{"id":2693,"date":"2012-12-26T10:16:54","date_gmt":"2012-12-26T09:16:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/entierros\/"},"modified":"2023-12-29T13:43:13","modified_gmt":"2023-12-29T12:43:13","slug":"entierros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/entierros\/","title":{"rendered":"Entierros"},"content":{"rendered":"<figure style=\"width: 550px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/12\/Aida%20Armari.jpg\" alt=\"alt\" width=\"550\" height=\"198\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>S\u00ed, pens\u00e9. Hay ciertas cosas que uno no puede conseguir si no es mediante el enga\u00f1o, la extorsi\u00f3n y la mentira; si has nacido siendo uno de ellos entonces hay cosas que no podr\u00e1s conseguir excepto si enga\u00f1as, mientes y extorsionas no a aquellos que han tenido la suerte de nacer en otra parte distinta que la parte donde t\u00fa has nacido, estando por ello fuera de tu alcance, armados con la fuerza y la altura y la destreza que t\u00fa no tienes ni has tenido, sino enga\u00f1ando, mintiendo y extorsionando m\u00e1s bien a los otros, a los d\u00e9biles y los despose\u00eddos familiares y dom\u00e9sticos hundidos en la misma an\u00f3nima charca de inmundicia y vergonzosa pobreza donde te hund\u00edas t\u00fa al principio. As\u00ed de sencillo. Enga\u00f1ar, robar y extorsionar a aquellos que ser\u00edan iguales tuyos si no fuese por la pizca de arrogancia err\u00f3neamente adquirida que te distingue de ellos; la ventajosa arrogancia postiza y err\u00f3neamente adquirida cuya eficacia consiste en no otra cosa que en la falta de arrogancia de ellos mismos, de los otros como t\u00fa, de los tuyos, de todos aquellos que siendo tan profusamente miserables desde el inicio como t\u00fa lo eres o lo has sido sin embargo no quisieron o no supieron admitir el hecho de que ni siquiera en el interior de la charca de an\u00f3nima pobreza e inmundicia todos somos iguales; no, qu\u00e9 absurdo, ni siquiera all\u00ed somos todos iguales; no, qu\u00e9 idea, tambi\u00e9n all\u00ed hay clases y hay grados y hay matices seg\u00fan fuerza y destreza y seg\u00fan escr\u00fapulo y arrogancia y osad\u00eda.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo yo no hab\u00eda participado nunca en ning\u00fan entierro as\u00ed que no s\u00f3lo escuchaba el relato de \u00c1gueda con inter\u00e9s no ficticio aunque del todo desacostumbrado trat\u00e1ndose de m\u00ed, sino que en cierto modo era yo misma quien la alentaba a ella para que continuase. Al fin y al cabo hac\u00eda mucho tiempo que el relato hab\u00eda dejado de ser suyo. No, aquel relato ya no era suyo. No, aquel relato ya no versaba \u00fanicamente sobre las circunstancias y los pormenores del entierro de su t\u00edo muerto de insuficiencia card\u00edaca en un paseo mar\u00edtimo a las cuatro y media de la tarde un domingo en A Coru\u00f1a, sino que hab\u00eda ido adquiriendo progresivamente una indudable significaci\u00f3n suprapersonal, casi dir\u00edase c\u00f3smica, o al menos eso pens\u00e9 yo mientras reconoc\u00eda uno a uno los rasgos del tipo o el molde de los caracteres. Quiero decir que reconoc\u00ed en su historia la masa madre de la m\u00eda pensando con asombro, con estupefacci\u00f3n: c\u00f3mo puede ser todo tan simple, y repar\u00e9 en lo descorazonadoramente eficaz que resulta siempre la explicaci\u00f3n m\u00e1s sencilla de todos aquellos asuntos capaces de cortarnos la respiraci\u00f3n en nuestras horas m\u00e1s sombr\u00edas, m\u00e1s turbias y m\u00e1s desconsoladas, cuando alimentamos sin quererlo la desesperada ilusi\u00f3n de que nuestro desbordamiento es nuestro, \u00edntima y exclusivamente nuestro, cuando nada m\u00e1s lejos de la verdad si lo pensamos bien, nada m\u00e1s falso en realidad que ese sentimiento de inalienabilidad y exclusiva identificaci\u00f3n en el dolor y el sufrimiento personales.