{"id":58385,"date":"2024-02-12T21:20:02","date_gmt":"2024-02-12T20:20:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=58385"},"modified":"2024-02-12T21:20:02","modified_gmt":"2024-02-12T20:20:02","slug":"leo-y-ernest-la-vida-secreta-de-hemingway-en-cuba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/leo-y-ernest-la-vida-secreta-de-hemingway-en-cuba\/","title":{"rendered":"\u00abLeo y Ernest\u00bb: la vida secreta de Hemingway en Cuba"},"content":{"rendered":"<p>Hemingway regresa a La Habana casado con Mary Welsh.<\/p>\n<p>Ya no es el hombre seductor y sensual que Leo conoci\u00f3, el que logr\u00f3 enloquecerla de deseo y se enrol\u00f3 con ella en interminables aventuras que derivaron en cuentos cortos y largas noches de placer. Ahora Ernest, a pesar de su matrimonio, sigue siendo un lobo solitario, un bebedor obsesivo que pelea, grita, escribe muy poco y que para ponerse en marcha necesita estar borracho. Cuba vuelve a ser el decorado del escritor y no su segunda patria.<\/p>\n<p>Pasan varios meses y Campoamor evita contarle a la cubana la decadencia por la que atraviesa Ernesto. Al otro lado del r\u00edo y\u00a0entre los \u00e1rboles\u00a0no ha sido todo lo exitosa que sus editores en todas las lenguas esperaban y Hemingway cae en una de sus tantas depresiones; apenas sale de la finca La Vig\u00eda, no habla con nadie, y es entonces cuando Fernando Campoamor le pide que guarde su orgullo y llame a Leopoldina.<\/p>\n<p>Ella est\u00e1 de pie, su exquisita y delgada sombra se alarga sobre el sal\u00f3n. Inclinada sobre la mesa del comedor, Leopoldina trabaja en un boceto de lo que puede llegar a ser un vestido de novia, lo va hilvanando con cuidado hasta presentarlo sobre un patr\u00f3n de papel encerado. Entre hilos, tijeras y agujas se advierten unas etiquetas: \u00abLeopoldina. R. Vestidos de Novia\u00bb. Suena el tel\u00e9fono, Leopoldina deja lo que est\u00e1 haciendo y, con la boca llena de alfileres, contesta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfOigo?<\/p>\n<p>\u2014Ha muerto Max Perkins, necesito verte, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1s?<\/p>\n<p>Fueron esas las \u00fanicas palabras de Ernest, las suficientes para que Leopoldina responda:<\/p>\n<p>\u2014En el mismo lugar, tu casa de Infanta, \u00bfqu\u00e9 pasa que no llegas, cubano sato?<\/p>\n<p>Hicieron el amor al mediod\u00eda, envueltos en el \u00e1mbar azul pastel de los vitrales, esa que enarca y deforma el tiempo hasta lograr la desmemoria. Envueltos en la certeza de que era el patrimonio de esa luz, y no otra cosa su verdadera posesi\u00f3n, hallaron lo \u00fanico que pod\u00eda guiarlos hacia la salida: la claridad. Hicieron el amor de pie, con los zapatos puestos, empapados y sedientos bajo un extra\u00f1o chorro de luz que solo pertenece a Cuba.<\/p>\n<p>\u2014La oscuridad de El Floridita, eso es lo que me atrae de este lugar, sin embargo, la noche en que la conoc\u00ed, Leopoldina Rodr\u00edguez lo prendi\u00f3 todo \u2014dijo Ernest Hemingway a Campoamor, intentando traducir el sentimiento de felicidad que le causa su reconciliaci\u00f3n con Leo.<\/p>\n<p>Una tarde de agosto, como de la nada, aparecen en la finca La Vig\u00eda los agentes del FBI que trabajaron con el escritor en la aventura de El Pilar contra los submarinos alemanes. La pareja de agentes norteamericanos llega a su casa sin anunciar, saludan a la se\u00f1ora Hemingway, pero le piden tener una conversaci\u00f3n privada. Hemingway accede, al fin y al cabo ellos son viejos conocidos. Salen a los amplios jardines de la casa, bordean la piscina y terminan sentados en tres sillones de hierro, frente al frondoso paisaje de San Francisco de Paula.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quieren de m\u00ed? \u2014pregunta Hemingway un poco cansado de los pedidos que el FBI le hace desde que decidi\u00f3 asentarse en la isla.<\/p>\n<p>La idea es que Hemingway los ayude a buscar indicios sobre cierta reuni\u00f3n que la mafia pretende realizar en Cuba. Todav\u00eda no se sabe la fecha ni el lugar, pero se ha filtrado que los principales cabecillas, los m\u00e1s c\u00e9lebres mafiosos de los Estados Unidos, se dar\u00e1n cita en La Habana.<\/p>\n<p>Hemingway no est\u00e1 de muy buen humor, sabe que lo que ha escrito ya no es lo que se espera de \u00e9l, as\u00ed que una vez m\u00e1s se ofrece a colaborar, tal vez con la esperanza de encontrar algo distinto que hacer hasta que se le pase su famoso terror a la p\u00e1gina en blanco y, aunque les confiesa que no tiene la menor idea de c\u00f3mo poder ayudarlos, les promete investigar.