{"id":36057,"date":"2021-10-25T20:56:52","date_gmt":"2021-10-25T18:56:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=36057"},"modified":"2022-11-05T18:22:14","modified_gmt":"2022-11-05T17:22:14","slug":"mexico-como-problema-o-las-incertezas-del-mestizaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/mexico-como-problema-o-las-incertezas-del-mestizaje\/","title":{"rendered":"M\u00e9xico como problema, o las incertezas del mestizaje"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">\u00abAm\u00e9rica no fue descubierta. Am\u00e9rica fue conquistada. Cuando la gente de Europa, en su expansi\u00f3n por la faz de la tierra, conquist\u00f3 este continente palmo a palmo, los aguijones de la avaricia y de la aventura y el ansia de poder prevalecieron sobre los motivos m\u00e1s elevados que pudieron haber conducido al descubrimiento de Am\u00e9rica. Am\u00e9rica fue conquistada antes de descubierta; la dominaci\u00f3n precedi\u00f3 a la comprensi\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Gerhard Masur<\/em>, Sim\u00f3n Bol\u00edvar.<\/strong><\/p>\n<p>La cultura popular mexicana est\u00e1 repleta de vestigios vivos de su pasado colonial. No en vano fue M\u00e9xico, durante trescientos a\u00f1os, la Nueva Espa\u00f1a, el virreinato m\u00e1s importante de cuantos hubo en la Am\u00e9rica espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Al respecto, un elemento esencial es su idioma oficial, el castellano (all\u00ed m\u00e1s llamado espa\u00f1ol), que despu\u00e9s de la conquista barri\u00f3 con las hoy muy minoritarias lenguas ind\u00edgenas, y se ha visto all\u00ed enriquecido por las aportaciones de autores de la talla de sor Juana In\u00e9s de la Cruz, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Jos\u00e9 de Vasconcelos, Juan Rulfo y Carlos Fuentes, entre otras ilustres figuras de las letras hispanas.<\/p>\n<p>Otro tanto podr\u00eda decirse de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, que tiene su s\u00edmbolo m\u00e1s universal en la (extreme\u00f1a) Virgen de Guadalupe. Pero no menos significativas resultan la devoci\u00f3n profesada por su cancionero y su cine cl\u00e1sico a las virtudes testiculares (dentro del machismo imperante, por desgracia, <em>urbi et orbi<\/em>); la no siempre comedida afici\u00f3n a la tauromaquia (espa\u00f1ola); y la (salmantina) denominaci\u00f3n de su nacional <em>cow-boy<\/em>, el charro.<\/p>\n<p>Hay en M\u00e9xico, sin embargo, algo m\u00e1s profundo, pero igualmente genuino y, no por casualidad, tambi\u00e9n de ra\u00edz espa\u00f1ola, referido a su idiosincrasia. Se trata de un debate latente en todos los estratos de la sociedad mexicana, referente a la identidad del pa\u00eds y de sus gentes, que se considera dicotomizada \u2014tal vez falsamente\u2014 entre el legado cultural de la colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola y un poso ind\u00edgena en buena medida subsumido por la primera a nivel de l\u00e9xico, toponimia, folklore y alimentaci\u00f3n, y amenazado de muerte, quiz\u00e1, por las din\u00e1micas globalizadoras que afectan por igual a todos los rincones del planeta. Esta diatriba identitaria suele asomar recurrentemente a los diarios o foros acad\u00e9micos y culturales en forma de discusi\u00f3n entre intelectuales, como la mantenida por Octavio Paz y Enrique Krauze en las p\u00e1ginas del diario espa\u00f1ol <em>El Pa\u00eds<\/em>, a finales de la d\u00e9cada de 1980. Pero otras veces lo hace de manera m\u00e1s prosaica, incluso brusca, para nutrir a los fabricantes de la tinta empleada en los grandes titulares de letras de molde, como cuando el presidente de turno, en la actualidad Andr\u00e9s Manuel L\u00f3pez Obrador, exige a Espa\u00f1a una petici\u00f3n oficial de perd\u00f3n por los cr\u00edmenes cometidos durante la conquista y colonizaci\u00f3n del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pues bien, esa duda continua y a menudo hiriente que atenaza y atiza a los mexicanos del presente; esa escisi\u00f3n entre dos mundos opuestos, aunque en realidad solo uno de ellos subsista y el otro apenas sea una anotaci\u00f3n marginal, cuando no un simple recuerdo o una pieza relicta del pasado; esa interrogaci\u00f3n dirigida siempre hacia el propio ser, en busca de una explicaci\u00f3n del pasado que aporte gu\u00edas de actuaci\u00f3n comunitarias para el futuro; ese debate, en suma, en poco o nada se diferencia del c\u00e9lebre \u00abproblema de Espa\u00f1a\u00bb sobre el que escribieron Joaqu\u00edn Costa, \u00c1ngel Ganivet, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y Jos\u00e9 Ortega y Gasset, entre otros pensadores y literatos. Y en ambos casos tiene que ver con una conciencia desazonada acerca del funcionamiento interno del pa\u00eds, a nivel econ\u00f3mico e institucional; con la frustraci\u00f3n que suponen las miserias del presente, si comparadas con las expectativas de futuro concebidas en un momento hist\u00f3rico pret\u00e9rito que luci\u00f3 un rostro m\u00e1s halag\u00fce\u00f1o, pero no menos falaz.<\/p>\n<p>Como suele ocurrir, bajo la justa indignaci\u00f3n popular pueden anidar intenciones \u2014y planes manipuladores\u2014 m\u00e1s que espurias. As\u00ed, trecientos a\u00f1os despu\u00e9s de la conquista de Tenochtitlan, la capital de los mexicas \u2014tambi\u00e9n conocidos como aztecas\u2014 por las fuerzas conjuntas, hispanas e ind\u00edgenas, comandadas por Hern\u00e1n Cort\u00e9s, las proclamas falsamente proindigenistas y anticolonialistas de la clase pol\u00edtica mexicana todav\u00eda suponen, como siempre lo han sido, la mejor coartada propagand\u00edstica para el mantenimiento en la otrora Nueva Espa\u00f1a de un r\u00e9gimen clasista, racista, corrupto y dominado por las minor\u00edas extractivas, que fue creado en aras de la colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola y en la actualidad, tras doscientos a\u00f1os de independencia, est\u00e1 siendo preservado en sus principios b\u00e1sicos de desigualdad e injusticia por el estamento criollo, descendiente de la antigua oligarqu\u00eda colonial de origen hispano.