{"id":4229,"date":"2013-11-11T08:59:34","date_gmt":"2013-11-11T08:59:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/caperucita-encarnada\/"},"modified":"2024-05-11T21:36:53","modified_gmt":"2024-05-11T19:36:53","slug":"caperucita-encarnada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/caperucita-encarnada\/","title":{"rendered":"Caperucita encarnada"},"content":{"rendered":"<p>Los cuentos con animales transmisores de moralejas son secularizaciones de las alegor\u00edas del animismo, que anta\u00f1o daba esp\u00edritu a todos los cuerpos, e im\u00e1genes a todas las ideas, y, sus personajes, seres panespiritualistas, portadores de las voluntades con las cuales el hombre primitivo pobl\u00f3 su universo, para tener, as\u00ed, el sentimiento de dependencia, con relaci\u00f3n a las mismas, que todav\u00eda subsiste, hasta nuestros d\u00edas, en los ignorantes, los ni\u00f1os y los poetas. La Caperucita Encarnada es uno de esos <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/letras-y-cuentos\/\">cuentos<\/a> venidos del pasado m\u00edtico, un despojo ritual o aleg\u00f3rico, que ha llegado hasta nosotros a desempe\u00f1ar un oficio laico: el de prevenir a los propios contra los extra\u00f1os. Pero, la paleograf\u00eda etnol\u00f3gica descubre en \u00e9l un palimpsesto en cuyas costras interiores yace un contenido m\u00e1gico, de promiscuidad humana y bestial, como testimonio del m\u00e1s primitivo de los ensue\u00f1os del hombre, la m\u00e1s vieja de sus ilusiones: el animismo, que cre\u00f3 el cuarto reino de la naturaleza: el de los dioses, a expensas de las substancias de los tres restantes, al proyectar sobre las cosas del contorno, sentimientos y pasiones semejantes a las propias y, no s\u00f3lo ello, sino tambi\u00e9n designios ben\u00e9ficos o adversos, susceptibles de evitarse o propiciarse a trueque de las d\u00e1divas y los ejemplos tangibles que el hombre pon\u00eda a la naturaleza, remedando sus fen\u00f3menos con la idea de ser imitado por ellos y conseguir, por este medio, lo que se propon\u00eda.<\/p>\n<p>Caperucita y el Lobo, forma para unos una alegor\u00eda solar y para otros una simple figuraci\u00f3n de la cosecha primaveral y el riguroso invierno; en uno como en otro caso, son remitidos a estadios ya muy evolucionados de la <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/cultura\/\">cultura<\/a> humana, que\u00a0 en modo alguno es posible admitir como puntos de partida del mito. Personajes semejantes se encuentran detr\u00e1s de los horizontes perceptibles de la agricultura, atr\u00e1s tiempos, en la \u00e9poca del cazador y del recolector n\u00f3mada; en la imaginaci\u00f3n del hombre correspondiente al estadio medio o inferior del salvajismo.<\/p>\n<p>Hay que situar entre ellos a sus creadores y hacerse cargo de que este cuento, como todos los mitos, ha conservado el sentido de la identificaci\u00f3n del hombre primitivo con los actores de la naturaleza, animados o inanimados, inertes o en movimiento.<\/p>\n<p>Su m\u00e1s lejano significado, teniendo en cuenta este hecho, ser\u00eda la personificaci\u00f3n de los h\u00e9roes culturales, en los protagonistas del cuento, satisfactores, arquetipos o instrumentos de producci\u00f3n zool\u00f3gica.<\/p>\n<h2>\u00bfPero qui\u00e9nes podr\u00edan haber sido tales h\u00e9roes culturales?<\/h2>\n<p>La respuesta llega sola, por una parte, el Lobo y, por la otra, Caperucita. Este aserto no es una insensatez si se admite que el bisonte de Altamira ten\u00eda tantos derechos para figurar en los altares de los hombres, como el toro hebreo que se llamaba Jehov\u00e1, la loba romana o el cordero pascual. El Lobo de nuestro cuento es de la misma estirpe, el\u00a0 h\u00e9roe cultural que primero debi\u00f3 aparecer como Colmillo Blanco, de <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/jack-london-knock-out\/\">Jack London<\/a>, halando los trineos esquimales, durante alguno de los grandes glaciares que helaron al mundo, para despu\u00e9s ser la mata de tiro del trineo de Apolo y el precursor \u00bfpor qu\u00e9 no? de la domesticaci\u00f3n de los caballos que lo substituyeron en tan penosa tarea, cuando de nuevo cuenta Helios asol\u00f3 a la tierra.