{"id":1368,"date":"2012-02-12T17:32:41","date_gmt":"2012-02-12T16:32:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/troya-es-un-recuerdo\/"},"modified":"2023-12-29T13:44:13","modified_gmt":"2023-12-29T12:44:13","slug":"troya-es-un-recuerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/troya-es-un-recuerdo\/","title":{"rendered":"Troya es un recuerdo"},"content":{"rendered":"<p>Ha pasado, el cometa, la espl\u00e9ndida velocidad, la luz, y s\u00f3lo queda un rastro. Ha pasado ya el largo y sangriento mediod\u00eda, cuando H\u00e9ctor sostuvo en sus manos la antorcha ardiente, enceguecido por un brillo que sab\u00edamos que no durar\u00eda, porque era una ilusi\u00f3n, un espejismo, y al final Atena le abre los ojos a la muerte. Ha pasado tambi\u00e9n la noche f\u00fanebre, la noche cargada de lamentos, de reproches, promesas, tristeza, porque Patroclo ha muerto y la soledad es insoportable, y nada ya se puede hacer sino cantar en alabanza la p\u00e9rdida de algo tan hermoso. Este es el horizonte; esto es lo que ha ocurrido. Al otro lado del mar se oculta la llanura donde tanto ha sucedido, el mediod\u00eda sangriento y la noche f\u00fanebre, porque Troya es un recuerdo.<\/p>\n<figure style=\"width: 550px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/troya.jpg\" alt=\"alt\" width=\"550\" height=\"198\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Ilustra Evelio G\u00f3mez.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Es por esto que la luz cede, se ablanda, se transforma, y as\u00ed, como luz del ocaso, ilumina el lugar de otra manera, desde otra perspectiva. Ya no estamos en la amplia llanura de Troya, sino en \u00cdtaca, o en Esparta, o en la sagrada Pilos. El brillante sol del mediod\u00eda se ha disuelto en los p\u00e1lidos reflejos de la tarde, sombras y dorados. Y si es l\u00edcito decir que el reparto de las luces y las sombras descubre el espec\u00edfico esp\u00edritu de un poema, entonces quiz\u00e1 el esp\u00edritu de la Odisea se aparte del esp\u00edritu de la Il\u00edada del mismo modo que sus luces se separan de sus luces y sus sombras de sus sombras. \u00bfQu\u00e9 se ve \u2013preguntamos\u2013 bajo la luz de la tarde desde Esparta o desde Pilos? \u00bfQu\u00e9 brillos, qu\u00e9 luces iluminan ahora la llanura de Troya, el lugar donde tanto ha sucedido?<\/p>\n<p>La pregunta nos conduce sobre la pista de aquellos que una vez estuvieron all\u00ed, estuvieron presentes y vieron lo ocurrido. Son aquellos que lucharon y sobrevivieron al combate, y en el regreso, con el sol del mediod\u00eda a sus espaldas, contin\u00faan viviendo, ahora ya en sus casas. Ellos sostienen la l\u00e1mpara, el foco de luz que con las sombras, la penumbra y los dorados ilumina ahora esa llanura de la que s\u00f3lo quedan ecuerdos y p\u00e9rdidas. Troya es un recuerdo en la mirada de aquellos que contin\u00faan su existencia en el reposo de la tarea concluida.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqui\u00e9nes son aquellos?, preguntamos. Son los mismos; N\u00e9stor, Menelao. Los dos lucharon en ese lugar donde tanto ha sucedido.