{"id":12704,"date":"2017-05-24T07:55:16","date_gmt":"2017-05-24T05:55:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=12704"},"modified":"2021-04-02T17:46:05","modified_gmt":"2021-04-02T15:46:05","slug":"tu-no-eres-como-otras-madres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/tu-no-eres-como-otras-madres\/","title":{"rendered":"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>T\u00fa no eres como otras madres<\/em>, de Angelika Schrobsdorff (1924-2016), es la vida novelada de la madre de la autora (su abuela muri\u00f3 en un campo de concentraci\u00f3n). <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La protagonista Elsa, nacida en la burgues\u00eda jud\u00eda de Berl\u00edn, es una mujer inconformista, que huye del destino marcado por sus padres que le buscaban un comerciante maduro y rico para desposarse, cuando ella quer\u00eda casarse con un artista bohemio. Estamos en los a\u00f1os veinte, y la culta vida berlinesa empapan a una mujer cuya m\u00e1xima era vivir la vida con intensidad y tener un hijo con cada hombre que amara, de hecho tuvo tres hijos de hombres diferentes. La vida dedicada a las fiestas, los viajes y el amor, se toparan con la cruda realidad de una Europa que iba hacia la locura de la guerra y el racismo. Ser\u00e1 en el exilio donde Elsa encontrar\u00e1 una realidad reveladora. La novela ha sido llevada al cine con la actriz alemana Katja Riemann como protagonista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos encontramos ante un libro autobiogr\u00e1fico, que recorre la vida de la autora y su familia, y tambi\u00e9n el testimonio de una \u00e9poca. Pero est\u00e1 lleno de personajes como artistas, revolucionarios, vividores, pol\u00edticos nazis, etc. Se lee como una novela con intrigas, asesinatos, delaciones, la m\u00fasica de los cabarets y las novelas de Stefan Zweig. Una buena lectura, publicada por Perif\u00e9rica &amp; Errata Naturae en castellano \u2013con traducci\u00f3n de Richard Gross\u2013 y en catal\u00e1n por La Campana \u2013conla traducci\u00f3n de Albert Vit\u00f3 i Godina\u2013. Aqu\u00ed tienen las primeras p\u00e1ginas:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>\u201cT\u00fa no eres como otras madres,<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>no tienes las manos fr\u00edas,<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>ni canoso el cabello,<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>y no me envuelves en<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>gr\u00e1vidos cuidados\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Primera estrofa de un poema de<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Peter Schwiefert a su madre<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Lo completamente distinto<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, 30 de junio, d\u00eda de su cumplea\u00f1os, he sacado de mi ba\u00fal del pasado el librito largo y estrecho. Es de pasta dura con ornamentaci\u00f3n marginal en negro y oro e inscripci\u00f3n en letra dorada.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">VIDA<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">de nuestra hija<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">ELSE<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las esquinas est\u00e1n un poco descantilladas, por lo dem\u00e1s el libro parece nuevo. Tiene noventa y ocho a\u00f1os. Tambi\u00e9n los primeros ricitos de la ni\u00f1a Else, adheridos a sus hojas, tienen noventa y ocho a\u00f1os, y se dir\u00eda que han sido cortados anteayer. Son de color marr\u00f3n, luego de rubio miel y finalmente, en 1897, cobrizos. \u00bfEl pelo es imperecedero? \u00bfNo se convierte en polvo? Resulta sedoso al tacto de mis yemas. Cuando conoc\u00ed a Else, mi madre, ten\u00eda el cabello bronceado y recio como la crin de un caballo. Siempre parec\u00eda despeinada, aun cuando ven\u00eda de la peluquer\u00eda. Sus rizos cortos y tupidos eran indomables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No eran lo \u00fanico que no se pod\u00eda domar en ella. Me hubiera gustado heredar su cabello y su vitalidad. Pero en estos dos puntos \u2014y algunos m\u00e1s\u2014 he salido a mi padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Ay, Dios, esos pensamientos incoherentes que me asaltan al mirar el peque\u00f1o libro rojo, esos recuerdos, esa a\u00f1oranza! A\u00f1oranza del pasado que viv\u00ed, a\u00f1oranza de un pasado no vivido. El Berl\u00edn del cambio de siglo. \u00bfC\u00f3mo me lo figuro? Probablemente, como un mundo intacto por pasado: tranv\u00edas y autobuses de dos pisos tirados por caballos; calles adoquinadas y farolas de gas; mansiones s\u00f3lidas color caf\u00e9 con leche y villas \u00abse\u00f1oriales\u00bb en anchurosos jardines; puestos de flores y frutas, organilleros, vendedores de peri\u00f3dicos y salchichas; los primeros grandes almacenes, unos verdaderos palacios; salones de baile, caf\u00e9s con