<\/p>\n<p>Mientras tanto, los representantes acad\u00e9micos y literarios de la imperiofilia espa\u00f1ola \u2014a la que el gremio de impresores debe de estar agradecido, por las muchas p\u00e1ginas que en los \u00faltimos a\u00f1os est\u00e1 dando a luz\u2014 rechaza la llamada \u00abLeyenda Negra\u00bb, con una actitud sin duda cargada del inter\u00e9s avieso que supone el patriotismo acr\u00edtico, y presenta una imagen cuasi id\u00edlica de la conquista y colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica, en t\u00e9rminos no ya solo civilizatorios, sino de \u00abliberaci\u00f3n nacional\u00bb de los pueblos precolombinos, apelando a que el imperio azteca era un sanguinario opresor, pero callando arteramente que ni todos los imperios presentes en el Nuevo Mundo a la llegada de los espa\u00f1oles se identificaban en sus procedimientos con el mexica, ni todos los pueblos amerindios estaban sometidos a imperios de ning\u00fan tipo, ya fueran opresores o benignos, como los pobladores de las grandes praderas norteamericanas, la cuenca del Orinoco, el r\u00edo de la Plata o la Araucania.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 alcance la Leyenda Blanca el colmo de la intoxicaci\u00f3n informativa cuando recurre al mestizaje como prueba irrefutable de la distinta y superior calidad moral de la conquista y colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola, tanto si comparada con las culturas americanas originales como, sobre todo, con respecto a las otras din\u00e1micas conquistadoras y colonizadoras de los pa\u00edses europeos en Am\u00e9rica. Y de manera especial, dado su protagonismo hist\u00f3rico, frente al colonialismo brit\u00e1nico. Sin embargo, hay indicios para pensar que ese mestizaje no fue tal, o al menos tal como se nos ha contado, ni por su origen y factura ni por su sem\u00e1ntica.<\/p>\n<p>Indaguemos en la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<h3><em>Cherchez la femme<\/em><\/h3>\n<p>Es in\u00fatil rebajar, cuando no ignorar, el grado de violencia de las campa\u00f1as militares desarrolladas en el Nuevo Mundo bajo el patrocinio de la Corona espa\u00f1ola. No fueron sino actos brutales, como corresponde a cualquier guerra, por tratarse de una actividad aviesa. No hay conquista sin rapacidad ni expolio; ni la espa\u00f1ola ni ninguna otra. Su alcance destructivo puede variar seg\u00fan sean los agentes externos o internos concurrentes, pero toda comparten la misma intencionalidad. Y el tan tra\u00eddo e inflado en sus dimensiones \u00abmestizaje\u00bb es un fen\u00f3meno que se explica por una peculiaridad de esas guerras de conquista que los espa\u00f1oles desataron en Am\u00e9rica, de las cuales fue consecuencia colateral.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la imperiofilia hispana, la presencia social del mestizo, mayoritaria en pa\u00edses como M\u00e9xico, dar\u00eda prueba del bondadoso trato dado al ind\u00edgena por el conquistador; tan clemente y generoso que incluso consinti\u00f3 en mezclar su sangre con el nativo. Pero hay en esta afirmaci\u00f3n dos mentiras a despejar: la primera, no es lo mismo mezclar la <em>sangre<\/em> \u2014distintivo de linaje\u2014 que mezclar los humores sexuales, del mismo modo que, segunda, no es lo mismo el idilio que el asalto.<\/p>\n<p>A efectos geogr\u00e1ficos, los primeros tiempos de la colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola se ci\u00f1eron a las Antillas, inicial punto de recalada de la flotilla de Col\u00f3n. Ni en uno solo de esos territorios queda presencia ind\u00edgena, aunque todas las cr\u00f3nicas de la \u00e9poca hacen menci\u00f3n de ella, como abundante incluso. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>A las islas antillanas acudi\u00f3 una pl\u00e9tora de hombres con mucha ambici\u00f3n y pocos escr\u00fapulos; aventureros y desheredados \u2014no era raro que reunieran ambas condiciones a la par\u2014 que marchaban a hacer fortuna en el Nuevo Mundo. Muchos de ellos aventajaban en poco a un pordiosero; tambi\u00e9n hab\u00eda segundones, pobres en la pr\u00e1ctica pese a la enjundia de sus blasones, a menudo con estudios pendientes de concluir (el caso de Hern\u00e1n Cort\u00e9s, que fue alumno de Salamanca); y c\u00f3mo no, veteranos de las guerras de Italia y los presidios africanos, hartos de ser cosidos a cuchilladas por una miseria de soldada. Por todos los poros del alma les supuraba, a todos ellos por igual, la ferocidad que empuja una codicia te\u00f1ida de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Eran gente valiente y decidida, capaz de arrostrar peligros desconocidos \u2014\u00bfalgo pod\u00eda parecerles peor que morir empalado en una playa del Magreb, a manos de los piratas berberiscos?\u2014 y, por ello, terriblemente fieros tambi\u00e9n. Y c\u00f3mo no, prestos a escabullirse al poder de la autoridad, en cuanto estuvieran en condiciones de ello. Hombres que se vanagloriaban de \u00abhacer acuchilladas y matar hombres, y quebrar las muelas a una puta\u00bb, tal como cuenta el caballero y cronista franc\u00e9s Pierre de Bourdeille, se\u00f1or de Brant\u00f4me, quien combati\u00f3 en los tercios espa\u00f1oles en Berber\u00eda (1564) y durante la defensa de Malta contra los turcos (1565).<\/p>\n<p>Tampoco debe olvidarse que ya hubo, antes de la conquista de las Antillas, un episodio previo de matanza generalizada (masculina) y mestizaje (asalto) protagonizado por las tropas de la Corona de Castilla: la conquista de las islas Canarias (1402-1496). Casi un siglo de contienda feroz contra los pueblos abor\u00edgenes isle\u00f1os que concluy\u00f3 con la pr\u00e1ctica desaparici\u00f3n de los varones nativos, mientras que las mujeres locales se convirtieron en presa de los conquistadores. La filogenia de los primitivos habitantes del archipi\u00e9lago, de origen bereber, ha sido rastreada por la moderna ciencia en los descendientes de aquellas f\u00e9minas.