<\/p>\n<p>No es casual que el poeta introduzca el diferente reparto de luces y sombras que \u2013suger\u00edamos\u2013 dona vida al esp\u00edritu del poema que es la Odisea seleccionando como gu\u00eda y conductor a alguien que no sabe nada de Troya, que jam\u00e1s ha estado all\u00ed, y es incluso demasiado joven para estar bien informado sobre el acontecimiento. No es en efecto casual que el poeta escoja unos ojos inocentes y unos o\u00eddos limpios de noticias para exhibir por primera vez las im\u00e1genes que quedan de aquel lejano paisaje. Como torres que definen la anatom\u00eda de un espacio, como los r\u00edos y las venas de esa llanura en la que tanto ha sucedido, viven N\u00e9stor en Pilos y Menelao en Esparta; y cuando ese joven de ojos limpios llega a sus casas de visita (ha cruzado por primera vez el mar) la luz crepuscular se desparrama, como el agua de un lago desbord\u00e1ndose inunda palabras y gestos, y Troya aparece en el reflejo de las aguas, ensombrecida y dorada, porque se trata de un recuerdo.<\/p>\n<p>La Odisea hace de Tel\u00e9maco nuestro gu\u00eda y conductor en el viaje hacia las casas de los que participaron en la lucha y sobrevivieron. Son torres y se\u00f1uelos del paisaje olvidado de Troya. Por esta raz\u00f3n, cuando el joven hijo de Odiseo llega de visita a los hogares de esa especie de monumentos vivientes que son, cada uno a su manera, Menelao y N\u00e9stor, y ello con el objetivo de reunir cuanta informaci\u00f3n pueda sobre su padre ausente \u2013perdido de vista, sin noticias, sin mensajes\u2013 lo que obtiene es ante todo la visi\u00f3n de un panorama, un abanico de im\u00e1genes que muestran qu\u00e9 permanece de la tarea concluida, qu\u00e9 se ve ahora, con la luz de la tarde.<\/p>\n<p>T\u00edpicamente hom\u00e9rico es describir la llegada de un visitante de tal forma que la situaci\u00f3n con la que el visitante se encuentra define esencialmente a las figuras visitadas. N\u00e9stor y los suyos celebran en la playa un sacrificio en honor al dios; Menelao, por su parte, est\u00e1 ocupado en el festejo de las bodas de sus hijos. All\u00ed los vestigios finales de un hombre que conduce hacia el final una vida vivida con orden y justicia. Aqu\u00ed, los preparativos de nuevas uniones que, qui\u00e9n lo sabe, tal vez sean nuevas rupturas, nuevas deslealtades y nuevas desgracias. Es por esto que cuando Tel\u00e9maco llega con la pregunta por Odiseo prendida en sus labios una especie de fuerte tir\u00f3n, una expulsi\u00f3n repentina quiebra la dulce inmersi\u00f3n de N\u00e9stor en esa tranquila vida suya para la que tan lejos queda ya el desastre que, pese a todo, fue la victoria en Troya. Entonces N\u00e9stor le habla por segunda vez, ya no como el correcto anfitri\u00f3n que acoge a los reci\u00e9n llegados, sino como el viejo guerrero que estuvo presente en el lugar donde tanto ha sucedido. Por eso, porque alg\u00fan velo se ha rasgado, N\u00e9stor responde a las inquisiciones de Tel\u00e9maco con los versos (3.103-104):<\/p>\n<p>\u00a1Oh amigo! Me haces recordar la miseria que en aquel<\/p>\n<p>lugar los hijos de los aqueos soportamos\u2026<\/p>\n<p>N\u00e9stor vive el final de su larga vida en medio de paz, reposo, simplicidad y justicia. Por eso los sacrificios a los dioses, por eso los hijos reunidos a su alrededor, por eso la playa en lugar del palacio. N\u00e9stor vive su vejez con eso que en Plat\u00f3n, que a su vez evoca versos de P\u00edndaro, recibe el nombre de \u00abbuena esperanza\u00bb (Rep. 331a). Una buena esperanza acompa\u00f1a al hombre que, convencido de haber vivido sus d\u00edas \u00abjusta y santamente\u00bb, avanza tranquilo hacia la proximidad de su muerte. Una buena esperanza \u00abnutre\u00bb la vejez de N\u00e9stor, y es por este motivo que el recuerdo de aquel lugar, que es a la vez el recuerdo de aquella miseria, turba de pronto y de alg\u00fan modo la tranquilidad de su vida.