{"id":2003,"date":"2012-07-21T07:12:36","date_gmt":"2012-07-21T07:12:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-milagro-malikian\/"},"modified":"2021-05-25T20:54:59","modified_gmt":"2021-05-25T18:54:59","slug":"el-milagro-malikian","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-milagro-malikian\/","title":{"rendered":"El milagro Malikian"},"content":{"rendered":"<p>Existen conciertos especiales, que convierten a la palabra \u201cmemorable\u201d en algo m\u00e1s que un lugar com\u00fan. Cualquier asiduo a los espect\u00e1culos musicales, sean del g\u00e9nero que sean, lo sabe. Esta sensaci\u00f3n no depende exclusivamente de la calidad del artista, aunque sin \u00e9sta huelga decir que no se alcanzar\u00e1 ese grado de satisfacci\u00f3n plena que de vez en cuando puede llegar a embargarnos, elev\u00e1ndonos varios metros por encima del nivel del suelo. Tampoco existe una relaci\u00f3n directa entre el grado de expectaci\u00f3n con el que abordamos la cita y el resultado final (solo los fans que llegan al l\u00edmite de la estupidizaci\u00f3n son capaces de alabar a su \u00eddolo incluso cuando \u00e9ste fracasa estrepitosamente: los Beatles se dieron cuenta de esto justo en el preciso instante en el que tomaban conciencia de que su vida como grupo de directo hab\u00eda finalizado y de que, por lo tanto, su tiempo como banda tampoco podr\u00eda extenderse a partir de aquel descubrimiento mucho m\u00e1s). Suele suceder as\u00ed \u2013en los festivales ocurre todo el tiempo, o al menos ocurr\u00eda cuando un servidor acud\u00eda a ellos\u2013 que grupos sobre los que en principio no tenemos depositadas grandes esperanzas o que no nos interesaban en principio demasiado nos hacen pasar un rato estupendo. Recuerdo haber vivido esto viendo a gente tan diferente entre s\u00ed como Rancid, Amaral, El bicho, Carlinhos Brown o los divertid\u00edsimos Terrorvision, con los que me top\u00e9 por casualidad dos veces y de los que nunca m\u00e1s supe. Por el contrario, ocurre igualmente que grupos que nos chiflaban, por los que est\u00e1bamos dispuestos a pagar varias veces el precio de la entrada, nos dejan \u00a0perplejos y desenga\u00f1ados por completo. Se me viene a\u00a0 la cabeza un bastante sopor\u00edfero concierto de mis amados Sonic Youth u otro, tambi\u00e9n ya en tiempos de Maricasta\u00f1a, pat\u00e9tico bolo \u2013y ya estoy siendo bastante generoso- \u00a0de The Jesus and Mary Chain por el que les ech\u00e9 a la cruz a los hasta entonces para m\u00ed respetad\u00edsimos escoceses.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/malikian_02.jpg\" alt=\"alt\" width=\"1387\" height=\"813\" \/><\/p>\n<p>El entorno, el estado de \u00e1nimo, el momento vital y la compa\u00f1\u00eda \u2013no hablo de otro tipo de factores ni ingestas porque uno es un se\u00f1or mayor que ni cuando pod\u00eda fue capaz de arruinar totalmente su reputaci\u00f3n y que, por lo tanto, no descarta convertirse alg\u00fan d\u00eda en un anciano honorable-, resultan, por supuesto, elementos fundamentales para que mientras abandonamos el recinto tengamos la sensaci\u00f3n de que hemos visto un concierto seis estrellas: uno de aquellos que alcanzan el sobresaliente por lo musical y obtienen la matr\u00edcula por ese resto de intangibles que sirven para subir la nota. Su permanencia en su el recuerdo, anticipada por ese delicioso insomnio que te invade a la hora de dormir mientras rememoras lo que has vivido unas horas antes es la prueba de que has vivido ese \u201cmomento perfecto\u201d del que renegaban los personajes de La n\u00e1usea de Sartre y que sabes que nunca llegar\u00e1 si vas predispuesto a encontrarlo. Desde el muchacho de 18 a\u00f1os que so\u00f1aba con escribir para Rockdelux \u2013esa frustraci\u00f3n