{"id":22,"date":"2010-06-28T16:36:42","date_gmt":"2010-06-28T14:36:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/la-crueldad-de-mishima\/"},"modified":"2023-12-29T13:45:50","modified_gmt":"2023-12-29T12:45:50","slug":"la-crueldad-de-mishima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-crueldad-de-mishima\/","title":{"rendered":"La crueldad de Mishima"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_21\" aria-describedby=\"caption-attachment-21\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-21\" style=\"width: 323px; height: 425px; margin-left: 7px; margin-right: 7px; float: left;\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima.jpg\" alt=\"La crueldad de Mishima\" width=\"300\" height=\"394\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima.jpg 2610w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima-228x300.jpg 228w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima-768x1010.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima-779x1024.jpg 779w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/06\/misima-500x657.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-21\" class=\"wp-caption-text\">Ilustra \u00c0lex Gil.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En la sucesi\u00f3n de cuatro libros que es <em>El mar de la fertilidad <\/em>Yukio Mishima nos fascina al principio con tantas capas de belleza y tantos estallidos de amor, con tanta juventud y blancura en primavera, que al final no podemos sino desear empezar cuanto antes el libro siguiente, como si las \u00faltimas notas de tristeza no fuesen nada para nosotros, hambrientos de belleza. De todos modos, a medida en que el \u00abojo\u00bb de la narraci\u00f3n va creciendo en alcance y disminuyendo en entereza y simpat\u00eda \u2013Honda es al comienzo s\u00f3lo un buen amigo fiel; su crecimiento, sin embargo, ocurre inversamente al que podemos observar por ejemplo en un p\u00e1jaro: el digno plumaje se deshilacha hasta dejar visible una piel oscura y fea\u2013, nos invade cierta sensaci\u00f3n de haber sido estafados por el tiempo: las promesas, los presagios, todo eso que proyecta hacia delante, no eran en el fondo sino los falsos movimientos seductores de una serpiente verde (\u00bfel dinero es el pecado?), la cual, procediendo del territorio del sue\u00f1o, mata al \u00faltimo \u00e1ngel, un \u00e1ngel que poco ten\u00eda ya en com\u00fan con sus almas precedentes. La princesa Chantrapa, cuyo nombre significa \u00abluz de la luna\u00bb, ha nacido en el antiguo reino de Siam, y ella sabe o recuerda, al menos durante los extra\u00f1os vislumbres que todav\u00eda quedan tras el nacimiento, y que pronto van a apagarse en el olvido, que su alma pertenece a otro lugar, a otro pa\u00eds, que es japonesa. Su cuerpo\u2026 la ni\u00f1a dice que es s\u00f3lo una mu\u00f1eca, y es verdad que s\u00f3lo una bonita mu\u00f1eca quedar\u00e1 tras el apag\u00f3n de los a\u00f1os. A los diecisiete a\u00f1os la princesa ya no recuerda nada.<\/p>\n<p>El \u00e1ngel-princesa muere en el borde final del <em>El templo del Alba<\/em>, como Kiyoaki e Isao hab\u00edan muerto a\u00f1os antes, y lo hace siguiendo sus deslumbrantes estelas, es decir, no de cualquier modo, sino como mueren las flores del cerezo, que se desprenden de la vida antes de perder o renunciar a tan s\u00f3lo una pizca de belleza. Y sin embargo, a la vez que Jap\u00f3n prospera, se moderniza o, lo que es lo mismo, se americaniza \u2013hacia el final de su vida Honda es el rico y reputado ex juez que proyecta su lujuria en el interior de una piscina\u2013, el \u00faltimo \u00e1ngel, infectado de una maldad extremadamente inteligente y que a pesar de todo resulta no ser lo que parece (los \u00e1ngeles no sobreviven, T\u00f4ru s\u00ed, y lo suyo es m\u00e1s espeluznante que la muerte), se pudre al lado de una loca que sin cesar se queja de los trastornos que le ocasiona su terrible belleza. Sus discursos sobre la tragedia que se cierne sobre los seres extraordinariamente bellos son tanto m\u00e1s tr\u00e1gicos para nosotros en tanto que la chica es, a causa de su visible fealdad, un blanco f\u00e1cil para las bromas. Tambi\u00e9n aqu\u00ed opera la distancia, la bisagra, la ruptura: precisamente la muchacha de rostro maltrecho es la especialista en la belleza; precisamente Honda, sin posibilidades de morir en \u00abel pin\u00e1culo de la belleza\u00bb, es quien asiste y contempla el espect\u00e1culo de la bella muerte de aquellos a los que la Naturaleza ha dedicado una mirada.<\/p>\n<p>Mientras corren los a\u00f1os, se acumulan las muertes y caen las apariencias (una vida gris gastada en perseguir la objetividad, en acertar con la ecuanimidad del que imparte justicia, ha redundado para Honda en el esc\u00e1ndalo), s\u00f3lo una mujer ha logrado lo m\u00e1s dif\u00edcil: sobrevivir quedando a la vez m\u00e1s all\u00e1 del inevitable desgaste de la pureza \u2013el Isao de <em>Caballos desbocados <\/em>era inflexiblemente puro, pero precisamente por eso muere tan pronto\u2013. Satoko, la joven enamorada del veleidoso y delicado Kiyoaki en <em>Nieve de primavera<\/em>, se ausenta antes de que la cadena de la podredumbre empiece a rodar. Quiz\u00e1 por desesperaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n por una especie de visi\u00f3n prof\u00e9tica que Mishima deja posarse en sus ojos, Satoko corta sus cabellos en el templo de Nara, y con los mechones que caen muertos al suelo se desmoronan tambi\u00e9n los deseos, las aspiraciones, las intrigas y las medias verdades del mundo. Al final se descubre que todo es azul cuando lo miras de cerca, y que en ese cuadro azul de cielo nombres y recuerdos no son siquiera delgadas nubes pasajeras. \u00bfExisti\u00f3 Kiyoaki? \u00bfFue alguna vez un chico llamado Isao? Son las preguntas que parpadean al final de <em>La corrupci\u00f3n de un \u00e1ngel<\/em>. El jard\u00edn meridional se pliega en el silencio. Honda, el viejo <em>voyeur-voyant<\/em><a title=\"title\" href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref\"><\/a>, ha construido sus monta\u00f1as de az\u00facar en el lugar err\u00f3neo. Logr\u00f3 apartar las moscas con \u00e9xito, pero ya no puede volver a empezar.<\/p>\n<p>El vac\u00edo se extiende sobre todo, como los rayos del sol al amanecer, como la oscuridad (\u00bfo es luz?) que ciega a los que no quieren resistirse a la dura nobleza del <em>seppuku<\/em>. Mishima parece querer golpearnos con su sable de <em>kendo <\/em>mientras hilvana esas frases tan perfectas.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la sucesi\u00f3n de cuatro libros que es El mar de la fertilidad Yukio Mishima nos fascina al principio con tantas capas de belleza y tantos estallidos de amor, con tanta juventud y blancura en primavera, que al final no podemos sino desear empezar cuanto antes el libro siguiente, como [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":31,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-22","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>La crueldad de Mishima - Revista Rambla (Letras y cuentos)<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"En la sucesi\u00f3n de cuatro libros que es El mar de la fertilidad Yukio Mishima nos fascina al principio con tantas capas de belleza y tantos estallidos de...\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-crueldad-de-mishima\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La crueldad de Mishima - 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