien para \u00e9l. Pens\u00e9 que podr\u00eda venir alguna noche para ver pel\u00edculas o charlar de cualquier cosa, pod\u00edamos sacarnos una foto para poner en alg\u00fan sitio de la casa, como hace la gente con \u00ablos suyos\u00bb. Pero no dije nada todav\u00eda. John com\u00eda y hablaba. Lo hac\u00eda todo a la vez, y a m\u00ed no me molestaba porque eso es tener intimidad, es cosa de amigos. No s\u00e9 c\u00f3mo empez\u00f3 ese tema, pero hablaba de los \u00abni\u00f1os coreanos\u00bb y la educaci\u00f3n en su pa\u00eds. Los chicos entran a la escuela a las seis de la ma\u00f1ana y salen a las doce del d\u00eda siguiente, es decir que pasan casi un d\u00eda y medio en la escuela y solo les quedan libres cinco horas, que las utilizan para regresar a sus casas, dormir un poco, y volver. Dijo que cosas como esas son las que diferencian a los coreanos de los argentinos, las que los distingue del resto del mundo. No me gust\u00f3, pero a uno no puede gustarle todo de un amigo, pienso yo. Y pienso que, as\u00ed y todo, a pesar de su comentario, est\u00e1bamos bien. Sonre\u00ed. \u00abQuiero que veas el cuadro\u00bb, le dije. Caminamos hasta el centro de la sala. Dio unos pasos hacia atr\u00e1s, calculando la distancia necesaria, y cuando sent\u00ed que era el momento quit\u00e9 la s\u00e1bana que cubr\u00eda el cuadro. John ten\u00eda manos finas y peque\u00f1as, como de mujer, y siempre estaba movi\u00e9ndolas para explicar lo que pensaba. Pero las manos quedaron quietas, colgando de los brazos como muertas. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 pasaba. Dijo que el cuadro ten\u00eda que tratarse del diente. Que lo que quer\u00eda era un cuadro gigante para su sala de espera, el cuadro de un diente. Repiti\u00f3 eso varias veces. Miramos juntos el cuadro: la cara de un coreano estrell\u00e1ndose contra los azulejos negros y blancos de una sala de espera muy parecida a la de John. No est\u00e1 mi mano estrellando la cabeza, sino que la cabeza cae sola, y lo primero que da contra el esmalte de los azulejos, lo que recibe todo el peso de la ca\u00edda, es uno de los dientes del coreano, con una rajadura vertical que, un instante despu\u00e9s, terminar\u00e1 por abrir el diente al medio. No pude entender qu\u00e9 era lo que no funcionaba para John, el cuadro era perfecto. Y me di cuenta de que yo no estaba dispuesto a cambiar nada. Entonces John dijo que eso era lo que pasaba al fin y al cabo, y empez\u00f3 otra vez con el tema de la educaci\u00f3n coreana. Dijo que los argentinos \u00e9ramos vagos. Que no nos gustaba trabajar y que as\u00ed estaba nuestro pa\u00eds. Que eso nunca cambiar\u00eda, porque \u00e9ramos como \u00e9ramos, y se fue.<\/p>\n<p>Me molest\u00f3 mucho. Pero mucho. Porque argentinos son tambi\u00e9n mi mam\u00e1 y An\u00edbal, y ellos s\u00ed trabajan much\u00edsimo, y me molesta la gente que habla sin saber. Pero me dije que John era mi amigo. Contuve mi furia, y me sent\u00ed muy orgulloso de eso. Al d\u00eda siguiente le escrib\u00ed un mail explic\u00e1ndole que yo podr\u00eda cambiar lo que fuera que \u00e9l quisiera del cuadro. Le aclar\u00e9 que \u00abest\u00e9ticamente\u00bb no estaba muy de acuerdo, pero entend\u00eda que quiz\u00e1 \u00e9l necesitaba algo m\u00e1s \u00abpublicitario\u00bb. Esper\u00e9 un par de d\u00edas, pero John no contest\u00f3. Entonces volv\u00ed a escribirle, pens\u00e9 que quiz\u00e1 \u00e9l estaba ofendido por algo, y le expliqu\u00e9 que si era as\u00ed yo necesitaba saber exactamente por qu\u00e9, porque si no, no pod\u00eda disculparme. Pero John tampoco contest\u00f3 ese mail. Mam\u00e1 llam\u00f3 a An\u00edbal y le explic\u00f3 que todo esto pasaba porque yo era \u00abmuy sensible\u00bb, y todav\u00eda no estaba preparado para \u00abel fracaso\u00bb. Pero esto no ten\u00eda nada que ver con eso. El s\u00e9ptimo d\u00eda sin noticias decid\u00ed llamar a John al consultorio. Me atendi\u00f3 su secretaria. \u00abBuenos d\u00edas, se\u00f1or; no, se\u00f1or, el doctor no se encuentra; no se\u00f1or, el doctor no puede responder su llamada.