latente explicar\u00eda ahora este furor graf\u00f3mano\u2013, hasta este hombre adulto de hoy ha pasado media vida. Literalmente media. Y en esta segunda parte que ahora concluye \u2013al cabo de la cual conf\u00edo en estar empezando otra segunda equivalente al menos a la duraci\u00f3n de las dos anteriores juntas-, aparte de haber conocido lo que se siente al temer morir aplastado cuatro o cinco veces \u2013la m\u00e1s brutal e inesperada en un concierto de H\u00e9roes del Silencio\u2013 he alcanzado ese estado de plenitud al que me refer\u00eda arriba en unas cuantas, tampoco demasiadas, ocasiones. La \u00faltima, bueno, la pen\u00faltima ya, despu\u00e9s de ver hace algunos veranos en la playa de El pe\u00f1\u00f3n de El cuervo \u2013digo en la playa de nuevo literalmente, pues tumbados en la arena nos encontr\u00e1bamos mirando al mar- a \u00a0Michael Nyman acompa\u00f1ado por la Orquesta de Rabat. Un improvisado ensayo de Smashing Pumpkins convertido en minishow para unos pocos afortunados que pas\u00e1bamos por all\u00ed camino del s\u00faper en una soleada ma\u00f1ana de Festimad de hace muchos a\u00f1os, una memorable actuaci\u00f3n de la ya fallecida Abbey Lincoln en el Teatro Cervantes de M\u00e1laga, uno de aquellos reencuentros entre Calamaro y Ariel Roth en la plaza de toros de Murcia o un concierto de Teresa Salgueiro, la exvocalista de Madredeus, cantando por lo Piaf \u2013o versionando ese enorme \u201chit\u201d popular que es \u201cMalague\u00f1a salerosa\u201d \u2013 en unas pistas polideportivas al aire libre de un pueblo perdido, forman parte de esta peque\u00f1a antolog\u00eda de milagros.<\/p>\n<p>Con el tiempo he ido reduciendo el n\u00famero de mis asistencias a conciertos y a la vez que \u00e9stas se hac\u00edan m\u00e1s espor\u00e1dicas, me he ido volviendo cada vez m\u00e1s selectivo. En definitiva, como a la hora de elegir un libro o una pel\u00edcula, suelo tirar a acertar, lo que si no garantiza el \u00e9xito al menos minimiza el riesgo de error. As\u00ed, pensar en que vas a disfrutar con un buen espect\u00e1culo al ser convocado por Ara Malikian, no solo no resulta nada descabellado sino que huele a apuesta segura, de \u00e9sas que las casas del ramo pagar\u00edan a 1, 1 a 1. No solo es uno de los mejores y m\u00e1s personales violinistas del mundo, sino una estrella de la m\u00fasica cl\u00e1sica con la virtud de parecer un tipo cercano, familiar, alguien con quien no solo piensas que te encantar\u00eda tomarte un par de copas sino con el que llegas a creer que no ser\u00eda una locura que esto pudiera llegar a suceder de verdad. Un antidivo en un mundo refinado \u2013estirado con frecuencia, presa f\u00e1cil del esnobismo- al que, por si fuera poco, llevas escuchando muchos a\u00f1os, pr\u00e1cticamente desde que ambos erais unos ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Poder ver a Malikian en concierto por primera vez es, por lo tanto, un regalo. Que esto suceda en tu pueblo, a cinco minutos de tu casa y gratis, un lujo que rompe las leyes aristot\u00e9licas de la verosimilitud. Por eso, cuando llegas a la puerta del lugar en el que se va a celebrar, un palacete renacentista enclavado en el coraz\u00f3n de la ciudad de 30.000 habitantes que te vio nacer \u2013y de la que tantas veces has \u00edntimamente renegado por cosas que no vienen a cuento ahora\u2013, y descubres que una hora antes de que comience la funci\u00f3n la cola para entrar es ya m\u00e1s que notable, piensas que no pod\u00eda ser tan bueno, que hab\u00edas so\u00f1ado por encima de tus posibilidades, que lo mejor que pod\u00edas haber hecho era ir a una de esas manifestaciones por las que miles de personas est\u00e1n luchando por sus derechos, que son tambi\u00e9n los tuyos. Tres horas despu\u00e9s