<\/p>\n<p>N\u00e9stor recuerda, recuerda la miseria, recuerda la llanura en la lejan\u00eda, all\u00e1, en el mar; el r\u00edo Escamandro, la higuera, los muros, las puertas de Troya. Y con la succi\u00f3n del recuerdo (el velo se rasga), con esa vuelta en la memoria al territorio de Troya (donde tanto ha sucedido) el primer nombre que pronuncian sus labios no es Agamen\u00f3n, no es Helena, es Aquiles. Por all\u00ed navegamos en busca de bot\u00edn, dice N\u00e9stor, all\u00ed, donde nos conduc\u00eda Aquiles. Aquiles conductor, Aquiles guerrero sin tregua, luchador sin descanso, en cuyos brazos se ocultaba la ra\u00edz de la fuerza contra Troya, Aquiles es el primer nombre que cruza la memoria del anciano N\u00e9stor.<\/p>\n<p>Pero ese lugar (la llanura, el r\u00edo, la higuera, las puertas) es sobre todo el suelo, el polvo donde se desmoronaron los mejores, cayendo como enormes \u00e1rboles que se desploman haciendo resonar la tierra bajo su peso, porque los mejores tienen ese preciso peso, el peso de algo que al caer resuena, vibra y hace que por unos momentos la firmeza de la tierra vacile y se estremezca. N\u00e9stor recuerda que (versos 108-112):<\/p>\n<p>All\u00ed murieron luego cuantos eran los mejores:<\/p>\n<p>All\u00ed yace el guerrero \u00c1yax, all\u00ed Aquiles,<\/p>\n<p>all\u00ed Patroclo, maestro semejante a los dioses,<\/p>\n<p>Y all\u00ed mi propio hijo, al mismo tiempo fuerte y excelente,<\/p>\n<p>Ant\u00edloco\u2026<\/p>\n<p>Troya es el all\u00ed, es el lugar, el d\u00f3nde de la muerte de los mejores. Porque s\u00ed, los mejores han perecido \u2013el imponente \u00c1yax, como una torre con su escudo, Aquiles, \u00abtan fuerte y delicado\u00bb, \u00abla flor m\u00e1s lograda del mundo de los h\u00e9roes\u00bb\u2013, y Troya fue el lugar.<\/p>\n<p>Pero con la variedad de los nombres de los h\u00e9roes, nombres reunidos como un ramo que alguien deja caer en la planicie ante Troya, N\u00e9stor recuerda tambi\u00e9n la ingente masa, la cantidad y la profundidad de todos los sufrimientos padecidos. Y entonces, subrayando la inmensidad de los recuerdos que de pronto le golpean, exclama, como buscando un punto de apoyo para dar inicio a su relato (versos 113-114):<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n de los hombres mortales<\/p>\n<p>Podr\u00eda decir todas aquellas cosas?<\/p>\n<p>Troya, la llanura donde tanto ha sucedido, es ahora, iluminada por la luz de los recuerdos, que es a la vez la luz del ocaso y la penumbra de la tarde, el lugar donde yacen extendidos los cad\u00e1veres espl\u00e9ndidos de tantos guerreros brillantes. En el recuerdo Troya es ante todo \u2013permit\u00e1monos el \u00e9nfasis\u2013 la llanura de los muertos.<\/p>\n<p>Con los ojos inocentes de Tel\u00e9maco como gu\u00edas pudimos ver algo de la tranquilidad de N\u00e9stor, el anciano que acaba sus d\u00edas con el privilegio de poder contar con una buena esperanza. Muy distinta es la imagen que le ofrece Esparta, donde Menelao, que ha sido el \u00faltimo en volver a casa despu\u00e9s de la guerra, se entretiene festejando las bodas de sus hijos.