{"id":1575,"date":"2012-04-15T19:06:37","date_gmt":"2012-04-15T17:06:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/magia\/"},"modified":"2023-12-29T13:44:10","modified_gmt":"2023-12-29T12:44:10","slug":"magia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/magia\/","title":{"rendered":"Magia"},"content":{"rendered":"<figure style=\"width: 550px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Magia02.jpg\" alt=\"alt\" width=\"550\" height=\"198\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>De c\u00f3mo ocurri\u00f3 todo fue un poco as\u00ed: mat\u00e9 dos p\u00e1jaros de un tiro. Ya entonces la cosa con Adela andaba de capa ca\u00edda pero segu\u00ed aguantando como quien carga una pesada cruz que sujeta otra. La idea de desaparecer de su vida me imped\u00eda dormir tranquilo.<\/p>\n<p>Soportaba en la mesa. Dudaba en el desayuno. En la cama, me sobrecog\u00eda la rabia por mi incapacidad. Mientras\u00a0 cuidaba del ni\u00f1o, al momento de conducirlo a la escuela; cuando ganas no me faltaban de pegarle para que dejara de chillar. Mi vida, m\u00e1s que un acto de contrici\u00f3n se volvi\u00f3 un acto de contenci\u00f3n. Viv\u00eda contenido y\u00a0 con resignada paciencia. Digamos que todo coincidi\u00f3. Fue el azar, un poco. La suerte. Pero nada guardaba relaci\u00f3n con el juego de loter\u00eda. Acepto que varias veces lo intent\u00e9: compraba los numeritos para complacer a mi mujer. Seg\u00fan ella la suerte a veces gira a la vuelta de la esquina, pero otras, avanza dos calles m\u00e1s all\u00e1. Cu\u00e1nta raz\u00f3n ten\u00eda por elucubrar as\u00ed. La posibilidad de generar un cambio a partir de la buena fortuna se torn\u00f3 real. Ya hasta me hab\u00eda vuelto un poco lud\u00f3pata. Cualquier cosa merec\u00eda atenci\u00f3n con tal de no permanecer en casa. Volver era eso: cargar la doble cruz que tanto me segu\u00eda pesando.<\/p>\n<p>Primero, los paquetes blancos; como ladrillos. Charly me alert\u00f3 pero tambi\u00e9n me previno. No pasa nada, dijo. Que todo estaba bajo control; en sus manos. Me las mostr\u00f3 para que viera. Sucias y de largas u\u00f1as pero nada ten\u00eda eso que ver con nuestro trato. Me asegur\u00f3 que la ciudad ten\u00eda ojos y una enorme boca, pero que si yo cumpl\u00eda a rajatabla sus instrucciones, favorecidos saldr\u00edamos todos. Yo deb\u00eda posicionarme como un guardameta\u00a0 en un punto concreto, por las ma\u00f1anas, alrededor de las\u00a0 nueve, con posibilidades de cambiar a las\u00a0 diez.\u00a0 Luego las tardes y\u00a0 ya despu\u00e9s, cuando gozaba de cierta experiencia,\u00a0 la noche se encarg\u00f3 de m\u00ed.\u00a0 Fue ah\u00ed cuando recurr\u00ed a mi valor. Un coche se deten\u00eda. Hac\u00eda besos con sus luces y yo me aproximaba cauteloso. Abr\u00eda la puerta del coche y cog\u00eda un paquete del asiento con una etiqueta que anotaba la direcci\u00f3n a donde deb\u00eda presentarme de prisa porque me estaban esperando.<\/p>\n<p>El peligro estaba en m\u00ed. Pero si yo me rehusaba hab\u00eda quienes por lo mismo arriesgar\u00edan algo m\u00e1s que el pellejo. Claro qued\u00f3 desde el inicio. Si me atrev\u00eda se deb\u00eda a que ya todo me daba igual. A mi mujer le ment\u00ed. Le asever\u00e9 que el\u00a0 empleo lo encontr\u00e9 en un anuncio de peri\u00f3dico, m\u00e1s que nada\u00a0 para que esa paz bastara y pact\u00e1ramos una tregua. Si no me equivoco, al d\u00eda hac\u00eda alrededor de diez entregas. Con el tiempo compr\u00e9 una bicicleta. Luego prefer\u00ed una moto. Y as\u00ed todo casi de manera simple se volvi\u00f3 un trabajo.