{"id":1407,"date":"2012-03-03T06:33:08","date_gmt":"2012-03-03T05:33:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/compulsion\/"},"modified":"2023-12-29T13:44:11","modified_gmt":"2023-12-29T12:44:11","slug":"compulsion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/compulsion\/","title":{"rendered":"Compulsi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Al despertar aquella ma\u00f1ana Iris no tuvo m\u00e1s remedio que admitir dos cosas: una, que \u00e9sa no era otra que la vida, su vida, y no hab\u00eda posibilidad de que la vida fuese otra; dos, que las mil se\u00f1ales que vio iluminarse y parpadear por un instante ante sus verdes ojos distra\u00eddos sin que llegase a entenderlas nunca del todo, ni mucho menos avanzase por el camino que ellas le mostraban \u2013terror\u00edficas, seductoras, espl\u00e9ndidas\u2013, ese amasijo de danzas luminosas adquir\u00eda de pronto un significado tan pleno como atroz, tan transparente como insoportablemente doloroso.<\/p>\n<p>La coyuntura no pod\u00eda ser m\u00e1s desgarradora. Por un lado, hab\u00eda descubierto que ya no le quedaba tiempo para ninguna otra cosa excepto resignarse como bien pudiese durante las semanas o los meses que a\u00fan habr\u00eda de continuar viviendo en esa condici\u00f3n como de reliquia viviente; tiempo para calmarse y aguantar; tiempo para armarse de paciencia y resignaci\u00f3n como bien pudiese; envuelta en pa\u00f1os y en silencio, sola, exactamente igual que una reliquia. Por otro lado, durante ese tiempo lento y oscuro ella estar\u00eda \u2013lo sab\u00eda muy bien, no pod\u00eda ser de otra manera\u2013 ineluctablemente condenada a ver pasar una tras otra por su mente, con absoluta viveza, una tras otra, d\u00eda a d\u00eda, noche a noche, plenas, abundantes, clar\u00edsimas, las im\u00e1genes de todo aquello que pudo haber sido y no fue, las mil se\u00f1ales desfilando por su mente, parpadeando todos los sue\u00f1os, haciendo muecas todos los comienzos de senderos y caminos ante los que ella retrocedi\u00f3 asustada, como si un enorme muro le cerrase el paso con violencia; estar\u00eda condenada a despedirse una y otra vez de todas las oportunidades que hab\u00edan palpitado a su lado y luego huido, zas, huido en el aire, huido en el viento, haciendo muecas al alzarse en el aire como globos, formas llenas de carne y de hueso que ahora estaban ah\u00ed, inermes en el reino de las sombras, en nunca jam\u00e1s, todas rotas y vencidas, pura desintegraci\u00f3n, pura caducidad marchita paseando lentamente por los pasillos de su mente, un desfile horrendo y tormentoso, pero capaz todav\u00eda de desprender de alguna manera esa fragancia irresistible de lo ausente. Y a qui\u00e9n pod\u00eda importarle algo esta gran incongruencia, esta \u00edntima tortura \u2013pensaba Iris\u2013, a qui\u00e9n, vamos a ver, a qui\u00e9n podr\u00eda importarle algo al fin y al cabo.<\/p>\n<p>Todo le dio vueltas; las im\u00e1genes se multiplicaron en el aire, multitudes arracimadas, fren\u00e9ticas, tumultuosas. Como un reba\u00f1o de negros \u00f1\u00faes derram\u00e1ndose sobre una extensa llanura africana las im\u00e1genes echaban a volar, se precipitaban en estampida por la puerta de su habitaci\u00f3n, saltando hacia el interior de su cabeza le entraban por los ojos, y pisoteaban, y empujaban, y arrasaban con todo a su paso hasta que la fina pantalla de su mente se resquebrajaba como hojaldre o como escarcha.