{"id":12204,"date":"2017-04-12T17:50:33","date_gmt":"2017-04-12T15:50:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=12204"},"modified":"2021-12-07T17:48:47","modified_gmt":"2021-12-07T16:48:47","slug":"socrates-de-soslayo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/socrates-de-soslayo\/","title":{"rendered":"S\u00f3crates, de soslayo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">El hist\u00f3rico Teatre Romea se yergue en la calle Hospital de Barcelona, arteria tendida sobre lo que en otro tiempo fue el tramo de la V\u00eda Augusta que penetraba en el dec\u00famano de la romana Barcino. As\u00ed que pocos escenarios de esta parte del Mare Nostrum est\u00e1n ubicados de modo tan adecuado como este para acoger la representaci\u00f3n de un drama de asunto cl\u00e1sico\u00a0\u2014griego en este caso, pero es hablar de la madre del cordero\u2014 como <em>S\u00f3crates.<\/em> <em>Juicio y muerte de un ciudadano<\/em>, obra original de Mario Gas \u2014a la saz\u00f3n su director\u2014 y Alberto Iglesias, cuyo papel principal encarna un actor inmenso de talla y vis dram\u00e1tica, Josep Maria Pou. Estar\u00e1 en cartel hasta el 23 de abril de 2017.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/socrates-2.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-12206 size-full\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/socrates-2.jpg\" alt=\"Apolog\u00eda de S\u00f3crates josep maria pou mario gas\" width=\"942\" height=\"564\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/socrates-2.jpg 942w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/socrates-2-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/socrates-2-768x460.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/socrates-2-500x299.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 942px) 100vw, 942px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Josep Maria Pou es alto, corpulento, rebosante de energ\u00eda y unci\u00f3n. Su porte se aviene con el del joven patricio Aristocles, a quien sus amigos llamaron Plat\u00f3n (el Ancho) por la amplitud de sus espaldas, pero queda menos ajustado a la figura menuda y barrigona con que la iconograf\u00eda y los propios textos de la \u00e9poca recuerdan a S\u00f3crates (470-399 a.C.), maestro de Plat\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3crates era un hombre sencillo del pueblo, hijo de un tallista y una matrona (no es dato balad\u00ed, a tenor de sus posteriores ense\u00f1anzas). Fungir\u00eda parte de su juventud en defender la patria, m\u00e1s tarde tan ingrata con \u00e9l: luch\u00f3 contra los persas en las batallas de Potidea, Delio y Anf\u00edpolis, y en todas ellas dio ejemplo de esfuerzo y valor. Y pese a su origen humilde, se le supone una formaci\u00f3n esmerada en la ret\u00f3rica, el arte dial\u00e9ctico en que hab\u00eda degenerado la filosof\u00eda griega de su tiempo. Sus maestros filos\u00f3ficos fueron Arquelao (un pensador relativista, para quien solo la ley trazaba una artificiosa divisoria entre lo justo y lo injusto) y Anax\u00e1goras (introductor de la noci\u00f3n de \u00ab<em>nous<\/em>\u00bb, la inteligencia que rige el cosmos seg\u00fan un orden arm\u00f3nico).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Instaurada la (proto)democracia en Atenas, el protagonismo del elemento civil convirti\u00f3 la ret\u00f3rica \u2014y su hija, la er\u00edstica\u2014 en instrumento fundamental para la consecuci\u00f3n de los intereses individuales y corporativos; la locuacidad se alz\u00f3 as\u00ed como un valor social de primer orden. Una t\u00e9cnica y un ingenio puestos al servicio de la persuasi\u00f3n, mas no del esclarecimiento de la verdad. Contra esa situaci\u00f3n se alz\u00f3 la voz de S\u00f3crates, y la lucha dial\u00e9ctica que entabl\u00f3 habr\u00eda de suponerle un c\u00e9lebre proceso judicial: fue acusado de utilizar una charlataner\u00eda aviesa para negar la existencia de los dioses y pervertir a la juventud con ideas que pon\u00edan en entredicho los valores \u00e9ticos de su ciudad, Atenas. Y todo, simplemente, por preguntar. Por someter a la prueba de calidad del entendimiento todo lo que sus coet\u00e1neos aprobaban por simple causa de la herencia o el h\u00e1bito, que son buenas aliadas de la pereza intelectual (y de la crueldad tambi\u00e9n).