\u00bb Pregunt\u00e9 por qu\u00e9, qu\u00e9 estaba pasando, por qu\u00e9 John me hac\u00eda eso, por qu\u00e9 John no quer\u00eda verme. La secretaria se qued\u00f3 unos segundos en silencio y despu\u00e9s dijo \u00abEl doctor se tom\u00f3 algunos d\u00edas, se\u00f1or\u00bb, y me cort\u00f3. Ese fin de semana pint\u00e9 seis cuadros m\u00e1s de cabezas de coreanos parti\u00e9ndose contra el asfalto, An\u00edbal estaba muy entusiasmado con los trabajos. Dec\u00eda que \u00ablo coreano\u00bb le daban \u00abun aire nuevo a toda la serie\u00bb, pero yo herv\u00eda de bronca y de a ratos tambi\u00e9n segu\u00eda muy triste, y entonces An\u00edbal, a condici\u00f3n de que no abandonara \u00abla nueva ola de inspiraci\u00f3n\u00bb, me consigui\u00f3 el tel\u00e9fono y la direcci\u00f3n de la casa de John. Llam\u00e9 inmediatamente y me atendi\u00f3 una mujer en coreano. Dije que quer\u00eda hablar con John y repet\u00ed su nombre varias veces. La mujer dijo algo que no entend\u00ed, algo corto y r\u00e1pido. Lo volvi\u00f3 a repetir. Despu\u00e9s atendi\u00f3 un hombre, alg\u00fan otro coreano que tampoco era John y tambi\u00e9n dijo cosas que no entend\u00ed.<\/p>\n<p>As\u00ed que decid\u00ed algo, algo importante. Envolv\u00ed el cuadro con la s\u00e1bana, sal\u00ed a la calle arrastr\u00e1ndolo como pude, esper\u00e9 una eternidad hasta dar con uno de esos taxis con suficiente espacio detr\u00e1s como para que entrara el cuadro, y le di al taxista la direcci\u00f3n de John. John viv\u00eda en un mundo coreano a cincuenta cuadras de mi barrio, lleno de carteles en coreano y de coreanos. El taxista me pregunt\u00f3 si estaba seguro de la direcci\u00f3n y si quer\u00eda que me esperara en la puerta. Le dije que no hac\u00eda falta, le pagu\u00e9 y me ayud\u00f3 a bajar el cuadro. La casa de John era antigua y grande. Apoy\u00e9 el cuadro en las rejas de entrada, toqu\u00e9 el timbre, esper\u00e9. Hay muchas cosas que me ponen nervioso. No entender algo es una de las peores, la otra es esperar. Pero esper\u00e9. Pienso que esas son las cosas que uno hace por los amigos. Hab\u00eda hablado con mam\u00e1 unos d\u00edas antes y ella hab\u00eda dicho que mi amistad con John ten\u00eda, adem\u00e1s, \u00abbrechas culturales\u00bb, y que eso hac\u00eda todo m\u00e1s complicado. Le dije que las brechas culturales eran algo contra lo que John y yo pod\u00edamos luchar. Yo solo necesitaba hablar con \u00e9l, entender qu\u00e9 era lo que lo hab\u00eda hecho enojar tanto.<\/p>\n<p>La cortina del living se movi\u00f3. Alguien espi\u00f3 un momento por detr\u00e1s. Una voz femenina dijo \u00abHola\u00bb en el portero. Dije que quer\u00eda ver a John. \u00abJohn no \u2013dijo la mujer\u2013, no.