<\/p>\n<p>Fuera la lluvia ennegrec\u00eda la pizarra del tejado, un alud de gruesas gotas lavaba sin descanso la pizarra ennegrecida. Contemplando el lastimero paisaje desde el interior de la casa uno no pod\u00eda evitar la sensaci\u00f3n de estar oliendo la humedad que desprend\u00edan los viej\u00edsimos troncos enmohecidos que poblaban el jard\u00edn, troncos de esos tan podridos y tan viejos que se deshacen nada m\u00e1s los levantas del suelo o los mueves un poco, casi nada, y se rompen porque no son ya sino puramente tierra mohosa que de \u00e1rbol solo conserva una imagen, una especie de fantasmagor\u00eda u holograma sin pizca de savia. Como uno de esos troncos fantasmales que yac\u00edan inermes entre las hojas muertas del jard\u00edn la cabeza de Iris casi se deshizo en mil terrones al caer sobre la almohada de su cama, propulsada hacia atr\u00e1s por un invisible dedo min\u00fasculo que \u2013eso parec\u00eda\u2013 hab\u00eda tocado su frente.<\/p>\n<p>Apret\u00f3 los p\u00e1rpados, apret\u00f3 las mand\u00edbulas, apret\u00f3 las sienes clav\u00e1ndose las u\u00f1as sin saber, aplast\u00f3 el rostro deshecho ante ese voluptuoso despliegue terrible de su imaginaci\u00f3n, que desde hac\u00eda semanas o meses manaba como una fuente enloquecida, d\u00eda y noche bull\u00eda sin descanso, con una urgencia casi indecente sacaba fuerzas de qui\u00e9n sab\u00eda d\u00f3nde, pozos muertos, rincones oscuros, s\u00f3tanos, fango, s\u00ed, fango; esa incansable fuerza productora de mir\u00edadas de im\u00e1genes atroces se revolv\u00eda ahora indecentemente y sin descanso all\u00e1 abajo, en los s\u00f3tanos de su alma, saldando mediante ese exceso de visiones extenuantes y enfermizas qui\u00e9n sab\u00eda qu\u00e9 viejas cuentas terribles que nunca antes, por falta de arrojo y cobard\u00eda, hab\u00eda tenido tiempo de saldar.<\/p>\n<p>Y sin embargo, cualquiera pod\u00eda darse cuenta de que en esos momentos poca cosa depend\u00eda ya de su voluntad individual. Era evidente que recibos y cuentas llegaban s\u00fabitamente como vientos, s\u00fabitamente tomaban por s\u00ed mismos lo que era suyo, como harp\u00edas, como vientos. As\u00ed que era cierto \u2013Iris lo sab\u00eda\u2013, estaba pagando con desasosiego y enfermedad reales el sosiego y la languidez algo ficticias en los que hab\u00eda malgastado tonta e irreparablemente la primera y \u00faltima d\u00e9cada de su vida adulta.Unas horas despu\u00e9s un chico entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n de Iris y se sent\u00f3 en el borde de su cama con much\u00edsimo cuidado. La cama no cedi\u00f3 ni un mil\u00edmetro bajo su peso. Vio los ojos enrojecidos por la presi\u00f3n y el forcejeo de las manos, pues no trataba de disimularlos nada. Vio las mejillas ara\u00f1adas y los dedos temblando sobre la s\u00e1bana. Vio los ojos enormes, agotados. No le habl\u00f3 porque supuso que hab\u00eda estado llorando y entonces ser\u00eda mejor que no supiese que lo sab\u00eda; si realmente hab\u00eda llorado ella no iba a contarle los motivos, de ning\u00fan modo iba a cont\u00e1rselos, ni siquiera soportar\u00eda que se insinuase nada sobre el tema; se pondr\u00eda hecha una furia si lo hiciese; intentar\u00eda decir algo atropelladamente