{"id":15739,"date":"2018-04-25T06:33:21","date_gmt":"2018-04-25T04:33:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=15739"},"modified":"2021-12-10T16:47:25","modified_gmt":"2021-12-10T15:47:25","slug":"las-huelgas-herramientas-de-lucha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/las-huelgas-herramientas-de-lucha\/","title":{"rendered":"\u00bfLas huelgas, herramientas de lucha?"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_15740\" aria-describedby=\"caption-attachment-15740\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-15740 size-medium\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-300x214.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"214\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-300x214.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-768x548.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-500x357.jpg 500w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-793x566.jpg 793w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-607x433.jpg 607w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-427x305.jpg 427w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS-600x428.jpg 600w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/R@MBLA-HUELGAS.jpg 950w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15740\" class=\"wp-caption-text\">Ilustra Ricardo Jurado.<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u00abLas huelgas avisadas con 5 o 10 d\u00edas de antelaci\u00f3n pierden fuerza, pero una huelga a la brava, sin preavisar, es ilegal y no la har\u00e1 nadie\u00bb. \u00abEl apoyo mutuo es nuestra mejor arma, pero las huelgas por solidaridad son ilegales\u00bb. En el tiempo que llevo en la lucha sindical, las anteriores son frases que he o\u00eddo a menudo. Estoy seguro de que, como yo, muchos otros compa\u00f1eros y compa\u00f1eras. Las hemos sentido y las hemos pensado y dicho. Reflejan una aut\u00e9ntica paradoja que sintetiza de manera r\u00e1pida y directa una de las principales limitaciones de la actual sindicalismo en Espa\u00f1a. La regulaci\u00f3n del ejercicio de la huelga, que se vendi\u00f3 como la salvaguarda del derecho de hacerla, de facto la ha descafeinado, ha erosionado su fuerza y, con el tiempo, ha hecho que la vamos interiorizando como la forma l\u00f3gica de proceder. El camino donde estamos abocados no es f\u00e1cil y, si dejamos de ser \u00fatiles los sindicatos, nuestro futuro es m\u00e1s bien magro. Por lo tanto, si queremos ser algo m\u00e1s que un recuerdo de glorias pasadas de la clase trabajadora, es imperioso que reaccionamos.<\/p>\n<p>Este escrito nace de esta preocupaci\u00f3n. Y se alimenta de una serie de reflexiones que los \u00faltimos a\u00f1os hemos compartido varios compa\u00f1eros, generalmente como debates y discusiones de cara a decidir actuaciones en situaciones espec\u00edficas. En cambio, pr\u00e1cticamente nunca las hemos podido poner por escrito, por aquello de que la fuerza del d\u00eda a d\u00eda te empuja y no te deja tiempo (una excepci\u00f3n es, entre otros, este escrito que ya hace a\u00f1os escrib\u00ed y que sigo pensando que es vigente). Tampoco quiero ocultar que las huelgas generales y jornadas de lucha de los d\u00edas 3 de octubre y 8 de noviembre han acompa\u00f1ado las ideas que intento plasmar a continuaci\u00f3n. Sin embargo, quiero aclarar que este texto no pretende hablar del sentido de las dos huelgas en la situaci\u00f3n actual que vivimos en Catalu\u00f1a, ni los porqu\u00e9s de los diferentes planteamientos de c\u00f3mo posicionar a ellos como sindicato. Quiero hablar de las huelgas, y de nosotros. Y lo har\u00e9 por puntos.