{"id":3709,"date":"2013-07-22T14:11:28","date_gmt":"2013-07-22T14:11:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/artistas-del-excel-iii\/"},"modified":"2023-12-29T13:43:11","modified_gmt":"2023-12-29T12:43:11","slug":"artistas-del-excel-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/artistas-del-excel-iii\/","title":{"rendered":"Artistas del excel (III)"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Excel03cc.jpg\" alt=\"alt\" width=\"700\" height=\"252\" \/><\/p>\n<p>Recuerdo que siguieron tres felices horas. No abandon\u00e9 la reuni\u00f3n en ning\u00fan momento y desde mi llegada escolt\u00e9 en todo momento a la homenajeada, compartiendo con ella las tareas de anfitri\u00f3n. Fue una posici\u00f3n de privilegio que nadie os\u00f3 discutirme, ni siquiera la mism\u00edsima Laura, quien hab\u00eda sido tan celosa siempre de su independencia y protagonismo; por el contrario, me acogi\u00f3 en tan improvisado papel con los brazos abiertos, como si hubiera estado aguard\u00e1ndome \u2013\u00a1ins\u00f3lita ocasi\u00f3n!\u2013 para cumplir sus expectativas m\u00e1s acariciadas.<\/p>\n<p>Por primera vez en muchos a\u00f1os volv\u00ed a sentirme grato, sinceramente querido por alguien. Y no s\u00f3lo por Laura. Ella representaba para m\u00ed la dicha mayor, pero tampoco eran de despreciar otros afectos ajenos, puesto que las noticias vuelan y los gestos y las presencias delatan. Varias personas se me acercaron con mayor o menor discreci\u00f3n para darme su mudo apoyo con un apret\u00f3n de manos, ya que verbalizarlo hubiera sido una prueba de abnegaci\u00f3n suicida, que jam\u00e1s se me habr\u00eda ocurrido exigir en medio de aquel bosque de antenas.<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n de desheredados tuvo algo de infantil, en el sentido m\u00e1s candoroso y bello del t\u00e9rmino, pues me dej\u00e9 seducir por mis propias fantas\u00edas, como si Laura y yo fu\u00e9semos una pareja madura y feliz que atendiera con parsimonia a sus invitados. La tomaba del brazo con delicadeza cuando no escrutaba sus movimientos con la atenci\u00f3n de un novio deslumbrado ante el fulgor de su amada, y atend\u00eda sol\u00edcito a los pormenores de aquel triste \u00e1gape, del mismo modo que hubiera supervisado con celo de patriarca la fiesta dada en mi mansi\u00f3n, como todo marido agradecido deb\u00eda de hacer. Adem\u00e1s, por doquier pregonaba los encantos y virtudes de aquella dama que para mi postrera desgracia no era m\u00eda, pero en cuya proximidad me sent\u00eda ensalzado y m\u00e1s que satisfecho ante los presentes, plet\u00f3rico como nunca. Hubiera sido grosero empa\u00f1ar esos momentos de felicidad, aunque ficticia, con una comparaci\u00f3n que revirtiera a otros episodios significativos de mi vida, pues no hallaba en el arqueo de mis d\u00edas pasados ninguno tan importante como ese rato que Laura me estaba obsequiando. Estaba en la gloria. Y ella se mostraba encantada, al suponer mi presencia el m\u00e1s s\u00f3lido de los apoyos an\u00edmicos en la hora de la despedida.<\/p>\n<p>Era viernes, de modo que poco antes de las dos el escenario qued\u00f3 vac\u00edo de gentes y repleto de vestigios del bullicio humano. El embrujo de la ocasi\u00f3n se mantuvo durante el rato en que apart\u00e1bamos los testimonios de la visita de propios y extra\u00f1os, aseando m\u00ednimamente el que hab\u00eda sido su despacho durante los \u00faltimos treinta meses. Entre tanto, el edificio se fue poblando de silencios, apenas quebrados por los pasos de alg\u00fan rezagado que hu\u00eda por fin hacia el oasis del fin de semana.