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Una exigencia de rigor intelectual<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Harto de la ligereza de las peroratas de los sofistas y decepcionado por el poco encomiable efecto de las mismas, que solo contribu\u00edan a la frivolizaci\u00f3n de la vida p\u00fablica y la defensa de causas espurias, S\u00f3crates se propuso reverdecer los ideales de verdad y justicia en los que hab\u00eda bebido su juventud. Tal prop\u00f3sito se hace claro y manifiesto al principio de la obra teatral, pero luego queda desdibujado entre las acusaciones de los enemigos del fil\u00f3sofo y la torpe \u2014en el gui\u00f3n\u2014 defensa dial\u00e9ctica que emprende este. La principal carencia estriba en que apenas se atisba el m\u00e9todo socr\u00e1tico de prospecci\u00f3n racional, la may\u00e9utica, que consiste en una serie de preguntas de n\u00famero impreciso, con las cuales se cuestionan los conceptos, principios de acci\u00f3n y valores predominantes, a fin de mostrar al interrogado la necesidad de asumirlos con mayores argumentos que el adoctrinamiento, la costumbre o el aval colectivo. De ah\u00ed que la presunta habilidad de S\u00f3crates para persuadir o disuadir simplemente respondiera a una severa exigencia de rigor intelectual, siempre en lucha contra un sentido com\u00fan que de seguro consideraba hijo del prejuicio; una motivaci\u00f3n, por tanto, harto diferente del inter\u00e9s material que caracterizaba a los sofistas. Por eso arenga S\u00f3crates a sus paisanos, m\u00e1s que instarles, en los siguientes t\u00e9rminos: \u00ab[&#8230;] solo una gracia tengo que pedirles. Cuando mis hijos sean mayores, os suplico los hostigu\u00e9is, los atorment\u00e9is, como yo os he atormentado a vosotros, si veis que prefieren las riquezas a la virtud, y que se creen algo cuando no son nada; no dej\u00e9is de sacarlos a la verg\u00fcenza, si no se aplican a lo que deben aplicarse, y creen ser lo que no son; porque as\u00ed es como yo he obrado con vosotros\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siguiendo el hilo de la <em>Apolog\u00eda de S\u00f3crates<\/em>, original de su disc\u00edpulo Plat\u00f3n, sabemos que el encausado inici\u00f3 su defensa revirtiendo sobre sus acusadores, cual andanada, la primera de las acusaciones que se le formulaban, esta es, la de charlat\u00e1n: \u00abvais a saber de mi boca la pura verdad, no, \u00a1por J\u00fapiter!, en una arenga vestida de sentencias brillantes y palabras escogidas, como son los discursos de mis acusadores, sino en un lenguaje sencillo y espont\u00e1neo\u00bb. Porque la misi\u00f3n del fil\u00f3sofo no era formar fantoches que clamasen en el \u00e1gora, sino inducir a la pr\u00e1ctica de la gimnasia de la reflexi\u00f3n, esa capacidad l\u00f3gica que los seres humanos comparten y mediante la cual pueden alcanzarse conclusiones de validez general. Tal era su concepto de la verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Pariendo ideas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gimnasia antedicha es el m\u00e9todo may\u00e9utico. En griego, \u00ab<em>maieutik\u00e9<\/em>\u00bb era la t\u00e9cnica de la partera (ocupaci\u00f3n que desempe\u00f1aba la