{"id":2542,"date":"2012-11-26T10:42:21","date_gmt":"2012-11-26T10:42:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/medio-sol-amarillo-o-el-mundo-guardo-silencio-cuando-morimos\/"},"modified":"2021-06-08T20:01:11","modified_gmt":"2021-06-08T18:01:11","slug":"medio-sol-amarillo-o-el-mundo-guardo-silencio-cuando-morimos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/medio-sol-amarillo-o-el-mundo-guardo-silencio-cuando-morimos\/","title":{"rendered":"Medio sol amarillo o \u00abel mundo guard\u00f3 silencio cuando morimos\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Medio sol amarillo es el amanecer de una esperanza, el asomo de un rostro de oro entre gritos de sorpresa que se convertir\u00e1n en llantos. Chimanada Adichie \u201ccomprendi\u00f3 las palabras de la furia\u201d y construy\u00f3 una historia de amor entre la guerra, el kwashiorkor y el abandono. Disemin\u00f3 los hachazos de una realidad que ha talado un \u00e1rbol llamado Biafra. Biafra (la ef\u00edmera), nos dice Chimamanda, contiene al mundo, est\u00e1 donde todos estamos. No obstante, su relato es como una isla ardiente en el centro del oc\u00e9ano, una llamarada terca que rebosa lentamente en mitad de la noche, y es que, Adichie insiste: \u201cel mundo guard\u00f3 silencio cuando morimos\u201d, cuando todo un pueblo (el pueblo igbo) se meci\u00f3 sobre el p\u00e1rpado abierto del hambre y se oyeron los estruendos de las bombas, como enormes pisadas de los porteadores de pesadillas que se acercan, cuando el fuego es t\u00e9rmino arterial de todo cuerpo.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/medio_Sol_02.jpg\" alt=\"alt\" width=\"550\" height=\"198\" \/><\/p>\n<p>Al levantarse el sol, Biafra se puso a tejer sus esperanzas y las\u00a0 desteji\u00f3 por la noche porque de s\u00fabito estall\u00f3 la guerra, aunque antes se hab\u00eda desatado la furia de las miradas, la explosi\u00f3n de las ideas de patria, la guerra de las palabras, los insultos, los cr\u00edmenes y las masacres. Primero quisieron pensar que era juego; despu\u00e9s, vieron que la cosa era siniestra. El aire qued\u00f3 ligeramente envenenado. Cuenta la escritora, sin rencor, como germina el terror en el momento en el que la novela sola se enciende y traza desde dentro, a medida que leemos, sin acritud, el telar de la sangre bajo el peso de las palabras. La historia que ella nos dice es un recordatorio que brama una guerra civil que esparce incontables fragmentos de masacres, de hambre y de otros quehaceres de violencia y, entre el miedo, el amor.<\/p>\n<p>Los personajes, un coro igbo en la beligerancia, son los m\u00ednimos porque es desastroso ser multitud in\u00fatilmente y porque s\u00f3lo uno basta para asegurar el conflicto, no obstante, esos pocos, es decir, todo el pueblo igbo, est\u00e1 atrapado en las turbulencias de la Nigeria que ha vivido dictaduras y falsas democracias desde 1966, un a\u00f1o antes de que se iniciara la guerra civil en una zona petrolera.<\/p>\n<p>Es el joven Ugwu quien abre el tel\u00f3n con su sentimiento perpetuo de asombro mientras trabaja para el profesor universitario Odenigbo; es el lazarillo de la historia in\u00e9dita, para quien ninguna experiencia pasa inadvertida; acumula los hechos y con ellos nos relata la herencia que recibieron de los colonizadores, quienes crearon fronteras artificiales, dando lugar a conflictos que a\u00fan no terminan. Ugwu, para sorpresa de quienes lo siguen, expondr\u00e1 en su libro, \u201cvirtual\u201d, la amenaza, el enga\u00f1o y el asesinato brit\u00e1nicos para obtener monopolios.<\/p>\n<p>Olanna,\u00a0 distra\u00edda del mundo, tiene que aprender a esconder su belleza entre el humo de los bombardeos y entre la multitud. Escruta la vida a la espera de encontrar las palabras, los signos que le han de ayudar a identificar el origen del mal, que la ayudar\u00e1n a conjurar la suerte que sin ning\u00fan plazo les es concedida a quienes viven en Biafra. Deja vagar su mirada asustada sobre las cosas del mundo, y sabe que no puede escapar ni a la luz, ni a la violencia, no hay huida posible, no hay paso atr\u00e1s. Olanna, quien por amor abandon\u00f3 su privilegiada vida en Lagos para vivir en una polvorienta ciudad al lado de Odebingo, muere de a poco en ese amor. Cada vez que ama vida y muerte est\u00e1n presentes: amanecer y noche,\u00a0 para\u00edso y sepulcro porque la otra muerte, la que acaece en la guerra, no es\u00a0 sorpresa. No hab\u00eda ya lugar para el yo, su sentimiento no se aplicaba ya a su min\u00fasculo destino lineal. Todo es de nadie, nadie es de todos. Ya no quedaba una cosa sola.