{"id":3061,"date":"2013-03-31T09:16:12","date_gmt":"2013-03-31T07:16:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-principe-fatalismo-y-melancolia\/"},"modified":"2021-12-07T17:50:41","modified_gmt":"2021-12-07T16:50:41","slug":"el-principe-fatalismo-y-melancolia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-principe-fatalismo-y-melancolia\/","title":{"rendered":"El pr\u00edncipe: fatalismo y melancol\u00eda"},"content":{"rendered":"<figure style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/ELPRINCIPE-1.jpg\" alt=\"alt\" width=\"700\" height=\"252\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u00bfFue coherente con su propio pensamiento, el Maquiavelo autor de dos obras tan dispares como El pr\u00edncipe, generalmente tomado como ejemplo de utilitarismo pol\u00edtico sin un \u00e1pice de consideraci\u00f3n \u00e9tica, y los Discursos sobre la primera D\u00e9cada de Tito Livio, espejo de tratados del orden republicano, en el que se defienden las libertades c\u00edvicas y se ensalza al gobernante virtuoso?<\/p>\n<p>La respuesta m\u00e1s f\u00e1cil, pero cu\u00e1n errada, califica El pr\u00edncipe como una venta al mejor postor del ingenio maquiaveliano, con la intenci\u00f3n de librarse del destierro a que hab\u00eda sido condenado, mientras que los Discursos ser\u00edan su contribuci\u00f3n sincera a la teor\u00eda pol\u00edtica. Sin embargo, la concepci\u00f3n del gobierno defendida por Maquiavelo no elude consideraciones \u00e9ticas expl\u00edcitas en ninguna de las dos obras reci\u00e9n citadas. \u00bfA qu\u00e9 se debe ello? Sencillamente, a que la diferencia basal entre ambos ensayos no estriba en intenciones dispares (y aun antag\u00f3nicas), sino en los diferentes destinatarios a que van remitidas (respectivamente, el pr\u00edncipe y el legislador), que se corresponden con dos coyunturas hist\u00f3ricas y aun con dos tipos humanos distintos.<\/p>\n<p>De lo anterior se deriva que las dos obras poseen una coherencia l\u00f3gica interna, como hitos sucesivos del mismo camino hacia la meta del gobierno virtuoso. El pr\u00edncipe es la proped\u00e9utica de los Discursos, un manual pr\u00e1ctico \u2013y previo\u2013 para sobrevivir a un entorno de inmoralidad colectiva; sus directrices sientan las bases de un poder necesariamente fuerte, que habr\u00e1 de guiarse por la doctrina plasmada en los Discursos para emprender la tarea de instrucci\u00f3n moral de los ciudadanos.<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>Maquiavelo vino al mundo en Florencia (1469), por entonces uno de los peque\u00f1os estados libres del Italia, no sometidos ni a la autoridad del papa ni a la jurisdicci\u00f3n del emperador de Alemania. Distingu\u00edan a la ciudad, tanto la ping\u00fce actividad de sus mercaderes y artesanos, como el ornato de intelectuales y artistas atra\u00eddo por el mecenazgo de la familia Medici, se\u00f1ores locales.<\/p>\n<p>V\u00e1stago de la peque\u00f1a nobleza, Maquiavelo tuvo acceso a una educaci\u00f3n esmerada, que despert\u00f3 su temprana admiraci\u00f3n por los autores cl\u00e1sicos grecorromanos (Plat\u00f3n, Epicuro, Lucrecio, Cicer\u00f3n, Polibio, Tito Livio) y los grandes poetas de la centuria precedente (Dante, Petrarca). Este bagaje permiti\u00f3 su ingreso en la segunda canciller\u00eda, el gabinete que atend\u00eda las relaciones exteriores y los asuntos b\u00e9licos de la reci\u00e9n proclamada Rep\u00fablica florentina (1494), creada tras el derrocamiento de los Medici.<\/p>\n<p>Como funcionario p\u00fablico, nuestro autor asisti\u00f3 en primera l\u00ednea a las insidias surgidas en torno al gobierno puritano del franciscano Girolamo Savonarola (1494-1498). De otro lado, y merced a esa misma condici\u00f3n profesional, mantuvo contacto directo con algunos de los principales gobernantes de la \u00e9poca, como el rey Luis XII de Francia, el emperador Maximiliano I de Austria, el papa Julio II y el cardenal romano C\u00e9sar Borgia, ante quienes encabez\u00f3 sendas misiones diplom\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Aparte de estas gestiones, la Rep\u00fablica debi\u00f3 a Maquiavelo la creaci\u00f3n de las milicias florentinas (1505), cuerpo de defensa civil concebido como alternativa a la contrataci\u00f3n de soldados mercenarios.<\/p>\n<p>La experiencia obtenida del trabajo en la canciller\u00eda result\u00f3 decisiva para la maduraci\u00f3n intelectual de las ideas que Maquiavelo hab\u00eda extra\u00eddo de sus abundantes lecturas. Con este saber doblemente acumulado forj\u00f3 una doctrina pol\u00edtica enfrentada a las convenciones de su tiempo, que ya estaba intelectualmente madurada en 1512, aunque todav\u00eda careciera de una exposici\u00f3n escrita sistem\u00e1tica. Ese a\u00f1o, una nueva convulsi\u00f3n pol\u00edtica troc\u00f3 el destino del brillante diplom\u00e1tico florentino: los vaivenes de la pol\u00edtica italiana dejaron a Florencia en desventaja ante las insidias del papado, lo cual propici\u00f3 el retorno al poder de los Medici, y con ellos, la ca\u00edda en desgracia de Maquiavelo. Destituido primero de sus responsabilidades como funcionario, m\u00e1s tarde fue encarcelado, torturado y desterrado a la localidad de San Casciano.