<\/p>\n<p>Terminada la reuni\u00f3n, acalorado y comido por los mosquitos, el escritor entra a la casa y tiene una airada discusi\u00f3n con Mary, quien no comprende por qu\u00e9 necesitan recibir ese tipo de visitas misteriosas que la excluyen y le hacen perder tiempo de su verdadero objetivo: escribir. \u00bfQu\u00e9 tiene que hacer un autor como \u00e9l sirviendo de \u00abayudante\u00bb a los federales?, le pregunta Mary a Hemingway contrariada, al sentir que cada vez pierde m\u00e1s y m\u00e1s el control sobre lo que ocurre en su casa y sobre lo que hace su marido.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n se les va de las manos, Mary ofende a Hemingway y Hemingway la ofende a ella. Como parte de los reclamos, ella echa en cara la existencia de Leo, sus constantes escapadas a Coj\u00edmar, y sus largas conversaciones telef\u00f3nicas con la cubana. El escritor, lejos de preguntarse de d\u00f3nde su esposa ha sacado toda esa informaci\u00f3n, da por terminada la pelea y, alzando la voz, le anuncia a su esposa:<\/p>\n<p>\u2014Somos tres, querida, aqu\u00ed somos tres, y eso no lo olvides nunca.<\/p>\n<p>Ese fin de semana, Hemingway organiza un almuerzo en El Floridita para que las dos mujeres se conozcan, de una vez y por todas. El hecho ocurre sin sobresaltos, la presentaci\u00f3n es un asunto impostergable, la condici\u00f3n que el escritor ha puesto a Mary para seguir adelante con el matrimonio.<\/p>\n<p>\u2014Esta es mi decisi\u00f3n, nunca m\u00e1s esconder\u00e9 a Leo, ni de ti, ni de nadie.<\/p>\n<p>Leopoldina existe, es una verdad m\u00e1s grande que El Morro, est\u00e1 all\u00ed, como un mascar\u00f3n de proa, esperando siempre por \u00e9l; es la mujer a quien verdaderamente Hemingway ama, quien lo entiende y sigue en todas sus batallas.<\/p>\n<p>Leo, por su parte, no le da la menor importancia a ese encuentro con Mary, toda su atenci\u00f3n se centraba en Ernest y por tenerlo con ella har\u00eda cualquier cosa.<\/p>\n<p>Durante la cena, Hemingway le cuenta a Leo, y de paso a Mary, los pormenores de la conversaci\u00f3n que hab\u00eda tenido con los agentes del FBI. Ellas lo escuchan con mucha atenci\u00f3n. Finalmente Leopoldina reacciona a la historia como Ernest esperaba:<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa no podr\u00e1s ayudarlos, pero yo s\u00ed. \u00bfQui\u00e9n mejor que yo que ya he sabido sus rutinas, que he entrado y salido de ese mundo?<\/p>\n<p>\u2014Nosotros ya sufrimos un altercado, y no podemos aparecer,\u00a0 ser\u00eda una provocaci\u00f3n \u2014explica Hemingway\u2014. Pregunta a tus cartas, ellas te lo dir\u00e1n claramente\u00a0 \u2014dice el escritor con cierta iron\u00eda.<\/p>\n<p>Mary no daba cr\u00e9dito a lo que escuchaba sobre altercados, agentes encubiertos y amantes mafiosos. \u00bfQui\u00e9n era realmente su esposo? \u00bfEn qui\u00e9n se convert\u00eda al atravesar el aeropuerto de Rancho Boyeros?<\/p>\n<p>Aunque por cortes\u00eda con la se\u00f1ora Hemingway todo lo hablaban en ingl\u00e9s, la situaci\u00f3n se complicaba tanto que Mary decidi\u00f3 regresar a La Vig\u00eda. Era preferible dejarlos solos que lidiar con el pasado de ambos y escuchar pacientemente las v\u00edvidas aventuras de la amante de su esposo.<\/p>\n<p>Finalmente, Ernest accede y Leo, asesorada por tres agentes, organiza a un grupo de mujeres que frecuenten a los capos. La cubana sab\u00eda perfectamente c\u00f3mo actuar y de parte de qui\u00e9n llegar a esos sitios puntuales donde se reun\u00edan los \u00abempresarios hoteleros\u00bb. En menos de dos semanas aparecen tres de sus mejores amigas, Mim\u00ed, Lucrecia y Esther, alegres y emperifolladas en el lobby del hotel Nacional. Estas damas, en realidad, no eran prostitutas comunes y corrientes, sino agentes encubiertas.<\/p>\n<p>Leo intenta recaudar la informaci\u00f3n que necesitaban a trav\u00e9s de las muchachas, pero ellas no son todo lo profesionales que esperaban. Se deslumbraron con el mundo de los capos y de ese modo se hizo imposible avanzar.<\/p>\n<p>\u2014Al menos no nos traicionaron \u2014le explica Leopoldina a Hemingway\u2014. Hay casos en que\u2026.<\/p>\n<p>Finalmente el escritor accede: es ella quien debe arriesgarse. Apoyada por Hemingway, Leo vuelve al ruedo, se compra vestidos nuevos, perfume franc\u00e9s y unos tacones demasiado altos para su gusto. La comidilla de la noche habanera: \u00ab\u00bfEl americano dej\u00f3 a la cubana definitivamente?