{"id":52072,"date":"2023-01-20T21:28:27","date_gmt":"2023-01-20T20:28:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=52072"},"modified":"2023-01-23T14:12:30","modified_gmt":"2023-01-23T13:12:30","slug":"los-jovenes-que-no-caminaran-detras-de-putin-volumen-uno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/los-jovenes-que-no-caminaran-detras-de-putin-volumen-uno\/","title":{"rendered":"Los j\u00f3venes que no caminar\u00e1n detr\u00e1s de Putin (volumen uno)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cNo camines delante de m\u00ed, puede que no te siga. No camines detr\u00e1s de m\u00ed, puede que no gu\u00ede. Camina junto a m\u00ed y s\u00e9 mi amigo.\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Albert Camus.<\/em><\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">I<\/h4>\n<p>Cuando Hitler lleg\u00f3 a casa acompa\u00f1ado de Freud hizo un rid\u00edculo tan grande que, susceptibilidades aparte, lo ocurrido es digno de contar. Para empezar, aquel d\u00eda, el objeto de sus vehementes demandas era ense\u00f1arle sus recientes obras sobre indios y vaqueros, mediocres cuadros al \u00f3leo, que sol\u00eda pintar s\u00f3lo si sent\u00eda entusiasmado, es decir, cuando se le encend\u00edan los ojos y se sab\u00eda pose\u00eddo por una grande inspiraci\u00f3n. No obstante, muy poco tiempo pasado el instante en el que ambos franqueaban la entrada, su sobrino Pablo \u2013que o\u00eda los gritos desde lejos&#8211; comprendi\u00f3 que probablemente aquella algarab\u00eda estaba motivada porque esas pinturas, eran las mismas que su flamante tirachinas un rato antes, acababa de atravesar. Por eso, en los momentos siguientes, el furor de la persecuci\u00f3n y del esc\u00e1ndalo, pod\u00eda sentirse en toda la casa, e incluso sub\u00eda por la escalera que conduc\u00eda hasta la planta de arriba. Sin embargo el cr\u00edo tuvo mucha suerte, y al parecer se libr\u00f3 de sufrir el peor acceso de ira, por supuesto en virtud de su celeridad a la hora de escapar. Entretanto Freud, amigo de la familia y a la saz\u00f3n psiquiatra de la Seguridad Social, contemplaba la escena, acarici\u00e1ndose sus luengas barbas, mientras se le antojaba digna de un fino sentido del humor. Todo para que al final Adolf se diera por vencido, pues ante la perspectiva de terminar exhausto, abandon\u00f3 la carrera, conocedor de que era un domicilio grande, y ofrec\u00eda innumerables habitaciones donde un ni\u00f1o pu\u00f1etero pod\u00eda desaparecer durante horas, m\u00e1xime al hacerlo como una centella, pues en tal caso, su hipot\u00e9tico perseguidor ni siquiera contaba con un m\u00ednimo rastro que seguir.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, pasado el barullo inicial, nadie cay\u00f3 en la cuenta de preguntarle al verdadero protagonista de la travesura, su sincera opini\u00f3n al respecto; lo que hubiera llevado al cr\u00edo a proclamar a voz en grito: \u201cNo cort\u00e9 m\u00e1s rabos porque aquellos voluminosos bodrios estaban por doquier, pero de todas formas, para cualquier matador profesional de lagartijas como yo, muy dif\u00edcil habr\u00eda sido no acertar de rebote a una docena de tantos como hab\u00eda\u201d<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar del monumental enfado y de las amargas quejas de Hitler, la mente de Pablo, infantil, pero con una \u00f3ptica aguda, dedujo que el adulto tambi\u00e9n desvariaba, es decir, que su irritaci\u00f3n estaba magnificada\u2014tal vez qui\u00e9n sabe\u2014por el sentimentalismo, o sea porque aquella galer\u00eda de pinturas representaba de forma inconsciente un cementerio, en los errados blancos estaban enterrados los m\u00e1s bellos sue\u00f1os de su juventud, y es que, no en vano, continuaban all\u00ed desde que lentamente, poco a poco, con la triste imposici\u00f3n de las demandas de la vida en comunidad, estudiar primero, y trabajar despu\u00e9s, hab\u00edan emigrado de su alma quedando abandonados a su suerte, en las llanuras ocres de aquellas vastas pinturas. En efecto, el chico al perder la calma, y as\u00ed la presencia de \u00e1nimo imprescindible, hab\u00eda sucumbido al p\u00e1nico, toda vez que la mala fortuna de aquella instintiva demostraci\u00f3n de poder, hab\u00eda activado sin querer un ancestral arcano que sacaba la peor faceta a nivel individual de aquel hombre, a menudo tan civilizado. En cierto modo, era como si hubiese abierto la caja de Pandora, de hecho, en el peripat\u00e9tico tono de sus quejas, hab\u00eda algo que se asemejaba a un dolor guardado durante largo tiempo, algo que hab\u00eda sido acumulado para permitirse ahora prorrumpir primero en el insulto, y seguidamente en la amenaza, no en balde, anunciaba su firme prop\u00f3sito de sofocar a toda costa, aquella magn\u00edfica burla, y para