{"id":2810,"date":"2013-01-30T14:39:39","date_gmt":"2013-01-30T14:39:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/papeles-amarillos\/"},"modified":"2023-12-29T13:43:12","modified_gmt":"2023-12-29T12:43:12","slug":"papeles-amarillos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/papeles-amarillos\/","title":{"rendered":"Papeles amarillos"},"content":{"rendered":"<figure style=\"width: 682px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Papeles_amarillos_01.jpg\" alt=\"alt\" width=\"682\" height=\"400\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Loreto Salgado mir\u00f3 con cierto recelo al siam\u00e9s que, tumbado en un sill\u00f3n de rayas verticales blancas y verdes, parec\u00eda expectante y curioso ante la aparici\u00f3n de aquellos dos intrusos.<\/p>\n<p>&#8211; El gato va en el lote \u2013dijo el abogado al entrar en la salita-. Se llama Blas.<\/p>\n<p>La mujer mir\u00f3 con cierto recelo al siam\u00e9s que, tumbado en un sill\u00f3n de rayas verticales blancas y verdes, parec\u00eda expectante y curioso ante la aparici\u00f3n de aquellos dos intrusos.<\/p>\n<p>&#8211; Pero se puede escapar esta noche \u2013prosigui\u00f3 el letrado, mir\u00e1ndola.<\/p>\n<p>&#8211; Yo siempre he sido m\u00e1s de perros \u2013dijo ella.<\/p>\n<p>Loreto Salgado lleg\u00f3 a media ma\u00f1ana al pueblecito costero en el que su padre hab\u00eda pasado media vida, despu\u00e9s de abandonarlo todo, incluida su familia, para ser escritor. Fue una llegada turbia, sin sentimientos aparentes. Iba dispuesta a cubrir las deudas que hubiera podido dejar el difunto, con las sobras de una vida m\u00e1s que suficiente, la suya. Pero su padre no deb\u00eda nada a nadie. Era, incluso, propietario de una vivienda humilde desde cuyos balcones se pod\u00eda ver aquella playa que se extend\u00eda sin fin por el \u00faltimo Mediterr\u00e1neo. Y, por el mobiliario, se pod\u00eda entrever una vida austera pero digna.<\/p>\n<p>Le cost\u00f3 identificar aquellas estancias ordenadas y entra\u00f1ables con el hombre alocado del que le hab\u00edan hablado desde ni\u00f1a. Son\u00f3 el m\u00f3vil y dirigi\u00f3 un gesto de disculpa al abogado. Era su marido que, desde el Club de Campo, \u201cuna comida de negocios, cari\u00f1o, con una gente del Banco de Santander\u201d, le preguntaba por el viaje y la herencia del bohemio de la familia, \u201ccon todo respeto, mi amor, que s\u00e9 que es tu padre, pero ya te han contado c\u00f3mo era\u201d.<\/p>\n<p>Tras la conversaci\u00f3n, pase\u00f3 la peque\u00f1a sala y en una mesa, al lado de una lamparita con la pantalla azul, se reconoci\u00f3 en una fotograf\u00eda adolescente, enmarcada en plata, junto al estanque de El Retiro. Tras preguntarse c\u00f3mo habr\u00eda llegado hasta all\u00ed aquella instant\u00e1nea, sigui\u00f3 su recorrido. De las paredes colgaban tres l\u00e1minas, \u201cMuchacha en verde\u201d y \u201cLa convalescente\u201d, de Tamara de Lempicka, y \u201cSobre la ciudad\u201d, de Marc Chagall. En un cartel viejo, sobre un escritorio de madera, el grito \u201cLlibertat\u201d y una bandera rojinegra con las siglas F.A.I., daban el fondo a un campesino que bland\u00eda una hoz.<\/p>\n<p>Demasiados huecos en las paredes y en las estanter\u00edas, pens\u00f3, y se volvi\u00f3 hacia el hombre.