\u00bb, \u00abLeopoldina Rodr\u00edguez ha regresado\u00bb. Entre fiestas, invitaciones a casinos y elegantes encuentros en mansiones de Siboney, Leo comienza su pesquisa. Aunque esta era sin duda una misi\u00f3n peligrosa, Leopoldina se siente un personaje de novela y encuentra una extra\u00f1a serenidad, ella avanza hacia el peligro como si lo que estuviese viviendo no fuera m\u00e1s que parte de un guion escrito por su amante. En varias ocasiones comparte con los capos m\u00e1s temibles: Lucky Luciano, Meyer Lansky, Santo Trafficante, Frank Costello, Joe Bananas, Vito Genovese y Sam Giancana. Su nombre de guerra, Liliana, Liliana la honesta, es una invenci\u00f3n de Hemingway.<\/p>\n<p>En solo dos fines de semanas Liliana recauda la informaci\u00f3n suficiente para desactivar la reuni\u00f3n de la mafia, y Ernest se encuentra con los oficiales para hacerles saber que el evento tendr\u00eda lugar en La Habana (hotel Nacional de Cuba) en la Cava Norte, entre los d\u00edas 22 y 26 de diciembre.<\/p>\n<p>Una semana m\u00e1s tarde Leopoldina debe ir a una fiesta en la residencia donde sol\u00eda hospedarse el famoso capo Lucky Luciano, quien la manda a buscar personalmente. Es la \u00faltima vez que Leo aparecer\u00e1, tiene que hacerlo para no levantar sospechas. Borracho y fuera de s\u00ed, el mism\u00edsimo jefe de los capos intenta acorralarla. Ella maneja con mucha inteligencia la situaci\u00f3n, juega con \u00e9l, bailan muy pegados, y, mientras lo hacen intercambian algunas palabras en italiano. Llega la orquesta que amenizar\u00e1 la fiesta, Leopoldina pide permiso para ir al tocador y logra escapar de la casa en medio de la confusi\u00f3n de m\u00fasicos y utileros. Al verse burlado, Lucky, con su tono ronco y los ojos saltando de rabia, lo deja claro:<\/p>\n<p>\u2014Tr\u00e1iganla de vuelta.<\/p>\n<p>Se produce entonces una persecuci\u00f3n por las calles de la ciudad, los autos corren veloces en la madrugada habanera hasta llegar a la intersecci\u00f3n de Prado y Trocadero. All\u00ed Leo es detenida por el grupo de escoltas, y en el momento que intentan trasladarla a uno de los autos de Lansky, aparece Hemingway, vociferando insultos con una ametralladora en la mano. Sin detener su paso, el americano comienza a disparar fren\u00e9ticamente, la polic\u00eda cubana reacciona y aparece por Trocadero, mientras los escoltas, perplejos y sopesando el esc\u00e1ndalo que puede generar el secuestro de la cubana, deciden abortar la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Leo no hace m\u00e1s que re\u00edrse, no sabe si son sus nervios o la admiraci\u00f3n que siente por Hemingway, pero Leopoldina Rodr\u00edguez llora y r\u00ede a la vez abrazando a su amante.<\/p>\n<p>\u2014Pero c\u00f3mo es posible, Ernest, c\u00f3mo es posible\u2026<\/p>\n<p>\u2014Los estaba siguiendo, grita el escritor, los vengo siguiendo desde que salieron de la casa, motherfuckers!\u00a0Motherfuckers!!!!<\/p>\n<p>Escoltados por la polic\u00eda, pasan juntos lo poco que les queda de noche en el hotel Ambos mundos. Ella vuelve a ser su amazona, lo cabalga y lo gu\u00eda hacia un lugar inenarrable del que ya no hay regreso, el abstracto lenguaje de los cuerpos cuando, en una fusi\u00f3n de almas, se elevan, alcanzan ese lugar inaccesible, donde ni la poes\u00eda con su abstracto lenguaje se deja definir. Ernest es nuevamente ese amante voraz, b\u00e1rbaro y sofisticado a la vez, que saca el placer de su cuerpo, como ideas sobre su m\u00e1quina de escribir.<\/p>\n<p>Al amanecer ella confiesa estar muy nerviosa, sabe que este episodio tendr\u00e1 terribles consecuencias, pero est\u00e1 dispuesta a asumirlo todo a su lado. De lo contrario, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de su vida? Ya lo prob\u00f3 una vez, ese lugar aburrido, desdibujado y triste al que jam\u00e1s regresar\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Somos tal para cual, es lo que creo\u2026<\/p>\n<p>A lo que Hemingway responde:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, es verdad, somos tal para cual, two demons illustrated.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDos demonios ilustrados? Ese es un buen t\u00edtulo, Ernest.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Basta de dictarme! \u2014le pide suavemente Hemingway a la cubana.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de domingo, Campoamor es invitado a un brunch en la finca La Vig\u00eda. Ernest estaba al tel\u00e9fono con su nuevo editor norteamericano quien intentaba, sin suerte, poner orden en la cabeza del escritor, mientras Mary conversaba relajadamente con Fernando.