{"id":1697,"date":"2012-05-15T02:08:21","date_gmt":"2012-05-15T00:08:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/estaban-seguros-que-saldrian-adelante\/"},"modified":"2023-12-29T13:44:09","modified_gmt":"2023-12-29T12:44:09","slug":"estaban-seguros-que-saldrian-adelante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/estaban-seguros-que-saldrian-adelante\/","title":{"rendered":"Estaban seguros de que saldr\u00edan adelante"},"content":{"rendered":"<p>Apenas la mujer se solt\u00f3 a gemir Herbert prest\u00f3 atenci\u00f3n a la pantalla del ordenador. Le calcul\u00f3 cincuenta a\u00f1os, no m\u00e1s, un trabajo con a\u00f1os de servicio y una ruptura de pareja. As\u00ed como hab\u00eda hecho con la clienta anterior, Herbert a ella tambi\u00e9n le asegur\u00f3 toda la pasi\u00f3n del mundo y agreg\u00f3 que de una vez abriera mejor las piernas. Listo: ahora reci\u00e9n la estaba empezando a\u00a0 penetrar.<\/p>\n<figure style=\"width: 550px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/Estaban%20%20%281%29.jpg\" alt=\"alt\" width=\"550\" height=\"198\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Sentada sobre una de las sillas de cocina o en el cuarto de servicio; como a ella mejor le \u201cparezca\u201d (nunca mejor dicho) Vamos: lo de siempre. Vamos: Herbert se puso erecto pero ya no tuvo tiempo de correrse. Vamos: tampoco quiso. Para qu\u00e9 manchar, pens\u00f3. Vamos; vamos: aceler\u00f3 la situaci\u00f3n, apag\u00f3 la c\u00e1mara de v\u00eddeo. Los llantos proven\u00edan del cuarto.<\/p>\n<p>Ocurre que ya no bastaban los brazos para arrullar a Milena. Hab\u00eda que ponerle el chupete y organizarse con la paciencia; caminar con ella en brazos, colocarla frente a la pared gris, frente al florero verde, a un lado de la puerta de vidrio amarillo que le gustaba observar. Sin embargo ahora todo parec\u00eda falsa alarma: Milena en cosa de segundos se hab\u00eda vuelto a dormir. Su moflete derecho pegaba con el edred\u00f3n, los bracitos extendidos, en plan derrota y una mueca de prolongado cansancio, acompa\u00f1ado de su respirar mocoso y profundo de beb\u00e9.<\/p>\n<p>Durante todo el tiempo que Milena se entregaba al sue\u00f1o, en el estudio de la casa y a puerta cerrada Herbert consegu\u00eda atender a tres, incluso cuatro clientas todos los d\u00edas. Ya con Bertha de vuelta en casa, intensificaba su tarea y se le hac\u00eda f\u00e1cil: gemir, ofrecer posturas y expresarse con esa voz impostada que hac\u00eda m\u00e1s vibrantes las situaciones que \u00e9l hab\u00eda aprendido a forzar. Pero aquel d\u00eda ten\u00eda otros matices; cierto era pues que Bertha hab\u00eda avisado: una hora m\u00e1s permanecer\u00e9 en la oficina, eso dijo; para que el jefe\u00a0 no la pusiera a ella tambi\u00e9n en la lista negra de los que ten\u00edan los d\u00edas contados en la empresa.<br \/>\nEn consecuencia Herbert sab\u00eda que toda la tarde y parte de la noche se tendr\u00eda que apa\u00f1ar s\u00f3lo con Milena.<\/p>\n<p>Antes de liberar la l\u00ednea para atender una pr\u00f3xima llamada prefiri\u00f3 ir a la cocina: prepar\u00f3 el segundo biber\u00f3n, lo agit\u00f3 y listo: si acaso Milena despertaba en llanto, Herbert tendr\u00eda que pillar el biber\u00f3n, dos baberos absorbentes y al ataque.