{"id":58129,"date":"2024-01-24T11:56:15","date_gmt":"2024-01-24T10:56:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=58129"},"modified":"2024-01-24T11:56:15","modified_gmt":"2024-01-24T10:56:15","slug":"el-soldado-siciliano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-soldado-siciliano\/","title":{"rendered":"El soldado siciliano"},"content":{"rendered":"<p>En los tiempos en que los ej\u00e9rcitos aliados, a causa del invierno, se asentaban al otro lado del r\u00edo Garigliano, yo viv\u00eda refugiada en la cima de una monta\u00f1a, a este lado del r\u00edo. Un d\u00eda, para salvar a unas personas a las que quer\u00eda, me vi obligada a hacer un breve viaje a Roma. Fue un amargo viaje, porque Roma, la ciudad donde nac\u00ed y donde siempre he vivido, era para m\u00ed en aquel tiempo una ciudad enemiga.<\/p>\n<p>El tren sal\u00eda por la ma\u00f1ana temprano. Yo baj\u00e9 de la monta\u00f1a la tarde del d\u00eda anterior para estar en el llano antes del anochecer; deb\u00eda pasar una noche en el llano y, al alba, dirigirme hacia la estaci\u00f3n m\u00e1s cercana.<\/p>\n<p>Encontr\u00e9 refugio para la noche en la casa de un carretero de nombre Giuseppe. La vivienda de Giuseppe se compon\u00eda de tres caba\u00f1as: una era el cobijo del asno y la carreta, en la otra dorm\u00eda Giuseppe con su mujer, Marietta, y las tres ni\u00f1as, y en la tercera cocinaban sobre un fuego de le\u00f1a encendido en el suelo.<\/p>\n<p>Decidieron que las dos cr\u00edas mayores me ceder\u00edan su cama, y dormir\u00edan en la cama de matrimonio, con su madre y la ni\u00f1a de pecho. En cuanto a Giuseppe, acept\u00f3 de buena gana dormir en la cocina, sobre un mont\u00f3n de paja. Eran, aquellas, noches de peligro y de espanto. M\u00e1s de mil alemanes, destinados al frente, hab\u00edan acampado en los alrededores. Ruidosos carros militares recorr\u00edan sin fin las carreteras cercanas; se ve\u00edan las luces de las tiendas de campa\u00f1a cuando se encend\u00edan en la llanura, y se o\u00edan gritos y llamadas de voces extranjeras.<br \/>\nUna vez cerrada la puerta de la caba\u00f1a, Marietta, sus hijas y yo nos dispusimos a acostamos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no te quitas la ropa? \u2014me pregunt\u00f3 la madre mientras se desataba el nudo del pa\u00f1uelo\u2014, todas somos mujeres aqu\u00ed, y te he cambiado las s\u00e1banas.<\/p>\n<p>Pero yo, que no estaba acostumbrada a dormir con extra\u00f1os, me tend\u00ed vestida encima de la manta.<\/p>\n<p>Las cr\u00edas mayores, contentas por dormir en la cama grande, siguieron riendo y jugando con su hermanita incluso despu\u00e9s de apagar la luz. Pero la madre las rega\u00f1\u00f3 para que se callaran; poco despu\u00e9s, por su respiraci\u00f3n, me di cuenta de que dorm\u00edan.<\/p>\n<p>Me prepar\u00e9 para una noche de insomnio. Imaginaba el gent\u00edo de mis compa\u00f1eros del tren, y las paradas en medio de los campos vac\u00edos y la masacre; pensaba qu\u00e9 iba a contestar si una voz de repente me ordenara ense\u00f1ar mis papeles y mi equipaje. Tambi\u00e9n me preguntaba si podr\u00eda llegar a Roma, ya que cada d\u00eda bombardeaban la v\u00eda f\u00e9rrea.<\/p>\n<p>Pero en ese momento, sobre las ramas del cobertizo o\u00ed un repiqueteo denso y sonoro: hab\u00eda empezado a llover, y con el mal tiempo, que dificultaba los bombardeos, el viaje se anunciaba m\u00e1s tranquilo.<\/p>\n<p>En plena noche, la ni\u00f1a de pecho se puso a llorar. En la cama grande se expandi\u00f3 un movimiento, y un bisbiseo: Marietta estaba amamantando a la ni\u00f1a y le hablaba en voz muy baja. Luego volvi\u00f3 el silencio: el fragor de los carros militares, como los gritos, y las llamadas de las patrullas ya no se o\u00edan desde hac\u00eda un rato.