{"id":3647,"date":"2013-07-09T16:43:59","date_gmt":"2013-07-09T16:43:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/artistas-del-excel-i\/"},"modified":"2022-09-14T16:37:03","modified_gmt":"2022-09-14T14:37:03","slug":"artistas-del-excel-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/artistas-del-excel-i\/","title":{"rendered":"Artistas del excel (I)"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/Excel03a.jpg\" alt=\"alt\" width=\"700\" height=\"252\" \/><\/p>\n<p>El d\u00eda de la despedida de Laura cumpl\u00ed sin variaci\u00f3n con mis costumbres madrugadoras y llegu\u00e9 el primero, como todos los d\u00edas desde hac\u00eda tantos a\u00f1os, a los lujos del s\u00e9ptimo piso, un ed\u00e9n de suelos de m\u00e1rmol y muebles de dise\u00f1o vanguardista repleto de lienzos, plantas, tapices, maderas nobles y espejos donde contemplar el esplendor de los trajes de sastre que rivalizaban en la competici\u00f3n del mejor corte, prueba m\u00e1s enconada que cualquier final de f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Recuerdo que amaneci\u00f3 un d\u00eda agradable de finales de invierno, as\u00ed pude comprobarlo en el breve paseo cotidiano desde casa. Disfrutaba como un verdadero privilegio el hecho de acudir caminando al trabajo, aunque definir as\u00ed mis tareas representativas en la centenaria compa\u00f1\u00eda fundada por mi bisabuelo era un mero decir, una palabra tomada fr\u00edvolamente en pr\u00e9stamo a la jerga de quienes tienen empe\u00f1adas todas las ma\u00f1anas de su vida (sin ir m\u00e1s lejos cuantos alojaba nuestro edificio del sexto piso para abajo).<\/p>\n<p>Otros de mi condici\u00f3n hubieran preferido acudir en sus Mercedes o Porsche, aunque se hubiera dado la casual circunstancia de que vivieran enfrente mismo de nuestra sede, para as\u00ed dar fe de opulencia durante el trasvase de garaje a garaje, pero a m\u00ed me importaban muy poco semejantes alardes.<\/p>\n<p>Figuraba este paseo matinal entre las ventajas de no haber abandonado el c\u00e9ntrico y se\u00f1orial piso de mis abuelos para irme a vivir a una urbanizaci\u00f3n de la periferia urbana, p\u00e1ramos donde no hay m\u00e1s se\u00f1al de humanidad que los rugidos de los ni\u00f1atos bemeuvizados o de los perros de presa asesinos parapetados tras los altos muros de las mansiones. Ocasiones no me han faltado para una buena transacci\u00f3n, pues tengo en cola a los m\u00e1s acaudalados notarios de la capital para venderles mi casa cuando quiera, seguidos a corta distancia por diplom\u00e1ticos de distintos pa\u00edses, pero en ning\u00fan otro lugar, por majestuoso que fuera (y le costar\u00eda serlo), estar\u00eda yo arrullado por los recuerdos felices de mi infancia como lo estoy en mi piso familiar.<\/p>\n<p>Como todos los d\u00edas desde que nuestra remozada sede se hab\u00eda convertido en inteligente (o semi, porque a\u00fan albergaba mucho idiota en su interior), abr\u00ed la puerta del vest\u00edbulo con mi tarjeta electr\u00f3nica, personal e intransferible, que me daba carta de identidad en el seno de la Santa Madre Empresa. Ya dentro, junto al umbral recib\u00ed el saludo afectado, casi reverencial del guardia jurado de los cordones, alamares y charreteras, triste caricatura de un general decimon\u00f3nico rebajado a las labores de ujier tras Dios sabe qu\u00e9 derrota colonial (me lo imaginaba mascullando entre dientes, con toda la rabia que pod\u00eda parir su humillaci\u00f3n: \u00ab\u00a1Malditos mambises!\u00bb). Le dediqu\u00e9 una sonrisa carente de simpat\u00eda pero en modo alguno displicente, meramente estereotipada, y ascend\u00ed hasta el s\u00e9ptimo cielo del poder empresarial en el elevador privado, de uso exclusivo para VIPs, que sub\u00eda desde el garaje hasta el s\u00e9ptimo piso con \u00fanica escala en la planta baja\u2026 Supongo que para salir corriendo en caso de necesidad, nunca se sabe qu\u00e9 puede pasar cuando se brega con esa clase trabajadora tan ruin de sentimientos, que s\u00f3lo busca su provecho personal por encima de las necesidades objetivas de la compa\u00f1\u00eda y del bien colectivo de cuantos se benefician de la labor social de nuestra empresa (lo repet\u00eda mi abuelo hasta la saciedad, con la afectaci\u00f3n de quien necesita justificar las maldades que perpetra).