{"id":58052,"date":"2024-01-17T13:41:48","date_gmt":"2024-01-17T12:41:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=58052"},"modified":"2025-02-08T20:48:44","modified_gmt":"2025-02-08T19:48:44","slug":"los-indomables","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/los-indomables\/","title":{"rendered":"Los indomables"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con la detenci\u00f3n de marzo de 1934 supimos que la polic\u00eda estaba inquieta porque se les escurr\u00eda de las manos el control de la calle. Por eso, cuando al camarada Marcelino Ara\u00f1\u00f3n, cincuent\u00f3n de Almud\u00e9var y subversivo l\u00edder anarquista, le rompieron la nariz en aquella aciaga sala de V\u00eda Layetana, entend\u00ed que aquel peligroso equilibrio de fuerzas entre burgueses y proletarios daba un giro inesperado, convirtiendo nuestra existencia en una infatigable lucha personal por el triunfo colectivo. La llegada de la <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/patronal-y-orden-publico-sabadell-en-la-segunda-republica\/\">Segunda Rep\u00fablica<\/a> nos abri\u00f3 un soplillo de oportunidades a los vilipendiados durante los totalitarismos salientes. Pero tambi\u00e9n motiv\u00f3 a esos mendrugos del tradicionalismo catal\u00e1n de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">caseta i l\u2019hortet<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, autoproclamados salvadores de una patria anacr\u00f3nica. Se mov\u00edan inspirados por una corriente \u00edtalo-fascista con la que acaparaban cargos policiales, pol\u00edticos e industriales bajo el paraguas de Estat Catal\u00e0. Su reducida empat\u00eda con el obrero se tradujo en monumentales embestidas contra los representantes sindicales.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nos hab\u00edan secuestrado horas antes en una guarida del sindicato ajena a la opresi\u00f3n policial, mientras esper\u00e1bamos una fresca ma\u00f1ana de marzo a Mariano Cabanillas, ingeniero de minas y experto en demoliciones. \u00c9ramos Los Indomables, una agrupaci\u00f3n anarquista al servicio de lucha obrera, especializada en la sustracci\u00f3n de armas, explosivos y munici\u00f3n. Me hab\u00eda enrolado en esta sociedad secreta hac\u00eda poco m\u00e1s de un a\u00f1o, despu\u00e9s de la emboscada en Hendaya, d\u00f3nde la Guardia Civil \u2013con la connivencia de la gendarmer\u00eda francesa- liquid\u00f3 a tres de sus cinco miembros. Ara\u00f1\u00f3n y Cabanillas, \u00fanicos supervivientes de la sesgada agrupaci\u00f3n, consiguieron escapar por los h\u00famedos bosques de la frontera, ayudados por unos queseros vascos.\u00a0 Ara\u00f1\u00f3n contact\u00f3 conmigo en la redacci\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Acracia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, una revista de la CNT, en la que plasmaba con esmero mi columna semanal, Nosotros, que ten\u00eda como misi\u00f3n enervar a las masas en contra de la Patronal. El compa\u00f1ero Ara\u00f1\u00f3n, seg\u00fan parece, se hab\u00eda fijado en la tenacidad de mis escritos, algunos de los cuales recomendaban \u201corinarse en el patr\u00f3n\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; \u00bfC\u00e1ndido Mesalles? &#8211; pregunt\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al girarme reconoc\u00ed aquella figura que meses antes hab\u00eda salido en la portada de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La Vanguardia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, junto a Mariano Cabanillas, despu\u00e9s de la voladura del puente de la Damm, dejando a la cervecera sin suministro de trigo durante varias semanas. A los dos minutos ya me hab\u00eda cautivado. Me confes\u00f3 que con el camarada al frente del peri\u00f3dico, Anselmo Parr\u00f3n, hab\u00edan valorado mi compromiso con la causa obrera y que consideraba que alguien como yo, en la plenitud de la vida, deb\u00eda formar parte de su entorno.