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUsted tambi\u00e9n escribe, se\u00f1ora Hemingway? \u2014indaga con amabilidad el cronista al ver un blog de notas y un l\u00e1piz abandonado sobre la mesa de desayuno.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! \u00bfpero qu\u00e9 dice? \u00bfAcaso me ha le\u00eddo la mente? \u2014Mary ve abierto los cielos y sin perder un minuto muestra a Campoamor su diario, remarcando claramente, que piensa editar una vez que Ernest no est\u00e9 en este mundo.<\/p>\n<p>Campoamor queda petrificado con su comentario, \u00abuna vez que Ernest no est\u00e9 en este mundo\u00bb pero no le queda otra opci\u00f3n que leer fragmentos del diario de la futura viuda de su amigo. La llamada de Ernest se sigue demorando, Campoamor se adentra en la lectura, Mary, entusiasmada, va y viene por el patio mientras come compulsivamente unos pastelillos de guayaba y le pregunta al cronista \u00ab\u00bfqu\u00e9 le parece?\u00bb, Fernando solo puede soltar un \u00ab\u00a1Mmm\u2026\u00bb hasta que llega a un punto de no retorno y no le queda otra que preguntar. Con todo respeto, se\u00f1ora Hemingway.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfErnest ha le\u00eddo esto que usted ya ha decidido publicar? \u2014En ese instante aparece Hemingway de muy mal humor y, al ver que apenas le atienden, pregunta qu\u00e9 diablos est\u00e1n leyendo, pero nadie se atreve a explicarle nada. El escritor toma el original de Mary en sus manos, justo en las p\u00e1ginas que han descolocado al cronista. Ernest comienza a leer en voz alta:<\/p>\n<p>\u00abLeopoldina afirmaba que era descendiente de Maximiliano, el emperador de M\u00e9xico. (\u2026) ten\u00eda una hermosa piel te\u00f1ida de verde, ese verde de los latinos\u2026 y unos grandes ojos oscuros y l\u00fagubres como el de los hijos de los potentados depuestos o asesinados. Encontr\u00e9 su conversaci\u00f3n menos atractiva que su apariencia. Al sentarnos Ernest regres\u00f3 a la barra a buscar su trago especial y Leopoldina dijo:<\/p>\n<p>\u2014No puedes apreciar el hombre maravilloso que es. Simp\u00e1tico y generoso.<\/p>\n<p>\u2014No, pero lo intentare\u0301.<\/p>\n<p>\u2014Todos lo aman. Todo el mundo.<\/p>\n<p>\u2014Esa es mucha gente.<\/p>\n<p>\u2014Todo el mundo espera que seas buena y dulce con \u00e9l. Todo el mundo.<\/p>\n<p>\u2014Eso es amable de su parte.\u00a0\u2014 Estaba aprendiendo que a las personas de habla hispana les encanta repetir palabras para enfatizar. No conoc\u00eda la palabra para \u00absol\u00edcito\u00bb. \u2014\u00bfTe gusta vivir en La Habana?<\/p>\n<p>\u2014No. Es una ciudad malvada. Depravada.<\/p>\n<p>\u2014Que\u0301 l\u00e1stima. Todav\u00eda no he visto eso.<\/p>\n<p>\u2014Es diab\u00f3lica, y es demasiado caliente \u2014declaro\u0301 Leopoldina.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero no hace tanto calor como en Par\u00eds?<\/p>\n<p>\u2014No. No hace tanto calor como en Par\u00eds \u2014estuvo de acuerdo. Luego me miro\u0301 con recelo, sospecha en sus hermosos ojos, y me dijo que su h\u00edgado le estaba molestando\u00bb.<\/p>\n<p>Hemingway se enfurece y le pide a Mary que salga de su casa antes de que le pida el divorcio. Esto es algo sencillamente imperdonable para \u00e9l, una traici\u00f3n a su confianza. Ella estaba advertida, con su intimidad y con su literatura no se juega. \u00bfAcaso no fue esa la pieza m\u00e1s importante al proponerle matrimonio en Par\u00eds?<\/p>\n<p>Mary, abrumada por la crisis de ira, los gritos y los ademanes violentos de su esposo, hace las maletas y se va al aeropuerto de Rancho Boyeros ese mismo d\u00eda. Hemingway no la despide, le pide a Campoamor que la acompa\u00f1e.<\/p>\n<p>\u00abNo soporto a las personas que esperan la muerte de alguien para lograr sus resultados\u00bb, apunta el cronista en sus memorias.<\/p>\n<p>Tras la partida de la se\u00f1ora de la casa, Leopoldina lleva parte de sus pertenencias a la finca, pero all\u00ed no se quedan demasiado tiempo, sino en Coj\u00edmar, entre pescadores, botes, pescado fresco, anzuelos y tarrayas.<\/p>\n<p>Leopoldina lo ha logrado, alquilar una peque\u00f1a casa en Coj\u00edmar, muy cerca del embarcadero, de la gente humilde que verdaderamente tiene algo que contar al narrador que es Ernest Hemingway. Coj\u00edmar, ese lugar sagrado donde dejaron caer el ancla que sosten\u00eda El Pilar, es su nuevo hogar. All\u00ed, flotando sobre la corriente, Gregorio y Ernest pescan a diario y es solo entonces cuando Ernest comienza a encontrar el camino. Escribe algunas notas, apenas unos bocetos, simples trazos de inspiraci\u00f3n para esa novela, larga o corta, pero novela al fin, de la que tanto hablara Leo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Celebras el triunfo de un \u00abalgo\u00bb que no existe! \u2014dijo Ernest cuando volvi\u00f3 a escuchar a Leopoldina hablar con gran entusiasmo del premio a esa obra que a\u00fan no hab\u00eda sido escrita.