<\/p>\n<p>Mi despacho se hallaba a la derecha de las opulentas estancias del jefe supremo (oficialmente, \u201cel director general\u201d; para m\u00ed, siempre en petit comit\u00e9, \u201cel garrulo de Jara\u201d). As\u00ed correspond\u00eda al justo de las finanzas que yo era, con todo merecimiento ubicado junto a su dios empresarial.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda casi un a\u00f1o, tal vecindad no me imped\u00eda atravesar mi particular purgatorio, personificado en Dolores, la secretaria heredada de otro privilegiado \u2013este, dimisionario\u2013 que vino a sustituir con muchos a\u00f1os a cuestas y gris eficiencia profesional a la cimbreante B\u00e1rbara, su precedente en mi antesala, m\u00e1s preocupada en agradar visualmente a su jefe \u2013es decir, a m\u00ed\u2013 que en demostrar su val\u00eda al frente de la agenda y el tel\u00e9fono. Me agradaban esos desvelos, no lo puedo negar; tanto como la vibraci\u00f3n de mis humores, rebeldes a la edad, al son de su paso marcial. Fue una de las jugarretas de Jara: la humillaci\u00f3n impl\u00edcita a esa condena al tedio que conllev\u00f3 el cambio de mi asistente.<\/p>\n<p>Por suerte, Dolores no aparec\u00eda nunca antes de las nueve en punto de la ma\u00f1ana (en realidad, yo se lo ten\u00eda prohibido), con lo cual dispon\u00eda a diario de un rato matutino de libertad, pues solo soy dormil\u00f3n cuando tengo resaca. Una vez acomodado, intent\u00e9 mantener un atisbo de normalidad repasando la prensa de informaci\u00f3n general y econ\u00f3mica servida sobre la mesa desde antes de mi arribada; as\u00ed hac\u00eda todos los d\u00edas, pero aquella ma\u00f1ana proced\u00ed con la doble finalidad de sosegarme interiormente y, de paso, matar el rato hasta que llegase el momento oportuno para llamar a Laura. Aguard\u00e9 ese instante con una impaciencia desmedida, impropia de mi car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Era el \u00faltimo d\u00eda de Laura en la compa\u00f1\u00eda despu\u00e9s de 27 a\u00f1os de brillante actividad. Brillante, repito sin reparos, pese a que su trayectoria laboral \u2013esto es: el reconocimiento p\u00fablico de los m\u00e9ritos atesorados\u2013 hab\u00eda recorrido caminos discordes a su actitud profesional, contra toda l\u00f3gica y por causas bien evidentes que poco a poco ir\u00e1n aflorando en esta cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de mirar el reloj media docena de veces, a eso de las nueve menos cuarto calcul\u00e9 que Laura estar\u00eda irrumpiendo en su despacho, el cuchitril de la planta baja que se le hab\u00eda asignado tras su \u00faltima bronca con jefatura (perd\u00f3n, su m\u00e1s reciente desavenencia con nuestra Direcci\u00f3n). Y digo \u201cirrumpiendo\u201d porque lloviera o tronara desplegaba Laura un entusiasmo visceral e inclaudicable, a prueba de bombas y desplantes laborales, plasmado en el vigor con que todos los d\u00edas sacud\u00eda la modorra matinal de su equipo de colaboradores, mermado conforme porfiaba en sus discrepancias, \u00a1maldito orgullo!, con el director general (s\u00ed, el garrulo de Jara).<\/p>\n<p>Uno, dos, hasta tres tonos sonaron antes de que Laura alzara el auricular:<\/p>\n<p>\u2013Buenos d\u00edas, mi se\u00f1ora. \u00bfC\u00f3mo se presenta la jornada?