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nos hab\u00edan sorprendido en un domicilio aislado del todo <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/revista-rambla\/actualidad\/barcelona\/\">Barcelona<\/a><\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en el barrio del Carmelo, ubicado en la parte alta de la ciudad, en una colina del mismo nombre. Hasta los a\u00f1os veinte ten\u00eda un car\u00e1cter plenamente agrario, pero a partir de entonces lo empezaron a poblar arroceros cartaginenses, ferroviarios lorquinos, capataces almerienses o jornaleros granadinos. Estos hombres y sus familias se aunaban en barracas y chabolas buscando equilibrio en peligrosas pendientes movedizas que descend\u00edan desde la Sierra de Collserola. Nuestra casucha era de fr\u00edo adobe y daba servicio a una huerta anta\u00f1o productiva. El inmueble hab\u00eda pertenecido a un viejo hortelano sin familia que la don\u00f3 al sindicato. Una empalizada irregular la resguardaba del exterior. En sus adentros se caminaba levantando polvillo por un suelo arcilloso. Todav\u00eda resist\u00edan la cocina econ\u00f3mica de carb\u00f3n, la mesa tocinera murciana, cuatro sillas y un candil. Al fondo, una c\u00f3moda podrida donde su antiguo ocupante guardaba algunos trapos, que hac\u00eda compa\u00f1\u00eda a un camastro cochambroso. El difunto hab\u00eda plantado unos cipreses que buscaban el cielo a varios metros del suelo. A\u00fan quedaban <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">unas macetas de caol\u00edn con geranios resecos que debieron hacer del lugar un aut\u00e9ntico vergel.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Marcelino Ara\u00f1\u00f3n hab\u00eda desarrollado un sexto sentido que le convert\u00eda en un elemento et\u00e9reo. Perseguido por la polic\u00eda de toda la Pen\u00ednsula y parte del extranjero, no dudaba en cambiar de identidad como de camisa para moverse h\u00e1bilmente por todas partes. Pese a ello, con el sol a\u00fan t\u00edmido de finales de marzo, se dejaba cautivar por el zarandear harm\u00f3nico de los cipreses, que, envueltos por el airecillo casi primaveral del litoral barcelon\u00e9s, se bat\u00edan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Consecuentes e indomables&#8230;-, murmuraba.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nos hab\u00edamos citado con el dinamitero Cabanillas porque quer\u00edamos coordinar el reparto de armas entre los estibadores del puerto para la Huelga General del 14 de abril. Segundos antes del ataque, divag\u00e1bamos ingenuamente ajenos al peligro sobre la importancia de colectivizar las tierras y explotarlas en com\u00fan. Yo pon\u00eda como ejemplo el intento colectivista de algunos pueblos de L\u00e9rida, d\u00f3nde en mi temprana juventud me hab\u00eda ganado el jornal vareando<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">olivos. Entonces, un vil estruendo nos retrotrajo repentinamente hasta una situaci\u00f3n incontestable. Media docena de agentes de paisano, pertenecientes a la Brigada de Informaci\u00f3n de la Jefatura Superior de Orden P\u00fablico, irrumpieron empu\u00f1ando sus rev\u00f3lveres. Dos de ellos se abalanzaron sobre Marcelino, quien tuvo que soltar su pistola -apodada La Lira- por orden de los represores, a riesgo de llevarse un tiro en la mollera. Un sorpresivo pu\u00f1etazo le desplaz\u00f3 la mand\u00edbula, quedando desarticulado. A m\u00ed me sujetaron los brazos y, con firmeza, me soltaron un rodillazo en el costado que me inclin\u00f3. Casi pierdo el oremus.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nos arrastraron hasta el furg\u00f3n policial y del vecindario aparecieron algunos gritos de solidaridad y camarader\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; \u00a1Dejadlos estar! \u00a1Fascistas de mierda! \u00a1Maricones! \u00a1Hijos de mala madre!