<\/p>\n<p>As\u00ed que escuch\u00e9 su relato a partir del punto donde ella decidi\u00f3 empezarlo. C\u00f3mo hab\u00eda accedido a viajar por un motivo completamente insuficiente para ella misma, pero absolutamente obligatorio y suficiente para su madre. C\u00f3mo soport\u00f3 los insultos e invectivas de sus t\u00edos durante el viaje de ida y el viaje de vuelta y toda la estancia por el mismo motivo indirecto por el que hab\u00eda accedido a recorrer dos mil kil\u00f3metros en s\u00f3lo tres d\u00edas. C\u00f3mo esquiv\u00f3 las torpes trampas absurdas que los t\u00edos le tend\u00edan a cada paso no porque realmente creyese que hab\u00eda alg\u00fan peligro en ellas, sino porque los t\u00edos supon\u00edan estar esquivando alg\u00fan tipo de amenaza poco ventajosa para ellos mismos procediendo de ese modo y esto \u00c1gueda lo sab\u00eda bien, demasiado bien lo sab\u00eda, por algo hab\u00eda comido en su mesa pr\u00e1cticamente todos los fines de semana durante su infancia la carne que su t\u00edo le serv\u00eda diciendo \u00abcome que esta carne no la comes en tu casa\u00bb; el mismo t\u00edo que tres a\u00f1os antes remov\u00eda la ropa en los cajones de la habitaci\u00f3n donde yac\u00eda el cad\u00e1ver inquieto y descoyuntado de su hermana peque\u00f1a inquieto y descoyuntado yac\u00eda el cad\u00e1ver mientras \u00e9l abr\u00eda con furia y vanos golpes las puertas del armario y gritaba a las hermanas: mirad si hay algo decente que ponerle; porque si all\u00ed no hab\u00eda nada decente con que envolver el inquieto y descoyuntado cuerpo sin vida de su hermana peque\u00f1a \u00e9l no tendr\u00eda inconveniente alguno en salir inmediatamente a comprar algo que s\u00ed fuese decente. Lo comprar\u00eda con su dinero; lo comprar\u00eda con el dinero que su hermana no lleg\u00f3 a poseer nunca por pura y simple necedad y mucha, mucha mala suerte. Aunque en realidad \u00e9l se alegraba. No sab\u00eda exactamente por qu\u00e9 pero en el fondo se alegraba de que su hermana peque\u00f1a no hubiese tenido nunca suficiente dinero como para dejar colgando de una percha despu\u00e9s de su muerte siquiera un vestido decente con que tapar aquel resto inquieto y descoyuntado que de tan poco le hab\u00eda servido durante su vida.<\/p>\n<p>\u2013 Yo ten\u00eda ocho a\u00f1os, dijo \u00c1gueda con voz serena, firme, entera, sin vacilaci\u00f3n\u2013. Todav\u00eda me acuerdo aunque s\u00f3lo ten\u00eda ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os \u2013dice \u00c1gueda. Como si las vejaciones y las humillaciones sufridas en ese tiempo que ha sido y seguir\u00e1 siendo antes, ahora y despu\u00e9s el centro inm\u00f3vil de toda existencia no fuesen sino las m\u00e1s indoloras de todas, las m\u00e1s susceptibles de ser relativizadas con el paso del tiempo en lugar de enquistarse como salta a la vista que a ella el tiempo le enquist\u00f3 aquella herida tan vieja como la voz de su t\u00edo diciendo en tono socarr\u00f3n, hiriente y despectivo: \u00abcome de esta carne que en tu casa\u00bb; por lo que ella se dio cuenta aunque s\u00f3lo ten\u00eda ocho a\u00f1os de que su t\u00edo deseaba herirla ciertamente no con golpes, no con actos, sino con palabras, torcidas cobardes palabras que pusiesen en evidencia la ya evidente pobreza de sus padres, que no reaccionaron ni alzaron la voz ese d\u00eda ni los otros aunque sin duda estaba en sus manos el hacerlo en realidad no estaba ni pod\u00eda estar en sus manos el hacerlo como tampoco estaba en las manos del t\u00edo el no hacerlo porque en realidad sus padres no pod\u00edan cometer aunque lo deseasen el mismo acto insensato y luctuoso contra la solidaridad familiar no por miedo o cobard\u00eda sino por dolor y amor y pena; porque ellos amaban y respetaban aquello que desde tiempos ancestrales ven\u00eda ocurriendo en todas las familias que hab\u00edan vivido antes que ellos sobre esta tierra.