ello promet\u00eda llegar, si fuera preciso, a la m\u00e1s cruda violencia. Sin embargo, ni siquiera as\u00ed, la inocente mano de un ni\u00f1o librar\u00eda al mundo civilizado del dudoso honor de contemplar el horrible resultado de su incomprensible afici\u00f3n a la pintura. Pues sus pueriles obras, perdida en la noche de los tiempos, la raz\u00f3n de sus cicatrices y heridas, continuar\u00edan por los siglos de los siglos all\u00ed expuestas, tal vez hasta que una mente privilegiada consiguiera que todos, sin excepci\u00f3n, siguieran sus designios, y convocados al objeto de librarse de ese sentimiento, y de aquello que en ellas se representaba, organizara una conflagraci\u00f3n global que destruir\u00eda la ciudad, el pa\u00eds y el continente, continuando m\u00e1s tarde con el mundo entero, siempre bajo la honorable y fan\u00e1tica consigna de eliminar tambi\u00e9n sus propias ponzo\u00f1as, contagiando ese anhelo de tirar de la cisterna del mundo, a todos los ac\u00e9rrimos emprendedores de una importante y renovadora Tercera Guerra Mundial. No obstante, antes de que acaeciera todo ese inevitable destino, al que fatalmente la humanidad estar\u00eda entera sin duda abocada, si alguien con una mirada limpia y curiosa, mantuviera su atenci\u00f3n un instante de soslayo, evidentemente, el risible escenario de aquella travesura, le mostrar\u00eda a Hitler, como un idiota, todav\u00eda sumido en un notorio estado de consternaci\u00f3n a causa del ultraje, mientras Freud, por otra parte, aparecer\u00eda entusiasmado, extrayendo una curiosa teor\u00eda psicoanal\u00edtica sobre aquella temeraria incursi\u00f3n en la pintura. Tanto es as\u00ed, que su incansable esp\u00edritu anal\u00edtico, ya conjeturaba por ejemplo, una nueva y descabellada hip\u00f3tesis: la de si debido a que en su rutina diaria no viajaba a ninguna parte, Hitler en sus obras era un viajero incansable. Pues en el embrujo pasajero de las ex\u00f3ticas visiones de aquellos paisajes \u00e1ridos y de infinitas geometr\u00edas, tambi\u00e9n estaban impl\u00edcitas las principales obsesiones de su vida corriente. Es m\u00e1s, habida cuenta de que all\u00ed necesitaba de todas sus te\u00f3ricas seguridades &#8211;las actuales e irrenunciables comodidades de la sociedad del bienestar&#8211; s\u00f3lo se le ocurr\u00eda una explicaci\u00f3n para su obra, es decir, para esa ingente cantidad de cuadros, que llevaba pintando infatigablemente desde su m\u00e1s tierna juventud: en alg\u00fan remoto rinc\u00f3n de su conciencia, exist\u00eda un deseo inconsciente, tal vez una intensa b\u00fasqueda insatisfecha, es decir, una violenta y soterrada excitaci\u00f3n, que como un mecanismo imparable, impulsaba a aquel hombre a escrutar el horizonte y al final, le produc\u00eda el vivo deseo de convertirse en un legendario pistolero errante. Por otra parte, no buscaba una traves\u00eda f\u00e1cil, ya que aqu\u00e9l, se trataba de un viaje incierto y tortuoso, por una tierra lejana, abyecta, y a menudo hostil. S\u00f3lo que desde su punto de vista, merec\u00eda la pena, pues \u00e9l se encontraba en la id\u00edlica avanzadilla de la bondad y el hero\u00edsmo; donde todo el progreso de la humanidad estaba de su parte. En efecto, en su mundo on\u00edrico, s\u00f3lo exist\u00edan los buenos y los malos. No en balde, resultaba harto llamativo que en la mayor\u00eda de las escenas s\u00f3lo aparecieran arquetipos fuertemente armados, y por el contrario los indios s\u00f3lo estuvieran representados como una amenaza, o sea como un vago peligro inminente. De hecho, Freud, el eminente psiquiatra, hab\u00eda llegado a comprender en toda su profundidad la verdadera naturaleza de ese singular rasgo de su particular universo pict\u00f3rico, desvelando as\u00ed, una relaci\u00f3n intrincada y por supuesto nada casual. Y es que, como era de sobra conocido para sus familiares, amigos, y compa\u00f1eros de trabajo, el enojado Hitler, siempre sent\u00eda una inmensa debilidad a favor de la civilizaci\u00f3n occidental. Tanto es as\u00ed que cre\u00eda sin ambages en su preeminencia y por ende, en su leg\u00edtima superioridad. Raz\u00f3n fundamental por la que quiz\u00e1, en el mundo de la ficci\u00f3n, se inclinara tan ostensiblemente por la conquista del Oeste, y sobre todo, hacia ese imaginario cinematogr\u00e1fico de jinetes \u201csolos\u201d vencedores m\u00edticos entre los polvorientos p\u00e1ramos y promontorios del nuevo mundo, a lomos de los peligros primitivos de la naturaleza y lo salvaje.