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Brotaron del silencio algunas piedras que llegaron a impactar sobre el veh\u00edculo, rompiendo una de ellas la luna trasera. Desaparecimos entre disparos al aire y una nube disuasiva de polvo y part\u00edculas de gasoil. En nuestro fugaz espetar por Barcelona, entre el resonar incesante de la sirena policial y los bandazos de un conductor camicace, lo vi con claridad: el paniaguado de Joaqu\u00edn Burgos, un comunista rebotado que se hab\u00eda pasado al otro lado, me hab\u00eda delatado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la comisar\u00eda, nos encerraron en celdas contiguas de aislamiento. Habit\u00e1culos fr\u00edos y oscuros. Atm\u00f3sfera de una tonelada. Paredes de hormig\u00f3n sin humanidad. Obligado confinamiento con sabor a or\u00edn y excremento de roedor. Al cabo de pocas horas de cautiverio, nos condujeron a la sala de interrogatorios, que daba al patio interior de la jefatura. Me sentaron esposado delante de Marcelino; hombre fuerte, p\u00e9treo, f\u00e9rreo como el acero. Tal hab\u00eda sido el exceso de los opresores que uno de los estacazos le hab\u00eda hendido la nariz al ma\u00f1o, ti\u00f1endo su negruzco bigot\u00f3n de rojo morr\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Estos hijos de puta no tienen huevos a matarnos.- dijo busc\u00e1ndome entre los agentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al cabo de unos minutos, apareci\u00f3 uno de los inspiradores de la corriente catalano-fascista, el comisario Aurelio Sorribes, masticando picadura, con esa doble sonrisa que demonizaba su tez hambrienta, envuelto en su gabardina caqui y con aroma a adulador barato. Pregunt\u00f3 al inspector si hab\u00edamos cantado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; \u00bfY del registro ha salido algo?\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Nada, se\u00f1or. Solamente un papel en el bolsillo de ese hijo puta donde se lee: \u201cAcciones. Huelga General. 14 de abril\u201d.- revel\u00f3 el funcionario encausando a Marcelino.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El responsable de la jefatura se deshizo de la nota y acudi\u00f3 a por un cubo de agua. Se lo tir\u00f3 por encima al compa\u00f1ero, quien recobr\u00f3 el sentido. El execrable torturador le sujet\u00f3 las mejillas, escupi\u00e9ndole a la cara unas flemas cobrizas por las hebras de tabaco. Luego vino a por m\u00ed. Agarr\u00e1ndome del pelo abrillantado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; \u00bfT\u00fa eres el nuevo maric\u00f3n?\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Encaj\u00e9 los maxilares y me revolv\u00ed con desconsideraci\u00f3n. De nuestras bocas no saldr\u00eda ni una sola palabra sobre ninguno de nuestros prop\u00f3sitos. Entonces, el maldito comisario me cogi\u00f3 por las pelotas, apret\u00e1ndomelas a rabiar. Sac\u00f3 una faca reluciente que me pase\u00f3 crepitante por las carrilleras.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; As\u00ed que el 14 de abril&#8230; Pues m\u00e1s vale que est\u00e9is tranquilitos u os cortar\u00e9 los huevos con esta&#8230;\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me solt\u00f3 tir\u00e1ndome de la silla y me di de bruces con las baldosas mugrientas del suelo, que en alg\u00fan momento del pasado hab\u00edan sido granates.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Deshazte de esta mierda&#8230;- le orden\u00f3 desde la superioridad al inspector.