{"id":42129,"date":"2022-05-15T17:14:41","date_gmt":"2022-05-15T15:14:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=42129"},"modified":"2022-05-15T17:14:41","modified_gmt":"2022-05-15T15:14:41","slug":"un-jornalero-andaluz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/un-jornalero-andaluz\/","title":{"rendered":"Un jornalero andaluz"},"content":{"rendered":"<p>Hasta entonces, hab\u00eda recolectado el pan como gu\u00eda de naturaleza, en Do\u00f1ana. Las masas que acud\u00edan se iban traumatizadas y felices. Pero, mentalmente, acababa saturado. Carga que me imped\u00eda trabajar en la obra una vez terminada la jornada. Entonces se me ocurri\u00f3 que, si en vez de recolectar el pan con la mente, lo hac\u00eda con las manos, una vez de vuelta a casa podr\u00eda trabajar con mi mente. Y entonces descubr\u00ed mis manos, como los primeros hombres tallando herramientas l\u00edticas y domando el fuego.<\/p>\n<p>En lo m\u00e1s duro de la pandemia y el confinamiento brot\u00f3 el momento. Me informaron de una finca de frutos rojos que necesitaba gente cerca de El Roc\u00edo. El mundo estaba parado, excepto estas labores, que se hab\u00edan considerado como esenciales. Lo cual es digno de reflexionarse. Lo consider\u00e9 una buena oportunidad de exploraci\u00f3n. Me dieron un salvoconducto y acud\u00ed a vivir el otro lado de la patria.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 como el que aterriza en otro planeta. Me dieron un carrillo rudimentario y unas cajas, y me mandaron entre las arenas encharcadas, dignas de trincheras, a los invernaderos con la cuadrilla.<\/p>\n<p>Muchos me preguntaban si era mi primer d\u00eda y me miraban apesadumbrados. Se acercaron algunos compa\u00f1eros a instruirme animosos, y con su ayuda me embarqu\u00e9 a recolectar mis primeros ar\u00e1ndanos. Uno de ellos se llamaba Wahib. Le pregunt\u00e9 de d\u00f3nde era, y me dijo que de Siria. Era un refugiado de guerra.<\/p>\n<p>Hab\u00eda varios refugiados de guerra sirios. Ten\u00edan sus familias todav\u00eda all\u00ed. Lo que contaban era dur\u00edsimo. Quiz\u00e1s lo que no contaban lo era aun m\u00e1s. Adem\u00e1s, era Ramad\u00e1n. La atm\u00f3sfera dentro de aquel averno es un tsunami de lava, bucear en magma. Mientras compa\u00f1eros, comiendo y bebiendo, se desvanec\u00edan por insolaciones y golpes de calor, ellos resist\u00edan sin beber ni comer, a veces con una sonrisa. Vi en aquellas sonrisas un rostro del hero\u00edsmo.<\/p>\n<p>Cada muralla de ar\u00e1ndanos es un l\u00edneo, o lomo, los cuales se recolectan por parejas, uno a cada lado de la mata. Cuando uno termina su tramo, lo mandan a otro l\u00edneo con otro compa\u00f1ero, sucesivamente. Pronto me di cuenta del valor de esta rutina. A cada rato trabajaba frente a frente con un nuevo compa\u00f1ero, un nuevo universo, del que indagaba hasta las \u00faltimas consecuencias de su vida, visi\u00f3n del mundo y situaci\u00f3n. As\u00ed viaj\u00e9 por rec\u00f3nditos parajes y epopeyas. El campo era un crisol de riqueza humana.