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 est\u00e1s esperando? \u2014pregunt\u00f3 la cubana contest\u00e1ndole con su misma iron\u00eda.<\/p>\n<p>Al atardecer, en el puente de madera, el vestido blanco de Leo parece elevarla hasta las nubes, y entrada la noche, el genio del vino parec\u00eda dictarle a Hemingway el esp\u00edritu sagrado de una novela distinta. Coj\u00edmar estaba vivo, y era all\u00ed, en la sal de esas peque\u00f1as cosas, el \u00fanico lugar posible para entender las haza\u00f1as cotidianas a las que el escritor pertenec\u00eda.<\/p>\n<p>Esa tarde, Leopoldina espera en vano que vuelvan de alta mar, cae la noche plateada sobre el embarcadero y es la brisa quien la registra de arriba abajo. Regresan los \u00faltimos pescadores por el camino de la playa, ante sus ojos, con el filo de un cuchillo que brilla bajo la luna, abren el vientre de los pescados para sacar las tripas y las huevas, limpian la sangre con agua salada, comparten \u00abel crudo\u00bb y las cabezas, se despiden en silencio, y solo si ella pregunta le responden con certeza:<\/p>\n<p>\u2014Nadie ha visto El Pilar.<\/p>\n<p>Sobre las heridas del embarcadero Leo lanza las barajas espa\u00f1olas que marcan una desgracia. \u00bfPara ellos o para m\u00ed?, se pregunta Leo, quien, en los \u00faltimos d\u00edas no se ha sentido nada bien. Vomita en las noches, se marea al despertar y solo de pensar en la bebida, se le revuelven las tripas.<\/p>\n<p>Ni Gregorio ni Ernest regresaron esa noche de la pesquer\u00eda, y en la madrugada Leopoldina es internada con urgencia en la cl\u00ednica del pueblo con un dolor agudo en la boca del est\u00f3mago y v\u00f3mitos de sangre. Al amanecer, el aliento a whisky y\u00a0 pescado frito en la boca de Hemingway aviva los almendrados ojos de Leopoldina.<\/p>\n<p>\u2014Encontr\u00e9 la historia. \u00bfQu\u00e9 haces ah\u00ed tirada? \u00a1V\u00e1monos de aqu\u00ed, los m\u00e9dicos no sirven para nada! \u2014grita Ernest sacando a una muy d\u00e9bil Leopoldina de la cl\u00ednica.<\/p>\n<p>\u2014Ochenta y cuatro d\u00edas sin pescar nada, pero ese ser\u00e1 su d\u00eda de suerte. Sale muy temprano a pescar y de momento\u2026 \u2014Nota que pica un Marlin\u2014. Hay suerte \u2014dice\u2014, parece que se rompi\u00f3 el hechizo, entonces comienza la batalla. La lucha dura tres d\u00edas, en los que mi pescador piensa en su vida y en el pez. Es \u00e9l o el pez. El hombre se llamar\u00e1 Anselmo, como tu amigo\u2026 le salvamos la vida anoche en alta mar y me hizo la historia\u2026<\/p>\n<p>\u2014Santiago \u2014dice Leopoldina medio dormida por los medicamentos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSantiago?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, mejor Santiago \u2014responde ella con certeza.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY eso por qu\u00e9? \u2014pregunta el escritor acurrucado como un ni\u00f1o a su lado.<\/p>\n<p>\u2014Porque iremos a Santiago de Cuba a ofrendar tu premio a la Virgen de la Caridad del Cobre.<\/p>\n<p>Mientras Leo va mejorando, Hemingway escribe noche y d\u00eda lo que \u00e9l llamar\u00e1\u00a0El viejo y la mar, pero el escritor tiene sus rituales, no soporta escribir fuera de La Vig\u00eda, as\u00ed que all\u00ed se encierra, solo y en silencio, de pie, descalzo, obsesionado en desarrollar su historia. Apenas duerme y apenas come, cada d\u00eda lee fragmentos a Leopoldina por tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>Es en el oto\u00f1o, cuando a la ciudad la penetra el mar, que Hemingway termina de escribir su novela, y Leopoldina, hundiendo su dedo \u00edndice en la m\u00e1quina de escribir, pone simb\u00f3licamente el punto final al original de la novela que se publica al a\u00f1o siguiente con un \u00e9xito de cr\u00edtica y ventas nunca visto. Al leer la \u00faltima versi\u00f3n del libro, camino al correo, Leopoldina lo mira emocionado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mira que intestaste ignorar todo esto, cubano sato, pero te sali\u00f3 del alma! Esa es tu segunda piel, \u00a1te fastidiaste! Porque quieras o no ya somos parte de tu vida.