<\/p>\n<p>Da mucho que pensar que el poema se\u00f1ale que de los dos hijos que casa Menelao s\u00f3lo uno es de Helena, la chica, Hermione, la \u00fanica que ella le dio, mientras que el otro, el chico, cuyo nombre significa algo as\u00ed como \u00abGran Dolor\u00bb o \u00abGran Pena\u00bb, es el hijo bastardo de una esclava.<\/p>\n<p>Enlazando con esta, en cierto sentido, enigm\u00e1tica aclaraci\u00f3n, se halla la fuerte impresi\u00f3n que en Tel\u00e9maco provoca la casa de Menelao. \u00abComo el brillo del sol o de la luna\u00bb resplandece el palacio (verso 4.45); en copas de oro y bandejas de plata portan los sirvientes el vino y los alimentos. El hijo de Odiseo, que seguramente no ha visto jam\u00e1s nada parecido, susurra entonces, incapaz de contener su asombro, unas palabras al o\u00eddo de Pis\u00edstrato, el hijo que N\u00e9stor le cedi\u00f3 como compa\u00f1ero de viaje. El resplandor del bronce, el brillo del oro, la plata, el marfil, todo le sobrecoge.<\/p>\n<p>Pero uno no debe llamarse a enga\u00f1o: en ese palacio han sucedido m\u00e1s cosas de las que es posible soportar, y por todas esas espl\u00e9ndidas riquezas, por toda esa abundancia y esa fastuosidad, Menelao ha tenido que pagar un precio tal que, cuando bebe del oro de las copas es un trago de amargura, y cuando se dispone a yacer en esos lechos lanosos es s\u00f3lo para no poder dormir. Menelao, a diferencia de N\u00e9stor, ha de cargar con todas las muertes a sus espaldas, pues fue por \u00e9l que los aqueos se embarcaron hacia Troya, y fue debido a su ausencia \u2013pues Menelao siempre llega tarde\u2013 que su hermano muri\u00f3 una muerte miserable a manos del amante de su esposa. La multitud de sufrimientos explica quiz\u00e1 que precisamente en el interior de esa casa que hace pensar en la morada de los mismos dioses se guarden drogas capaces de, por espacio de un d\u00eda, detener las l\u00e1grimas y distanciar las penas; f\u00e1rmacos (verso 221)<\/p>\n<p>Contra el dolor y la ira, que hace(n) olvidar todas las desgracias<\/p>\n<p>Porque s\u00ed, los recuerdos de Menelao han desatado el llanto de todos los presentes (versos 184-186):Y lloraba la argiva Helena, nacida de Zeus,Y lloraba Tel\u00e9maco, y el Atrida Menelao,<\/p>\n<p>Y tampoco el hijo de N\u00e9stor ten\u00eda los ojos sin l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Todos gimen y suspiran hasta que Helena \u2013soberbia saliendo de la habitaci\u00f3n, grandiosa, segura, dominante\u2013 decide que es el momento de verter en las copas el ant\u00eddoto contra la pena.<\/p>\n<p>Porque s\u00ed, una de las recompensas del arriesgado viaje de Tel\u00e9maco es poder ver con los propios ojos la belleza por la cual tantos han perecido en la llanura de Troya, si bien ahora (ahora que Troya es un recuerdo) Helena est\u00e1 en casa, est\u00e1 en casa en posesi\u00f3n de los remedios que hacen soportables las incontables penas.<\/p>\n<p>Tel\u00e9maco (y con \u00e9l nosotros) aprende que junto el resplandor del palacio se extiende, inseparable, un manto de sombra; bajo los cantos de la fiesta se oculta el silencio, el insomnio de Menelao, las drogas de Helena. Y cuando los esposos evocan aquella gran historia para el hijo inexperto de Odiseo lo que vemos no es tanto el esperado intercambio de palabras con los visitantes, sino un oblicuo di\u00e1logo entre marido y mujer. Es as\u00ed como el poeta decide mostrarnos cu\u00e1nto queda a\u00fan por explicar, cu\u00e1nto por justificar, y c\u00f3mo siempre faltar\u00e1 algo, c\u00f3mo nunca la aclaraci\u00f3n ser\u00e1 completa. La falta de armon\u00eda en la casa de Helena y Menelao resalta tanto m\u00e1s en cuanto que Tel\u00e9maco acaba de conocer cu\u00e1n arm\u00f3nica puede ser la existencia de un hombre cuando se parece a N\u00e9stor. \u00abUna de las m\u00e1s bellas im\u00e1genes de la vida\u00bb, comenta H\u00f6lderlin leyendo los versos de P\u00edndaro (Das Alter).