violinistas, restaurantes exquisitos con camareros de frac, teatros y variet\u00e9s; parques donde los verdores se superponen unos a otros, edificios tan suntuosos como sombr\u00edos, monumentos de bronce; las avenidas Kurf\u00fcrstendamm y Unter den Linden, por las que deambulan caballeros con traje Stresemann y damas con manguitos, sombreros cubiertos de flores y pechos erguidos por el cors\u00e9; y, rodeando la ciudad, los lagos, el r\u00edo Spree, los bosques de picea, adonde acud\u00eda la gente en carruajes para hacer un picnic, deslizarse por el agua en una barca de remos o beber cerveza de trigo y comer alb\u00f3ndigas al son de briosas bandas militares. El mundo de la infancia de mi madre. \u00bfEra as\u00ed? \u00bfEstaba intacto? Todo lo indica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cFui la ni\u00f1ita querida de unos padres cari\u00f1osos, padres jud\u00edos, es sabido que son los m\u00e1s cari\u00f1osos que existen. Mi hermano Friedel, tres a\u00f1os menor, y yo fuimos ni\u00f1os felices a los que no les falt\u00f3 nada\u201d, escribi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las anotaciones biogr\u00e1ficas hechas por su madre, Minna, resultan escasas, y puedo imaginar la raz\u00f3n. Minna ten\u00eda un gusto literario exquisito, y el libro, regalo probablemente de uno de sus numeros\u00edsimos parientes, estaba trufado de poemas penosos, como \u00e9ste, por ejemplo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La naturaleza est\u00e1 en flor exuberante<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>todo es fragancia y refulgencia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>sobre la cuna balanceante<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>los \u00e1ngeles bailan en celestial cadencia.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De \u201cpasadas de rosca\u201d tildaba ella esas cosas. Hac\u00eda prolijo uso de la expresi\u00f3n. Lo mismo pod\u00eda decir de un sombrero, una persona, un postre, e incluso de un concepto. Las ideas que algunas personas, sobre todo los j\u00f3venes, se hac\u00edan del amor, por ejemplo, estaban completamente pasadas de rosca. El amor entre el hombre y la mujer no era m\u00e1s que pura fantas\u00eda. El \u00fanico gran amor y la \u00fanica felicidad verdadera de una mujer eran los hijos, y con tal fin se contra\u00eda matrimonio, un matrimonio razonable, meditado y planificado por los padres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qu\u00e9 importaba el mundo si uno ten\u00eda una familia en la que se sent\u00eda abrigado, que lo necesitaba, por la que uno deb\u00eda y quer\u00eda estar desde el primero hasta el \u00faltimo d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9sa era la actitud de Minna y la premisa bajo la cual se cas\u00f3 con Daniel Kirschner, hombre jovial y caluroso, con barriguita, ojos como gotas de agua y un negocio al por mayor de vestidos, blusas y batas. A los dos a\u00f1os naci\u00f3 Else.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La participaci\u00f3n de nacimiento, publicada sin duda en un peri\u00f3dico jud\u00edo y pegada despu\u00e9s en la primera p\u00e1gina del librito rojo, es modesta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DANIEL KIRSCHNER y su esposa MINNA, de soltera COHN, se complacen en anunciar el feliz nacimiento de una vivaracha hijita. Berl\u00edn, 30 de junio de 1893.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 aspecto tendr\u00eda entonces la menuda y delicada Minna, a la que nunca conoc\u00ed de otra forma que vestida con atuendos negros de los que asomaban las manos y la cara, un rostro ensombrecido por el escepticismo y la melancol\u00eda que se iluminaba y encandilaba en cuanto ten\u00eda a sus nietos alrededor? Mi madre me explic\u00f3 que segu\u00eda de luto por su hijo, cuya muerte no consegu\u00eda superar. Siegfried, por fortuna apodado <em>Friedel<\/em>, hab\u00eda fallecido en 1918 v\u00edctima de la gripe espa\u00f1ola. Nunca he visto una foto suya ni o\u00eddo decir a mis abuelos una palabra alusiva a \u00e9l, pues la mera menci\u00f3n de su nombre habr\u00eda tenido efectos nefastos para el estado de \u00e1nimo de Minna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tanto, no logro figurarme cu\u00e1l ser\u00eda su aspecto de joven, con vestidos claros y una risa exaltada en la cara. No, nunca debi\u00f3 de ser exaltada, pero s\u00ed alegre, sin duda, pues su vida, ajena a pretensiones pasadas de rosca, se hab\u00eda cumplido en un matrimonio razonable con un hombre bueno y dulce y el nacimiento de una criatura sana. Tal vez incluso fuera de talante risue\u00f1o, o al menos m\u00e1s jovial de lo que yo la conoc\u00ed, pero siempre debi\u00f3 de tener predisposici\u00f3n a la melancol\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus antepasados proven\u00edan de Espa\u00f1a, y la sangre sefardita hab\u00eda marcado su fisonom\u00eda: el claro tono aceitunado de su