<\/p>\n<p>&#8211; Fue como si preparara la casa para usted \u2013contest\u00f3 el abogado, antes de que ella preguntara nada-. Sab\u00eda que le quedaban pocos d\u00edas y la vaci\u00f3, seg\u00fan dijo, de lo que no importaba. \u201cD\u00edgale que la quise y que fui lo que queda\u201d, fueron sus palabras tras firmar el testamento en esta misma mesa. Desde hace un par de meses no sal\u00eda a la calle.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPuedo pasar la noche aqu\u00ed? \u2013pregunt\u00f3 ella.<\/p>\n<p>&#8211; La casa es suya \u2013dijo \u00e9l-, puede hacer lo que quiera. Ma\u00f1ana, despu\u00e9s del entierro, si le parece bien, hablamos de los tr\u00e1mites.<\/p>\n<p>El abogado le tendi\u00f3 la mano derecha e hizo un gesto de despedida, pero antes de llegar a la puerta, se volvi\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; Le conoc\u00ed poco \u2013dijo, como si lo sintiera de verdad-, pero no era de este mundo. Quiero decir del actual. Me dio la impresi\u00f3n de que ten\u00eda principios que no pod\u00eda traicionar. No s\u00e9 si me entiende\u2026 Ser sincero y honesto deb\u00edan ser de los primeros en su ranking.<\/p>\n<p>Loreto Salgado, haciendo una excepci\u00f3n que le cost\u00f3 demasiado, dijo por primera vez sin medir las palabras, desde no sab\u00eda cu\u00e1nto tiempo atr\u00e1s, lo que pensaba a aquel desconocido.<\/p>\n<p>&#8211; Vivo en un mundo en el que se cambian con frecuencia los principios por una abundancia que deber\u00eda traer una supuesta felicidad que no llega nunca.<\/p>\n<p>&#8211; Si no le gustan, tengo otros, dec\u00eda Groucho Marx \u2013 dijo el abogado con una sonrisa.<\/p>\n<p>&#8211; Si no le gustan, tengo otros\u2026 \u2013repiti\u00f3 ella con tristeza.<\/p>\n<p>Al quedarse sola se dirigi\u00f3 a la cocina de muebles blancos y azulejos azules, con una ventana que daba a un peque\u00f1o y oscuro patio de vecindad. Abri\u00f3 la nevera y sac\u00f3 una botella de cerveza. Volvi\u00f3 a la salita, rebusc\u00f3 entre unos cuantos discos de vinilo, y puso en un viejo tocadiscos el Concierto para dos violines de Bach.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a mirar al gato, que no apartaba sus ojos de ella, la biblioteca con demasiados huecos recientes, las paredes en las que se notaban ausencias\u2026 Dime algo, pens\u00f3, porque me quieres decir algo. Mir\u00f3 de nuevo su fotograf\u00eda adolescente. Un vestido blanco que no recordaba, una sonrisa dirigida a la c\u00e1mara y el estanque lleno de barcas. Se hubiera atrevido a asegurar que era domingo, pero no quiso detenerse en ella en ese momento porque adivin\u00f3 dolor. Rebusc\u00f3 en las estanter\u00edas, sac\u00f3 una edici\u00f3n vieja, de Losada, del Romancero Gitano de Lorca y la acarici\u00f3 pausadamente, con curiosidad, como no acariciaba nada hac\u00eda demasiado tiempo, como si las yemas de sus dedos pudieran llegar a cada uno de los poemas que conten\u00eda. La noche se puso \u00edntima, como una peque\u00f1a plaza, susurr\u00f3 apenas, sin llegar a abrirlo.<\/p>\n<p>Algo, no supo qu\u00e9, la hizo volverse y desarmar el marco de la fotograf\u00eda. Entre su imagen adolescente y la parte posterior del marco hab\u00eda un sobre, ya amarillo, dirigido a su padre. No le hizo falta mirar el remite para saber que aquella letra picuda era de la hermana mayor de su madre, su t\u00eda Clara, desaparecida y en desgracia desde muchos a\u00f1os atr\u00e1s, y supo al instante que dentro estaba todo. Dud\u00f3 un momento, porque era consciente de que la ignorancia de ciertas cosas nos hace m\u00e1s felices, o al menos eso es lo que hab\u00eda practicado ella en durante toda su vida. La hab\u00edan educado as\u00ed.