<\/p>\n<p>confrontaci\u00f3n que, como trabajadores \/ as hacemos a quien nos explota. Por lo tanto, se refiere a la contra y se hace a favor. A favor de nosotros y de nuestros compa\u00f1eros y compa\u00f1eras, que compartimos el hecho de ser trabajadoras y trabajadores y de sufrir una situaci\u00f3n de desigualdad. Y en contra de quien controla y se apropia de los frutos de nuestro trabajo. Generalmente la hacemos para resolver una situaci\u00f3n que percibimos que es lesiva hacia nosotros, es decir para mejorar nuestra posici\u00f3n, o para evitar una degradaci\u00f3n de nuestras condiciones de vida y de trabajo. En una realidad de intereses contrapuestos, la huelga es un instrumento. En la medida en que tiene \u00e9xito, nos permite alcanzar al menos una parte de nuestras aspiraciones. Asimismo supone un prejuicio para quienes nos explota, que ve como no puede alcanzar unos objetivos concretos y que le imponemos unas determinadas condiciones.<\/p>\n<p>En este sentido, la huelga como herramienta de lucha se contrapone a la noci\u00f3n liberal de democracia. En esta \u00faltima, es posible llegar a consensos entre opiniones diversas. De hecho, es por eso que generalmente los y las pol\u00edticas profesionales hablan de \u00abadversarios\u00bb, destierran el concepto de \u00abenemigos\u00bb y hacen un fetiche de la noci\u00f3n de \u00abconsenso\u00bb.<\/p>\n<p>Del punto anterior se desprende que toda huelga es una herramienta. Es \u00fatil porque nos permite alcanzar unos objetivos. Lo tenemos claro, aunque a veces uno puede caer en la tentaci\u00f3n de hacer de la huelga un fetiche, una especie de objetivo en s\u00ed mismo. Y, precisamente, la huelga es un \u00fatil cuando otorga a quien la hace una capacidad de presi\u00f3n. De presionar a un empresario o una administraci\u00f3n que, precisamente porque ostentan \u00abpoder\u00bb sobre nosotros (lo que les da el monopolio de los medios de producci\u00f3n y la pol\u00edtica) en un escenario normal nos mantienen en una posici\u00f3n de subordinaci\u00f3n. Por lo tanto, una huelga debe buscar construir esta fuerza que debe doblar a quien no quiere ceder, a quien no quiere moverse. Es decir, busca dotarnos de capacidad para obligar. En palabras coloquiales, persigue ejercer coerci\u00f3n sobre los patrones, empresas y administraciones. Concretamente, sobre aquellos \/ as contra quien se hace.<\/p>\n<p>Bajo esta premisa, el fin de toda huelga es detener la producci\u00f3n en un centro de trabajo, en un sector o en un territorio concreto, en funci\u00f3n de su naturaleza y alcance. A nadie se nos escapa que cuanto m\u00e1s masiva y multitudinaria, m\u00e1s viable es que resulte exitosa. Pero tampoco debemos pasar por alto que el hecho de que una huelga tenga un amplio seguimiento nos garantiza, necesariamente, su fuerza. En nuestra historia reciente tenemos m\u00faltiples ejemplos en este sentido y algunos los he mencionado en otras ocasiones. Del mismo modo, tampoco debemos pensar que la fuerza de una huelga radica \u00fanicamente en el hecho de que los trabajadores no vayan a trabajar. Detener la producci\u00f3n, detener el funcionamiento ordinario de las cosas e imponer otro, lo podemos hacer de varias maneras. Lo podemos hacer, por ejemplo, en una huelga de celo o alterando voluntariamente los ritmos de trabajo. Recientemente la situaci\u00f3n en los puntos de control del aeropuerto del Prat o, ya hace m\u00e1s tiempo, la huelga de los controladores a\u00e9reos son dos ejemplos.<\/p>\n<p>De una manera diferente, tambi\u00e9n se puede conseguir incidiendo en otros aspectos importantes del d\u00eda a d\u00eda, como por ejemplo la circulaci\u00f3n de personas y \/ o mercanc\u00edas. Las huelgas de los pasados \u200b\u200b3 de octubre y 8 de noviembre en Catalu\u00f1a nos muestran la capacidad que decenas o cientos de cortes de carreteras y v\u00edas de tren tienen para detener un pa\u00eds. En un formato espec\u00edfico, los bloqueos de refiner\u00edas en Francia de hace unos a\u00f1os o, los de los alrededores del a\u00f1o 2000 de los centros de distribuci\u00f3n de combustible en Catalu\u00f1a, tambi\u00e9n lo ilustran.