<\/p>\n<p>Por el contrario, puestos a confesarse pol\u00edticamente en el mapa mental del imaginario colectivo, Pablo \u2013tirachinas en mano&#8211; mientras cambiaba de habitaci\u00f3n, siempre con el mayor sigilo, porque andaba sumido en la intempestiva tarea de renovar su escondite, se identificaba mucho m\u00e1s con la naturaleza universal, y por lo tanto despreciaba por igual a todos los que no se resist\u00edan al humillante trato de los supuestos adultos. Pues, cada vez que jugaba al aire libre, desde el primer momento, justo cuando sumerg\u00eda su cabeza desnuda bajo la exuberante visi\u00f3n que le ofrec\u00edan aquellos hermos\u00edsimos pagos, ya se sent\u00eda en casa &#8211;como en un cuadro de Macondo&#8211; inmerso en el natural paisaje primigenio, que en alg\u00fan momento hab\u00eda olvidado responder a la voz de los hombres, que le preguntaba de forma insistente, por todos y cada uno de sus nombres. Pero hab\u00eda llegado la hora de crecer, y por decirlo as\u00ed, aquel ni\u00f1o lo hac\u00eda dejando detr\u00e1s una hermosa reputaci\u00f3n de travesuras y comedias, no en vano, hab\u00eda llegado a considerarse una especie de personaje impostado, una suerte de h\u00e9roe, de soldado, o de guerrero m\u00edtico. De hecho, a menudo, cuando le ven\u00eda en gana, y s\u00f3lo para divertirse, le gustaba hacer rabiar a los mayores, golpeando con su boca abierta, y con los dedos de una mano enhiesta, para ejecutar el ensordecedor grito de guerra de todos los ni\u00f1os. Y es que, desde siempre, sent\u00eda una latente inclinaci\u00f3n por el pillaje, el incendio, o asalto sorpresa a las aburridas propiedades adultas. Hasta tal punto, que no era extra\u00f1o que el mundo artificial creado por los mayores le pareciera exento de vivacidad y de alegr\u00eda, es decir, muy raro e insensible. No obstante, Pablo, si echaba la vista atr\u00e1s, la primera apoteosis del sentimiento de estafa que le produc\u00eda la sociedad, lleg\u00f3 con el dolor indecible que le produjo de peque\u00f1o, la picadura de una avispa. Y por supuesto, tal presunta negligencia, qued\u00f3 vengada inmediatamente en la espinilla de su abuela. Por tanto, a pesar de su esmerada educaci\u00f3n civil y religiosa, podr\u00edamos decir, que el car\u00e1cter de aquel ni\u00f1o, no apuntaba a llevarlo en el futuro, al molde de un ciudadano ejemplar, o la horma de un canonizado beato. De hecho, no le gustaba la domesticaci\u00f3n a la que a veces se ve\u00eda sometido, ni ese largo extra\u00f1amiento de la madre naturaleza. Por poner otro ejemplo bastante simple: cuando volv\u00eda del colegio, siempre lanzaba con un virulento gesto de rechazo, los libros dentro del umbral de la casa, y as\u00ed, sin m\u00e1s, se marchaba a jugar a la calle evitando comunicar a sus familiares que hab\u00eda vuelto sano y salvo de aquella vasta contrariedad, que por cierto, diariamente le secuestraba, y le robaba tanto de sus mejores momentos y energ\u00edas. Entonces, ellos, a su infantil modo de ver, s\u00f3lo pod\u00edan aspirar al papel secundario de colonos o simples moradores del lugar, mientras resignados escuchaban el ruido, y temerosos la recog\u00edan sin decir nada, pues deduc\u00edan que el ni\u00f1o como siempre, se hab\u00eda escapado para jugar con sus m\u00e1s cercanos amigos y vecinos. Naturalmente, aquella acci\u00f3n, para cualquier observador profano en la materia, &#8211;el amigo Freud por ejemplo\u2014resultar\u00eda bastante asombrosa por la manera tan displicente con la que el ni\u00f1o anunciaba su moment\u00e1nea libertad, y el modo tan elocuente en el que expresaba haber cumplido con su filial parte en el contrato social.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 ha hecho eso? \u00bfAcaso no le inspiran delicadeza la belleza de mis formidables cuadros? Dijo de repente Hitler. Al menos pod\u00eda concederle que lo que pretend\u00edan plasmar se antojaba bello. Sin embargo, ni que decir tiene, que el desprecio del travieso chico, se produc\u00eda porque pose\u00eda una sensibilidad fuera de lo com\u00fan, hasta el punto, que al posarse en ellos, su mirada profunda, como la de un avezado marino que blandiera sobre tormentosos cielos su enorme catalejo, parec\u00eda atisbar un lugar, un puerto firme al que arribar entre la desatada tempestad de la conciencia colectiva, es decir, que mir\u00e1ndolos con detenimiento, sab\u00eda adivinar lo alejada y perdida que estaba de all\u00ed, la mano de su pobre autor, el t\u00edo Hitler. Porque al margen de su inicial indiferencia sobre ellos, es decir, tras la llamativa furia desplegada por su pariente, s\u00f3lo en el \u00faltimo cuarto de hora, como venganza, se hab\u00eda tomado la molestia de someterlos a su infantil escrutinio. Pues aunque todas sus ilusiones apuntaban hacia otra parte, puesto que le interesaba con mucha mayor fuerza y m\u00e1s clara nitidez, LA VIDA, la sensibilidad de aquel \u201cni\u00f1o terrible\u201d estaba especialmente dotada para el arte. Asimismo, si hab\u00eda que evitar las chanzas y ponerse serios, tambi\u00e9n