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El subordinado se acerc\u00f3 y me vend\u00f3 los ojos. Entre dos guardias me bajaron al garaje y me introdujeron en lo que parec\u00eda el asiento trasero de una buseta. El humo de los escapes impregnaba aquel lugar donde el ir y venir de camiones y furgones rug\u00eda reverberante de manera siniestra. Rebasamos la hora de viaje y quer\u00eda creer que me intentaban achantar; Ara\u00f1\u00f3n me explic\u00f3 que los extintos compa\u00f1eros de Los Indomables hab\u00edan acabado con un tiro en la cabeza en una de las cunetas de Ir\u00fan. Pero a m\u00ed, los mequetrefes de Sorribes, me soltaron atado de pies y manos en una pila de esti\u00e9rcol, en un barrizal a las afueras de Sitges. Entre revolcones y aroma a mierda logr\u00e9 desatarme. Cuando me incorpor\u00e9, deambul\u00e9 unos quil\u00f3metros hasta caer exhausto<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">ante un revisor de tren al que supliqu\u00e9 ayuda. Dos d\u00edas por la enfermer\u00eda del Hospital de San Pablo resolvieron todos mis males. A Marcelino Ara\u00f1\u00f3n, en cambio, lo arrojaron de un autom\u00f3vil en circulaci\u00f3n, en una de las confluencias con la c\u00e9ntrica plaza de Espa\u00f1a. Unos paseantes imp\u00e1vidos lo trasladaron al Cl\u00ednico, de d\u00f3nde sali\u00f3 diez d\u00edas despu\u00e9s de haber sido ingresado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esa misma noche nos reencontramos en <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/cuando-barcelona-era-una-fiesta\/\">La Criolla<\/a>, un cabaret abierto en el n\u00famero 10 de la sucia calle del Cid, en la Barcelona m\u00e1s decr\u00e9pita. El local estaba atestado de gente variopinta. Proxenetas, traficantes de droga, prostitutas, chaperos y travestidos bailaban fren\u00e9ticamente por igual con burgueses, turistas depravados y marineros. El ambiente lascivo y ordinario flu\u00eda embarullado con la m\u00fasica estrepitosa de una orquesta que hench\u00eda el escenario de <em>variet\u00e9s<\/em> a cada comp\u00e1s. Entre todo eso, Ara\u00f1\u00f3n recuper\u00f3 la planificaci\u00f3n de la huelga. Desde el sindicato se ordenaba el suministro de armas para combatir la represi\u00f3n. El comit\u00e9 defin\u00eda el paro de \u201cextremo\u201d y por ello organizaba el alzamiento de los estibadores del muelle. Nuestra misi\u00f3n era recuperar y repartir el armamento, escondido por Ara\u00f1\u00f3n en lugar secreto desde el atraco a un polvor\u00edn de Oviedo en 1932. Al salir del cabaret, dos castigadoras nos mostraron sus pechos turgentes baj\u00e1ndose el cors\u00e9 delante del bar Sagrist\u00e0, un turbio local de ambiente gobernado por putos y maricones. Eran dos prostitutas del Barrio Chino a quien las acompa\u00f1aba un barbudo y espigado travestido apodado la Greta. Las seguimos hasta Maddame Pettit, un c\u00e9lebre burdel gobernado por la conspicua Do\u00f1a Bernarda, una baturra amante en su florescencia de Santiago Salvador Franch, el anarquista que bombarde\u00f3 a finales del XIX la selecta y refinada Barcelona del Liceo. Ocupamos la mesa del rinc\u00f3n, donde nos divertimos con unas putas maliciosas. Al rato sub\u00ed cocido a las habitaciones con Cabanillas; Ara\u00f1\u00f3n se qued\u00f3 conversando con Do\u00f1a Bernarda, a quien conoc\u00eda despu\u00e9s de hab\u00e9rsela cepillado, cuando eran unos cr\u00edos, en unas fiestas del Pilar de la capital aragonesa. En mi caso, era la primera vez que visitaba esos cuchitriles repletos de molestos chinches que no le dejaban a uno lucirse en la faena. Despu\u00e9s de retozar salvajemente con una tal Amalia, sal\u00ed de ah\u00ed despeinado y sin brillantina por un pasillo amarillento, d\u00f3nde unos camellos ofrec\u00edan mercanc\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El martes apareci\u00f3 a media ma\u00f1ana en una Ford sin rotular del Sindicato de Oficios Varios el camarada Mariano Cabanillas. Se hab\u00eda presentado en casa de Marcelino Ara\u00f1\u00f3n, en la Barceloneta, donde me hab\u00eda refugiado despu\u00e9s de salir de aquella madriguera. Una bocina irrespetuosa con cualquier migra\u00f1a nos dio la orden de partida. Aletargado me acomod\u00e9 encima de unos sacos de esparto que llenaban la zona de carga. A los tres cuartos de hora de viaje mi espalda se resinti\u00f3 con un camino escarpado: nos adentr\u00e1bamos en un inh\u00f3spito rinc\u00f3n selv\u00e1tico, a orillas del r\u00edo Bes\u00f2s. En una barraca escondida por un soto, a los pies de una ci\u00e9naga, se apilaban cajas de madera caladas por donde desfilaban culebras, ara\u00f1as y un largo cat\u00e1logo de par\u00e1sitos y larvas. En su interior, reposaban fusiles con bayoneta, carabinas M\u00e1user y alg\u00fan mosquet\u00f3n por estrenar. Tambi\u00e9n se pod\u00edan encontrar municiones y granadas de tonelete. Con Ara\u00f1\u00f3n cargamos las cajas en el maletero mientras Cabanillas examinaba pensativo unos cartuchos de dinamita.