<br \/>\nElsa cuentacuentos<\/p>\n<p>Yo pensaba en lo mucho que me habr\u00eda gustado atravesar el r\u00edo Garigliano, y llegar hasta Sicilia, hermosa y deseada en aquella estaci\u00f3n. Nunca hab\u00eda ido all\u00ed, donde est\u00e1 el pueblo de mi padre y donde ya podr\u00eda vivir libre.<\/p>\n<p>En ese momento la puerta de maderos se abri\u00f3 desde el exterior, y a trav\u00e9s del vano entr\u00f3 un haz de luz blanca. Me incorpor\u00e9 en la cama, temiendo una visita de los alemanes; pero se present\u00f3 la grande y desharrapada figura de un soldado de nuestro ej\u00e9rcito. Aunque deste\u00f1ido por la intemperie, y cubierto de barro, su uniforme todav\u00eda era reconocible.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Un soldado! \u2014exclam\u00e9\u2014, no entres, aqu\u00ed solo hay mujeres.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l respondi\u00f3 que solo quer\u00eda resguardarse un poco, y entr\u00f3 en la caba\u00f1a. Era un hombre adulto, con pobladas cejas, y una barba rizada y negra; el pelo rizado y salvaje, ya parcialmente canoso, se le sal\u00eda de la gorra, y a trav\u00e9s de los jirones del uniforme se apreciaban sus fuertes rodillas. Llevaba una l\u00e1mpara como las que usan los mineros para bajar a la mina.<\/p>\n<p>Le hice ver que despertar\u00eda a todos con su luz cegadora, pero respondi\u00f3 que mis anfitrionas estaban demasiado sumergidas en el sue\u00f1o para darse cuenta de su llegada. Dej\u00f3 en el suelo la l\u00e1mpara y se sent\u00f3 encima de una caja, junto a la puerta. Parec\u00eda que tuviera fiebre.<\/p>\n<p>\u2014Si quieres descansar \u2014le contest\u00e9\u2014, p\u00eddele a Giuseppe que te deje dormir en la otra caba\u00f1a.<\/p>\n<p>Pero el soldado dijo que no, que por ciertos motivos hab\u00eda decidido ir vagando sin descansar, ni dormir.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa por qu\u00e9 no te acuestas? \u2014a\u00f1adi\u00f3. Le expres\u00e9 mi temor de que la cama no estuviera limpia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Y qu\u00e9 m\u00e1s da! \u2014respondi\u00f3\u2014, mira mi capa, est\u00e1 llena de piojos.<\/p>\n<p>Me cont\u00f3 luego que hab\u00eda combatido en el ej\u00e9rcito y que estaba ahora en el maquis, contra los alemanes; y que m\u00e1s tarde se unir\u00eda a los ingleses para continuar la guerra. As\u00ed, luchando sin tregua, sigui\u00f3, esperaba alcanzar un objetivo propio.<\/p>\n<p>En su voz intensa, como una cantinela, reconoc\u00ed enseguida el acento de Sicilia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres siciliano? \u2014le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014respondi\u00f3\u2014, soy de Santa Margherita.<\/p>\n<p>\u2014Justo cuando has llegado \u2014observ\u00e9\u2014, estaba pensando que me gustar\u00eda ir a Sicilia.<\/p>\n<p>\u2014Sin embargo yo \u2014dijo el soldado\u2014, ya no volver\u00e9 vivo a Sicilia.<\/p>\n<p>Le pregunt\u00e9 el porqu\u00e9, y \u00e9l, en dialecto siciliano, me refiri\u00f3 el siguiente relato:<\/p>\n<p>\u2014Me llamo Gabriele. En Santa Margherita trabajaba de minero, y ten\u00eda mujer y una hija. Dos a\u00f1os despu\u00e9s de casarnos, mi mujer se descarri\u00f3, y huy\u00f3 de casa para entregarse a la mala vida, dej\u00e1ndome solo con la ni\u00f1a, que todav\u00eda no andaba. La ni\u00f1a se llamaba Assunta; cuando sal\u00eda para ir a la mina la dejaba en la cama, y ella no lloraba porque era bastante tranquila. Yo le hab\u00eda colgado en el cabecero de la cama, de un cordel, una anilla de lat\u00f3n, resto de una vieja linterna, que al oscilar le hac\u00eda re\u00edr: no ten\u00eda m\u00e1s juguetes. Viv\u00edamos en una casa aislada, en el medio de un llano seco, no lejos de las minas; a una hora determinada, un vendedor ambulante amigo m\u00edo, al