<\/p>\n<p>Hemingway se libera de la depresi\u00f3n y retoma su vida de siempre: escribir temprano, salir a pescar, discutir acaloradamente con Leopoldina, hacer el amor, visitar El Floridita, caer rendidos del cansancio y desvelarse buscando el pr\u00f3ximo argumento. En 1953, se cumplen los designios de la cubana y Hemingway gana el Premio Pulitzer de literatura. Para Ernest este era el premio que Leo ve\u00eda anunciado en sus barajas, pero ella, mir\u00e1ndole fijamente a los ojos le asegura que su Nobel ya estaba en camino.<\/p>\n<p>Cuando al a\u00f1o siguiente eso por fin ocurri\u00f3 les pareci\u00f3 tan natural como el hecho de amanecer juntos en La Vig\u00eda. Lo hab\u00edan esperado y so\u00f1ado tanto, que al llegar, solo fue dejarlo pasar y entenderlo como un milagro, una plegaria muy bien atendida. Campoamor narra en sus cr\u00f3nicas que fue Leopoldina quien le diera la idea para finalizar su discurso ante la realeza sueca, al pedirle que tuviera cuidado con lo que soltara ese d\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Chico, ustedes los escritores hablan demasiado, lo tuyo es escribir, agradece y punto.<\/p>\n<p>As\u00ed termina Ernest Hemingway su discurso de aceptaci\u00f3n al Nobel:<\/p>\n<p>\u2014Como escritor he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente les agradezco.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes los pasaron en Coj\u00edmar, divirti\u00e9ndose de lo lindo con los pescadores, celebrando con quienes fueron, en realidad, los inspiradores de esta nueva etapa en la vida literaria del escritor. Los trovadores hac\u00edan cola para la cantur\u00eda y la gente de Bacard\u00ed mand\u00f3 de regalo varias cajas de ron para que, en La Terraza de Coj\u00edmar, en El Floridita, en El Pilar o en La Vig\u00eda, no faltara nadie con un vaso de ron criollo para celebrar. Un mes m\u00e1s tarde Ernest reaccion\u00f3 a tanta locura cuando su editor lo llama a la finca para decirle que llegaba a La Habana de un momento a otro, y le adelanta que\u00a0 tiene un excelente pedido, escribir el guion cinematogr\u00e1fico de El viejo y la mar.<\/p>\n<p>Leopoldina le ruega a Hemingway que ofrende su medalla a la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre.<\/p>\n<p>\u2014Yo hice esta promesa por ti y nos toca cumplirla \u2014explic\u00f3 la cubana,\u00a0 cantando y bailando descalza ante \u00e9l su danza de ofrenda a Osh\u00fan, la mism\u00edsima y poderosa santa elevada por los esclavos al pante\u00f3n Yoruba.<\/p>\n<p>A esas alturas Hemingway se hab\u00eda convertido en un hombre muy supersticioso y no quer\u00eda que nada estropeara su buena racha, as\u00ed que accede a ir con ella hasta el templo de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, y entregar la medalla personalmente a la Virgen, pero un terrible desenlace, anticipado por sus barajas espa\u00f1olas, le esperaba a Leopoldina. Ella jam\u00e1s lo mencionaba, mucho menos a Ernest, pero a diario le aquejaba un extra\u00f1o e intermitente dolor abdominal que apenas le permit\u00eda respirar. Casi a punto de salir rumbo a Santiago, Leo es diagnosticada con c\u00e1ncer de h\u00edgado. Ante la espantosa noticia Ernest, al principio, se resiste a creerlo, pero ella misma se encarga de prepararlo para lo peor. Es tanta su fuerza interior que no parece una mujer que sufre una enfermedad terminal. Todo esto complica mucho m\u00e1s con la llegada a la isla de Mary, quien, tras el premio, decide acortar la distancia y recuperar a toda costa la convivencia con su esposo, quien, por su parte, lo \u00fanico que desea es permanecer junto a Leopoldina, y as\u00ed lo hace.<\/p>\n<p>Leopoldina est\u00e1 muy mal, apenas tiene \u00e1nimo para levantarse y pasa el tiempo leyendo metida en su cama. Su madre, una se\u00f1ora delgada y nerviosa, pero fuerte de esp\u00edritu, ha venido para acompa\u00f1arla en sus d\u00edas finales. Ese invierno llueve torrencialmente, la casa permanece cerrada y la humedad se apodera de las paredes del apartamento. La luz apenas se atreve a jugar con los vitrales; Leopoldina est\u00e1 lista para partir, pero Hemingway se niega a entenderlo.<\/p>\n<p>Esa tarde Ernest llega al apartamento acompa\u00f1ado de Campoamor, ambos est\u00e1n empapados por la lluvia, Hemingway ha estado escribiendo varias horas de pie, quiere avanzar en Islas en el Golfo, pasa horas pensando en la novela, desperdicia su tiempo hablando con su editor, escribe como un loco sin obtener demasiados avances. Ernest se enfurece al ver el cuerpo vencido de Leopoldina deshacerse sobre las s\u00e1banas de hilo blanco, la est\u00e1 viendo irse ante sus ojos sin poder hacer nada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te pasa, Ernest? \u2014pregunta Leopoldina con preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Campoamor le explica a Leo que Ernest ha tenido unas palabras con su editor. Resulta que ha criticado los di\u00e1logos de su nueva novela. Leopoldina le comenta a Ernest que ella misma le hab\u00eda corregido algunos di\u00e1logos en El viejo y la mar, pues el pescador no siempre hablaba con la naturalidad de un cubano sato.