{"id":18096,"date":"2019-05-09T08:30:27","date_gmt":"2019-05-09T06:30:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=18096"},"modified":"2021-01-28T20:41:57","modified_gmt":"2021-01-28T19:41:57","slug":"los-chalecos-amarillos-francia-en-la-encrucijada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/los-chalecos-amarillos-francia-en-la-encrucijada\/","title":{"rendered":"Los &#8216;chalecos amarillos&#8217;, Francia en la encrucijada"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_18097\" aria-describedby=\"caption-attachment-18097\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-18097\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista.jpg 510w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista-500x667.jpg 500w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista-425x566.jpg 425w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista-325x433.jpg 325w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/ramblarevista-229x305.jpg 229w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-18097\" class=\"wp-caption-text\">Ilustra Jos\u00e9 Antonio Lara Cort\u00e9s.<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Chalecos amarillos. <\/strong>En ocasiones Francia parece agotada, cansada de s\u00ed misma, encerrada en una crisis cr\u00f3nica de achaques sucesivos que la dejan desmoralizada y sin grandes esperanzas ni rumbo definido. A semejanza de muchos pa\u00edses europeos, sus dirigentes venden el sue\u00f1o de una revoluci\u00f3n digital autocomplaciente que acabar\u00e1 dinamizando una econom\u00eda renqueante, mientras su poblaci\u00f3n, fragmentada en grupos sociales que se ignoran, oscila entre el lujo desmedido reservado a una \u00e9lite y, para una mayor\u00eda, la creciente dificultad de llegar a fin de mes, atemperada por el zumbido de las redes sociales y la ilusi\u00f3n de los viajes <em>low cost<\/em>.<\/p>\n<p>Tras el derrumbe de los partidos tradicionales (herederos del gaullismo, socialistas y vestigios comunistas) durante la presidencia de Fran\u00e7ois Hollande (2012-2017), el cada vez m\u00e1s afianzado populismo ultraderechista encarnado por Marine Le Pen fue derrotado en las urnas por un joven Emmanuel Macron, exministro de Econom\u00eda, que promet\u00eda un reformismo europe\u00edsta y liberal. Puede parecer curioso, pero las promesas de reformas auguran con frecuencia una rebaja de los derechos sociales adquiridos. La flamante presidencia de Macron no se apart\u00f3 de esa tendencia. Sus primeras medidas consistieron en un cambio de fiscalidad a favor de las rentas m\u00e1s altas, una modificaci\u00f3n desfavorable a los asalariados del c\u00f3digo de trabajo y una ley que reformaba el estatuto de la empresa estatal de ferrocarriles (SNCF). Despu\u00e9s de una huelga intermitente de varios meses de duraci\u00f3n, convocada en protesta por el fin del monopolio estatal y la p\u00e9rdida de derechos en materia de jubilaci\u00f3n, esa ley fue aprobada por decreto. Al haber derrotado la resistencia sindical, Macron crey\u00f3 que se le hab\u00eda allanado el camino para proseguir su proyecto de \u201cmodernizaci\u00f3n\u201d, palabra que tambi\u00e9n suele perjudicar a los afectados por la renovaci\u00f3n pretendida. Fue entonces cuando estall\u00f3 la crisis de los \u201cchalecos amarillos\u201d, fen\u00f3meno a medio camino entre la revoluci\u00f3n y una ola de irritaci\u00f3n social minoritaria pero irreductible. La convulsi\u00f3n febril de un organismo enfermo.<\/p>\n<p>Levantamiento contradictorio y de alcance todav\u00eda impreciso a los seis meses de su aparici\u00f3n, el movimiento de los \u201cchalecos amarillos\u201d franceses surgi\u00f3 en oto\u00f1o de 2018 como protesta contra la implantaci\u00f3n de una nueva tasa sobre los hidrocarburos. Debe su nombre al chaleco que todo conductor ha de ponerse para salir a la calzada en caso de que su veh\u00edculo quede averiado, y que se ha convertido en el signo identitario de los indignados galos. Carente de estructura, la movilizaci\u00f3n se expandi\u00f3 por todo el pa\u00eds a trav\u00e9s de las redes sociales, al margen de partidos y sindicatos. Muestra la profundidad de un malestar social que lleva acumul\u00e1ndose desde hace mucho tiempo y que empez\u00f3 a estallar de forma peri\u00f3dica, casi cada dos a\u00f1os, a principios del siglo XXI.