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Nos llevamos los detonadores y las espoletas.- dijo ante nuestra incredulidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De nuevo en Barcelona, acudimos de madrugada al puerto. En el astillero de un muelle en desuso aguardaban dos compa\u00f1eros de la CNT. Despu\u00e9s de abrirnos las puertas del almac\u00e9n se encargaron de meter todo el armamento en una barca de pescadores a\u00fan por desarticular. La idea del sindicato era montar barricadas en el puerto e incendiar algunos tranv\u00edas. Ante una respuesta policial previsiblemente aplastante, los carabineros podr\u00edan repeler la agresi\u00f3n con la misma contundencia. Pero algunos empez\u00e1bamos a tener el convencimiento de que ning\u00fan agente se presentar\u00eda a repeler aquella revuelta&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El mi\u00e9rcoles, 13 de abril, en el mitin vespertino de la Asturiana, en el local del Sindicato del Textil de la calle Sep\u00falveda, Cabanillas recogi\u00f3 un chivatazo: Sorribes hab\u00eda seducido a unos secuaces italianos del Partido Nacional Fascista para que acudieran a \u201creprimir rojos\u201d durante la Huelga General. No ser\u00eda muy dif\u00edcil desenmascararlos, pues el propio chiv\u00f3n los hab\u00eda detectado esa ma\u00f1ana frente a la comisar\u00eda mientras ejerc\u00eda labores de contra informaci\u00f3n.\u00a0 Adem\u00e1s, al mediod\u00eda hab\u00eda aparecido en la Torrassa con siete tiros en la cabeza el cad\u00e1ver de Joaqu\u00edn Burgos. Obra de los italianos, quienes grabaron a cuchillo en el pecho del delator \u201cporco di merda\u201d. El comunista se hab\u00eda negado a colaborar en aquella ocasi\u00f3n. Pero, para cualquier sindicalista de la Barcelona libertaria dej\u00f3 de existir un farsante domesticado que, por rid\u00edculas sumas de dinero, hab\u00eda catapultado a la tortura, con la inaceptable pr\u00e1ctica de la delaci\u00f3n, a infinidad de compa\u00f1eros. Entonces supimos que hab\u00eda llegado la hora de ejecutar nuestra redenci\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los bajos de un edificio de la calle de las Madalenas, cercana a la sede de Orden P\u00fablico, Mariano Cabanillas almacenaba medio centenar de garrafas rebosantes de un explosivo gelatinoso de elaboraci\u00f3n propia. Las empez\u00f3 a fabricar el d\u00eda despu\u00e9s que una bala de Sorribes se incrustara en la cabeza de su compa\u00f1era, Inmaculada Ferrer, silenciando los abusos que sufr\u00eda por parte de uno de los hijos de la familia Casacuberta Motll\u00f3, para quien trabajaba de criada. Uno tras otro, nos sumergimos por el sumidero. Bajamos las garrafas con paciencia. Y luego los macutos, que conten\u00edan cables y percutores. Ordenadamente, colocamos todo lo que cupo en tres carretillas de madera que Marcelino Ara\u00f1\u00f3n hab\u00eda ordenado construir a unos carpinteros de la CNT. Nos adentr\u00e1bamos en un laberinto subterr\u00e1neo: al frente, una luz de pico con doble dep\u00f3sito de aceite, sostenida con pericia por el de Almud\u00e9var, que a la vez tiraba de una de las vagonetas. En medio yo, arrastrando las otras dos. Y detr\u00e1s, Mariano Cabanillas soltando de unas bobinas los cables que terminaban en un detonador de asa, que esperaba solitario el regreso de nuestra incursi\u00f3n. El camino guardaba todo tipo de