madre del fil\u00f3sofo, como ha sido dicho). Por tanto, se trata de dar luz a una vida \u2014la de las ideas\u2014 que a\u00fan no ha salido del seno donde fue concebida. Tal es el principio superior de la may\u00e9utica: el ser humano parte de la ignorancia regida por las impresiones de los sentidos antes de adentrarse en el conocimiento profundo de su naturaleza. Este punto de partida supone la afirmaci\u00f3n capital del sabio: \u00abPuede muy bien suceder, que ni \u00e9l ni yo sepamos nada de lo que es bello y de lo que es bueno; pero hay esta diferencia, que \u00e9l cree saberlo aunque no sepa nada, y yo, no sabiendo nada, creo no saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco m\u00e1s, era m\u00e1s sabio, porque no cre\u00eda saber lo que no sab\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El despliegue dial\u00e9ctico de la may\u00e9utica se aprecia a la perfecci\u00f3n en la <em>Apolog\u00eda<\/em>, cuyo texto ha servido parcialmente de base para la obra teatral que comentamos. A excepci\u00f3n de los fragmentos que Gas e Iglesias ponen en boca de Jantipa, esposa del protagonista, cuyo personaje encarna una Amparo Pamplona rebosante de aplomo esc\u00e9nico. Jantipa fue tildada de hura\u00f1a y cruel por las malas lenguas, aunque la pareja de autores le depara un trato mucho m\u00e1s ben\u00e9volo, incluido un alegato feminista muy anacr\u00f3nico (este, s\u00ed). Sin embargo, no sobra sino enriquece la obra su breve presencia, inesperada para el purista, al aportar un sesgo discursivo femenino y muy realista, tan dispar de las disquisiciones ce\u00f1udas \u2014pero no siempre cabales\u2014 que est\u00e1n en boca de los varones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>El sentido de la vida<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Plat\u00f3n recogi\u00f3 las preocupaciones de su maestro, as\u00ed la b\u00fasqueda infatigable de la verdad como finalidad no ya de la filosof\u00eda, sino de la propia vida, de la cual es maestra la anterior (\u00abque mir\u00e9is solamente, con toda la atenci\u00f3n posible, si os digo cosas justas o no, porque en esto consiste toda la virtud del juez, como la del orador: en decir la verdad\u00bb); el respeto a las leyes de la ciudad como ant\u00edtesis del caos de las pasiones humanas y la ignorancia del sentido com\u00fan, que tom\u00f3 por nulos instrumentos gnoseol\u00f3gicos (\u00abVenga lo que los dioses quieran, es preciso obedecer a la ley y defenderse\u00bb); y la evidencia de que la verdad, como la libertad, ha de conquistarse arrostrando la incomprensi\u00f3n y el odio (\u00abeste odio, esta envidia del pueblo que hace v\u00edctimas a tantos hombres de bien, y que har\u00e1n perecer en lo sucesivo a muchos m\u00e1s\u00bb), puesto que la sabidur\u00eda irrita al ignorante, entre cuyos rasgos definitorios figura la irascibilidad hacia todo aquello que cuestiona los prejuicios sobre los cuales c\u00f3modamente apuntala sus acciones cotidianas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Asunto capital de la <em>Apolog\u00eda de S\u00f3crates,<\/em> su conclusi\u00f3n principal, es que el amor a la sabidur\u00eda debe presidir todas las acciones humanas, porque se trata de la m\u00e1s heroica de las actitudes. Y \u00abse enga\u00f1a mucho al creer que un hombre de valor tome en cuenta los peligros de la vida o de la muerte. Lo \u00fanico que debe mirar en todos sus procederes es ver si lo que hace es justo o injusto, si es acci\u00f3n de un hombre de bien o de un malvado\u00bb. Ese amor a la sabidur\u00eda, a la verdad inconquistable pero de rastro perceptible en el arduo camino de la may\u00e9utica, sirve como divisa y ense\u00f1a de una vida buena, siendo el ejemplo su legado mejor. Y ya se sabe a lo que conduce la filosof\u00eda (como dijo siglos despu\u00e9s el humanista franc\u00e9s Michel de Montaigne, \u00abfilosofar es aprender a morir\u00bb). De este modo, S\u00f3crates tambi\u00e9n trastoca los valores en un sentido rigorista: la vida ya no es un bien en s\u00ed mismo, mucho menos el valor supremo, una vez arrinconada por la exigencia de dignidad (entendida siempre como deuda de la sabidur\u00eda).