<\/p>\n<p>\u2014Ten paciencia con tu nuevo editor, tu punto flojo est\u00e1 en los di\u00e1logos, todos tenemos un punto d\u00e9bil, Ernest, ac\u00e9ptalo.<\/p>\n<p>\u2014No me cambiaste nada, esa novela fue perfecta desde el inicio \u2014gritaba Hemingway.<\/p>\n<p>Leopoldina se burla y lo llama mentiroso.<\/p>\n<p>\u2014No es as\u00ed, al inicio ese viejo era tan falso como los perfumes que venden en el Tencent de la calle Galiano. Hoy es todo un h\u00e9roe que t\u00fa y solo t\u00fa inventaste, como solo t\u00fa puedes hacerlo, pero acepta las cr\u00edticas, por favor.<\/p>\n<p>El escritor solo gritaba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No, no y no!<\/p>\n<p>\u2014Ernest, no eres un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014\u00c9l existe y siempre existi\u00f3 \u2014repet\u00eda Hemingway en un espa\u00f1ol entrecortado. Cuanto m\u00e1s insist\u00eda Leopoldina en que \u00e9l no exist\u00eda, m\u00e1s enojado se pon\u00eda Hemingway. Ambos conoc\u00edan bien sus puntos d\u00e9biles. Leopoldina estaba completamente exasperada cuando \u00e9l le grito\u0301 que era una est\u00fapida.<\/p>\n<p>Usando su tono m\u00e1s agudo, Leopoldina le responde con una de sus terribles frases:<\/p>\n<p>\u2014Veamos si tienes el coraje de tu pescador despu\u00e9s de que te arranquen las entra\u00f1as o te encuentres en una situaci\u00f3n realmente desesperada, como yo ahora. \u00a1Sal de aqu\u00ed!<\/p>\n<p>Ernest decide marcharse, pero Campoamor se qued\u00f3 con ella a sabiendas de que no le queda demasiado tiempo de vida.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes comienzan a ser una tortura para el escritor. Campoamor le ha dicho que necesita hacer las paces con Leo porque el tiempo apremia.<\/p>\n<p>Ernest espera afuera con su ch\u00f3fer. Esto se repite cada d\u00eda, Leopoldina est\u00e1 muy ofendida y no piensa recibirlo, Hemingway le ha dicho est\u00fapida, y eso, a estas alturas de su vida, ella no lo piensa permitir.<\/p>\n<p>Leopoldina debe ir a la cl\u00ednica a ver a su m\u00e9dico, llueve a c\u00e1ntaros y hay un extra\u00f1o frente fr\u00edo habanero que mantiene a todos encerrados en sus casas. La Habana es un desierto, Leo espera un taxi en la puerta del edificio, pero el autom\u00f3vil no acaba de llegar. Leopoldina baja las escaleras intentando parar un carro cualquiera, Hemingway la llama pero ella camina bajo la lluvia sin hacerle caso. Ernest la sigue por la calle y mientras lo hace le cuenta que se va a divorciar de Mary para casarse con ella, que es ella la mujer de su vida. Finalmente la detiene, la sacude para que reaccione y le entrega un anillo de oro con sus iniciales.<\/p>\n<p>\u2014Con Mary yo jam\u00e1s he tocado el cielo, y contigo nunca he puesto los pies sobre la tierra. Leo y Hemingway se abrazan en plena calle.<\/p>\n<p>En el apartamento de Leopoldina ha vuelto a salir el sol. Ella sabe que se ir\u00e1 y no desea que Hemingway se quede solo, entonces da un salto sobre la cama, se le ha ocurrido algo para quitarle la idea del divorcio a Ernest, y propone una mejor soluci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014Vamos a casarnos bajo el ritual yoruba, nos encomendaremos a Osh\u00fan, a nuestra Virgen, la Caridad del Cobre. \u00bfQu\u00e9 te parece?<\/p>\n<p>Hemingway acepta entusiasmado. La simb\u00f3lica boda es m\u00e1s bien una despedida. El ritual yoruba es celebrado en la hacienda de Fernando Campoamor, con m\u00fasicos, comida, regalos y much\u00edsimos invitados. Leopoldina y Ernest bailan al comp\u00e1s de los tambores de fundamento, el enlace simb\u00f3lico lo realiza un Babalawo, quien dicta los votos en lengua yoruba. Al final de la noche la piel de los novios est\u00e1 cubierta de miel, flores y canela.<\/p>\n<p>\u2014Queda muy poco, no hay nada que hacer \u2014explica el m\u00e9dico a Fernando Campoamor.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1nto? \u2014pregunta con temor el mejor amigo de la pareja.<\/p>\n<p>\u2014Puede ser en cualquier momento, una semana o dos, no lo s\u00e9, solo Dios decide estas cosas\u00a0 \u2014contesta el especialista previniendo a Fernando\u2014. Leopoldina ha sido fuerte pero este es el final. Prepara a Ernest.