pasar por all\u00ed, entraba un rato, levantaba a la ni\u00f1a, la vest\u00eda y la sentaba en el suelo. A la vuelta, por la noche, yo preparaba la sopa, y Assunta cenaba conmigo, sentada en mis rodillas; pero a veces yo me quedaba dormido incluso antes de vaciar el plato. Pod\u00eda despertarme, tal vez, una hora despu\u00e9s, y ve\u00eda a Assunta dormida, encima de m\u00ed, o bien se quedaba quieta mir\u00e1ndome con sus ojos abiertos y curiosos. Pero un d\u00eda, cuando estaba sola en la casa, se cay\u00f3 de la cama y se rompi\u00f3 la mu\u00f1eca. Mi amigo, que esa ma\u00f1ana lleg\u00f3 m\u00e1s tarde, la encontr\u00f3 donde se hab\u00eda ca\u00eddo, tirada en el suelo, y casi sin respirar por el dolor. Desde ese d\u00eda se qued\u00f3 un poco tullida de una mano, por lo que nunca pudo realizar trabajos pesados. Pero se convirti\u00f3 en una muchacha muy guapa, una verdadera siciliana: delgadita, pero con la piel blanca, los ojos negros como el carb\u00f3n, y una larga melena, negra y rizada, que se recog\u00eda en la nuca con un lazo rojo. En aquel tiempo el vendedor ambulante se traslad\u00f3 a otro pueblo, y nosotros all\u00ed, en medio de un desierto, nos quedamos sin amigos. Tambi\u00e9n cerraron la mina, y me qued\u00e9 sin trabajo. Pasaba los d\u00edas al sol, sin hacer nada, y el ocio me iba envileciendo. Como no ten\u00eda a nadie m\u00e1s que a Assunta, desahogaba mi rabia contra ella, la insultaba, le pegaba y (aunque no hab\u00eda una chiquilla m\u00e1s inocente) a menudo gritaba: \u00ab\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed? Vete a la calle como tu madre\u00bb. Por lo tanto Assunta, poco a poco, empez\u00f3 a odiarme; no hablaba ya que, acostumbrada a la soledad, hab\u00eda crecido bastante taciturna, pero me miraba con sus ojos negros, encendidos, como si fuera la hija del diablo. En pocas palabras, yo no encontraba trabajo; y como el mariscal de Santa Margherita me hab\u00eda propuesto coger a Assunta como criada, aceptamos. Assunta ya ten\u00eda quince a\u00f1os y su trabajo no era duro, puesto que el mariscal viv\u00eda solo con un hijo joven. Assunta ten\u00eda un cuartucho para dormir, cerca de la cocina, le daban la comida y adem\u00e1s un sueldo, que su amo me entregaba a m\u00ed. \u00c9l ten\u00eda un car\u00e1cter brusco, pero bonach\u00f3n, y por lo dem\u00e1s pasaba casi todo el d\u00eda en el cuartel. Assunta trabajaba sobre todo en la cocina, que estaba debajo de la escalera. Pero el hijo del mariscal, un muchacho moreno, rudo, un poco mayor que ella, comenz\u00f3 a molestarla. Assunta le rechazaba, pero \u00e9l, para asustarla, saltaba como un esp\u00edritu desde el ventanuco del chisc\u00f3n y, mir\u00e1ndola con ojos relucientes, la cog\u00eda del pelo, la abrazaba y quer\u00eda seducirla con besos. \u00c9l tambi\u00e9n era un chiquillo, y nunca hab\u00eda tocado a una mujer; as\u00ed que el rechazo le exasperaba, e intentaba conseguirla a trav\u00e9s de la violencia. Assunta se liberaba despu\u00e9s de forcejear, gritaba y lloraba; pero no se atrev\u00eda a decir nada al mariscal, y mucho menos a m\u00ed. Por otro lado, no pod\u00eda dejar ese empleo, ya que le habr\u00eda resultado muy dif\u00edcil encontrar otro trabajo debido a su mano tullida. \u00bfY c\u00f3mo iba a regresar a casa, con un padre al que odiaba, y que ni siquiera pod\u00eda darle para pan? Pero de ning\u00fan modo quer\u00eda caer en la deshonra, como su madre.