<\/p>\n<p>Entrada la ma\u00f1ana el sol de tan intenso hab\u00eda conseguido iluminar los tejados; pero por la tarde el peso fuerte del clima hab\u00eda hecho del cielo una capa gris que le hab\u00eda arrancado el brillo a todo. Salvo el ruido de algunos p\u00e1jaros no se escuchaba nada en la calle. Suerte que Herbert y Bertha encontraran piso de alquiler en una zona de tranquilas esquinas comerciales. No ten\u00edan queja en relaci\u00f3n al portal, aunque les inquietaba\u00a0 desconocer\u00a0 si s\u00f3lo\u00a0 los vecinos del primer piso ten\u00edan acceso a esa espaciosa \u00e1rea verde compuesta por \u00e1rboles que durante la primavera prefer\u00edan podar y que Herbert y Bertha atisbaban desde la terraza o la habitaci\u00f3n, a veces con Milena en brazos. Ten\u00edan un parque a pocas calles; por eso tampoco le daban importancia.<\/p>\n<p>En el\u00a0 intermedio que se traduc\u00eda en un breve descanso de todas aquellas llamadas entrantes que se desviaban desde una centralita, Herbert hab\u00eda cogido en brazos a Milena y la hab\u00eda sacado a dar su vuelta al parque. Se hab\u00eda sentado en la banca habitual a guardarle el sue\u00f1o; rindi\u00e9ndose en algunos momentos a la simple contemplaci\u00f3n. Al cabo de una hora Milena hab\u00eda despertado para entretenerse con los ojos puestos en las hojas de los \u00e1rboles que se agitaban con el viento. Se hab\u00eda re\u00eddo con humana intensidad para de inmediato despertar la atenci\u00f3n de se\u00f1oras y se\u00f1ores, damas y caballeros, chicas y chicos que encontraban un goce curioso cuando la vida les pon\u00eda a la vista\u00a0 los ojos de esa peque\u00f1\u00edsima condenada.<\/p>\n<p>Una vez en casa Herbert se dio tiempo para cocinar r\u00e1pido. Puso en marcha la sart\u00e9n, pic\u00f3 cebolla, dos tomates y verti\u00f3 tambi\u00e9n unos tacos de pollo, adem\u00e1s de trozos de pimiento verde. Antes de que Milena se soltara en llanto, la acomod\u00f3 en la hamaquita y arrastr\u00f3\u00a0 el curvado soporte met\u00e1lico que la sujetaba, hasta la puerta de la cocina.<\/p>\n<p>Luego de comer de prisa, baj\u00f3 el volumen del ring telef\u00f3nico y liber\u00f3 la l\u00ednea para que ingresara otra llamada. Le entraron seis clientas seguidas, en cada una se tard\u00f3 una media de quince minutos, en dos incluy\u00f3 la erecci\u00f3n en c\u00e1mara, en la tercera, cuarta y quinta\u00a0 los gemidos parec\u00edan bailar con su propio pie, en la \u00faltima, le toc\u00f3 hablar con una mujer mayor que se rehusaba a dejarse ver por c\u00e1mara y cuya voz tr\u00e9mula le exig\u00eda a \u00e9l que hablara un poco m\u00e1s, porque lo estaba pasando mejor que nunca.<\/p>\n<p>Milena despert\u00f3 llorando. Herbert abri\u00f3 los ojos como si hubiera participado de un encuentro celestial. Ten\u00eda claro que aquella clienta de edad avanzada estaba dispuesta a continuar sujeta al tel\u00e9fono, tiempo suficiente como para invertir toda su jubilaci\u00f3n, cosa que parec\u00eda no importarle, pero a Herbert s\u00ed porque lo beneficiar\u00eda tanto a \u00e9l como a la empresa para la que trabajaba; por eso, antes que perderla condujo a Milena en la hamaquita a la puerta del estudio y ah\u00ed la detuvo.<\/p>\n<p>Milena atisbaba a su padre con ojos chiflados. Parec\u00eda\u00a0 envuelta en una curiosidad impenetrable, tan es as\u00ed\u00a0 que del llanto pas\u00f3 a los ruidos con la boca que se fueron sumando a los gestos y chillidos que se confund\u00edan con los gemidos de su padre.Pasaban de las ocho de la tarde cuando lleg\u00f3 Bertha. Estaba p\u00e1lida y con la evidencia de una mala noticia en el rostro. El tel\u00e9fono son\u00f3 nuevamente y en vez de atender la llamada, de inmediato Herbert lo apag\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Me dijiste a las siete<\/p>\n<p>\u2014Se complic\u00f3<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY entonces?