{"id":43780,"date":"2022-07-05T11:56:52","date_gmt":"2022-07-05T09:56:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=43780"},"modified":"2022-07-05T11:56:52","modified_gmt":"2022-07-05T09:56:52","slug":"el-movimiento-vecinal-y-los-problemas-de-la-izquierda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-movimiento-vecinal-y-los-problemas-de-la-izquierda\/","title":{"rendered":"El movimiento vecinal y los problemas de la izquierda"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: center;\">I<\/h4>\n<p>Empiezo con una autocelebraci\u00f3n. Este mes celebramos el 50.\u00ba aniversario de la Federaci\u00f3 d\u2019Associacions Ve\u00efnals de Barcelona (FAVB). Es una parte importante de mi vida activista. El movimiento vecinal jug\u00f3 un papel central en la Transici\u00f3n. En cada barrio, especialmente en los de clase obrera, se produjeron reivindicaciones que acabaron generando un amplio movimiento que desbord\u00f3 al r\u00e9gimen. El vecinal y el obrero fueron los dos grandes movimientos de masas que sustentaron la fuerza de la izquierda y que elaboraron un plan reivindicativo del que salieron las mejores reformas. En ambos casos gran parte de la izquierda se reforz\u00f3 mediante la penetraci\u00f3n en los resquicios legales que cre\u00f3 la dictadura para tratar de legitimar su continuidad: en los enlaces sindicales y en las asociaciones de vecinos. Al principio se trat\u00f3 de acciones locales en empresas y barrios. La creaci\u00f3n de macroorganizaciones como la FAVB fue posible cuando el movimiento ya hab\u00eda arraigado en muchos lugares y hab\u00eda capacidad para desarrollar una organizaci\u00f3n a escala local. Seguramente sucedi\u00f3 algo parecido en otros muchos lugares, aunque mi experiencia directa se circunscribe al caso de Barcelona.<\/p>\n<p>El momento crucial de la historia se produjo en la Transici\u00f3n, con la elaboraci\u00f3n de la Constituci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de las primeras elecciones democr\u00e1ticas municipales en 1979. Por cierto que estas se demoraron porque desde el poder se tem\u00eda que iniciar un ciclo electoral en el momento de mayor auge del asociacionismo vecinal pudiera dar demasiado poder a la izquierda real. La cuesti\u00f3n fundamental que se plante\u00f3 fue el encaje institucional de las asociaciones de vecinos. Una opci\u00f3n podr\u00eda haber sido concederles un estatus parecido al de los sindicatos, con una cierta financiaci\u00f3n p\u00fablica institucionalizada y unos derechos de participaci\u00f3n que garantizaran tiempo de acci\u00f3n sindical a los delegados. Esta opci\u00f3n se descart\u00f3 porque todas las fuerzas pol\u00edticas del momento tem\u00edan que unas asociaciones de vecinos demasiado fuertes pudieran convertirse en un contrapoder excesivamente molesto. Se opt\u00f3 por mantener un perfil institucional de bajo nivel, que supone que la capacidad organizativa se basa en el voluntariado estricto y en una modesta financiaci\u00f3n que depende de la voluntad pol\u00edtica de cada momento. La fuerza del movimiento reside fundamentalmente en su capacidad de movilizaci\u00f3n y de creaci\u00f3n de hegemon\u00eda (por ejemplo, actuando en los medios, mucho m\u00e1s hostiles en la actualidad que hace unas d\u00e9cadas), y en la influencia en los nuevos mecanismos de participaci\u00f3n, por lo general bastante limitados.