<\/p>\n<p>\u00bbDe esta forma pas\u00f3 alrededor de un mes. Una noche, el mariscal, al regresar m\u00e1s tarde que de costumbre, encontr\u00f3 la casa totalmente en silencio y la cena preparada para \u00e9l en la mesa. El hijo, ya en la cama, dorm\u00eda profundamente, y \u00e9l, despu\u00e9s de cenar, se prepar\u00f3 para acostarse al lado de su hijo. Pero al asomarse para cerrar la ventana (era una noche clara), vio abajo en el patio a Assunta sentada en el borde del pozo, que se estaba trenzando el pelo con dedos presurosos y hablaba sola. Iba a llamarla; pero luego pens\u00f3 que estar\u00eda all\u00ed para disfrutar del aire nocturno, porque el tiempo era bochornoso, y su cuartito, debajo de la escalera, deb\u00eda de ser un horno. Sin decirle nada, asom\u00f3 el cuerpo para acercar la persiana: en ese momento le pareci\u00f3 ver que la chiquilla, cuando termin\u00f3 la trenza, la enroll\u00f3 alrededor de su frente, y la sujet\u00f3 con unas horquillas encima de sus orejas, como una cinta que cubre los ojos. Pero solo m\u00e1s tarde volvi\u00f3 a su memoria ese gesto, al que, cansado y somnoliento, no hab\u00eda prestado entonces mucha atenci\u00f3n. El caso es que Assunta se hab\u00eda vendado los ojos de ese modo para no ver y tener m\u00e1s valor. A la ma\u00f1ana siguiente no apareci\u00f3 y, despu\u00e9s de buscarla en la casa y por todo el pueblo, la encontraron en el fondo del pozo.<\/p>\n<p>\u00bbComo hab\u00eda muerto por su propia voluntad, a la chica no la bendijeron en la iglesia, ni la enterraron dentro del recinto del camposanto; sino fuera, junto a la entrada, donde el mariscal por caridad mand\u00f3 grabar una l\u00e1pida. Los suicidas no pueden descansar, como los dem\u00e1s muertos, debajo de la tierra ni en otro lugar; sino que siguen vagando, sin hallar reposo, alrededor del camposanto y de la casa de la que se separaron con violencia. Les gustar\u00eda regresar con su familia, manifestarse; pero no pueden. Por esta raz\u00f3n yo ya no quiero dormir: \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda descansar en paz sabiendo que mi hija no concilia el sue\u00f1o? Despu\u00e9s de que la enterraran, yo no aguantaba en nuestra casa de Santa Margherita la idea de que ella caminara alrededor, afligida, e intentara ser comprendida; y yo no pod\u00eda entender ni mi sangre. Por eso vine al continente y me enrol\u00e9 como soldado. Y seguir\u00e9 luchando hasta que haya alcanzado mi objetivo\u00bb.<\/p>\n<p>Pregunt\u00e9 al siciliano cu\u00e1l era el objetivo del que hablaba.<\/p>\n<p>\u2014Lo que yo quiero \u2014explic\u00f3\u2014 es recibir un tiro, un d\u00eda de estos. No tengo el valor de Assunta para morir de la misma forma. Pero si me disparan hasta morir, entonces, al ser como ella, podr\u00e9 regresar a Sicilia, a Santa Margherita. Ir\u00e9 a buscar a mi hija, alrededor de la casa, y podremos damos explicaciones. Yo la acompa\u00f1ar\u00e9, y tal vez ella pueda dormir en mis brazos, como cuando era una ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Este fue el relato de Gabriele; hab\u00eda despuntado el alba y, tras apagar su luz, se despidi\u00f3. Yo me despabil\u00e9, porque ten\u00eda que marcharme; se o\u00eda el repiqueteo de la lluvia, que no hab\u00eda parado en toda la noche.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, en el camino fangoso, yo dudaba si aquella visita hab\u00eda sido real o una ilusi\u00f3n del insomnio. Todav\u00eda lo dudo; y muchos indicios me muestran que no fue una figura terrenal. Sin embargo, me viene al pensamiento aquel soldado, y qu\u00e9 ser\u00e1 de \u00e9l. Me pregunto si habr\u00e1 podido regresar a Sicilia; y si por fin Assunta hallar\u00e1 alg\u00fan descanso en los brazos de su padre.<\/p>\n<p><em>*Fuente: https:\/\/www.penguinlibros.com\/es\/revista-lengua\/ficciones\/elsa-morante-el-soldado-siciliano-el-chal-andaluz<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicada originalmente en italiano en 1963, \u00abEl chal andaluz\u00bb es una recopilaci\u00f3n de los mejores relatos de Elsa Morante, seleccionados por la propia autora. 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