o gritar\u00eda alterad\u00edsima hasta echarle con trist\u00edsimos gritos de la habitaci\u00f3n, gritos ahogados, sin volumen, enfermizos. En su estado hab\u00eda que andarse con mucho cuidado \u2013pensaba \u00e9l, y volv\u00eda los ojos al suelo para no molestarla\u2013; hab\u00eda que anticiparse a cualquier posible causa de irritaci\u00f3n, por m\u00e1s que uno nunca pudiese estar seguro del todo y ella se mostrase m\u00e1s irritable que nunca, injusta e indiscriminadamente irritada. Al fin y al cabo, nadie ten\u00eda la culpa; todos estaban tristes y nadie ten\u00eda la culpa de lo que le pasaba.<\/p>\n<p>Este consentimiento necesario al que todos sus conocidos hab\u00edan llegado por s\u00ed mismos de una u otra manera durante las \u00faltimas semanas Iris no quer\u00eda o no pod\u00eda alcanzarlo; se mostraba intratable con todos y empleaba las pocas fuerzas que a\u00fan ten\u00eda en una suerte de desesperada venganza. Era como si se negase a abandonar este mundo sin antes imprimir un imborrable sentimiento de responsabilidad y eterna culpa, desperdiciando as\u00ed, con ellos y ante sus propios ojos, un aire y una energ\u00eda que ya nunca m\u00e1s recuperar\u00eda; s\u00ed, era como si pretendiese suicidarse ante sus ojos al modo de esos monol\u00edticos guerreros orientales. No dejaba de provocar cierta aprensi\u00f3n ver c\u00f3mo esa poca fuerza joven se desperdiciaba en vano; m\u00e1s val\u00eda no profundizar demasiado en la idea de que la enferma no buscase nada m\u00e1s que hacer el mayor da\u00f1o posible a unas personas que supuestamente solo quer\u00edan ayudarla, de ah\u00ed el desgaste incalculable de las fuerzas y el desmoronamiento acelerado que duraba ya tres meses.<\/p>\n<p>Iris parec\u00eda subyugada por todo, completamente incapaz de permanecer tranquila siquiera unas cuantas horas, leyendo o durmiendo o lo que fuese; estaba ah\u00ed, enferma pero furiosa, impertinente, irritable, siempre al borde de salt\u00e1rsele las l\u00e1grimas, ansiosa por que la dejasen sola y reclamando compa\u00f1\u00eda dos segundos despu\u00e9s, acuchillando mentalmente a todo ser viviente que pisase el suelo de su habitaci\u00f3n, ofendi\u00e9ndome deliberadamente \u2013pensaba ella\u2013, hiri\u00e9ndome sin importarles nada. Porque vamos a ver \u2013se dec\u00eda en soledad\u2013, nadie ten\u00eda por qu\u00e9 enga\u00f1arse ahora: todos y cada uno de ellos no ven\u00edan nada m\u00e1s que a satisfacer su vil ego\u00edsmo, nada m\u00e1s que a colmar su vanidad y quiz\u00e1 tambi\u00e9n, con toda seguridad tambi\u00e9n, a celebrar el estar todav\u00eda y por alg\u00fan tiempo en posesi\u00f3n de lo que ella estaba a punto de perder para siempre; s\u00ed, a eso ven\u00edan, a celebrar, estaba segura, ven\u00edan a recordarle hip\u00f3critamente todo lo que ella hab\u00eda perdido. As\u00ed que Iris no toleraba las visitas, ni siquiera toleraba la presencia del chico en su habitaci\u00f3n, por m\u00e1s que procediese con admirable cuidado y solo fuesen dos o tres personas las que, aparte de \u00e9l, sol\u00edan poner los pies en su habitaci\u00f3n cada semana, cada semana desde hac\u00eda tres meses, su familia b\u00e1sicamente, su abuela y su padre, sobre todo.