<\/p>\n<p>La coyuntura de los a\u00f1os ochenta fue totalmente desfavorable a la continuidad del movimiento vecinal. Aunque muchas veces se ha comentado la cooptaci\u00f3n de cuadros vecinales por parte de los partidos, este fue, hasta donde conozco, un tema menor; entre otras cosas porque el PSOE, que por su posici\u00f3n era el que m\u00e1s capacidad de cooptaci\u00f3n ten\u00eda, no solo era un cuerpo extra\u00f1o al movimiento sino que a menudo era particularmente hostil. M\u00e1s importancia tuvieron las pol\u00edticas orientadas a minimizar el papel de las asociaciones de vecinos mediante el establecimiento de lazos clientelares y el cierre de espacios de participaci\u00f3n, pero, sobre todo, la deserci\u00f3n en masa de muchos activistas que percibieron que \u201cla guerra ha acabado\u201d y se refugiaron en su vida privada, en los estudios, en la carrera profesional&#8230; Fue una respuesta bien analizada por Albert Hirschman en Salida, voz y lealtad. Al fin y al cabo, la participaci\u00f3n pol\u00edtica intensa se enfrenta a los ritmos de la vida cotidiana, regulados fundamentalmente por la participaci\u00f3n en el \u00e1mbito laboral capitalista y las necesidades de la vida dom\u00e9stica. En un mundo donde se han reforzado las presiones del capital, encarnadas en carreras profesionales competitivas y horarios laborales complicados, el voluntarismo solo es posible sostenerlo si hay gente que ha integrado esta pr\u00e1ctica en su experiencia vital. Estas personas existen, por motivos diversos. Algunas porque han desarrollado, o han sido formadas, en culturas morales o pol\u00edticas que tienen integrada esta dimensi\u00f3n (no es casualidad que la mayor\u00eda de los activistas vecinales de m\u00e1s larga y mejor trayectoria provengan de los restos de la izquierda \u2014del PCE y del amplio magma de la vieja izquierda extraparlamentaria\u2014 o del cristianismo progresista). Otras por motivos menos valiosos, pero entendibles: por af\u00e1n de protagonismo personal, de relacionarse con el poder, o por simple inercia. Por fortuna predominan los primeros, y esto explica la larga persistencia de un movimiento presente en muchos barrios de la ciudad, capaz de generar de vez en cuando movidas importantes (de hecho, la vieja Converg\u00e8ncia atribuy\u00f3 su derrota electoral en las municipales de 2015 al movimiento vecinal, simplemente porque no pudo entender que su pol\u00edtica antisocial hab\u00eda generado respuestas importantes en muchos barrios). Es un movimiento que, adem\u00e1s, ha sido crucial para construir espacios de convivencia que van desde la organizaci\u00f3n de fiestas mayores hasta la construcci\u00f3n de redes sociales en los barrios. Por esto el 50.\u00ba aniversario de la FAVB no es solo la celebraci\u00f3n de una efem\u00e9ride, sino tambi\u00e9n un recordatorio de que sigue vivo un movimiento vecinal m\u00e1s necesario que nunca.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">II<\/h4>\n<p>Movimiento vecinal y sindicalismo deber\u00edan constituir espacios sobre los que desarrollar una base social alternativa. En ambos casos coinciden dos aspectos que los hacen especialmente atractivos: su capilaridad en el tejido social y el hecho de que planteen demandas y reivindicaciones que afectan a las condiciones de vida de la mayor\u00eda. Por no extenderme, me limitar\u00e9 a situar el tema en el movimiento vecinal.<\/p>\n<p>Es cierto que la presencia de organizaciones implantadas en los diversos barrios permite generar din\u00e1micas que refuerzan tejidos progresistas en muchos terrenos: demandas de equipamientos, presiones por la mejora de los servicios sociales, creaci\u00f3n de din\u00e1micas de cooperaci\u00f3n social&#8230; En las mejores experiencias locales se han creado verdaderas redes sociales que han favorecido la incorporaci\u00f3n de la cultura feminista y del ecologismo en las demandas sociales. O que se han enfrentado con relativo \u00e9xito a respuestas racistas o reaccionarias en los barrios. Con todo, siempre queda la sensaci\u00f3n de que la acci\u00f3n vecinal solo llega a la superficie, sin conseguir nunca generar din\u00e1micas de cambio profundas. Es habitual que la gente acuda a la