<\/p>\n<h2>\u00bfPero, qu\u00e9 hero\u00edna cultural pudo haber sido Caperucita Encarnada?<\/h2>\n<p>Acaso la respuesta se encuentre en sus insignias, en aquellos emblemas que nos dan su filiaci\u00f3n m\u00e1gica, en los atributos agropecuarios cuyos s\u00edmbolos son la de la cosecha y la recolecci\u00f3n, que alguna vez estuvieron ligadas a los sacrificios humanos.<\/p>\n<p>Para P. Saintyves, a quien se debe un inteligente cuanto bien enterado estudio sobre los Cuentos de <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-canon-de-caperucita-roja\/\">Perrault<\/a>, Caperucita Encarnada es la Reina de Mayo, la personificaci\u00f3n de la cosecha y, por extensi\u00f3n, de la primavera, un personaje lit\u00fargico; y el Lobo, la encarnaci\u00f3n de la noche y el invierno. Un cuento de origen n\u00f3rdico, desgajado del mito de Toser, el pr\u00edncipe de los gigantes del invierno, que arroj\u00f3 el martillo de Donar, el dios del trueno, a muchas leguas bajo tierra, exigiendo a cambio de su devoluci\u00f3n la mano de su hermana Freya, la Venus n\u00f3rdica. En esta f\u00e1bula, que es una alegor\u00eda de la primavera que derrota al invierno, Donar se viste de mujer, como J\u00fapiter, con otro objeto, y enga\u00f1ando al pretendiente acompa\u00f1ado por Loke, el lobo, el m\u00e1s astuto de los dioses.<\/p>\n<p>Este mito que no descarta, como ya se indic\u00f3, un arraigo en la m\u00e1s antigua infancia tot\u00e9mica de los dioses, emparentar\u00eda a nuestra muchacha, en su papel de Reina de Mayo, con Pers\u00e9fone o Proserpina a quien Plut\u00f3n rapta durante el invierno a las profundidades de la tierra; y no s\u00f3lo con ella, sino tambi\u00e9n con todas las personificaciones animistas de los esp\u00edritus de las simientes y de la primavera: dese el Xochipilli de los nahoas hasta la Isis egipcia, tambi\u00e9n llamada S\u00f3chit o S\u00f3chet, en curioso parang\u00f3n sem\u00e1ntico con la pulquera X\u00f3chitl mexicana.<\/p>\n<p>Estudiar exhaustivamente los or\u00edgenes de este cuento no es el objeto de este gui\u00f3n y ello restar\u00eda espacio al resto del texto y, en excusa, me remito a la bibliograf\u00eda que se ocupa de \u00e9l y sus afines.<\/p>\n<p>Ahora, volvamos con Perrault. Cuando escribi\u00f3 los cuentos por los que se le recuerda, tanto como a los m\u00e1s distinguidos de sus contempor\u00e1neos, soplaban ya los vientos de fronda que no tardar\u00edan en colocar sobre las testas de los franceses la caperuza encarnada como emblema de la fraternidad, la igualdad y la libertad.<\/p>\n<p>Caperucita Encarnada habr\u00eda de deso\u00edr la advertencia, de violar el tab\u00fa, para unirse, con Mirabeau, a gentes del Estado Llano.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n Francesa, de Delacroix, tocada con su gorro frigio, es exacta a Caperucita Encarnada, tal cual la concibieron Jacinto Husson y Andr\u00e9 Lefevre, los buscadores del mito solar en ella y su lobo, y ni m\u00e1s ni menos que la aurora de los griegos provista de una antorcha que disipa las tinieblas de la noche e ilumina el camino del sol: es la estrella de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Anatole France, hombre de ideas nuevas, novelista imponderable, elocuente e inspirado divulgador de las teor\u00edas solares sobre Caperucita Encarnada, se\u00f1ala la trama y la explicaci\u00f3n del cuento, indicando el parecido de sus protagonistas con las del mito solar indostano en el que la Aurora, la hija de Dyasus es v\u00edctima de Vrika, el lobo v\u00e9dico devorador de auroras, vespertinas y matinales, es lobo que, adem\u00e1s, figura como emblema del Apolo Lycion y el Apolo Soramus de Atenas y de Roma. Este lobo que entre los griegos es el hijo de J\u00fapiter, la fuerza, y de Juno, la astucia. Ese lobo que es Marte guerrero y que tiene que ver con Venus la hija del mar.