<br \/>\nLa casa me part\u00eda de agobio. Adela gozaba de talento para evidenciar el error cometido, gozaba restreg\u00e1ndomelo en la cara. Una tarde, mir\u00e1ndola fijamente llegu\u00e9 a creer que a ella le ocurr\u00eda lo mismo.<\/p>\n<p>Antes era el hecho de que nuestro hijo creciera con un padre. Ahora, con el ni\u00f1o en la escuela, el argumento giraba en torno a que atravesaba una edad\u00a0 dif\u00edcil. Postergar la separaci\u00f3n; una manera de seguir juntos. Una manera de aceptar que la vida es as\u00ed. Pero yo creo que a Adela le suced\u00eda\u00a0 lo mismo. Insisto.<\/p>\n<p>En cuanto a los viajes, l\u00f3gico, yo me encargaba del dinero, ella de buscar hotel. Era un mecanismo para la reconciliaci\u00f3n a la que nos entreg\u00e1bamos con instinto juguet\u00f3n. Las escapadas permit\u00edan desconectar de nosotros mismos. Desaparec\u00edamos de la ciudad y de cualquier idea anquilosada en el pasado. Al regreso yo me convenc\u00eda de que vivir al lado de mi mujer era la \u00fanica manera de entender el mundo. Que la vida, segu\u00eda siendo chiquita y no de otra, para bien. Tambi\u00e9n los conciertos. En d\u00edas as\u00ed, la madre de Adela nos ayudaba con el ni\u00f1o. Se portaba bien la madre. Lo hac\u00eda por su hija. Por su nieto. La madre de Adela cuidaba del ni\u00f1o mientras nosotros, con a\u00f1oranza juvenil salt\u00e1bamos en un concierto.\u00a0 Mientas aplaud\u00edamos en un teatro. As\u00ed por la noche, la cama volv\u00eda a chillar como antes. El abrazo no escapaba a la ternura. Las palabras recuperaban aliento. Al menos lo aparent\u00e1bamos bien, porque luego, en la semana, aceptaba que todo no era m\u00e1s que espejismos. Un n\u00famero de ilusi\u00f3n, un n\u00famero de loter\u00eda perdido; nosotros los protagonistas de una contenida desaparici\u00f3n.<br \/>\nUn d\u00eda Adela me dijo:<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 cual de los dos tendr\u00eda que desaparecer<\/p>\n<p>En d\u00edas as\u00ed yo me mord\u00eda los labios y pensaba: no m\u00e1s. Ya no doy m\u00e1s, y entonces el mantel, la comida, cada resquicio de casa se volv\u00eda insoportable. En los rincones del polvo ve\u00eda los ojos de ella. Cuando abr\u00eda la aspiradora o a la hora de lavar y poner la ropa en el tendedero. Pero lo que desataba el conflicto era cuando ven\u00eda tarde de las entregas. Aparcaba la moto, sub\u00eda al piso y entonces a ella le daba por recriminar mis continuas ausencias. En cuanto ve\u00eda el dinero, la cara se le tornaba dulce, como una ni\u00f1a cuando le entregan una mu\u00f1eca nueva y de pronto se olvida de llorar. Adela nunca se preguntaba como hac\u00eda yo para conseguirlo. Como es que de pronto ahora, goz\u00e1bamos bien de\u00a0 todo, gracias a m\u00ed trabajo.\u00a0 A mi esfuerzo. A m\u00ed dedicado trabajo de mensajero. Eso le dije\u00a0 desde el primer momento. Que era un trabajo en una gran empresa. Poco le gustaba tragar a ella, pero Adela se tragaba todita mi versi\u00f3n. De mensajero principiante hab\u00eda pasado a convertirme en mensajero de lujo. Mentir es f\u00e1cil, despu\u00e9s de todo.<\/p>\n<p>Y todo se volvi\u00f3 un poco rutina. Incluso cuando de los paquetes pas\u00e9 a entregar maletines negros de piel. Ya era un nivel superior, digamos.\u00a0 Nunca me ocupaba por averiguar el contenido de tales entregas. Me lo supon\u00eda pero nunca abr\u00eda la maleta. Estaba tan prohibido que ni siquiera daba pie a tema de conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El d\u00eda que not\u00e9 m\u00e1s peso en la maleta me dej\u00e9 vencer por un impulso extremo.