{"id":185,"date":"2010-07-15T18:08:09","date_gmt":"2010-07-15T16:08:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/el-soborno-de-la-tierra\/"},"modified":"2023-12-29T13:45:10","modified_gmt":"2023-12-29T12:45:10","slug":"el-soborno-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-soborno-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"El soborno de la tierra"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-184 aligncenter\" style=\"width: 550px; height: 198px;\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/R%40mbla%20mishima1.jpg\" alt=\"alt\" width=\"1538\" height=\"553\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Algo del insoportable y maligno soborno de la vida adulta aparece en el asentamiento en tierra del marino Ryuiji Tsukazaki, en <em>El marino que perdi\u00f3 la gracia del mar<\/em>. Olvidar el resplandor que casi ciega, renunciar a ese fr\u00edo que desprende siempre la absoluta libertad, y ello a cambio de acostarse cada noche con la misma mujer, una mujer como cualquier otra, es quiz\u00e1 semejante al proceso de crecer cediendo respecto a una cierta pureza infantil que nada tiene que ver con la candidez ni la inocencia, sino con una especie de dura, virginal y penetrante capacidad de visi\u00f3n \u2013no en vano es Noburo un peque\u00f1o precursor del viejo Honda\u2013 sobre los enga\u00f1os y las miserias de la vida adulta, la cual se forma siempre, y precisamente para su propia consistencia, una especie de camisa de fuerza de un solo y definitivo uso \u2013o as\u00ed lo ven los ni\u00f1os. Crecer es por tanto equivalente a precipitarse del mar a la tierra, de la libertad a la c\u00e1rcel, de la inmensidad a la estrechez, de la persecuci\u00f3n de la gloria a los sillones, las vajillas y los trajes de importaci\u00f3n inglesa. Pero en la historia que cuenta Mishima no hay un corte limpio entre los espacios.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El grupo de j\u00f3venes al que Noburo pertenece sostiene que el mundo est\u00e1 vac\u00edo, que en el vac\u00edo hay un orden, que ellos mismos son, en su total falta de pasi\u00f3n, los guardianes de ese orden, y que no por otra cosa que su genio deben matar al nuevo padre de Noburo, restituyendo as\u00ed, mediante ese \u00absabor amargo\u00bb de la gloria, la heroicidad de todo aut\u00e9ntico marino. La fiebre de luz no es ya, como era el caso en <em>Sed de amor<\/em>, el ardor de una fren\u00e9tica pasi\u00f3n, sino el delirio peligroso y visionario de aquellos que todav\u00eda presienten que el mundo est\u00e1 a punto de dejar caer su burka, de soltar su tinta negra, de exhalar su aliento f\u00e9tido y de enredar sus innumerables y delgados vendajes, banales pero indestructibles, en torno a sus j\u00f3venes cabezas. La serena resoluci\u00f3n de quien no permite que le domestiquen ni siquiera en el sentido de exhibir resistencia o rebeld\u00eda constituye el arma secreta del grupo de vivisectores. Es cierto que Mishima parece desplazar el problema haciendo que sean precisamente ni\u00f1os los capaces de actuar conjuntamente por una causa \u00abcom\u00fan\u00bb. En realidad se trata de unos chicos de trece a\u00f1os que muy probablemente lleguen a ser padres, profesores, m\u00e9dicos, banqueros, dependientes. Son ellos tan s\u00f3lo los que juzgan con esa inclemencia las letan\u00edas de la vida adulta; son los que crecer\u00e1n los que no tienen compasi\u00f3n con los que han crecido. Pero no deja de subsistir cierta incertidumbre sobre si el problema resulta realmente desplazado.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Fiebre de amor y fiebre de odio. Ambas preludian en Mishima muertes grotescas, violentas, inc\u00f3modas. Tal vez Noburo habr\u00eda consentido en tener a Ryuji como padre si \u00e9ste hubiese permanecido lo que era: un ausente perdido en la distancia envolvente del mar. Afinc\u00e1ndose en la tierra como una planta exang\u00fce el marino pide a gritos el golpe de gracia. Y sin embargo \u2013as\u00ed aparece al menos en los alucinados ojos de los chicos\u2013 s\u00f3lo por esta v\u00eda el hombre de mar encontrar\u00e1 la muerte gloriosa, esa cuya busca que le condujo a exuberantes paisajes, cerca del sol tropical, all\u00ed donde su \u00fanica compa\u00f1\u00eda en un barco en perpetuo balanceo eran s\u00f3lo el mar, la noche y las estrellas. Los ni\u00f1os no siempre desconocen lo terrible.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00abFrases peligrosas\u00bb \u2013escribe Yourcenar en su ensayo sobre Mishima\u2013, palabras con las que azotar la \u00absabidur\u00eda prudente y normal en la que vivimos o sobre la cual vegetamos todos, la sabidur\u00eda peligrosa, pero vivificante, de un fervor m\u00e1s libre y de un absoluto mortalmente puro\u00bb.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo del insoportable y maligno soborno de la vida adulta aparece en el asentamiento en tierra del marino Ryuiji Tsukazaki, en El marino que perdi\u00f3 la gracia del mar. 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