<\/p>\n<p>\u00abBueno, lo suyo era cr\u00f3nico, yo pensaba que ella lo sab\u00eda y que por eso no\u2026\u00bb, dijo su madre por tel\u00e9fono cuando llam\u00f3 tres meses antes. Fue Elena quien respondi\u00f3 a la llamada; estaba tan miserablemente asustada que no pudo articular una palabra, solamente descolg\u00f3 el tel\u00e9fono y en menos de medio segundo lo apoy\u00f3 contra la repisa del mueble y toda alterada se puso a llamar a gritos \u00abmam\u00e1, mam\u00e1, ven, el tel\u00e9fono\u00bb, y luego se meti\u00f3 en su habitaci\u00f3n dando un portazo, sin despedirse siquiera ni decir \u00abespera un momento que ya viene\u00bb.<\/p>\n<p>Su padre no hab\u00eda dicho nada, estaba demasiado perplejo, indeciblemente triste, como paralizado, adem\u00e1s \u00e9l nunca dec\u00eda nada, no se sab\u00eda si lo deglut\u00eda lentamente o qu\u00e9, pero lo cierto es que se callaba siempre, como una mole de granito o un sepulcro se callaba.<\/p>\n<p>Su abuela pensaba que no estaba enferma y lo dec\u00eda. Eso pasa, sol\u00eda decir. Solo era un catarro y se le pasar\u00eda, para la primavera estar\u00eda otra vez bien, ya lo ver\u00edan. Qu\u00e9 broncopulmon\u00eda si solo era un catarro y se le pasar\u00eda de aqu\u00ed a un tiempo si se quedaba en casa y la cuidaban bien. Ten\u00eda que dormir y comer, nada m\u00e1s, nada m\u00e1s, eso pasar\u00eda, pasar\u00eda.<\/p>\n<p>Cosas as\u00ed dec\u00edan y callaban y tramaban a su alrededor durante aquellos meses de oto\u00f1o en aquella casa plantada en el valle, rodeada de monte por todas partes, alejada, aislada, sola.<\/p>\n<p>Cuando el chico apareci\u00f3 sobre las cinco de la tarde de aquel h\u00famedo d\u00eda de un noviembre gris ya hab\u00eda renunciado de antemano a la posibilidad de que ella le dirigiese la palabra. Sab\u00eda que no le conven\u00eda hablar y adem\u00e1s no se lo exig\u00eda; le constaba que apenas ten\u00eda voz y que cada palabra la pronunciaba desprendi\u00e9ndose de un aire que nunca m\u00e1s recuperar\u00eda, por lo que toda palabra dicha en vano era un despilfarro, y qu\u00e9 palabras no decimos en vano, a ver, qu\u00e9 palabras \u2013pensaba Iris, extasiada ante ese alocado derroche festivo\u2013. \u00c9l no solo era consciente de su actitud poco menos que suicida, sino que se apenaba much\u00edsimo, nadie podr\u00eda decir lo mucho que le apenaba; lo habr\u00eda dado todo por que fuese \u00e9l y no ella la que estuviese pasando ese trance, y sin embargo tampoco \u00e9l era capaz de imagin\u00e1rselo ni evaluarlo correctamente. Las sanas cabecitas de los que no han sufrido nunca algo de este tipo no pueden llegar a imaginarse qu\u00e9 significa que en un momento dado el aire te falte y las palabras no te salgan del pecho sino que se queden ah\u00ed, atrapadas en alg\u00fan lugar entre el cerebro y la garganta dando golpes, pugnando por salir, enloquecidas de pura claustrofobia. Algunos creen que finges y exageras y solo cuando oyen silbidos y rugidos, solo cuando ven una gota de sangre o un poco de v\u00f3mito parecen convencerse de la gravedad de la cosa, y no siempre se convencen, no, a veces siguen pensando que todo se reduce a poco m\u00e1s que nervio y exageraci\u00f3n, exageraci\u00f3n y nervio. Las madres y los m\u00e9dicos saben muy bien que con la falta de aire los labios se ponen morados y en torno a los ojos tambi\u00e9n son capaces de reconocer ciertas marcas inequ\u00edvocas que testifican a favor de su preocupaci\u00f3n y