{"id":51591,"date":"2022-12-29T18:56:55","date_gmt":"2022-12-29T17:56:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=51591"},"modified":"2025-02-08T21:02:51","modified_gmt":"2025-02-08T20:02:51","slug":"cuando-barcelona-era-una-fiesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/cuando-barcelona-era-una-fiesta\/","title":{"rendered":"Cuando Barcelona era una fiesta"},"content":{"rendered":"<p>Hubo un tiempo en el que hablar de Barcelona significaba hablar de alegr\u00eda y frenes\u00ed.<!--more--> A orillas del Mediterr\u00e1neo se erig\u00eda la urbe con m\u00e1s cabarets, salas de baile, clubes musicales y prost\u00edbulos por metro cuadrado de la vieja Europa. Una ciudad viva, que palpitaba al son de trompetas y tambores entonando un charlest\u00f3n o cualquier otra melod\u00eda de swing. La capital de la <em>mandanga <\/em>(as\u00ed se llamaba a la coca\u00edna, al opio o la morfina), donde toda clase de artistas y gente de mal vivir conflu\u00edan con el mismo deseo de existir.<\/p>\n<p>Y es que en las d\u00e9cadas de los a\u00f1os veinte y treinta del siglo pasado, en el Distrito V de Barcelona, lo que hoy se conoce como el Raval (por aquello de lo pol\u00edticamente correcto), pero que entonces se reivindicaba como el Barrio Chino, se aglutin\u00f3 una sociedad paralela que, parad\u00f3jicamente, solo afloraba al caer el sol. Antros lujuriosos, hospeder\u00edas decadentes y mucha m\u00fasica, drogas, alcohol y sexo libre convirtieron las estrechas y siniestras calles del barrio en una fiesta permanente.<\/p>\n<h2>Entre chinos y carteristas<\/h2>\n<p>El actual distrito de Ciutat Vella estaba entonces gobernado por carteristas, pero tambi\u00e9n por ciudadanos chinos que sobreviv\u00edan vendiendo baratijas y manualidades de forma ambulante. Estos \u00faltimos hab\u00edan alcanzado Barcelona como polizones, huyendo del gigantesco campo de batalla en el que se hab\u00eda convertido el pa\u00eds asi\u00e1tico. Muchos otros compatriotas consiguieron penetrar en los puertos de Nueva York o Marsella, escarbando como hormigas peque\u00f1os guetos en el coraz\u00f3n de las metr\u00f3polis.<\/p>\n<p>Por su parte, los carteristas llamaban <em>chinar<\/em> a robar una cartera. Para ello se val\u00edan de una navaja de afeitar a la que apodaban <em>el chino<\/em>. Quiz\u00e1s por todo esto, al periodista barcelon\u00e9s, Paco Madrid, se le ocurri\u00f3 definir por primera vez al Distrito V como el Barrio Chino en una de sus columnas para <em>El Esc\u00e1ndalo<\/em>: \u00abel distrito quinto, como Nueva York, como Buenos Aires, como Mosc\u00fa, tiene su barrio chino\u00bb, dijo.<\/p>\n<p>Su nombre perdur\u00f3 durante d\u00e9cadas hasta que a alguien le pareci\u00f3 que podr\u00eda tener connotaciones racistas o que el top\u00f3nimo no era lo suficientemente <em>chic<\/em> para una ciudad <em>tan<\/em> cosmopolita. El resultado lo vemos ahora: uno de tantos arrabales destartalados por la especulaci\u00f3n y la gentrificaci\u00f3n, por donde se pierden rid\u00edculos <em>travellers<\/em> posmodernos, que no tienen otra cosa mejor que hacer que alimentar sus perfiles de Instagram a golpe de selfie.<\/p>\n<p>Por eso, para quien escribe estas l\u00edneas es y seguir\u00e1 siendo el Barrio Chino, el mismo donde naci\u00f3 el ya casi cruelmente olvidado Manuel V\u00e1zquez Montalb\u00e1n, quien, curiosamente, se neg\u00f3 a cambiar el nombre de la juder\u00eda por aquello tan simple de ser fiel a sus ra\u00edces. Pero, qu\u00e9 hac\u00eda singular al <em>chinatown<\/em> barcelon\u00e9s. Veamos.<\/p>\n<h2>Personajes, sujetos e individuos<\/h2>\n<p>En el barrio m\u00e1s canalla de la Europa de entreguerras se citaba lo mejor de la peor cala\u00f1a. Putas, maricones, marineros, estibadores, pistoleros, soldados, carteristas, se\u00f1oritos, cocain\u00f3manos, bohemios, faranduleras, comediantes y hasta estrellas del celuloide&#8230; Una patulea indescriptible, amalgamada entre secreciones primarias, pasiones adulteradas y compasiones viscerales, que convirti\u00f3 las noches del Chino en una experiencia vital dif\u00edcilmente repetible y que a muchos nos hubiera gustado olfatear ni que fuese solo por un instante.