piel, los ojos almendrados y casi negros, la exuberancia de su tupido y ondulado cabello que, en mis tiempos, sujetaba en un grueso mo\u00f1o gris met\u00e1lico. La letra g\u00f3tica con que anotaba en el libro rojo los progresos m\u00e1s relevantes de su hija es tan fina y ordenada como lo era ella misma. Hace constar el aumento del peso, las vacunaciones, el primer diente, los primeros pasos, las primeras palabras de la criatura. En la p\u00e1ginas tituladas \u00abDiario\u00bb me entero de que ya a los dos meses y medio Elschen lleva su primer vestidito; que con nueve meses se pone por primera vez cabezota; que al a\u00f1o se le toma una foto (es un retrato bien hecho); que con un a\u00f1o y medio entona las canciones infantiles \u201cAnnemarie, ad\u00f3nde vas de viaje\u201d, \u201cZorro, robaste el ganso\u201d y \u201cDespertad que la alondra ya canta\u201d; que con dos a\u00f1os y tres meses sabe recitar de memoria el <em>Pedro Melenas <\/em>completo; que con cuatro y medio entra en el jard\u00edn de infancia y realiza su primera labor, acertada y graciosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas notas ya permiten distinguir claramente la trayectoria preestablecida para la peque\u00f1a Else. Desde la m\u00e1s temprana edad se la instruye y moldea para un matrimonio bien acomodado en el que no deber\u00e1 ni podr\u00e1 ser otra cosa que hembra y madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, no cabe duda, Minna quien lleva la batuta en el hogar, y Daniel lo acepta sin protestar. Ama y estima a su mujer, que nunca le da el calor y el cari\u00f1o que \u00e9l hubiera preferido al cumplimiento impecable de sus obligaciones conyugales. La reconoce como la m\u00e1s sabia y culta de ambos, pues procede de una familia mucho m\u00e1s elevada que \u00e9l. Sigmund, el padre de Minna, era m\u00e9dico en Prusia Occidental; Aaron, el suyo, panadero en la frontera con Polonia. Ella ten\u00eda cinco hermanos y una buena educaci\u00f3n; \u00e9l ten\u00eda nueve y a los catorce a\u00f1os tuvo que abandonar la escuela. Ella hab\u00eda le\u00eddo libros y tocado el piano; \u00e9l, con sus ocho hermanos, hab\u00eda repartido panes y cantado en el coro de la sinagoga. Su madre hab\u00eda muerto prematuramente, en el und\u00e9cimo parto, y su padre bregaba de d\u00eda en la panader\u00eda y le\u00eda, por las noches, la Tor\u00e1 o estudiaba el Talmud. Tras dejar la escuela antes de tiempo, los nueve hijos fueron enviados al mundo para aprender, donde fuese y como fuera, un oficio. Todos recalaron en el promisorio Berl\u00edn y se montaron una existencia s\u00f3lidamente burguesa. En la vejez, el piadoso padre tambi\u00e9n se traslad\u00f3 a la capital para vivir con sus hijos. Constat\u00f3 con horror que sus v\u00e1stagos, educados en el rigor de la ortodoxia, incumpl\u00edan de la forma m\u00e1s escandalosa los preceptos del Se\u00f1or dej\u00e1ndose seducir por los imp\u00edos tiempos que corr\u00edan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No conozco m\u00e1s que una an\u00e9cdota sobre mi bisabuelo Aaron, presumiblemente la \u00fanica que, por la gravedad de sus consecuencias, Else nunca olvidar\u00eda. Debi\u00f3 de cont\u00e1rmela en alg\u00fan momento en que yo ya hab\u00eda cumplido los trece a\u00f1os, ya que antes no hab\u00eda o\u00eddo hablar sino de un solo jud\u00edo \u2014y a mi padre\u2014, que era Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, pues, va la an\u00e9cdota: a los cuatro a\u00f1os y medio, Else entr\u00f3 en el jard\u00edn de infancia, donde tuvo su primer contacto con ni\u00f1os cristianos. Se parec\u00edan en todo punto a ella: re\u00edan como ella, jugaban como ella, hac\u00edan travesuras como ella, hablaban como ella. Pero cuando se acerc\u00f3 la Navidad, algo cambi\u00f3. Los ni\u00f1os, de repente, hablaban distinto que ella, hablaban ya s\u00f3lo de cosas que ella nunca hab\u00eda o\u00eddo mencionar: del ni\u00f1o Jes\u00fas y de Pap\u00e1 Noel, de Jos\u00e9, Mar\u00eda y los Reyes Magos, entre los cuales hab\u00eda un moro. Hablaban de regalos, de \u00e1rboles de Navidad, de \u00e1ngeles, de estrellas de Bel\u00e9n y de pesebres con todas sus piezas: el ni\u00f1o Jes\u00fas, la Sant\u00edsima Pareja, la mula, el buey. \u2014Majader\u00edas \u2014ataj\u00f3 Minna cuando su hija la avasall\u00f3 con preguntas acerca de lo escuchado\u2014, no hagas caso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero Else hizo caso y ya no pens\u00f3 en otra cosa y hasta so\u00f1aba con eso. Poco antes de la gran fiesta, se coloc\u00f3 en el jard\u00edn de infancia un \u00e1rbol de Navidad que los ni\u00f1os engalanaron con adornos de magn\u00edfico brillo y colorido. De pie y plegando las manos frente a aquella maravilla, entonaron un villancico tras otro. Else, que ya con a\u00f1o y medio sab\u00eda cantar \u201cZorro, robaste el ganso\u201d, capt\u00f3 las canciones al vuelo y, en casa, se las repiti\u00f3 a sus padres. \u00c9stos se