<\/p>\n<p>La lucha contra los nativos antillanos fue dura y las armas espa\u00f1olas \u2014aliadas con la gripe, la viruela y la s\u00edfilis, m\u00e1s mortales para los ind\u00edgenas que un arcabuzazo\u2014 pr\u00e1cticamente aniquilaron a los pueblos originarios de aquellas islas en un par de d\u00e9cadas. Una p\u00e9rdida demogr\u00e1fica que amenazaba la viabilidad econ\u00f3mica de las haciendas reci\u00e9n creadas \u2014hac\u00eda falta mano de obra barata en ellas\u2014 y que por ello propici\u00f3 el comercio de negros africanos, considerados gente sin alma por el m\u00e1ximo defensor de los indios, Bartolom\u00e9 de las Casas. Seg\u00fan este cl\u00e9rigo sevillano, los espa\u00f1oles se comportaron \u00abcomo lobos e tigres y leones cruel\u00edsimos de muchos d\u00edas hambrientos\u201d, pero con la diferencia, respecto de las alima\u00f1as citadas, de que fue \u201csu fin \u00faltimo el oro y henchirse de riquezas en muy breves d\u00edas e subir a estados muy altos e sin proporci\u00f3n de sus personas\u201d. Pero no solo los mov\u00eda la ambici\u00f3n del dinero, tambi\u00e9n ansiaban los placeres venales, pues tomaban a la fuerza \u201clas mujeres e hijos de los indios para servirse e para usar mal dellos\u201d. He aqu\u00ed, desprovista de su falso lirismo, la verdad sobre el origen del tan glosado fen\u00f3meno racial conocido como mestizaje. As\u00ed puede leerse en la <em>Brev\u00edsima relaci\u00f3n de la destrucci\u00f3n de las islas<\/em>, famosa obra de las Casas, a quien suele achacarse el origen de la Leyenda Negra espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Desde Cuba, cabeza de las Antillas, partieron las primeras expediciones planificadas y con autorizaci\u00f3n de los representantes de la Corona para ampliar los dominios espa\u00f1oles sobre la Tierra Firme americana. Una expansi\u00f3n basada en la guerra y, por tanto, eminentemente masculina. S\u00ed, hubo en ella algunas mujeres, como Francisca Ponce de Le\u00f3n, Beatriz de la Cueva o In\u00e9s Su\u00e1rez, pero en proporci\u00f3n m\u00e1s que reducida, solo testimonial, con respecto al plantel de varones, del mismo modo que tambi\u00e9n hubo misioneros <em>incrustados<\/em> \u2014valga el t\u00e9rmino actual, referido a los reporteros de guerra\u2014 entre los soldados del emperador. Por lo tanto, los varones espa\u00f1oles trasplantados al Nuevo Mundo sufr\u00edan un d\u00e9ficit de oferta sexual muy acusado\u2026 Y se supone que tambi\u00e9n de pr\u00e1ctica. Lo cual iba a solucionarse con el acceso a las f\u00e9minas locales. T\u00e9ngase en cuenta, adem\u00e1s, que la mujer formaba parte del bot\u00edn de guerra de aquellos tiempos\u2026 Y de estos tambi\u00e9n, por desgracia. Como bien denunci\u00f3 Rafael S\u00e1nchez Ferlosio en su ensayo <em>Esas Yndias equivocadas y malditas<\/em>, en el origen y la raz\u00f3n del mestizaje \u2014si entendido como cruce carnal entre razas\u2014 se halla la violaci\u00f3n sistematizada de las mujeres nativas.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n cambiar\u00eda con la pacificaci\u00f3n de los territorios conquistados. La violaci\u00f3n por motivo b\u00e9lico concluy\u00f3, pero se implant\u00f3 entonces el abuso generalizado que la r\u00edgida moral de la \u00e9poca consent\u00eda en el caso de que fueran sus v\u00edctimas las mujeres ind\u00edgenas. Hay testimonio hist\u00f3rico de que muchos varones espa\u00f1oles emigrados quisieron anular sus matrimonios de origen; si los dineros les sonre\u00edan, no era dif\u00edcil formar y disfrutar de un peque\u00f1o har\u00e9n de criadas indias, y sin la necesidad de ejercer con ellas las responsabilidades maritales.<\/p>\n<p>Hasta el a\u00f1o 1600, y a pesar de la temprana llegada de las mujeres espa\u00f1olas al continente americano (segundo viaje de Col\u00f3n, 1493), la conquista e incipiente colonizaci\u00f3n segu\u00eda siendo \u00abcosa de hombres\u00bb, como el c\u00e9lebre brandy de Jerez que tanto se anunciaba por televisi\u00f3n en mi ni\u00f1ez. Durante dicho per\u00edodo, algo m\u00e1s de 10.000 f\u00e9minas emigraron a las Indias, por casi 55.000 varones. Es decir, las primeras representaban menos del 16 % del total de la poblaci\u00f3n hispana desplazada a las Am\u00e9ricas. Entre un 30 y un 40 % de esas mujeres ya estaban casadas, por lo que embarcaban para reunirse con sus maridos, quienes les hab\u00edan precedido en el viaje ultramarino.<\/p>\n<p>Las razones de tan minoritaria presencia femenina eran varias: la propia condici\u00f3n b\u00e9lica de la empresa americana, m\u00e1s propia de varones en la mentalidad de la \u00e9poca; los elevados emolumentos del viaje; la obligaci\u00f3n de viajar con un deudo, hombre o mujer de mediana edad; las molestias del trayecto, puesto que se navegaba en barcos sin ninguna comodidad ni espacios de intimidad, donde quedaban sometidas al continuo riesgo de abuso por parte de la tripulaci\u00f3n y el pasaje masculino\u2026 Sin olvidar el rol tradicional, dom\u00e9stico y jer\u00e1rquicamente subalterno, que encadenaba a las mujeres a sus familias y lugares de origen, a diferencia de sus padres, hermanos y esposos, que disfrutaban de autonom\u00eda para tomar la decisi\u00f3n de abandonar el hogar y marchar a la aventura.<\/p>\n<h3>El derecho de conquista, las leyes y sus trampas<\/h3>\n<p>Ni la destemplanza ni la crueldad restaba legitimidad a los guerreros y conquistadores espa\u00f1oles \u0605desde la perspectiva del derecho de conquista, plenamente vigente en esa \u00e9poca y que ya no se considera tal, sino agresi\u00f3n internacional. Seg\u00fan los juristas del siglo XVI, los reyes espa\u00f1oles, campeones de la fe, ten\u00edan derecho a dominar las Am\u00e9ricas, siempre y cuando fueran sus prop\u00f3sitos la evangelizaci\u00f3n del continente y la instauraci\u00f3n en aquellas Indias de un r\u00e9gimen justo, basado en los principios cristianos.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de sus ordenamientos concretos, el derecho de conquista se inspiraba en una creencia incuestionada en la superioridad moral e intelectual del cristiano frente al pagano. As\u00ed, como \u00abpoco m\u00e1s que simios\u00bb calific\u00f3 a los ind\u00edgenas en general el te\u00f3logo dominico Juan Gin\u00e9s de Sep\u00falveda (1494-1573). Seg\u00fan este, los nativos del Nuevo Mundo se parec\u00edan a los humanos porque hac\u00edan casas y hablaban, pero su naturaleza inferior quedaba demostrada al carecer de Iglesia, Estado y ej\u00e9rcito (ausencias que hubieran hecho las delicias de un temprano anarquista); por tales razones, infer\u00eda, cab\u00eda tratarlos como a seres primitivos, leg\u00edtimamente subordinados al poder espa\u00f1ol y cristiano. Y as\u00ed lo manifest\u00f3 durante la conocida como Junta o Controversia de Valladolid (1550-1551), foro en que juristas y te\u00f3logos debatieron sobre el estatuto jur\u00eddico que cab\u00eda otorgar a los naturales