<\/p>\n<p>Los ceniceros con pilas de colillas, las botellas vac\u00edas y los vasos de pl\u00e1stico en cuyo seno marchitaban mixturas de dif\u00edcil discernimiento, acabaron concentrados en una mesa auxiliar que ya se encargar\u00eda de vaciar el servicio de limpieza. Cumplida la tarea, consider\u00e9 que mis prerrogativas de falso c\u00f3nyuge me permit\u00edan sentarme a tomar la \u00faltima copa de cava, y as\u00ed lo hice, en el escritorio de Laura y en su misma butaca, no sin proveerme antes de un plato de tacos de tortilla de patata que hab\u00eda quedado ins\u00f3litamente mediado. Laura vino hacia m\u00ed arrastrando cierta pesadez de miembros, cansada de emociones; contrastaba aquella gravidez con la serena alegr\u00eda de su rostro, m\u00e1s propia de la celebraci\u00f3n de una onom\u00e1stica que de una despedida. Por encima del dolor y la contrariedad (ambas eran fruto de circunstancias externas), cuando menos se la ve\u00eda satisfecha.<\/p>\n<p>Como le acababa de robar su asiento, Laura vino a sentarse sobre el borde del escritorio, copa en mano; al acomodar las nalgas sobre el plano de la mesa hizo pasar una pierna sobre la otra, momento en que me ofreci\u00f3 el espect\u00e1culo ub\u00e9rrimo de sus muslos, los mismos que tanto hab\u00eda admirado yo en su juventud, tan firmes a\u00fan que la edad parec\u00eda haber estancado su curso sobre ellos. \u00abGracias por todo\u00bb, me dijo, mientras ofrec\u00eda su copa al brindis. \u00abT\u00fa ordena, que yo obedezco\u00bb, respond\u00ed, no sin dejar de lanzarle una mirada de afectada galanter\u00eda (esa s\u00ed que no era ficticia, porque la visi\u00f3n de sus piernas marm\u00f3reas, vestidas de seda, hab\u00eda turbado con caprichos de juventud la normal secreci\u00f3n de mis gl\u00e1ndulas). \u00ab\u00bfQu\u00e9 le dijiste a Jara?\u00bb \u00abLe present\u00e9 mis respetos, pero ten\u00eda cosas m\u00e1s importantes que hacer.\u00bb Laura esboz\u00f3 una sonrisa; por encima de la adversidad, mi arrojo le resultaba halagador, como honraba a la dama la osad\u00eda del caballero art\u00farico, capaz de romper cien lanzas para obtener sus favores. Creo que en ese momento fuimos, por una vez tan s\u00f3lo, inmensamente felices, unidos en la ventura de una gozosa transgresi\u00f3n. Y no entend\u00ed en un principio por qu\u00e9 dejaba su copa sobre el escritorio, sin llegar a consumar el ritual del brindis; ni cre\u00ed en la veracidad de su entrega, acostumbrado yo a la delectaci\u00f3n figurada de una belleza que siempre me hab\u00eda sido negada, hasta que as\u00ed lo confirmaron el peso de sus piernas, abiertas a horcajadas sobre mis muslos, la presi\u00f3n de su mano sobre mi bragueta y el agridulce sabor del cava en su saliva, que ahora ba\u00f1aba mis labios anestesiados por el alcohol para devolverlos a la vida.<\/p>\n<p>\u00abVoy a darte lo que siempre mereciste\u00bb, me susurr\u00f3 al o\u00eddo.<\/p>\n<p align=\"center\">*****<\/p>\n<p>De aquel fin de semana tan s\u00f3lo recuerdo un gozo inmarcesible, ante el cual se cual se eclipsan los pormenores de nuestro encuentro. Un\u00a0placer tan intenso no admite m\u00e1s determinaci\u00f3n que su propia magnificencia abstracta, conque los actos propiamente dichos se esfuman en una gloriosa yuxtaposici\u00f3n de sensaciones: efluvios de mujer en mis manos, en mi boca, en mi sexo; la atm\u00f3sfera enervante de la habitaci\u00f3n clausurada al exterior (cortinas corridas, m\u00fasica de fondo incesante, olor a whisky derramado sobre las s\u00e1banas); un cansancio muelle y viscoso que acuna los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Laura se fue de mi vida como entr\u00f3 en ella, impredecible y rauda. Porque s\u00f3lo estuvo en el c\u00f3mputo de mis d\u00edas durante ese fin de semana de sexo hasta el desquiciamiento.