{"id":57828,"date":"2024-01-02T19:06:43","date_gmt":"2024-01-02T18:06:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=57828"},"modified":"2024-01-02T19:06:43","modified_gmt":"2024-01-02T18:06:43","slug":"la-navidad-es-triste-para-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-navidad-es-triste-para-los-pobres\/","title":{"rendered":"La Navidad es triste para los pobres"},"content":{"rendered":"<p>La Navidad es una \u00e9poca triste. La frase acudi\u00f3 a la mente de Charlie un instante despu\u00e9s de que el despertador hubo sonado, y le trajo otra vez la depresi\u00f3n amorfa que lo hab\u00eda perseguido toda la tarde anterior. Al otro lado de la ventana, el cielo estaba negro. Se sent\u00f3 en la cama y tir\u00f3 de la cadenilla de la luz que colgaba delante de su nariz. El d\u00eda de Navidad es el d\u00eda m\u00e1s triste del a\u00f1o, pens\u00f3. De todos los millones de personas que viven en Nueva York, yo soy pr\u00e1cticamente el \u00fanico que tiene que levantarse en la fr\u00eda oscuridad de las seis de la ma\u00f1ana el d\u00eda de Navidad; pr\u00e1cticamente el \u00fanico.<\/p>\n<p>Se visti\u00f3, y al bajar la escalera desde el piso superior de la pensi\u00f3n donde viv\u00eda, solo oy\u00f3 unos ronquidos, para \u00e9l groseros; las \u00fanicas luces encendidas eran las que hab\u00edan olvidado apagar. Desayun\u00f3 en un puesto ambulante que no cerraba en toda la noche, y, en un tren elevado, march\u00f3 hacia la parte alta de la ciudad. Recorri\u00f3 la Tercera Avenida hasta desembocar en Sutton Place. El vecindario estaba a oscuras. Los edificios levantaban, a ambos lados de las luces callejeras, muros de ventanas negras. Millones y millones de personas dorm\u00edan, y aquella p\u00e9rdida general de conciencia generaba una impresi\u00f3n de abandono, como si la ciudad se hubiera desmoronado, como si aquel d\u00eda fuese el fin del tiempo. Charlie abri\u00f3 las puertas de hierro y cristal del edificio de apartamentos donde trabajaba como ascensorista desde hac\u00eda seis meses, cruz\u00f3 el elegante vest\u00edbulo y entr\u00f3 en el vestidor de la parte trasera. Se puso el chaleco de rayas con botones de lat\u00f3n, una corbata de nudo falso, unos pantalones con una franja azul cielo en la costura, y una chaqueta. El ascensorista de noche dormitaba en el banquillo dentro del ascensor. Charlie lo despert\u00f3. El hombre le dijo con voz espesa que el portero de d\u00eda se hab\u00eda puesto enfermo y que no vendr\u00eda. Enfermo el portero, Charlie no dispondr\u00eda de tiempo para almorzar, y much\u00edsima gente le pedir\u00eda que saliera a buscar un taxi. Charlie llevaba trabajando unos minutos cuando lo llamaron desde el piso catorce. Era una tal se\u00f1ora Hewing, que \u2013Charlie se hab\u00eda enterado por casualidad\u2013 ten\u00eda fama de inmoral. La se\u00f1ora Hewing todav\u00eda no se hab\u00eda acostado, y entr\u00f3 en el ascensor ataviada con un vestido largo bajo el abrigo de pieles. La acompa\u00f1aban dos perros de aspecto raro. \u00c9l la baj\u00f3 y mir\u00f3 c\u00f3mo sal\u00eda a la oscuridad de la calle y acercaba los perros al bordillo. No estuvo fuera m\u00e1s de unos minutos. Volvi\u00f3 a entrar y \u00e9l subi\u00f3 con ella otra vez a la planta catorce. Al salir del ascensor, ella dijo:<\/p>\n<p>\u2013Feliz Navidad, Charlie.