<\/p>\n<p>La teatral afectaci\u00f3n de mi saludo se amparaba en la confianza que nos ten\u00edamos desde hac\u00eda tantos a\u00f1os. La misma intimidad que nunca hab\u00eda superado el gesto de aprecio, la predilecci\u00f3n morigerada de la simpat\u00eda, si acaso de deferencia p\u00fablica por parte de Laura. Un grado de estima notablemente superior a la media, pero nada m\u00e1s. Y valga decir que muy a mi pesar, pues yo hab\u00eda perdido la cabeza por Laura en un tiempo ya lejano (digo lejano porque los dos, que ten\u00edamos la misma edad, hab\u00edamos rebasado la linde del medio siglo y los recuerdos parec\u00edan vividos ayer mismo, pero llevaban m\u00e1s de veinte a\u00f1os cogiendo solera en las cavas de la memoria).<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 un par de a\u00f1os despu\u00e9s de incorporarse Laura a nuestra compa\u00f1\u00eda, cuando empec\u00e9 a tratarla en todo el sentido del t\u00e9rmino, pues hasta entonces nuestra relaci\u00f3n se hab\u00eda limitado a coincidencias espor\u00e1dicas en un despacho ajeno o encuentros en tediosas reuniones interdepartamentales. Fue la misma \u00e9poca en que Laura perdi\u00f3 la cabeza por Jara, quien ya ten\u00eda una posici\u00f3n privilegiada en la compa\u00f1\u00eda: se le pronosticaba como futuro director general y ah\u00ed sigue despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, inamovible pese a sus maldades o tal vez gracias a ellas. Sufr\u00ed mucho en aquellos d\u00edas y a punto estuve de acrecentar el dolor de Laura, pues Jara tiene la sat\u00e1nica capacidad de hacer infelices a cuantos lo rodean e incluso a las personas que quiere, suponiendo que sea capaz de experimentar sentimiento alguno, aparte de la codicia y la ira. En aquel entonces, Laura supo entender casi maternalmente la puerilidad de mis arrebatos y, sobre todo, mi desvalida sinceridad. Comprendi\u00f3 que yo la quer\u00eda sinceramente y desde entonces me dispens\u00f3 una deferencia especial, grata tanto en sus maneras como por el poso de cari\u00f1o que desvelaba sin reparos.<\/p>\n<p>Respondi\u00f3 con voz cansada, como quien deja escapar las fatigas de una noche en vela:<\/p>\n<p>\u2013Sab\u00eda que eras t\u00fa. Gracias por llamar.<\/p>\n<p>\u2013Siempre a tus pies \u2013me gustaba dedicarle frases galantes, tan lejanas del habla cotidiana pero siempre sinceras a pesar de su aire ampuloso; quer\u00eda tratarla como un trovador a su amiga, huroneando en esa tierra de nadie, tan difusa de lindes, que separa la devoci\u00f3n del deseo, la amistad del idilio\u2013. \u00bfHas podido dormir algo?<\/p>\n<p>\u2013Muy poco. No es f\u00e1cil dar este paso y echar\u00e9 de menos a mucha gente. Por ejemplo, a ti. Y a una parte de mi vida.<\/p>\n<p>A veces me preguntaba: \u00bfpor qu\u00e9 te sobresaltas cuando oyes tu nombre en sus labios o al saber que se refiere de alg\u00fan modo a ti, si tu amor por Laura fue un episodio de juventud con nula trascendencia, sobre todo despu\u00e9s de tantos sucesos acaecidos desde entonces? Tantos y tan importantes avatares como para pensar solo en ellos, y no en aquel enamoramiento no correspondido.<\/p>\n<p>\u00bfNo fue mucho mejor, por decirlo as\u00ed, aquel a\u00f1o con Marta, mientras se decid\u00eda de una vez por todas a separarse de Joaqu\u00edn, excompa\u00f1ero de planta de Laura? \u00a1Vaya a\u00f1o de locura! Marta ten\u00eda hambre de sexo porque su marido era un impotente, aunque fuera comi\u00e9ndoselo todo por la oficina \u2013de boquilla, claro est\u00e1\u2013 y armando jaleo por los bares cuando se emborrachaba. A Joaqu\u00edn lo despidieron por acoso sexual, lleg\u00f3 a morder en el cuello a su secretaria y Jara, mucho m\u00e1s pervertido, no pod\u00eda tolerar que hubiera dos gallos en el mismo corral, porque s\u00f3lo \u00e9l se permit\u00eda blandir los espolones del poder absoluto. En fin, que mientras el memo ese persegu\u00eda a su secretaria y armaba broncas y maldec\u00eda a \u00abla cabrona de mi mujer\u00bb, yo me encamaba con la antedicha para luego permitirme el gustazo \u2013eso s\u00ed que era sadismo, debo confesarlo\u2013 de meterle unas broncas inmensas cuando los informes que dejaba sobre mi escritorio no eran de mi agrado, ora porque yo los prefer\u00eda de otro modo, a mi capricho, ora porque simplemente estaban mal hechos, pues Joaqu\u00edn