diagn\u00f3stico. A veces casi se alegran al descubrir esas amoratadas venas hinchando los labios, o ciertos surcos y arrugas cayendo y trepando hacia la cuenca de los ojos. Uno no puede ignorar aqu\u00ed el hecho de que unos pulmones d\u00e9biles son una cosa muy triste. La vida est\u00e1 en el aire, en el aliento, en el soplo; el calor y la humedad de la vida que incuba y se retuerce por lo bajo est\u00e1n ah\u00ed, ya se sabe, en la humedad de la tierra cuyo aliento insufla vida al pulm\u00f3n del cielo, en la fr\u00eda r\u00e1faga de aire que ensortija las hojas de los robles, en el soplo caliente que exhala el cuerpo animal probando as\u00ed que, en efecto, una vez estuvo vivo. Quien ha vivido media vida sin aliento ha vivido media vida, ya est\u00e1, solo eso, ni m\u00e1s ni menos que eso.<\/p>\n<p>Iris parec\u00eda muy tranquila esa tarde y no dio se\u00f1ales de irritaci\u00f3n alguna. Mantuvo el rostro visible sobre las almohadas, unos brazos blanqu\u00edsimos reposaban suavemente junto al cuerpo, el pelo (le hab\u00eda crecido mucho durante los \u00faltimos meses) se desparramaba hacia los lados sobre el edred\u00f3n, una abundante melena entre rubia y casta\u00f1a, con leves ondas y resplandores. Los ojos se hab\u00edan aclarado un poco y miraban el hueco entre el techo y el armario, aunque seguramente no miraban nada, con toda probabilidad Iris no miraba nada en esos instantes sino que concentraba sus escasas fuerzas en pronunciar la brev\u00edsima frase que qued\u00f3 desenterrada en su interior despu\u00e9s del hurac\u00e1n de la ma\u00f1ana. La mirada clavada en el techo daba testimonio de la dificultad que le supon\u00eda f\u00edsica y moralmente pronunciar ese pu\u00f1ado de letras que ni siquiera el blanco, inmenso alud del mediod\u00eda hab\u00eda conseguido borrar. Cuanto m\u00e1s inm\u00f3viles permanec\u00edan su cuerpo en la cama y sus ojos en el techo tanto m\u00e1s dif\u00edcil le resultaba seguir adelante con su breve frase, por eso cerr\u00f3 los ojos en cuanto hubo acabado de decir en voz baj\u00edsima, apenas un gemido, apenas un segundo, las tres palabras que al chico le pareci\u00f3 o\u00edr muy a lo lejos, un eco imperceptible, una reverberaci\u00f3n cavernosa llena de una extra\u00f1a irrealidad.<\/p>\n<p>\u00abLlamar\u00e1s a Andrea&#8230;\u00bb, pregunt\u00f3, orden\u00f3, confes\u00f3, implor\u00f3, dijo quedamente Iris en un murmullo imperceptible. \u00c9sa era la frase breve y anodina, el dep\u00f3sito residual que sobrevivi\u00f3 a la estampida y al alud, como una higuera agarrada a la lisa superficie de un acantilado, como una pepita dorada en el lecho seco de un r\u00edo, all\u00ed se qued\u00f3 y all\u00ed estaba todav\u00eda, la tonta frase, la desesperada s\u00faplica.<\/p>\n<p>Durante el inmenso instante en que el sonido de las letras todav\u00eda resonaba entre su boca y su cerebro Iris no pudo evitarlo y pens\u00f3 que tambi\u00e9n en esa ocasi\u00f3n hab\u00eda sido como si alguien la hubiese forzado; en ese y en otros muchos momentos de su vida era como si no hubiese sido ella misma la que obrase, sino que algo la hab\u00eda obligado a hacerlo. Nadie que la hubiese visto tomar todas aquellas decisiones habr\u00eda podido decir otra cosa; parec\u00eda que la estuviesen forzando, s\u00ed, exactamente eso parec\u00eda. Viajes que no quer\u00eda hacer, ropa