pod\u00eda hablar con propiedad, es decir, pod\u00eda distinguir sin el menor esfuerzo, una amplia gama de matices en cuento a los artistas y a sus obras. Adem\u00e1s, en \u00faltima instancia, al calor de los gritos de aquella escena, se hab\u00eda ido forjando un criterio categ\u00f3rico al respecto. Y con aquella profunda y repentina irritaci\u00f3n, su consciencia infantil hab\u00eda aumentado fren\u00e9ticamente la actividad de sus incontables redes neuronales, y todo eso le tra\u00eda al pensamiento numerosas cr\u00edticas, y objeciones muy procedentes, formuladas a prop\u00f3sito. Freud, mientras tanto callaba, pero en su fuero interno estaba de parte del ni\u00f1o. Pues siendo pragm\u00e1ticos m\u00e1s bien le hab\u00eda ofrecido la excusa perfecta para quitar de en medio aquellos deleznables \u201cCentauros del desierto.\u201d De hecho, sus protagonistas nunca iban a recuperar a la muchacha y a su belleza perdida. Era mejor aceptarlo, y ya que se trataba de un hecho ineluctable, pasar p\u00e1gina y continuar adelante. Sin embargo, para su t\u00edo Hitler, que hab\u00eda vivido y viv\u00eda siempre a horcajadas sobre su delirio de grandeza, hacer eso no era tan f\u00e1cil, y a veces vacilaba\u2026 No obstante, como en todo, en el arte, tambi\u00e9n hab\u00eda gente que ten\u00eda suerte, y otra que no. De hecho, a veces, sin resignarse del todo, de nuevo intentaba contarse entre los afortunados. Pero sencillamente, desquitando la adulaci\u00f3n y la vanidad, al final deb\u00eda ser f\u00e1cil discernir lo que suced\u00eda: algunas personas ten\u00edan talento y otras nunca lo tuvieron. Adem\u00e1s no quedaba nada de lo que avergonzarse, pues entre tantas adversidades, y tras un apresurado y demasiado espec\u00edfico periodo de formaci\u00f3n, su querido amigo, no hab\u00eda tenido tiempo alguno para ilustrarse y cultivar su sensibilidad, o sus potenciales facultades art\u00edsticas. Porque no hay que olvidar que el mundo del arte, am\u00e9n de la inspiraci\u00f3n, habitualmente tambi\u00e9n se necesitaba una dedicaci\u00f3n exclusiva. Adem\u00e1s de ser necesario desarrollar la sensibilidad en un proceso ininterrumpido, que no en vano, sol\u00eda provenir desde la m\u00e1s tierna infancia. Entonces, a la vista de todas estas cuestiones previas, su t\u00edo, desprovisto de cualquier halo divino, lo ten\u00eda muy complicado. Pues, aunque tuviese un talento del que carec\u00eda, no deb\u00eda conformarse con unas horas a la semana, porque el curso de pintura por fasc\u00edculos de SALVAT, no era suficiente. Pues partiendo de sus famosos e infantiles monigotes, s\u00f3lo tras unas desafortunadas tentativas de aficionado, y ya estaba tan orgulloso de sus cuadros que se le antojaban peque\u00f1as obras maestras. \u00bfC\u00f3mo iba a mejorar o evolucionar as\u00ed? Sin embargo le gustaba su gratuidad. Porque Hitler, con el paso del tiempo, hab\u00eda terminado convirti\u00e9ndose en un grande y verdadero ego\u00edsta, y por supuesto aquellos abigarrados cuadros eran suyos, solamente suyos. Por otra parte, Freud, en cierto modo estaba de verdad en un aprieto, sobre todo si alg\u00fan momento era preguntado por su opini\u00f3n al respecto. Porque, a buen seguro adivinaba que decirle en la cara que sus cuadros eran malos, equival\u00eda a descubrir que las obras del museo del Prado fueran falsas. No obstante, una cosa era cierta, con su pat\u00e9tico comportamiento de aquella tarde, el severo adulto, hab\u00eda desvelado la verdadera naturaleza de su juego. En efecto, Pablo a ra\u00edz de tales acontecimientos, hab\u00eda descubierto algo que el enorme cari\u00f1o que le procesaba, le hab\u00eda impedido ver hasta entonces: bajo un criterio riguroso Hitler carec\u00eda de talento, y aunque pose\u00eda cierta soltura al dibujar jinetes, y pon\u00eda sobre ellos una intensa pasi\u00f3n, en general era una persona vulgar y corriente, y lo que sal\u00eda de sus trazos bastante mediocre. Adem\u00e1s, en ese sentido, no era del todo consciente de lo que pasaba a su alrededor, pues hab\u00eda llegado tan lejos en sus tama\u00f1as tonter\u00edas que ya nadie se atrev\u00eda a decirle la verdad. Tanto era as\u00ed, que el ni\u00f1o, a veces, en unos sue\u00f1os muy v\u00edvidos, hab\u00eda presenciado a Pablo Picasso revolvi\u00e9ndose en su tumba, tras ciertos comentarios jactanciosos de su t\u00edo, am\u00e9n de numerosos murmullos al respecto escuchados en incontables ocasiones, sobre la mayor\u00eda de caf\u00e9s parisinos frecuentados por lo m\u00e1s granado de los pintores de todas las \u00e9pocas. Y efectivamente, no quedaba ah\u00ed la cosa, pues a prop\u00f3sito de esas pinturas adolescentes, a sus espaldas, todos cuantos hab\u00edan tenido ocasi\u00f3n de contemplarlas cuchicheaban y se re\u00edan. Por