no daba pie con bola. Y para colmo de la satisfacci\u00f3n m\u00e1s aviesa, cuando lo ve\u00eda enrojecer de c\u00f3lera ante mis reproches y correcciones, pensaba con regocijo: \u00abPues esto no es nada, picha boba, si supieras lo que me ha contado tu mujer&#8230; Con lo buena que est\u00e1 y lo caliente que va, que le gusta follar m\u00e1s que a las putas, y t\u00fa sin echarle el diente encima, maric\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Disfrut\u00e9 de lo lindo humillando a ese desgraciado, que necesitaba un repaso psicol\u00f3gico integral. No estoy orgulloso de ello, pero hay causas coyunturales de sobra para comprender mi mala predisposici\u00f3n. No me considero malo, en otras ocasiones he dado muestras de bonhom\u00eda, pero la doctrina imperante en la empresa, \u00abHomo lupus hominis est\u00bb, por fuerza ten\u00eda que calar sobre la coraza de nuestros principios (algunos carecen de ella, as\u00ed puede colegirse de su actuaci\u00f3n durante a\u00f1os y a\u00f1os). Al fin y al cabo para oficiar de alima\u00f1as nos pagaban (y a m\u00ed muy bien, aparte de los beneficios proporcionados por mi condici\u00f3n de accionista). Y si a las torpezas laborales de Joaqu\u00edn a\u00f1adimos mi relaci\u00f3n f\u00edsica con su mujer, porque distinguir nuestro ligamen como sentimental hubiera sido mucho pretender, pues no hace falta gran agudeza l\u00f3gica para entender mi inquina, aun sin justificarla.<\/p>\n<p>En fin, lo dicho anteriormente: que podr\u00eda recordar con mucha mayor fruici\u00f3n aquel a\u00f1o con Marta que no de los casi dos a\u00f1os en que pen\u00e9 la indiferencia de Laura mientras Jara se la beneficiaba de modo ostensible, a veces cuasi exhibicionista, porque el se\u00f1or director general es as\u00ed de altanero y sical\u00edptico. Quiz\u00e1 responda mi querencia a una frustraci\u00f3n, la inagotable atracci\u00f3n hacia el objeto nunca alcanzado, que acaba convirti\u00e9ndolo en un mito. No lo s\u00e9.<\/p>\n<p>(Divorciada por fin, Marta volvi\u00f3 a su tierra, las Canarias, y me dio su direcci\u00f3n y tel\u00e9fono pero nunca tuve ni la inquietud ni el deseo de llamarla, me bast\u00f3 con los muchos ratos de placer regalados.)<\/p>\n<p>En cierta ocasi\u00f3n, cuando Laura y yo hab\u00edamos coincidido ya en la antesala de la gloria (es decir, en el sexto piso, donde se embarnecen los ejecutivos biso\u00f1os), arrastr\u00e9 una noche al plantel de varones de la planta a tomar unas copas, y con mucha astucia, tras un par de comentarios sobre las <a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/solo-si-es-si\/\">relaciones sexuales<\/a> entre compa\u00f1eros que dije haber o\u00eddo \u2013ment\u00eda\u2013 en no s\u00e9 qu\u00e9 emisora de radio, pregunt\u00e9 a la ferviente muchachada \u2013algunos ya no lo eran tanto\u2013 cu\u00e1l de las dos ejecutivas de nuestra planta, Laura o Edurne, les hubiera gustado tirarse. Despu\u00e9s de forzar la elecci\u00f3n, porque a mi pregunta sucedi\u00f3 el grito un\u00e1nime de \u00ab\u00a1A las dos!, \u00a1a las dos!\u00bb, aquellos sesudos hombres de negocios bajaron de los cielos de las cifras, las previsiones de recursos y las acciones en bolsa \u2013\u00a1y las opciones!, \u00a1no olvidemos las opciones!\u2013 y por mayor\u00eda absoluta eligieron a Edurne para ser follada con prioridad sobre Laura. Un dictamen que en ese momento, debo confesarlo, ofendi\u00f3 mi orgullo primario de macho ib\u00e9rico, no muy distinto al del papi\u00f3n si es que en algo se diferencian.