<\/p>\n<p>Me encontr\u00e9, por ejemplo, con un capit\u00e1n exiliado de la Aviaci\u00f3n Militar Bolivariana, de Venezuela, que me narraba apasionado las peripecias de aterrizar un gigantesco H\u00e9rcules de cuatro motores turboh\u00e9lice en una pista embarrada del Amazonas. Se hab\u00eda involucrado en un plan de golpe de estado en 2015, conocido como el Golpe Azul. Fue cuidadoso y no pudieron probar su participaci\u00f3n ni imputarle caso alguno. Pero a partir de ah\u00ed, le hicieron la vida imposible. Solo le qued\u00f3 el exilio. Aqu\u00ed no le convalidan el t\u00edtulo de piloto. Cuesta quince mil euros. Y all\u00ed est\u00e1bamos, cogiendo ar\u00e1ndanos.<\/p>\n<p>O tambi\u00e9n a Leo, un salvadore\u00f1o de familia pudiente, hijo de juez y abogada, que se sinti\u00f3 poco querido por sus ocupados padres y se uni\u00f3 a una banda. Cuando termin\u00f3 el bachillerato, le pidi\u00f3 permiso a su pandilla para estudiar la abogac\u00eda. El permiso fue concedido, los estudios terminados, y se convirti\u00f3 en el abogado de la banda, envuelto en mil historias de falsificaci\u00f3n documental y entregando mensajes de presos entre c\u00e1rceles. Hasta que la cosa se torci\u00f3 y la banda se present\u00f3 en su casa con metralletas. Llam\u00f3 a la polic\u00eda y la polic\u00eda lo acab\u00f3 buscando tambi\u00e9n. El d\u00eda que habl\u00e9 con \u00e9l era su \u00faltimo en los ar\u00e1ndanos. Lo hab\u00edan despedido por discutir con un compa\u00f1ero a cucharazos.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed tambi\u00e9n a una tribu que afirmaba tajante que aquello no era su trabajo. Su trabajo era traficar con droga. Hab\u00edan venido de vacaciones. Era pleno confinamiento, y para estar enclaustrados, mejor estar fuera, \u00bfno? Algunas veces desayunaban su trabajo.<\/p>\n<p>Gitanos transexuales, m\u00fasicos desubicados, marujas irreductibles y un sinf\u00edn de incontables leyendas completaban una tribu extra\u00f1a, como todas, pues todos somos tribus extra\u00f1as. Cada historia era \u00fanica. Todos ten\u00edan algo que contar, si se les escuchaba. Quiz\u00e1s esto sucede en todas partes. Aunque fuera una se\u00f1ora proclamando con orgullo sincero que ten\u00eda el graduado escolar. El mundo est\u00e1 ah\u00ed.<\/p>\n<p>La gente viaja a lugares remotos para encontrar la lejan\u00eda. Lugares ex\u00f3ticos, extra\u00f1os. Pero cuando uno ve la lejan\u00eda en todas partes, entonces viaja en todas partes, y viaja todo el tiempo. A veces, lo que tenemos m\u00e1s cerca es lo que tenemos m\u00e1s lejos. Cercan\u00eda es lejan\u00eda.<\/p>\n<p>Pronto me di cuenta tambi\u00e9n de que laboralmente no estaba en las catacumbas, sino en las catacumbas de las catacumbas. Antonio, hijo del due\u00f1o, era el manijero, es decir, el que manda y organiza la cuadrilla. Hab\u00eda interiorizado el puesto como el t\u00edo del l\u00e1tigo. Supongo que el medievo era para \u00e9l una era de progresismo intolerable. Su cavernario griter\u00edo era omnipresente. De transcripci\u00f3n imposible. Se recreaba: \u201c\u00a1Vamos, moved las manitas! \u00a1Alguno cuando llegue a casa se va a tener que poner una almohada en la lengua de tanto hablar! \u00a1Vamos, que hoy hay nominaciones! \u00a1M\u00e1s de uno se coge vacaciones anticipadas!\u201d. Las nominaciones eran la humillaci\u00f3n p\u00fablica diaria. Cada d\u00eda, tras la jornada, se reun\u00eda a la cuadrilla exhausta y, tras la correspondiente charla de reproches vejatorios, se pronunciaba a quienes hab\u00edan cogido menos cajas. Quedaban \u201cnominados\u201d y excluidos de trabajar al d\u00eda siguiente como castigo.