<\/p>\n<p>Hacer una lista de nombres propios ser\u00eda injusto, pesado e innecesario, pero s\u00ed podemos citar a algunas <em>celebridades<\/em> que paseaban sus carnes por los antros del barrio. De entre los chaperos y carteristas es obligado reconocer la figura de genuino Jean Genet, el poeta y dramaturgo franc\u00e9s que plasm\u00f3 sus vivencias por el Chino en su <em>Diario de un ladr\u00f3n<\/em>. Dicen que Genet ten\u00eda un chulo serbio y manco, conocido como Stiliano, al que ten\u00eda que sufragar muchas de sus adicciones, vendiendo su cuerpo por cuatro reales. Amigo \u00edntimo de Juan Goytisolo, Genet descansa hoy junto al escritor espa\u00f1ol en el cementerio mar\u00edtimo de Larache, en Marruecos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hab\u00eda hijos de buena familia, como el abogado cocain\u00f3mano apodado Flor de Oto\u00f1o, un joven anarquista que se travest\u00eda para actuar en los locales del barrio. Al parecer, fue ejecutado durante la dictadura de Primo de Rivera tras haber participado en un atentado anarquista contra el cuartel de las Atarazanas de Barcelona. Su vida se mitific\u00f3, sirviendo de inspiraci\u00f3n para Jos\u00e9 Mar\u00eda Rodr\u00edguez M\u00e9ndez en su novela <em>Flor de Oto\u00f1o<\/em>, escrita en 1973 y que m\u00e1s tarde Pedro Olea llevar\u00eda a la gran pantalla con su pel\u00edcula <em>Un hombre llamado Flor de Oto\u00f1o<\/em>, protagonizada magistralmente por Jos\u00e9 Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>Otra de las celebridades que qued\u00f3 impactado por las noches del Chino fue el actor estadounidense Douglas Fairbanks Jr, marido de la oscarizada Joan Crawford y compa\u00f1ero de reparto de la inigualable Katherine Hepburn. Fairbanks qued\u00f3 estupefacto tras su paso por Barcelona: \u00abNo he visto una cosa parecida; ni en Saig\u00f3n, ni en Shangh\u00e1i, ni en Puerto Sa\u00edd, en ning\u00fan otro lugar\u00bb, declar\u00f3.<\/p>\n<p>Y es que el Barrio Chino se hab\u00eda convertido en una especie de purgatorio donde se encontraban desde arist\u00f3cratas hasta rateros, pasando por burgueses adinerados, pol\u00edticos, prostitutas y homosexuales. Incluso se lleg\u00f3 a celebrar el concurso de belleza Miss Barrio Chino, en el que solo participaban travestidos. En esa Barcelona underground todos eran iguales, no exist\u00edan las clases y cualquiera pod\u00eda convertirse en el rey del mambo durante unas horas.<\/p>\n<p>Tanto es as\u00ed que en la literatura de la \u00e9poca, de Josep Pla, Josep Mar\u00eda de Sagarra o del propio Paco Madrid, se retrata al Barrio Chino como \u00abuna de las mayores atracciones para los turistas\u00bb que visitaban la capital catalana.<\/p>\n<h2>La Criolla, la puerta dorada del Barrio Chino<\/h2>\n<p>En los bajos de una f\u00e1brica textil devorada por las llamas, en el n\u00famero 10 de la s\u00f3rdida calle del Cid (hoy Joaqu\u00edn Costa), abri\u00f3 sus puertas en 1926, La Criolla, uno de los locales m\u00e1s l\u00fagubres, transgresores y an\u00e1rquicos que ha visto la ciudad Condal en toda su historia. Hablar de La Criolla es hablar de pecado, excesos e, incluso, cr\u00edmenes.<\/p>\n<p>La Criolla ten\u00eda orquesta propia que hac\u00eda las delicias de los bailongos barceloneses. Adem\u00e1s, cuando los m\u00fasicos descansaban, se encend\u00eda una de las primeras gramolas el\u00e9ctricas con altavoces que se instalaron en Barcelona. Tango, jazz, swing, charlest\u00f3n\u2026 La m\u00fasica no se deten\u00eda por nada ni por nadie.<\/p>\n<p>Por la sala corr\u00eda la <em>mandanga chachi<\/em> (coca\u00edna de primera) a raudales, que entonces se colaba por el puerto y se repart\u00eda a 12 pesetas el gramo. La absenta era la bebida m\u00e1s barata y, por ende, la m\u00e1s consumida. La Criolla dispon\u00eda tambi\u00e9n de 8 habitaciones privadas donde se pod\u00eda practicar cualquier tipo de obscenidad por 30 c\u00e9ntimos. Casi todo estaba permitido si se hac\u00eda con cierta discreci\u00f3n\u2026 Las peleas eran frecuentes y no hab\u00eda noche en la que no apareciese la polic\u00eda.