<\/p>\n<p>Los \u201cchalecos amarillos\u201d se dieron a conocer bloqueando carreteras y rotondas, adem\u00e1s de organizar cada s\u00e1bado desde el pasado 17 de noviembre manifestaciones a escala nacional. Las protestas partieron de las \u00e1reas rurales y peque\u00f1as ciudades, zonas desatendidas hace lustros, antes de extenderse en poco tiempo a las grandes urbes, y alcanzaron una simpat\u00eda declarada tras sus dos primeros meses de acciones de una mayor\u00eda de la opini\u00f3n p\u00fablica francesa (del 70 al 60 % seg\u00fan los sondeos),<\/p>\n<p>La clase media baja y las clases populares son los sectores m\u00e1s movilizados. Estas franjas de poblaci\u00f3n padecen desde hace a\u00f1os la p\u00e9rdida de poder adquisitivo, el desempleo y la precariedad, tan caracter\u00edstica de los contratos actuales y del trabajo aut\u00f3nomo. Son las clases que han soportado el peso de la fiscalidad, creciente a consecuencia de la crisis iniciada en 2008, y que en la actualidad es la m\u00e1s elevada de la Uni\u00f3n Europea, mientras que la llegada de Emmanuel Macron a la Presidencia de la Rep\u00fablica ha permitido que los ricos paguen menos impuestos. La supresi\u00f3n del impuesto sobre la fortuna (ISF), con la excusa de que ello favorecer\u00eda las inversiones, ha sido percibida como un insulto por los menos favorecidos. Las zonas rurales y las peque\u00f1as ciudades llevan como m\u00ednimo 20 a\u00f1os aguantando la reducci\u00f3n de los servicios p\u00fablicos, traducida en cierre de escuelas, hospitales, oficinas bancarias y estaciones ferroviarias. El deterioro del transporte p\u00fablico, unido al alejamiento de los servicios, ha convertido el coche en una herramienta imprescindible, por lo que el aumento del precio de los carburantes (presentado como una \u201cmedida ecol\u00f3gica\u201d) fue la gota que colm\u00f3 el vaso del descontento popular.<\/p>\n<p>Como en todo Occidente, las desigualdades aumentan en Francia sin cesar. Con la introducci\u00f3n del neoliberalismo har\u00e1 pronto 40 a\u00f1os, habr\u00eda que aceptar como si fuera una fatalidad la degradaci\u00f3n de las condiciones de vida. A pesar del crecimiento regular del PIB\/habitante, la sensaci\u00f3n de que cada generaci\u00f3n vivir\u00e1 peor que la precedente, por parad\u00f3jico que resulte, parec\u00eda adormecer las conciencias, anestesiadas por un miedo difuso a perder las migajas de la opulencia. Pero de cuando en cuando prende la rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>En mayo de 2018, la activista Priscilla Ludovsky lanza una petici\u00f3n en l\u00ednea para pedir una rebaja de impuestos en los bienes esenciales, junto con otras reivindicaciones sociales. La demanda, que alcanza 226.000 firmas a finales de octubre, superar\u00eda el mill\u00f3n y medio un mes m\u00e1s tarde. El 10 de octubre, dos camioneros (\u00c9ric Drouet y Bruno Lefevre) cuelgan en Facebook un llamamiento al \u201cbloqueo nacional contra el alza del carburante para el 17 de noviembre\u201d. Diversos v\u00eddeos retoman la idea en las redes sociales. El enfrentamiento est\u00e1 servido.