<\/p>\n<p>En el exilio tuvo tiempo de aplicar sus saberes y experiencias a la redacci\u00f3n de El pr\u00edncipe (agosto-diciembre de 1513), ensayo acerca de los modos de conquistar y conservar el poder. El manuscrito original fue dedicado a uno de sus enemigos, el cardenal Lorenzo de M\u00e9dicis, duque de Urbino y futuro papa con el nombre de Clemente VII; no obstante, se trata de un detalle a\u00f1adido en 1515 o 1516. La obra no lleg\u00f3 a publicarse en vida de su autor.<\/p>\n<p>El destierro en San Casciano estuvo marcado por penurias materiales de todo tipo, pero tambi\u00e9n por una intensa actividad intelectual. Concluido El pr\u00edncipe, Maquiavelo prosigui\u00f3 con la redacci\u00f3n de los ya citados Discursos, escritos entre 1512 y 1519, y tambi\u00e9n compuso el poemario El asno de oro (1517) y la comedia La mandr\u00e1gora (1520).<\/p>\n<p>Gracias a la astuta benevolencia del cardenal Medici, que acab\u00f3 perdon\u00e1ndole las desavenencias del pasado a cambio de sus peritos servicios, Maquiavelo retom\u00f3 la actividad funcionarial a partir de 1520, sin abandonar por ello sus trabajos literarios (la biograf\u00eda Vida de Castruccio Castracani de Luca, 1520; Historia florentina, 1520-1525; la comedia Clizia, 1525).<\/p>\n<p>A medio plazo, esta reconciliaci\u00f3n propiciar\u00eda la segunda ca\u00edda en desgracia de nuestro personaje: ocurri\u00f3 en 1527, tras el saco de Roma por las tropas del emperador Carlos I, suceso que nuevamente apart\u00f3 a los Medici del gobierno de Florencia. Pero Maquiavelo falleci\u00f3 ese mismo a\u00f1o, con lo cual no se prolong\u00f3 en mucho su oprobio.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>En los cen\u00e1culos literarios de aquella Italia a caballo entre los siglos XV y XVI, nadie discut\u00eda a otro florentino, Dante Alighieri, una doble primac\u00eda como maestro del canon est\u00e9tico del Dolce stil novo, representado por la Commedia (aunque la denominaci\u00f3n del movimiento sea muy posterior, del siglo XIX, tomada por Francesco de Sanctis de un verso de la obra danteana), y te\u00f3rico mod\u00e9lico en el an\u00e1lisis de la cosa p\u00fablica, merced a De monarchia. Pero Dante no hab\u00eda ido m\u00e1s all\u00e1 de la ortodoxia cristiana tradicional, al identificar los males de su \u00e9poca con la impiedad de los hombres. Este tema triunf\u00f3 m\u00e1s tarde allende los Alpes, en tanto que recogido por los humanistas del norte de Europa (Erasmo de Rotterdam, Tom\u00e1s Moro), que defender\u00e1n los valores del pr\u00edstino cristianismo \u2013humildad, fraternidad, tolerancia\u2013 como principios pol\u00edticos del Estado ideal.<\/p>\n<p>Contra ese prisma religioso aplicado al an\u00e1lisis pol\u00edtico se edific\u00f3 la doctrina de Maquiavelo, de sesgo inequ\u00edvocamente materialista, sentada sobre consideraciones antropol\u00f3gicas b\u00e1sicas acerca del juego de las pasiones y las distintas clases de inteligencia.<\/p>\n<p>Vayamos concretando. Para nuestro autor, el intelecto humano es una suerte de pelele sacudido por los embates de sus apetitos. Grosso modo, su valoraci\u00f3n de la especie se resume en estas l\u00edneas: \u201cLos hombres son, en general, ingratos, inconstantes, mentirosos e hip\u00f3critas, cobardes ante el peligro, avarientos.\u201d (El pr\u00edncipe, cap\u00edtulo XVII).<\/p>\n<p>Este diagn\u00f3stico del alma humana conforma sin duda un cuadro idealista, pero inferido de la observaci\u00f3n de las pulsiones biol\u00f3gicas que arrastran a la competencia, a menudo feroz, en pro de la obtenci\u00f3n de bienes escasos.<\/p>\n<p>A la tiran\u00eda de los apetitos hay que sumar la desigualdad espiritual de los humanos. Recuperando el esquema formal de la doctrina plat\u00f3nica de las tres almas, Maquiavelo distingue igual n\u00famero de inteligencias en el cap\u00edtulo XXII de El pr\u00edncipe: la primera \u201ccomprende las cosas por s\u00ed mismas\u201d y es calificada de intelecto superior; la segunda, \u201ccapaz de evaluar lo que otro comprende\u201d, merece ser llamada \u201cexcelente\u201d, \u201cy la tercera no comprende ni por s\u00ed misma ni por medio de los dem\u00e1s\u201d, por lo que resulta in\u00fatil para las grandes empresas y solo se mantiene atada a la virtud mediante la autoridad.