<\/p>\n<p><figure id=\"attachment_51619\" aria-describedby=\"caption-attachment-51619\" style=\"width: 514px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-51619 size-full\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/calle-cid-barcelona-barrio-chino-criolla.jpg\" alt=\"\" width=\"514\" height=\"528\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/calle-cid-barcelona-barrio-chino-criolla.jpg 514w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/calle-cid-barcelona-barrio-chino-criolla-355x365.jpg 355w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/calle-cid-barcelona-barrio-chino-criolla-12x12.jpg 12w\" sizes=\"(max-width: 514px) 100vw, 514px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-51619\" class=\"wp-caption-text\">Imagen coloreada de la Calle del Cid, barrio Chino de Barcelona, a\u00f1os 30. Al fondo, el edificio industrial que albergaba La Criolla. [Institut d&#8217;Estudis Fotogr\u00e0fics de Catalunya. IEFC]<\/figcaption><\/figure>En la misma calle del Cid se encontraba Cal Sagrist\u00e0, otro de esos antros inclasificables que dio fama al barrio. Junto a \u00e9l, las casas de dormir como Cal Jaume, donde se aglutinaban en una gran habitaci\u00f3n decenas de personas que ca\u00edan rendidos, entre juerga y juerga, en colchones de lana infestados de chinches. No pod\u00edan faltar tampoco los prost\u00edbulos como Madamme Petit (calle Arco del Teatro) o Cal Manquet, centros neur\u00e1lgicos de la trata de blancas en el sur de Europa. En consecuencia, se reprodujeron las casas de gomas, donde aparte de dispensar profil\u00e1cticos, un practicante te exploraba para ver qu\u00e9 ven\u00e9rea hab\u00edas contra\u00eddo. Tambi\u00e9n era posible darse una <em>ag\u00fcilla<\/em> en los bajos, por eso de ser m\u00e1s higi\u00e9nicos.<\/p>\n<p>Pero volviendo a La Criolla, al frente del local estaba <em>Pepe, el de la Criolla<\/em>, una figura relevante en la Barcelona del lumpen. A Pepe no se le escapaba nada, conoc\u00eda todos los secretos de sus clientes y se sabe que era confidente de la polic\u00eda catalana. Entonces, a mediados del 34, la Comisar\u00eda de Orden P\u00fablico estaba bajo el mando del implacable <span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/quien-quiere-a-miquel-badia\/\">Miquel Badia<\/a><\/span>, cliente fijo del cabaret Excelsior y enemigo ac\u00e9rrimo del alcalde y posterior <em>president<\/em> Lluis Companys.<\/p>\n<p>Una semana antes del golpe de estado fascista del 36, Pepe apareci\u00f3 tiroteado a las puertas del local. Del suceso existen varias versiones. Una remite a una especie de vendetta por parte del due\u00f1o de la Criolla, Antonio Sacrist\u00e0, quien quiso vengarse de Pepe por haber querido iniciar su camino como empresario nocturno, abriendo el Barcelona de Noche, tambi\u00e9n en el Chino y competencia directa de La Criolla.<\/p>\n<p>De la otra teor\u00eda nos habla el catedr\u00e1tico Enric Ucelay-Da Cal, quien sugiere que Pepe podr\u00eda haber sido una de las v\u00edctimas colaterales del enfrentamiento personal Companys-Badia. Puede que, por alg\u00fan motivo que se nos escapa, Pepe hubiese tenido sus m\u00e1s y sus menos con Badia, quien en abril de ese mismo a\u00f1o hab\u00eda aparecido tambi\u00e9n asesinado -junto a su hermano- por una c\u00e9lula anarquista en la calle Muntaner. La muerte de Badia supuso que Andreu Revert\u00e9s (disc\u00edpulo de Badia) asumiera el mando en Orden P\u00fablico, y seg\u00fan afirma Ucelay-Da Cal, <em>Pepe, el de la Criolla<\/em>, \u00abfue asesinado por un grupo de Mossos d&#8217;Esquadra de paisano\u00bb.<\/p>\n<p>Paralelamente a este suceso, la Generalitat prohibi\u00f3 el transformismo de forma oficial, aunque poco les import\u00f3 a las <em>reinonas<\/em> del Chino. Sin embargo, un ambiente enrarecido y preb\u00e9lico supuso la decadencia de La Criolla. Pero lo peor lleg\u00f3 con la Guerra Civil: en el mes de septiembre de 1938, una de las miles de bombas lanzadas por la aviaci\u00f3n italo-alemana sobre la capital catalana impact\u00f3 directamente en la sala de baile, destruyendo el edificio y desdibujando para siempre la sonrisa de una Barcelona m\u00e1gica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Barcelona m\u00e1gica del lumpen de los a\u00f1os veinte y treinta se perdi\u00f3 en el tiempo. 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