que no quer\u00eda comprar, comidas que no quer\u00eda comer, gente a la que aborrec\u00eda hasta el punto de no aguantar o\u00edr sus nombres. Y tambi\u00e9n era como si alguien la hubiese forzado a apartar la mirada justo en el momento en que una mirada habr\u00eda podido solucionarlo todo, aunque solo fuese provisionalmente. As\u00ed que la pregunta era: \u00bfqu\u00e9 la forzaba exactamente?, \u00bfqui\u00e9n hab\u00eda levantado el muro?, \u00bfqui\u00e9n la avasallaba tan constante, tan secretamente? Algo la somet\u00eda por la fuerza; algo desconocido la subyugaba siempre, siempre mientras tuvo aliento para ir y venir y comprar y comer y equivocarse.<\/p>\n<p>Andrea era una belleza; la ropa, el pelo, las u\u00f1as, la piel, la risa, incluso su voz era un reclamo; y c\u00f3mo se mov\u00eda caminando por las calles, y c\u00f3mo se arrugaba su vestido cuando se sentaba en la barra de alg\u00fan bar, y c\u00f3mo hablaba con hombres y mujeres de todo tipo, haciendo gala de una seguridad que quiz\u00e1 verdaderamente pose\u00eda. En todo caso, la voz no se le quebraba nunca y las palabras eran todas suyas, sin comedimiento alguno. Nada parec\u00eda interponerse entre Andrea y el mundo, nada parec\u00eda ser un obst\u00e1culo lo suficientemente s\u00f3lido para que ella no pudiese salvarlo. Quiz\u00e1 porque comprendi\u00f3 esto enseguida Iris la hab\u00eda aborrecido desde el instante mismo en que la vio, si bien de todos es conocido que aborrecer y odiar no son sino los viej\u00edsimos ropajes con los que manos infantiles acostumbran a encubrir torpemente sus amores y sus celos, y bien pod\u00eda decirse que Iris era poco m\u00e1s que una chiquilla cuando vio a Andrea por primera vez. Ahora era una mujer y las dos ten\u00edan la misma edad, lo cual quiz\u00e1 explicaba que, inexplicablemente, Iris quisiese verla.<\/p>\n<p>Andrea aterriz\u00f3 una tarde lluviosa de un diciembre demasiado gris. La recogieron en el aeropuerto y la llevaron a la casa. Se quedar\u00eda solamente tres noches y no ten\u00eda la menor idea de cu\u00e1l era el prop\u00f3sito de su visita ni c\u00f3mo se hab\u00eda dejado conducir hasta all\u00ed. Pero lo \u00fanico importante, lo \u00fanico absolutamente cierto en esta historia es que esa misma noche la reci\u00e9n llegada entr\u00f3 confundid\u00edsima en la habitaci\u00f3n de Iris y no sali\u00f3 de ella hasta la ma\u00f1ana siguiente.<\/p>\n<p>Junto a la ventana y frente a la cama hab\u00eda un sill\u00f3n tapizado de rosa; ah\u00ed sentada Andrea pod\u00eda tener, aunque la habitaci\u00f3n no fuese demasiado grande, una cierta sensaci\u00f3n de lejan\u00eda que aliviaba un poco el car\u00e1cter obtuso de la situaci\u00f3n, adem\u00e1s de mitigar de alguna manera la extra\u00f1a melancol\u00eda que le hab\u00eda infundido el paisaje entrevisto por la ventana del coche en lo que dur\u00f3 el trayecto desde el aeropuerto. Las curvas la marearon tanto que solo alcanz\u00f3 a ver masas verdes y masas marrones que bien pod\u00edan corresponder a cualquier cosa, seguramente a montes desollados de su capa protectora por alg\u00fan incendio reciente, laderas que mostraban sus infiernos a la luz del d\u00eda, unos infiernos como todos, tenebrosos, tristes, est\u00e9riles. Las casas y las gasolineras desperdigadas al azar por los caminos no hab\u00edan contribuido mucho a