<\/p>\n<p>Olana, dice Ugwu, es quien vive y relata la historia de la mujer que, perdida entre otras mujeres que lloraban y rezaban, en silencio acariciaba con suavidad una calabaza que manten\u00eda tapada\u00a0 sobre su regazo, la mujer que, sentada en el suelo del vag\u00f3n de tren, levant\u00f3 la tapa de la calabaza cuando cruzaron el N\u00edger, y le pidi\u00f3 a Olanna y a quienes estaban m\u00e1s cerca que miraran dentro, y Olanna vio c\u00f3mo el color de las manchas de sangre de la t\u00fanica de la mujer se mezclaba con el de la tela para adoptar un tono\u00a0cinabrio. Olana describe los dise\u00f1os grabados en la calabaza, \u201clas Kneas sesgadas que se entrecruzaban\u201d, y tambi\u00e9n detalla la cabeza infantil que hay dentro de la calabaza: las trenzas despeinadas que ca\u00edan sobre el rostro de tez marr\u00f3n oscuro, los ojos completamente en blanco pavorosamente abiertos, \u201cla boca como una min\u00fascula O de sorpresa\u201d.<\/p>\n<p>Medio sol amarillo es tambi\u00e9n la novela de Odebingo. Es el aprendizaje del universitario (el compa\u00f1ero de Olanna) zarandeado por las complejidades y avatares de que fue v\u00edctima Biafra, y, por otro, es el desarrollo de una aguda reflexi\u00f3n acerca del papel, la forma y la importancia de los intelectuales en los momentos cr\u00edticos de la vida social. Ambas l\u00edneas argumentales se apoyan constantemente la una en la otra para mantener siempre vivo el inter\u00e9s del lector y le ofrecen una profunda y penetrante mirada sobre la condici\u00f3n del hombre en un mundo convulso.<\/p>\n<p>La vida de Odebingo se articula como una l\u00f3gica de la ambig\u00fcedad, propia de la existencia en la guerra, frente a la l\u00f3gica un\u00edvoca y, en ese momento, caduca de la raz\u00f3n y el humanismo de la izquierda ilustrada. Es insoportable para Obedingo ser dos, in\u00fatilmente, y por eso deja gozar a su tristeza, nadar a contracorriente en la crecida de otra voz que no lo alumbra en su ceguera, pero que s\u00ed enciende, tal vez, m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>La hermana de Olanna, Kainene, le a\u00f1ade a su vida, en armon\u00eda con su clase social, el contraste. Nunca abandonar\u00e1 su sentido hedonista, se une a la causa de Biafra o quiz\u00e1, por amor a pesar de una traici\u00f3n, a la causa de su hermana, junto con su joven enamorado, Richard, quien es un testigo desconcertado de la guerra. Kainene, en su audacia pragm\u00e1tica, desaparece de la historia.<\/p>\n<p>La narraci\u00f3n tampoco se plantea para que conozcamos a fondo los horrores de la guerra o los tormentos del amor. Es una conjunci\u00f3n de vidas, en donde aparece la antinomia, la dualidad, la complementariedad y la coincidencia, sin que se llegue a una reconciliaci\u00f3n definitiva porque los momentos opuestos pasan continuamente en cada uno de los personajes (\u00bfen el inocente Ugwu anida un violador). Es como una acuarela, trazada con delicadeza, hecha para sugerir. El tema contundente es el kwashiorkor (\u201cuna palabra compleja, una palabra que, m\u00e1s que fea, era pecado [&#8230;] hab\u00eda fotograf\u00edas [del kwashiorkor] llenando tu Life\u201d) en los ni\u00f1os. El final viene a caer sobre los escenarios como el pesado tel\u00f3n de los finales de las representaciones teatrales, separ\u00e1ndonos del mundo de la ficci\u00f3n y devolvi\u00e9ndonos a nuestra realidad, pero lo que prevalece en el recuerdo son las c\u00e1lidas escenas de las vacilaciones, los temblores t\u00edmidos del amor, el halo de la omnipresente culpabilidad, de la violencia. Chimamanda Ngozi Adichie, \u201cdesde la profunda zona del dolor diseminado\u201d, ha escrito una historia de amor y desesperanza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Medio sol amarillo es el amanecer de una esperanza, el asomo de un rostro de oro entre gritos de sorpresa que se convertir\u00e1n en llantos. 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