de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Contra los argumentos de Sep\u00falveda se alzar\u00eda la voz de otro dominico, Bartolom\u00e9 de las Casas (1484-1566), quien calific\u00f3 a los indios nativos como personas absolutamente racionales, al igual que los espa\u00f1oles, por lo que merec\u00edan beneficiarse de los mismos derechos\u2026 No as\u00ed los negros africanos, carentes de alma seg\u00fan Las Casas y, por tanto, aptos para su esclavizaci\u00f3n. De todos modos, Las Casas nunca puso en cuesti\u00f3n la soberan\u00eda de la Corona espa\u00f1ola sobre el Nuevo Mundo, se limit\u00f3 a denunciar \u2014lo cual no es poco\u2014 el comportamiento brutal de muchos protagonistas de su conquista y colonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es cierto, como suele alegarse, que desde la metr\u00f3poli se dictaron leyes de protecci\u00f3n de los nativos del Nuevo Mundo&#8230; Tanto como que la observancia de dichos ordenamientos fue muy relativa. Am\u00e9rica estaba lejos de la corte y los virreyes y otros mandatarios espa\u00f1oles all\u00ed destacados ten\u00edan que lidiar con un nuevo poder f\u00e1ctico, el de los conquistadores reci\u00e9n asentados como propietarios, que reun\u00edan capacidad econ\u00f3mica y militar. Pero la legislaci\u00f3n de Indias tambi\u00e9n ten\u00eda lo que suele llamarse \u00abletra peque\u00f1a\u00bb. As\u00ed las Leyes de Burgos, promulgadas por Fernando el Cat\u00f3lico en diciembre de 1512: trataban al indio como hombre libre y con derecho a la propiedad, si bien sujeto a la obligaci\u00f3n de trabajar para la Corona, como s\u00fabdito de ella. Esta labor se realizar\u00eda, seg\u00fan el mismo mandato, bajo la supervisi\u00f3n de los espa\u00f1oles asentados en Am\u00e9rica y mediante una instituci\u00f3n de nuevo cu\u00f1o: la encomienda.<\/p>\n<p>El encomendero, nombrado por el virrey, se hac\u00eda cargo de la explotaci\u00f3n de un territorio agropecuario, poblaci\u00f3n incluida. Entre sus obligaciones figuraba la evangelizaci\u00f3n de sus pupilos indios \u2014formalmente libres, pero igualmente atados por ley a la tierra y a su patr\u00f3n, aun contra su voluntad\u2014 y la instrucci\u00f3n en la lengua espa\u00f1ola. Una vez m\u00e1s se conceb\u00eda el sistema como un mandato tutelar: el hombre superior, espa\u00f1ol, velaba por el bien del hombre inferior, indio. Pero los requisitos legales que reg\u00edan la encomienda solo disimulaban un sofisticado r\u00e9gimen de esclavitud. Por supuesto, el <em>mestizaje<\/em> \u2014o el intercambio forzado de humores\u05ab sexuales\u2014 hall\u00f3 un excelente campo de cultivo en la encomienda, mientras estas duraron (1503-1791), dada la posici\u00f3n de fuerza del propietario hispano sobre sus encomendados. Y por el mismo inter\u00e9s avieso, que no altruista, la productividad de las tierras, que precisaba de la mano de obra local, tambi\u00e9n fue un est\u00edmulo para la conservaci\u00f3n f\u00edsica de esta.<\/p>\n<p>Ni qu\u00e9 decir tiene, no todos los espa\u00f1oles gozaron de esta prebenda. Los encomenderos fueron siempre una minor\u00eda entre la poblaci\u00f3n americana de origen hispano. Pero una minor\u00eda muy poderosa. La encomienda se entregaba a gentes que hab\u00edan destacado de manera especial en las empresas conquistadoras; m\u00e1s tarde, a las distinguidas por sus valiosos servicios a la Corona o que de antemano disfrutaban de elevado estatus social. Y hubo momentos en que sus beneficiarios desafiaron abiertamente la autoridad de gobernadores y virreyes. Un ejemplo extremo: la conocida como Gran Rebeli\u00f3n de 1544-1548, en Per\u00fa, provocada por la promulgaci\u00f3n de las Leyes Nuevas de Indias de 1542. Cuando el virrey Blasco N\u00fa\u00f1ez Vela pretendi\u00f3 aplicar el novedoso c\u00f3digo, que establec\u00eda el fin de las encomiendas al fallecer su usufructuario, adem\u00e1s de ampliar los derechos de los ind\u00edgenas, los encomenderos se alzaron en armas con Gonzalo Pizarro a la cabeza. La derrota final supuso la muerte del l\u00edder rebelde, mas no el final de las encomiendas (las Leyes Nuevas nunca se aplicaron e toda su amplitud). Ahora bien, en virtud de la legislaci\u00f3n sobre la herencia de bienes y de los matrimonios entre pares, de los encomenderos surgir\u00eda una pujante clase de propietarios criollos (americanos de ascendencia puramente espa\u00f1ola), llamada a desempe\u00f1ar un protagonismo sustancial en el proceso de independencia de las colonias.<\/p>\n<h3>El brit\u00e1nico, un modelo de colonizaci\u00f3n contrapuesto<\/h3>\n<p>Otro de los argumentos de la imperiofilia actualmente rampante estriba en la ausencia de mestizaje habida en las colonias brit\u00e1nicas de Norteam\u00e9rica, embri\u00f3n de los actuales Estados Unidos.<\/p>\n<p>Como ocurre a menudo, sobre todo cuando se sirve a un prejuicio, un hecho hist\u00f3rico evidente puede ser manipulado en aras de la propia satisfacci\u00f3n an\u00edmica y patri\u00f3tica. En este caso, la firme creencia en una superioridad moral de los colonizadores espa\u00f1oles con respecto \u2014tambi\u00e9n\u2014 a sus hom\u00f3logos brit\u00e1nicos&#8230; Genio y figura hasta la sepultura.<\/p>\n<p>Para empezar, cabr\u00eda decir que uno de los primeros episodios del colonialismo brit\u00e1nico en Am\u00e9rica ha sido ensalzado, precisamente, como ejemplo de la posibilidad de entendimiento y amor entre humanos de una parte y otra del mundo: he ah\u00ed la historia de Pocahontas, la ind\u00edgena algonquina que cas\u00f3 con el aventurero y colono John Smith para salvarle de la muerte (1611). Sin embargo, es cierto que la mezcla sangu\u00ednea entre nativos y europeos fue pr\u00e1cticamente testimonial en el \u00e1mbito colonial brit\u00e1nico. Todo tiene una explicaci\u00f3n, y es que el proceso de colonizaci\u00f3n brit\u00e1nica, en esencia, fue asaz dispar al espa\u00f1ol: no se trat\u00f3 de un conjunto de expediciones militares sufragadas o aprobadas por la Corona, sino de la migraci\u00f3n de comunidades enteras desde la metr\u00f3poli, a menudo provocada por las disensiones religiosas que se viv\u00edan en las islas Brit\u00e1nicas.