<\/p>\n<p>De estas tres clases de almas, solo la superior est\u00e1 capacitada para regir la sociedad. A sus poseedores corresponde remediar el caos desatado por los deseos y las ambiciones, sobre todo entre las categor\u00edas intelectuales inferiores, m\u00e1s proclives al v\u00f3rtice pasional. Pero no debe entenderse que existe una relaci\u00f3n inmediata entre la capacidad pol\u00edtica (llam\u00e9mosla as\u00ed) y el ejercicio de la pol\u00edtica: tal como denunci\u00f3 Maquiavelo, la Italia de los siglos XV y XVI estaba repleta de aventureros, encumbrados por el uso de las armas a importantes cargos p\u00fablicos, que solo pretend\u00edan medrar de un modo zafio, sirvi\u00e9ndose para ello de sus magistraturas.<\/p>\n<p>Establece igualmente nuestro canciller una peculiar interacci\u00f3n entre la esencia ambiciosa de la humanidad (elemento colectivo) y las tres categor\u00edas de almas mencionadas (matiz individual), de fuerte resonancia epicure\u00edsta: la capacidad racional de cada individuo condiciona el g\u00e9nero de lo ambicionado. Las almas vulgares se decantar\u00e1n por los bienes materiales, mientras que los esp\u00edritus superiores preferir\u00e1n los dones de la fama, que rebasan la inmanencia de la necesidad y proveen al beneficiario de una trascendencia mundana (esto es, el recuerdo de las generaciones venideras, cual ejemplo de sabidur\u00eda y grandeza de \u00e1nimo).<\/p>\n<p>La primera consecuencia que el florentino obtiene de estas premisas ser\u00e1 que los pueblos alcanzan momentos de pujanza pol\u00edtica, paz social y progreso econ\u00f3mico, cuando, guiados por almas superiores, optan por una conducta virtuosa; y cuando se inclinan hacia una ambici\u00f3n desordenada, caen en el caos y la injusticia, y su futuro queda al albur de otros pueblos mejor gobernados y, por tanto, m\u00e1s poderosos. De todo ello contienen abundante testimonio los libros de historia, advierte Maquiavelo.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>La historia, \u201cMaestra de la existencia\u201d, es el mejor espejo de la lucha secular entre los distintos apetitos de las almas, y por ello posee, para Maquiavelo, preeminencia gnoseol\u00f3gica. El hoy es un pret\u00e9rito redivivo que solamente puede aprehenderse en el estudio de los sucesos de anta\u00f1o.<\/p>\n<p>Ante todo, la historia es espejo del comportamiento humano. Parte del reconocimiento de la ambici\u00f3n como primer motor \u2013dicho sea en t\u00e9rminos aristot\u00e9licos\u2013 de las acciones de todos los miembros de la especie. Dicha ambici\u00f3n tiene un trasunto pol\u00edtico: seg\u00fan predomine socialmente una u otra tendencia de esa pulsi\u00f3n basal (ya se han citado las distintas clases de dones ambicionados), los estados atraviesan momentos de plenitud o decadencia. Esta evoluci\u00f3n puede representarse gr\u00e1ficamente como una sucesi\u00f3n interminable de par\u00e1bolas con un trazo ascendente, el de sus momentos de auge, y otro descendente, el de su decadencia moral y pol\u00edtica. Viejo esquema, tomado por Maquiavelo de los textos de Plinio (siglo I), que se proyectar\u00e1 formalmente sobre la teorizaciones de Gianbattista Vico y su Ciencia nueva (1725), y tambi\u00e9n en las Lecciones sobre la filosof\u00eda de la historia universal (1837) de G. W. F. Hegel.<\/p>\n<p>La cr\u00f3nica de este continuo ascenso y declive de rep\u00fablicas y reinos recoge la perpetua elecci\u00f3n que los hombres efect\u00faan sobre los objetos de su ambici\u00f3n, y cuyo resultado es la gloria o la ruina. Los momentos de esplendor de las civilizaciones coinciden con \u00e9pocas en que la racionalidad triunf\u00f3 sobre los instintos (sin por ello anular estos), procurando los dones codiciados por el recto sentido: la virtud y la fama.<\/p>\n<p>La imperfecci\u00f3n humana anula cualquier posibilidad de alcanzar un estado de armon\u00eda pol\u00edtica y social absoluta. De ah\u00ed que la historia, su concepto, pueda describirse en el pensamiento de Maquiavelo cual constante ensayo de la raz\u00f3n en busca de la libertad: \u201cDios no quiere hacerlo todo para no arrebatarnos la libertad de la voluntad y la parte de gloria que nos corresponde en la empresa\u201d (El pr\u00edncipe, XXVI). Esa \u201clibertad de la voluntad\u201d debe tomar buena nota, antes de obrar, del ejemplo de los antiguos.<\/p>\n<p>Cierto es que volver\u00e1 a caer la naturaleza humana en la iniquidad m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano, porque las limitaciones del propio raciocinio, la ignorancia y la inflexibilidad de las pasiones acaban desviando su atenci\u00f3n de la recta conducta. Sin embargo, a pesar de ese lastre inevitable, cierta noci\u00f3n de progreso rezuma de los textos maquiavelianos: la estructura del devenir es perenne, pero sus contenidos, los materiales sapienciales que moldean la vida y las producciones del g\u00e9nero humano en las distintas \u00e9pocas, tienden hacia mayores cotas de perfectibilidad conforme las etapas ascendentes toman el relevo de las lagunas de crisis. Y aun siendo la perfecci\u00f3n absoluta imposible, tales avances favorecen la dilataci\u00f3n de los estadios de auge, con sim\u00e9trica reducci\u00f3n de las \u00e9pocas aciagas.