asociaci\u00f3n de vecinos cuando tiene un problema, agradezca el trato y el apoyo recibido y desaparezca cuando ha obtenido una soluci\u00f3n. En el mejor de los casos queda un poso colectivo y de reconocimiento a la labor de los esforzados activistas y poco m\u00e1s. Es a\u00fan mucho m\u00e1s dif\u00edcil organizar cuando se trata de demandas que no pertenecen al d\u00eda a d\u00eda del vecindario. Creo que entender esta cuesti\u00f3n es crucial para captar las dificultades reales que tiene la izquierda para consolidar una base social suficientemente amplia para impulsar cambios sostenidos. El trabajo vecinal exige mucha paciencia, capacidad de di\u00e1logo y de ir tejiendo espacios de relaci\u00f3n entre entidades (muchas de ellas dedicadas a un solo tema) que converjan en la construcci\u00f3n de una fuerza social alternativa.<\/p>\n<p>Sin consolidar en los barrios espacios sociales que ayuden a crear cultura pol\u00edtica, sentimiento de colectividad (incluyendo en ello las sucesivas llegadas de nuevas personas de procedencias diversas), resistencia a los abusos del capital, proyectos de transformaci\u00f3n, parece imposible desarrollar verdaderas pol\u00edticas alternativas de amplio alcance, sobre todo cuando debe desarrollarse sobre la base de un voluntariado estricto, con pocos recursos materiales y t\u00e9cnicos y sujeto a una hostilidad persistente y a demoledoras campa\u00f1as por parte de los poderes econ\u00f3micos. Por esto una izquierda pol\u00edtica que quiera una transformaci\u00f3n real de la sociedad, o que simplemente pretenda oponerse a la actual deriva social, debe plantearse en serio c\u00f3mo reforzar estas din\u00e1micas, c\u00f3mo reconstruirlas.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">III<\/h4>\n<p>Para una fuerza pol\u00edtica que aspire a transformaciones profundas, potenciar esta amplia base social es una tarea imprescindible, pero al mismo tiempo complicada. De entrada, la presencia en las instituciones requiere de un enorme esfuerzo orientado a conseguir representaci\u00f3n institucional, a saber moverse en las propias instituciones y, muchas veces, a negociar o compartir poder con fuerzas con las que hay enormes diferencias. Es un trabajo que muchas veces agota las capacidades humanas y materiales de la propia organizaci\u00f3n. Adem\u00e1s, lo que se puede conseguir en las instituciones casi siempre est\u00e1 lejos de las expectativas de las bases. Hay obst\u00e1culos de muchos tipos que frenan los cambios: limitaciones jur\u00eddicas, la presi\u00f3n de los lobbies capitalistas, las inercias de los empleados p\u00fablicos y, tambi\u00e9n, las obsesiones de los pol\u00edticos, que no siempre coinciden con la opini\u00f3n de sus movimientos sociales afines (a veces tambi\u00e9n porque las reivindicaciones no tienen en cuenta las complicaciones del tema). Para un pol\u00edtico que ha conseguido aprobar una reforma despu\u00e9s de arduas negociaciones, en las que ha tenido que renunciar a bastantes cosas y superar obst\u00e1culos, el resultado es un triunfo. Pero su base social puede verlo como un fracaso parcial (y siempre hay candidatos dispuestos a explotar al m\u00e1ximo las diferencias entre la aspiraci\u00f3n y el resultado). El pol\u00edtico institucional que espera el aplauso se frustra cuando obtiene una respuesta tibia o cuando directamente es criticado. Que en estos contextos se generen din\u00e1micas de desencuentro es bastante habitual. Si son puntuales tienen poco recorrido, pero por acumulaci\u00f3n acaban generando numerosas tensiones y distanciamientos.