eso familiares, amigos y vecinos, a pesar de que eran muy condescendientes cuando \u00e9l estaba presente, por la espalda hac\u00edan innumerables bromas que silenciaban entre ruidosas sonrisas sard\u00f3nicas. Porque para expresarlo sin rodeos, el mayor acierto de su vida hab\u00eda sido no dedicarse profesionalmente a la pintura, pues era evidente que aquellas veleidades pertenec\u00edan al peor de todos los pintores sobre la faz de la tierra, es decir, eran s\u00f3lo esbozos malogrados, y adem\u00e1s ni siquiera originales, sino meros subproductos propios de un adolescente deslumbrado con los actores y las pel\u00edculas de Hollywood. De hecho, s\u00f3lo una pel\u00edcula \u2013la diligencia de John Ford\u2014parec\u00eda ser el origen de toda aquella ingente obra anodina. No obstante, el film al menos era bastante m\u00e1s inteligente y entretenido que la cansina y horrible saga compuesta por todos sus querid\u00edsimos cuadros.<\/p>\n<p>Por otro lado, Freud desde aquella terrible y col\u00e9rica reacci\u00f3n, hab\u00eda comenzado a comprender algunos rasgos de la personalidad de su amigo, que le parecer\u00edan aterradores como los sue\u00f1os opacos de los espantap\u00e1jaros. Porque el psiquiatra, inspirado, ve\u00eda ahora a Hitler como alguien polifac\u00e9tico, o sea, llegaba a atisbar cierta cara insensible, e incluso un lado psicopatol\u00f3gico subyacente, en un eventual futuro comportamiento de su taciturno colega. Pero ahora, tambi\u00e9n miraba de forma diferente los cuadros, es decir, buscaba el motivo por el que desde siempre, sus sue\u00f1os fueron prol\u00edficos pero borrosos, no muy claros y di\u00e1fanos, carentes de relieve y perspectiva. O estaba loco, o tal vez necesitaba gafas, pues al mirarlos no hab\u00eda que demorarse demasiado en su plasticidad ni perderse en sus dimensiones, sino m\u00e1s bien contemplarlos en lontananza, como grandes esbozos sin perfilar. Eran trazos rudimentarios y pueriles, que proteg\u00edan diligencias, y asemejaban fantasmas ominosos que implorasen con sus ademanes un mundo real en el que habitar. Y detr\u00e1s de sus quehaceres, acaso de una manera muy vaga e indeterminada, suger\u00edan una encrucijada de malas intenciones en las que se entremezclaban sombras chinescas y vagos rostros de jinetes en la oscuridad. Tal vez resultara aconsejable realizar cierto seguimiento de la evoluci\u00f3n de su futura conducta. No obstante, hab\u00eda una raz\u00f3n para la esperanza. Hitler, aunque fuera como aficionado, hab\u00eda continuado pintando, y quiz\u00e1 por eso, el arte como un milagro, esta vez le habr\u00eda salvado. Por lo tanto, con los conocimientos que \u00e9l pose\u00eda en aquellos momentos, lo que inclu\u00eda una vasta cantidad de las circunstancias y sentimientos de su enfurecido compa\u00f1ero, si por una peregrina raz\u00f3n, Hitler, nunca participase en un nuevo holocausto o escarmiento colectivo, que le granjease fama nacional o internacional, le gustar\u00eda le permitieran si fuese posible antes, hacerse eco en los peri\u00f3dicos locales, del motivo de ese nada modesto avance personal en su nuevo proyecto de vida. Tarea que pretend\u00eda hacer con un art\u00edculo sat\u00edrico, sobre aquella peculiar obra pict\u00f3rica. Porque despu\u00e9s de todo, ahora pose\u00eda una tesis de una l\u00f3gica irrefutable: desde aquellas malignas colinas del far west, el eminente psiquiatra podr\u00eda conjeturar lo que acaeci\u00f3 con anterioridad, es decir, que al pintarlos, pese a todo, aquellos sue\u00f1os se tornaron en insoportables pesadillas, y tras depositar parte de su alma en aquel camposanto de los sue\u00f1os y las ilusiones, a la vez, el mismo esp\u00edritu demon\u00edaco que un d\u00eda posey\u00f3 a Hitler, acab\u00f3 encerrado en un lugar oculto y muy profundo, dentro de su cabeza. Sin embargo, eso no fue todo, pues all\u00ed, esa exaltada faceta de su personalidad, se hab\u00eda enfrentado \u2013en una dolorosa cura de humildad\u2014a la vida moderna, haci\u00e9ndose mucho m\u00e1s realista y m\u00e1s consciente de sus defectos y limitaciones. De hecho, m\u00e1s tarde, quiz\u00e1 ese genuino amor por las pistolas y la aventura que desde siempre le hab\u00eda arrebatado, se sublim\u00f3 a trav\u00e9s de su ocupaci\u00f3n profesional, pues algo atr\u00e1s, el joven poseso, en un momento de lucidez y prudencia, y a la vista del paro end\u00e9mico que padec\u00eda la regi\u00f3n, decidi\u00f3 labrarse un futuro profesional como cabo de la excelent\u00edsima Benem\u00e9rita. No obstante, desde que Pablo y Freud comenzaron a intercambiar ideas, llegaron a la conclusi\u00f3n que al margen de su afici\u00f3n a la pintura, a d\u00eda de hoy, tambi\u00e9n hab\u00eda que reconocerle algunos m\u00e9ritos al nuevo Hitler. Y acaso, era