<\/p>\n<p>\u2013Bueno, para m\u00ed hoy no es precisamente un d\u00eda festivo, se\u00f1ora Hewing \u2013repuso \u00e9l\u2013. Creo que las navidades son las fechas m\u00e1s tristes del a\u00f1o. Y no es porque la gente de esta casa no sea generosa, quiero decir, recibo muchas propinas, pero, \u00bfsabe usted?, vivo solo en un cuarto de alquiler y no tengo familia ni amistades, o sea, que la Navidad no es para m\u00ed una fiesta precisamente.<\/p>\n<p>\u2013Lo siento, Charlie \u2013dijo la se\u00f1ora Hewing\u2013. Yo tampoco tengo familia. Es bastante triste estar solo, \u00bfverdad?<br \/>\nLlam\u00f3 a sus perros y entr\u00f3 tras ellos en su apartamento. \u00c9l volvi\u00f3 a bajar en el ascensor.<\/p>\n<p>Todo estaba tranquilo, y Charlie encendi\u00f3 un cigarrillo. A aquella hora, la calefacci\u00f3n del s\u00f3tano acompasaba la respiraci\u00f3n del edificio con su vibraci\u00f3n regular y profunda, y los t\u00e9tricos ruidos de vapor caliente que desped\u00eda la caldera empezaron a resonar primero en el vest\u00edbulo y despu\u00e9s en cada uno de los diecis\u00e9is pisos. Aquel despertar puramente mec\u00e1nico no alivi\u00f3 la soledad ni el malhumor del ascensorista. La oscuridad al otro lado de las puertas de cristal se hab\u00eda vuelto azul, pero aquella luz azulada parec\u00eda carecer de origen; como surgida en medio del aire. Era una luz lacrimosa, y a medida que iba invadiendo la calle vac\u00eda, Charlie tuvo ganas de llorar. Entonces lleg\u00f3 un taxi y los Walser se apearon, borrachos y vestidos con trajes de noche, y \u00e9l los subi\u00f3 al \u00e1tico. Los Walser le hicieron reflexionar sobre la diferencia entre su propia vida en un cuarto de pensi\u00f3n y la vida de la gente que resid\u00eda all\u00ed arriba. Era terrible.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s empezaron a llamar los que madrugaban para ir a la iglesia, que aquella ma\u00f1ana no fueron sino tres personas. Algunos m\u00e1s salieron hacia la iglesia a las ocho en punto, pero la mayor\u00eda de los inquilinos siguieron durmiendo, aun cuando el olor a beicon y caf\u00e9 ya penetraba en la caja del ascensor.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de las nueve, una ni\u00f1era baj\u00f3 con un ni\u00f1o. Tanto ella como \u00e9l exhib\u00edan un bronceado intenso; Charlie sab\u00eda que acababan de volver de las Bermudas. \u00c9l nunca hab\u00eda estado en las Bermudas. \u00c9l, Charlie, era un prisionero confinado ocho horas al d\u00eda en una caja de dos metros por dos y medio, a su vez confinada en un hueco de diecis\u00e9is pisos. En un inmueble u otro, llevaba diez a\u00f1os gan\u00e1ndose la vida como ascensorista.<\/p>\n<p>Seg\u00fan sus c\u00e1lculos, el trayecto medio ven\u00eda a tener unos doscientos metros, y, cuando pensaba en los miles de kil\u00f3metros que hab\u00eda recorrido sin moverse del sitio, cuando se imaginaba a s\u00ed mismo conduciendo el ascensor a trav\u00e9s de la bruma por encima del mar Caribe y pos\u00e1ndose en una playa de coral de las Bermudas, no atribu\u00eda a la naturaleza misma del ascensor la estrechez de sus viajes: para \u00e9l, los pasajeros eran los culpables de su confinamiento, como si la presi\u00f3n que aquellas vidas ejerc\u00edan sobre la suya le hubiese cortado las alas.<\/p>\n<p>En todo esto pensaba cuando llamaron los DePaul, que viv\u00edan en el piso nueve. Le desearon tambi\u00e9n una feliz Navidad.<\/p>\n<p>\u2013Bueno, son ustedes muy amables por pensar en m\u00ed \u2013les dijo mientras bajaban\u2013, pero para m\u00ed no se trata de un d\u00eda festivo. La Navidad es una fecha triste cuando uno es pobre. Vivo solo en un cuarto de alquiler. No tengo familia.