<\/p>\n<p>Esto era parte de una presi\u00f3n psicol\u00f3gica asfixiante y sin tregua. El n\u00famero de cajas exigido aumentaba y el ritmo aplastaba insostenible. La amenaza latente del despido se gritaba continua en los invernaderos. Alguno estall\u00f3 y volaron cajas.<\/p>\n<p>Las horas extras, legalmente voluntarias, eran obligatorias. Eran, adem\u00e1s, en la hora inhumana del calor. La cuadrilla acab\u00f3 rebel\u00e1ndose y se acordaron supuestamente voluntarias. Pero siempre mal vistas, e insinu\u00e1ndose consecuencias. Por la hora extra se pagaba lo que una hora normal. Se trabajaba todos los d\u00edas, incluidos los domingos, por el salario de un d\u00eda normal. Para librar, hab\u00eda que pedirlo. Y negociarlo. Hab\u00eda gente que llevaba sin librar m\u00e1s de un mes. Ante estas condiciones, alguno fue a hablar con el due\u00f1o. \u201cMi campo, mis normas\u201d, le dijo. Esto solo lo puede decir alguien a quien avisan de las inspecciones laborales, como ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>All\u00e1 bajo los pl\u00e1sticos se escuchaba el siseo constante de un coro de serpientes. Era la frecuente inyecci\u00f3n de agua, repleta de fertilizantes. Las arenas de mi tierra son blancas, limpias y puras. Y no especialmente f\u00e9rtiles. Y secas. El agua escasea a un ritmo preocupante. El desierto avanza. El ar\u00e1ndano es un arbusto de bosques h\u00famedos y ricos, con abundante humedad superficial. Apenas profundizan sus ra\u00edces. De ah\u00ed el riego constante. Qu\u00e9 pensar\u00edan los ancestros, me preguntaba yo.<\/p>\n<p>Miles de a\u00f1os domesticando especies frutales adaptadas al clima y la tierra, como olivos, parras, algarrobos o higueras, para esto. Somos una especie extra\u00f1a.<\/p>\n<p>La cuadrilla se hizo clan. Me hab\u00edan hablado de las casetas infames que la finca les alquilaba. Uno de los \u00faltimos d\u00edas estuve de visita. Era peor de lo que pensaba. Gallineros de lata y pl\u00e1stico, cuyo techo regaban por el d\u00eda para combatir la lava in\u00fatilmente. Les cobraban dos euros al d\u00eda.<\/p>\n<p>Aquella campa\u00f1a rociera lleg\u00f3 a su fin, y la experiencia humana fue tan intensa y profunda que al a\u00f1o siguiente volv\u00ed a alistarme, esta vez en Aroche. Los Llanos de la Belleza, lugar que hace honor a su nombre, a pesar de los recientes mares de pl\u00e1stico. Intensificando el lugar, entre los invernaderos, destacaba un gran c\u00edrculo perfecto sin cultivar. Era el Dolmen de la Belleza.<\/p>\n<p>Aparte del paisaje id\u00edlico, esta vez iba con una multinacional. En mi inocencia de salvaje marisme\u00f1o cre\u00ed que, al ser una multinacional, como m\u00ednimo, esta vez cumplir\u00eda la ley. Nada m\u00e1s lejos de la realidad.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, con una mezcla de ambig\u00fcedad y firmeza, obligaban a las horas extras. Y aquello empez\u00f3 a encabronarme. Entonces me le\u00ed el contrato. Efectivamente, adem\u00e1s de que las horas extras son por ley voluntarias, seg\u00fan el convenio de los trabajadores del campo de Huelva al que el contrato se remit\u00eda ten\u00edan que pagarnos por hora extra 75 % m\u00e1s, y por trabajar los domingos 50 % m\u00e1s. Ninguna de las dos cosas ocurr\u00eda. Con el convencimiento de esta lectura, empec\u00e9 a predicar la palabra mientras recolect\u00e1bamos en los l\u00edneos.