\u00bb Dijo otras cosas en coreano, el aparato hizo algunos ruidos y todo qued\u00f3 en silencio. Volv\u00ed a tocar. A esperar. A tocar. Escuch\u00e9 los pasadores de la puerta y un coreano mayor que John se asom\u00f3, me mir\u00f3, y dijo: \u00abJohn, no\u00bb. Lo dijo enojado, frunciendo el ce\u00f1o, pero sin mirarme a los ojos, y volvi\u00f3 a encerrarse en la casa. Me di cuenta de que no me sent\u00eda bien. Algo estaba mal, en m\u00ed, algo se sal\u00eda otra vez de su sitio, como en los viejos tiempos. Volv\u00ed a tocar el timbre. Grit\u00e9 \u00abJohn\u00bb una vez, otra. Un coreano que pasaba por la vereda de enfrente se par\u00f3 a ver. Volv\u00ed a gritar al portero. Yo solo quer\u00eda hablar con John. Grit\u00e9 su nombre otra vez. Porque John era mi amigo. Porque las \u00abbrechas\u00bb no ten\u00edan nada que ver con nosotros. Porque nosotros \u00e9ramos dos, John y yo, y eso es tener un amigo. Y toqu\u00e9 otra vez el timbre. Clav\u00e9 mi dedo en un timbre interminable, uno que doli\u00f3 de tanto apretar, hasta que el coreano de enfrente dijo algo en su idioma. No s\u00e9 qu\u00e9, como si quisiera explicarme alguna cosa. Y yo otra vez \u00abJohn, John\u00bb muy fuerte, como si algo terrible estuviera pas\u00e1ndome. El coreano se acerc\u00f3, hizo un gesto con la mano, para que me calmara. Solt\u00e9 el timbre para cambiar de dedo y segu\u00ed gritando. Se escuch\u00f3 una persiana caer en otra casa. Sent\u00ed que me faltaba el aire. Que me faltaba algo. Entonces, el coreano, me toc\u00f3 el hombro. Sus dedos en mi camisa. Y fue un dolor enorme: la brecha cultural. Mi cuerpo se sacudi\u00f3, se sacudi\u00f3 sin que yo pudiera controlarlo, mi cuerpo ya no entend\u00eda las cosas, como al principio, como otras tantas veces. Solt\u00e9 el cuadro, que cay\u00f3 boca abajo sobre la vereda, y agarr\u00e9 al coreano de los pelos. El coreano peque\u00f1o, flaco y metido. El coreano de mierda que se levant\u00f3 a las cinco de la ma\u00f1ana durante quince a\u00f1os para afianzar la brecha dieciocho horas por d\u00eda. Lo sostuve de los pelos tan fuerte que me clav\u00e9 las u\u00f1as en la palma de las manos. Y esa fue la tercera vez que estrell\u00e9 la cabeza de alguien contra el asfalto.<\/p>\n<p>Cuando me preguntan si \u00ababrirle la cabeza al coreano sobre el reverso de mi tapiz esconde una intenci\u00f3n est\u00e9tica\u00bb miro hacia arriba y hago como que pienso. Eso es algo que aprend\u00ed de ver a otros artistas hablar en televisi\u00f3n. No es que no entienda bien la pregunta, es que realmente no me interesa. Tengo problemas legales, muchos problemas legales. Porque no s\u00e9 diferenciar a los coreanos de los japoneses, ni a los japoneses de los chinos, y cada vez que veo a alguno de todos esos lo agarro de los pelos y empiezo a darle la cabeza contra el asfalto. An\u00edbal consigui\u00f3 un buen abogado, que alega \u00abinsania\u00bb, que es que est\u00e1s loco y eso es mucho mejor ante la ley. La gente dice que soy un racista, un hombre \u00abdescomunalmente malo\u00bb, pero mis cuadros se venden por millones y yo empiezo a pensar en eso que siempre dec\u00eda mi mam\u00e1, eso de que el mundo lo que tiene es una gran crisis de amor, y de que, al fin y al cabo, no son buenos tiempos para la gente muy sensible.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>*Fuente: https:\/\/www.penguinlibros.com\/es\/revista-lengua\/ficciones\/cabezas-contra-el-asfalto-de-samanta-schweblin<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Relato incluido en \u00abP\u00e1jaros en la boca y otros cuentos\u00bb, que se sumerge en la vida y en los problemas de autocontrol de un artista cuyas t\u00e9cnicas pict\u00f3ricas son un tanto peculiares, as\u00ed como en las desventuras sociales y judiciales que esta falta de contenci\u00f3n le acarrean.<\/p>","protected":false},"author":15,"featured_media":58572,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-58571","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - 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