<\/p>\n<p>La llam\u00e9 d\u00edas despu\u00e9s. No contestaba en casa, nunca ten\u00eda el m\u00f3vil conectado (nunca m\u00e1s lo tuvo, al menos ese m\u00f3vil). Su piso qued\u00f3 cerrado (\u00bfcu\u00e1ntos d\u00edas he pasado frente al portal con la vana esperanza de encontrar las ventanas de nuevo abiertas?). Nadie en adelante tuvo noticia de ella.<\/p>\n<p align=\"center\">*****<\/p>\n<p>Las delicias de aquellos d\u00edas ef\u00edmeros se convirtieron en un tormento para la memoria. Me rode\u00e9 de mujeres y volv\u00ed a empinar el codo con desafuero, pero nada ni nadie pod\u00eda contra el recuerdo de Laura. Muchos erraron al atribuir mi hundimiento emocional a la degradaci\u00f3n laboral dictada por Jara, la primera de tres en los a\u00f1os posteriores (a m\u00e1s de uno, la maldad lo convierte en est\u00fapido). Laura \u2013su ausencia\u2013 era la \u00fanica causa de mis cuitas, \u00a1qu\u00e9 carajo me importaba a esas alturas ni la compa\u00f1\u00eda ni mi futuro profesional! Pero me fastidia haber proporcionado una falsa satisfacci\u00f3n a mis antagonistas, Jara el primero, cuando volv\u00ed a ingresar en aquella cl\u00ednica de reposo. All\u00ed, como ya hab\u00eda ocurrido durante mi primer internamiento, no s\u00e9 qu\u00e9 carajo hicieron conmigo los m\u00e9dicos, pero sal\u00ed m\u00e1s suave que un guante, diluido en la misma melancol\u00eda seminal que me hab\u00eda permitido subsistir durante tantos a\u00f1os a la distante presencia de Laura.<\/p>\n<p align=\"center\">*****<\/p>\n<p>El destino a\u00fan nos ten\u00eda reservada otra de sus veleidades. Porque tambi\u00e9n lleg\u00f3 el d\u00eda en que Luis M\u00e1rquez dej\u00f3 la compa\u00f1\u00eda fundada por su ilustre bisabuelo y engrandecida por sus insignes abuelo y padre.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s, quiz\u00e1 todos, pensaron que mi marcha fue fruto del despecho o de la ira. Pero se equivocaron, fue por amor.<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 en aquellas infaustas navidades del 2002, si bien no m\u00e1s aciagas que las del 2001 o las del 2000, o cualesquiera otras que hubo antes y se sucedieron a partir de entonces. En aquella mierda de comida de empresa. Una mierda sin paliativos: ojal\u00e1 dispusiera de una expresi\u00f3n mayor, pero sin pedanter\u00edas, para expresar el inmenso asco que me provocaban aquellos sainetes empresariales donde los odios m\u00e1s que justificados se convert\u00edan por un d\u00eda en las mejores intenciones del mundo, como si las relaciones laborales se cifrasen en simple rivalidad futbol\u00edstica; corajuda y terca, s\u00ed, pero deportiva al fin y al cabo.<\/p>\n<p>Soport\u00e9 con absoluta indiferencia de estilita del desierto las miradas c\u00ednicas de los j\u00f3venes tiburones, encaramados al estrato superior de la empresa por mor de sus notables condiciones como gestores (el servilismo y la crueldad, b\u00e1sicamente). Su arrogancia se ve\u00eda recompensada por el temor de los veteranos de todos los pisos, gentes de trayectoria profesional estancada en uno u otro nivel tras muchos a\u00f1os de labor, pero tambi\u00e9n de est\u00e9riles insidias, porque una de las paradojas m\u00e1s tristes del ser humano es que la iluminaci\u00f3n suele alcanzarnos como fruto de nuestros fracasos, no de nuestros m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>Las chanzas de Jara \u2013tan recurrentes y burdas todas ellas, \u00a1qu\u00e9 dechado de estupidez!