{"id":1154,"date":"2011-09-28T12:05:25","date_gmt":"2011-09-28T10:05:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/"},"modified":"2023-12-29T13:45:01","modified_gmt":"2023-12-29T12:45:01","slug":"felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/felicidad\/","title":{"rendered":"Felicidad"},"content":{"rendered":"<p>All\u00ed donde la tarde desprend\u00eda una a una las <span data-scayt_word=\"horquillas\" data-scaytid=\"4\">horquillas<\/span> de su pelo y las dejaba reposar junto a la luz de una l\u00e1mpara encendida, como una mujer liberando su melena despu\u00e9s de un d\u00eda de mucho trabajo, y la habitaci\u00f3n se llena de sombra cuando interpone su cuerpo entre la pared y la luz para <span data-scayt_word=\"desvestirse\" data-scaytid=\"5\">desvestirse<\/span> ante el espejo, dos ni\u00f1os son llevados a la cama un d\u00eda de invierno, ya semidormidos, dulces e inocentes en sus ropas de domingo. All\u00ed donde la noche mira a todos lados como un arquero ansioso, arrojando sus flechas de sombra a medida que avanza hacia delante a grandes zancadas, un <span data-scayt_word=\"perr\u00f3\" data-scaytid=\"6\">perr\u00f3<\/span> <span data-scayt_word=\"aull\u00f3\" data-scaytid=\"7\">aull\u00f3<\/span> en la distancia, una campana hizo \u00ab<span data-scayt_word=\"dong\" data-scaytid=\"8\">dong<\/span>\u00bb al otro lado del r\u00edo, un campesino movi\u00f3 la mano en se\u00f1al de despedida, grillos hicieron crujir sus cuerpos entre altas hierbas <span data-scayt_word=\"onduladas\" data-scaytid=\"9\">onduladas<\/span>, y los ni\u00f1os, doblegados como tallos de amapolas por la brisa, movieron la cabeza hacia un lado y <span data-scayt_word=\"respiraron\" data-scaytid=\"10\">respiraron<\/span>, profundamente dormidos.<\/p>\n<p>Las camas eran de madera de cedro, o de roble, qui\u00e9n sabe; las colchas se amontonaban sobre las mantas y \u00e9stas sobre las s\u00e1banas, pues su abuela jam\u00e1s habr\u00eda permitido que la casa careciese de mantas y s\u00e1banas en abundancia, no s\u00f3lo guardadas en los estantes de armarios de muchas puertas, sino ah\u00ed, en las camas mismas, cubriendo a los durmientes por entero no ya como un ligero manto algodonoso, porque la vida no era algodonosa, la vida no te pon\u00eda encima una mano de piel de terciopelo, sino una mano callosa, dura, \u00e1spera, y as\u00ed deb\u00eda ser, y era mejor saberlo cuanto antes, por eso sobre las s\u00e1banas ca\u00edan mantas como fardos de harina, y despu\u00e9s colchas como de esparto rugoso, y era bueno que los ni\u00f1os aprendiesen desde peque\u00f1os que ese peso iba a caer sobre sus cuerpos siempre de ahora en adelante.<\/p>\n<p>Pero \u00bfacaso no era suficiente con las mantas? \u00bfAcaso no bastaba con aprender que la vida era una cosa muy pesada que al final te dobla la espalda y te hace crecer una joroba para que fijes bien tus ojos en la tierra y te acostumbres a esos olores y sabores emanando del suelo, a la ra\u00edz, al t\u00fanel y al topo ara\u00f1ando con sus blandas manos rosadas? \u00bfAcaso tambi\u00e9n durante el d\u00eda ten\u00edan que cargar con la losa, no ya sobre la espalda, sino dentro, en el centro mismo del est\u00f3mago? Porque la abuela de estos ni\u00f1os (la madre de Irene, la t\u00eda que los acost\u00f3 ese d\u00eda) no pod\u00eda consentir en ning\u00fan caso que \u00ablos de casa\u00bb (as\u00ed sol\u00eda referirse a los miembros de su familia) no tuviesen al alcance de la mano cuanto el esp\u00edritu de un hombre puede desear por la ma\u00f1ana o por la tarde o al anochecer. Era por este motivo que las tabletas de chocolate se <span data-scayt_word=\"apilaban\" data-scaytid=\"11\">apilaban<\/span> unas sobre otras en la alacena del tel\u00e9fono, quince, veinte capas de brillante envoltorio rojo. Era por esto que las merluzas, merluzas que un d\u00eda hab\u00edan cortado el oc\u00e9ano con sus colas <span