<\/p>\n<p>La Odisea es un poema del retorno, del cierre, lo cual quiere decir tambi\u00e9n: un poema del principio, pues al final lo que uno encuentra es el comienzo: \u00cdtaca.<\/p>\n<p>En este sentido quiz\u00e1 sea cierta la vieja opini\u00f3n que dice que la Odisea se comporta respecto a la Il\u00edada como el sol de la tarde se comporta respecto al sol del mediod\u00eda. Otra vez: el desplazamiento del acento, el diferente reparto de luces y sombras que descubre el esp\u00edritu de un poema. Y si tambi\u00e9n nosotros nos arriesgamos y decimos que la Odisea es un poema del sol poniente, es sobre todo porque ese momento, el crep\u00fasculo, el cierre del d\u00eda, la tarde, es precisamente la hora cuando el b\u00faho nocturno, ave de Minerva, diosa de ojos claros, extiende las alas y alza el vuelo.<\/p>\n<p>La Odisea, como poema de la tarde y de la noche, es el poema de la visi\u00f3n clara, el poema del saber. Pues s\u00f3lo cuando sobreviene la tarde puede uno asumir la tarea de intentar comprender todo aquello que el d\u00eda, con sus cambios constantes, sus esfuerzos, sus distracciones y dispersiones, manten\u00eda obstinadamente oculto. La sombra de la tarde delimita en cambio el perfil y concede contorno. Discernir exige terminar, exige desprenderse, y esto, el desprendimiento, pertenece a la luz de la tarde igual que el cierre pertenece al retorno (el sol retorna a las tinieblas, las sombras cortan las figuras).<\/p>\n<p>Sobre este \u00faltimo punto quiz\u00e1 arrojen luz las palabras que Heidegger escribe leyendo versos de Trakl:<\/p>\n<p>\u00abLa tarde es la inclinaci\u00f3n de los d\u00edas de los a\u00f1os espirituales. La tarde cumple un cambio. La tarde, que se inclina hacia lo espiritual, da otra cosa que ver, otra cosa que pensar.<\/p>\n<p>La tarde cambia sentido e imagen.\u00bb<\/p>\n<p>Odiseo es la figura que llega tarde, con la tarde, hacia la tarde. Y es justo en ese momento, cuando se inclina hacia el final el d\u00eda y cambia el acento de las luces y las sombras, que es posible quiz\u00e1 retornar al punto de partida, un retorno que, precisamente porque \u00abla tarde se inclina hacia lo espiritual\u00bb, permite la tarea propia del esp\u00edritu: la visi\u00f3n, el pensamiento; ver otras cosas y pensar de otra manera.<\/p>\n<p>El retorno de Odiseo, la figura que durante largo tiempo ha permanecido oculta y perdida como un muerto, es \u00abespiritual\u00bb porque comporta posibilidad de visi\u00f3n, y la visi\u00f3n (la visi\u00f3n de conjunto, la visi\u00f3n radical) es siempre pariente de la tarde, v\u00e1stago del cierre.<\/p>\n<p>Estar de vuelta significa, tambi\u00e9n en la Odisea, poder contemplar y pensar otras cosas de otra manera. Si esto resulta algo espec\u00edfico del \u00abalma\u00bb es precisamente porque tambi\u00e9n el alma despierta s\u00f3lo hacia el final, en la inclinaci\u00f3n del crep\u00fasculo, hacia el retorno de la tarde.