<\/p>\n<p>As\u00ed que los padres de \u00c1gueda toleraron siempre en leal y conforme silencio el insensato atentado contra la solidaridad familiar y las ra\u00edces que su hermano y cu\u00f1ado perpetraba delante de sus ojos y a costa de sus hijos una y otra vez, cada s\u00e1bado, cada domingo, innumerables veces sonaban las vergonzosas palabras escupidas m\u00e1s que pronunciadas con arrogancia y desprecio y villan\u00eda sobre el plato de la ni\u00f1a que treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde iba a relatarlo con serenidad, indignaci\u00f3n y cierta, incontenible pesadumbre.<\/p>\n<p>\u2013 Pero al menos yo tengo un consuelo, dijo la voz redonda y serena de \u00c1gueda\u2013. Al menos mis padres no tuvieron que envenenarse durante toda una vida con sus propias palabras.<\/p>\n<p>Y entonces percib\u00ed el orgullo enterrado en unas palabras que adem\u00e1s de esto dec\u00edan o yo cre\u00ed entonces que dec\u00edan:<\/p>\n<p>\u00abSi mis padres no protestaron todas aquellas veces no fue porque no pudiesen hacerlo, sino porque no lo desearon; porque en el fondo de sus corazones rechazaban cualquier violaci\u00f3n de los antiguos preceptos; porque condenar\u00edan una y otra vez desde el fondo de sus pobres corazones la idea de contribuir ellos mismos con sus propias acciones a la desaparici\u00f3n de lo que desde tiempos ancestrales ven\u00eda ocurriendo en el seno de todas aquellas familias que se preciasen de serlo. S\u00ed. Por eso no dijeron nada en absoluto: por un ancestral sentimiento de solidaridad familiar que tambi\u00e9n yo respeto porque es s\u00f3lido y bueno y constructivo; el mismo sentimiento s\u00f3lido y bueno y constructivo por el cual mis padres toleraron siempre con sorprendente abnegaci\u00f3n y templanza las deshonrosas palabras y las humillaciones que su hermano y cu\u00f1ado perpetraba ante sus mism\u00edsimas narices seg\u00fan ellos no a sus hijos, pues cre\u00edan que no estaba en la mano del hermano ni de nadie herir a quienes hab\u00edan sido educados seg\u00fan las normas de solidaridad y respeto y apoyo muto entre los miembros de una familia que no se avergonzase de serlo\u00bb.<\/p>\n<p>De modo que comprend\u00ed lo evidente: aquellos arraigados sentimientos de amor y solidaridad ancestrales hab\u00edan sido el obst\u00e1culo que les impidi\u00f3 no s\u00f3lo ganar bastante dinero de la misma forma que el hermano hab\u00eda ganado el suyo, sino defenderse tambi\u00e9n de las agresiones de aquellos que hab\u00edan ganado as\u00ed su dinero y cuya superioridad sobre ellos mismos y los que eran como ellos se cimentaba en haber pisado todo viejo sentimiento de consistencia y solidaridad familiar, as\u00ed como en haber perdido en ese empe\u00f1o toda capacidad para entender que tales palabras hab\u00edan pose\u00eddo en alg\u00fan momento de la historia humana un significado vivo y honrado y bueno y constructivo. As\u00ed que supongo que sus padres prefirieron tolerar los insensatos desprecios y las humillaciones antes que destruir en sus mentes la idea que ten\u00edan de qu\u00e9 era una familia, lo cual hubiese sido como destruir en sus cabezas y en el mundo exterior el sue\u00f1o mismo de la solidaridad entre humanos junto con la posibilidad de amor y amistad y cari\u00f1o y todo aquello que ancestralmente hab\u00eda sostenido y empujado al hombre hasta el lugar donde hoy aparec\u00eda humilde y erguido fuese donde fuese que se encontrara.