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCon qui\u00e9n va a comer hoy, Charlie? \u2013pregunt\u00f3 la se\u00f1ora DePaul.<\/p>\n<p>\u2013No voy a tener comida navide\u00f1a \u2013dijo Charlie\u2013. Nada m\u00e1s que un bocadillo.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Oh, Charlie! \u2013La se\u00f1ora DePaul era una mujer corpulenta, de coraz\u00f3n vehemente, y la queja de Charlie cay\u00f3 sobre su talante festivo como un s\u00fabito chubasco\u2013. Ojal\u00e1 pudi\u00e9ramos compartir con usted nuestra comida de Navidad \u2013dijo\u2013. Yo soy de Vermont, \u00bfsabe?, y cuando era ni\u00f1a, \u00bfme entiende?, sol\u00edamos invitar a mucha gente a nuestra mesa. El cartero, \u00bfsabe?, y el maestro, y cualquiera que no tuviese familia propia, \u00bfno?, y ojal\u00e1 pudi\u00e9ramos compartir nuestra comida con usted, digo, como entonces, y no veo por qu\u00e9 no podemos. No podremos sentarlo a nuestra mesa porque no puede usted dejar el ascensor, \u00bfno es cierto?, pero en cuanto mi marido trinche el pavo, le dar\u00e9 un timbrazo y preparar\u00e9 una bandeja para usted, ya ver\u00e1, y quiero que usted suba y comparta, aunque sea as\u00ed, nuestra comida de Navidad.<\/p>\n<p>Charlie les dio las gracias, sorprendido por tanta generosidad, pero se pregunt\u00f3 si no olvidar\u00edan su promesa al llegar los parientes y amigos del matrimonio.<\/p>\n<p>Luego llam\u00f3 la anciana se\u00f1ora Gadshill, y cuando ella le dese\u00f3 felices fiestas, \u00e9l baj\u00f3 la cabeza.<\/p>\n<p>\u2013Para m\u00ed no es precisamente fiesta \u2013repiti\u00f3\u2013. La Navidad es un d\u00eda triste para los pobres. No tengo familia, \u00bfsabe? Vivo solo en una habitaci\u00f3n de hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p>\u2013Yo tampoco tengo familia, Charlie \u2013dijo la se\u00f1ora Gadshill. Habl\u00f3 con deliberada amabilidad, pero su buen humor era forzado\u2013. Es decir, hoy no tendr\u00e9 conmigo a ninguno de mis chicos. Tengo tres hijos y siete nietos, pero nadie encuentra manera de venir al Este a pasar las navidades conmigo. Yo entiendo sus problemas, desde luego. Ya s\u00e9 que es dif\u00edcil viajar con ni\u00f1os en vacaciones, aunque yo siempre me las arreglaba cuando ten\u00eda su edad, pero la gente tiene distintas formas de ver las cosas, y no podemos juzgarla por lo que no entendemos. Pero s\u00e9 c\u00f3mo se siente, Charlie. Yo tampoco tengo familia. Estoy tan sola como usted.<\/p>\n<p>El discurso de la anciana no conmovi\u00f3 a Charlie. S\u00ed, quiz\u00e1 estuviese sola, pero ten\u00eda un apartamento de diez habitaciones y tres criadas, y mucha, much\u00edsima pasta, y diamantes por todas partes, y hab\u00eda cantidad de ni\u00f1os pobres en los suburbios que se dar\u00edan sobradamente por satisfechos si tuvieran ocasi\u00f3n de hacerse con la comida que su cocinera tiraba. Entonces pens\u00f3 en los ni\u00f1os pobres. Se sent\u00f3 en una silla del vest\u00edbulo y se puso a pensar en ellos.<\/p>\n<p>Ellos se llevaban la peor parte. A partir de oto\u00f1o comenzaba toda aquella agitaci\u00f3n a prop\u00f3sito de las navidades y de que eran fechas dedicadas a ellos. Despu\u00e9s del d\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias, no pod\u00edan escaparse; estaba establecido que no pod\u00edan escaparse. Guirnaldas y adornos por todas partes, campanas repicando, \u00e1rboles en el parque, Santa Claus en cada esquina y fotos en diarios y revistas, y en todas las paredes y las ventanas de la ciudad les anunciaban que los