<\/p>\n<p>La luz de la Odisea es la luz \u00abespiritual\u00bb, la luz del saber que la distancia permite.<\/p>\n<p>El alma despierta hacia el final porque el final la constituye. Con ella aparece el sentido, la imagen, lo espiritual.<\/p>\n<p>Los nombres que la pregunta de Tel\u00e9maco conjuraba en la memoria de N\u00e9stor no s\u00f3lo eran nombres, eran figuras, im\u00e1genes, destinos, eran voces que dec\u00edan: esta es mi vida, esto es lo que he sido. Por eso al ramo de nombres extendido en el polvo de Troya (la ofrenda de N\u00e9stor) le sigue el detalle, la historia, el zoom que operan los relatos de Menelao y Helena, relatos que tratan no s\u00f3lo sobre aquellos guerreros que perecieron en el combate ante Troya, sino de retorno cruzando el mar.<\/p>\n<p>Porque s\u00ed, uno nunca puede estar seguro de nada hasta que todo ha terminado, o sea, hasta que uno ya no es uno, sino que ha muerto. Ah\u00ed est\u00e1 el Locrio \u00c1yax, que muri\u00f3 ahogado porque tan seguro se cre\u00eda de haber superado con vida los riesgos del mar. Pero justo entonces\u2026 la palabra jactanciosa\u2026 Poseid\u00f3n\u2026 la roca partida\u2026 el mar donde se hunde y desaparece.<\/p>\n<p>S\u00f3lo el final define la figura; s\u00f3lo cuando est\u00e1s en-el-final, que es a la vez cuando ya no-est\u00e1s (las existencias de Menelao y de N\u00e9stor en casa son vac\u00edas en el sentido de que ya nada va a ocurrirles de importancia, y ese mismo estar-en-casa es la anticipaci\u00f3n de su final, por eso Menelao, que tiene a Helena junto as\u00ed, terminar\u00e1 en el Elisio), eres alguien, feliz o infeliz, afortunado o desgraciado, modelo o advertencia. Precisamente por eso gravita sobre los supervivientes el destino de Agamen\u00f3n como una oscura sombra. Agamen\u00f3n, el brillante dirigente de la empresa en Troya, ora encolerizado ora derrotista, se muestra al final como un pobre desgraciado. Mira a Agamen\u00f3n, dice Atena disfrazada a un Tel\u00e9maco que se aferra en exceso a la certeza de la muerte de su padre; mira a Agamen\u00f3n y considera si es mejor obtener eso. Porque Odiseo, al menos, y por m\u00e1s que esto sea terriblemente doloroso, todav\u00eda est\u00e1 suspendido en la indefinici\u00f3n, lo cual, aunque arriesgado, abre posibilidades, permite cambios de rumbo, alternativas, mientras que para Agamen\u00f3n toda posibilidad est\u00e1 perdida, su vida ha terminado. As\u00ed ha terminado, as\u00ed es su figura, as\u00ed perpet\u00faa su miseria en el siempre de los muertos. Porque Agamen\u00f3n ha muerto de la peor de las maneras \u2013esa es su muerte, esa es su vida, dice Atena, dice N\u00e9stor, dice Menelao\u2013, su figura se alza como elocuente advertencia para todos aquellos que todav\u00eda tienen que luchar por adquirir una figura propia, una muerte que responda al car\u00e1cter de su vida.<\/p>\n<p>El tema de la poes\u00eda de la tarde que es la Odisea no es otro que la resoluci\u00f3n de una vida, el seguimiento de las abruptas estaciones de un viaje que finalmente desemboca en los tranquilos d\u00edas del descanso en casa. Es por eso que el viaje a trav\u00e9s del cual Odiseo gana su propia figura tiene como constante compa\u00f1ero el mal final del l\u00edder que muri\u00f3 inesperadamente, de un modo sumamente infeliz, siendo por ello, y para siempre, infeliz su entera figura. Agamen\u00f3n, que bes\u00f3 alegre la tierra de su patria, que muri\u00f3 a manos de los suyos nada m\u00e1s volver a casa.