\u00a0 Era temprano cuando volv\u00ed a casa. Esta vez, me hab\u00eda saltado la regla. Lo sab\u00eda. El deseo me volvi\u00f3 valiente. Quer\u00eda descubrir el contenido.<\/p>\n<p>Sobre la mesa del comedor hab\u00eda dos entradas para ver un espect\u00e1culo de David Copperfield. Vaya. Ya no sab\u00eda Adela a qu\u00e9 m\u00e1s recurrir. Un d\u00eda me invitar\u00e1 al f\u00fatbol, pens\u00e9. Pero claro, estaba seguro que era una manera de recuperar lo perdido. Vaya. El cari\u00f1o hecho trizas la otra noche en el sal\u00f3n. Y bueno: qu\u00e9 podr\u00eda yo decir m\u00e1s que agradecerle su manera\u00a0 sutil de pedirme disculpas. Su manera perversa de motivarme a que yo se las solicitara a ella.<\/p>\n<p>En el cuarto por aquel malet\u00edn de doble fondo se deslizaron mis ideas y mis dedos se hundieron como alocados imanes al comprobar fajos de quinientos euros. Estaba casi seguro que transportaba algo importante. Y aunque no peligroso, s\u00ed de car\u00e1cter prohibido. Algo, que pusiera en juego mi libertad. Drogas, documentos, etc.\u00a0 Algo, que me delatar\u00eda hasta\u00a0 la c\u00e1rcel. De manera que cambiar de ambiente, a lo mejor, a veces lo pensaba, tampoco me vendr\u00eda mal: echaba en falta\u00a0 la soledad.<\/p>\n<p>Ay pero ese brillo del papel morado resplandec\u00eda\u00a0 mejor que cualquier paisaje rural. Me relajaba vi\u00e9ndolo. Estoy seguro que a Adela tambi\u00e9n la hubiera relajado ver el contenido conmigo. Se trataba de un error, lo sab\u00eda. Pero cierto era que nadie se iba a tomar la molestia. Esos cuatro\u00a0 billetes abandonados en un rinc\u00f3n a lo mejor respond\u00edan al despiste. Hab\u00eda adem\u00e1s un papel que anotaba la cifra de la entrega.\u00a0 Para salir de dudas sume. Efectivamente esos cuatro billetes no encajaban en la cuenta. As\u00ed\u00a0 que deslic\u00e9 los cuatro de billetes y los ocult\u00e9\u00a0 en el caj\u00f3n de mi mesa de noche.<\/p>\n<p>Seguidamente son\u00f3 mi tel\u00e9fono. Me encontr\u00e9 perdido. Pese a todo atend\u00ed la llamada. Pese a todo, ya estaba de camino.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde exactamente?\u2014dijo Charly.<\/p>\n<p>A veces pensaba que me rastreaban con un sensor.\u00a0 Que esos ojos y bocas de la ciudad a los que Charly se refer\u00eda\u00a0 eran suyos. Los de Charly o, los de otros que al igual que yo ten\u00edan un trabajo que consist\u00eda en hacer seguimiento a los mensajeros. Pero no lo sab\u00eda realmente. Era mi paranoia, creo\u00a0 m\u00e1s bien.<\/p>\n<p>\u2014Camino a la entrega\u2014resolv\u00ed seguro.<\/p>\n<p>\u2014Pues date media vuelta. La entrega se har\u00e1 hoy en la noche. Despu\u00e9s de las diez. Espera mi llamada y te digo d\u00f3nde tendr\u00e1s que ir.\u00a0 Hagas lo que hagas no te separes del malet\u00edn.<\/p>\n<p>Esa noche el tr\u00e1fico vehicular desat\u00f3 la\u00a0 discusi\u00f3n. No encontr\u00e9 donde meterme. Hab\u00eda embotellamientos por las avenidas. Bocinas clamando velocidad.\u00a0 Adela puso cara de candado cuando aparqu\u00e9 el coche.<\/p>\n<p>\u2014Ya para qu\u00e9\u2014dijo ella cruzada de brazos\u2014. Si vamos a llegar tarde. Hace m\u00e1s de una hora que empez\u00f3 la funci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque lo desconoc\u00eda, en mi caso la funci\u00f3n no hab\u00eda hecho m\u00e1s que comenzar.\u00a0 C\u00f3mo le gustaba\u00a0 a ella representar su papel, dios.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 culpa hab\u00eda tenido yo del atasco horrendo de esta ciudad?