<\/p>\n<p><strong>La fortaleza de los primeros meses<\/strong><\/p>\n<p>Los primeros bloqueos de carreteras se producen la primera quincena de noviembre. El 17, como estaba previsto se suceden acciones de protesta en unos 2.000 puntos del territorio franc\u00e9s. En su balance de la jornada, el Ministerio del Interior calcula 300.000 manifestantes, con un muerto (por atropello en un bloqueo), 528 heridos y 117 detenciones, cifras que cargos electos testigos de los hechos, tanto de la derecha como de la izquierda, consideran infravaloradas. Desde entonces, las manifestaciones (con episodios de gran violencia) se repiten cada s\u00e1bado a escala nacional, pero durante la semana prosiguen las movilizaciones con carreteras cortadas e instauraci\u00f3n de peajes gratuitos. Seg\u00fan la versi\u00f3n oficial, el n\u00famero de manifestantes se iba reduciendo en cada uno de las acciones convocadas, aunque un sindicato policial pone en duda los datos proporcionados. El 8 de diciembre, por ejemplo, el gobierno anuncia 10.000 manifestantes en Par\u00eds, pero no puede evitar alborotos de suma violencia (como en otras ciudades), a pesar de haber desplegado en la capital a 8.000 agentes apoyados por 14 veh\u00edculos blindados.<\/p>\n<p>Si bien el bloqueo de algunas v\u00edas de comunicaci\u00f3n contin\u00faa a diario, la cercan\u00eda de las fiestas de Navidad y la contundencia de la represi\u00f3n policial parecen incidir en una presencia menguante de \u201cchalecos amarillos\u201d en la convocatoria de cada s\u00e1bado. En todo el pa\u00eds, el Ministerio del Interior cifr\u00f3 en 69.000 los polic\u00edas movilizados el 15 de diciembre para hacer frente a 66.000 manifestantes, cuyo n\u00famero se desploma a 33.000 el 22 y a 32.000 el d\u00eda 29, antes de alcanzar 50.000 el 4 de enero y 84.000 una semana m\u00e1s tarde. Estas movilizaciones semanales sacuden a una decena de ciudades y se saldan siempre con destrozos importantes (coches incendiados y tiendas saqueadas) a pesar de la equiparaci\u00f3n num\u00e9rica entre manifestantes de todas las edades y fuerzas del orden muy bien pertrechadas. No deja de ser sorprendente. A principios de diciembre, un centenar de institutos paran en protesta contra la reforma del bachillerato y para apoyar a los \u201cchalecos amarillos\u201d, los cuales, en contrapartida, bloquean varios dep\u00f3sitos de combustible en el noroeste de Francia, acci\u00f3n que provoca el desabastecimiento de numerosas gasolineras de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>El poder modula su reacci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El rechazo a la tasa sobre los carburantes se transform\u00f3 casi de inmediato en una serie de peticiones muy variadas, tanto econ\u00f3micas como pol\u00edticas. La recuperaci\u00f3n del poder adquisitivo y la extensi\u00f3n de la democracia constituyeron el trasfondo central de las 42 reivindicaciones presentadas el pasado 29 de noviembre por una delegaci\u00f3n provisional de los \u201cchalecos amarillos\u201d. Sus exigencias econ\u00f3micas se centraban en las subidas salariales y la fiscalidad (reintroducci\u00f3n del impuesto sobre la fortuna y no imposici\u00f3n de las pensiones de jubilaci\u00f3n), pero inclu\u00edan tambi\u00e9n temas de educaci\u00f3n y sanidad. Como demandas pol\u00edticas m\u00e1s apremiantes figuraban la dimisi\u00f3n de Macron, la instauraci\u00f3n del refer\u00e9ndum de iniciativa popular en asuntos sociales, la adopci\u00f3n del escrutinio proporcional e incluso la apertura de unos Estados Generales que evocaban los de 1789.<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n inicial del gobierno a cualquier concesi\u00f3n, muy pronto hubo de orientarse hacia medidas de apaciguamiento, que desembocaron en el anuncio de un \u201cgran debate nacional\u201d. El 4 de diciembre, el ejecutivo ofreci\u00f3 la retirada por seis meses de la ecotasa. Como la medida se consider\u00f3 insuficiente, al d\u00eda siguiente Macron extendi\u00f3 la moratoria al a\u00f1o entero. En una alocuci\u00f3n del 10 de diciembre, el presidente de la Rep\u00fablica presentar\u00eda una serie de medidas complementarias: un aumento de 100 euros mensuales del salario m\u00ednimo, la no imposici\u00f3n de las horas extra, reducir la cotizaci\u00f3n de las jubilaciones inferiores a 2.000 \u20ac y quitar los impuestos a las primas de fin de a\u00f1o pagadas por las empresas. Valoradas en 10.000 millones de euros en su conjunto, las propuestas se financiar\u00edan en parte con una tasa a las grandes empresas tecnol\u00f3gicas y la reducci\u00f3n de la prevista bajada del impuesto de sociedades, rechazando en cualquier caso la recuperaci\u00f3n del impuesto sobre la fortuna. Estas concesiones incrementar\u00edan el d\u00e9ficit p\u00fablico por encima del 3 % fijado por la Uni\u00f3n Europea, pero Macron estaba convencido de que Bruselas lo aceptar\u00eda. A pesar de ello, los \u201cchalecos amarillos\u201d no se consideron satisfechos y la movilizaci\u00f3n sigui\u00f3 en pie.