ni\u00f1os buenos tendr\u00edan cuanto quisieran. Aunque no supiesen leer, sabr\u00edan esto. Aunque fuesen ciegos. Estaba en la atm\u00f3sfera que los pobres cr\u00edos respiraban. Cada vez que sal\u00edan de paseo, ve\u00edan todos aquellos juguetes caros en los escaparates; escrib\u00edan cartas a Santa Claus, y sus padres y madres les promet\u00edan echarlas al correo, y cuando los ni\u00f1os se hab\u00edan ido a la cama, las quemaban en la estufa. Y al llegar la ma\u00f1ana de Navidad, \u00bfc\u00f3mo explicarles, \u00bfc\u00f3mo decirles que Santa Claus solo visitaba a los ni\u00f1os ricos, que nada sab\u00eda de los ni\u00f1os buenos? \u00bfC\u00f3mo mirarlos a la cara, cuando todo lo que uno pod\u00eda regalarles era un globo o una piruleta?<\/p>\n<p>Al volver a casa unas cuantas noches atr\u00e1s, Charlie hab\u00eda visto a una mujer y a una chiquilla que bajaban por la calle Cincuenta y nueve. La ni\u00f1a lloraba. Imagin\u00f3 que estaba llorando, supo que estaba llorando, porque hab\u00eda visto en los escaparates todos los juguetes de las tiendas y no alcanzaba a comprender por qu\u00e9 ninguno era para ella.Imagin\u00f3 que la madre era sirvienta, o quiz\u00e1 camarera, y las vio camino de vuelta a una habitaci\u00f3n como la suya, con paredes verdes y sin calefacci\u00f3n, para cenar una sopa de lata el d\u00eda de Nochebuena. Y vio luego c\u00f3mo la ni\u00f1a colgaba en alguna parte sus ra\u00eddos calcetines y se quedaba dormida, y vio a la madre buscando en su bolso algo que meter en los calcetines\u2026 El timbre del piso once interrumpi\u00f3 su enso\u00f1aci\u00f3n.<\/p>\n<p>Subi\u00f3; el se\u00f1or y la se\u00f1ora Fuller estaban esperando. Cuando le desearon feliz Navidad, \u00e9l dijo:<\/p>\n<p>\u2013Bueno, para m\u00ed no es precisamente fiesta, se\u00f1ora Fuller. La Navidad es un d\u00eda triste cuando uno es pobre.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfTiene usted hijos, Charlie? \u2013pregunt\u00f3 ella.<\/p>\n<p>\u2013Cuatro vivos \u2013dijo \u00e9l\u2013. Dos en la tumba. \u2013Se sinti\u00f3 abrumado por la majestad de su embuste\u2013. La se\u00f1ora Leary est\u00e1 inv\u00e1lida \u2013a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013Qu\u00e9 triste, Charlie \u2013lament\u00f3 la se\u00f1ora Fuller. Sali\u00f3 del ascensor cuando llegaron a la planta baja, y dio media vuelta\u2013. Voy a darle algunos regalos para sus hijos, Charlie. Mi marido y yo vamos a hacer una visita, pero cuando volvamos le daremos algo para sus ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00c9l le dio las gracias. Luego llamaron del cuarto piso, y subi\u00f3 a recoger a los Weston.<\/p>\n<p>\u2013No es que sea un d\u00eda festivo para m\u00ed \u2013les dijo cuando le desearon feliz Navidad\u2013. Es una fecha triste para los pobres. Ya ven, yo vivo solo en una pensi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013Pobre Charlie \u2013dijo la se\u00f1ora Weston\u2013. S\u00e9 exactamente c\u00f3mo se siente. Durante la guerra, cuando el se\u00f1or Weston estaba lejos, yo pas\u00e9 sola las navidades. No tuve comida navide\u00f1a, ni \u00e1rbol ni nada. Me prepar\u00e9 unos huevos revueltos, me sent\u00e9 y me ech\u00e9 a llorar.<\/p>\n<p>Su marido, que ya estaba en el vest\u00edbulo, la llam\u00f3 impacientemente.<\/p>\n<p>\u2013S\u00e9 exactamente c\u00f3mo se siente usted \u2013declar\u00f3 la se\u00f1ora Weston.