\u00a0 Ahora que lo pienso, el despiste desorientado en las calles me lo contagi\u00f3 ella. Adela cogi\u00f3 su bolso y\u00a0 se dirigi\u00f3\u00a0 a la puerta de acceso.\u00a0 Yo me aferr\u00e9 al\u00a0 malet\u00edn y la segu\u00ed detr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Todav\u00eda estamos a tiempo\u2014dije.<\/p>\n<p>\u2014Y para qu\u00e9 cargas ese malet\u00edn. No vienes al trabajo. Por qu\u00e9 no lo dejas en el coche.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa por qu\u00e9 no dejas tu bolso en el coche?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNunca has visto lo que contiene?\u2014pregunt\u00f3 de reojo.<\/p>\n<p>\u2014 Yo me remito a mi trabajo\u2014sentenci\u00e9 y ella sigui\u00f3 adelant\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Ya en las butacas,\u00a0 Adela me mir\u00f3 con cara de caja de seguridad. Con sus ojos en llamas me restregaba la culpa pues hab\u00edamos llegado tarde. La multitud de pie empez\u00f3 a aplaudir a medida que se encend\u00edan las luces y el mago descend\u00eda como un arc\u00e1ngel al escenario. En el instante que se volvieron a apagar las luces, respiramos tranquilos, y luego volvimos a nuestro cabreo normal, cuando advirtieron que como parte del \u00faltimo acto, el m\u00e1s esperado de la noche, el mago desaparecer\u00eda a trece personas del escenario. Adela me mir\u00f3 con cara de zapato de taco. Vali\u00e9ndome de mis\u00a0 nudillos, pero con el malet\u00edn atenazado entre mis piernas, devolv\u00eda al p\u00fablico cada pelota de goma y de color gris\u00a0 cuando\u00a0 se aproximaba a mi cabeza, porque pese al retraso, quise ver el lado bueno de las cosas. Instantes despu\u00e9s, las trece pelotas zangoloteaban entre el p\u00fablico desconcertado. Todas bailoteaban de un lado para otro. Era gracios\u00edsimo porque\u00a0 de fondo, una melod\u00eda espectral convocaba el nerviosismo hasta hacerlo generalizado. Faltaba para las diez y yo segu\u00eda d\u00e1ndole a las pelotas con mis nudillos y mis manos. Una y otra, y otra m\u00e1s, con la mano, con el pu\u00f1o. Adela me miraba con los brazos cruzados. Era obvio que no compart\u00eda mi entusiasmo. Era obvio que no deb\u00edamos estar ah\u00ed juntos.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando una de aquellas pelotas de goma\u00a0 peg\u00f3 en uno y de ah\u00ed en otro hasta que encaj\u00f3 en mis brazos, justo cuando la m\u00fasica termin\u00f3 de sonar.<\/p>\n<p>No consegu\u00eda salir de mi estupefacci\u00f3n.\u00a0 Adela en cambio,\u00a0 me mir\u00f3 con dulzura. Pese a la incomodidad\u00a0 era evidente mi\u00a0 necesidad de sujetar en una mano la pelota y en la otra el malet\u00edn puesto que no se lo quer\u00eda dejar a nadie.\u00a0 Adela, ya m\u00e1s calmada,\u00a0 me solicit\u00f3 echarme una mano con el bulto\u00a0 para que me fuera sencillo sujetar la pelota, pero no ced\u00ed ante su ruego porque su actitud me hab\u00eda malhumorado aunque no lo quise evidenciar.<\/p>\n<p>\u2014Trae<\/p>\n<p>Adela, por segunda vez\u00a0 me solicit\u00f3 que le entregara el malet\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014No.<\/p>\n<p>\u2014Trae hombre. Estar\u00e1s m\u00e1s c\u00f3modo\u2014dijo terca\u2014. Ma\u00f1ana vas a salir en la televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Se le hab\u00eda pasado el cabreo.<\/p>\n<p>\u2014No, no, no. Y ya d\u00e9jame tranquilo\u2014me volte\u00e9 a decir.<\/p>\n<p>\u2014Bueno pues entonces vete y desapar\u00e9cete de una vez\u2014as\u00ed era ella.