<\/p>\n<p>Durante lustrs he vivido en el bucle del recuerdo de aquella Laura de veinticinco a\u00f1os reci\u00e9n incorporada a nuestro exquisito plantel de profesionales del timo y el agiotaje, demasiado bella para sumirse en la podredumbre interior de cuantos la rodeaban en el severo edificio de siete plantas que a\u00fan no se hab\u00eda convertido en inteligente. Quer\u00e1moslo o no, el tiempo corre a toda prisa y cuantos qued\u00e1bamos de entonces, el d\u00eda de la despedida de Laura \u00e9ramos ya m\u00e1s que maduritos y soport\u00e1bamos con desigual \u00e1nimo el espect\u00e1culo diario de nuestras arrugas y canas. Las cuales, por cierto, apenas se evidenciaban en el rostro de la homenajeada, que con la edad se hab\u00eda vuelto m\u00e1s enjuto y p\u00e1lido, acentuando los \u00e1ngulos de sus facciones hasta orlarlos de una belleza m\u00edstica. La misma faz arrebatadora que imaginaba esa ma\u00f1ana de adioses sobre el plano barnizado de mi escritorio, mientras hablaba por tel\u00e9fono con ella.<\/p>\n<p>\u2013Estoy seguro de que no te ser\u00e1 dif\u00edcil sobreponerte. No tardo en bajar a verte. Ya sabes que me tienes a tu lado para lo que sea.<\/p>\n<p>\u00bfPara qu\u00e9? Laura me superaba en valent\u00eda, no necesitaba la protecci\u00f3n tutelar de ning\u00fan var\u00f3n, y yo, \u00bfestaba dispuesto a hacer \u00ablo que sea\u00bb por Laura? \u00bfPoniendo en peligro incluso mi privilegiada posici\u00f3n en la compa\u00f1\u00eda? Noches enteras de insomnio hab\u00eda consumido, instalado en esa duda. Pero s\u00ed, desde hac\u00eda semanas estaba seguro de ello: si fuera necesario, lo har\u00eda. Por vez primera en la vida antepon\u00eda algo, un sentimiento, al cumplimiento de mi trabajo, que era como decir a mis intereses, y esa determinaci\u00f3n me satisfizo sobremanera. Ni siquiera lo hubiera hecho por mi mujer.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os estuve casado y casi sin saberlo, como el que conoce algo por referencias. Nunca dediqu\u00e9 a mi esposa la atenci\u00f3n que le correspond\u00eda, a falta de cari\u00f1o para obsequiarla. La pobre Merche hubiera aguantado veinte a\u00f1os m\u00e1s as\u00ed, y treinta y cuarenta s\u00f3lo por las obligaciones que sus monjitas le hab\u00edan inculcado. Preterida en la soledad m\u00e1s absoluta, la requer\u00eda tan s\u00f3lo para la satisfacci\u00f3n de mis apetitos carnales \u2013porque era muy bonita, de eso no puedo quejarme\u2013 y ello con una regularidad que atacaba su concepci\u00f3n primitiva del sexo reproductor. Ni tan siquiera esa satisfacci\u00f3n alcanz\u00f3: falleci\u00f3 sin hijos, prematuramente, v\u00edctima de un conductor borracho. Pobre Merche, la llor\u00e9 con sinceridad, pero nada m\u00e1s que por la impresi\u00f3n derivada de su tragedia: es terrible que una mujer de treinta a\u00f1os muera de modo tan est\u00fapido.<\/p>\n<p>Fue mi madre quien me convenci\u00f3 de casarme con esa chica tan guapa y de tan buena familia (la hija de los Aguirre, industriales de Neguri), la que veraneaba en Comillas como nosotros cuando yo era ni\u00f1o. En un momento u otro ten\u00eda que pasar por la vicar\u00eda, a los veintitantos a\u00f1os de mi burguesa existencia no s\u00f3lo era mucho menos revolucionario que ahora (jocosa expresi\u00f3n), tambi\u00e9n estaba mucho m\u00e1s apegado a las convenciones sociales. As\u00ed pues, me cas\u00e9 con Merche; lo que mi madre no sab\u00eda es que ya hab\u00edamos sido novios \u2013m\u00e1s jocoso a\u00fan, el t\u00e9rmino\u2013 a los diez a\u00f1itos, y que nos hab\u00edamos dado el primero y m\u00e1s tonto de los besos en una playa del Cant\u00e1brico. Un beso que qued\u00f3 sepulto bajo otros muchos y ajenos durante a\u00f1os, hasta que Merche, con un t\u00edtulo de Deusto bajo el brazo, vino a trabajar a Madrid a un prestigioso bufete de abogados. Eran los suyos veintitr\u00e9s mon\u00edsimos a\u00f1os; podr\u00eda decir hermosos, espl\u00e9ndidos, lozanos, qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9 otro calificativo ponerles\u2026 Pero m\u00e1s que atractiva, Merche me parec\u00eda mona, una ni\u00f1a grande que no hab\u00eda adquirido a\u00fan la sensualidad atildada de las bellezas adultas.