dir\u00e1s \u201cJa\u201d, pero en ese momento te sientes un imb\u00e9cil ego\u00edsta reci\u00e9n duchado, perfumado y con los n\u00e1uticos de las grandes ocasiones puestos \u2013s\u00ed, \u00e9sos que te producen rozaduras en los talones- que se va a quedar sin ver a ese tipo de pelo alborotado cuyas interpretaciones de Bach llevas escuchando en \u2018spotify\u2019 sin parar durante las \u00faltimas semanas. La tensi\u00f3n se percibe adem\u00e1s en el ambiente. Todo el\u00a0 mundo sopesa, utilizando los dedos incluso \u2013nada de apps\u2013 si le va a dar para coger sitio una vez que se abran las puertas. Pronto, como si esto fuera un episodio de \u2018Ciudad K\u2019 las trifulcas se suceden y yo personalmente mismo abronco a una familia que pretende ganar posiciones de un modo indigno. Por suerte \u2013hab\u00eda medido mal mis fuerzas y no solo me superaban en n\u00famero sino en peso y altura- pese a las reticencias iniciales de los interpelados la raz\u00f3n impera y la civilizaci\u00f3n gana a la barbarie su primera batalla de la noche. Es un buen presagio porque al entrar descubrimos que s\u00ed, que hab\u00eda sitio y que nuestros c\u00e1lculos iniciales \u2013unas sesenta localidades- se quedaban muy lejos de las en torno a 150 personas, casi todas sentadas, que al final disfrutaremos del concierto de clausura del XXI Festival de Guitarra Ciudad de V\u00e9lez-M\u00e1laga, cita anual a la que, por cierto, ejem, asisto por primera vez.<\/p>\n<p>El p\u00fablico es variopinto aunque en su mayor\u00eda todos nos conocemos las caras. Pese a encontrarnos a cuatro kil\u00f3metros de la playa, de la Costa del Sol -aunque en su versi\u00f3n menos \u201cdesarrollada\u201d, la oriental, integrada en la comarca de la Axarqu\u00eda-, V\u00e9lez cede a Torre del Mar o Benajarafe, pueblos que forman parte del mismo municipio, todo el protagonismo tur\u00edstico y as\u00ed, la mayor\u00eda de los presentes son personas del entorno cultural local m\u00e1s algunos j\u00f3venes con inquietudes, padres de familia con sus hijos del Conservatorio y jubilados a los que el festival les da la oportunidad de disfrutar de un espect\u00e1culo gratuito al fresco. Porque, \u00e9se es otro de los atractivos fundamentales del marco elegido, el que el techo del patio porticado cuadrangular que nos acoge sea un cielo que, antes de que la noche lo pinte de negro, luce un bell\u00edsimo azul compacto y puro. Un azul Picasso por el que cruzan incesantemente las golondrinas que anidan en las torres de las iglesias cercanas.<\/p>\n<p>El lugar, el cielo, la liger\u00edsima brisa, la seguridad de rozar el milagro nos llenan de euforia. Ahora, por fin, estamos dispuestos y\u00a0 no vemos el momento de que descienda la intensidad de las luces y ocurra lo que tenga que ocurrir. As\u00ed, transcurridos los diez minutos de cortes\u00eda, Ara Malikian aparece. Bueno, y junto a \u00e9l, el que para nosotros hasta ese momento solo era un personaje secundario pero que, conforme la noche avance y nuestra ignorancia sea sustituida por el conocimiento directo, terminar\u00e1 convirti\u00e9ndose en otro principal de excepci\u00f3n. Hablo del guitarrista Juan Francisco Padilla, uno de los colaboradores habituales del m\u00fasico liban\u00e9s de origen armenio, un tipo multipremiado y multiinvitado que adem\u00e1s ha conseguido colocar algunas de sus grabaciones entre las m\u00e1s vendidas del g\u00e9nero en nuestro pa\u00eds.