\u2013 me resbalaban como la lluvia sobre el hule; un pito me importaban el se\u00f1or mandam\u00e1s y sus ac\u00f3litos falderos. Para demostr\u00e1rselo, acced\u00ed encantado a ocupar el asiento de su derecha, en la mesa presidencial de nuestro espl\u00e9ndido banquete empresarial. La pitanza no estaba mal: manjares de dise\u00f1o, pero sabrosos, acompa\u00f1ados de reservas, selecto armagnac y habanos de primera, oferta irresistible para quienes a\u00fan \u2013y por mucho tiempo, si Dios quiere\u2013 nos mantenemos libres de la diabetes.<\/p>\n<p>Jara quer\u00eda un pelele, un tonto del culo para re\u00edrse de \u00e9l, y cre\u00eda tenerme a su capricho en tal menester. Ante sus ojos, yo, el ilustre degradado, era el m\u00e1s miserable de los payasos. Pero me afectaban bien poco las tramas de nuestro l\u00edder, tal como les hab\u00eda explicado en secreto a ciertos compa\u00f1eros, los m\u00e1s leales y acobardados amigos de tiempos pasados que s\u00ed fueron mejores, reunidos junto a la m\u00e1quina de caf\u00e9 de la planta baja, durante un\u00a0c\u00f3nclave improvisado para aprovechar una breve ausencia por viaje de negocios de nuestro peque\u00f1o d\u00e9spota:\u00a0\u00abPara ser malo, hay que ser inteligente, pero Jara es m\u00e1s tonto que mis cojones, que llevan sesenta a\u00f1os juntos y todav\u00eda no se conocen.\u00bb La verdad es que siempre reconoc\u00ed en Jara una perspicacia natural muy acusada, pero disfrutaba trat\u00e1ndolo de idiota.<\/p>\n<p>El alma humana es un instrumento con innumerables resortes, de modo que siempre gime una cuerda mal tensada, por mucho que lo creamos bien\u00a0temperado,\u00a0y aquel cabr\u00f3n de Jara acert\u00f3 a tocarla. Mi punto d\u00e9bil, c\u00f3mo no, era Laura, cuyo recuerdo, lejos de diluirse en el tiempo, manten\u00eda su intensidad a trav\u00e9s de los meses y los a\u00f1os, con fuerza pareja a la ira de quien odia y ve aplazada eternamente su venganza.<\/p>\n<p>(Resulta curioso el hecho, tal vez pura pobreza conceptual, de verme forzado a expresar un sentimiento de genuino amor recurriendo a los mecanismos de la aversi\u00f3n. Quiz\u00e1 sea porque ambas pulsiones aspiran a la posesi\u00f3n m\u00e1s completa que pueda concebirse, como es disponer de la vida ajena para el bien o para el mal.)<\/p>\n<p>Resist\u00ed imp\u00e1vido, devolviendo golpe tras golpe con certera sorna, la lluvia de directas e indirectas que durante aquella tragantona navide\u00f1a me dispens\u00f3 mi l\u00edder (por si alguien no se ha enterado a\u00fan, en el siglo XXI ya no existen los jefes). La desmesura caracterizaba siempre sus enconos. \u00a1Qu\u00e9 car\u00e1cter, tan prol\u00edfico en la ofensa y cu\u00e1n parco a la hora de los agradecimientos, aunque le fuera la vida en ello! Mi frialdad le caus\u00f3 sorpresa y desaz\u00f3n a partes iguales, porque los ac\u00f3litos del poder, que me rodeaban cual guardia de carceleros, hab\u00edan percibido su notoria desventaja en el cuerpo a cuerpo del sarcasmo. \u00a0Y as\u00ed transcurri\u00f3 la pelea hasta los postres, cuando Jara se fue a mear, no sin antes lanzar al ruedo de sus leguleyos una ret\u00f3rica explicaci\u00f3n sobre la funci\u00f3n fisiol\u00f3gica que se propon\u00eda satisfacer en los siguientes minutos, pura memez para distraer la atenci\u00f3n ajena del brete en que lo hab\u00edan arrinconado mis puyas.