<\/p>\n<p>La primera presencia colonial brit\u00e1nica en el Nuevo Mundo fue tard\u00eda, pues correspondi\u00f3 al establecimiento fundado en el actual estado de Virginia por el marino y corsario Sir Walter Raleigh (1583), bajo patrocinio de la reina Isabel II de Inglaterra. Tras una serie de episodios fallidos, entre ellos el de John Smith y sus compa\u00f1eros, John Rolhfe logr\u00f3 consolidar un nuevo n\u00facleo (1614) cuya principal fuente de ingresos era el cultivo de tabaco, distribuido en Europa por una sociedad comercial privada, la Compa\u00f1\u00eda de Virginia, creada en 1606. Pero el fen\u00f3meno colonizador como tal no empez\u00f3 en los actuales Estados Unidos, ni de manera intensiva ni extensiva, hasta 1619, a\u00f1o de llegada de la primera oleada de colonias familiares (llam\u00e9moslas as\u00ed). El ejemplo m\u00e1s conocido fue el de los \u00abpadres peregrinos\u00bb, la expedici\u00f3n de devotos calvinistas liderada por William Bradford, fundadores de la colonia de Plymouth, que arribaron al Nuevo Mundo en el nav\u00edo <em>Mayflower<\/em> (1620). Aquella gente hu\u00eda de la represi\u00f3n anglicana contra su fe.<\/p>\n<p>Conformadas como injertos sociales del mundo brit\u00e1nico en tierras de Am\u00e9rica; cohesionadas a nivel familiar, religioso y econ\u00f3mico, y dotadas de sus propios \u00f3rganos de gobierno comunitario, aquellas colonias se desarrollaron gracias a la agricultura, la ganader\u00eda, la caza y, sobre todo, el comercio de tabaco y pieles. La ampliaci\u00f3n de las mismas se acompas\u00f3 al crecimiento de sus fuerzas productivas y estuvo jalonada, por supuesto, con recurrentes guerras contra la poblaci\u00f3n ind\u00edgena. Aunque tambi\u00e9n se registraron per\u00edodos de cooperaci\u00f3n entre naturales e inmigrantes, estos fueron ampliando progresivamente sus dominios mediante el uso de la violencia, y ello se dio, en el caso de los varones, sin necesidad de recurrir al asalto sistem\u00e1tico del elemento femenino local, ya que conviv\u00edan con sus propias mujeres e hijos. Esta din\u00e1mica, pr\u00e1cticamente nula en mestizaje, no se trastocar\u00eda a partir de 1733, cuando la Corona brit\u00e1nica tom\u00f3 el control militar de las ya conocidas como Trece Colonias.<\/p>\n<h3>El caso mexicano: la conquista del Anahuac<\/h3>\n<p>Volviendo a la Am\u00e9rica espa\u00f1ola, parece mentira que Sep\u00falveda, un humanista culto e inteligente, pronunciara semejantes bobadas sobre todos los pueblos precolombinos \u2014la ausencia de Estado, religi\u00f3n, ej\u00e9rcito\u2026\u2014 cuando sin duda ten\u00eda noticia prolija de las conquistas de los imperios mexica \u2014o azteca\u2014 e inca. El desarrollo material de uno y otro no casaba con su laminado concepto del ind\u00edgena americano.<\/p>\n<p>Construida sobre un conjunto de lagunas en el paraje conocido como Anahuac (\u00abcerca del agua\u00bb) se hallaba la ciudad de Tenochtitlan, capital del imperio mexica, un Estado complejo en su organizaci\u00f3n jur\u00eddica, y dotado con un influyente estamento clerical y un ej\u00e9rcito poderoso. Como cab\u00eda esperar de semejante aparato pol\u00edtico y social, hab\u00eda alcanzado un nivel cultural notable, tal como demostraban sus soberbias construcciones votivas. As\u00ed pues, nada de <em>primitivo<\/em> hab\u00eda en aquella civilizaci\u00f3n, salvo sus armas, inferiores a las de los espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>Tenochtitlan nunca fue la patria precainita de la humanidad. Su dominio sobre otros pueblos ind\u00edgenas se hab\u00eda consolidado mediante la guerra, y ten\u00eda visos de especial brutalidad. Un ejemplo: los sacerdotes mexicas extra\u00edan los corazones de sus cautivos, o de simples chivos expiatorios humanos, para satisfacci\u00f3n de sus dioses, con pr\u00e1cticas de canibalismo ritual. Horrible en verdad, pero recu\u00e9rdese que los espa\u00f1oles quemaban jud\u00edos y herejes en las plazas de sus ciudades, en reparaci\u00f3n de los pecados de pensamiento cometidos contra su dios\u2026<\/p>\n<p>Ante la crueldad desplegada por los mexicas o aztecas en el ejercicio de su dominio, no resulta extra\u00f1o que distintos pueblos vasallos aprovecharan la sorpresiva irrupci\u00f3n de Hern\u00e1n Cort\u00e9s para alzarse en armas contra el opresor. El extreme\u00f1o destac\u00f3, sin duda, como un l\u00edder militar astuto e inteligente, pues nada hubiera podido hacer contra el poderoso ej\u00e9rcito mexica su menguada tropa \u2014apenas 547 hombres al principio de su expedici\u00f3n, m\u00e1s tarde reforzada desde Cuba\u2014 sin el apoyo de cerca de 10.000 guerreros de Tlaxcala, Huexotzinco, Cholula, Cempoala y Tepeyac. El de Medell\u00edn aprovech\u00f3 con zorruna habilidad la tesitura para ganarse el favor de todos ellos.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, podr\u00eda decirse que la conquista de M\u00e9xico la realizaron los indios, aunque su direcci\u00f3n fuese espa\u00f1ola. Sin la participaci\u00f3n nativa, el triunfo nunca hubiera dejado de ser una quimera. Eso s\u00ed, Cort\u00e9s, un hombre eminentemente pr\u00e1ctico, control\u00f3 con habilidad todos los resortes del mando en aquella campa\u00f1a b\u00e9lica, de manera que, concluida esta, la gran multitud de guerreros aliados se pleg\u00f3 d\u00f3cilmente a sus planes de dominaci\u00f3n. Los espa\u00f1oles, ya instalados en el poder, sometieron por igual a su nuevo orden a todos los pueblos del antiguo M\u00e9xico, incluidos cuantos le hab\u00edan sido fieles en la guerra. As\u00ed comenz\u00f3 a estructurarse una sociedad fuertemente jerarquizada en funci\u00f3n de la raza, en la que los \u00e1nimos levantiscos de los ind\u00edgenas fueron sometidos por dos medios de probada eficacia: la evangelizaci\u00f3n, que preconizaba la igualdad entre todos los cristianos, aunque se tratara de una promesa ultraterrena y no de un c\u00f3digo legal, y la encomienda, por la cual se cre\u00f3 una casta de espa\u00f1oles propietarios de grandes fincas, tierra arrebatada a los indios donde estos trabajaban como siervos.