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n concluida la larga aventura con Marta, mi novia oficial era un casto juguete por pervertir. A saber de qu\u00e9 hablar\u00edan, las largas tardes de domingo que consumi\u00f3 en el sal\u00f3n de casa sentada a la vera de mi madre, mientras yo andaba por ah\u00ed con los amigos, <span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/domingo-de-futbol-en-nou-barris\/\">en el f\u00fatbol<\/a><\/span> o de copas, si no dorm\u00eda a\u00fan la curda de la noche anterior. No s\u00e9 c\u00f3mo la persuadi\u00f3 pero me la puso en bandeja, s\u00f3lo le falt\u00f3 decirme: \u00abAnda, hijo, c\u00f3mete este pich\u00f3n\u00bb. De modo que fue ella, Merche, quien una tarde me llam\u00f3 al despacho para preguntarme si la invitar\u00eda un d\u00eda al cine o a cenar; y precisamente ese d\u00eda, por andar yo un tanto soliviantado de esp\u00edritu contemplando las pronunciadas caderas de la nueva secretaria de Jara, pens\u00e9 que s\u00ed, que Merche pod\u00eda ser un buen fest\u00edn de carne aderezado de morbo por sus presumibles reticencias, todo un acicate para mis deseos.<\/p>\n<p>Durante nuestro breve noviazgo, que no lleg\u00f3 a ocho meses, la respet\u00e9 mucho (en el sentido m\u00e1s arcaico del t\u00e9rmino). Me port\u00e9, digo, muy formalmente, aunque no sin insinuarle m\u00e1s de una vez los regocijos inmensos que su cuerpo deb\u00eda esconder bajo los trajes de fino corte que vest\u00eda en el bufete o los modelitos repijos que se pon\u00eda cuando sal\u00edamos los s\u00e1bados por la noche\u2026 Nunca llev\u00f3 un dedo menos de aqu\u00ed o de all\u00e1: la frontera del decoro a menudo se antoja confusa, pero aparece flagrante una vez traspasada.<\/p>\n<p>A mitad del noviazgo cayeron las Navidades y nos fuimos a Bilbao, a visitar a su familia. Curiosa parentela, la suya. El\u00a0aita,\u00a0don Francisco Javier Aguirre Zubeld\u00eda, estaba emparentado por parte de padre, madre y esposa con toda la plutocracia vizca\u00edna; chaquetero por naturaleza, para hacer negocios le daba igual un requet\u00e9 que un nacionalista y con todos manten\u00eda buenos tratos. Era un hombre sobrio, de cavilaci\u00f3n larga, m\u00e1s religioso por herencia que por convicci\u00f3n, a quien nunca se conoci\u00f3 otra novia que su mujer ni desliz alguno tras el matrimonio. Viv\u00eda para hacer pasta y as\u00ed era feliz. Su mujer, do\u00f1a Mercedes de Churruca y Marquiegui, no despreciaba los lujos que la rodeaban pero daba la impresi\u00f3n de que as\u00ed fuera, a tenor de la templanza de sus costumbres y la educaci\u00f3n casi espartana que dispuso para sus hijos. El hermano mayor, Javi, iba para tibur\u00f3n de las finanzas por decisi\u00f3n paterna, pero hasta Deusto estaba lleno de malas influencias y alg\u00fan cura rojo cabr\u00f3n le lav\u00f3 el cerebro, convirti\u00e9ndolo en miembro de la Compa\u00f1\u00eda y a la saz\u00f3n misionero en El Salvador o Guatemala, no s\u00e9 exactamente d\u00f3nde (bueno, por ah\u00ed anduvo&#8230;). Merche, muy devota ella, ten\u00eda una devoci\u00f3n casi sacr\u00edlega hacia el hermano sacerdote. De modo que la gran esperanza blanca del\u00a0aita\u00a0Javier era el segundo hijo var\u00f3n, Alberto, mejor avenido con los txokos y la pelota \u2013perd\u00eda la cabeza apostando en los frontones\u2013 que con los estudios. A pesar de su car\u00e1cter disperso y poco voluntarioso, Alberto hab\u00eda seguido en Deusto los pasos de su hermano mayor, bien aleccionado por el nefasto ejemplo de Javi, y ya estaba inici\u00e1ndose en la direcci\u00f3n de las empresas familiares bajo la custodia atenta del patriarca (que ten\u00eda poca fe en \u00e9l, todo sea dicho); era jovial, potero y manirroto, y para disgusto de su madre no se le conoc\u00eda novia (en ciertos ambientes de Bilbao hab\u00eda acrisolado fama de bujarr\u00f3n). El tercer hermano, tambi\u00e9n var\u00f3n, se llamaba Borja y admiraba casi tanto al primog\u00e9nito de la familia como al <span style=\"text-decoration: underline;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/despues-de-fidel-y-el-che-ya-no-quedan-grandes-lideres\/\">Che Guevara<\/a><\/span>; \u00fanico miembro