<\/p>\n<p>Naturalmente esos viejos escr\u00fapulos no s\u00f3lo hab\u00edan sellado de una vez para siempre la debilidad y la desventaja de las que los padres part\u00edan, sino que les hicieron blanco f\u00e1cil para las burlas de aquellos semejantes suyos que aun embarrados hasta las rodillas lograron sin embargo quiz\u00e1 no lanzarse a s\u00ed mismos m\u00e1s all\u00e1 del cieno, pero s\u00ed aquello que cre\u00edan ser una prolongaci\u00f3n de s\u00ed mismos: lanzaron a su hijo, lanzaron a los hijos de su hijo. Porque \u00c1gueda cont\u00f3 que a ninguno de ellos ni siquiera a sus padres se le hab\u00eda pasado en ning\u00fan momento por la cabeza considerar siquiera la posibilidad de que su primo estuviese obligado a desplazarse para el entierro de aquel t\u00edo como sin embargo ellos cre\u00edan que \u00c1gueda estaba obligada: obligada a moverse y desplazarse y participar y asistir en un momento de disoluci\u00f3n y pena a los miembros de su familia. No. En absoluto. Ninguno de ellos consideraba que un primo tuviese que tener las mismas obligaciones y las mismas ventajas que otro primo siendo el mundo tal y como es y estando el mundo tal y como est\u00e1 absolutamente desprovisto de aquellos valores en los que sin embargo algunos de ellos todav\u00eda cre\u00edan quiz\u00e1 para desventaja o desdicha suya. Por eso sus padres tampoco la defendieron cuando su t\u00eda lanz\u00f3 aquellas invectivas sobre las costumbres, los m\u00e9ritos y las decisiones de su hija de treinta y ocho a\u00f1os, pues un insulto a sus hijos hubiese sido aqu\u00ed al menos a sus ojos tan s\u00f3lo un mal menor, una desgracia que ellos superar\u00edan en su propia cocina como siempre hab\u00edan superado las desgracias hasta ese momento sin necesidad de violar por ello la solidaridad entre hermanos ni la idea de familia que hab\u00edan recibido en ancestral herencia y por la que tanto se hab\u00edan sacrificado y tanto hab\u00edan sufrido con tolerancia y resignaci\u00f3n a lo largo de sus vidas y de la que sin saber c\u00f3mo ni por qu\u00e9 se enorgullec\u00edan.<\/p>\n<p>Lo pienso y lo comprendo bien. No importaba que el dinero del hijo bien establecido tuviese su origen en el desfalco y la extorsi\u00f3n y la indecencia de los padres porque sencillamente ya no habr\u00eda necesidad de que el hijo cultivase la extorsi\u00f3n y el desfalco y la mentira sino que podr\u00eda permitirse tener alg\u00fan valor que otro y hacer como si la cosa no fuese con \u00e9l en absoluto. Podr\u00eda declararse amigo de sus primos. Podr\u00eda hacer alarde de riqueza aunque sin ostentaci\u00f3n. Podr\u00eda conducirse sin mentiras porque ya sus padres hab\u00edan mentido por \u00e9l lo suficiente para dos o tres o cuatro vidas humanas y todo eso era cosa del pasado.<\/p>\n<p>Que se hubiesen aprovechado incluso de sus hermanos era ya cosa del pasado. Uno debe olvidar el pasado, sobreponerse al pasado, vivir sin el pasado, m\u00e1s all\u00e1 del pasado. Uno debe saber que los cr\u00edmenes de una generaci\u00f3n fundan la paz de la siguiente. Que el edificio hunde siempre sus ra\u00edces en el fango. Uno debe tener presente esto sin enfurecerse demasiado ni angustiarse demasiado ni dolerse nunca demasiado.