<\/p>\n<p>\u2014Pero si ya lo ven\u00edamos imaginando\u2014dej\u00f3 su bolso en el sof\u00e1\u2014. Estaba harta ya de esa empresa. Pero nunca pens\u00e9 que lo har\u00edan sin m\u00e1s. Toda la planta a la calle: Toda la planta. \u00bfSabes lo que significa eso?<\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s Herbert convenci\u00f3 a Bertha para que viera en la compra del ordenador port\u00e1til una inversi\u00f3n antes que un gasto innecesario. La reanim\u00f3, intent\u00f3 levantarle la moral, inst\u00e1ndola a que probara masturb\u00e1ndose o en todo caso se masajeara el cl\u00edtoris con un par de bolas chinas. Despu\u00e9s de todo qu\u00e9 le costaba a ella: nada. No siempre ten\u00eda que aparecer toda su cara en la c\u00e1mara. Deb\u00eda ver si contar una historia al tel\u00e9fono o seguir el hilo de otra cualquiera se le daba con facilidad; a lo mejor ten\u00eda habilidad para las poses, para gemir, el cambio continuo de gestos pues de lo contrario: a repartir curr\u00edculum a diestra y siniestra que, seg\u00fan como estaba el patio era semejante a decir: p\u00fadrete t\u00fa tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Tuvo que venir Hip\u00f3lito Aguizguen, en representaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda: \u201cGolfos y Golfas\u201d y con este, una gaditana de unos veinte a\u00f1os que respond\u00eda al nombre de Keka, y que ten\u00eda algo de machorra, aunque lolas amables y un paso doble como si estuviera pateando pelota, ella instruir\u00eda a Bertha para que \u201centrara en cal\u00f3. Cuanto ante te ponga mej\u00f3\u201d, fue lo primero que le dijo. Las sesiones de aprendizaje duraron varias semanas. Se centraron en la pr\u00e1ctica intensa, en la flexi\u00f3n de piernas, posturas a cuatro patas, rodillas encogidas, gritos de perra, gestos y masajes de teta, palmadas en el cl\u00edtoris y juego de dedos, con las bolas chinas: claro.<\/p>\n<p>Transcurridos quince d\u00edas, una tarde a eso de las seis, Bertha liber\u00f3 el tel\u00e9fono con la l\u00ednea que le correspond\u00eda y se estreno con el nombre de Araceli, ese ser\u00eda su nombre de guerra. Y como Keka hab\u00eda estado escuchando las llamadas a lo largo de los primeros d\u00edas, en su \u201cinforme de riesgo\u201d, unas simples hojas donde anotaba todo lo que hab\u00eda escuchado, escribi\u00f3 que\u00a0 \u201cBertha deb\u00eda mejor\u00e1 alguna que otra cosilla pero no se le daba ma el temilla a la ni\u00f1a, vamo que eso s\u00ed que r\u00e1pido aprende, motraba inter\u00e9, ten\u00eda vo atenta y poca palabrer\u00eda, iba m\u00e1 all\u00e1, a motiv\u00e1 lo que es motiv\u00e1 ar criente\u201d por la deducci\u00f3n anterior, Keka consideraba que Bertha era un diamante en bruto que se podr\u00eda moldear. Al d\u00eda siguiente Bertha recibi\u00f3 una llamada de \u201cGolfos y Golfas\u201d Le dieron la buena nueva para que pasara por la oficina a firmar contrato.<\/p>\n<p>A veces cuando frente a un cliente Bertha se masturbaba, sus gritos coincid\u00edan\u00a0 con los s\u00fabitos llantos de Milena que despertaban a lo grande para seguidamente quedarse dormidita, y es que ah\u00ed estaba el padre dispuesto y en su defecto, la atenci\u00f3n inmediata de la madre, ahora la\u00a0 ten\u00edan con ellos como una presencia divina: las veinticuatro horas del d\u00eda.