inmundicias, predominando la mierda, sobre todo. Ratas como conejos y algunos anfibios no identificados nos lam\u00edan la existencia en el avance. Al llegar a los sifones subterr\u00e1neos de V\u00eda Layetana, las aguas sobrantes nos llegaban al cuello, momento en el que se determin\u00f3 el perfecto dise\u00f1o y flotabilidad de aquellos artilugios de ruedas chirriantes. Para no perdernos, no orient\u00e1bamos por las se\u00f1ales que Marcelino Ara\u00f1\u00f3n hab\u00eda pintado d\u00edas antes a partir de un croquis facilitado por <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-racionalismo-que-quiso-transformar-barcelona\/\">un urbanista del GATPAC<\/a>. Llegamos a un desag\u00fce:\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Este es.- dijo el de la candela.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Era el acceso al per\u00edmetro del edificio por sus cimientos: la comisaria se alcazaba independiente, encasillada entre cuatro calles. R\u00e1pidamente,<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Mariano Cabanillas empez\u00f3 a supervisar la colocaci\u00f3n de los explosivos. Rodeamos todo el edificio, tratando de sobrecargar h\u00e1bilmente los pilares maestros.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A las 7.59 horas del jueves, 14 de abril de 1934, 1.500 hombres uniformados, incluidos doce fascistas italianos, atend\u00edan en las cocheras del s\u00f3tano de la Comisar\u00eda de Orden P\u00fablico de la Avenida V\u00eda Layetana de Barcelona, las \u00f3rdenes de su jefe, Aurelio Sorribes, quien con firmeza ordenaba repeler cualquier subversi\u00f3n. Mientras, tres anarquistas y un detonador esperaban escondidos en unos bajos de la calle de las Madalenas esperando a que el reloj diera la hora en punto. Entre unos y otros, trescientos metros de cord\u00f3n tendido a lo largo y ancho de una cloaca h\u00fameda y maloliente. El bombazo despert\u00f3 Barcelona. Se propag\u00f3 por las calles adyacentes pasmando a propios y extra\u00f1os, que ante aquel estruendo, acudieron a\u00fan en camis\u00f3n y zapatillas. Aseados y con ropa limpia, salimos, invisibles, hacia la Barceloneta, donde nos esperaban los estibadores. Al doblar la esquina de la calle Pou, divisamos a lo lejos como la detonaci\u00f3n hab\u00eda hundido tres de las cinco plantas del edificio. Debajo, toneladas de escombros humeantes y medio millar de polic\u00edas enterrados por el gesto de un dinamitero libertador.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el puerto, pasamos toda la tarde escuchando la radio y recibiendo noticias de la rebeli\u00f3n en las f\u00e1bricas de los compa\u00f1eros. La huelga hab\u00eda sido un \u00e9xito. Ya de noche, en la caseta del Carmelo nos reunimos con otros camaradas que organizamos las protestas. El vino y el aguardiente corr\u00eda entre un ambiente de humo y sudor donde no dej\u00e1bamos de entonar canciones libertarias surgidas por y para el pueblo. En un momento de imp\u00e1s, Marcelino Ara\u00f1\u00f3n me cogi\u00f3 por los hombros\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; V\u00e1mos\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el jard\u00edn, al lado de los cipreses que el tanto admiraba, bajo nuestros pies se abr\u00eda la falda del Carmelo, divisando una Barcelona humeante, por donde a\u00fan se o\u00edan las sirenas de los coches de bomberos y se intu\u00eda un desconcierto generalizado. Ante ese panorama, que debo decir que en cierto modo nos liberaba el esp\u00edritu, s\u00f3lo pudo susurrar:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&#8211; Habr\u00e1 que largarse, pronto amanecer\u00e1\u2026<\/span><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de tres amigos anarquistas durante la Barcelona de la Segunda Rep\u00fablica. En la imagen, fachada con un letrero luminoso de la sala de fiestas La Criolla, en la calle del Cid. 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