<\/p>\n<p>La movilizaci\u00f3n que caus\u00f3 esa muerte en una familia tan inmensa, pens\u00e9. Los primos llegaron de todas partes; los hijos tomaron un avi\u00f3n en Hamburgo o en Bremen y aparecieron all\u00ed, en mitad del territorio ajado de su infancia, reconociendo la casa en ruinas de Agust\u00edn el loco, cuyo avance fundamental hacia la curaci\u00f3n hab\u00eda consistido en que ahora estaba muerto y por tanto completamente libre de obsesiones y man\u00edas y otras amarguras. Volvieron a pisar el suelo de la casa de una abuela que ya no era la casa de nadie puesto que el propio padre la hab\u00eda soltado despu\u00e9s de haberla soltado antes su abuela porque todos lo soltamos todo en la hora de la muerte. Y entonces yo pens\u00e9 mientras \u00c1gueda hablaba:<\/p>\n<p>\u00abElla se hubiese re\u00eddo de todo esto de los primos y los hijos. La mujer que era mi abuela se hubiese re\u00eddo del af\u00e1n y el agotamiento de estas pobres gentes por un t\u00edo, nada m\u00e1s que un t\u00edo. \u00bfQu\u00e9 es un t\u00edo al fin y al cabo? \u00bfQu\u00e9 es un t\u00edo al que se odia y se desprecia? Qu\u00e9 dir\u00eda mi abuela de la emotividad efusiva; qu\u00e9 dir\u00eda ella de las l\u00e1grimas vertidas a deshora de camino a un camposanto que ella no hab\u00eda pisado m\u00e1s de dos veces en toda su vida ni por sus muertos ni por los muertos de su marido entre los que sin embargo distingu\u00eda bien, implacablemente bien, aunque uno no supiese exactamente qu\u00e9 diferencia hab\u00eda si en el fondo no hab\u00eda ninguna y resultaba ya imposible tragarse la lenta y aburrida y amarga y vieja cantinela: la solidaridad centr\u00edpeta de la casa comportar\u00eda para nosotros miembros de ella amor y apoyo muto y comprensi\u00f3n en los inevitables momentos de la pena y la dificultad de la vida. Entonces supe que aquel era el motivo por el que yo hab\u00eda alentado a \u00c1gueda para que continuase contando su relato; s\u00ed, supe por fin qu\u00e9 era aquello que resultaba lo bastante conmovedor para m\u00ed misma como para abrirse paso a trav\u00e9s de este hielo y este autismo y esta indiferencia.<\/p>\n<p>Pero es un gusano la avaricia, un gusano insensible de carrera incansable y tormentosa. Si bien no fue avaricia la palabra que \u00c1gueda utiliz\u00f3 entonces para calificar el comportamiento de su t\u00edo en el primero y en el segundo y en el tercer entierro de aquel a\u00f1o sino que dijo mezquindad, pura y simple mezquindad, sencillamente eso: mezquindad. Por eso me asombr\u00e9 cuando manifest\u00f3 ignorar la raz\u00f3n por la que el t\u00edo hab\u00eda lanzado el reloj en el ata\u00fad de la abuela como quien lanza un guijarro para hendir el oc\u00e9ano; el mismo reloj que pocos d\u00edas antes le reclam\u00f3 a la mujer (prima o sobrina) que se hab\u00eda responsabilizado del cuidado de su madre a cambio de dinero durante los \u00faltimos a\u00f1os de su vida escupi\u00e9ndole a la cara las palabras \u00abD\u00f3nde est\u00e1 el reloj de la abuela\u00bb. Pues \u00c1gueda cont\u00f3 que la mujer (prima o sobrina) sac\u00f3 el reloj guardado de prisa y corriendo en su bolsillo despu\u00e9s del ingreso hospitalario de la anciana y entonces el t\u00edo lo cogi\u00f3 y lo guard\u00f3 en el suyo para lanzarlo d\u00edas despu\u00e9s al interior del ata\u00fad como quien lanza un canto para que baile un segundo sobre el r\u00edo y luego se hunda y desaparezca. Por lo que \u00c1gueda pregunt\u00f3 mir\u00e1ndome porque sin duda no hab\u00eda dejado de pregunt\u00e1rselo a s\u00ed misma por m\u00e1s que ya supiese la respuesta:<\/p>\n<p>\u2013 Por qu\u00e9 lo hizo, digo yo. Por qu\u00e9 le pidi\u00f3 el reloj a la mujer que hab\u00eda cuidado de su madre durante los \u00faltimos a\u00f1os de deprimente vejez y agotamiento. Por qu\u00e9 humillar as\u00ed, cuando no hay necesidad.