<\/p>\n<p>Aunque la hip\u00f3tesis solar del cuento haya sido tratada por P. Saintyves, con rigor negativo no resta raz\u00f3n a los autores de la teor\u00eda inspirada en la creaci\u00f3n de un mito c\u00edvico nuevo que imperceptiblemente se filtr\u00f3 en sus conciencias para hacerles ver la euforia de un nuevo despertar de la especie que, a los sones de la Marsellesa, crey\u00f3 rasgar, de una vez para siempre, en met\u00e1fora de obscuridad desvanecida, las tinieblas de la ignorancia.<\/p>\n<p>No me detendr\u00e9 a examinar si la hip\u00f3tesis de Husson o la de Saintyves son o no conciliables o que s\u00ed se complementan o armonizan, considerando diversos estadios estructurales de la cultura. No seguir\u00e9 examinando el trabajo mental de los salvajes y los b\u00e1rbaros aquellos. Que primero hicieron dioses familiares y visibles, que alojaban por los rincones de sus cuevas para luego buscarles acomodo en las m\u00e1s lejanas provincias, visibles o invisible, inmediatas o lejanas del universo.<\/p>\n<p>Aquellos eran su explicaci\u00f3n fant\u00e1stica de la naturaleza y de la vida, el lenguaje inteligible que les traduc\u00eda sus fen\u00f3menos con signos cifrados cuyos caracteres eran las analog\u00edas aprehendidas y proyectadas a lo desconocido.<\/p>\n<p>Para terminar, dir\u00e9 que nuestros h\u00e9roes, el Lobo y la <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-canon-de-caperucita-roja\/\">Caperuza<\/a>, ya sea que representen el moderno rol de personificaciones terrenas, de fen\u00f3menos inmediatos, como el invierno y la primavera, como lo quiere Saintyves, o bien que encarnen, en vez de las estaciones, los sucesos del d\u00eda, de todos modos tienen que ver con el sol y con la aurora, el d\u00eda y la noche, tanto por el orden de sucesi\u00f3n regular como por sus caracter\u00edsticas contrapuestas, se identifican con la primavera y el invierno.<\/p>\n<p>Para nosotros este hecho prehist\u00f3rico es una bella f\u00e1bula y nada m\u00e1s; pero, aparte de que nosotros no somos toda la humanidad, existe un hecho indiscutible: la bella f\u00e1bula no ha muerto, se ha transformado y expresa otras ideas y otros conceptos, incluso distintos a los orales o literarios del cuento, que pretende, como anta\u00f1o, orientar y explicar la vida.<\/p>\n<p>Ya me refer\u00ed a la Caperucita Encarnada pintada por Delacroix y creo haber insinuado que era mensajera de un contenido \u00e9tico, un contenido c\u00edvico que iluminaba, con su antorcha, aquella frase de Saint Just referida a la felicidad como una idea nueva en la tierra, ahora me falta se\u00f1alar que la elocuencia de Siqueiros pint\u00f3 a Caperucita Encarnada, har\u00e1 cosa de once a\u00f1os, en una alegor\u00eda pompier, en su Alegor\u00eda de la Libertad, que est\u00e1 en <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/cultura\/arte\/\">Bellas Artes<\/a>, y que para parecerse a la Aurora cl\u00e1sica tiene una antorcha en la diestra y un bote de manteca en la siniestra. Para que no haya duda sobre su identidad, hasta surge, como Pers\u00e9fone, de las entra\u00f1as de la tierra a dispensar las tinieblas, aparejar el camino del sol, anunciando el nuevo d\u00eda.<\/p>\n<p>En vista de concepci\u00f3n tan genial, digna, como dec\u00eda <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/antoni-fabres-el-pintor-catalan-que-claudico-ante-diego-rivera-y-sus-amigos\/\">Diego Rivera<\/a>, de una estampa de calendario en Offset, pod\u00eda no haber escrito la obra cuyo gui\u00f3n son estas l\u00edneas, si no me hubiese empujado a ello la necesidad de laicizar aun m\u00e1s a la Caperucita Encarnada, cumpliendo con el af\u00e1n imprescriptible de la cultura, empe\u00f1ada en bajar a los dioses de los cielos en cuyos \u00e1mbitos bien est\u00e1n los infiernos candentes que tiene por estrellas y en donde no tienen guarida, l\u00f3gica ni racional, los dioses que hacia ellos desterraron los hombres, despu\u00e9s de haberlos creado.