necesario antes, imaginar sus or\u00edgenes, es decir, un pr\u00f3logo sobre el cl\u00e1sico chico de pueblo perdido en la gran ciudad. El sue\u00f1o americano realizado a la manera pueblerina. Tanto es as\u00ed, que a tenor de lo que le hab\u00eda escuchado referir hasta la saciedad en innumerables ocasiones, al mudarse a la capital, se vio obligado a sobrevivir en una ciudad dura, sumido en una enorme carest\u00eda, que abarcaba las necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas. Dicho de otro modo comenz\u00f3 siendo un vagabundo. Eso era lo que en el esquema mental que dictaba el sentido com\u00fan de su generaci\u00f3n, se llamaba hacerse un hombre o madurar. Aquello, sin duda, debi\u00f3 de provocarle un gran sentimiento de inferioridad, frente a los muchachos jud\u00edos que paseaban sonrientes y orgullosos con sus ropas caras, del brazo de hermosas mujeres en el lado brillante de Madrid. Pero all\u00ed, estudiando, enterrado entre las mantas, ya que ni tan siquiera contaba con el dinero suficiente para pagar un abrigo o la calefacci\u00f3n, s\u00f3lo con su esfuerzo y su inteligencia, consigui\u00f3 aprobar a la primera, una dura oposici\u00f3n y hacerse cabo de la Guardia Civil. De tal manera que su primigenio complejo de inferioridad, en poco tiempo desemboc\u00f3 en un estupendo complejo de superioridad. Por lo dem\u00e1s, partiendo de esa hip\u00f3tesis inicial, se entend\u00eda que su opci\u00f3n vital al principio, durante un breve periodo, debi\u00f3 proporcionarle alg\u00fan que otro momento de esplendor. Y no hay que olvidar que seguramente durante su destino en Barcelona tuvo que afrontar ciertas situaciones de riesgo. Razonaba Pablo de forma inconsciente. Eran tiempos terribles en los que los horrores del terrorismo estaban en boga. Pero m\u00e1s tarde, pese a instalarse en un periodo de relativa prosperidad, su venerada civilizaci\u00f3n occidental, debi\u00f3 de resultarle exenta de calidez e incluso bastante amarga. Pues con ella, tambi\u00e9n apareci\u00f3 el miedo a la libertad, y una cierta inclinaci\u00f3n a volverse taciturno. Asimismo, esos amargos sentimientos llegaban hasta tal punto que combinados con una sobrevenida fatiga vital consiguieron que al final, el otrora mejor tirador de su promoci\u00f3n s\u00f3lo se inclinara por una vida c\u00f3moda sustentada con el beneficio de las numerosas ventajas del funcionariado. Porque la mirada inquisitiva del chico, se clav\u00f3 justamente en sus ojos cuando su vida \u2013se hab\u00eda emparejado con una bella sobrina que al poco se revel\u00f3 esquizofr\u00e9nica\u2014hab\u00eda entrado en decadencia. Adem\u00e1s, a la larga, la deriva a la que lo arrastraba aquella rutina perversa ten\u00eda tambi\u00e9n sus fatales consecuencias, pues en el d\u00eda a d\u00eda, Hitler no proteg\u00eda ninguna diligencia de la compa\u00f1\u00eda Wells and Fargo, ni tampoco le hab\u00edan encomendado nunca capturar a John Wesley Harding. Es m\u00e1s, por lo que \u00e9l sab\u00eda, apostaba a que no hab\u00eda ninguna aventura. Muy al contrario, en un indecente desperdicio de gallard\u00eda y arrojo, aquel hombre valiente se pasaba el tiempo bastante apocado, con cara de aburrido en un cuartel de un min\u00fasculo pueblo llamado Coria del r\u00edo, sobre un anodino despacho rodeado de papeles, y donde a veces daba la impresi\u00f3n de que apostataba de su profesi\u00f3n. No obstante, Hitler, aquel adulto inimitable, no pod\u00eda soportar que su amigo y su sobrino, hubieran hecho tan buenas migas, y en aquellos precisos momentos protestaba con vehemencia, subido en lo alto de una silla. En efecto, cansado de llamar la atenci\u00f3n de ambos interlocutores, recurriendo sin \u00e9xito, inclusive a su c\u00e9lebre poder de seducci\u00f3n, les brindaba numerosos halagos entretejidos con melifluas palabras. Hasta que al final, frustrado, hab\u00eda comenzado a soltar una arenga en contra de los psiquiatras y sus raras teor\u00edas, comport\u00e1ndose como un rid\u00edculo payaso, mostr\u00e1ndose cariacontecido, enojado, al tiempo que maldec\u00eda ejecutando ciertas tentativas de dar a alguien una bofetada, avisos que realizaba una y otra vez, lanzando en todas direcciones, golpes contra el aire.<\/p>\n<p>&#8211; Oye, Pablo, te das cuenta de cosas que otros chicos de tu edad ignoran por completo. \u00bfTe has planteado lo que te gustar\u00eda ser de mayor? \u00bfNo te gustar\u00eda hacerte psiquiatra? Le pregunt\u00f3 Freud.<\/p>\n<p>&#8211; No. Creo que en todo caso, me gustar\u00eda ser escritor. De hecho ahora mismo me estoy leyendo \u201cEl guardi\u00e1n entre el centeno\u201d de Salinger. Respondi\u00f3 Pablo.