<\/p>\n<p>En la experiencia de la nueva izquierda hay adem\u00e1s una cuesti\u00f3n nueva. La fascinaci\u00f3n de los pol\u00edticos j\u00f3venes por las nuevas tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n, por los sistemas de votaci\u00f3n plebiscitaria, combinada con desd\u00e9n o ignorancia hacia los movimientos organizados, algo reforzado en parte por la buena fe de pensar que la participaci\u00f3n organizada excluye a demasiada gente. Este ha sido un punto de fricci\u00f3n persistente entre las pol\u00edticas municipales de participaci\u00f3n y los movimientos vecinales tradicionales. Para m\u00ed este constituye uno de los peores errores de las nuevas pol\u00edticas en un doble sentido. En primer lugar, el no entender la importancia de la organizaci\u00f3n, especialmente entre los grupos sociales m\u00e1s desfavorecidos, y pasar por alto que en muchos casos los grupos organizados tienen una larga experiencia de cooperaci\u00f3n y trabajo conjunto que hace que sus propuestas ya hayan recogido muchos puntos de vista diferentes. La segunda es que un modelo plebiscitario, de voto en la red, es poco \u2014por decirlo suavemente\u2014 reflexivo. No hay deliberaci\u00f3n en el mero voto, sino simplemente la expresi\u00f3n de un punto de vista particular gestado no se sabe c\u00f3mo. Y estos defectos, que no generan confianza ni buena elaboraci\u00f3n pol\u00edtica, se contradicen con la evidencia de la sobrerrepresentaci\u00f3n de los intereses empresariales en numerosas instancias y con la patente actuaci\u00f3n de los lobbies econ\u00f3micos mediante una y mil v\u00edas.<\/p>\n<p>No todo es culpa de los pol\u00edticos. Es cierto que a veces tienen su contrapartida en la persistencia de l\u00edderes sociales personalistas, poco reflexivos, obsesionados por temas concretos. Es lo que tiene la dificultad de renovar liderazgos cuando escasea el voluntariado. Y por esto tambi\u00e9n los movimientos sociales deben trabajar en su propia renovaci\u00f3n, en la formaci\u00f3n de sus cuadros. En reconocer los problemas y limitaciones de las v\u00edas institucionales.<\/p>\n<p>La guerra de posiciones gramsciana es mucho m\u00e1s dif\u00edcil de desarrollar que la de posiciones, que a menudo solo requiere de arrestos, tozudez y olvidarse de los costes laterales. Hasta ahora la izquierda no ha sabido resolver el problema de c\u00f3mo compaginar acci\u00f3n institucional e intervenci\u00f3n social. Quiz\u00e1s sea empezando por reconocer los problemas como se encontrar\u00e1n las respuestas. Porque lo que es totalmente imprescindible es que en ambos \u00e1mbitos de acci\u00f3n exista una s\u00f3lida base social que d\u00e9 consistencia.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: center;\">IV<\/h4>\n<p>Mi reflexi\u00f3n sobre el movimiento vecinal en Barcelona tiene algo que ver con lo ocurrido en Andaluc\u00eda. All\u00ed se ha experimentado un espectacular corrimiento electoral que antes ya tuvo lugar en otras comunidades (Murcia, Pa\u00eds Valenci\u00e0), y que, a mi entender, refleja la poca solidez social de la izquierda, la ausencia de ra\u00edces profundas que garanticen una cierta estabilidad social de los procesos. Ciertamente el PSOE nunca se ha preocupado de ello, su modelo es el clientelismo y el club de fans. Pero esta s\u00ed que debe ser una preocupaci\u00f3n social de la izquierda transformadora: la de generar buenas propuestas institucionales y desarrollar una base social con cultura y organizaci\u00f3n que permitan continuidad y fuerza m\u00e1s all\u00e1 de los avatares del momento.<\/p>\n<p><em>(*) Publicado originalmente en mientrastanto.org<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I Empiezo con una autocelebraci\u00f3n. Este mes celebramos el 50.\u00ba aniversario de la Federaci\u00f3 d\u2019Associacions Ve\u00efnals de Barcelona (FAVB). Es una parte importante de mi vida activista. El movimiento vecinal jug\u00f3 un papel central en la Transici\u00f3n. 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