<\/p>\n<p>Como dos estrellas del rock pero sin \u00ednfulas entran en escena, sonrientes, incluso con aparente timidez. En ese momento, por primera vez, empezamos a tomar conciencia de lo que estamos a punto de presenciar y cuando Malikian empieza a arrancar notas a su viol\u00edn para interpretar una peque\u00f1a introducci\u00f3n marca de la casa que enlaza con la danza \u201cLa vida breve\u201d de Manuel de Falla, los primeros aplausos se confunden con una especie de felicidad contagiosa. S\u00ed, me digo mientras observo alrededor, esa misma cara de p\u00e1nfilo es la que yo debo de estar poniendo ahora mismo. A los tres minutos la comuni\u00f3n ser\u00eda perfecta si no fuera porque en la fila que nos precede tres personas de edad provecta se encargan de recordarnos con sus comentarios del tipo \u201cqu\u00e9 pelos lleva \u00e9se\u201d, o \u201cof\u00fa, \u00bfson c\u00f3micos o qu\u00e9?\u201d, que afuera nos sigue aguardando un mundo lleno de miseria moral, incivismo y mala educaci\u00f3n. Pero, en esos momentos todo eso carece de importancia y, por si la tuviera, ya me encargo yo de corresponder a mis vecinos apoyando mi brazo en sus vetustas y lacadas cabezas para tomar fotos del concierto en los momentos \u201cmuertos\u201d. Quiero decir, en los momentos en que Ara -ya as\u00ed en confianza- y Padilla se encargan de amenizarnos el tr\u00e1nsito entre pieza y pieza con anotaciones al margen, chascarrillos, explicaciones varias o incluso teor\u00edas disparatadas acerca de los motivos que llevaron, por ejemplo, a Sarasate a llamar \u201cPlayera\u201d a una de sus obras y si tiene algo que ver con eso que en el norte llaman \u201cplayera\u201d y en el sur \u201cchancla\u201d y que sirve para andar por la playa. El violinista se muestra m\u00e1s locuaz y aprovecha los momentos en que su compa\u00f1ero afina la guitarra \u2013para Malikian los guitarristas se pasan m\u00e1s tiempo afinando que tocando, a lo que el otro responde, guas\u00f3n, que ellos por lo menos ya vienen afinados desde casa- para establecer un di\u00e1logo abierto con el p\u00fablico. En un momento dado llega a amenazar: \u201ccomo estamos tan a gusto con vosotros, vamos a seguir un rato m\u00e1s. Vosotros, sin compromiso, pod\u00e9is iros, entrar, salir, a vuestra bola\u201d. Estos interludios \u201cc\u00f3micos\u201d \u2013seg\u00fan definici\u00f3n de la se\u00f1ora anteriormente citada- nos confirman que estamos ante no solo dos m\u00fasicos colosales sino delante de dos tipos espl\u00e9ndidos que vuelven a corroborar, por si a alguien se le olvidaba, que el sentido del humor es rasgo inequ\u00edvoco de la inteligencia y de que la humildad va siempre de la mano del genio.<\/p>\n<p>Estos toques, sin embargo, sirven para que el evento crezca adquiriendo los contornos de lo entra\u00f1able, pero la evaluaci\u00f3n alcanza por s\u00ed sola el rasgo de brillante por la ejecuci\u00f3n de un programa que encuentra en la interpretaci\u00f3n de 6 canciones populares de Falla su eje vertebrador, el meollo en torno al que se articulan piezas tambi\u00e9n de Alb\u00e9niz, Gismonti (para algunos el Mozart del siglo XXI), Villa Lobos, Kreisler y Pablo Sarasate. Es un programa fresco, de sabor andaluz, de ambiente mediterr\u00e1neo, pero que por supuesto excede con mucho estos m\u00e1rgenes, un programa arreglado adem\u00e1s especialmente por los protagonistas \u2013aprovechando que los autores ya estaban muertos y no se lo pod\u00edan impedir, seg\u00fan cuenta un Malikian tan did\u00e1ctico como divertido, como si en realidad tuviera enfrente a los ni\u00f1os del programa de La 2 a los que se dirige semanalmente: esto es, olvidando que nosotros sabemos bastante menos que sus peque\u00f1os pupilos-, para que la guitarra, en fin, halle su espacio, un protagonismo que no llega a ser eclipsado por el viol\u00edn, aunque resulte inevitable que el foco recaiga sobre \u00e9l y que los momentos de mayor vuelo coincidan con aquellos en que los ojos se clavan sobre esa figura morena, desgre\u00f1ada menuda y atl\u00e9tica de una de las estrellas del sello \u00a0Warner Music. Durante