<\/p>\n<p>Entretanto, Hitler continuaba quej\u00e1ndose con amargura. Un grupo de vecinos comenz\u00f3 a salir de sus casas, y a congregarse para ver a qu\u00e9 obedec\u00eda aquel ruidoso esc\u00e1ndalo. Por supuesto &#8211;ellos que eran mucho m\u00e1s toscos y vulgares&#8211; desde el principio quedaron seducidos por la burda maestr\u00eda que desplegaba Hitler como agitador y como apaciguador de sus propias agitaciones. Pues, aquel hombre, les hab\u00eda ganado con su pura maldad, que como en un espejo, reflejaba lo que habitaba en el lugar m\u00e1s oscuro de sus corazones. El l\u00edder ya ten\u00eda sus primeros seguidores. Pero, naturalmente, eso no iba a impedir en modo alguno que los otros, Pablo y Freud, compartiesen \u00e1vidamente sus conclusiones, pues al fin y al cabo, conoc\u00edan demasiado bien a aquella personalidad y sus intransigentes posiciones aderezadas con sus numerosos cambios de humor. De hecho, muchas de sus rarezas se explicaban porque Hitler pertenec\u00eda a esa generaci\u00f3n inigualable, que hab\u00eda crecido viendo a John Wayne y Clint Eastwood en las pantallas de cine, (hasta se hab\u00eda comprado un Magnum 44 para emular a \u00e9ste \u00faltimo) pero lo hizo coartada entre la miseria moral de los \u00faltimos coletazos de la postguerra, y la leve lasitud del deber cumplido, cuando al fin, sus dormidas capacidades alcanzaron su plenitud, y con ello el poder, justo en las postrimer\u00edas de la dictadura franquista. Por lo tanto, sin perjuicio de las espl\u00e9ndidas excepciones que brillaban de hito en hito, en uno u otro lugar &#8211;en esos momentos se le ve\u00edan a la cabeza, el eminente Antonio Escotado, el gran Juan Mars\u00e9 o la singular Pilar Mir\u00f3&#8211; en la pr\u00e1ctica, la mayor\u00eda de los que pertenec\u00edan a ese particular elenco de la humanidad, no participaban del verdadero arte y carec\u00edan de cultura, debido a lo que su idea de la diversi\u00f3n era un tanto aburrida, mientras que en cambio su noci\u00f3n de la disciplina estaba exacerbada, y en ellos, la severidad era un concepto mucho m\u00e1s primordial, situado en las bases m\u00e1s profundas de su personalidad. Por eso, en cierto modo, las circunstancias que les hab\u00edan tocado vivir les hab\u00edan embrutecido y su sensibilidad estaba completamente fosilizada. Pero adem\u00e1s, por si esto fuese poco, para acabar de complicarlo todo estaba la colosal crisis de valores con la que se hab\u00edan despertado una ma\u00f1ana dentro de un mundo algo mojigato, que sin embargo les hac\u00eda sentirse como llaneros solitarios cabalgando en la indigencia espiritual en la que les dejaba toda aquella moralidad cristiana com\u00fanmente fagocitada, y por ende exigida por la sociedad bien pensada que les rodeaba, que no s\u00f3lo era falsa y mezquina, sino adem\u00e1s, un claro impedimento para desarrollarse y prosperar en un mundo capitalista y despiadado, en el que en la pr\u00e1ctica, cada uno iba ego\u00edstamente a lo suyo.<\/p>\n<p>Por el contrario, la tierna vida del Pablo se expresaba ya de forma diferente\u2014pues naci\u00f3 justo el a\u00f1o que muri\u00f3 el dictador\u2014y aunque todav\u00eda no pod\u00eda explicarlo con las palabras m\u00e1s apropiadas, llevaba impl\u00edcita la semilla del cambio, y por eso ya comenzaba a sentir la rebeli\u00f3n con meridiana claridad, tanto que deseaba deshacerse cuanto antes de los prejuicios constantes y la insatisfacci\u00f3n postrera, que arrastraba la generaci\u00f3n precedente. De hecho, m\u00e1s tarde, cuando se hiciera mayor \u2013el ni\u00f1o\u2014comprobar\u00eda los beneficios inapreciables de su primitiva revoluci\u00f3n infantil contra sus normas y sus terrores nocturnos. Ellos pertenec\u00edan a lo t\u00edpico, a la com\u00fan vulgaridad, y estaban embrutecidos por los innumerables obst\u00e1culos y adversidades cotidianas, que les alejaban para siempre de lo extraordinario, es decir, de los placeres m\u00e1s estremecedores y de las aventuras m\u00e1s ins\u00f3litas. Porque aquel peque\u00f1o piel roja, muy pronto, cuando se desarrollara por completo, luchar\u00eda por algo que los incr\u00e9dulos a\u00f1orar\u00edan toda su vida de forma \u00edntima y calculada: hacer que sus sue\u00f1os se hicieran realidad, es decir, vivir una vida inspirada y plena, un logro supremo que ellos s\u00f3lo conceb\u00edan detr\u00e1s de la pantalla, y que a veces les mandaba limosnas de forma cruel y recurrente, como una vampiresa multicolor jugando al bacar\u00e1 entre el despreocupado erotismo del celuloide. Se refer\u00eda a una plenitud espiritual que ellos desear\u00edan por todos los medios que nadie pr\u00f3ximo nunca consiguiera. El lujo infame de conocerse a s\u00ed mismos hasta participar de una libertad desconocida, boleto imprescindible para iniciar un viaje alucinante donde aprehender las cosas m\u00e1s bellas y el mundo del arte.