sobresaltaron al o\u00edr lo de \u201centre los astros que esparcen su luz viene anunciando al ni\u00f1o Jes\u00fas\u201d y decidieron mantener a su hija alejada del jard\u00edn de infancia durante tan peligrosos festejos. Pero el da\u00f1o ya estaba hecho. La ni\u00f1a quiso a toda costa un \u00e1rbol de Navidad. Rabi\u00f3 y solloz\u00f3 hasta que los padres, enervados y a punto de romper a llorar ellos mismos, trajeron un peque\u00f1o \u00e1rbol, am\u00e9n de algunas bolitas y espumill\u00f3n. Lo \u00fanico que no hubo fueron velas, pues Daniel ten\u00eda p\u00e1nico a los incendios y estaba resuelto a no ceder, en ese punto, a las <em>goyim najes<\/em>, las diversiones de los no jud\u00edos. Cuando el \u00e1rbol, parcamente adornado, estaba listo y Else entonaba con las manos plegadas \u201cNoche de paz\u201d, son\u00f3 el timbre. Daniel, con una mala corazonada, se apresur\u00f3 hacia la puerta, espi\u00f3 por la mirilla y vio una barba blanca abierta en abanico y un gran sombrero negro. \u00a1Qu\u00e9 otra cosa era aquello sino una se\u00f1al del Se\u00f1or! Volvi\u00f3 corriendo a la habitaci\u00f3n, agarr\u00f3 el arbolito y lo arroj\u00f3 al cuarto de las escobas. A continuaci\u00f3n, Else se tir\u00f3 al suelo y chill\u00f3 para que le devolvieran su \u00e1rbol. El abuelo, al que por fin hab\u00edan abierto la puerta, contemplaba, desde el umbral, la escena con rostro serio y sin palabras: su nieta, pose\u00edda por el esp\u00edritu maligno; su hijo, con la cara ba\u00f1ada en sudor; su nuera, blanca como la cera. Que la peque\u00f1a estaba completamente pasada de rosca, dijo por fin Minna, cosa nada extra\u00f1a con tanto jaleo de \u00e1rbol navide\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c1rboles de Navidad por todas partes, dijo Daniel, y por eso la ni\u00f1a ten\u00eda fiebre y deliraba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La metieron en la cama, y Minna se sent\u00f3 con ella y le acarici\u00f3 su cara ardiente y desesperada. Trat\u00f3 de consolarla diciendo que hab\u00eda cosas m\u00e1s importantes que los \u00e1rboles de Navidad, y que ma\u00f1ana encender\u00eda las velas de Januc\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, Daniel acomod\u00f3 a su hija en su regazo y la introdujo en el juda\u00edsmo. Le habl\u00f3 de un templo situado en el lejano Oriente que hab\u00eda sido destruido y de un pueblo dispersado por el mundo entero. Le habl\u00f3 de un Dios \u00fanico que no ten\u00eda barba blanca ni mucho menos un hijo. Y que \u00e9se era su Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Else le gust\u00f3 m\u00e1s la historia del ni\u00f1o Jes\u00fas, y el Dios sin rostro ni familia tampoco fue de su agrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo ocurrido abri\u00f3 la primera grieta en la vida intacta de la peque\u00f1a Else, y si alguna cosa comprendi\u00f3 fue que ella, por extra\u00f1as razones, era distinta a los ni\u00f1os del jard\u00edn de infancia, y que por eso nunca volver\u00eda a tener un \u00e1rbol de Navidad en su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Kirschner viv\u00edan en la Bismarckstrasse del barrio de Charlottenburg, una t\u00edpica calle del centro berlin\u00e9s: ancha, larga, recta, ni bella ni particularmente fea. De los edificios antiguos que ten\u00eda s\u00f3lo detect\u00e9 una casa burguesa oronda y gris, en cuyos bajos se encuentra una pescader\u00eda con azulejos de color azul. Aspecto similar deb\u00edan de tener todos los inmuebles de la \u00e9poca, y la calle ser\u00eda m\u00e1s estrecha y los \u00e1rboles, m\u00e1s numerosos. La vivienda en la que Else residi\u00f3 desde su nacimiento hasta los veinti\u00fan a\u00f1os no era, seguramente, muy distinta a la que despu\u00e9s conoc\u00ed en la Grolmanstrasse, s\u00edntesis, para m\u00ed, de la confortabilidad protectora. Puede que fuera un poco m\u00e1s grande y no se encontrara en la planta baja; pero no faltar\u00edan los muebles recios, negros y cargados de florituras, hechos para generaciones sedentarias, con la vitrina repleta de m\u00e1s o menos valiosas figuras de porcelana, copas de cristal tallado y plateados objetos sacrales, manteles bordados y cortinajes con volantes. La cocina daba con certeza a un patio trasero cuadrado, salpicado de hierba y cuatro \u00e1rboles, y el fog\u00f3n en el que Minna asaba el ganso u horneaba sus berlinesas de masa quebrada rellenas de mermelada se alimentaba con briquetas. Los Kirschner entonces a\u00fan ten\u00edan una muchacha, pero ni se les pas\u00f3 por la cabeza permitirle preparar la comida. \u00a1Qu\u00e9 sab\u00eda una sirvienta cristiana de la buena cocina jud\u00eda! Minna era un ama de casa convencida, y nunca comprender\u00e9 por qu\u00e9 no le transmiti\u00f3 ni una pizca de esa convicci\u00f3n a su hija. Durante toda su vida Else fue incapaz de fre\u00edr un escalope comestible o de sostener correctamente la escoba. La \u00fanica actividad similar a las propias del hogar que le descubr\u00ed en una ocasi\u00f3n fue la de lavar un pa\u00f1uelo y estamparlo despu\u00e9s en los azulejos del cuarto de ba\u00f1o para que se secara y se alisara. Aquel m\u00e9todo me caus\u00f3 tan honda impresi\u00f3n que todav\u00eda hoy someto mis pa\u00f1uelos al mismo procedimiento, y cada vez que lo hago meneo la cabeza y r\u00edo para mis adentros. Minna deb\u00eda de estar imbuida de la creencia de que Else conseguir\u00eda el buen partido que le garantizara una vida perenne de dama de sal\u00f3n y nunca la pusiera en el apuro de tener que desempe\u00f1ar ninguna clase de labor dom\u00e9stica. \u00a1Ay, cu\u00e1nto se equivocaba!