<\/p>\n<p>Ante la fortaleza de un movimiento que socava su popularidad, Macron dio un paso m\u00e1s y anunci\u00f3 la apertura de un \u201cgran debate nacional\u201d alrededor de cuatro ejes: transici\u00f3n ecol\u00f3gica, fiscalidad, servicios p\u00fablicos y ejercicio de la democracia. Unos 5.000 municipios ponen durante un mes a disposici\u00f3n de los ciudadanos un \u201ccuaderno de quejas\u201d para recoger sus demandas. El poder adquisitivo, la injusticia fiscal y la reducci\u00f3n de los servicios p\u00fablicos encabezan las preocupaciones. A partir del 1 de marzo habr\u00edan tenido que celebrarse unas \u201cconferencias ciudadanas\u201d en cada una de las 13 regiones administrativas para realizar la s\u00edntesis de las reivindicaciones formuladas, pero esta \u00faltima fase no se desarrollar\u00e1. Sin embargo, conducido en persona por el presidente, que en dos meses recorrer\u00e1 toda Francia, el primer debate (de un total de siete) se celebr\u00f3 en Normand\u00eda, en presencia de 600 alcaldes de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Si bien la organizaci\u00f3n del debate y su control institucional han suscitado numerosas cr\u00edticas, la consulta permite que la presidencia y el ejecutivo recuperen parte de la popularidad perdida, mientras que la de los \u201cchalecos amarillos\u201d, afectada por la repetici\u00f3n de los disturbios, ir\u00eda menguando hasta caer por debajo del 50 % tras los saqueos en Par\u00eds del 16 de marzo.<\/p>\n<p><strong>Un pulso desigual<\/strong><\/p>\n<p>Desde el inicio de la crisis, el Estado siempre dej\u00f3 patente que el monopolio del uso de la fuerza le pertenec\u00eda. Ante la intensidad de las algaradas, repetidas cada s\u00e1bado pese a desplegar en ocasiones hasta 100.000 agentes y 30.000 bomberos, el gobierno anuncia una ley contra el vandalismo que permite sancionar a los organizadores de manifestaciones no autorizadas y establecer un fichero con los datos de los manifestantes violentos que tendr\u00e1n prohibido acudir a las marchas de protesta. Criticado por el Consejo de Europa por atentar contra el derecho de manifestaci\u00f3n, el proyecto, aprobado en febrero con la abstenci\u00f3n de 50 diputados de la mayor\u00eda presidencial, acabar\u00eda suspendido en parte por el Consejo de Estado.<\/p>\n<p>El poder judicial tambi\u00e9n interviene. Hasta mediados de enero, de las 5.000 personas que hab\u00edan sido arrestadas (llegaron a 9.000 a principios de abril), cerca de millar y medio fueron condenadas en procedimientos de urgencia a penas de multa o a varios meses de c\u00e1rcel (en Francia, el juez puede decretar que sean firmes las penas inferiores a dos a\u00f1os). En las 20 primeras semanas, el empleo masivo de granadas ensordecedoras y de pelotas de goma (alrededor de 10.000) hab\u00eda causado 3.000 heridos, un centenar largo muy graves (22 hab\u00edan perdido un ojo, y otros cinco, una mano). Las fuerzas del orden, por su parte, sufrieron 1.200 heridos y, agobiados por la falta de descanso, pagaron un tributo de 28 suicidios en cuatro meses, multiplicando por siete la tasa habitual.