de los Aguirre que hab\u00eda aprendido euskara (todos eran m\u00e1s vascos que la chapela, eso s\u00ed, pero no sab\u00edan si se escrib\u00eda con \u00abtx\u00bb o con \u00abch\u00bb), andaba con un mont\u00f3n de\u00a0boronos\u00a0poco recomendables. Ese a\u00f1o, el de nuestra visita, Borja tuvo una gran bronca con su padre en la cena de Nochebuena. Mejor dicho, el patriarca se explay\u00f3 a gusto contra las veleidades del hijo, porque hab\u00eda recibido una carta poco amable exigiendo el pago de millonarios tributos, adeudados en concepto de atrasos a la causa del proletariado vasco; el cual, dec\u00eda\u00a0aita\u00a0Javier, \u00abcome de lo que yo le pago, y encima se queja\u00bb. Borja replante\u00f3 algunas de sus convicciones \u2013a la fuerza ahorcan, dice el refr\u00e1n\u2013 cuando su padre recibi\u00f3 tres tiros dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, casi por las mismas fechas de la hist\u00f3rica bronca: el\u00a0aita\u00a0qued\u00f3 paral\u00edtico y se consumi\u00f3 en su silla de ruedas con la misma rapidez con que Alberto tiraba la casa por la ventana y se mudaba a Ibiza, donde acab\u00f3 de desmelenarse del todo, ayudado por los muchos millones que obtuvo de la liquidaci\u00f3n de unas cuantas empresas. Un t\u00edo cojonudo, Alberto; lo recuerdo con cari\u00f1o, fue un buen anfitri\u00f3n aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>Esa fue la dign\u00edsima y no menos estramb\u00f3tica familia que fui perdiendo con los a\u00f1os y que definitivamente olvid\u00e9 tras la muerte de la pobre Merche (a Alberto le vi muchos a\u00f1os despu\u00e9s en un reportaje de una tele privada sobre los ambientes gays de Ibiza: regentaba un conocido garito y se conservaba la mar de bien, el muy cabr\u00f3n, quiz\u00e1 rejuvenezca eso de tomar por culo, l\u00e1stima que algunos prefiramos desperdiciar nuestro flujo vital en otros recept\u00e1culos). Y digo familia porque s\u00f3lo ellos reproduc\u00edan, a efectos antropol\u00f3gicos, algo semejante a tal y no lo que yo ten\u00eda en casa, m\u00e1s parecido a un museo de cera: mi madre prematuramente viuda \u2013claro que me acuerdo de mi padre, como tambi\u00e9n de mi primer mu\u00f1eco de trapo\u2013 y mi esposa retirada de antemano de la vida, arrumbada como un mueble bonito, pero mueble al fin y al cabo, porque una mujer como Dios manda no trabajaba si pertenec\u00eda a la familia M\u00e1rquez. En casa de mi padre s\u00f3lo pencaba la criada, faltar\u00eda m\u00e1s, ni que un M\u00e1rquez fuese un cualquiera de esos que tienen que mandar a su mujer a currar para llegar a fin de mes; nuestros vicios ser\u00e1n caros, pero nos los costeamos nosotros mismos. En fin, as\u00ed languidec\u00edan las dos emperatrices de la cotidianidad gobernando su tedioso reino dom\u00e9stico. No s\u00e9 si alguna vez les otorgu\u00e9 el rango de familia propiamente dicho. Tampoco estaba acostumbrado a compartir nada con nadie \u2013una vez le\u00ed en una revista: \u00abFamilia es sin\u00f3nimo de compartir\u00bb\u2013 desde que me qued\u00e9 hu\u00e9rfano y primog\u00e9nito a un tiempo. Feliz orfandad la m\u00eda, jalonada de caprichos y rebosante de oportunidades (mi padre me hubiera robado unas cuantas d\u00e9cadas de egocentrismo).<\/p>\n<p>Mi vida no era el hogar sino la bolsa, los bancos, las operaciones inmobiliarias; no hab\u00eda caricia m\u00e1s dulce que la ocasi\u00f3n de comprar una empresa descapitalizada para luego revender sus despojos, y otras maniobras, tratos y contratas que hoy me parecen mucho m\u00e1s arteras de lo que imaginaba entonces. M\u00faltiples y brillantes dotes demostr\u00e9 en esa pirater\u00eda de guante blanco que son las finanzas, donde, aparte de la pasta que ganas, tu sinvergonzoner\u00eda lleva emparejada muchos hect\u00f3litros de whisky de malta y toneladas de percebes, lo cual no est\u00e1 nada mal; por tales facultades, pero tambi\u00e9n por el peso de mi apellido en esta santa casa, ascend\u00ed pronto en la escala de los siete cielos de la compa\u00f1\u00eda hasta rozar el aura del motor inm\u00f3vil \u2013\u00a1y tan inm\u00f3vil!: las altas esferas fueron creadas para los vagos\u2013 que presid\u00eda nuestra sagrada entidad.