{"id":12199,"date":"2017-04-12T06:07:36","date_gmt":"2017-04-12T04:07:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=12199"},"modified":"2022-10-21T17:23:18","modified_gmt":"2022-10-21T15:23:18","slug":"la-androide-que-me-amo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/la-androide-que-me-amo\/","title":{"rendered":"La androide que me am\u00f3"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-12201\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01.jpg\" alt=\"androide\" width=\"800\" height=\"420\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01.jpg 1134w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01-300x157.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01-768x403.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01-1024x537.jpg 1024w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/androede-01-500x262.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pasado viernes, Zheng Jiajia se sinti\u00f3 la persona m\u00e1s feliz de los m\u00e1s de 9 millones de habitantes de la ciudad china de Hangzhou. Y no era para menos pue se trataba del d\u00eda de su boda. No es que fuese muy mayor, pero con 31 a\u00f1os a Zheng ya comenzaban a pesarle los continuos comentarios maliciosos de amigos y familiares que le auguraban una larga vejez de solter\u00eda, especialmente despu\u00e9s de sus \u00faltimos desenga\u00f1os amorosos. Se sab\u00eda retra\u00eddo y no especialmente agraciado, as\u00ed que la perspectiva de una vida en soledad era una obsesi\u00f3n que comenzaba a perseguirle en sus no menos solitarias noches. Por eso el viernes estaba exultante observando de reojo la felicidad de su madre o la alegr\u00eda de sus amigos al ver desmentidas sus tristes predicciones. Y tambi\u00e9n, claro, gozoso de ver a su lado a la peque\u00f1a Yingying. Tan fr\u00e1gil, tan bella, cubierta por el pa\u00f1uelo rojo que marca la tradici\u00f3n, tan decidida a pronunciar aquel definitivo s\u00ed quiero, como si aquellas dos palabras fueran las que dieran sentido a su vida. Cuando las escuch\u00f3 Zheng se sinti\u00f3 el centro de aquella moderna urbe a orillas del r\u00edo Qiantang. M\u00e1s a\u00fan, el centro del mundo entero. Y en cierto modo as\u00ed era, pues eran muchos los medios de comunicaci\u00f3n internacional pendientes del feliz acontecimiento. No porque hubiera algo especial en el l\u00f3gico nerviosismo del novio, sino porque Yingying, la peque\u00f1a Yingyng, era en realidad un fr\u00e1gil y bello robot. Zheng la cre\u00f3 en 2016 pero no fue hasta hace un par de meses en que este joven ingeniero comprendi\u00f3 la profundidad de sus sentimientos. En el amor, ya se sabe, nada est\u00e1 previsto. La suya ha sido el primer caso en la historia en que un humano y un androide unen sus destinos hasta que la muerte o el reseteo les separe. Sin embargo, las historias de amor con criaturas artificiales no son nuevas. Se cuenta de Descartes que al morir en 1640 la hija que tuvo con su criada Helena Jans Van der Storn, el fil\u00f3sofo construy\u00f3 un aut\u00f3mata con sus caracter\u00edsticas al que bautiz\u00f3 con el nombre de la ni\u00f1a, Francine. Seg\u00fan estos rumores, Descartes no se separaba de aquel evocador artefacto en ninguno de sus viajes, hasta que un capit\u00e1n de barco lo tir\u00f3 por la borda tras quedar espantado con su descubrimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tampoco han sido constatadas las informaciones que nos hablan de artificiales <em>dames de voyage<\/em>, precursoras de las modernas mu\u00f1ecas hinchables, que acompa\u00f1aban a los marineros del XVII en sus solitarias traves\u00edas. Sin embargo, el <em>Koshoku Tabimakura<\/em>, una antolog\u00eda japonesa de relatos pornogr\u00e1ficos de aquella misma \u00e9poca, ya nos deja testimonio de la existencia de artefactos con los que saciar los apetitos