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Else se cri\u00f3, por tanto, como una ni\u00f1a bien de familia jud\u00eda, en un nido c\u00e1lido y seguro, vigilada por sus padres con alas desplegadas, ojos agudos y pico afilado, junto a su querido y mimado hermano peque\u00f1o, y rodeada de un clan constituido por un sinf\u00edn de t\u00edos y t\u00edas, de primos y primas. Era y siempre ser\u00eda una criatura divertida, sana y sin complicaciones, que con su af\u00e1n de vida y exceso de peso reventaba todas las costuras. Pero para Minna y Daniel una sola libra menos hubiera sido el presagio de una enfermedad aciaga, por lo que cuidaban de darle a su Elschen en abundancia lo que m\u00e1s le gustaba. \u201cUn ser joven tiene que comer\u201d, era su lema, y \u00e9ste sent\u00f3 las bases de la figura que acabar\u00eda adoptando su hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, su complexi\u00f3n regordeta no desmerec\u00eda su encanto. Bajo sus redondeces infantiles se perfilaba un \u00f3valo encantador con grandes ojos oscuros y una bella y poderosa nariz. Su pelo de color bronce, recogido en una trenza, ten\u00eda el largo y el grosor de una serpiente gigante y le amargaba la vida. \u2014\u00a1Col\u00f3cate la trenza por delante! \u2014le gritaba su madre cada ma\u00f1ana cuando part\u00eda hacia la escuela. Minna viv\u00eda con una preocupaci\u00f3n constante por aquella joya, pues corr\u00eda el rumor de que en Berl\u00edn andaba suelto un malvado que les cortaba las trenzas a las chicas por detr\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Else aprend\u00eda viol\u00edn y piano, recib\u00eda clases particulares de franc\u00e9s, era llevada a la \u00f3pera y al teatro y obsequiada con profusi\u00f3n de libros de los cl\u00e1sicos alemanes. Frecuentaba un colegio de ni\u00f1as cristiano, porque estaba muy pr\u00f3ximo y los padres, m\u00e1s que una formaci\u00f3n escolar no jud\u00eda, tem\u00edan cualquiera de las m\u00faltiples desgracias que pod\u00edan ocurrirle a una colegiala en una metr\u00f3poli. Aprend\u00eda con facilidad, no ten\u00eda que hacer ning\u00fan esfuerzo, era buena alumna y gozaba de la simpat\u00eda de sus maestros y compa\u00f1eras de clase. En un tiempo en que una chica de buena familia alemana ten\u00eda que exhibir un m\u00e1ximo grado de discreci\u00f3n y gracia femenina, deb\u00eda de ser una verdadera revelaci\u00f3n. Ya entonces no le importaban las reglas de comportamiento y era un dechado de desenvoltura, franqueza e impulsividad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las pocas an\u00e9cdotas de su vida que le o\u00ed contar a ella misma me impresion\u00f3 tanto que todav\u00eda la recuerdo palabra por palabra:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cPara la fiesta de fin de curso mi clase organiz\u00f3 una peque\u00f1a representaci\u00f3n. Cada alumna ten\u00eda que interpretar algo, y yo decid\u00ed cantar mi canci\u00f3n favorita, \u201cFue en Sch\u00f6neberg en el mes de mayo<em>\u201d<\/em>, porque no ten\u00eda que perder tiempo prepar\u00e1ndomela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lleg\u00f3 el gran d\u00eda, y me puse mi vestido m\u00e1s bonito, con profusi\u00f3n de encajes, arandelas y volantes, que me hac\u00edan parecer a\u00fan m\u00e1s gorda de lo que era, sin contar la gruesa trenza y la corona de flores que llevaba en la cabeza. Pero ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os y no me asustaba nada. La sala estaba llena de profesores, padres, parientes y amigos. Antes de que me tocara salir, una chica rubia guap\u00edsima interpret\u00f3 \u201cMargarita en la rueca\u201d, y ya no las ten\u00eda todas conmigo porque su actuaci\u00f3n me pareci\u00f3 tan bonita e impresionante que pens\u00e9 que, comparado con lo suyo, yo ten\u00eda poco que ofrecer. Cuando acab\u00f3, la gente aplaudi\u00f3, pero escasamente y sin ning\u00fan entusiasmo. Despu\u00e9s cant\u00e9 yo mi canci\u00f3n acompa\u00f1\u00e1ndola con unos pasos de baile. Ten\u00eda cierta gracia, pero nada m\u00e1s. Todav\u00eda hoy no comprendo el arrebato que sobrevino a los presentes. Aplaudieron como posesos gritando \u201cbravo\u201d y \u201cbis\u201d. Tuve que repetir la canci\u00f3n entera, y al final me arranqu\u00e9 la corona de la cabeza y se la tir\u00e9 al p\u00fablico. \u00a1Uy, la que se arm\u00f3!