<\/p>\n<p>Ni que decir tiene que me aprovech\u00e9 de mi ascendiente, como hizo todo el que pudo, para beneficiarme a m\u00e1s de alguna secretaria y\/o auxiliar de buen ver: siempre he sido mujeriego y no me averg\u00fcenzo de ello, al fin y al cabo ninguna se me quej\u00f3 nunca, ni en la cama ni en la mesa de los restaurantes donde las invit\u00e9 a cenar (qu\u00e9 hambre ten\u00edan: recuerdo a Consuelo y su maquillaje comanche-fashion, c\u00f3mo tragaba langosta y c\u00f3mo le bull\u00edan de alegr\u00eda las tetas enormes sobre el tri\u00e1ngulo canallesco del escote, al comp\u00e1s de la degluci\u00f3n). Tampoco interpon\u00edan objeci\u00f3n cuando las obsequiaba, como si de una recompensa por su unci\u00f3n sexual se tratase, con alg\u00fan presente que por mucho oro que llevara no dejaba de ser una baratija para mi peculio. Creo que esos han sido mis \u00fanicos contactos directos, y desde luego \u00edntimos, con la clase media, como se llama hoy a la facci\u00f3n m\u00e1s est\u00fapida de la clase obrera. En favor de todas ellas debo decir que demostraron m\u00e1s profesionalidad que muchos ejecutivos: ninguna me defraud\u00f3, la libido se les disparaba ante una mesa opulenta o una pulsera. De muchas cosas me arrepiento, pero no de haber gozado ni de haber hecho gozar, se entienda la expresi\u00f3n como se quiera. Alguien escribi\u00f3 que bajo todo mujeriego hay un buscador incansable de belleza; tal vez no lo haya le\u00eddo yo mismo, quiz\u00e1 me lo han contado, pero es absolutamente cierto, a mi parecer.<\/p>\n<p>Todas esas mujeres compartieron conmigo otras fatigas m\u00e1s placenteras que las del trabajo, donde el personal auxiliar penaba las incompetencias y ruindades del vasto plantel ejecutivo (excesiva oficialidad para tan menguada tropa), una elite con grandes aptitudes para la zancadilla y la maledicencia, m\u00e1s dada a la intriga que a la tan cantada cooperaci\u00f3n interdepartamental, y que hab\u00eda sustituido el trabajo productivo por el m\u00e9todo burocr\u00e1tico de quien invent\u00f3 la mara\u00f1a de planificaciones, informes y c\u00e1lculos interminables (despista, que algo queda), simples pretextos para no trabajar. Mafia encorbatada que sol\u00eda vanagloriarse de su incultura, sancionada por alg\u00fan diploma de posgrado expedido en una universidad privada, nacional o extranjera, como el loro que repite hasta la saciedad su cantinela y aun parece inteligente. Por suerte para esas cotorras (nunca se vio p\u00e1jaro con tama\u00f1a sensibilidad est\u00e9tica, \u00a1qu\u00e9 eximios artistas del Excel!), el baile de gr\u00e1ficos les basta para enga\u00f1ar a los estultos que suelen detentar la propiedad empresarial, pese a no tener ni puta idea de lo que se cuece \u2013en este caso, de lo que no se trabaja\u2013 bajo sus pies. Como dej\u00f3 dicho para la posteridad mi (nunca) amigo Jara cuando asumi\u00f3 el poder en la compa\u00f1\u00eda, \u00abAqu\u00ed tenemos para cinco o seis a\u00f1os toc\u00e1ndonos los cojones\u00bb, y ya lleva casi veinte sob\u00e1ndoselos con la connivencia del consejo de administraci\u00f3n, \u00f3rgano colegiado de los cornudos consentidos.<\/p>\n<p>(Continuar\u00e1)<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda de la despedida de Laura cumpl\u00ed sin variaci\u00f3n con mis costumbres madrugadoras y llegu\u00e9 el primero, como todos los d\u00edas desde hac\u00eda tantos a\u00f1os, a los lujos del s\u00e9ptimo piso, un ed\u00e9n de suelos de m\u00e1rmol y muebles de dise\u00f1o vanguardista repleto de lienzos, plantas, tapices, maderas nobles [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-3647","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - 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