er\u00f3ticos, aunque ignoramos si alguno de sus usuarios dio el salto del b\u00e1sico deseo sexual al sentimiento amoroso. Esa evoluci\u00f3n s\u00ed la encontraremos a principios del XIX cuando E. T. A. Hoffmann nos presente al protagonista de <em>El hombre de arena<\/em> enamorado hasta la locura de Olimpia, un aut\u00f3mata con formas de mujer. Desde entonces los ejemplos no han faltado. Especialmente en el s\u00e9ptimo arte: desde Michel Piccoli perdidamente apasionado en <em>Tama\u00f1o natural<\/em> (1973) de Luis Garc\u00eda Berlanga hasta Joaquin Phoenix obsesionado por Samantha, la voz de su ordenador en el filme de Spike Jonze <em>Her<\/em> (2013).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desconocemos las pulsiones er\u00f3ticas que unen a Shenz con su artificial esposa, pero algo sabemos de los defectos f\u00edsicos que no le importan de ella. Tenemos noticias, por ejemplo, de sus considerables limitaciones para la conversaci\u00f3n, reducidas por su esposo y creador a aquellas pobres y elementales frases que est\u00e1 dispuesto a escuchar de su mujer. Como tambi\u00e9n hemos conocido su incapacidad para andar, tal vez porque el ingeniero chino busc\u00f3 con su amoroso artilugio una actualizaci\u00f3n al siglo XXI de la vieja m\u00e1xima que recomienda para el matrimonio la pata quebrada. En cualquier caso, esta inmovilidad podr\u00eda cambiar pues Zheng no descarta dotar a su esposa de algunos movimientos que la capaciten para ayudar en el trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez en ello radique el \u00e9xito de estas relaciones inanimadas que por la parte humana parecen monopolizar los hombres, aunque la mayor\u00eda de ellos prefieran el ciberconcubinato al matrimonio. \u00c9xito atestiguado por las grandes ventas alcanzadas por RealDoll, una firma norteamericana especializada en la fabricaci\u00f3n de mu\u00f1ecas er\u00f3ticas hiperrealistas. Aunque la firma ha empezado a incluir en su cat\u00e1logo algunos modelos masculinos, el grueso de su producci\u00f3n siguen siendo mujeres tan artificiales como perfectas. Mujeres sumisas de sensualidad desbordada desde el m\u00f3dico precio de 6.000 euros. Todo al gusto del consumidor: el color de los ojos, la redondez de sus nalgas, el tama\u00f1o de sus pezones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos ver\u00e1n en esto el reflejo de una sociedad condenada a la soledad e incapaz de soltar el lastre de la misoginia. Pero tal vez es un prejuicio precipitado. Seguro que no faltar\u00e1n quienes, por el contrario, lo considerar\u00e1n una oportunidad para la emancipaci\u00f3n de la mujer. La directora del Instituto de Mujer, Lucia del Carmen Cer\u00f3n Hern\u00e1ndez, por ejemplo, conocida por su flexibilidad imaginativa para abordar los asuntos <em>femeninos<\/em>, seguro que no lo descartar\u00eda como una propuesta realista para atajar la violencia machista, convencida de que siempre ser\u00e1 mejor que el var\u00f3n incapaz de refrenar sus instintos se desahogue con una hembra mec\u00e1nica que con su santa esposa. Por otro lado, los v\u00ednculos entre sexo y tecnolog\u00eda no son ajenos a la derecha espa\u00f1ola. Es sabido que Alonso Aznar, v\u00e1stago del mesi\u00e1nico expresidente y Ana Botella, invirti\u00f3 en su d\u00eda en la puesta en marcha de una APP para propiciar encuentros sexuales. Por ello, no ser\u00eda descartable que, visto lo visto, se anime ahora a promover la fabricaci\u00f3n de aut\u00f3matas resignadas. Mujeres de dise\u00f1o artificial listas para ser asesinadas.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasado viernes, Zheng Jiajia se sinti\u00f3 la persona m\u00e1s feliz de los m\u00e1s de 9 millones de habitantes de la ciudad china de Hangzhou. Y no era para menos pue se trataba del d\u00eda de su boda. 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