{"id":2189,"date":"2012-09-19T10:11:35","date_gmt":"2012-09-19T10:11:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/la-muerte-de-virgilio-de-hermann-broch\/"},"modified":"2021-05-30T17:31:00","modified_gmt":"2021-05-30T15:31:00","slug":"la-muerte-de-virgilio-de-hermann-broch","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-muerte-de-virgilio-de-hermann-broch\/","title":{"rendered":"La muerte de Virgilio, de Hermann Broch"},"content":{"rendered":"<p>Ya se acerca la hora de la muerte de Virgilio y de su arte, de esa extra\u00f1a y frecuente sensaci\u00f3n de delirio y de distancia. Es la agon\u00eda, presente e infinita, paisaje de la tierra, del cuerpo y la conciencia, nostalgia de la vida y del amor al conocimiento porque en su agon\u00eda, Virgilio arrima las piedras de la tumba para que el hombre resucite. Es su muerte un canto a la poes\u00eda cuya misi\u00f3n es disolver las sombras porque \u201cnada puede el poeta, ning\u00fan mal puede evitar; se le escucha \u00fanicamente cuando magnifica el mundo, pero no cuando lo representa tal como es\u201d \u00a1s\u00f3lo la mentira es gloria, mas no el conocimiento!<\/p>\n<figure style=\"width: 550px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/Ovidio.jpg\" alt=\"alt\" width=\"550\" height=\"198\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Durante el viaje por el Adri\u00e1tico nada le permite olvidar pues cada ola es un recordatorio, el relato del agua que hace el trabajo sucio invocando a la muerte hacia la orilla de Brindisi. Y de all\u00ed ser\u00e1 llevado por tierra sobre en una f\u00fanebre litera expuesta a la muchedumbre que se mofa del casi cad\u00e1ver. Su esclavo y gu\u00eda, Lisanias, ser\u00e1 apocal\u00edptico profeta. \u201cAy, le era imposible enga\u00f1arse o dejarse enga\u00f1ar por esperanzas; demasiado bien conoc\u00eda a este p\u00fablico, para quien la grave labor del poeta, la aut\u00e9ntica, la que aguanta el saber, consigue tan poca atenci\u00f3n como la de los esclavos\u2026\u201d Virgilio fue s\u00f3lo espuma de una sola ola, la grandeza es simple casualidad, el dominio del genio es un teatro, una lucha rid\u00edcula contra una ley f\u00e9rrea; reconocer esto es lo m\u00e1s alto, dominarlo es imposible.<\/p>\n<p>Es al poeta Herman Broch, escriba y ex\u00e9geta de Virgilio, a quien le toca pensar en la personalidad del poeta en el mundo y su importancia en la historia, es quien se obsesiona en el conflicto entre el arte y el poder, en la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y est\u00e9tica\u00a0 porque todo valor est\u00e9tico que no surja con un principio \u00e9tico se convierte precisamente, en su contrario, en kitsch.\u00a0 Precisamente esto es lo que representa La Eneida, de ah\u00ed la compulsiva obsesi\u00f3n de Virgilio por destruirla porque \u201cel arte que no es capaz de reproducir la totalidad del mundo no es arte.\u201d<\/p>\n<p>Es Virgilio envuelto por la presencia de recuerdos, de todo abandono anterior a la creaci\u00f3n, rodeado por el resplandor de la llama helada de la pre-creaci\u00f3n, de su no nacimiento y su pre-muerte, \u00e9l, el azar desnudo, que es la soledad m\u00e1s su nombre, volv\u00eda a anunciar ahora su aspiraci\u00f3n hegem\u00f3nica\u2026 \u00e9sta era la meta, ahora visible, en tierra, de la ca\u00edda, lo sin nombre mismo. Su despedida era un comienzo porque escribir poes\u00eda significa adquirir el conocimiento a trav\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>La espera le dice que la muerte es la generadora del cosmos mismo. Significa la creaci\u00f3n. Su ruptura es g\u00e9nesis, una reconquista: la de las palabras, un acto de fe en los poderes de la palabra. La muerte es el monstruo tel\u00farico que devora a los muertos y que a su vez los habr\u00e1 de parir como frutos de la tierra fecunda, y concibe a \u00e9sta como \u00fanico medio de conocimiento de la verdad m\u00e1s profunda: la de la muerte. No es fortuito, pues en el arte de Broch llega a ser agobiante la insistencia en el aspecto de la muerte porque \u00abla escritura es siempre una impaciencia del conocimiento.