<\/p>\n<p>\u2013 Porque tem\u00eda que lo robase, respond\u00ed\u2013. Porque en realidad tu t\u00edo nunca hab\u00eda regalado aquel reloj. Porque aunque pose\u00eda el dinero para hacerlo en el fondo no era lo suficientemente rico como para regalar nada. Porque cre\u00eda que el reloj segu\u00eda perteneci\u00e9ndole por el mero hecho de que fue \u00e9l quien entreg\u00f3 la cantidad justa de dinero que ped\u00eda la etiqueta.<\/p>\n<p>\u2013 Y no s\u00f3lo el reloj, continu\u00f3 diciendo \u00c1gueda mientras mov\u00eda la cabeza hacia un lado y hacia el otro como negando en\u00e9rgica y apasionadamente, pues sin duda recordaba con precisi\u00f3n bastante pasmosa cu\u00e1les hab\u00edan sido exactamente las palabras que entonces pronunciaron los labios de aquellos hombres que dec\u00edan ser los hermanos de su madre aunque uno no supiese bien qu\u00e9 quer\u00eda decir esto. S\u00ed. \u00c1gueda recordaba con precisi\u00f3n y viveza pasmosas los gestos que efectuaron los cuerpos de aquel hombre y aquella mujer y las cabezas dobladas hacia delante y las manos extendidas como buscando agarrar y golpear y las muecas que entonces desfiguraron las caras familiares y dom\u00e9sticas pero desconocidas porque no pod\u00eda conocerse lo que despertaba tanto miedo y tanta angustia.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo le pidi\u00f3 el reloj, dijo \u00c1gueda. Tambi\u00e9n le pidi\u00f3 los veinte euros de la semana que no lleg\u00f3 a cuidarla porque ya estaba muerta.<\/p>\n<p>Esto ocurri\u00f3 en el segundo entierro, unos seis meses antes de nuestra conversaci\u00f3n, pero no sirvi\u00f3 de nada porque volver\u00eda a ocurrir o seguir\u00eda ocurriendo en el tercero y en el cuarto y en el quinto y en todos los entierros que faltaban todav\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013 Porque uno empieza all\u00ed donde se interrumpe el otro, dijo \u00c1gueda\u2013. Por eso mi prima Rosa perdi\u00f3 los estribos no en aquel segundo entierro despu\u00e9s del cual le fueron reclamados los veinte euros correspondientes al tramo del mes que no hab\u00eda tenido tiempo de cuidar de quien ya estaba muerta, sino en el entierro siguiente, en el tercero, seis meses despu\u00e9s.<\/p>\n<p>De modo que creo que es por esto que \u00c1gueda me cuenta ahora con precisi\u00f3n y visible desahogo c\u00f3mo en el interior de la vieja casa se agitaron salvajes los brazos y se adelantaron los cuellos y se deformaron los rostros y todo eso que seg\u00fan dice conformaba el digno material de una pel\u00edcula, Y creo que es ahora cuando utiliza la palabra \u00abmezquindad\u00bb para calificar el comportamiento de su t\u00edo en el seno de la familia; y es ahora cuando yo pienso con cierta dificultad y cierta pena y cierta confusi\u00f3n:<\/p>\n<p>Mi abuela se hubiese muerto de risa ante el esfuerzo y la agon\u00eda y el dinero gastado por esas pobres gentes a causa de un t\u00edo. Un t\u00edo. Y qu\u00e9 es un t\u00edo vamos a ver. Qu\u00e9 es para merecer tanto alboroto y tanto gasto y tanto esfuerzo.<\/p>\n<p>\u2013 Al menos vivir sin que se te atraganten las palabras, dice \u00c1gueda, como si con esto resumiese lo m\u00e1s esencial o lo m\u00e1s ver\u00eddico de su relato. Al menos que el veneno que nos mata nos llegue desde fuera. Porque cuando mi t\u00edo grit\u00f3 a sus hermanas: mirad si hay por ah\u00ed algo decente en realidad ya no exist\u00eda la persona a quien esas palabras tal vez podr\u00edan herir o afectar de alg\u00fan modo, sino que \u00fanicamente estaba \u00e9l mismo, el hombre solo, el hombre corrupto por aquella vieja pobreza de la que hab\u00eda estado huyendo in\u00fatilmente a lo largo de su vida.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00ed, pens\u00e9. 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