<\/p>\n<p>Si bien el partido gubernamental (Rep\u00fablica en Marcha, REM) fracas\u00f3 en su intento de convocar a los \u201cpa\u00f1uelos rojos\u201d para pedir el restablecimiento del orden, la revuelta social empez\u00f3 a dar se\u00f1ales de estancamiento. Veinte semanas despu\u00e9s de su eclosi\u00f3n, el movimiento que se afirma apol\u00edtico parec\u00eda desorientado. Si bien numerosos \u201cchalecos amarillos\u201d provienen de los movimientos sociales, la ausencia sobre el terreno de militantes organizados es pr\u00e1cticamente total. Dicho esto, tanto la extrema derecha (Reagrupaci\u00f3n Nacional, ex Frente Nacional) como la extrema izquierda (trotskistas y anarquistas) han intentado inclinar la movilizaci\u00f3n a su favor en las redes sociales, al presentarla como una confirmaci\u00f3n de sus tesis, lo cual da a veces la sensaci\u00f3n de confusi\u00f3n ideol\u00f3gica. La aparici\u00f3n a mediados de febrero de algunos lemas antisemitas (muy minoritarios) fue aprovechada por la prensa y la televisi\u00f3n para alertar a la opini\u00f3n p\u00fablica del peligro de que un movimiento sin otro ideario que la denuncia de las desigualdades y el rechazo de las \u00e9lites derivara hacia un modelo totalitario.<\/p>\n<p>Al cabo de tres meses de agitaci\u00f3n ya se perfilaba que la carencia de estructuras organizativas comenzaba a dejar sin fuelle el movimiento y numerosos activistas dudaban de los pr\u00f3ximos pasos a seguir. La eventual presentaci\u00f3n de una candidatura a las elecciones europeas de mayo no lleg\u00f3 a cuajar. A principios de marzo, al cabo de 16 semanas consecutivas de manifestaciones, el movimiento parec\u00eda desembocar en un callej\u00f3n sin salida. Resist\u00eda, pero no consegu\u00eda progresar y mucho menos imponerse. El debate nacional, conducido h\u00e1bilmente por el poder no suscit\u00f3 gran entusiasmo y abundaban quienes cre\u00edan que sus conclusiones, cuando llegaran a ver la luz, ser\u00edan manipuladas. Por supuesto, los motivos de la revuelta perduraban pese a las aparentes concesiones, y no se vislumbraba ninguna soluci\u00f3n a los problemas cotidianos denunciados por los \u201cchalecos amarillos\u201d. Pero el \u00edmpetu inicial se iba debilitando. Sin coordinaci\u00f3n con los sindicatos, los dos intentos de huelga general fracasaron y la movilizaci\u00f3n callejera iba retrocediendo semana tras semana, reuniendo tan solo a unas pocas decenas de miles de personas.<\/p>\n<p>En ese contexto, que auguraba el fin de la revuelta, el s\u00e1bado 16 de marzo la violencia volvi\u00f3 a brotar en Par\u00eds con una intensidad que no se ve\u00eda desde diciembre. Los comercios de lujo y los quioscos de la avenida de los Campos El\u00edseos quedaron arrasados y el restaurante Fouquet\u2019s, s\u00edmbolo de la \u00e9lite adinerada, fue incendiado. Saltaron todas las alarmas. El prefecto de polic\u00eda fue cesado, se anunci\u00f3 que el ej\u00e9rcito se encargar\u00eda de proteger los edificios p\u00fablicos y se prohibieron las manifestaciones en los lugares c\u00e9ntricos que hab\u00edan sufrido algaradas, tanto en Par\u00eds como en las ciudades de provincia (en especial Burdeos, Toulouse, Niza, Lille y Montpellier). Tambi\u00e9n se increment\u00f3 la cuant\u00eda de las multas infligidas y se intensificaron los controles de identidad a la salida de las estaciones de metro y ferrocarril.<\/p>\n<p>Las medidas parecieron surtir efecto, aunque prosiguen las protestas de cada s\u00e1bado, algo atenuadas en medio de cierto silencio medi\u00e1tico. En contrapartida, la popularidad de Macron y del gobierno van recuper\u00e1ndose (todav\u00eda por debajo del 30 %), mientras que la de los \u201cchalecos amarillos\u201d retrocede poco a poco, en especial despu\u00e9s de las destrucciones del 16 de marzo, cuando cae por debajo del 50 %.