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente logr\u00f3 N\u00e9stor volver a Pilos; el Locrio \u00c1yax muri\u00f3 en el mar; Menelao perdi\u00f3 el rumbo y lleg\u00f3 tarde, aunque esto le proporcionase inmensas riquezas. Pero \u00bfqu\u00e9 ha sido de Odiseo? \u00bfHa perecido? \u00bfHa regresado? \u00bfHay en absoluto esperanzas de que regrese? Con estas dudas y preguntas empieza la Odisea.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n es casi ag\u00f3nica, pues mientras que del resto de los aqueos puede ya decirse si han sido felices o desgraciados, pues en cada caso conocemos el final y la muerte, de Odiseo, cuyo papel en esa empresa ha sido decisivo (el proemio lo presenta como el hombre que arras\u00f3 Troya), todav\u00eda falta conocer el retorno, por tanto la definici\u00f3n, la resoluci\u00f3n de la figura. La Odisea empieza presentando la ag\u00f3nica situaci\u00f3n de estancamiento en la que se consumen las fuerzas tanto de Pen\u00e9lope y su hijo como del propio Odiseo, detenido contra su voluntad en la apartada isla de Calipso, a\u00f1o tras a\u00f1o, llorando en la orilla, y las cosas no parecen querer tomar un nuevo rumbo.<\/p>\n<p>Caracter\u00edstico del \u00e9pos hom\u00e9rico es dejar que los dioses deshagan el irresoluble nudo, que insuflen vida al punto muerto, que tomen la iniciativa de tal modo que las cosas de la tierra empiecen a rodar.<\/p>\n<p>La Il\u00edada comenzaba con un movimiento desde las disputas de la tierra a la deliberaci\u00f3n del cielo; la Odisea recorre el camino contrario. El verso 26 del canto primero nos conduce al Olimpo, donde Zeus rompe el silencio en medio de los dioses reunidos. Le viene a la memoria el recuerdo de un determinado mortal, y entonces habla.<\/p>\n<p>Egisto, seductor de Clitemnestra y asesino de Agamen\u00f3n, muerto despu\u00e9s por Orestes, evoca en el dios pensamientos sobre la estupidez de los mortales, esos seres que se buscan ellos mismos su ruina y luego, extra\u00f1amente, inculpan a los dioses, que, por otra parte, les proporcionaron antes inequ\u00edvoca advertencia. La ligereza del discurso de Zeus entre los inactivos dioses, su tono en cierto modo despreocupado y divertido \u2013Mirad, ah\u00ed est\u00e1 Egisto, prueba perentoria de lo absurdos que resultan los mortales\u2013 corresponde en tono y perspectiva a la elevaci\u00f3n de los dioses por encima de los hombres, a la facilidad y seguridad de su vida sin riesgo. Y, sin embargo, hay una diosa que protesta, una diosa que no se conforma con esta reflexi\u00f3n general sobre la insensatez humana. Sus palabras ponen l\u00edmites a la seguridad de los dioses trayendo a la memoria otro asunto mortal, uno cuya dificultad pondr\u00e1 al Olimpo en movimiento.<\/p>\n<p>Nadie discute que la suerte de Egisto pueda suscitar leg\u00edtimamente en los dioses ese brote de afirmaci\u00f3n en su autosuficiencia. Pero ya que se habla de mortales, dice Atena, precisamente hay uno que pone en cuesti\u00f3n, Zeus, tus palabras. Eso de \u00abqu\u00e9 absurdos\u00bb son los mortales no vale sin m\u00e1s para Odiseo, y justamente de \u00e9l vosotros, dioses, os olvid\u00e1is ahora. \u00abOh hija, \u00a1qu\u00e9 palabra has dicho!