\u00a0Pero el apuro debi\u00f3 \u00edrsele por la taza del v\u00e1ter, en pos de la micci\u00f3n, porque volvi\u00f3 con una sonrisa perversa timbrada en los labios&#8230;<\/p>\n<p>Tal vez la posibilidad de palparse el miembro, \u00f3rgano b\u00e1sico de intelecci\u00f3n de nuestro l\u00edder, hab\u00eda tenido la virtud de despertarle la sagacidad.<\/p>\n<p>No bien se hubo sentado, me pregunt\u00f3 si \u00abpor casualidad\u00bb ten\u00eda noticias de \u00abnuestra com\u00fan amiga Laura\u00bb. Encaj\u00e9 la pregunta como un pu\u00f1etazo certero, pues sent\u00ed el triple salto mortal del est\u00f3mago, impelido contra las barreras de carne que mantienen el aparato digestivo en su posici\u00f3n natural. La sonrisa carn\u00edvora del protol\u00edder veintea\u00f1ero sentado a mi frente corrobor\u00f3 la imagen de animal herido que acababa de hacerme de m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u2013Ninguna\u00a0\u2013respond\u00ed tras compactar las migas de mi entereza, haciendo esfuerzos para hablar.<\/p>\n<p>\u2013Los a\u00f1os no pasan en balde y las viejas disputas hay que olvidarlas. \u2013Me preguntaba ad\u00f3nde quer\u00eda llegar Jara con frase tan conciliadora. Concluy\u00f3:\u2013 Puedes decirle que agua pasada no mueve molino.<\/p>\n<p>Supongo que mi semblante se ensombreci\u00f3 al responderle: \u00abJara, te he dicho que no s\u00e9 nada de ella\u00bb. Y \u00e9l, todo camarader\u00eda: \u00abPerdona, hombre, pens\u00e9 que seguir\u00edas vi\u00e9ndola, \u00a1con lo que os quer\u00edais!\u00bb. En ese punto supe perdida la partida, porque entregarse a la corriente de la furia supone siempre una derrota moral, aunque logremos imponer nuestra fuerza. A cualquier persona inteligente le duele m\u00e1s perder en un lance de ingenio que ser tumbado en la pelea a pu\u00f1etazos que de antemano nunca entablar\u00eda (c\u00e1mbiese el verbo por\u00a0ganar\u00a0y otro tanto cabe decir). Pero tambi\u00e9n estoy convencido de que esa manada de\u00a0carro\u00f1eros necesitaba una prueba contundente de que alguien guardaba vivo el recuerdo de Laura. As\u00ed pues, la suerte estaba echada.<\/p>\n<p>Como postrer concesi\u00f3n a la eticidad regal\u00e9 al l\u00edder la ocasi\u00f3n de disculparse, para que nadie pudiera decir nunca que Luis M\u00e1rquez se hab\u00eda propasado sin motivo: \u00bb<\/p>\n<p>\u2013No\u00a0te entiendo, Jara. \u00bfQu\u00e9 quieres decir?<\/p>\n<p>El peque\u00f1o gran hombre pos\u00f3 sobre mi antebrazo su puerca mano, harta de sofaldar secretarias; de repente tan conciliador, mientras mostraba los colmillos en una sonrisa vasta como el portal\u00f3n de hangar por donde debe entrar un avi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2013Venga, Luis, ya sabes por qu\u00e9 lo digo. Aquel mensaje por e-mail poni\u00e9ndome a parir, el d\u00eda siguiente a que se marchara. Era una de tus cuentas de correo particulares. Una de las cuentas de tu correo particular, quiero decir&#8230; En alguna ocasi\u00f3n la empleaste para comunicarte conmigo, \u00bfno te acuerdas?<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s me daba cuenta de la inmensa metedura de pata: el correo electr\u00f3nico de Laura hab\u00eda sido clausurado, de modo que no pudo enviar aquel mensaje desahogado desde su propia terminal, y lo hizo desde casa, sirvi\u00e9ndose de una cuenta m\u00eda de car\u00e1cter privado.