\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una an\u00e9cdota elocuente, una especie de <em>leitmotiv <\/em>que atraves\u00f3 la primera mitad de su vida. Las personas, ya fuesen hombres, mujeres o ni\u00f1os, se lanzaban sobre ella buscando su cercan\u00eda, su calor, su amor, su amistad. Else se los daba, a muchos, a demasiados, los prodigaba sin reservas, de forma derrochadora y a menudo irreflexiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me he interrogado una y otra vez sobre el secreto de su fascinaci\u00f3n, se lo he preguntado a personas que tuvieron amistad con ella. Pero nadie, ni yo misma, ha sabido dar en el clavo. Es cierto que ten\u00eda una cara bonita, que era inteligente, ingeniosa, desbordante en su amor, su vitalidad y su generosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ignoraba las convenciones, los c\u00e1lculos, las pretensiones. Pero no era s\u00f3lo eso. Ten\u00eda un carisma que no se explica con dotes f\u00edsicas, humanas o intelectuales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando trato de describirla para m\u00ed o para otros, vuelvo una y otra vez sobre la palabra \u201cautenticidad\u201d. Else era \u2014en un mundo de autoenga\u00f1o, de disimulo y de hipocres\u00eda\u2014 tan aut\u00e9ntica y elemental como s\u00f3lo puede serlo una criatura de la naturaleza. Y al mismo tiempo ten\u00eda un intelecto agudo, un pensamiento mucho m\u00e1s \u00e1gil, r\u00e1pido e independiente que las mujeres de su \u00e9poca. En efecto, era distinta\u2026 no s\u00f3lo por ser jud\u00eda y ejercer por ello cierto encanto ex\u00f3tico, quiz\u00e1 incluso prohibido, sobre sus conciudadanos alemanes, sino por ser aut\u00f3noma y estar muy adelantada a su generaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco antes de su muerte me dec\u00eda en su \u00faltima carta: \u201cComo mujer de mi generaci\u00f3n, yo era algo nuevo, ins\u00f3lito y sospechoso. Me sal\u00eda del marco, por as\u00ed decir, ten\u00eda que ser muy fuerte y hacerme mis propias leyes. Nadie me ayud\u00f3, al contrario: se me aceptaba, en el mejor de los casos, como un bicho raro; y en el peor, se me ten\u00eda por una degenerada\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Kirschner observaban el desarrollo de su hija con orgullo y preocupaci\u00f3n. La muchacha suscitaba una atenci\u00f3n excesiva, mostraba demasiado inter\u00e9s por su entorno cristiano y se relacionaba con personas por las que Minna sent\u00eda nulo aprecio. Por ejemplo, \u00bfqu\u00e9 la impel\u00eda hacia esa Lilly pasada de rosca, una antigua condisc\u00edpula, sobre la cual despu\u00e9s contaba historias exc\u00e9ntricas: que Lilly llevaba en casa un vestido indio, que encend\u00eda varitas de incienso y declamaba poemas de los que Minna nunca hab\u00eda o\u00eddo un solo verso? Y que su hermano escrib\u00eda novelas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQue d\u00f3nde estaba la gracia, quiso saber su madre, en el trapo indio o en las seguramente malas novelas? En lo art\u00edstico, replic\u00f3 Else, en lo libre, lo completamente distinto. Minna, extra\u00f1ada, sacud\u00eda la cabeza. Como si Else no tuviera suficientes primos, personas j\u00f3venes y honestas, en su entorno sin un pelo de tontos. Uno incluso era un genio de los idiomas, y Selma, una muchacha bell\u00edsima, ten\u00eda una magn\u00edfica voz y ya cantaba en fiestas privadas. Todos eran m\u00e1s d\u00f3ciles que su hija y no ten\u00edan, como ella, la cabeza llena de p\u00e1jaros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Daniel, hombre de buena fe, dec\u00eda que eso se curar\u00eda con los a\u00f1os, que Elschen s\u00f3lo ten\u00eda diecisiete, era muy vivaz y sent\u00eda curiosidad por la vida, como todos los j\u00f3venes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, Elschen sent\u00eda curiosidad por la vida, pero principalmente por la de los cristianos. Conoc\u00eda bien su propio medio, y cuanto mayor se hac\u00eda, menos le gustaba. Era el mundillo de los denominados jud\u00edos de la confecci\u00f3n, impresentables en sociedad para la alta burgues\u00eda jud\u00eda y considerados filisteos por los intelectuales jud\u00edos. Else se refiri\u00f3 a ellos en estos t\u00e9rminos: \u201cLos de nuestro c\u00edrculo me resultaban insufribles. Todos comerciaban con telas, cueros o pieles, hablaban una jerga fe\u00edsima y eran toscos e incultos. Me dec\u00edan que ten\u00eda que conseguir un buen partido. Yo me pon\u00eda furiosa cuando se lo o\u00eda decir. Casarse, por supuesto, pero por amor. Lo del buen partido era una cosa muy jud\u00eda, y yo, en este punto, no soportaba lo jud\u00edo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si sus padres hubiesen conocido los pavorosos pensamientos que hab\u00edan anidado en la cabeza de su hija, no hubieran tenido un solo minuto de tranquilidad. Pero ni mucho menos los