<\/p>\n<p>Por all\u00ed andaba el compa\u00f1ero Senen. Un orador nato. En nuestro primer cruce de palabras, cuando me pregunt\u00f3 c\u00f3mo andaba, le respond\u00ed \u201cora et labora\u201d. \u00c9l reaccion\u00f3 de inmediato: \u201cesa es la regla de la orden benedictina\u201d. Desde entonces y con surrealismo, aquellos l\u00edneos se transmutaron en un \u00e1gora en la que retumbaban a gritos entre matas diatribas sobre Schopenhauer o Nietzsche, recitales de poes\u00eda y an\u00e9cdotas estrafalarias y escandalosas que abrieron la veda de la excentricidad com\u00fan.<\/p>\n<p>Grandiosos y art\u00edsticos momentos de histeria colectiva ocurrieron. Sin dejar nadie de la cuadrilla su labor y profesionalidad, todo hay que decirlo. Pero el cachondeo es un pilar fundamental para sobrevivir aquellos infiernos, y memorables ratos pasamos. Uno de ellos viene al caso. El episodio del invierno de Vivaldi.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, ya casi al final de una agotadora y calurosa jornada, coincidimos Senen y una buena tropa relativamente cerca entre los l\u00edneos. Empezamos a divagar, como siempre, toda la cuadrilla circundante. En una de estas sali\u00f3 el invierno de Vivaldi, cuya melod\u00eda, por desvar\u00edos anteriores, hab\u00eda quedado como himno p\u00fablico. Y rompimos a cantar euf\u00f3ricos el invierno de Vivaldi en los aludes de lava de los Llanos de la Belleza, y se nos uni\u00f3 toda la cuadrilla en un bell\u00edsimo trance colectivo, cuando entonces, en pleno \u00e9xtasis, apareci\u00f3 vociferante el controlador.<\/p>\n<p>El controlador era una gruesa criatura humanoide que desplegaba incursiones s\u00fabitas de entre las matas buscando un fallo en la existencia del que acusarte. Una celebridad. En el m\u00e1s \u00e9pico invierno de Vivaldi recitado jam\u00e1s quiso aportar su granito de arena. Disolvi\u00f3 la catarsis con improperios y amenazas de despido. No le dimos demasiada importancia y proseguimos, ora et labora.<\/p>\n<p>La sorpresa vino cuando en los d\u00edas siguientes me despidieron junto a un grupo de compa\u00f1eros con una burda excusa. Todos los d\u00edas se impon\u00eda la orden infantil de que nadie pod\u00eda irse hasta que no se diera la orden expl\u00edcita, aunque la hora y el trabajo estuvieran finalizados. Esperando bajo el sol ardiente y el sinsentido, con su jornal y hora cumplidos, algunos se fueron antes de la orden. Tal fue la excusa. Lo curioso es que yo ni siquiera era de los que se hab\u00eda ido y hab\u00eda testigos abundantes.<\/p>\n<p>Me desped\u00ed de mis compa\u00f1eros. Despedidas muy emotivas, por cierto. En las \u00faltimas luces de aqu\u00e9l d\u00eda me llam\u00f3 nuestra manijera, que esta vez era una compa\u00f1era humana m\u00e1s, buena persona que hac\u00eda lo que pod\u00eda. Hab\u00eda intercedido para que prosiguiera mi epopeya en vista del absurdo. Al amanecer siguiente mis compa\u00f1eros contemplaron como resucit\u00e9 de entre los muertos. Pero otros no volvieron. Hoy los honramos.<\/p>\n<p>Aquella resurrecci\u00f3n, tratando de comprender con la manijera lo que hab\u00eda sucedido, me dijo: \u201cNo\u00e9, es que sois la \u00fanica cuadrilla entre decenas que no se queda a hacer las horas extra.