\u00bb<\/p>\n<p>Virgilio abandona la ret\u00f3rica y la vida para buscar m\u00e1s all\u00e1 de la coraza de Augusto, la que ostenta a los partos vencidos. Virgilio abandona las \u201cvirtudes del Imperio Romano\u201d porque parecen ser la maldici\u00f3n que pesa sobre La Eneida, y es que La Eneida descansaba sobre los pilares de la pasi\u00f3n romana y su historia. Su dicha y su l\u00edmite eran el hecho de que pod\u00eda derivarse del concepto divino del C\u00e9sar, el cual no le proporcionaba la base del conocimiento. La supremac\u00eda del conocimiento sobre la creaci\u00f3n o la acci\u00f3n se pone de manifiesto en la parte m\u00e1s convencional de la novela: el di\u00e1logo entre Virgilio y C\u00e9sar, como el di\u00e1logo entre el Gran inquisidor y Cristo, o el de Naphta y Settembrini. Ambos encarnan dos instancias irreconciliables: el arte y el Estado. Virgilio es incapaz de comparar La Eneida con las victorias del Imperio. Adem\u00e1s, La Eneida est\u00e1 inconclusa. Falta el momento culminante: el conocimiento de la muerte. Esa la sombra luminosa de la realidad, del tiempo, de la verdad, que recorre tambi\u00e9n toda la obra de Broch, en verso y prosa.<\/p>\n<p>Virgilio pretende incinerar La Eneida en un gesto desesperado de quien, habiendo renegado de su condici\u00f3n de poeta, descubre que, aun a pesar suyo, debe hacer poes\u00eda. Si la obra de arte es \u201cel destello del absoluto que arde y se renueva en el hombre\u201d, la voz del poeta es indispensable. Y con gran dolor Virgilio cumple los deseos del emperador, quien le hab\u00eda pedido que heredara el poema a Roma. Virgilio, como el mismo Broch, desprecia la idea de que la belleza sea una creaci\u00f3n por decreto de los poderosos, incluyendo a los dioses. Con un agudo sentimiento de sus debilidades, el grito de Eneas es su propio grito. C\u00e9sar Augusto y sus amigos no entienden la obsesi\u00f3n de quemar la obra. En su lecho de moribundo Virgilio vuelve al mismo punto: \u00abEn la tierra nada se transforma en divino. Yo cant\u00e9 a Roma y mi obra no tiene m\u00e1s valor que las estatuas en los jardines de Mecenas. Roma no vive por la gracia de los artistas. Las obras de arte ser\u00e1n demolidas, La Eneida quemada&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Virgilio, en sus delirios, reencuentra sus vehemencias, con una inquietud adolescente vuelve a\u00a0 Porcia, y la rechaza porque \u201cquien quiera conocer la verdad sobre los poetas y la poes\u00eda, tendr\u00e1 que abstenerse de toda idolatr\u00eda\u201d, el arte debe ser m\u00e1s fuerte que el tiempo, lo suficientemente fuerte como para llenar ese lapso que le ha sido otorgado al ser humano para desplazarse, para reposar sus ojos, con una espera casi alegre, un saber librado del olvido. Esta era la esperanza de Virgilio.<\/p>\n<p>Toda La Eneida es una fantasma, y s\u00f3lo deja de ser una obra aislada, insuficiente, cuando se mide con el concepto atemporal e inmutable de lo po\u00e9tico. La poes\u00eda es un conocimiento y no una ciencia, puesto que no se ocupa de lo casual y lo perecedero, y quien quiera interpretarla no obra mejor que el que ve en las formas de las nubes animales y hombres.<\/p>\n<p>Virgilio, Hermann Broch, caminar\u00e1 \u2014indeciso\u2014 hacia la muerte, anhela arribar a ese puerto en donde las palabras ya no son los puentes sino el punto final. Sue\u00f1a que las voces regresan a la verdad, al poema como anhelo de transformaci\u00f3n, tormenta que se despeja de nubes para negar esa ausencia llamada Dios y afirmar la presencia de quien lo inventa, o la desesperanza de ser el ag\u00f3nico quien funda la imagen y la semejanza. El mismo Broch hab\u00eda sido el hombre \u201cdesesperado y envuelto en las redes de una vida, por muchos conceptos enredada\u201d, hab\u00eda sido como \u201cun artista de la evasi\u00f3n, de cierta edad, en la feria [\u2026] cuya profesi\u00f3n es dejarse atar, para demostrar de que forma tan magn\u00edfica puede deshacerse a\u00fan de las ataduras m\u00e1s firmes\u201d. Sobre algo oscuramente parecido a su actitud como poeta hab\u00eda escrito en La muerte de Virgilio: \u201cse hab\u00eda convertido en un hombre sin paz, que huye de la muerte y busca la muerte, que busca la obra y huye de la obra, uno que ama y que odia, un vagabundo a trav\u00e9s de las pasiones internas y externas, un hu\u00e9sped de su propia vida.\u201d<\/p>\n<p>Broch, Hermann. El Kitsch, la vanguardia y el arte por el arte.<\/p>\n<p>Hanna Arendt &#8211; Hermann Broch. Briefwechsel\u00a0 1946. Edit. Paul Michael L\u00fctzelel. P\u00e1g. 169.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya se acerca la hora de la muerte de Virgilio y de su arte, de esa extra\u00f1a y frecuente sensaci\u00f3n de delirio y de distancia. 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