conoc\u00edan, ni los sospechaban siquiera. Simplemente no entraba en sus esquemas que Else, a la que hab\u00edan educado tan lejos del cristianismo y lo m\u00e1s cerca posible de la tradici\u00f3n judaica, pudiera aproximarse a aqu\u00e9l y distanciarse de esta \u00faltima. Mucho de lo que su hija har\u00eda en los a\u00f1os venideros no entraba para ellos en el \u00e1mbito de lo imaginable, y durante toda su vida\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-12707\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/1460985859_724149_1460986548_sumario_normal_recorte1.jpg\" alt=\"\" width=\"720\" height=\"1106\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/1460985859_724149_1460986548_sumario_normal_recorte1.jpg 720w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/1460985859_724149_1460986548_sumario_normal_recorte1-195x300.jpg 195w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/1460985859_724149_1460986548_sumario_normal_recorte1-667x1024.jpg 667w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/1460985859_724149_1460986548_sumario_normal_recorte1-500x768.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>T\u00fa no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff (1924-2016), es la vida novelada de la madre de la autora (su abuela muri\u00f3 en un campo de concentraci\u00f3n). La protagonista Elsa, nacida en la burgues\u00eda jud\u00eda de Berl\u00edn, es una mujer inconformista, que huye del destino marcado por sus padres [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":12705,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,60],"tags":[],"class_list":["post-12704","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-libros"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/tu-no-eres-como-otras-madres\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d - Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"T\u00fa no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff (1924-2016), es la vida novelada de la madre de la autora (su abuela muri\u00f3 en un campo de concentraci\u00f3n). La protagonista Elsa, nacida en la burgues\u00eda jud\u00eda de Berl\u00edn, es una mujer inconformista, que huye del destino marcado por sus padres [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/tu-no-eres-como-otras-madres\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/\" \/>\n<meta property=\"article:author\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2017-05-24T05:55:16+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2021-04-02T15:46:05+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/libro.jpg?fit=401%2C244&ssl=1\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"401\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"244\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"R@mbla\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@revistarambla\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@revistarambla\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Written by\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"R@mbla\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Estimated reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"19 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"R@mbla\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c\"},\"headline\":\"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d\",\"datePublished\":\"2017-05-24T05:55:16+00:00\",\"dateModified\":\"2021-04-02T15:46:05+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/\"},\"wordCount\":4585,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2017\\\/05\\\/libro.jpg\",\"articleSection\":[\"Cultura\",\"Libros\"],\"inLanguage\":\"en-GB\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/\",\"name\":\"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d - Revista Rambla\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2017\\\/05\\\/libro.jpg\",\"datePublished\":\"2017-05-24T05:55:16+00:00\",\"dateModified\":\"2021-04-02T15:46:05+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"en-GB\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"en-GB\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2017\\\/05\\\/libro.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2017\\\/05\\\/libro.jpg\",\"width\":401,\"height\":244},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/tu-no-eres-como-otras-madres\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"name\":\"Revista Rambla Barcelona\",\"description\":\"Periodismo independiente\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"en-GB\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\",\"name\":\"Revista Rambla\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"en-GB\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2020\\\/09\\\/banner_rambla_1900x600_BB.