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda, el olor de aves y caza hab\u00eda reemplazado al de beicon y caf\u00e9 en el recinto del ascensor, y la casa, como una gigantesca y compleja granja, estaba ensimismada en la preparaci\u00f3n de un fest\u00edn dom\u00e9stico. Todos los ni\u00f1os y las ni\u00f1eras hab\u00edan vuelto del parque. Abuelas y t\u00edas llegaban en enormes autom\u00f3viles. La mayor\u00eda de la gente que atraves\u00f3 el vest\u00edbulo llevaba paquetes envueltos en papel de colores y luc\u00eda sus mejores pieles y sus ropas nuevas. Charlie sigui\u00f3 quej\u00e1ndose ante casi todos los inquilinos cuando estos le deseaban felices fiestas, ya en su papel de solter\u00f3n solitario, ya representando a un pobre padre, seg\u00fan su talante, pero aquella efusi\u00f3n de melancol\u00eda y la compasi\u00f3n que suscitaba no lograron mejorarle el \u00e1nimo.<\/p>\n<p>A la una y media llamaron del piso nueve, y al subir encontr\u00f3 al se\u00f1or DePaul, que, de pie en la puerta de su piso, sosten\u00eda una coctelera y un vaso.<\/p>\n<p>\u2013Un peque\u00f1o brindis navide\u00f1o, Charlie \u2013dijo, y le sirvi\u00f3 una copa. Despu\u00e9s apareci\u00f3 una sirvienta con una bandeja de platos cubiertos, y la se\u00f1ora DePaul sali\u00f3 del cuarto de estar.<\/p>\n<p>\u2013Feliz Navidad, Charlie \u2013le dese\u00f3\u2013. Le dije a mi marido que trinchara pronto el pavo para que usted pudiera probarlo, \u00bfsabe? No puse el postre en la bandeja porque tuve miedo de que se derritiera, as\u00ed que cuando vayamos a tomarlo ya le avisaremos.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY qu\u00e9 es una Navidad sin regalos? \u2013dijo el se\u00f1or DePaul, y sac\u00f3 del recibidor una caja grande y plana que coloc\u00f3 encima de los platos cubiertos.<\/p>\n<p>\u2013Ustedes hacen que este d\u00eda me parezca un aut\u00e9ntico d\u00eda de Navidad \u2013dijo Charlie. Las l\u00e1grimas le asomaban a los ojos\u2013. Gracias, gracias.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Feliz Navidad! \u00a1Felices fiestas! \u2013exclamaron los otros, y vieron c\u00f3mo Charlie se llevaba su comida y su regalo al ascensor.<\/p>\n<p>Guard\u00f3 ambas cosas en el vestidor cuando lleg\u00f3 abajo. En la bandeja hab\u00eda un plato de sopa, un pescado con salsa y una raci\u00f3n de pavo. Son\u00f3 otro timbre, pero antes de contestar abri\u00f3 la caja que le hab\u00edan regalado y vio que conten\u00eda una bata. La generosidad de los DePaul y la bebida que hab\u00eda ingerido empezaban a hacerle efecto, y subi\u00f3 lleno de j\u00fabilo a la planta doce. La sirvienta de la se\u00f1ora Gadshill lo esperaba en la puerta con una bandeja, y a su espalda estaba la anciana.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Felices navidades, Charlie! \u2013le dijo.<\/p>\n<p>\u00c9l se lo agradeci\u00f3 y de nuevo le afluyeron las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Al bajar tom\u00f3 un sorbo del vaso de jerez que hab\u00eda en la bandeja. La aportaci\u00f3n de la se\u00f1ora Gadshill era un plato combinado. Comi\u00f3 con los dedos la chuleta de cordero. Sonaba el timbre otra vez; se limpi\u00f3 la cara con una servilleta de papel y subi\u00f3 a la planta once.<\/p>\n<p>\u2013Feliz Navidad, Charlie \u2013dijo la se\u00f1ora Fuller, que estaba en la puerta con los brazos llenos de paquetes envueltos en papel de regalo, como en un anuncio comercial.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Fuller, a su lado, rodeaba con el brazo a su mujer, y ambos parec\u00edan a punto de echarse a llorar.