\u201d Entonces comprend\u00ed. Hab\u00eda sido una represalia. Cuando me le\u00ed el contrato y empec\u00e9 a predicarlo, nos movilizamos, y a las horas extras no se acab\u00f3 quedando casi nadie. Pienso hoy lo que le respond\u00ed a la manijera entonces: \u201ceso es motivo de orgullo.\u201d<\/p>\n<p>Y hubo purga y se acab\u00f3. Este es el retrato de la indefensi\u00f3n absoluta en que se encuentran los trabajadores que cargan sobre sus hombros los alimentos de la civilizaci\u00f3n entera: ni sindicato, ni estado, ni ley. No existen para ellos. El desamparo es total. La mayor\u00eda ni siquiera conocen sus derechos. Pero aunque los conozcan, bien se aseguran de contratar bajo un mes de prueba, que abarca gran parte de la campa\u00f1a. A la m\u00ednima se cierne el despido sin justificaci\u00f3n, con impunidad. En mi odisea jornalera se concentraba todo lo bueno y malo de la humanidad. Pero, sobre todo, buenas personas v\u00edctimas de las circunstancias, grandes compa\u00f1eros. Un d\u00eda me top\u00e9 en las matas con Manuel. Le pregunt\u00e9 a qu\u00e9 se dedicaba y me dijo que a pedir por las casas. \u201c\u00bfComerciante ambulante?\u201d Le pregunt\u00e9. \u201cNo, no. A pedir por las casas\u201d, me dijo. Le llamaban El Mochila. Ante mi escucha atenta, me cont\u00f3 la historia de su vida.<\/p>\n<p>El caso es que, contando mis historias al p\u00fablico invisible pero numeroso que escuchaba entre las matas, se hab\u00eda enterado de que yo ten\u00eda una colecci\u00f3n de cr\u00e1neos. Me espet\u00f3: \u201c\u00bf Quieres un cr\u00e1neo de cocodrilo?\u201d. L\u00f3gicamente, re\u00ed. Prosigui\u00f3: \u201cs\u00ed, all\u00ed lo tengo en el pajar. Lo uso para asustar al perro. Se lo pongo delante y gru\u00f1e. Pero creo que lo voy a tirar por un barranco. \u00bfT\u00fa lo quieres?\u201d. Iba pareciendo serio, pero a pesar de que s\u00e9 bien que la realidad supera a la ficci\u00f3n, me pareci\u00f3 demasiado bonito para ser cierto. Sigui\u00f3 dando detalles. El propietario del cortijo donde se cobijaba ahora a cambio de trabajos era amigo del due\u00f1o de la \u00fanica granja de cocodrilos del Nilo de Europa, en Jerez, y se lo hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente est\u00e1bamos los jornaleros en las primeras luces del alba para proseguir con la lucha diaria. Se me acerc\u00f3 Manuel sigiloso, con un gesto c\u00f3mplice. \u201cVente que te voy a dar eso\u201d, susurr\u00f3.<\/p>\n<p>Acudimos. Abri\u00f3 el maletero del coche. Y all\u00ed estaba: un cr\u00e1neo majestuoso de cocodrilo del Nilo, con restos de carne y escamas, en mitad de los campos de ar\u00e1ndanos de los Llanos de la Belleza de Aroche al amanecer.<\/p>\n<p>Mucho tiempo despu\u00e9s, en la soledad de mi choza en la monta\u00f1a, me qued\u00e9 mirando el cr\u00e1neo de cocodrilo del Nilo, y empec\u00e9 a rememorar aquellos hombres y mujeres heroicos que cada amanecer salen al campo a trabajar en unas condiciones miserables los frutos sin los cuales la humanidad no puede vivir. Son esenciales. Recordadlos.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una cosa es el trabajo, y otra la recolecci\u00f3n del pan. Mi trabajo es mi obra. El pan de cada d\u00eda se recolecta de diversas formas. 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