{"id":179,"date":"2010-07-15T17:49:10","date_gmt":"2010-07-15T15:49:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/querido-tadzio\/"},"modified":"2023-12-29T13:45:11","modified_gmt":"2023-12-29T12:45:11","slug":"querido-tadzio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/querido-tadzio\/","title":{"rendered":"Querido Tadzio\u2026"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-178 aligncenter\" style=\"width: 550px; height: 198px;\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/R%40mbla%20Tomas%20Mann.jpg\" alt=\"alt\" width=\"1538\" height=\"553\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">No en los m\u00e1rgenes de Atenas, ni bajo el cielo fulgurante de Tesalia, pero s\u00ed en una isla a la que el encierro del mar presta la irrealidad necesaria que siempre la lejan\u00eda concede a la experiencia del amor, el protagonista de <em>Muerte en Venecia <\/em>cede y rinde todas sus fuerzas ante los mensajes, los hechizos y las magias de la belleza. La belleza le habla, como siempre ocurre en estos casos, desde el cuerpo perfecto de un ser que resplandece en la blandura del juego, adornado por un silencio como el que guarda a una flor cerrada que despunta, como el de un paisaje imaginado con la mente. Pero ah\u00ed est\u00e1, jugando en la playa de Lido, haciendo y deshaciendo castillos en la arena, un Apolo ni\u00f1o ensimismado, y la fuerza del mensaje arrastra por las calles de Venecia a un hombre al que el viaje \u2013buscado, s\u00ed, pretendido con una juvenil ansia de estar lejos\u2013 ha arrancado de la fiabilidad insensible de sus cuatro paredes. Una vez que Aschenbach ha aceptado convivir con la amenaza que transportan unas negras g\u00f3ndolas que hacen pensar en elegantes ata\u00fades, una vez que ha experimentado con dolor que no habr\u00e1 para \u00e9l segunda vez en esa ciudad inh\u00f3spita, una vez que reconoce que es la belleza encontrada en la isla enferma la \u00fanica raz\u00f3n de su pesar ante la perspectiva de una vuelta a casa, una vez que ha comprendido todo eso, Aschenbach puede entregarse con la media consciencia de un loco de amor a la caza furtiva del milagro n\u00f3rdico. Por unos instantes Lido no es Lido, sino el paisaje en el que los griegos situaban la c\u00faspide de la felicidad, que s\u00f3lo tiene espacio en la muerte: quienes han cumplido su existencia con belleza disfrutan del ocio eterno en un paraje m\u00e1s all\u00e1 del invierno y de la lluvia, m\u00e1s all\u00e1 del trabajo, entregados a un juego divino que refresca la dulzura de las brisas y los frutos ti\u00f1en con la luz brillante de su oro. Por un instante la playa es el rinc\u00f3n celeste descrito por Homero. Pero no s\u00f3lo aqu\u00ed los griegos marcan el camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Ante un rapto semejante por la belleza no puede sino dejarse o\u00edr a lo lejos la voz de una \u00e9poca que conoc\u00eda el secreto: los bellos mueren pronto. Aschenbach lo ve a trav\u00e9s de la blancura de la piel adolescente, y se dice varias veces a s\u00ed mismo que el muchacho no conocer\u00e1 nunca los estragos de la vejez. La diosa Eos abdujo a Ori\u00f3n; Jacinto perece al ser pretendido por dos dioses de distinto poder, pero capaces ambos de fulminar al hombre, y el propio Aschenbach, ese erudito consagrado al trabajo solitario, sabe que S\u00e9mele muri\u00f3 ardiendo ante el esplendor de la belleza divina: Zeus es esto y esto m\u00e1s de lo que el mortal puede resistir. Al final, el bello adolescente mover\u00e1 su mano indicando el camino por el que en otros tiempos Hermes conduc\u00eda de la mano al espectro que queda en la muerte, gui\u00e1ndolo hacia la sombra quieta y definitiva. Caminando entre las aguas Tadzio se gira, mira otra vez al feo enamorado que durante semanas lo ha venido persiguiendo incansablemente con la vista. Ya est\u00e1 todo hecho; el viaje ha terminado; Aschenbach cumple por fin con la tarea encomendada por la ciudad enferma. La inversi\u00f3n de la inversi\u00f3n \u2013S\u00f3crates no mor\u00eda, pero tampoco era \u00e9l quien persegu\u00eda a Alcib\u00edades\u2013 recupera sin embargo la forma del m\u00e1s excelso amor: es el que ama quien est\u00e1 entusiasmado, es \u00e9l quien tiene el dios dentro, por eso su muerte es justicia a la belleza, es morir en la belleza. Los suaves cortejos en los alrededores de Atenas pose\u00edan la fuerza inusitada de quien sabe quedarse en su lugar. S\u00f3crates no ced\u00eda, Fedro no guiaba; Alcib\u00edades era burlado, S\u00f3crates se marchaba victorioso. En Venecia la muerte es el final de un sabio que no supo conducirse con lo bello, pues pese a los estremecimientos, los retrocesos, el pudor, el llanto, el no-poder-hablar-no-poder-ya-ver, S\u00f3crates, a diferencia de Aschenbach, que s\u00f3lo lo intu\u00eda en su delirio erudito, no confunde las esferas, mantiene la distancia que el solitario alem\u00e1n va acortando cada vez m\u00e1s hasta tener al joven a s\u00f3lo seis pasos, durante esa chanza de muerte que gesticula a las puertas del hotel. Y no casualmente el tinte en su pelo y el\u00a0 maquillaje sobre sus arrugas expresan que ha perdido los papeles. Aquel anciano estridente que pretend\u00eda confundirse con la belleza de los j\u00f3venes, y que \u00e9l hab\u00eda abominado con horror, se ha pegado como un doble a sus enfermas carnes de viejo. Pero es bello morir justo cuando el ser amado se vuelve una vez m\u00e1s hacia nosotros, prodig\u00e1ndonos lo \u00faltimo que del mundo querr\u00edamos ver. La distante sonrisa de Tadzio es, en efecto, el regalo fatal que permite al artista morir como lo que verdaderamente es.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No en los m\u00e1rgenes de Atenas, ni bajo el cielo fulgurante de Tesalia, pero s\u00ed en una isla a la que el encierro del mar presta la irrealidad necesaria que siempre la lejan\u00eda concede a la experiencia del amor, el protagonista de Muerte en Venecia cede y rinde todas sus [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":31,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-179","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Querido Tadzio\u2026 - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/querido-tadzio\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Querido Tadzio\u2026 - 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