<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed tiene algunas cosas para llevar a sus hijos \u2013dijo el se\u00f1or Fuller\u2013. Y esto es para la se\u00f1ora Leary, y esto otro para usted. Y si quiere llevarlo todo al ascensor, dentro de un minuto le tendremos preparada su comida. Charlie llev\u00f3 todos los obsequios al ascensor y regres\u00f3 en busca de la bandeja.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Felices fiestas, Charlie! \u2013exclam\u00f3 el matrimonio cuando \u00e9l cerr\u00f3 la puerta.<\/p>\n<p>Guard\u00f3 la comida y los regalos en el vestidor y abri\u00f3 el paquete que iba a su nombre. Dentro hab\u00eda una cartera de piel de cocodrilo con las iniciales del se\u00f1or Fuller en la esquina. La bandeja conten\u00eda tambi\u00e9n pavo; comi\u00f3 con los dedos un pedazo de carne y lo estaba regando con bebida cuando son\u00f3 el timbre. Subi\u00f3 de nuevo. Esta vez eran los Weston.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Feliz Navidad, Charlie! \u2013le dijeron, y lo invitaron a un ponche de huevo, le ofrecieron pavo y le entregaron un regalo.<\/p>\n<p>El presente era tambi\u00e9n una bata.<\/p>\n<p>Luego llamaron del siete, y \u00e9l subi\u00f3 y le dieron m\u00e1s comida y m\u00e1s obsequios. Son\u00f3 el timbre del catorce, y cuando lleg\u00f3 arriba vio en el recibidor a la se\u00f1ora Hewing, vestida con una especie de salto de cama, llevando un par de botas de montar en una mano y varias corbatas en la otra. Hab\u00eda estado llorando y bebiendo.<\/p>\n<p>\u2013Felices fiestas, Charlie \u2013le dese\u00f3 tiernamente\u2013. Quer\u00eda regalarle algo, he pensado en ello toda la ma\u00f1ana, he revuelto todo el apartamento y estas son las \u00fanicas cosas \u00fatiles para un hombre que he podido encontrar. Es lo \u00fanico que dej\u00f3 el se\u00f1or Brewer. Me figuro que las botas no le sirven para nada, pero \u00bfpor qu\u00e9 no se queda con las corbatas?<\/p>\n<p>Charlie las acept\u00f3, le dio las gracias y volvi\u00f3 precipitadamente al ascensor, porque el timbre hab\u00eda sonado ya tres veces.<\/p>\n<p>Hacia las tres de la tarde, Charlie ten\u00eda catorce bandejas de comida esparcidas por la mesa y por el suelo del vestidor, y los timbres segu\u00edan sonando. Cuando empezaba a probar un plato, ten\u00eda que subir y recoger otro, y en mitad del buey asado de los Parsons tuvo que dejarlo para ir a buscar el postre del matrimonio DePaul. Dej\u00f3 cerrada la puerta del vestidor, porque intu\u00eda que un acto de caridad era exclusivo y que a cada uno de sus amigos le habr\u00eda disgustado descubrir que no eran ellos los \u00fanicos que trataban de aliviar su soledad. Hab\u00eda pavo, ganso, pollo, fais\u00e1n, pich\u00f3n y urogallo. Hab\u00eda trucha y salm\u00f3n, escalopas a la crema, langosta, ostras, cangrejo, salmonete y almejas. Hab\u00eda pud\u00edn de ciruela, bizcocho con frutas, crema batida, trozos de helado derretido, tartas de varias capas,\u00a0torten,\u00a0\u00e9clairs\u00a0y dos porciones de crema b\u00e1vara. Ten\u00eda batas, corbatas, gemelos, calcetines y pa\u00f1uelos, y uno de los inquilinos le hab\u00eda preguntado su talla y despu\u00e9s le hab\u00eda regalado tres camisas verdes. Hab\u00eda una tetera de cristal, llena \u2013seg\u00fan rezaba la etiqueta\u2013 de miel de jazm\u00edn, cuatro botellas de loci\u00f3n para despu\u00e9s del afeitado, varios sujetalibros de alabastro y una docena de cuchillos de carne. La avalancha de caridad que Charlie hab\u00eda precipitado llenaba el vestidor y a ratos lo hac\u00eda sentirse