{"id":138,"date":"2010-07-08T15:24:06","date_gmt":"2010-07-08T13:24:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/amor-sin-pasion\/"},"modified":"2023-12-29T13:45:48","modified_gmt":"2023-12-29T12:45:48","slug":"amor-sin-pasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/amor-sin-pasion\/","title":{"rendered":"Amor sin pasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">No cabe duda al respecto: Highbury es un lugar estrecho. Uno no puede dejar de pasar por la tienda de los Ford cuando necesita unos guantes o cualquier otra cosa (tienen de todo) y, por lo mismo, uno no puede dejar de encontrarse con la se\u00f1ora Weston que viene paseando desde Randalls (aunque esto sea una delicia), ni ahorrarse una visita (no m\u00e1s de quince minutos) a la pobre se\u00f1orita Bates y su vieja madre. Pero la estrechez de Highbury no delata sino la estrechez del mundo, no demuestra sino que hay cosas de las que uno no se puede librar sin m\u00e1s: ah\u00ed llega la se\u00f1ora Elton diciendo algo sobre encajes y sat\u00e9n blanco, y ah\u00ed el momento en que alguien reclama su derecho a que una u otra joven se siente al piano y demuestre cantando que no le falta educaci\u00f3n. No, es in\u00fatil decir que uno puede sencillamente hacer o\u00eddos sordos a todas esas peticiones; es ingenuo aparentar que uno puede permitirse volver el rostro y mirar hacia otra parte. Y sin embargo, no todo est\u00e1 acabado, una posibilidad queda, s\u00f3lo que a \u00e9sta, por principio, y por m\u00e1s que sea deseable para todos, s\u00f3lo unos pocos consiguen atraparla. Quiz\u00e1 sea cierto que el mundo es una comedia para los que piensan; quiz\u00e1 por eso en la novela de Austen una risa subterr\u00e1nea o voladora tintinea ahora aqu\u00ed, ahora all\u00e1.<\/p>\n<figure id=\"attachment_137\" aria-describedby=\"caption-attachment-137\" style=\"width: 992px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-137 size-full\" style=\"width: 550px; height: 198px;\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/EMMA.jpg\" alt=\"alt\" width=\"992\" height=\"357\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/EMMA.jpg 992w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/EMMA-300x108.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/EMMA-768x276.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/EMMA-500x180.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 992px) 100vw, 992px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-137\" class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: left;\">Emma Woodhouse es lo suficientemente lista como para aborrecer a la se\u00f1ora Elton, pero contestarle con absoluta deferencia. Lo suficientemente alegre como para re\u00edrse con Frank Churchill, pero sin llegar a enamorarse. Lo bastante cuerda como para ironizar sobre las man\u00edas de su padre, pero sin dejar de tenerle cari\u00f1o. Pero eso que Jane Austen no nos dice directamente sobre Emma, y que es justo el rasgo que la distingue de los dem\u00e1s habitantes de Highbury, lo vierte en dosis concentrada sobre esa especie de sombra brillante que cada d\u00eda visita Hartfield, lac\u00f3nico, serio, cr\u00edtico, solitario, extravagante, independiente: el se\u00f1or Knightley discute con Emma, desaf\u00eda sus capacidades y descubre sus defectos para, finalmente, confesarle que est\u00e1 enamorado. \u00c9l representa quiz\u00e1 la capacidad de estar en Highbury sin perder la integridad, lo cual quiere decir aqu\u00ed el saber estar en el mundo conservando sin embargo la entereza, la distancia, la calma. El se\u00f1or Knightley dice hablar muy poco debido a su escrupuloso deseo de atenerse a la \u00abverdad\u00bb, y \u00e9sta, as\u00ed lo expone la narradora de Emma, \u00abrara vez, muy rara vez llega a pertenecer a ninguna declaraci\u00f3n humana; rara vez puede pasar que no se enmascare un poco, o que no se distorsione un poco\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pero es Emma la que interesa. Es a ella a quien vemos pensar, re\u00edr, discriminar emociones, decir, desdecirse. La actitud del se\u00f1or Knightley da en efecto testimonio de que es posible habitar el mundo conservando cierta indiferencia, es decir, cierta libertad; que uno puede vivir en un recinto solitario que sea a la vez un aut\u00e9ntico centro de actividad. El amor sin pasi\u00f3n de Emma y el se\u00f1or Knightley demuestra que el milagro acontece, que es posible caminar por las estrechas calles de Highbury sin necesidad de morir de asfixia; que uno puede hablar con la abominable se\u00f1ora Elton sin convertirse en otra se\u00f1ora Elton.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">En la boda de Emma no hay encajes ni sat\u00e9n, s\u00f3lo una uni\u00f3n feliz y completa: aqu\u00ed la fantas\u00eda y la alegre inteligencia; ah\u00ed la serena pretensi\u00f3n de plegarse a la verdad. Parece como si la boda, esa uni\u00f3n de los opuestos, fuese ya en s\u00ed misma un nacimiento, el nacimiento de esa mente andr\u00f3gina que, s\u00f3lo ella \u2013as\u00ed nos dice V. Woolf recordando a Coleridge\u2013, es \u00abcreadora por naturaleza, incandescente e indivisa\u00bb. Y si una de las Bront\u00eb se queja de la insensibilidad de Jane Austen, eso es para nosotros prueba fehaciente de que, en efecto, la iron\u00eda libera sin recluir, separa sin aislar, juzga, observa y tranquiliza sentimientos sin borrarlos del todo, pues \u2013y esto es decisivo\u2013 en c\u00f3lera nadie ha escrito nunca una buena novela. Y puede que escribir una buena novela no esconda tras de s\u00ed m\u00e1s que la opci\u00f3n por vivir, a pesar de todos los matrimonios Elton y de la estrechez de Highbury, a descubierto ante la presencia escurridiza de la pura realidad.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No cabe duda al respecto: Highbury es un lugar estrecho. 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