{"id":15870,"date":"2018-05-11T07:36:26","date_gmt":"2018-05-11T05:36:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=15870"},"modified":"2021-12-10T16:46:55","modified_gmt":"2021-12-10T15:46:55","slug":"el-precariado-explotacion-de-nuestro-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/el-precariado-explotacion-de-nuestro-tiempo\/","title":{"rendered":"El precariado, explotaci\u00f3n de nuestro tiempo"},"content":{"rendered":"<p>Emergente desde finales del siglo pasado, el precariado es una clase social formada por los trabajadores mal pagados y sin ingresos regulares, que son aut\u00f3nomos o alternan per\u00edodos de desempleo con contratos de trabajo de corta duraci\u00f3n y muchas veces a tiempo parcial. Como el proletario cl\u00e1sico, a menudo asimilado de forma simplista al obrero, el precario no dispone de capital ni de medios de producci\u00f3n (aunque a veces tenga que pagarse su material de trabajo). Si las luchas sociales, el desarrollo de los sindicatos y pol\u00edticas de corte socialdem\u00f3crata hab\u00edan permitido una mejora progresiva de las condiciones de vida de los trabajadores, la generalizaci\u00f3n del precariado supone una regresi\u00f3n social que aboca a la pobreza y reduce el porvenir a una mera supervivencia. Las v\u00edctimas m\u00e1s frecuentes del precariado son los j\u00f3venes de menos de 30 a\u00f1os, las mujeres y los mayores de 45 a\u00f1os aunque vuelvan a encontrar trabajo despu\u00e9s de haber ca\u00eddo en el paro. Favorecido por la par\u00e1lisis de la izquierda y un individualismo feroz, el discurso de los medios de comunicaci\u00f3n presenta el precariado como si fuese una fatalidad. No lo es.<\/p>\n<p>El precariado se ha extendido por todos los pa\u00edses occidentales y se traduce, con el pretexto de mejorar la competitividad de las empresas y de garantizar el bienestar colectivo, en un abandono progresivo y generalizado de los derechos que proteg\u00edan a los trabajadores. A t\u00edtulo indicativo, observemos por ejemplo el contrato de cero horas, implantado en Gran Breta\u00f1a desde 1996 y que tiende a ser adoptado en otros pa\u00edses con diversos nombres. Este contrato no estipula horario alguno ni fija la duraci\u00f3n de su vigencia. El empleado, que debe estar a disposici\u00f3n de la empresa en cualquier momento del d\u00eda, recibe una remuneraci\u00f3n en funci\u00f3n de las horas trabajadas. Seg\u00fan datos oficiales brit\u00e1nicos, en 2015 se registraban 2,8 millones de contratos de ese tipo y lo utilizaban una empresa de cada diez. Hablar de semiesclavitud ser\u00eda seguramente hacer gala de un trasnochado radicalismo de izquierda. Desde la crisis iniciada en 2008, el precariado abarca todos los sectores de actividad, desde los menos cualificados hasta los m\u00e1s especializados, como puede verse en el caso de Espa\u00f1a.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15871\" aria-describedby=\"caption-attachment-15871\" style=\"width: 950px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-15871 size-full\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD.jpg\" alt=\"\" width=\"950\" height=\"664\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD.jpg 950w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-300x210.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-768x537.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-500x349.jpg 500w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-810x566.jpg 810w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-620x433.jpg 620w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-436x305.jpg 436w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/R@MBLA-PRERCARIEDAD-600x419.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 950px) 100vw, 950px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-15871\" class=\"wp-caption-text\">Ilustra Ricardo Jurado.<\/figcaption><\/figure>\n<h3><strong>El ejemplo de Espa\u00f1a<\/strong><\/h3>\n<p>El precariado sufre las consecuencias materiales y psicol\u00f3gicas de la lacra del desempleo. Espa\u00f1a es, con Grecia, el pa\u00eds europeo que cuenta con m\u00e1s desempleados (16,7 % de la poblaci\u00f3n activa; 37,9 % para los menores de 25 a\u00f1os). En febrero de 2018, cerca de 280.000 familias ten\u00edan a todos sus miembros en paro y m\u00e1s del 40 % de los parados registrados no cobraban prestaci\u00f3n alguna. Cierto, el desempleo parece retroceder en los dos \u00faltimos a\u00f1os, pero el trabajo que se crea es de p\u00e9sima calidad. Cada mes se firman alrededor de un mill\u00f3n y medio de contratos, el 40 % de los cuales dura menos de 30 d\u00edas y apenas 20.000 lo llegan a ser para seis meses o m\u00e1s. Cerca del 40 % de la contrataci\u00f3n mensual es a tiempo parcial, situaci\u00f3n que penaliza sobre todo a las mujeres.