inseguro, como si hubiera abierto un manantial del coraz\u00f3n femenino que fuese a enterrarlo vivo bajo una monta\u00f1a de comida y batas. No hab\u00eda hecho notables progresos en la ingesti\u00f3n de los platos, porque todas las raciones eran anormalmente grandes, como si los donantes hubieran pensado que la soledad genera un apetito descomunal. Tampoco hab\u00eda abierto ninguno de los regalos para sus hijos imaginarios, pero se hab\u00eda bebido todo lo que le hab\u00edan dado, y en derredor yac\u00edan los posos de martinis, manhattans, old-fashioneds, c\u00f3cteles de champ\u00e1n con zumo de frambuesas, ponches, bronxes y sidecars.<\/p>\n<p>Le ard\u00eda la cara. Amaba al mundo y el mundo lo amaba a \u00e9l. Al recordar su vida, la ve\u00eda bajo una luz rica y maravillosa, rebosante de asombrosas experiencias y amigos excepcionales. Pens\u00f3 que su trabajo de ascensorista \u2013surcar de arriba abajo cientos de metros de peligroso espacio\u2013 requer\u00eda el nervio y el intelecto de un hombre-p\u00e1jaro. Todas las limitaciones de su vida, las paredes verdes de su habitaci\u00f3n, los meses de desempleo, se desvanecieron. Nadie puls\u00f3 el timbre, pero entr\u00f3 en el ascensor y lo dispar\u00f3 a toda velocidad hasta el \u00e1tico para descender de nuevo y volver a subir otra vez, a fin de poner a prueba su maravilloso dominio del espacio.<\/p>\n<p>Son\u00f3 el timbre del doce mientras \u00e9l viajaba, y se detuvo en el piso el tiempo necesario para recoger a la se\u00f1ora Gadshill. Cuando la caja inici\u00f3 el descenso, \u00e9l solt\u00f3 los mandos, en un paroxismo de j\u00fabilo, y grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Aj\u00fastese el cintur\u00f3n de seguridad, se\u00f1ora! \u00a1Vamos a hacer una acrobacia a\u00e9rea!<\/p>\n<p>La pasajera chill\u00f3. Despu\u00e9s, por alguna raz\u00f3n, se sent\u00f3 en el suelo del ascensor. \u00bfPor qu\u00e9 la mujer estaba tan p\u00e1lida?, se pregunt\u00f3 Charlie. \u00bfPor qu\u00e9 se hab\u00eda sentado en el suelo? Ella solt\u00f3 otro chillido. Charlie hizo que la caja se posase suavemente e incluso, a su juicio, h\u00e1bilmente, y abri\u00f3 la puerta.<\/p>\n<p>\u2013Siento haberla asustado, se\u00f1ora Gadshill \u2013dijo mansamente\u2013. Estaba bromeando.<\/p>\n<p>Ella grit\u00f3 de nuevo. A continuaci\u00f3n, sali\u00f3 al vest\u00edbulo llamando a gritos al superintendente.<\/p>\n<p>El superintendente del inmueble despidi\u00f3 en el acto a Charlie, y ocup\u00f3 el puesto de este en el ascensor. La noticia de que se hab\u00eda quedado sin empleo escoci\u00f3 a Charlie durante un minuto. Era su primer contacto del d\u00eda con la mezquindad humana. Se sent\u00f3 en el vestidor y empez\u00f3 a roer un mondadientes. El efecto de las bebidas empezaba a abandonarlo, y aun cuando no hab\u00eda cesado todav\u00eda, preve\u00eda una sobriedad fatal. El exceso de comida y regalos comenz\u00f3 a provocarle una sensaci\u00f3n de culpabilidad y desprecio por s\u00ed mismo. Lament\u00f3 amargamente haber mentido con respecto a sus imaginarios hijos. Era un solter\u00f3n con necesidades bastante elementales. Hab\u00eda abusado de la bondad de los inquilinos. Era despreciable.