<\/p>\n<p>En pocas semanas Bertha consolid\u00f3 una cartera de clientes y en la oficina de Golfos y Golfas, las conversaciones que la inclu\u00edan a ella se adornaban con una sonrisa ya que sus carnes y poses, sus palabras, variedad en el estilo y formas de improvisar; se traduc\u00edan en beneficio.<\/p>\n<p>Herbert y Bertha se dieron cuenta que se les facilitar\u00edan las cosas si\u00a0 se cern\u00edan a cumplir un horario de trabajo. Por eso, en adelante Herbert ocupaba las ma\u00f1anas, en tanto Bertha sacaba a Milena para que diera una vuelta en el parque. Herbert cocinaba, ten\u00eda habilidad para la cocina, s\u00ed, aunque hab\u00eda veces que Bertha tra\u00eda de la calle pollo rostizado; chino y a veces del tailand\u00e9s, ocurr\u00eda siempre que el d\u00eda anterior hab\u00eda sumado una docena de clientes que le llenaban los casilleros de su cuenta Paypal; pero claro, de tantas horas frente al ordenador o al tel\u00e9fono acababa exhausta. Ella prefer\u00eda las tardes, despu\u00e9s de darle la tercera toma a Milena, la cog\u00eda en brazos y la hac\u00eda dormir y entonces se sentaba frente a su nuevo port\u00e1til a esperar. Ya sab\u00eda mirar a la c\u00e1mara y descubri\u00f3 que rendida en el sof\u00e1, adem\u00e1s de despertar m\u00e1s inter\u00e9s\u00a0 se encontraba muy a gusto.<\/p>\n<p>Cerca de fin de a\u00f1o el negocio empez\u00f3 a flaquear, por ello decidieron elaborar un v\u00eddeo conjunto que se distribuir\u00eda solo para suscriptores, pero el no saber posicionarse en Internet, impidi\u00f3 que a la gente se le despertara el apetito por adquirirlo, aunque bueno, de tanto en tanto, les sorprend\u00eda ver por ejemplo que en una semana doscientas personas hubieran visitado la p\u00e1gina para ver el clip de un minuto y, en consecuencia, mostrar inter\u00e9s en recibir una copia.<\/p>\n<p>Aunque segu\u00edan recibiendo llamadas de Golfos y Golfas, el deterioro econ\u00f3mico les estaba pasando factura. Ten\u00edan apretado el cintur\u00f3n pero cada d\u00eda se sent\u00edan ahorcados. Un d\u00eda a Bertha un cliente le dijo: lo que pasa es que a m\u00ed me gustar\u00eda mejor un trato personalizado \u00bfY por qu\u00e9 no?, pens\u00f3 ella. Llegados a este punto qu\u00e9 de malo hab\u00eda en pasar la barrera del contacto f\u00edsico. A Herbert le sicose\u00f3 que ahora su mujer fuera la m\u00e1s interesada en abandonar lo virtual para ir en\u00a0 busca de la caricia fija. Pero \u00e9l tambi\u00e9n se dio cuenta que no les quedaba ya m\u00e1s,\u00a0 si quer\u00edan seguir pagando la hipoteca.<\/p>\n<p>La prima de riesgo se hab\u00eda disparado a 600 puntos, el ochenta por ciento de los j\u00f3venes menores de 25 a\u00f1os no ten\u00eda trabajo, quienes\u00a0 ten\u00edan medios de subsistencia y un m\u00ednimo de arrojo cog\u00edan sus cosas y se largaban a Alemania, otros eleg\u00edan Brasil; a China incluso; ya casi nadie pod\u00eda llegar a fin de mes con trabajos precarios, la iglesia segu\u00eda con sus pataletas de siempre, en los informativos de televisi\u00f3n, las palabras: crisis, d\u00e9ficit, hundimiento, ca\u00edda, rescate, miedo, rechazo, asesinato, suicidio, clima y futuro se repet\u00edan todos los d\u00edas con una media de quinientas veces a la semana, el