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vida sin ejemplo es, para S\u00f3crates, una existencia insulsa. M\u00e1s a\u00fan, una existencia vil. Hasta el punto de que el ejemplo puede llegar a vindicar la muerte, esa inc\u00f3gnita que apenas distrae la reflexi\u00f3n del fil\u00f3sofo (\u00abnadie conoce la muerte, ni sabe si es el mayor de los bienes para el hombre. Sin embargo, se la teme, como si se supiese con certeza que es el mayor de todos los males. \u00a1Ah! \u00bfNo es una ignorancia vergonzante creer conocer una cosa que no se conoce? [&#8230;] no sabiendo lo que nos espera m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, digo y sostengo que no lo s\u00e9. Lo que s\u00e9 de cierto es que cometer injusticias y desobedecer al que es mejor y est\u00e1 por cima de nosotros, sea Dios, sea hombre, es lo m\u00e1s criminal y lo m\u00e1s vergonzoso. Por lo mismo yo no temer\u00e9 ni huir\u00e9 nunca de males que no conozco y que son quiz\u00e1 verdaderos bienes; pero temer\u00e9 y huir\u00e9 siempre de males que s\u00e9 con certeza que son verdaderos males\u00bb). La despreocupaci\u00f3n socr\u00e1tica ser\u00eda versionada un siglo despu\u00e9s por otro gran pensador, Epicuro, impert\u00e9rrito de \u00e1nimos porque \u00abcuando yo estoy, la muerte no est\u00e1, y cuando ella est\u00e1, yo no\u00bb, lo cual es una forma perifr\u00e1stica de admitir la misma y reconfortante ignorancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, la vida virtuosa, encomiable en sus ejemplos, es un fin irrenunciable para el amante de la sabidur\u00eda (\u00abToda mi ocupaci\u00f3n es trabajar para persuadiros, j\u00f3venes y viejos, que antes que el cuidado del cuerpo y de las riquezas, antes que cualquier otro cuidado, es el del alma y de su perfeccionamiento; porque no me canso de deciros que la virtud no viene de las riquezas, sino por el contrario, que las riquezas vienen de la virtud, y que es de aqu\u00ed de donde nacen todos los dem\u00e1s bienes p\u00fablicos y particulares\u00bb). Ning\u00fan sacrificio puede enturbiar la satisfacci\u00f3n de la pr\u00e1ctica del bien (en la particular visi\u00f3n de S\u00f3crates, bondad, sabidur\u00eda y belleza conforman una tr\u00edada de necesaria consistencia y feliz identidad), que, como se ha visto, a menudo adquiere visos de guerra, como aquellas en las que S\u00f3crates particip\u00f3 para defender la pervivencia de su ciudad, que es tanto como decir de las leyes de su ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mil veces preferible se le antoja la muerte a S\u00f3crates si ese objetivo de excelencia \u00e9tica no puede culminarse en su dimensi\u00f3n mundana. La existencia es presencia, agencia y pertenencia. La virtud es su propiedad principal y, cuando no puede ejercerse, la vida degenera tanto que hasta la muerte puede compensarla. Esta es otra de las cuestiones que la obra de teatro de Gas e Iglesias soslaya, un error de bulto en el planteamiento literario del espect\u00e1culo que desdibuja la profunda trascendencia del mensaje socr\u00e1tico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hist\u00f3rico Teatre Romea se yergue en la calle Hospital de Barcelona, arteria tendida sobre lo que en otro tiempo fue el tramo de la V\u00eda Augusta que penetraba en el dec\u00famano de la romana Barcino. 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