<\/p>\n<p>Con la coartada de la crisis, los sueldos decaen desde hace a\u00f1os. <em>La Vanguardia<\/em> del 26 de enero publicaba que el sueldo de un joven de 26 a\u00f1os era de promedio un 33 % inferior al que se pagaba en 2008. Un universitario con m\u00e1ster de cada cuatro cobra menos de 1.000 \u20ac mensuales y cabe recordar que hace doce a\u00f1os el mileurismo se consideraba la prueba de la degradaci\u00f3n de las condiciones salariales. Los sueldos bajos tambi\u00e9n predominan en las universidades, donde el 60 % del personal gana 800 \u20ac al mes o menos. Favorecido por la subcontrataci\u00f3n generalizada y el creciente recurso a las empresas de trabajo temporal para ajustar plantillas, el abanico de los trabajos precarios se amplia cada vez m\u00e1s: personal de limpieza (incluidos hoteles de lujo), camareros, agentes de seguridad privada, dependientes de tienda, pero tambi\u00e9n inform\u00e1ticos, m\u00e9dicos interinos de hospital, investigadores y becarios de todo tipo que, lejos de corresponder a una etapa de formaci\u00f3n, constituyen una fuente inagotable de empleos con sueldos miserables. La escasez de trabajo y las sucesivas reformas laborales han permitido abusos variopintos: trabajo a tiempo completo declarado a media jornada, horas extra obligatorias y no pagadas, por no hablar de los falsos aut\u00f3nomos, o sea empleados regulares sin v\u00ednculo contractual los que deben pagarse la seguridad social (y por tanto no tienen derecho a paro ni a vacaciones ni cobran cuando enferman) y muchas veces deben comprar su material de trabajo.<\/p>\n<p>El PIB anual por capita crece con regularidad (38.000 \u20ac en 2017), tal como lo hace la desigualdad, ya que una peque\u00f1a minor\u00eda acapara la renta disponible. As\u00ed se entiende que un ingeniero cobre en su primer trabajo 13.000 \u20ac anuales brutos y que un repartidor a domicilio de la llamada econom\u00eda colaborativa tenga que trabajar 65 h por semana para cobrar 800 \u20ac a fin de mes. \u00bfHasta cu\u00e1ndo?<\/p>\n<h3><strong>El precariado frente al espejo de los valores<\/strong><\/h3>\n<p>Llamamos valores a los conceptos morales y pol\u00edticos que, m\u00e1s o menos borrosos, se erigen en los referentes aceptados por un grupo social, nacional o supranacional. Mientras los primeros son a menudo de matriz religiosa, los segundos suelen ser una herencia del mundo grecolatino o de la Ilustraci\u00f3n. Los poderes p\u00fablicos suelen remitirse a ellos para afianzar su legitimidad o justificarse cuando adoptan decisiones controvertidas o impopulares. Los valores son, por tanto, una referencia ideol\u00f3gica algo ambigua que favorece la cohesi\u00f3n social y busca tranquilizar las conciencias en los momentos de inquietud. Como son dif\u00edciles de concretar o de verificar, suele decirse que est\u00e1n en crisis y son constantes las alusiones nost\u00e1lgicas a la fortaleza que mostraban en el pasado. Si los valores son sobre todo una herramienta del poder, contrastarlos con la realidad ayuda a revelar hasta qu\u00e9 punto el poder enga\u00f1a cuando afirma o sugiere que est\u00e1n vigentes.<\/p>\n<p>La Europa institucional alardea de valores que pretende encarnar como ning\u00fan otro territorio: derechos humanos, democracia, imperio de la justicia y de la libertad. A estos valores oficiales, cabe a\u00f1adir una ilusi\u00f3n muy arraigada en Europa, al menos hasta la Gran Recesi\u00f3n: la creencia de formar sociedades pac\u00edficas y homog\u00e9neas. Durante d\u00e9cadas, tanto en los medios audiovisuales como en los mensajes pol\u00edticos dominantes, flotaba un optimismo simpl\u00f3n seg\u00fan el cual la poblaci\u00f3n en su conjunto pod\u00eda resolver los problemas que surgieran, sin mayores esfuerzos, tan s\u00f3lo con peque\u00f1as dosis de buena voluntad al alcance de cualquiera. La conflictividad se disimulaba para augurar una felicidad de manual de autoayuda, felicidad sustentada por un buenismo reconfortante y la falacia de que no habr\u00eda m\u00e1s enfrentamientos sociales, ya que la inmensa mayor\u00eda conformaba una clase media hegem\u00f3nica y fraternal, amenazada a lo sumo por enemigos exteriores (comunistas, emigrantes u otros inadaptados).