\u00bb, le responde Zeus (verso 64), mostrando as\u00ed c\u00f3mo la diosa (la diosa inteligente, la diosa de ojos claros) ha sabido aprovechar la ocasi\u00f3n para reconducir la reflexi\u00f3n de su padre al resbaladizo terreno donde lo mortal se vuelve cosa seria. Atena esgrime nada m\u00e1s y nada menos que el argumento de la insuficiencia ontol\u00f3gica de los propios dioses (Odiseo no ha faltado en nada al justo intercambio entre dioses y mortales: ha entregado siempre los sacrificios), argumento muy comprometido, pues hace depender de la muerte de los hombres toda la espl\u00e9ndida altivez divina.<\/p>\n<p>Poniendo a Odiseo en el punto de mira la cosa no es tan f\u00e1cil como parece; el asunto da la vuelta, y la buena disposici\u00f3n de los dioses frente a la estupidez humana se torna en su contrario&#8230; si uno piensa en Odiseo. Es as\u00ed como se desata la actividad en el Olimpo (y con ella el rodar las cosas en la tierra): recordando la necesidad que obliga los dioses a implicarse en el acontecer mortal.<\/p>\n<p>Con este problema comienza la Odisea, el poema espiritual, el poema de la tarde y del recuerdo. Sin duda no hemos se\u00f1alado todos los aspectos que manifiestan el enlace de retorno y recuerdo en el poema. De hecho, hemos pasado por alto que gran parte del mismo lo constituyen las evocaciones del propio Odiseo, que narra en primera persona las estaciones del camino recorrido, desde Troya hasta el C\u00edclope pasando por la casa de Circe, la pradera de las Sirenas y la isla del Sol.<\/p>\n<p>Pero de los varios estadios que componen el camino de Odiseo s\u00f3lo uno es requisito indispensable para lograr la vuelta a casa. Si Odiseo quiere todav\u00eda retornar \u2013as\u00ed se lo indica Circe\u2013 tendr\u00e1 que morir dos veces, tendr\u00e1 que descender con los muertos en las profundidades de Hades. All\u00ed encontrar\u00e1 las \u00abalmas\u00bb (\u00bfy qu\u00e9 es el alma?, preguntamos todav\u00eda) de esos excelsos guerreros ca\u00eddos en el polvo de Troya. Troya vive, congelada en el reino de las sombras; en la sombra suenan otra vez las voces que dicen sin cesar \u00abEsta es mi vida, esto es lo que he sido\u00bb. Aquiles, \u00c1yax, Agamen\u00f3n. Son sus almas lo que queda de todo aquello, o sea, espec\u00edficas figuras, las curvas de sus vidas, sus destinos. Si Odiseo debe atreverse a descender al lugar donde todo se desvanece como el humo, all\u00ed todo se pierde en la confusi\u00f3n de una masa de muertos sin nombre, es precisamente porque la consecuci\u00f3n del regreso ocurre a una con la consecuci\u00f3n del alma.<\/p>\n<p>Quien llega al hogar es el alma.<\/p>\n<p>Odiseo tiene que morir dos veces si quiere volver a \u00cdtaca precisamente porque el regreso es para \u00e9l, como para los otros, la primera se\u00f1al de que todo ha terminado, de que ha llegado la tarde y se apagan las luces, y que es entonces, con la tarde, cuando es posible alzar la vista y decir \u00abEsto es lo que ha ocurrido; esto es lo que soy\u00bb. Tiresias le anuncia su final. Con la visi\u00f3n de su muerte en los ojos Odiseo est\u00e1 listo, preparado, puede ya volver. No Odiseo, sino su alma, esa cosa que alza el vuelo hacia el crep\u00fasculo, es quien en verdad retorna a casa.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ha pasado, el cometa, la espl\u00e9ndida velocidad, la luz, y s\u00f3lo queda un rastro. 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