<\/p>\n<p>A buen entendedor\u00a0pocas palabras bastan,\u00a0podr\u00eda haber dicho Jara rematando su faena. Pero hab\u00eda m\u00e1s palabras, y procaces:<\/p>\n<p>\u2013Luis, nos conocemos desde hace tiempo y por encima de las diferencias que pueda haber en el trabajo, que las hay, nadie va a negarlo, los dos somos hombres. Hombres de verdad. Si no, \u00bfde qu\u00e9 te crees que estar\u00edas hoy sentado aqu\u00ed, a mi vera? T\u00fa eres un t\u00edo con huevos y lo has demostrado siempre. Con huevos para enfrentarte a quien sea y tambi\u00e9n para follarte a todas las t\u00edas que haga falta, y Laura no iba a ser menos. Era un buen bocado, s\u00ed se\u00f1or. Por cierto, de hombre a hombre: cuando te la tirabas, \u00bfte dec\u00eda que le hac\u00edas da\u00f1o? A m\u00ed, siempre se me quejaba&#8230; Pero mira que le gustaba, a la muy guarra.<\/p>\n<p>Tocado, por no decir jodido. Jara hab\u00eda conseguido desarbolar mi capacidad de resistencia con el\u00a0brainstorming\u00a0de sus abyectos recuerdos. Me levant\u00e9 de mi silla; eso s\u00ed, muy parsimoniosamente, que para displays est\u00e1n los pavos reales y las folcl\u00f3ricas, tras doblar la servilleta con cuidado y dejarla sobre la mesa. Solo de palabra pensaba perder la compostura. Llegu\u00e9 incluso a alisarme los pantalones, una vez parado. Luego le dije a Jara que era \u00abun cabr\u00f3n y un hijo de puta\u00bb (a tales efectos, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la diferencia?), y que se pusiera de pie \u00absi ten\u00eda cojones\u00bb, pues pensaba darle \u00abuna hostia\u00bb aunque se mantuviera sentado. Pero no se levant\u00f3; por supuesto que no. Era un cobarde integral. Conque recibi\u00f3 de pleno un pu\u00f1etazo en el rostro, de acci\u00f3n devastadora a tenor de su posici\u00f3n de desvalimiento, empeorada por la diferencia de corpulencia (le saco veinte cent\u00edmetros de estatura y otros tantos kilos de peso).<\/p>\n<p>Jara cay\u00f3 como un bloque de granito derribado desde su base por la acci\u00f3n de una palanca, arrastrando la silla al suelo, y qued\u00f3 como muerto, completamente KO. Afortunadamente, nunca he sido hombre de peleas; desde los doce a\u00f1os no hab\u00eda golpeado a nadie y ya no ten\u00eda edad para cascar muchas nueces. De otro modo, el golpe podr\u00eda haber sido fatal.<\/p>\n<p>Ninguno de sus l\u00edderes probeta \u2013pobres leguleyos, no llegaban ni a esbirros\u2013 me importun\u00f3 mientras sal\u00eda del lujoso restaurante, tan altivo yo, s\u00e9 que acompa\u00f1ado por la muda conformidad de tantos y la no menos callada solidaridad de unos pocos.<\/p>\n<p align=\"center\">*****<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s recib\u00ed en casa un correo electr\u00f3nico sin remitente, escrito en t\u00e9rminos telegr\u00e1ficos:<\/p>\n<p>\u00abLo s\u00e9 todo. Eres mi h\u00e9roe.<\/p>\n<p>Te quiero.<\/p>\n<p>Laura\u00bb<\/p>\n<p>Nunca m\u00e1s he vuelto a saber de ella.<\/p>\n<p align=\"center\">FIN<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/artistas-del-excel-i\/\">Artistas del Excel (I)<\/a><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/artistas-del-excel-ii\/\">Artistas del Excel (II)<\/a><\/span><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuerdo que siguieron tres felices horas. No abandon\u00e9 la reuni\u00f3n en ning\u00fan momento y desde mi llegada escolt\u00e9 en todo momento a la homenajeada, compartiendo con ella las tareas de anfitri\u00f3n. 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