<\/p>\n<p>Pero estos valores europeos, sin duda menos mancillados que en otros lugares, palidecen cuando se observa la obscena realidad de una minor\u00eda ultra rica que sigue enriqueci\u00e9ndose, asentada sobre una clase media menguante y crecientes batallones de excluidos, causa y consecuencia de la precariedad que se ha ido imponiendo. Cierto, los derechos pol\u00edticos (libertad de expresi\u00f3n, reuni\u00f3n y manifestaci\u00f3n) parecen salvaguardados, pero est\u00e1n cada vez m\u00e1s encorsetados por el auge del autoritarismo (a veces aplaudido por la propia poblaci\u00f3n) y la paulatina p\u00e9rdida de privacidad (que facilita el control de las personas).<\/p>\n<p>Con la salvedad de proclamas te\u00f3ricas y de las buenas intenciones de los programas escolares, \u00bfd\u00f3nde pueden rastrearse en la pr\u00e1ctica los derechos sociales de los excluidos de todo tipo (sin olvidar a los miles de inmigrantes que mueren cada a\u00f1o al intentar entrar en Europa)? \u00bfPodemos hablar de democracia si \u00e9sta se reduce a votar de vez en cuando y a permitir un pataleo controlado (cada vez m\u00e1s restringido y perseguido) mientras se olvida por completo el reparto equitativo de la riqueza generada? \u00bfSe puede creer todav\u00eda en la justicia cuando a millones de personas se les priva de la posibilidad de labrarse un futuro? \u00bfDe qu\u00e9 libertad hablamos si no se dan las condiciones materiales para poder ejercerla? El precariado plantea muchas preguntas sin respuesta desde hace tiempo, pero de nosotros depende que las contestemos para que el ma\u00f1ana no sea una repetici\u00f3n del presente.<\/p>\n<h3><strong>Contra la barbarie, reparto de la riqueza<\/strong><\/h3>\n<p>A la explotaci\u00f3n laboral se suma la injusticia fiscal: en Occidente, los ingresos del capital, superiores a los del trabajo, pagan globalmente menos impuestos que los salarios. Adem\u00e1s de afrontar una tasa de imposici\u00f3n inferior, los beneficios empresariales disfrutan de un sinf\u00edn de desgravaciones legales y no tienen dificultades para refugiarse en los para\u00edsos fiscales donde tambi\u00e9n acuden las fortunas de todo pelaje. Se precisa por tanto una profunda reforma fiscal, que restituya a la sociedad los ingresos personales cuando superen un determinado multiplicador de la renta media y penalice a los defraudadores.<\/p>\n<p>La emancipaci\u00f3n social carece ya de sentido para una gran mayor\u00eda, inmersa en una legalidad al servicio de los privilegiados y bombardeada por una ideolog\u00eda persistente y sutil que presenta la sociedad neoliberal como el mejor de los mundos posibles. La \u00e9lite intenta persuadirnos, y lo consigue a menudo, de que la tecnolog\u00eda y la globalizaci\u00f3n son fen\u00f3menos imparables que benefician a todos, si bien los datos econ\u00f3micos muestran que la mundializaci\u00f3n y la explosi\u00f3n tecnol\u00f3gica est\u00e1n sobre todo al servicio de un pu\u00f1ado de privilegiados, due\u00f1os indirectos del poder pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Para revertir la creciente pauperizaci\u00f3n de la gran mayor\u00eda y respetar la tan cacareada democracia, debe exigirse el reparto efectivo de la riqueza generada entre todos. Es una reivindicaci\u00f3n esencial, en la que pueden converger las luchas sectoriales que se presentan en orden disperso. Conseguir dicho prop\u00f3sito es por supuesto un objetivo a largo plazo, inalcanzable sin un cambio cultural radical, que supondr\u00e1 la renovaci\u00f3n moral, social y pol\u00edtica de toda la sociedad y el an\u00e1lisis de las lecciones aportadas por el fracaso del comunismo. Los conflictos de intereses de un mundo tan complejo como el nuestro ser\u00e1n dif\u00edciles de resolver, pero ya se vislumbran algunas soluciones como las que plantea Christian Felber en <em>La sociedad del bien com\u00fan<\/em> (2011): limitar la propiedad y la herencia, reducir el abanico salarial, reformular el sistema financiero, hacer compatibles en la empresa rentabilidad y funci\u00f3n social. Alcanzar tama\u00f1a meta depender\u00e1 del esfuerzo colectivo; pero urge salir de la barbarie del precariado, una esclavitud de nuestro tiempo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Emergente desde finales del siglo pasado, el precariado es una clase social formada por los trabajadores mal pagados y sin ingresos regulares, que son aut\u00f3nomos o alternan per\u00edodos de desempleo con contratos de trabajo de corta duraci\u00f3n y muchas veces a tiempo parcial. 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