<\/p>\n<p>Me acord\u00e9 de la estatua de la libertad desaparecida por \u00e9l a\u00f1os antes. De manera que operaba en ligas mayores el mago. Cuando las luces se apagaron, nuevamente coloqu\u00e9 el malet\u00edn entre mis piernas y me dio la impresi\u00f3n de que toda la atenci\u00f3n del p\u00fablico reca\u00eda en mi persona. Que ten\u00edan ojos laser para ver el contenido del malet\u00edn. \u00bfEsa tembladera que de pronto me sobrecogi\u00f3\u00a0 la ocasionaba el mago m\u00e1s famoso del mundo? Por un instante me arrepent\u00ed de haber subido\u00a0 y hasta ech\u00e9 en falta a mi mujer. Quer\u00eda correr a sus brazos.\u00a0 La buscaba entre el p\u00fablico pero no la alcanc\u00e9 a ver.\u00a0 Una sensaci\u00f3n extra\u00f1a se apoder\u00f3 de m\u00ed, casi al comp\u00e1s de la m\u00fasica, esta vez instrumental, que se hab\u00eda adue\u00f1ado de todo el ambiente que empezaba lentamente a tornarse oscuro. Ya nos cubr\u00eda una tela negra cuando una puerta posterior se abri\u00f3 ante\u00a0 nosotros y cuales \u00e1guilas aunque m\u00e1s se asemejaban a modelos porno, asomaron tres rubias en minifalda blanca. A los trece nos entregaron\u00a0 linternas. Con el rostro exageradamente maquillado chillaban: go, go, go, agitando las manos para que a toda prisa sigui\u00e9ramos hacia la puerta. Y eso fue todo. Me di cuenta que el mundo no era m\u00e1s que una farsa o una simple burla cuando un gordo osco, con una hamburguesa chorreando salsa por sus manos nos se\u00f1al\u00f3 en una pantalla aquello de lo que afuera en el escenario, el mago hab\u00eda sido capaz de hacer con nosotros.\u00a0 La gente de pie aplaudiendo celebraba el acto hasta el dolor de sus manos.\u00a0 Mir\u00e9 el reloj. Faltaba media hora para las diez. Y, digamos que me encontraba en los m\u00e1rgenes de la verosimilitud, cuando minutos despu\u00e9s el avejentado Copperfield se disculp\u00f3 ante los\u00a0 desaparecidos. Deb\u00edamos guardar su secreto. Era su trabajo. Nadie deb\u00eda decir nada acerca del\u00a0 maravilloso acto. Yo fui de los primeros en abandonar el local\u00a0 por la puerta trasera con un cabreo del tama\u00f1o del auditorio. El aire golpeaba limpio en mi cara. Nadie dudaba de la capacidad del mago. Vaya trabajo, pens\u00e9 echando fuego por mis ojos. Hasta la muy cabrona de Adela hab\u00eda celebrado que me hubieran desmaterializado, seguro. Me sent\u00ed rid\u00edculo. Cuando escuch\u00e9 la llamada de Charly me puse en guardia. El tel\u00e9fono no cesaba de sonar en mi bolsillo. En la calle no encontr\u00e9 a Adela. Me cruzaba con mares de gente y no la alcanzaba a ver, ni siquiera cuando presa de la ira grit\u00e9 reiteradas veces su nombre. En ese momento tem\u00ed que fuera ella la desaparecida o que yo, me encontrara en el limbo de la magia eterna con diez millones de euros en m\u00ed poder. Ten\u00eda veinte llamadas perdidas y un mensaje de voz que no escuch\u00e9 porque en el avi\u00f3n indicaron que apag\u00e1ramos los m\u00f3viles.\u00a0 Al cabo de dos d\u00edas yo era\u00a0 un muerto en vida que todo lo pagaba en efectivo en otro continente. Ojala que Adela encuentre\u00a0 aquellos cuatro billetitos del caj\u00f3n de mi mesa de noche. Tal vez ella suponga que la magia de veras existe<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De c\u00f3mo ocurri\u00f3 todo fue un poco as\u00ed: mat\u00e9 dos p\u00e1jaros de un tiro. Ya entonces la cosa con Adela andaba de capa ca\u00edda pero segu\u00ed aguantando como quien carga una pesada cruz que sujeta otra. La idea de desaparecer de su vida me imped\u00eda dormir tranquilo. 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