<\/p>\n<h3>El retrato del racismo: los cuadros de mestizaje<\/h3>\n<p>En el siglo XVII apareci\u00f3 en los virreinatos americanos un g\u00e9nero pict\u00f3rico, los denominados cuadros de mestizaje, tambi\u00e9n conocidos como pintura de castas, que alcanz\u00f3 su apogeo en la posterior centuria. Tales composiciones fueron el fiel reflejo pl\u00e1stico de una estratificaci\u00f3n social en funci\u00f3n de la raza, entendida esta no en el sentido moderno de \u00abetnia\u00bb (que acent\u00faa los aspectos culturales como identificativos de una comunidad cualquiera), sino en su acepci\u00f3n m\u00e1s arcaica, la relevante a los aspectos puramente sangu\u00edneos, lo cual poco dice a favor del supuesto altruismo de la colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola, que s\u00ed diferenci\u00f3 eficientemente a los habitantes europeos de los ind\u00edgenas y negros, as\u00ed como a los descendientes de los primeros con los v\u00e1stagos de los segundos y terceros. De ah\u00ed el valor documental de estas obras.<\/p>\n<p>Los cuadros de mestizaje no solo representan a los distintos grupos raciales con sus rasgos f\u00edsicos caracter\u00edsticos (y cabr\u00eda a\u00f1adir, necesariamente esquematizados), sino tambi\u00e9n su atuendo y entorno dom\u00e9stico o, en su caso, los utensilios propios de su trabajo, valiosos indicativos del estatus social de cada uno de estos grupos. Todos ellos se componen de tres figuras: esposo, esposa e hijo o hija de los anteriores. Y aparte de los tipos m\u00e1s conocidos (mestizo, como hijo de espa\u00f1ol e india; mulato, de espa\u00f1ol y negra), se citan el castizo (hijo de espa\u00f1ol y mestiza), el zambo (de africano e ind\u00edgena), el mulato o pardo (de espa\u00f1ol y africana), el morisco (de espa\u00f1ol y multa), el coyote o cholo (de mestizo e ind\u00edgena), el chino (de mulato e ind\u00edgena)\u2026 Un aspecto peculiar estriba en que la ascendencia espa\u00f1ola siempre es paterna; no vemos ning\u00fan caso de \u00abespa\u00f1ola con\u2026\u00bb, hecho nada casual pues remite a los datos ya tratados en la primera parte de este art\u00edculo, sobre todo a la escasez de mujeres hispanas en tiempos de la colonia.<\/p>\n<p>La colecci\u00f3n de tipos pintada por el mexicano Miguel Cabrera (1695-1768) y hoy expuesta en el Museo de Am\u00e9rica de Madrid, tal vez la m\u00e1s completa de estas series, recrea con su pincel veintid\u00f3s castas, indios incluidos\u2026 Pero excluye de tan peculiar taxonom\u00eda a los criollos, los descendientes de espa\u00f1oles nacidos en el Nuevo Mundo, algunos ya con tres o cuatro generaciones americanas a sus espaldas, aunque, eso s\u00ed, mantenedores de la pureza original de su sangre, que iba unida a la propiedad y el dinero.<\/p>\n<p>De todos modos, transcurridas unas cuantas d\u00e9cadas de los sucesos que dieron lugar a la conquista, y a pesar de los matrimonios mixtos, autorizados por la Corona, la gran masa de los llamados mestizos solo lo era a efectos \u00e9tnicos, como nativos evangelizados y ling\u00fc\u00edsticamente castellanizados, pero no en ese sentido sangu\u00edneo del que habl\u00e1bamos antes.<\/p>\n<h3>La hora de la independencia<\/h3>\n<p>A principios del siglo XIX, las colonias espa\u00f1olas de Am\u00e9rica se hab\u00edan convertido en un avispero pol\u00edtico, azuzado por la desilusi\u00f3n y los agravios procedentes de la metr\u00f3poli. Los principales cargos de la administraci\u00f3n segu\u00edan bajo designaci\u00f3n de la Corona y reca\u00edan, por lo general, en espa\u00f1oles de origen europeo, cerrando as\u00ed el paso a la promoci\u00f3n pol\u00edtica de los criollos. Pero estos controlaban, como propietarios, los principales medios de producci\u00f3n y, por ello, disfrutaban de una posici\u00f3n econ\u00f3mica preeminente. Raro es que se d\u00e9 esa dicotom\u00eda entre riqueza y poder pol\u00edtico, de modo que pronto iban a cambiar las tornas en ultramar.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de sus m\u00e1s altos funcionarios, la Corona hac\u00eda cumplir las leyes que se dictaban desde la Corte y fijaba el cuantioso monto de los impuestos a cobrar en Am\u00e9rica, su m\u00e1s generosa fuente de financiaci\u00f3n; al mismo tiempo, limitaba el \u00e1mbito de las relaciones comerciales de sus s\u00fabditos indianos, seg\u00fan criterios que no siempre se aven\u00edan con el inter\u00e9s econ\u00f3micos de estos. Los espa\u00f1oles del Nuevo Mundo, por tanto, carec\u00edan de voz y voto en las decisiones m\u00e1s importantes que pudieran afectarlos.<\/p>\n<p>Por otra parte, consid\u00e9rese que tanto la riqueza acumulada como las relaciones comerciales permitieron e incentivaron entre los criollos dos peligrosas costumbres, leer y viajar, que han ocasionado verdaderos quebraderos de cabeza a las sociedades organizadas en torno a principios pretendidamente inmutables (como, por ejemplo, la creencia en el derecho divino de los reyes y su legitimidad para ejercer la tiran\u00eda). De ah\u00ed que el estamento criollo se mostrara especialmente sensible a las ideas de la Ilustraci\u00f3n, primero, y la Revoluci\u00f3n francesa despu\u00e9s, simientes de reflexi\u00f3n e indignaci\u00f3n entre sus filas.<\/p>\n<p>El descontento criollo alcanz\u00f3 general acritud cuando la misma monarqu\u00eda que los esquilmaba se mostr\u00f3 incapaz de socorrer a sus colonias de ataques brit\u00e1nicos como el asedio a La Habana de 1806 o la ocupaci\u00f3n de Buenos Aires (1806-1807), episodios que descalificaron por completo a la Corona y avivaron los deseos de autonom\u00eda de sus s\u00fabditos indianos. La situaci\u00f3n se agrav\u00f3 en mayo de 1808, cuando el rey Carlos IV y su hijo y heredero, Fernando, renunciaron a sus derechos din\u00e1sticos en beneficio de Napole\u00f3n Bonaparte, quien los manten\u00eda retenidos en la francesa Bayona. A continuaci\u00f3n, el corso nombr\u00f3 rey de Espa\u00f1a a su hermano Jos\u00e9, cuya legitimidad no fue aceptada ni en Espa\u00f1a ni en las colonias, donde se exigi\u00f3 la creaci\u00f3n de \u00f3rganos de gobierno locales que sustituyeran a las fenecidas instituciones de la monarqu\u00eda hispana.<\/p>\n<p>En resumidas cuentas, la discriminaci\u00f3n pol\u00edtica sufrida por los criollos se tornaba en frustraci\u00f3n econ\u00f3mica \u2014\u00a1entre ellos, tan bien aposentados materialmente!\u2014 y, de ah\u00ed en adelante, en deseo de revuelta y emancipaci\u00f3n. Por supuesto, un movimiento semejante conllevaba sus riesgos, pues pod\u00eda conducir a momentos de desgobierno y caos, as\u00ed que la causa independentista tuvo sus partidarios y detractores (las guerras de liberaci\u00f3n tambi\u00e9n suelen ser guerras civiles), y posiciones divergentes entre sus agitadores intelectuales, m\u00e1s o menos radicales o moderados seg\u00fan se fuera adepto a las doctrinas de Montesquieu o Rousseau.