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>La consecuci\u00f3n de estas cotas de progreso es la tarea de las almas superiores. A ellas corresponde la mayor creaci\u00f3n imaginable sobre la Tierra, el Estado, marco id\u00f3neo y condici\u00f3n de posibilidad del ejercicio de la virtud. Una tarea, por tanto, superior a la mera reproducci\u00f3n material de la sociedad, encomendada a los dos tipos inferiores de almas.<\/p>\n<p>De lo anterior se desprende que Maquiavelo pose\u00eda un concepto heroico, casi hom\u00e9rico \u2013o sin casi\u2013 de la historia. La original igualdad entre los miembros de la sociedad \u2013postulado fundamental de las doctrinas contractualistas de la modernidad (Hobbes, Locke, Hume, Rousseau)\u2013 queda refutada de principio con la doctrina de las tres almas. En el pensamiento maquiaveliano, el contrato social \u2013entendido como acuerdo que valida un marco legal de convivencia\u2013 no constituye el Estado, sino que es posterior a la creaci\u00f3n del mismo, pues solo se da cuando las voluntades particulares llegan a aunarse en el acatamiento de las leyes justas estatuidas por el gobernante. Y ello no es tan f\u00e1cil. Apegado como est\u00e1 el humano al reino de sus deseos y necesidades, la vor\u00e1gine de las ambiciones interpone m\u00faltiples obst\u00e1culos contra el libre ejercicio del raciocinio. De ah\u00ed que la racionalidad, simiente de la virtud, se manifieste en destellos escasos y singulares, y que ella misma sea una suerte de especie ex\u00f3tica y codiciada, con la salvedad de que no puede adquirirse mercantilmente.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n pol\u00edtica de Maquiavelo despoja al Estado de cualquier misi\u00f3n trascendente. Su funci\u00f3n para con los individuos pasa de cura de almas (Dante) a estructura necesaria de supervivencia, y como tal ligada a imperativos de orden puramente material, no moral o religioso. La ley dejar\u00e1 de ser v\u00ednculo entre la individualidad y el dec\u00e1logo que emana de la omnisciencia divina; en adelante, perseguir\u00e1 la adecuaci\u00f3n de los apetitos humanos a las normas de la racionalidad, \u00fanica garant\u00eda de conservaci\u00f3n f\u00edsica. Cuando una alteridad desbordada por las pasiones es l\u00edmite y amenaza para cada sujeto, la \u00fanica conciliaci\u00f3n entre ambos dominios \u2013lo propio y lo ajeno\u2013 estriba en una fuerza exterior, la ley. Doctrina fatalista donde las haya, sin duda, pero nunca gratuita en su severidad.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se concreta este cambio de paradigma? En los siguientes t\u00e9rminos: la clave de un gobierno que garantice la paz interna del Estado, consiste en el desenvolvimiento de las tensiones internas y opuestas bajo un fuerte poder vigilante, hasta alcanzar un equilibrio entre las partes, mantenido tanto por la prudencia como con la fuerza del gobernante. En este aspecto, el pensamiento maquiaveliano responde a un individualismo mesurado por la racionalidad, entendida como la atinada facultad que sabe apaciguar las inclinaciones ego\u00edstas con el dulce freno de la libertad moral y la seguridad material.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Partiendo asimismo del estudio de la historia, Maquiavelo extrajo conclusiones directas acerca de la coyuntura pol\u00edtica de la Italia de su tiempo: sostuvo as\u00ed que las comunas (ciudades libres), herencia del Medievo, eran instituciones caducas, que deb\u00edan sucumbir ante la instauraci\u00f3n de un principado nuevo, de fundamento civil, cuya misi\u00f3n ser\u00eda la perfeccionada restauraci\u00f3n de los principios de la Roma republicana, \u00e9poca en la que nuestro autor crey\u00f3 ver mayor n\u00famero de ejemplos de virtud civil, tanto del pueblo en general como de sus l\u00edderes pol\u00edticos.<\/p>\n<p>La manera de instaurar ese nuevo r\u00e9gimen qued\u00f3 debidamente expuesta en El pr\u00edncipe, ensayo que advierte y prepara contra una situaci\u00f3n real, asentada sobre la violencia y la inmoralidad, ante la cual se hab\u00edan demostrado in\u00fatiles los \u201cprofetas desarmados\u201d como Savonarola, ni tampoco parec\u00edan aptos los ep\u00edgonos humanistas de Dante; unos y otros hab\u00edan confiado en el solo poder de persuasi\u00f3n de la palabra, por lo que tarde o temprano estaban destinados \u2013como lo estuvo Savonarola\u2013 a perecer bajo la espada de las insidias. As\u00ed pues, el uso de la violencia se perfila como recurso imprescindible para tomar el poder y mantenerse a su cabeza, puesto que debe culminarse en un mundo regido por pasiones que obnubilan el coraz\u00f3n y el raciocinio de la inmensa mayor\u00eda de los hombres, borrando de su consideraci\u00f3n cualquier comportamiento altruista: \u201chay tanta distancia de c\u00f3mo se vive a c\u00f3mo se deber\u00eda vivir, que quien deja a un lado lo que se hace por lo que se deber\u00eda hacer, aprende antes su ruina que su preservaci\u00f3n: porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesi\u00f3n de bueno, labrar\u00e1 necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. Por todo ello es necesario a un pr\u00edncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en funci\u00f3n de la necesidad\u201d (El pr\u00edncipe, XV).