<\/p>\n<p>Pero dejando de lado por ahora esa acallada contienda generacional y aquellos amargos sentimientos del t\u00edo Hitler, primero habr\u00eda que hacer una composici\u00f3n de lugar: la travesura hab\u00eda sucedido en un fin de semana hist\u00f3rico, durante los a\u00f1os ochenta, una \u00e9poca ahora idealizada, y recordada entre grandes dosis de nostalgia. Aquel tiempo tard\u00edo, en el que la guerra fr\u00eda produc\u00eda\u2014en jardines olvidados\u2014descuidos tan apasionantes como \u201cla movida madrile\u00f1a.\u201d Un tiempo de luces y sombras, un lugar de heridas y cambios, en el que en el que la Espa\u00f1a nuestra, por fin, volv\u00eda t\u00edmidamente su mirada hacia una juventud contestataria, que en otras regiones del planeta, se hab\u00eda levantado en mayo del sesenta y ocho, pugnando por un mundo mejor. Porque gracias a los beatniks, a los hippies, y a la relajaci\u00f3n de esa censura pertinaz, ahora sus logros sociales y sus avances culturales, cruzaban por fin la frontera intergeneracional, algo disipados, pero todav\u00eda presentes y con el poder de entrometerse en una brillante mirada dirigida hacia los nuevos reto\u00f1os. Esos mismos que, como es ley de vida, alg\u00fan d\u00eda, cuando crecieran y se hicieran mayores, dirigir\u00edan el pa\u00eds recordando con ternura, aquellos s\u00e1bados por la ma\u00f1ana que hab\u00edan dedicado a ver \u201cLa bola de cristal,\u201d y todas las maravillosas e inciertas tardes de la adolescencia, pasadas al calor del tocadiscos, escuchando los fabulosos vinilos del recientemente desparecido \u201cLou Reed.\u201d<\/p>\n<p>Efectivamente, todos esos cambios se estaban produciendo en la Espa\u00f1a de la transici\u00f3n, esa misma que ahora se estaba quedando obsoleta, y ped\u00eda de forma clamorosa una renovaci\u00f3n. Y aquella expeditiva manera de pasar p\u00e1gina, sin cerrar del todo los problemas, y las heridas del pasado, suced\u00eda al comp\u00e1s que su t\u00edo Hitler se iba convirtiendo poco a poco, en un verdadero mis\u00e1ntropo, de hecho, sus relaciones con la familia y con los amigos cada vez eran m\u00e1s forzadas y superficiales. La impiedad crec\u00eda dentro de su coraz\u00f3n de piedra, justo como una hiedra venenosa. Cada vez se hac\u00eda m\u00e1s raro y despiadado. Pues dentro de ese bucle de la desesperaci\u00f3n, incluso se hab\u00eda visto atrapado para siempre, lo que le hab\u00eda ense\u00f1ado a no dar demasiado valor a su propia vida. En realidad, parec\u00eda que ya s\u00f3lo toleraba a sus perros, ten\u00eda dos. Aunque por supuesto, si se hab\u00eda vuelto tan solitario y cada vez soportaba menos el trato humano era debido a su antigua y desaparecida gran humanidad. Y el origen de toda aquella profunda metamorfosis, era de suponer que se encontraba en la obligaci\u00f3n que se hab\u00eda impuesto a s\u00ed mismo de cargar con una loca doctrina militar el resto de su vida, un gesto de filantrop\u00eda que pesaba demasiado. Por el contrario, Pablo, era joven y desenfadado, y en aquellos momentos no ten\u00eda tiempo para pensar en esas cosas\u2026 era feliz, aunque consciente de que el silencio se hab\u00eda hecho en la habitaci\u00f3n. Entonces, el chico aguz\u00f3 los sentidos, pues el susodicho hab\u00eda vuelto del portal de la calle, donde un rato antes se hab\u00eda granjeado sus primeros seguidores. Y todo el mundo sab\u00eda que Hitler era muy peligroso cuando se callaba. Mucho m\u00e1s que cuando soltaba arengas a diestro y siniestro. En efecto, ya se estaba hartando de aquellas raras teor\u00edas, y de contemplar sus cercenadas pinturas, hasta tal punto que se estaba poniendo muy colorado, cuando lo sorprendieron por primera vez, mirando de soslayo la escopeta de dos ca\u00f1ones que permanec\u00eda colgada encima de chimenea.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfTan graves eran los da\u00f1os? Pregunt\u00f3 una voz femenina.<\/p>\n<p>&#8211; Pues s\u00ed. Las municiones eran garbanzos. Respondi\u00f3 Freud.<\/p>\n<p>Por fortuna la suerte quiso que les acompa\u00f1ara una perfecta intercesora, y despu\u00e9s de la providencial aparici\u00f3n de su querida madre\u2014venida de la cocina asustada por las voces\u2014ella consigui\u00f3 que la acariciada idea de la venganza quedara sin efecto.<\/p>\n<p><em>[sigue en <span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/los-jovenes-que-no-caminaran-detras-de-putin-volumen-dos\/\">Los j\u00f3venes que no caminar\u00e1n detr\u00e1s de Putin (volumen dos)<\/a><\/span>]<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cNo camines delante de m\u00ed, puede que no te siga. No camines detr\u00e1s de m\u00ed, puede que no gu\u00ede. Camina junto a m\u00ed y s\u00e9 mi amigo.\u201d Albert Camus. 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