<\/p>\n<p>A la postre, el movimiento independentista adoptar\u00eda las posturas m\u00e1s moderadas. La opini\u00f3n generalizada reconoc\u00eda la necesidad de impulsar reformas administrativas, jur\u00eddicas y pol\u00edticas, pero sin que los nuevos ordenamientos cayeran en la tentaci\u00f3n revolucionaria (en el sentido integral del t\u00e9rmino), porque el poder econ\u00f3mico del estamento dirigente se basaba, al fin y al cabo, en la explotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo, esclava o servil, de las clases humildes de las colonias. Una actitud elitista que fue duramente criticada por Sim\u00f3n Bol\u00edvar. De ello dio testimonio el militar y cronista franc\u00e9s Louis Peru de Lacroix, miembro del estado mayor del Libertador, en su <em>Diario de Bucaramanga<\/em> (1828):<\/p>\n<p>\u00abhay una aristocracia de rango, de empleos y de riqueza equivalente, por su influjo, pretensiones y peso sobre el pueblo, a la aristocracia de t\u00edtulos y de nacimiento aun la m\u00e1s desp\u00f3tica de Europa; que en esa aristocracia entran tambi\u00e9n los cl\u00e9rigos, los frailes, los doctores o abogados, los militares y los ricos, pues aunque hablan de Libertad y de garant\u00edas es para ellos solos que las quieren y no para el pueblo, que, seg\u00fan ellos, debe continuar bajo su opresi\u00f3n; quieren tambi\u00e9n la igualdad, para elevarse y aparearse con los m\u00e1s caracterizados, pero no para nivelarse ellos con los individuos de las clases inferiores de la sociedad: a estos los quieren considerar siempre como sus siervos a pesar de todo su liberalismo.\u00bb<\/p>\n<p>Estos fueron los fermentos de la Independencia de las colonias espa\u00f1olas de Am\u00e9rica. Un movimiento impulsado por las clases pudientes de aquellas sociedades, que se sirvieron de proclamas y promesas de igualdad pol\u00edtica y promoci\u00f3n social para que las capas populares, incluidos sus propios sirvientes y jornaleros, se sumaran a la causa que abanderaban. Ya se sabe que las masas de los soldados, eso que llaman \u00abcarne de ca\u00f1\u00f3n\u00bb, hay que buscarlas siempre entre los pobres.<\/p>\n<h3>Que todo cambie para que todo siga igual<\/h3>\n<p>Si se dijo antes que la conquista de M\u00e9xico fue posible gracias a los ind\u00edgenas, dada su trascendental cooperaci\u00f3n num\u00e9rica en la victoria final de Cort\u00e9s, no cabe olvidar que quien culmin\u00f3 la independencia del pa\u00eds fue Agust\u00edn de Iturbide, espa\u00f1ol criollo que comandaba el ej\u00e9rcito realista: se uni\u00f3 con todas sus tropas al bando insurgente en febrero de 1821. Antes de esta defecci\u00f3n, los l\u00edderes rebeldes hab\u00edan sido derrotados y eliminados uno a uno por el ej\u00e9rcito de la Corona, el mismo que le fue confiado a Iturbide en 1820.<\/p>\n<p>Como es l\u00f3gico, quien mejor se aprovech\u00f3 de esa circunstancia fue su propia clase protag\u00f3nica, la criolla, culta y rica; ambas condiciones permitieron que sus miembros asumieran los distintos cargos de las administraciones p\u00fablicas y de la representaci\u00f3n pol\u00edtica. Es decir, la independencia se cifr\u00f3 en una reorganizaci\u00f3n de la c\u00fapula del poder, que desplaz\u00f3 a unos espa\u00f1oles, los europeos, en beneficio de otros, los americanos. Por su parte, el estamento mestizo, m\u00e1s numeroso, pudo optar a los cargos subalternos que provey\u00f3 la nueva organizaci\u00f3n estatal.<\/p>\n<p>Ni qu\u00e9 decir tiene que la independencia de M\u00e9xico favoreci\u00f3 legalmente al ind\u00edgena, y a todas las castas presentes en los cuadros de Miguel Cabrera, pues se instaur\u00f3 una ciudadan\u00eda universal que, seg\u00fan la letra, no establec\u00eda distingos raciales. Sin embargo, desde temprano adolecieron las clases populares mexicanas del lastre pol\u00edtico y econ\u00f3mico que supone la acumulaci\u00f3n de riqueza econ\u00f3mica y poder pol\u00edtico en las mismas y pocas manos. Los grandes cambios cosm\u00e9ticos realizados en el ordenamiento legal sirvieron para consolidar un estado poscolonial, que replicaba las desigualdades de estatus y peculio de la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola. Y hay motivos para pensar que esa situaci\u00f3n ha variado en muy poco, lo cual, por supuesto, no es responsabilidad del pasado colonial, sino de los gestores de la cosa p\u00fablica que se han sucedido en el pa\u00eds desde 1821 hasta nuestros d\u00edas. En tal sentido, puede considerarse que la Revoluci\u00f3n mexicana de 1910-1920 fue una protesta popular por el incumplimiento de las promesas de justicia e igualdad que acompa\u00f1aron a la independencia; tanto como el fracaso clamoroso del movimiento que impulsaron, desde distintas perspectivas pol\u00edticas, personajes como Francisco I. Madero, Pancho Villa, Venustiano Carranza y Emiliano Zapata.<\/p>\n<p>Lograda la independencia, la creaci\u00f3n de una nueva patria, de car\u00e1cter inclusivo, no parec\u00eda tarea sencilla. La <em>civilizaci\u00f3n<\/em> del criollo no difer\u00eda de la de sus cong\u00e9neres espa\u00f1oles del Viejo Mundo, mientras que el pueblo llano del antiguo virreinato viv\u00eda en una suerte de sincretismo entre la cultura implantada tras la conquista y el poso ind\u00edgena que hab\u00eda sobrevivido en ciertos h\u00e1bitos de la vida cotidiana. Por lo tanto, el pa\u00eds estaba escindido, <em>grosso modo<\/em>, entre dos grupos sociales \u2014minoritario el criollo, pero gobernante\u2014 con diferentes concepciones de la vida.<\/p>\n<p>La colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola, aunque m\u00e1s intensa en la Nueva Espa\u00f1a que en ning\u00fan otro lugar de Am\u00e9rica, no alcanz\u00f3 la misma profundidad en todo el territorio virreinal. Amplias zonas perif\u00e9ricas, alejadas de las ciudades principales, de las v\u00edas de comunicaci\u00f3n m\u00e1s importantes y de los territorios m\u00e1s ricos a efectos agropecuarios, hab\u00edan quedado bajo autoridades ind\u00edgenas controlados por los administradores coloniales; en esos lugares, aunque la poblaci\u00f3n estuviera evangelizada, se practicaban rituales sincr\u00e9ticos y a\u00fan se hablaban las antiguas lenguas nativas. Sin embargo, el desarrollo de los Estados Unidos Mexicanos (nombre oficial del pa\u00eds) supuso la definitiva colonizaci\u00f3n de esos territorios, llevada a cabo por los nuevos gobernantes criollos. Un proceso que en el norte del pa\u00eds se llev\u00f3 a cabo con las armas en la mano. El ind\u00edgena perdi\u00f3 as\u00ed, de modo definitivo, su cultura ancestral, incorpor\u00e1ndose al mundo hispano y a ese inmenso mar que sigue denomin\u00e1ndose mestizaje, esta vez sin mediaci\u00f3n del abuso sexual de un conquistador lascivo.