hora y media, con alguna variaci\u00f3n, con alguna improvisaci\u00f3n, con alguna aportaci\u00f3n inesperada -como la del director del festival, verdadero padre y alma de la criatura, el guitarrista Javier Garc\u00eda, que es invitado a compartir unos minutos en escena aunque para ello tenga que ir a buscar a un despacho su instrumento y pedir unas gafas prestadas al alcalde\u2013 se cumple el gui\u00f3n preestablecido\u00a0 y cuando ya pensamos que hemos recibido mucho m\u00e1s de lo que nos merec\u00edamos, llega otra sorpresa impagable, un regalo abrumador. Un tercer componente se une al d\u00fao con su guitarra y un milagro dentro de un milagro aflora. Despu\u00e9s de que Malikian y Padilla hagan su pr\u00f3logo de rigor, de que Malikian se meta, como \u00e9l mismo advierte, \u201cen un jard\u00edn\u201d con un canto a superar fronteras, a romper muros artificiales en m\u00fasica (y en el arte y la vida en general), se aprestan a desgranar su versi\u00f3n del tema \u201cParanoid android\u201d de Radiohead. As\u00ed, como suena. En ese instante, estoy a punto de saltar por encima de las cabezas de quienes me preceden \u2013qu\u00e9 horr\u00f3, Paco, qu\u00e9 horr\u00f3, v\u00e1mono- para darles un abrazo a los m\u00fasicos. Lo har\u00eda si no me encontrara clavado a una silla asistiendo at\u00f3nito y estremecido al espect\u00e1culo. S\u00e9 que podr\u00eda despertar. Solo de ese modo aquello tendr\u00eda sentido. Pero no, es real. Lo s\u00e9 cuando observo a mi acompa\u00f1ante y descubro que Malikian y compa\u00f1\u00eda me han procurado otra satisfacci\u00f3n. La bella joven que est\u00e1 sentada a mi derecha odia a Radiohead, en realidad cada a\u00f1o que pasa su estima por el pop-rock brit\u00e1nico baja un pelda\u00f1o mientras suben dos su devoci\u00f3n por The Beatles y The Stone Roses. Es as\u00ed. Pero, ahora, solo puede agachar la cabeza, metaf\u00f3ricamente hablando, claro, porque se encuentra tambi\u00e9n a mi vera en un punto indeterminado del espacio mientras el OK Computer alcanza insospechados niveles de sublimidad.<\/p>\n<p>Lo s\u00e9. En las l\u00edneas, p\u00e1ginas m\u00e1s bien, anteriores, he gastado todos los calificativos y ahora me encuentro con el problema a\u00f1adido de que a\u00fan faltaba algo. \u00bfConocen esa sensaci\u00f3n de pedir para s\u00ed, sin pronunciar palabra, un deseo muy fuerte, muy fuerte, y de que al final se cumpla? Pues eso es lo que sucedi\u00f3. Durante la misma ma\u00f1ana del jueves hab\u00eda estado escuchando su interpretaci\u00f3n de una de los temas que m\u00e1s me ha impactado \u2013s\u00e9 sobradamente que a muchos les ha sucedido algo similar\u2013 en los \u00faltimos a\u00f1os. S\u00ed, quer\u00eda o\u00edrle tocar una de esas piezas a la que siempre est\u00e1s deseando regresar, que grabar\u00edas como un sinf\u00edn en un cd para el coche. Y el deseo de escuchar en vivo de uno de los temas principales de la pel\u00edcula Deseando amar (In the Mood for Love) de Wong Kar-Wai, el c\u00e9lebre \u201cYumeji\u00b4s theme\u201d de Shigeru Umebayashi \u2013esa hipn\u00f3tica composici\u00f3n convertida ya en cl\u00e1sico contempor\u00e1neo que, despu\u00e9s de haber sido motivo de gozo para cin\u00e9filos de todo el mundo, ha servido incluso de inspiraci\u00f3n para poetas y almas sensibles de toda laya\u2013, al final se cumpli\u00f3. La pieza, como recordara el propio Malikian, extendi\u00f3 su popularidad tambi\u00e9n gracias a un anuncio de coches. Parec\u00eda desconocer, sin embargo, nuestro buen amigo de que fue el hecho de que un lamentable programa \u00a0televisivo la escogiera como sinton\u00eda lo determinante para que llegara en nuestro pa\u00eds a los o\u00eddos de otras muchas personas que, por lo menos, eso que se llevan. En cualquier