precio del transporte p\u00fablico se hab\u00eda disparado de tal manera que mucha gente lo hab\u00eda remplazado por bicicletas y largas caminatas, lo que trajo consigo el incremento en la venta de zapatillas. A todo ello hab\u00eda que sumarle el gobierno de derecha que ve\u00eda en el aborto, en las parejas mixtas y en las diferencias sexuales, pecados mortales. Hab\u00eda que actuar r\u00e1pido para seguir haciendo \u201ccash\u201d antes de que nos hagan \u201ccrash\u201d a todos porque en una de tantas leyes, en cualquier momento sacan la ley de la intervenci\u00f3n telef\u00f3nica en paquete junto con la intervenci\u00f3n domiciliar para ver si ya se desintegraron las familias que tienen a todos sus miembros en paro.<\/p>\n<p>Para que en el vecindario no despertara sospechas y dado que Milena ya entonces daba sus primeros pasitos, ambos estuvieron de acuerdo en\u00a0 preguntar a los vecinos del primero si era posible que Milena jugase con todos los otros ni\u00f1os pues necesitaba respirar un poco de aire natural y ellos, los padres, tambi\u00e9n necesitaban respirar aunque fuera a base de sudores ajenos. Encantados quedaron los vecinos del primero, recib\u00edan con la boca abierta la sonrisa conquistadora de Milena y envueltos en asombro celebraban lo bien que se portaba esa condenada ni\u00f1a, frente a la gente que no conoc\u00eda.<\/p>\n<p>Condenada para toda la vida; s\u00ed.<\/p>\n<p>Para tener un m\u00ednimo de intimidad Herbert recib\u00eda a sus clientas en el estudio. Bertha hac\u00eda lo propio en la habitaci\u00f3n. Creyeron oportuno para evitar ruidos, deshacerse del timbre. Una vez pactado tiempo y precio, advert\u00edan que desde abajo el cliente o clienta, hiciera una llamada perdida para que de manera inmediata le pudieran abrir la puerta. As\u00ed no se sobresaltaba Milena y as\u00ed no despertaban sospecha entre el vecindario, aunque a los vecinos les hab\u00eda empezado a extra\u00f1ar la presencia de tanta gente desconocida desfilando de arriba para abajo por las escaleras.<\/p>\n<p>Ambos pasaban de los treinta a\u00f1os, todav\u00eda ten\u00edan algo de j\u00f3venes y, se podr\u00eda decir que sin ser guapos, en los ojos ajenos todav\u00eda despertaban la luz de cierto atractivo; ambos eran personas normales, con deseos de estar al d\u00eda con las nuevas tendencias, sin dejar de lado la necesidad de tener el frigor\u00edfico todo el tiempo lleno de comida. A los dos les ocurr\u00eda que mientras atend\u00edan un cliente escuchaban abajo los gritos de felicidad de Milena, por las noches cuando estaban en la cama con la luz apagada, ambos coincid\u00edan que le ense\u00f1ar\u00edan a esa hija \u00fanica que tendr\u00edan en la vida, todas las maneras posibles de espabilarse, desde temprana edad la animar\u00edan a que aprendiera ingl\u00e9s, adem\u00e1s de los estudios superiores: ingenier\u00eda, medicina, inform\u00e1tica. Tambi\u00e9n le dir\u00edan que no estar\u00eda mal si por las tardes se mete a puta; o a lo mejor puta de alto standing las veinticuatro horas del d\u00eda. En cuanto a lo otro: estaban seguros que saldr\u00edan adelante.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Apenas la mujer se solt\u00f3 a gemir Herbert prest\u00f3 atenci\u00f3n a la pantalla del ordenador. Le calcul\u00f3 cincuenta a\u00f1os, no m\u00e1s, un trabajo con a\u00f1os de servicio y una ruptura de pareja. 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