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 el sobre, sac\u00f3 el amarillento papel y se sent\u00f3 a leerlo en una vieja butaca.<\/p>\n<p>\u201cHola Ernesto. S\u00e9 por Enrique de tu excarcelaci\u00f3n y d\u00f3nde vives. S\u00f3lo quiero decirte que me alegro de tu libertad y despedirme. Me voy. S\u00e9 que todo esto se cae, pero aunque no soy de los m\u00edos, tampoco soy de los tuyos, y creo que este pa\u00eds es y ser\u00e1 siempre una mierda, por mucho que cambien las cosas. Como regalo de despedida, te env\u00edo una fotograf\u00eda de Loreto Salgado que le hice hace un par de semanas en El Retiro. Tiene quince a\u00f1os maravillosos. Qui\u00e9rela sin m\u00e1s, porque te han cerrado el camino hacia ella y abrirlo por la fuerza le causar\u00e1 dolor. Y s\u00e9 feliz, aunque soy consciente de que no sabr\u00e1s. Un beso. Clara Aldecoa. Quince de septiembre de mil novecientos setenta y cinco\u201d<\/p>\n<p>Introdujo la carta en el sobre y la volvi\u00f3 a dejar donde estaba. Y tuvo el presentimiento de que la vida es s\u00f3lo lo que se va quedando dentro, cerca del alma, aunque duela, y la sensaci\u00f3n de que la de su padre, ese desconocido, hab\u00eda estado siempre llena. De ideas que nunca fueron y de ausencias.<\/p>\n<p>Loreto Salgado, en ese momento, mientras miraba los ojos azules del gato, que, curioso, se hab\u00eda acercado a oler su mano derecha, se dio cuenta de que haciendo bien las sumas, sin enga\u00f1arse, todo lo que ten\u00eda era nada.<\/p>\n<p>Una vida tan perfecta como vac\u00eda, nadando en un exceso que no consegu\u00eda llegar al coraz\u00f3n. Un marido triunfador y demasiado alegre y satisfecho para llevar m\u00e1s de quince a\u00f1os sin hacer el amor en el lecho conyugal, dos hijas de las que desconoc\u00eda casi todo, excepto su vida tambi\u00e9n acomodada de tiendas caras, maridos con \u00e9xito y asistentas y vacaciones envidiables en sus casitas con piscina, tan cerquita las dos, en Sotogrande.<\/p>\n<p>Se levant\u00f3 de la butaca, pas\u00f3 la vista por la biblioteca semivac\u00eda y se detuvo en algunos t\u00edtulos. Y entendi\u00f3 que ganar era lo mismo que perder y que no exist\u00eda lo uno sin lo otro o que, quiz\u00e1, simplemente daba igual. Eligi\u00f3 un t\u00edtulo de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Luis_Cernuda\">Luis Cernuda<\/a>, Donde habita el olvido, abri\u00f3 una p\u00e1gina al azar y comenz\u00f3 a leer, Cuando la muerte quiera una verdad quitar de entre mis manos, las hallar\u00e1 vac\u00edas, como en la adolescencia, ardientes de deseo, tendidas hacia el aire\u2026 El gato, a sus pies, la miraba fijamente.<\/p>\n<p>No sin cierta precauci\u00f3n, le cogi\u00f3 con las dos manos y lo coloc\u00f3 en su regazo. \u00c9l se dej\u00f3 hacer y, una vez encima, se acomod\u00f3 en una especie de rosca imposible y cerr\u00f3 los ojos. Y Loreto Salgado supo que, por primera vez en la vida, estaba en su casa.<\/p>\n<p>Para Ojos de ola, como todo<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Loreto Salgado mir\u00f3 con cierto recelo al siam\u00e9s que, tumbado en un sill\u00f3n de rayas verticales blancas y verdes, parec\u00eda expectante y curioso ante la aparici\u00f3n de aquellos dos intrusos. &#8211; El gato va en el lote \u2013dijo el abogado al entrar en la salita-. Se llama Blas. 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