<\/p>\n<p>No he podido menos que hacer esto, en vista de la irreverencia cada d\u00eda m\u00e1s pertinaz de los poetas m\u00edsticos, afanados en convertir a Caperucita Encarnada en la madre de no se qu\u00e9 dio mam\u00edfero con rulos de oro; al que tratan de identificar, por su parte, con Apolo y con Vrika, esto es con el sol, ciertos pintores que lo hacen fanal de ardientes rayos.<\/p>\n<p>No he hecho nada m\u00e1s ni nada menos que convertir el viejo cuento en lago \u00fatil a la vida, descifrando su misterio y estableciendo las analog\u00edas con los mitos y las leyendas religiosas que otrora fueron pelda\u00f1os en la escala de la evoluci\u00f3n y que hoy son obst\u00e1culos a la comprensi\u00f3n de los fen\u00f3menos, a la explicaci\u00f3n del Universo y a la obediencia que debemos a la naturaleza para que se ponga a nuestro servicio seg\u00fan las grandes palabras de Bacon.<\/p>\n<p>La Caperucita Encarnada sale de mis manos, armada de las ideas v\u00e1lidas de m\u00ed \u00e9poca a librar batallas contra los t\u00f3tems y los tab\u00fas que se oponen a la confraternidad humana.<\/p>\n<p>De no mediar este prop\u00f3sito, las objeciones de mis amigos la habr\u00edan condenado, hace tiempo, a la hoguera de un santo oficio personal. Ello aparte, me detuvo de tal intento el considerar que la Caperucita Encarnada es tan impertinente como <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-importancia-de-la-opinion-para-socrates-y-hannah-arendt\/\">S\u00f3crates<\/a> y digna, por tal motivo, de buscar inquisidores en todo distintos a su autor.<\/p>\n<p>Al publicar esta obra lo hago sin el menor asomo de miedo a perder mi cr\u00e9dito literario, puesto que no lo tengo ni lo espero, no soy hombre de letras ni poeta con colecci\u00f3n de caracoles. Soy pintor y ello me compensa de la ambici\u00f3n de merecer tal honra, s\u00f3lo reservada, con raras y reprobables excepciones, a quienes tiene el talento suficiente para escribir mucho sin pensar nada.<\/p>\n<p>Caperucita Encarnada sale a la luz \u2013que es su elemento- provista de las debidas y las indebidas licencias, todas ellas literarias, usando de mis derechos como su nuevo y verdadero autor.<\/p>\n<p>Espero una segunda edici\u00f3n que incorpore a su texto la M\u00fasica Incidental para peque\u00f1a orquesta, que lleva su nombre, y que compuso Leonardo Vel\u00e1zquez.<\/p>\n<p>Joel Marrokin, M\u00e9xico, D. F., a 13 de diciembre de 1955<\/p>\n<p>(Caperucita Encarnada, por Joel Marrokin, presentado por Vicente Lombardo Toledano. Editorial \u201cLos Presentes\u201d, M\u00e9xico, 1956. Garbados del propio autor.)<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los cuentos con animales transmisores de moralejas son secularizaciones de las alegor\u00edas del animismo, que anta\u00f1o daba esp\u00edritu a todos los cuerpos, e im\u00e1genes a todas las ideas, y, sus personajes, seres panespiritualistas, portadores de las voluntades con las cuales el hombre primitivo pobl\u00f3 su universo, para tener, as\u00ed, el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":4228,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[60],"tags":[],"class_list":["post-4229","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-libros"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Caperucita encarnada - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"La Caperucita Encarnada es uno de esos cuentos venidos del pasado m\u00edtico, un despojo ritual o aleg\u00f3rico, que ha llegado hasta nosotros.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/caperucita-encarnada\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Caperucita encarnada - 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