<\/p>\n<p>Hemingway est\u00e1 desesperado, no soporta sentarse a esperar la muerte de Leopoldina. Ha recibido una carta de Fidel Castro, quien acaba de llegar de M\u00e9xico, y lo invita a conversar sobre lo que est\u00e1 pasando en Oriente. Ser\u00eda un encuentro breve, en un lugar sencillo, y le pide total discreci\u00f3n. El periodista que hay dentro de \u00e9l necesita involucrarse, el hombre que ama a Leopoldina dice que no debe moverse de al lado de su cama.<\/p>\n<p>Regresan sus batallas interiores, irse es la manera m\u00e1s f\u00e1cil de decir adi\u00f3s y de no enfrentar directamente el dolor de esa p\u00e9rdida, pero quedarse es ser coherente con todo lo vivido.<\/p>\n<p>\u00bfAbandonarla? Campoamor no lo cree prudente, pero le propone a Ernest que se lo cuente a Leopoldina. Es el \u00fanico modo de escapar, pues de eso trata su plan.<\/p>\n<p>\u00bfPodr\u00e1 irse tranquilo y sin remordimientos? Leopoldina escucha la historia de Ernest, y lee la carta de Fidel Castro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe parece que debo ir a entrevistar a este hombre?<\/p>\n<p>\u2014Tengo una mala noticia para ti, Ernesto \u2014dice Leo intentando, termina las frases con much\u00edsimo trabajo\u2014. Tengo una mala noticia para ti: no eres el centro del mundo. No eres cubano, esta no es tu guerra, sigue tu camino y, sobre todo, cu\u00eddate la cabeza y escribe.<\/p>\n<p>Esa noche, muy preocupada por lo que deja atr\u00e1s, Leopoldina le tira las cartas a Ernest por \u00faltima vez, le recuerda que su padre se suicid\u00f3 y le ruega se atienda la cabeza y acuda a un m\u00e9dico. Leopoldina y Ernest se desnudan y acarician, y a su modo, se dicen adi\u00f3s.<\/p>\n<p>\u2014Esto es hacer el amor \u2014dice Leopoldina acariciando a Hemingway\u2014. Lo otro era fornicar como las bestias.<\/p>\n<p>Y comienzan a re\u00edr a carcajadas, intentando no dejarse vencer por el drama.<\/p>\n<p>Hemingway est\u00e1 en la finca La Vig\u00eda. Escribe descalzo y de pie. Suena el tel\u00e9fono, Ernest cierra los ojos y escucha la voz de su mayordomo Ren\u00e9 Villareal.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, es Campoamor.<\/p>\n<p>Hemingway avanza con agilidad y toma el auricular:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfFernando?&#8230; \u2014Ernest lo escucha en silencio. Deja el tel\u00e9fono descolgado y se pone las dos manos en la cabeza, sale despavorido, avanza por el exterior de la finca, llueve furiosamente como si todas las l\u00e1grimas de Leopoldina cayeran como lanzas sobre su cuerpo. Ernest apenas puede ver a su alrededor, se lanza a la piscina de La Vig\u00eda, baja lentamente hasta tocar el fondo con su cara.<\/p>\n<p>Una tarde de tormenta de 1956 muere Leopoldina Rodr\u00edguez. Hemingway se sinti\u00f3 abandonado por la mujer que prometi\u00f3 acompa\u00f1arlo para siempre. La muerte se llev\u00f3 todo lo que promet\u00eda ser eterno, el escritor jur\u00f3 no creer en las promesas de los seres humanos, \u00ab\u00bfQui\u00e9nes somos para prometer la eternidad?\u00bb, escribi\u00f3 en una de sus temidas p\u00e1ginas en blanco.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente Hemingway se hace cargo de los funerales y, por expl\u00edcito pedido de Leo, solo \u00e9l asiste al sepelio en el cementerio de Col\u00f3n en La Habana. El premio Nobel de literatura, vestido de blanco, presencia el momento en que un enterrador va lanzando palas de tierra sobre el f\u00e9retro, dando santa sepultura al cuerpo de quien fuera su gran amor.<\/p>\n<p>El enterrador contest\u00f3 a las preguntas de Campoamor:<\/p>\n<p>\u2014Un hombre solitario que acompa\u00f1\u00f3 sus restos al cementerio pag\u00f3 su entierro. Era canoso y barbudo, un americano que vest\u00eda una guayabera de manga corta, mocasines grandes y un pantal\u00f3n bombacho muy ancho y me pag\u00f3 mucho dinero para que nunca faltaran flores en su tumba.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>Este relato es parte de la idea original de un argumento creado por la autora junto al escritor y director Alberto Alvelo para\u00a0una serie del mismo nombre. La autora agradece la valiosa colaboraci\u00f3n de Fidel Antonio Orta.<\/em><\/p>\n<p><em>*Fuente: https:\/\/www.penguinlibros.com\/es\/revista-lengua\/ficciones\/wendy-guerra-ernest-hemingway-III<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hemingway se sinti\u00f3 abandonado por la mujer que prometi\u00f3 acompa\u00f1arlo para siempre. 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