<\/p>\n<p>Profundamente resignado al fatalismo, actitud y conclusi\u00f3n esencial de su pensamiento, Maquiavelo reconoce la preeminencia \u00faltima del apetito ante la idea, y sobre tal jerarqu\u00eda fundamenta la descalificaci\u00f3n rotunda de cualquier gobierno de inspiraci\u00f3n religiosa. Este rechazo implica la disyunci\u00f3n entre moral y pol\u00edtica, que respectivamente quedar\u00e1n asignadas a los \u00e1mbitos de la intimidad, la primera, y la vida p\u00fablica, la segunda; al reino de los fines y el reino de los hechos humanos.<\/p>\n<p>Ya no hay mandamientos a los que aferrarse. Sabidur\u00eda (como ciencia emp\u00edrica, aprendida en el estudio de la historia) y prudencia (reflexi\u00f3n) son los dos pilares del gobierno en los escritos del florentino.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>Hay que distinguir entre una gu\u00eda t\u00e9cnica y un dec\u00e1logo. La primera se basa en la manipulaci\u00f3n pr\u00e1ctica de condiciones estrictamente coyunturales, para lograr determinados fines, y a ella pertenece El pr\u00edncipe (en este caso, su meta estriba en la obtenci\u00f3n del poder pol\u00edtico). El segundo establece los procedimientos ideales en el desempe\u00f1o de la funci\u00f3n cuyo acceso facilita la anterior; por tanto, se rige por principios y valores diferentes. Tambi\u00e9n existe en Maquiavelo esta segunda obra, complementaria de El pr\u00edncipe y secuencia consecuente: son los Discursos sobre la primera D\u00e9cada de Tito Livio, escritos entre 1512 y 1519. Cuanto se postula en este amplio tratado pol\u00edtico, solo puede practicarse en un Estado previamente consolidado y pacificado por gobernantes en\u00e9rgicos, conscientes de que su acci\u00f3n se enfrenta a la natural discordancia entre el orden racional deseado \u2013y deseable\u2013 y el caos rebelde de los apetitos.<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe estudia los distintos tipos de principado (cap\u00edtulo I), que pueden ser hereditario, mixto (cuando un gobernante accede al poder en un Estado ya fundado) y \u201ccompletamente nuevo, tanto por su pr\u00edncipe como por su organizaci\u00f3n pol\u00edtica\u201d, exponiendo la forma de conquistar el poder en cada uno de ellos (II-XI). Examina a continuaci\u00f3n las cuestiones de organizaci\u00f3n militar necesarias para la defensa del poder conquistado (XII-XIV), propone consejos pr\u00e1cticos para la conservaci\u00f3n del poder (XV-XIII) y finalmente hace votos por la unificaci\u00f3n y liberaci\u00f3n de Italia (XXIV-XXVI).<\/p>\n<p>La tarea de conquista, as\u00ed como la labor de conservar el poder, depender\u00e1 en buena medida de la relaci\u00f3n que el gobernante mantenga con la Fortuna. Esta fuerza no es equiparable a la noci\u00f3n tradicional de hado o destino sobrenatural; no se trata de una determinaci\u00f3n caprichosa sobre la vida del individuo, inconexa de sus m\u00e9ritos. En la doctrina de Maquiavelo, la Fortuna es un c\u00famulo de circunstancias absolutamente inmanentes, desdoblado en dos niveles: el entorno hist\u00f3rico que acoge la acci\u00f3n protag\u00f3nica y las repercusiones de la propia acci\u00f3n sobre ese mismo entorno.<\/p>\n<p>La iniciativa de conquista es un catalizador de fuerzas y reacciones anteriormente aletargadas, por lo que requiere una t\u00e9cnica espec\u00edfica. Por supuesto, la imperfecci\u00f3n consustancial de todo ser humano, incluidos los de inteligencia superior, mantendr\u00e1 siempre al h\u00e9roe bajo la espada de Damocles de los riesgos que no supo calcular con exactitud, o de los peligros surgidos sin que fuera tan perspicaz como para prevenirlos anticipadamente. Moraleja: no culpe el pr\u00edncipe de su desgracia al capricho de los dioses o la mala suerte, pues todo fracaso deviene de las limitaciones humanas.<\/p>\n<p>La Fortuna es la vida, ni m\u00e1s ni menos, con su inherente laberinto de sorpresas. En el sentido de orientaci\u00f3n del caminante reside su mayor o menor posibilidad para hallar la senda correcta en todas las encrucijadas, porque \u201cella muestra su poder cuando no hay una virtud organizada y preparada para hacerle frente y por eso vuelve sus \u00edmpetus all\u00e1 donde sabe que no se han construido los espigones y los diques para contenerla\u201d (XXV).