{"id":3740,"date":"2013-07-24T13:36:03","date_gmt":"2013-07-24T13:36:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/las-implacables-trastiendas-carpetovetonicas\/"},"modified":"2021-06-02T21:15:19","modified_gmt":"2021-06-02T19:15:19","slug":"las-implacables-trastiendas-carpetovetonicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/las-implacables-trastiendas-carpetovetonicas\/","title":{"rendered":"Las impecables trastiendas carpetovet\u00f3nicas"},"content":{"rendered":"<figure style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/pasen_02%281%29.jpg\" alt=\"alt\" width=\"700\" height=\"252\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Las trastiendas siempre han sido uno de los lugares m\u00e1s fascinantes del mundo. Son espacios indeterminados, capaces de comunicar dimensiones distintas pero unidas, precisamente, por esas zonas de transici\u00f3n que, como las arenas movedizas, conectan la superficie y los abismos. Por eso tenemos la sensaci\u00f3n de que en ellas todo es posible, como en las trastiendas de las viejas librer\u00edas, por ejemplo, donde era posible sortear los controles del inquisidor para encontrar los libros prohibidos.<\/p>\n<p>No obstante, el caso de las librer\u00edas es tal vez la excepci\u00f3n liberadora que confirma la regla de sordidez que envuelve a las trastiendas. Porque en la mayor\u00eda de ellas no se descubren saberes vetados sino negocios turbios.Orson Wells supo plasmarlo con maestr\u00eda cuando, superando la novela de Graham Greene, convirti\u00f3 la Viena de posguerra en una gran trastienda urbana dedicada al mercadeo de la vida y la muerte. No es extra\u00f1o, pues, que sea en la asfixiante persecuci\u00f3n por las cloacas, otro espacio de tr\u00e1nsito entre dimensiones,\u00a0donde la pel\u00edcula logra sus momentos m\u00e1s sublimes. Es as\u00ed como el filme nos confirma lo ya intuido: que las trastiendas son un espacio propicio para ocultar cad\u00e1veres.\u00a0O a sus asesinos.<\/p>\n<p>La democracia espa\u00f1ola es tambi\u00e9n, en ese sentido, otro buen ejemplo del tenebroso poder de las trastiendas. Eso s\u00ed, sin la fuerza dram\u00e1tica de El tercer hombre\u00a0por mucho que la historiograf\u00eda palaciega se empe\u00f1e en proyectar sobreJuan Carlos I la lealtad y moralidad que encarna Joseph Cotten en el filme.\u00a0S\u00ed. En cierto modo, el sistema surgido de la transici\u00f3n naci\u00f3 precisamente con vocaci\u00f3n de gran trastienda donde ocultar miles de muertos y criminales. A los primeros, cuidadosamente ordenados en los estantes olvidados de una gran fosa com\u00fan. A los segundos, concienzudamente archivados en la carpeta de pr\u00f3ceres de la patria, como a Manuel Fraga, o discretamente conservados a sueldo de alg\u00fan ministerio -el de Interior preferiblemente- comoEmilio Hell\u00edn, el asesino de Yolanda Gonz\u00e1lez.<\/p>\n<p>Pero a los rancios verdugos de anta\u00f1o pronto se les fueron sumando toda una legi\u00f3n de aspirantes para terminar\u00a0configurando este r\u00e9gimen -que naci\u00f3 con todo atado y bien atado, seg\u00fan palabras del Caudillo por la gracia de Dios- \u00a0en esta gran trastienda carpetovet\u00f3nica, en unos almacenes de estraperlo al por mayor cuyos atestados dep\u00f3sitos alcanzan hasta la sala de armas de la Casa Real. Fueron surgiendo los Amedo y Dom\u00ednguez, los Barrionuevo, losRafael Vera, hasta el calz\u00f3n exhibicionista de Roldan.Les siguieron los emprendedores de pacotilla como los Ruiz Mateos, los Mario Conde o los Astroc de turno. O los Filesa y los Naserio. O los amiguitos del alma con bigotes floridos.O los trajes a medida para un Camps cualquiera. O tantos otros, en fin, hasta culminar en la peineta f\u00e1cil con que B\u00e1rcenas nos interpela con su castizo menosprecio.<\/p>\n<p>Con todo, no son estas las trastiendas m\u00e1s peligrosas, por mucho que los grandes medios \u2013protagonistas de sus propias trastiendas- traten de convencernos de queMariano Rajoy debe admitir su condici\u00f3n de bodeguero tramposo, responsable de aguar el vino democr\u00e1tico en la impunidad de sus ocultas tinajas. De nada servir\u00e1 su renuncia como tendero mayor del reino, ni los dubitativos afanes de Rubalcaba por presentarse como el defensor del consumidor enga\u00f1ado. Nada de esto servir\u00e1 para algo si previamente no saneamos el aire viciado de esa otra implacable trastienda. Aquella donde hace a\u00f1os que nos mantienen almacenados en las polvorientas vitrinas de la resignaci\u00f3n y la apat\u00eda.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las trastiendas siempre han sido uno de los lugares m\u00e1s fascinantes del mundo. Son espacios indeterminados, capaces de comunicar dimensiones distintas pero unidas, precisamente, por esas zonas de transici\u00f3n que, como las arenas movedizas, conectan la superficie y los abismos. 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