caso, no pod\u00eda caber una despedida mejor. Y as\u00ed se encarg\u00f3 de ratificarlo con una interpretaci\u00f3n soberbia desarrollada esta vez de pie y mientras recorr\u00eda en c\u00e1mara lenta los escasos cuatro metros de pasillo que separaban las dos zonas del angosto patio, y as\u00ed como antes no exist\u00eda pr\u00e1cticamente separaci\u00f3n entre int\u00e9rpretes y p\u00fablico, ahora el artista se mezclaba totalmente con un auditorio desarmado. Lo que una gran sala, un teatro o un auditorio no pueden conseguir, aquel edificio por lo general consagrado a menesteres municipales \u2013aunque con un hueco reservado en la planta superior para proteger y difundir el peque\u00f1o patrimonio en lo personal, inmenso en lo intelectual de la vele\u00f1a Mar\u00eda Zambrano\u2013 lo lograba con creces y cuando el arco oscil\u00f3 por \u00faltima vez el centenar largo de personas congregadas all\u00ed lanz\u00f3 a la media noche un enorme aplauso.<\/p>\n<p>Me ahorrar\u00e9 los detalles acerca de lo sucedido en los minutos inmediatamente posteriores, despu\u00e9s de las ovaciones, v\u00edtores y discursos de rigor. Solo rese\u00f1ar\u00e9 aqu\u00ed c\u00f3mo algunos de los ni\u00f1os, m\u00fasicos infantes, que trataban de acercarse a Ara Malikian acabado el concierto para que les autografiara su viol\u00edn \u2013lo que no les resultar\u00eda a la postre dif\u00edcil-, descubrieron con pasmo \u2013y sonrojo, todo sea dicho\u2013 c\u00f3mo alg\u00fan (y alguna) adulto\/a pod\u00eda abrirse camino a trav\u00e9s de siete hileras de sillas de pl\u00e1stico, cual raudo agrogodzilla posmoderno para hacerse una foto y pedirle un aut\u00f3grafo a aquel que ha sabido amalgamar como pocos las m\u00fasicas del Medio Oriente, las centroeuropeas o las mediterr\u00e1neas con lo mejor de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica. Y todo, sin necesidad de peine. Existe testimonio gr\u00e1fico de esos momentos que RevistaRambla, a pesar de mi ofrecimiento, con buen criterio y para no herir la sensibilidad de sus lectores ha preferido desechar.<\/p>\n<p>Mientras volv\u00edamos en coche camino a casa, arrobados a\u00fan por el espect\u00e1culo reciente, con las \u00faltimas notas zumbando a\u00fan en nuestros o\u00eddos, mi acompa\u00f1ante no pudo evitar confesar en un innecesario arranque de sinceridad: \u201cCon quince a\u00f1os yo habr\u00eda tenido una foto de Ara Malikian en mi cuarto\u201d. Yo, claro, no respond\u00ed nada. Solo pens\u00e9: \u201cYa, con quince a\u00f1os\u201d, y sin dudarlo pis\u00e9 el acelerador para, ya que todo estaba cerrado a esas horas, al menos prepararle una sabrosa cena. Trucos del hombre actual cuando ni es violinista ni tiene pinta de bohemio mediterr\u00e1neo, sino todo lo contrario, m\u00e1s bien de plomo teut\u00f3n. Eso s\u00ed, brindamos por Ara y por las cosas buenas de la vida, como lo bonito que ser\u00eda que todo el mundo tuviera derecho a vivir una experiencia as\u00ed, derecho a sentirse como nos sent\u00edamos nosotros entonces, al menos por una vez en la vida.<\/p>\n<h4>Pr\u00f3ximos conciertos de Ara Malikian en Espa\u00f1a:<\/h4>\n<ul>\n<li>22 de julio: Barcelona-Sant Juli\u00e1<\/li>\n<li>23 y 24 de julio: Madrid (Sala Clamores)<\/li>\n<li>25 de julio: Madrid (Teatro Bellas Artes y Se abre el Tel\u00f3n)<\/li>\n<li>26 y 27 de julio: Madrid (Teatro Bellas Artes)<\/li>\n<li>28 de julio: Teatro Bellas Artes y Sala Clamores<\/li>\n<li>29 de julio: Madrid (Teatro Bellas Artes)<\/li>\n<li>30 de julio: Madrid (Sala Clamores)<\/li>\n<\/ul>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existen conciertos especiales, que convierten a la palabra \u201cmemorable\u201d en algo m\u00e1s que un lugar com\u00fan. 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