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2020\\\/09\\\/banner_rambla_1900x600_BB.png\",\"width\":1900,\"height\":600,\"caption\":\"Revista Rambla\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/revistarambla\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/revistarambla\",\"https:\\\/\\\/www.instagram.com\\\/revista_rambla\",\"https:\\\/\\\/es.linkedin.com\\\/company\\\/revista-rambla\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c\",\"name\":\"R@mbla\",\"description\":\"Este art\u00edculo ha sido redactado y\\\/o validado por el equipo de redacci\u00f3n de Revista Rambla.\",\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/revistarambla\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/revistarambla\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d - Revista Rambla","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/tu-no-eres-como-otras-madres\/","og_locale":"en_GB","og_type":"article","og_title":"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d - Revista Rambla","og_description":"T\u00fa no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff (1924-2016), es la vida novelada de la madre de la autora (su abuela muri\u00f3 en un campo de concentraci\u00f3n). La protagonista Elsa, nacida en la burgues\u00eda jud\u00eda de Berl\u00edn, es una mujer inconformista, que huye del destino marcado por sus padres [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/tu-no-eres-como-otras-madres\/","og_site_name":"Revista Rambla","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/","article_author":"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla","article_published_time":"2017-05-24T05:55:16+00:00","article_modified_time":"2021-04-02T15:46:05+00:00","og_image":[{"width":401,"height":244,"url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/libro.jpg?fit=401%2C244&ssl=1","type":"image\/jpeg"}],"author":"R@mbla","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@revistarambla","twitter_site":"@revistarambla","twitter_misc":{"Written by":"R@mbla","Estimated reading time":"19 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/"},"author":{"name":"R@mbla","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/person\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c"},"headline":"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d","datePublished":"2017-05-24T05:55:16+00:00","dateModified":"2021-04-02T15:46:05+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/"},"wordCount":4585,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/libro.jpg","articleSection":["Cultura","Libros"],"inLanguage":"en-GB","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/","name":"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d - Revista Rambla","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/libro.jpg","datePublished":"2017-05-24T05:55:16+00:00","dateModified":"2021-04-02T15:46:05+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#breadcrumb"},"inLanguage":"en-GB","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"en-GB","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/libro.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/libro.jpg","width":401,"height":244},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/tu-no-eres-como-otras-madres\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/www.revistarambla.com\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"\u201cT\u00fa no eres como otras madres\u201d"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#website","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/","name":"Revista Rambla Barcelona","description":"Periodismo independiente","publisher":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"en-GB"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization","name":"Revista Rambla","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"en-GB","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/banner_rambla_1900x600_BB.png","contentUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/banner_rambla_1900x600_BB.png","width":1900,"height":600,"caption":"Revista Rambla"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/","https:\/\/x.com\/revistarambla","https:\/\/www.instagram.com\/revista_rambla","https:\/\/es.linkedin.com\/company\/revista-rambla"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/person\/a146a5a2550b94981a75131180e1bd9c","name":"R@mbla","description":"Este art\u00edculo ha sido redactado y\/o validado por el equipo de redacci\u00f3n de Revista Rambla.","sameAs":["https:\/\/www.revistarambla.com\/","https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla","https:\/\/x.com\/revistarambla"]}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12704","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12704"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12704\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12705"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12704"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12704"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12704"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}