<\/p>\n<p>Entonces, mientras desfilaba por su pensamiento una secuencia de ideas ebrias, evoc\u00f3 la n\u00edtida silueta de su casera y de sus tres hijos flacuchos. Pudo imagin\u00e1rselos sentados en el s\u00f3tano. La alegr\u00eda de la Navidad no hab\u00eda existido para ellos. La escena le lleg\u00f3 al alma. Darse cuenta de que \u00e9l se hallaba en condiciones de dar, de hacer dichoso al pr\u00f3jimo sin el menor esfuerzo, le devolvi\u00f3 la sobriedad. Cogi\u00f3 un gran saco de arpillera que se usaba para la recogida de basuras y empez\u00f3 a llenarlo, primero con sus propios regalos y luego con los obsequios para los ni\u00f1os que no ten\u00eda. Procedi\u00f3 con la prisa de un hombre cuyo tren se acerca a la estaci\u00f3n, porque apenas era capaz de esperar el momento en que aquellas largas caras se iluminasen cuando \u00e9l cruzara la puerta. Se cambi\u00f3 de ropa y, espoleado por una desconocida y prodigiosa sensaci\u00f3n de poder\u00edo, se ech\u00f3 el saco al hombro como un Santa Claus cualquiera, sali\u00f3 por la puerta trasera y se dirigi\u00f3 en taxi a la zona baja del East Side.<\/p>\n<p>La patrona y sus hijos acababan de comerse el pavo que les hab\u00eda enviado el Club Dem\u00f3crata local, y estaban ah\u00edtos e inc\u00f3modos cuando Charlie empez\u00f3 a aporrear la puerta y a gritar: \u00ab\u00a1Feliz Navidad!\u00bb. Arrastr\u00f3 el saco tras \u00e9l y derram\u00f3 por el suelo los regalos de los ni\u00f1os. Hab\u00eda mu\u00f1ecas y juguetes musicales, cubos, costureros, un traje de indio y un telar, y tuvo la impresi\u00f3n de que, en efecto, como hab\u00eda esperado, su llegada disipaba la melancol\u00eda reinante. Una vez abierta la mitad de los regalos, dio un albornoz a la patrona y subi\u00f3 a su cuarto a examinar las cosas con que le hab\u00edan obsequiado.<\/p>\n<p>Ahora bien, los hijos de la casera hab\u00edan recibido tantos regalos antes de que llegase Charlie que estaban confusos con aquella avalancha; la patrona, guiada por una intuitiva comprensi\u00f3n de la naturaleza de la caridad, les permiti\u00f3 abrir varios paquetes mientras Charlie estaba en la habitaci\u00f3n, pero luego se interpuso entre los ni\u00f1os y los obsequios que quedaban sin abrir.<\/p>\n<p>\u2013Eh, chicos, ya ten\u00e9is bastante \u2013dijo\u2013. Ya hab\u00e9is recibido vuestros regalos. Mirad todas las cosas que os han dado. Fijaos, ni siquiera hab\u00e9is tenido tiempo de jugar con la mitad. Mary Anne, ni has mirado esa mu\u00f1eca que te dio el Cuerpo de Bomberos. Ser\u00eda una hermosa acci\u00f3n coger todo esto que sobra y llevarlo a esa pobre gente de Hudson Street: a los Deckker. No habr\u00e1n tenido regalos.<\/p>\n<p>Un aura beat\u00edfica ilumin\u00f3 la cara de la casera cuando advirti\u00f3 que pod\u00eda dar, pod\u00eda ser heraldo de alegr\u00eda, mano salvadora en un caso de mayor necesidad que el suyo, y, al igual que la se\u00f1ora DePaul y la se\u00f1ora Weston, al igual que el propio Charlie y la se\u00f1ora Deckker, que a su vez habr\u00eda de pensar posteriormente en los pobres Shannon, se dej\u00f3 invadir primero por el amor, luego por la caridad y finalmente por una sensaci\u00f3n de poder.<\/p>\n<p>\u2013Vamos, ni\u00f1os, ayudadme a recoger todo esto. Deprisa, vamos, deprisa \u2013dijo, porque ya hab\u00eda oscurecido y sab\u00eda que estamos obligados mutuamente a una benevolencia dispendiosa un solo y \u00fanico d\u00eda, y que ese d\u00eda concreto estaba casi a punto de acabar.<\/p>\n<p>Estaba cansada, pero no pod\u00eda quedarse tranquila, no pod\u00eda descansar.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de John Cheever incluido en \u00abCuentos\u00bb (Random House, 2018). Imagen: Una pintura de 1891 de una escena navide\u00f1a, &#8216;Noche de paz&#8217; de Viggo Johansen. 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