<\/p>\n<p>Puesto que la Fortuna es mujer y ama a los hombres decididos y en\u00e9rgicos, el oportunismo que la temeridad procura puede servir para alcanzar el poder. Triunfo, advierte el florentino, que suele acompa\u00f1arse de la propia vanagloria. Mala actitud ser\u00e1 esa, sin embargo, porque conduce a la falsa creencia en la imbatibilidad.<\/p>\n<p>En el trato con la Fortuna, imprescindible resulta tambi\u00e9n \u2013una vez m\u00e1s\u2013 el conocimiento de la historia, porque \u201cun hombre prudente debe discurrir siempre por las v\u00edas trazadas por los grandes hombres e imitar a aquellos que han sobresalido extraordinariamente sobre los dem\u00e1s, con el fin de que, aunque no se alcance su virtud, algo nos quede sin embargo de su aroma\u201d. Tal instrucci\u00f3n aviva el ejercicio racional de la prudencia, que en buena medida puede identificarse con la moderaci\u00f3n de un gobernante \u201cponderado en sus reflexiones y en sus movimientos\u201d, el cual, \u201csin crearse temores imaginarios\u201d, act\u00faa \u201cmesuradamente, con prudencia y humanidad, para que la excesiva confianza no lo haga incauto ni la excesiva desconfianza lo vuelva intolerable\u201d (XVII). Conocimientos y actitudes que se complementan, c\u00f3mo no, con los consejos pr\u00e1cticos de Maquiavelo.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>Las primeras recomendaciones plasmadas en El pr\u00edncipe tienen por objeto evitar intrigas: al nuevo gobernante le conviene la eliminaci\u00f3n del linaje del anterior soberano. Y para no ofender a sus nuevos s\u00fabditos, debe mantener las leyes e impuestos que hall\u00f3 a su llegada. La costumbre \u2013su preservaci\u00f3n\u2013 contribuye a que el relevo sea bien acogido.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay que ser astuto (\u201czorra para conocer las trampas\u201d) y contundente (\u201cle\u00f3n para amedrentar a los lobos\u201d). Y si no se poseen estas capacidades, por lo menos aparentar que s\u00ed se atesoran, porque \u201ccada uno ve lo que pareces, pero pocos palpan lo que eres y estos pocos no se atreven a enfrentarse a la opini\u00f3n de muchos, que tienen adem\u00e1s la autoridad del Estado para defenderlos\u201d (XVIII).<\/p>\n<p>Seg\u00fan Maquiavelo, el soberano debe hacerse amar por sus s\u00fabditos&#8230; Pero no le bastar\u00e1 con ello si quiere conservar su dominio, puesto que a la par debe ser temido. Planteada as\u00ed la antinomia, en caso de no poder compatibilizar ambos sentimientos se aconseja, por su utilidad, la primac\u00eda del miedo. \u00bfLa raz\u00f3n? Cuando el pueblo, si a\u00fan vive en la ceguera de sus ambiciones, cree vislumbrar la opci\u00f3n plausible de una revoluci\u00f3n, pesa m\u00e1s sobre su voluntad el temor a las represalias del gobernante que el reconocimiento de los buenos actos del mismo.<\/p>\n<p>Ese temor solo puede infundirlo un pr\u00edncipe autoritario. La liberalidad del soberano alimenta el \u00e1nimo revoltoso, por tentar al s\u00fabdito, que intentar\u00e1 desembarazarse del poder instituido en aras de su ego\u00edsmo. Es cuesti\u00f3n de c\u00e1lculo: un gobernante severo ejecutar\u00e1 a un pu\u00f1ado de d\u00edscolos, pero uno m\u00e1s tolerante se ver\u00e1 obligado, a la postre, a castigar a muchos de sus inferiores (todos aquellos que sean cautivados por las promesas de la subversi\u00f3n). Y as\u00ed, el pr\u00edncipe que pretend\u00eda ser m\u00e1s amable con sus gobernados acaba siendo el que m\u00e1s cabezas corta. Debido a ello, tambi\u00e9n ser\u00e1 quien m\u00e1s enemigos se gana entre el pueblo.<\/p>\n<p>El agravamiento de estas aversiones puede dar como producto el odio, que rebasa todas las barreras del temor: \u201cla mejor fortaleza es no ser odiado por el pueblo\u201d (XX). Pr\u00edncipe odiado se convierte sin remedio en pr\u00edncipe destronado, asegura Maquiavelo.<\/p>\n<p>Para evitar la inquina popular, no solo se precisa la entereza del soberano, entendida como observancia de la propia autoridad, sino tambi\u00e9n el buen ejemplo de sus actos (aunque solo sea aparente). La seguridad de no recibir afrentas ni abusos por parte del poder, ni en sus medios de vida ni en sus mujeres, figura como consejo pr\u00e1ctico en El pr\u00edncipe para impedir la generaci\u00f3n de resentimiento entre los s\u00fabditos. Y refiri\u00e9ndose a los bienes de estos, Maquiavelo recomienda a todo gobernante que sea morigerado en sus fastos y conceda \u201cpoca importancia a que lo tachen de taca\u00f1o si con ello no se ve obligado a despojar a sus s\u00fabditos, puede defenderse, no se ve reducido a la pobreza y el desprecio y no se ve forzado a convertirse en rapaz\u201d (XVI).