<\/p>\n<p><strong>El conflicto entra en punto muerto<\/strong><\/p>\n<p>Al no conseguir acabar con la crisis, y en un intento de mostrar su sinton\u00eda con las aspiraciones populares, el presidente decide dirigirse a la naci\u00f3n el 18 de abril para anunciar las medidas que corresponder\u00edan a las conclusiones del debate nacional desarrollado en el primer trimestre. Deber\u00e1 aplazar su intervenci\u00f3n una semana, ya que aquel d\u00eda se declara un pavoroso incendio en Notre Dame, la catedral de Par\u00eds, que estuvo a punto de derrumbarse. La conmoci\u00f3n nacional es inmensa, y Macron promete restaurar el templo en cinco a\u00f1os (contra el parecer de numerosos expertos, para quienes las obras durar\u00e1n de 10 a 20 a\u00f1os). Al d\u00eda siguiente, los due\u00f1os de las tres primeras fortunas de Francia ofrecen 400 millones de euros para la restauraci\u00f3n, y uno de ellos renuncia a la desgravaci\u00f3n fiscal del 75 % de la donaci\u00f3n. Antes de que acabe la semana, el mundo empresarial y diversas instituciones p\u00fablicas elevan a mil millones de euros los fondos recogidos. La opini\u00f3n p\u00fablica, en especial los sectores menos pudientes, recibe con desagrado esa repentina lluvia de millones, al compararla con la falta de medios que casi siempre se aduce para no atender las demandas populares. El 20 de abril, los \u201cchalecos\u201d vuelven a congregarse en una jornada poco violenta, en la que se oyen exhortaciones a la polic\u00eda para que se unan a los manifestantes en vez de suicidarse.<\/p>\n<p>La alocuci\u00f3n presidencial del 25 de abril resulta decepcionante para el 63 % de los consultados. Las medidas presentadas como el b\u00e1lsamo que zanjar\u00eda la crisis son, en efecto, bastante anodinas. Sin entrar en detalle sobre la forma de repartirse, ofrece una reducci\u00f3n de impuestos a las rentas bajas y medias por un importe de 5.000 millones, aunque no se reimplantar\u00e1 el impuesto sobre la fortuna, una de las reivindicaciones esenciales de los \u201cchalecos amarillos\u201d. Las pensiones inferiores a 2.000 \u20ac se revalorizar\u00e1n seg\u00fan la inflaci\u00f3n a partir de 2020 y las otras a partir de 2021. Se contempla, adem\u00e1s, la posibilidad de efectuar referendos por iniciativa popular con un mill\u00f3n de firmas (en vez de los 4,5 millones exigidos actualmente). En un intento de lograr un mayor equilibrio entre las \u00e1reas urbanas y rurales, y sin entrar en detalles, se proceder\u00e1 a cierta descentralizaci\u00f3n. Tambi\u00e9n propone reducir el n\u00famero de parlamentarios y cerrar la prestigiosa y elitista Escuela Nacional de Administraci\u00f3n (ENA), actual vivero de altos cargos. Si bien en alg\u00fan momento consider\u00f3 \u201cjustas\u201d las primeras peticiones del movimiento, el presidente insisti\u00f3 en la necesidad de mantener los objetivos modernizadores de su mandato y no dud\u00f3 en reprochar a sus compatriotas que trabajaran menos horas que sus vecinos.<\/p>\n<p>En consecuencia, la manifestaci\u00f3n sindical del 1 de mayo fue una de las m\u00e1s concurridas de los \u00faltimos a\u00f1os. En ella confluyeron sindicalistas,\u00a0 simpatizantes de partidos de izquierda, \u201cchalecos amarillos\u201d y los <em>Black blocs<\/em>violentos. Fue otra batalla campal en la que la polic\u00eda se excedi\u00f3 una vez m\u00e1s en el uso de la fuerza, seg\u00fan algunos periodistas que la sufrieron. Salvo casos aislados, esa violencia, ejercida desde hace semanas, corresponde a las \u00f3rdenes recibidas. Muestra que para derrotar al movimiento popular, el poder pol\u00edtico conf\u00eda en la represi\u00f3n (y en el cansancio de la mayor\u00eda silenciosa, como ocurri\u00f3 en Mayo del 68). Sin embargo, la revuelta ha demostrado su capacidad de resistencia, pese a no tener, al menos por ahora, la suficiente fuerza pol\u00edtica y num\u00e9rica para inclinar la balanza a su favor. La situaci\u00f3n est\u00e1 por ello en un punto muerto, pero cualquier lance inesperado puede romper un equilibrio tan fr\u00e1gil.<\/p>\n<p>Tras el estallido de los suburbios de los barrios marginales en 2005 y los atentados yihadistas de 2015, Francia se hunde otra vez en la incertidumbre.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Chalecos amarillos. En ocasiones Francia parece agotada, cansada de s\u00ed misma, encerrada en una crisis cr\u00f3nica de achaques sucesivos que la dejan desmoralizada y sin grandes esperanzas ni rumbo definido. 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