<\/p>\n<p>Todo ello nos sit\u00faa en un escenario donde el fin de una huelga no es el recuento final de huelguistas. Del mismo modo que su \u00e9xito o fracaso no se mide a partir de la cantidad de personas que lo hayan hecho, que digan que la han realizado o que podamos decir que la han hecho. No. El \u00e9xito proviene de la fuerza de que nos ha dotado la huelga y si este empoderamiento nos ha permitido imponer nuestros intereses, aunque sea parcialmente. As\u00ed pues, no se trata de recontar huelguistas como quien cuenta votos dentro de urnas en una noche electoral. Ni que salir despu\u00e9s diciendo que la cifra obtenida es buena (o mala) en s\u00ed misma. De hecho, los medios de comunicaci\u00f3n y el propio sindicalismo de concertaci\u00f3n (y las administraciones y empresas) poco a poco han ido promoviendo este tipo de escenarios. De manera nada neutral porque, al hacerlo, distraen la atenci\u00f3n del potencial real de toda huelga y lo desv\u00edan hacia una especie de falacia parlamentaria: \u00abtanta gente ha hecho huelga\u00a0y, por tanto, t\u00fa empresa me has de escuchar en el posterior proceso de negociaci\u00f3n \u00ab. Un escenario, este, donde a menudo se prefigura una renuncia a la fuerza de la huelga.<\/p>\n<p>Si la utilidad de una huelga depende de su capacidad de presi\u00f3n, el recuento formal de huelguistas es irrelevante. A nosotros nos puede servir para fortalecer una conciencia colectiva ( \u00abnosotros, las y los que hacemos huelga\u00bb) que puede contribuir a consolidar nuestro poder coercitivo. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de eso, tampoco es relevante de cara al desarrollo de una lucha que, como dec\u00eda, depende de su capacidad de subvertir la normalidad. Y esta capacidad, tanto nosotros como aquellos contra quienes hacemos una huelga el evaluamos por otros medios: cuantas l\u00edneas cerradas, cu\u00e1ntas aulas vac\u00edas, cu\u00e1ntos trenes sin circular, cu\u00e1ntas pedidos sin entregar &#8230; cu\u00e1l descenso de la facturaci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>En este contexto, algunas batallas que hemos librado para conseguir el reconocimiento de una huelga quiz\u00e1 pierden relevancia. Un ejemplo lo tenemos en la Parada de Pa\u00eds del pasado 3 de octubre, dise\u00f1ada por parte de una parte de los poderes de toda la vida por el contrario programar una convocatoria de huelga general sin en sindicalismo oficial que parec\u00eda que tendr\u00eda una repercusi\u00f3n demasiado elevada . Otro lo podemos encontrar en algunos colectivos de trabajadores \/ as que no fichan y sobre quien la empresa tiene un menor control, como en algunos sectores de las universidades. Hay que decir a la empresa que se ha hecho huelga y facilitarles as\u00ed, de manera voluntaria, la retenci\u00f3n de parte del sueldo? O lo importante es hacer la huelga, hacer que la huelga nos dote de una fuerza que antes no ten\u00edamos? De hecho, cuando m\u00e1s trabajadores \/ as puedan alterar la producci\u00f3n capitalista en nuestro provecho y menos de ellos \/ as sufran una retenci\u00f3n salarial, no nos favorece a nosotros? Son preguntas que me hago &#8230; Obviamente, en funci\u00f3n de las respuestas deber\u00edamos replantear algunas actitudes siempre con el fin de concentrar los esfuerzos en hacer efectiva la lucha, y en el apoyo mutuo y solidaridad entre nosotros.