<\/p>\n<p>El pasado septiembre, pocos d\u00edas despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n del bicentenario de la Independencia de M\u00e9xico, el presidente L\u00f3pez Obrador pidi\u00f3 p\u00fablico perd\u00f3n a los ind\u00edgenas yaquis, habitantes del norte del pa\u00eds, por los abusos y cr\u00edmenes cometidos contra ellos en los \u00faltimos dos siglos. Y no es el \u00fanico caso registrado. \u00bfQui\u00e9n no recuerda a Mart\u00edn Fierro, protagonista del poema nacional argentino, que es reclutado a la fuerza en una taberna para ir a luchar contra los indios a la Pampa, cuando el joven Estado rioplatense expand\u00eda su territorio hacia el sur? La matanza fue terrible en aquellos p\u00e1ramos sudamericanos. Y el acoso del vecino Chile a la poblaci\u00f3n mapuche tambi\u00e9n merece ser citado, junto con otros muchos luctuosos ejemplos a lo largo y ancho del continente.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n de L\u00f3pez Obrador tiene pleno sentido, ya que existe una continuidad institucional entre el Estado que perpetr\u00f3 aquellos desmanes y la actual administraci\u00f3n mexicana. En el caso de Espa\u00f1a, por lo referente a una solicitud de disculpa a los ind\u00edgenas americanos en general, cabr\u00eda una doble apreciaci\u00f3n. Resulta evidente la ruptura entre el r\u00e9gimen instaurado por la Constituci\u00f3n de 1978 y la administraci\u00f3n hispana de los siglos XVI a XIX, pero s\u00ed existe una continuidad din\u00e1stica directa, encarnada por la figura del Borb\u00f3n de turno, el llamado Felipe VI. Quiz\u00e1 debiera pens\u00e1rselo el antedicho, puesto que las atrocidades cometidas en el Nuevo Mundo \u2014la aniquilaci\u00f3n de los ind\u00edgenas caribe\u00f1os, el abrupto mestizaje de los primeros tiempos de la conquista, la esclavizaci\u00f3n de africanos, los abusos sistem\u00e1ticos cometidos bajo el capote de la encomienda\u2026\u2014 fueron realizados en nombre de la Corona y redundaron en el beneficio material de la misma.<\/p>\n<h3>En conclusi\u00f3n<\/h3>\n<p>Hay un camino m\u00e1s all\u00e1 de la Leyenda Negra \u2014sin duda fomentada por los pa\u00edses rivales del Imperio espa\u00f1ol, como la Corona brit\u00e1nica y las Provincias Unidas\u2014 y de la Leyenda Blanca, que quiere imponerse hoy d\u00eda como contrapunto absoluto de la primera y, por tanto, est\u00e1 igualmente viciada por el prejuicio y el inter\u00e9s. Ese camino es la ciencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La conquista no es tarea de ONG. La conquista supone siempre una usurpaci\u00f3n, y en la gran mayor\u00eda de los casos se ejerce por medios violentos, esencialmente injustos y condenables. Los espa\u00f1oles conquistaron Am\u00e9rica del mismo modo que conquistaron a otros pueblos los mexicas, cuyo Imperio no era la sustanciaci\u00f3n pol\u00edtica del candoroso estado de naturaleza de Rousseau. Pero no todos los pueblos de Am\u00e9rica fueron <em>liberados<\/em> del yugo azteca, aunque casi todos, s\u00ed, fueron sometidos al yugo espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Tras la conquista, los espa\u00f1oles no crearon un r\u00e9gimen de libertades para los mexicas y sus antiguos vasallos, ni para otros pueblos americanos bajo su dominio, sino uno bien diferente, de explotaci\u00f3n de los recursos econ\u00f3micos continentales en beneficio de la metr\u00f3poli y su mediadora<em> in situ<\/em>, el estamento criollo, una casta superior caracterizada tanto por la propiedad sobre la tierra como por su pureza \u00e9tnica. La econom\u00eda colonial precisaba de mano de obra barata, raz\u00f3n que contribuy\u00f3 a la supervivencia de la poblaci\u00f3n ind\u00edgena.<\/p>\n<p>Hubo matrimonios mixtos con mujeres ind\u00edgenas, ante la escasez del plantel femenino hispano, pero muy raramente entre las familias de alcurnia econ\u00f3mica, la clase criolla. Ella fue la principal beneficiaria de las grandes obras p\u00fablicas y de servicios financiadas por la Corona en Am\u00e9rica. Sin embargo, los criollos se rebelaron contra la metr\u00f3poli en beneficio de los intereses econ\u00f3micos locales, que se manejaban desde la corte con torpeza y, sobre todo, con codicia. Ese fue el origen de los movimientos independentistas del primer tercio del siglo XIX.<\/p>\n<p>La independencia se obtuvo bajo la tutela de esa casta social y racial, que amold\u00f3 los nuevos ordenamientos legales a sus intereses (con avances jur\u00eddicos ciertos, como la abolici\u00f3n de la esclavitud y la ciudadan\u00eda universal, al menos a t\u00edtulo formal). De este modo se perpetu\u00f3 una aristocracia pol\u00edtica que en su intenci\u00f3n de expandir los l\u00edmites territoriales de las antiguas colonias espa\u00f1olas recurri\u00f3 tambi\u00e9n a la conquista, provocando nuevas masacres contra las poblaciones ind\u00edgenas en distintos puntos del continente.<\/p>\n<p>Con frecuencia se dice que la conquista espa\u00f1ola, \u00abcon sus luces y sombras\u00bb, debe enmarcarse en una \u00e9poca hist\u00f3rica concreta, alegando que la moral de ese tiempo era distinta a la actual. Y cabe convenir en la necesidad de circunscribir anal\u00edticamente los hechos en su contexto hist\u00f3rico, pero ello no implica que haya de aprobarse <em>de facto<\/em> la acci\u00f3n de los conquistadores. El conocimiento detallado de la historia no obliga a revisar hechos luctuosos con la categor\u00eda de haza\u00f1a, porque nada tienen de ejemplarizante. Si as\u00ed lo hacemos, estamos cayendo en la complicidad con los cr\u00edmenes del pasado.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abAm\u00e9rica no fue descubierta. Am\u00e9rica fue conquistada. 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