<\/p>\n<p>Dicho lo anterior, cabe recordar que nuestro autor prefiere para su pr\u00edncipe el apoyo del pueblo, antes que el de los nobles y plut\u00f3cratas: como los segundos \u201cse creen iguales a \u00e9l\u201d, le costar\u00e1 imponerse a sus pretensiones. Pero no solo en atenci\u00f3n a cuestiones funcionales, tambi\u00e9n por car\u00e1cter le conviene al gobernante el respaldo popular: \u201cel fin del pueblo es m\u00e1s honesto que el de los grandes, ya que estos quieren oprimir, y aquel no ser oprimido\u201d (El pr\u00edncipe, IX).<\/p>\n<p>Constata el florentino, asimismo, que los \u201cprincipales cimientos y fundamentos de todos los estados (\u2026) consisten en las buenas leyes y en las buenas armas\u201d (XII). Porque ni el apoyo de la los poderosos ni el favor del pueblo librar\u00e1 al mandatario de infinidad de peligros ajenos a su arte de gobierno, ora fruto de los rencores y las codicias de los particulares, que nunca dejan de intrigar contra la estabilidad del Estado, ora porque la prosperidad de un reino bien administrado puede despertar muchas envidias externas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay una llamada de atenci\u00f3n contra quienes conciben su mandato como un lujo merecido y pretenden despreocuparse de las exigencias de una guerra sempiternamente activa en el mundo de los humanos, como producto de sus apetitos e insensatez: \u201cla experiencia muestra que, cuando los pr\u00edncipes han pensado m\u00e1s en las exquisiteces que en las armas, han perdido su Estado\u201d. Gobernar es todo lo contrario a la molicie, un mandatario sabio \u201cjam\u00e1s permanecer\u00e1 ocioso en tiempos de paz\u201d (XIV).<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n de la defensa del principado precisa de la formaci\u00f3n de milicias civiles, integradas por ciudadanos comprometidos con su pa\u00eds y sus leyes, en detrimento de las fuerzas de mercenarios que \u201ccarecen de unidad, son ambiciosas, sin disciplina, desleales\u201d (XII). Prescripci\u00f3n esta, directamente relacionada con la experiencia diplom\u00e1tica de su autor, quien hab\u00eda comprobado la nula confianza ameritada por las tropas mercenarias que proliferaban en la Italia de su tiempo.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>Ni una sola palabra en alabanza de cualquier tipo de acci\u00f3n inmoral hallaremos en El pr\u00edncipe, sin negar por ello que ciertas prescripciones estrictamente ligadas en Maquiavelo a los conceptos de lo real y lo necesario chocan de pleno contra los valores pol\u00edticos de las sociedades occidentales del siglo XXI (y Maquiavelo podr\u00eda apostillar: \u201cpero solo en la apariencia\u201d).<\/p>\n<p>Valga este ejemplo \u2013con subrayado a\u00f1adido\u2013 acerca del \u201cbuen uso y mal uso de la crueldad. Bien usadas se pueden llamar aquellas crueldades (si del mal es l\u00edcito decir bien) que se hacen de una sola vez y de golpe, por la necesidad de asegurarse, y luego ya no se insiste m\u00e1s en ellas, sino que se convierten en lo m\u00e1s \u00fatiles posible para los s\u00fabditos. Mal usadas son aquellas que, pocas en principio, van aumentando sin embargo con el curso del tiempo en lugar de disminuir\u201d (VIII).<\/p>\n<p>En nuestro tiempo, los estados democr\u00e1ticos tambi\u00e9n se consideran l\u00edcitamente capacitados para ejercer la violencia que les confieren las leyes (no deseable, pero justificada por convenci\u00f3n). Solo la diferencia entre los contextos hist\u00f3ricos \u2013cada uno dotado de sus propios paradigmas pol\u00edtico y jur\u00eddico\u2013 establece el grado y materia de esa violencia.<\/p>\n<p>La legitimaci\u00f3n de la violencia estatal arraiga en la naturaleza de la soberan\u00eda. En el siglo XXI se entiende que la acci\u00f3n represiva del Estado viene sancionada, y con ello mesurada, por leyes aprobadas seg\u00fan procedimientos democr\u00e1ticos, luego es postestad obtenida a priori. En el siglo XVI, la soberan\u00eda descansaba en derechos din\u00e1sticos de fundamentaci\u00f3n divina, de modo que la violencia estatal ten\u00eda origen y finalidad arbitrarios (dimanaba del inter\u00e9s del soberano). Maquiavelo se rebela contra esta justificaci\u00f3n ultraterrena, transfiriendo la raz\u00f3n \u00faltima de la soberan\u00eda no al linaje, sino al m\u00e9rito personal (y por tanto, populariz\u00e1ndola), siempre que sea su voluntad la creaci\u00f3n de un principado nuevo, que habr\u00e1 de moldearse con leyes derivadas de un ideal de virtud. De este modo, el gobernante adquiere su legitimidad a posteriori, devenida por igual de la intenci\u00f3n y de las obras. Puede hablarse de meritocracia, pero, al igual que ocurre en el Estado democr\u00e1tico de nuestros d\u00edas, esa legitimidad queda desligada de cualquier v\u00ednculo irracional o sobrenatural.