<\/p>\n<p>A nadie se nos escapa que la mejor acci\u00f3n de lucha es aquella que coge desprevenido a nuestro enemigo. Del mismo modo, tambi\u00e9n tenemos muy claro que la solidaridad y el apoyo mutuo, as\u00ed como<\/p>\n<p>generalizar las acciones, son tambi\u00e9n nuestra mejor arma. Ahora mismo, la regulaci\u00f3n de las huelgas hacen que esto sea dif\u00edcil poder conseguirlo. Las huelgas por solidaridad no est\u00e1n permitidas. Dejar de trabajar de golpe, sin previo aviso, y detener un centro productivo, tampoco. Al menos al amparo legal de este derecho de huelga dise\u00f1ado para hacerlo asumible por el capital. De hecho, eso lo tenemos tan claro que en muchos ambientes sindicales se habl\u00f3 m\u00e1s de la legalidad o no de la pasada convocatoria de huelga del d\u00eda 8 de noviembre, que de si se quer\u00eda o no apoyar y, en caso afirmativo, apoyarla. Todo un indicador de c\u00f3mo, a fecha de hoy, el conjunto de los trabajadores hemos interiorizado de manera muy general que una huelga, o es legal, o no es. Parad\u00f3jicamente, algunas de las huelgas m\u00edticas que perviven en nuestra memoria colectiva, desde la de La Canadiense de 1919 a la de la Roca del 1.976-1.977 (y tantas otras) no lo fueron, de legales. Y tuvieron fuerza.<\/p>\n<p>Es decir, tenemos un problema. Tenemos una herramienta, la principal herramienta de lucha como trabajadores \/ as, la huelga, bastante erosionada en su poder. Tanto por las limitaciones legales que se le imponen como para la asimilaci\u00f3n, progresiva y gradual que los trabajadores hemos hecho de esta modalidad de huelgas domesticadas. Es cierto que en algunas ocasiones hemos conseguido avances y, incluso, victorias. Pero tambi\u00e9n es igualmente cierto que una buena parte de las huelgas acaban como escenificaci\u00f3n de una protesta y, en el mejor de los casos, en victorias p\u00edrricas. Aparte, no debemos olvidar que muy a menudo, cuando una huelga obtiene conquistas, es porque en su desarrollo hemos incorporado acciones que van m\u00e1s all\u00e1 del hecho de no ir a trabajar, ya sea socializando el conflicto, incorporando formas complementarias de presi\u00f3n en la empresa, a proveedores y clientes, etc.<\/p>\n<p>Estoy convencido de que no podemos tardar mucho en intentar cambiar el c\u00edrculo vicioso que he mencionado en el \u00faltimo punto. Igualmente, creo que esto que estoy planteando ya est\u00e1 en las cabezas de muchos compa\u00f1eros y compa\u00f1eras. Sabemos de las dificultades que conlleva hablar de ello, porque a menudo no queremos, de manera consciente, poner todos los puntos sobre las \u00aby\u00bb &#8216;s. Tambi\u00e9n sabemos de los riesgos que conlleva replantear algunas formas de lucha. Hemos visto la represi\u00f3n de cerca, la hemos sufrido, y tambi\u00e9n hemos experimentado como desde hace unos a\u00f1os se est\u00e1 endureciendo. Y siempre un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p>En el otro lado de la balanza tenemos la convicci\u00f3n de vivir en una sociedad en conflicto. Convicci\u00f3n que implica \u00abnormalizar\u00bb la represi\u00f3n laboral, social y pol\u00edtica como una caracter\u00edstica m\u00e1s del propio estado de las cosas. Pero que tambi\u00e9n nos hace tener claro que, la manera de neutralizar precisamente esta represi\u00f3n es que nuestra fuerza sea que la haga inviable. Y para conseguirlo, sabemos que hay que replantear algunos de los m\u00e9todos y de nuestras pr\u00e1cticas habituales. Siempre vamos vemos referentes, aqu\u00ed y all\u00ed, de c\u00f3mo hacerlo. Estas \u00faltimas semanas, tambi\u00e9n. Habr\u00e1 que pensar c\u00f3mo nos lo hacemos. B\u00e1sicamente, porque las huelgas no pueden dejar de ser herramientas reales de lucha.<\/p>\n<p>Seguramente este escrito no dice nada nuevo. Pero no est\u00e1 de m\u00e1s recordar ciertas cosas.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLas huelgas avisadas con 5 o 10 d\u00edas de antelaci\u00f3n pierden fuerza, pero una huelga a la brava, sin preavisar, es ilegal y no la har\u00e1 nadie\u00bb. \u00abEl apoyo mutuo es nuestra mejor arma, pero las huelgas por solidaridad son ilegales\u00bb. 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