cambiar la turbia impresi\u00f3n que suscitaba en ella todo aquello. Pero digamos que la melancol\u00eda apenas se le notaba. Andrea estaba fant\u00e1stica cuando entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n de Iris aquella tarde, tan fant\u00e1stica que la enferma resplandec\u00eda de alegr\u00eda por el mero hecho de tenerla ah\u00ed, delante de sus ojos, tan cerca de s\u00ed misma; como una ni\u00f1a con su mu\u00f1eca de reyes Iris resplandec\u00eda por el hecho de tenerla consigo y poder mirarla sin que la interrumpiesen, porque lo primero de todo era mirarla sin disimular que la miraba, mirarla hasta absorber con las pupilas ese color, ese gesto, esa forma. Lo segundo que Iris necesitaba era interrogarla. Ver a Andrea comprend\u00eda exactamente estas dos cosas: ver el cuerpo y conocer qu\u00e9 hab\u00eda sido de ese cuerpo contempor\u00e1nea y paralelamente al suyo. Sin embargo, para que todo saliese como Iris deseaba primero ella ten\u00eda que contarle algunas cosas de s\u00ed misma. En realidad, era imprescindible que lo hiciese, pues su relato ser\u00eda la primera parte de un d\u00edptico que ella necesitaba contemplar en sus dos caras antes de juntarlas y cerrarlas definitivamente.<\/p>\n<p>Querr\u00eda cont\u00e1rtelo todo \u2013empez\u00f3 Iris\u2013, pero c\u00f3mo contarlo todo, c\u00f3mo decirlo todo \u2013continu\u00f3\u2013. Has pisado la hierba mojada, hueles esta humedad, ves estos libros, este espejo \u2013su voz apenas pod\u00eda percibirse\u2013. Supongo que si el tiempo excava y excava sin tregua, supongo que si desbroza y devasta de esta forma bestial es nada m\u00e1s que por amor, por amor a la verdad, a la exactitud; por amor el tiempo investiga y remueve y rebusca hasta que sale a la luz el rostro escondido de las cosas. Pues bien, mi rostro es lo que has visto, una lluvia que cae y se dispersa como un llanto infantil y rid\u00edculo; un viento incapaz de quedarse y permanecer en ning\u00fan sitio; un tronco h\u00famedo que si lo tocas se convierte en polvo; un espejo en la pared; un fantasma.<\/p>\n<p>Andrea guardaba silencio y miraba extra\u00f1amente conmovida.<\/p>\n<p>Supongo que algunos tenemos que andar desnudos entre los vestidos \u2013continu\u00f3 diciendo Iris\u2013, supongo que unos tenemos que yacer mientras otros andan y corretean a toda prisa, supongo que s\u00ed, alguien tiene que permanecer incapaz entre los capaces, vacilante entre los seguros, insomne entre los dormidos. Y lo m\u00e1s curioso de todo es que aunque nos veamos todos los d\u00edas en calles y en restaurantes, aunque hayamos compartido colegio y aula y piso y cama, jam\u00e1s convergeremos, jam\u00e1s nos encontraremos los unos con los otros, como ahora t\u00fa y yo nos encontramos en esta penosa y extra\u00f1a circunstancia.<\/p>\n<p>Iris hablaba baj\u00edsimo, largos silencios se extend\u00edan entre sus palabras.