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo XXI de El pr\u00edncipe bien podr\u00eda servir como conclusi\u00f3n de la obra y pre\u00e1mbulo de su continuaci\u00f3n l\u00f3gica, los Discursos, porque ofrece no ya consejos para la conquista y mantenimiento del poder, sino una caracterizaci\u00f3n positiva de cuanto debe ser la figura principesca. Puede leerse all\u00ed: \u201cNada proporciona a un pr\u00edncipe tanta consideraci\u00f3n como las grandes empresas y el dar de s\u00ed ejemplos fuera de lo com\u00fan. (\u2026) [as\u00ed como] dar de s\u00ed ejemplos sorprendentes en su administraci\u00f3n de los asuntos interiores. (\u2026) debe mostrar tambi\u00e9n su aprecio por el talento y honrar a los que sobresalen en alguna disciplina. Adem\u00e1s, debe procurar a sus conciudadanos la posibilidad de ejercer tranquilamente sus profesiones, ya sea el comercio, la agricultura o cualquier otra actividad, sin que nadie tema incrementar sus posesiones por miedo a que le sean arrebatadas o abrir un negocio por miedo a los impuestos. (\u2026) Y puesto que toda ciudad est\u00e1 dividida en corporaciones o en barrios, debe prestarles su atenci\u00f3n y reunirse con ellas de vez en cuando, dando ejemplos de humanidad y liberalidad, pero conservando siempre intacta la magnificencia de su dignidad, porque esto no puede faltar nunca en cosa alguna\u201d.<\/p>\n<p>Las anteriores l\u00edneas, adem\u00e1s de despejar cualquier duda sobre la pretendida \u2013y falsa\u2013 inmoralidad de Maquiavelo, introducen un nuevo aspecto de su pensamiento social, como es la defensa ac\u00e9rrima de la libre iniciativa econ\u00f3mica dentro de un marco legal respetuoso con las necesidades y beneficios de la misma, presupuesto que anticipa los fundamentos te\u00f3ricos de la escuela liberal&#8230; con alguna particularidad no menor, empero.<\/p>\n<p>En el florentino, la propiedad privada queda exonerada de cualquier v\u00ednculo con el Estado, m\u00e1s all\u00e1 de la tributaci\u00f3n para el necesario mantenimiento del mismo; y se perge\u00f1a como inviolable, salvo en los casos de traici\u00f3n que la ley especifique. Este principio surge de la constataci\u00f3n emp\u00edrica de su ben\u00e9fica influencia sobre la prosperidad de las naciones y la seguridad de los pr\u00edncipes que la protegen (un argumento utilitario, por tanto), sin necesidad de justificaciones iusnaturalistas como la que deviene del estado de naturaleza teorizado por Locke.<\/p>\n<p>Finalmente, con respecto a las relaciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas entre propiedad y Estado, cabe indicar que existe cierto paralelismo entre las doctrinas de Hobbes y Maquiavelo, no porque compartan una fundamentaci\u00f3n l\u00f3gica, sino por la descripci\u00f3n de causas y efectos. Para el brit\u00e1nico (Elementos de derecho natural y pol\u00edtico), la funci\u00f3n primordial del Estado consiste en preservar la seguridad de la propiedad, y para ello se confiere al soberano todo el poder de los individuos; tan sacrosanta es dicha obligaci\u00f3n, que de ser incumplida puede justificar el magnicidio. Al florentino le basta con la l\u00f3gica apabullante de la experiencia hist\u00f3rica: pr\u00edncipe que abuse de la propiedad de sus s\u00fabditos ser\u00e1 odiado, y como tal depuesto m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano (consid\u00e9rese leg\u00edtimo o no su derrocamiento), porque la falta de inteligencia y moderaci\u00f3n habr\u00e1 trocado en su contra el favor de la Fortuna. Cuesti\u00f3n de sentido com\u00fan, como puede verse, sin necesidad de recurrir a complejos entramados l\u00f3gicos o jur\u00eddicos.<\/p>\n<p>Cinco siglos despu\u00e9s de su redacci\u00f3n, el centenar de p\u00e1ginas de El pr\u00edncipe sigue figurando entre los textos referenciales del pensamiento pol\u00edtico universal. De su mensaje se destila cierta melancol\u00eda, la del diplom\u00e1tico que tal vez so\u00f1\u00f3 con ser ese gobernante cuya \u201cgloria ser\u00e1 doble: habr\u00e1 dado origen a un principado nuevo y lo habr\u00e1 adornado y fortalecido con buenas leyes, buenas armas, buenos aliados y buenos ejemplos\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfFue coherente con su propio pensamiento, el Maquiavelo autor de dos obras tan dispares como El pr\u00edncipe, generalmente tomado como ejemplo de utilitarismo pol\u00edtico sin un \u00e1pice de consideraci\u00f3n \u00e9tica, y los Discursos sobre la primera D\u00e9cada de Tito Livio, espejo de tratados del orden republicano, en el que se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":21,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[72],"tags":[],"class_list":["post-3061","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-opinion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - 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