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil explicar por qu\u00e9 te he hecho venir hasta aqu\u00ed \u2013continu\u00f3 diciendo Iris\u2013, ni yo misma encuentro la manera de explic\u00e1rmelo. Tiene que ser esta nostalgia, este deseo que me ha atosigado sin descanso hasta conducirme a ti\u2026<\/p>\n<p>La voz se le quebraba, sonre\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso no es angustiante pensar que despu\u00e9s de la batalla todav\u00eda queda la nostalgia, que al final sobrevive un insaciable anhelo de juventud m\u00e1s all\u00e1 de ti, un extra\u00f1o deseo de intimidad y de confidencia sin prop\u00f3sito que te sobrevive? \u00a1Como un redoble final, como un espejismo, como si hubiese espacio para vivir dos veces! \u00bfNo te parece una broma horrible? Esta nostalgia de la vida ha sido mucho peor que la propia enfermedad, puedes creerme; porque\u2026 ya lo ves, ella merecuerda que si el objetivo de todo esto era abrir los ojos a todo y conocerlo todo y saciarse de todo, yo\u2026<\/p>\n<p>Iris parec\u00eda una ni\u00f1a, el cabello suelto sobre el edred\u00f3n, la blusa blanca, el rostro solemne e infantil.<\/p>\n<p>A veces pienso que fue esta absurda irrealidad la que lo arruin\u00f3 todo, nacer as\u00ed, aqu\u00ed, en este lugar, como esa figura de tronco que si lo tocas se deshace&#8230;<\/p>\n<p>Su rostro se hab\u00eda ensombrecido y parec\u00eda muy fatigada.<\/p>\n<p>Digamos que fue como nacer en un pantano, o en la copa de un \u00e1rbol del que no te puedes bajar, algo que eres y que te destruye. Solamente es un espejo, le dec\u00eda Nelly a Cathy\u2026 tambi\u00e9n a m\u00ed me han lanzado de vuelta al punto de partida, a esto inh\u00f3spito que ves\u2026<\/p>\n<p>Sus ojos se perd\u00edan en el aire, parec\u00edan escaparse de la habitaci\u00f3n a trav\u00e9s del techo.<\/p>\n<p>Pero seguramente t\u00fa no sabes nada de todo esto; seguramente nunca has sabido que para m\u00ed t\u00fa eres mi espejo, mi imagen invertida, que por eso te he llamado y ahora est\u00e1s aqu\u00ed, a mil kil\u00f3metros de tu casa.<\/p>\n<p>Andrea empezaba a inquietarse de verdad. El cristal de la ventana chorreaba y la noche ca\u00eda del cielo como en una tormenta. Nada exterior pod\u00eda verse.<\/p>\n<p>Ven \u2013dijo Iris tras una pausa\u2013. Ya sabes que hay cosas que solo se comprenden mucho despu\u00e9s, el disfraz se pulveriza y de pronto comprendemos.<\/p>\n<p>Andrea obedeci\u00f3 y se sent\u00f3 sobre la cama. Estaba fascinada.<\/p>\n<p>Solo quiero verte, escucharte \u2013dijo Iris rozando una de sus manos\u2013, solo quiero saber c\u00f3mo ha sido\u2026 vivir es llenarse de cosas, ya sabes, los ojos, las manos\u2026 necesito saber c\u00f3mo has vivido para no enfermar de nostalgia, necesito vivirlo aunque sea de esta torpe manera m\u00eda, necesito\u2026 a trav\u00e9s de ti\u2026<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al despertar aquella ma\u00f1ana Iris no tuvo m\u00e1s remedio que admitir dos cosas: una, que \u00e9sa no era otra que la vida, su vida, y no hab\u00eda posibilidad de que la vida fuese otra; dos, que las mil se\u00f1ales que vio iluminarse y parpadear por un instante ante sus verdes [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":31,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-1407","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Compulsi\u00f3n - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/compulsion\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Compulsi\u00f3n - Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Al despertar aquella ma\u00f1ana Iris no tuvo m\u00e1s remedio que admitir dos cosas: una, que \u00e9sa no era otra que la vida, su vida, y no hab\u00eda posibilidad de que la vida fuese otra; 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