data-scayt_word=\"escamadas\" data-scaytid=\"12\">escamadas<\/span>, nadando en manada a trav\u00e9s de \u00e1rboles marinos (grutas, corales, fosforescencias), se amontonaban en el suelo de la finca para que los perros <span data-scayt_word=\"hiciesen\" data-scaytid=\"13\">hiciesen<\/span> de ellas su particular fest\u00edn, merluzas pescadas en alta mar que la familia no hab\u00eda tenido tiempo de comer, liebres acu\u00e1ticas con las sales misteriosas del mar de Irlanda todav\u00eda <span data-scayt_word=\"incrustadas\" data-scaytid=\"14\">incrustadas<\/span> en sus <span data-scayt_word=\"escamas\" data-scaytid=\"15\">escamas<\/span>, ahora grises, ahora manchadas de tierra, y los perros se atragantaban con las espinas. Era tambi\u00e9n por esta raz\u00f3n que la miel llenaba grandes tarros de cristal con su oscuro espesor; era por esto que la sopa desbordaba en los platos un domingo al mediod\u00eda y las patatas se amontonaban en las bandejas como el heno se amontona en los almiares del campo. \u00a1Oh, la abundancia de la vida! S\u00f3lo llenando los est\u00f3magos durante el d\u00eda y <span data-scayt_word=\"cubri\u00e9ndonos\" data-scaytid=\"16\">cubri\u00e9ndonos<\/span> con mantas por las noches podr\u00edamos llegar a soportarla.<\/p>\n<p>Al menos esa era una de las teor\u00edas que circulaban sobre el loco empe\u00f1o con que esa mujer de setenta a\u00f1os herv\u00eda coliflores, <span data-scayt_word=\"fre\u00eda\" data-scaytid=\"17\">fre\u00eda<\/span> chuletas, asaba patatas y compraba docenas de huevos para hacer una o dos tortillas. Porque ella no te dec\u00eda despu\u00e9s de comer \u00abCome un pl\u00e1tano\u00bb, sino \u00abAhora come dos pl\u00e1tanos\u00bb. Y siempre era as\u00ed, dos vasos de leche, dos platos de sopa, dos naranjas, dos manzanas, dos <span data-scayt_word=\"yogures\" data-scaytid=\"18\">yogures<\/span>. Y uno se tomaba con humor la tenacidad de esa anciana que no se dejaba amedrentar por broncas ni amenazas, sino que segu\u00eda insistiendo, segu\u00eda hablando en voz baja desde su lado de la mesa, los codos apoyados sobre el mantel, <span data-scayt_word=\"mordisqueando\" data-scaytid=\"19\">mordisqueando<\/span> pan, vigilando el movimiento de tenedores y <span data-scayt_word=\"chuchillos\" data-scaytid=\"20\">chuchillos<\/span>; no, uno no pod\u00eda dejar de admirar su f\u00e9rrea perseverancia, su s\u00f3lida creencia en la fecundidad de la vida y el placer de la abundancia. Casi podr\u00eda decirse, viendo c\u00f3mo la felicidad se dejaba medir en el n\u00famero de pl\u00e1tanos que uno com\u00eda de postre o en los litros del caldo y las colas de merluza que uno devoraba a la semana, que (\u00a1oh maravilla!, \u00a1oh alegr\u00eda inesperada!) una chispa diminuta de aquel tiempo dorado que cre\u00edamos perdido, algo min\u00fasculo, pero algo al fin y al cabo, de aquella aurora joven e inocente de la humanidad, cuando las cabras y las vacas eran la <span data-scayt_word=\"susbtancia\" data-scaytid=\"21\">susbtancia<\/span> misma de la dicha humana y un rey <span data-scayt_word=\"alegraba\" data-scaytid=\"22\">alegraba<\/span> su coraz\u00f3n contemplando el espect\u00e1culo de los segadores cortando el trigo en los campos, espl\u00e9ndidos, viriles, sudorosos, y los j\u00f3venes bailaban portando grandes cestas llenas de racimos de uvas purp\u00fareas, que s\u00ed, no hab\u00eda duda, algo de aquel tiempo bendito era <span data-scayt_word=\"vivificado\" data-scaytid=\"23\">vivificado<\/span> por una mujer de setenta a\u00f1os en su casa en el fondo de un valle, comprando huevos y haciendo tortillas, <span data-scayt_word=\"colando\" data-scaytid=\"24\">colando<\/span> miel en grandes cedazos, recogiendo <span data-scayt_word=\"fresas\" data-scaytid=\"25\">fresas<\/span> en abril, diciendo por lo bajo \u00abToma m\u00e1s sopa\u00bb, \u00abCoge m\u00e1s calamares\u00bb, \u00ab<span data-scayt_word=\"\u00c9chate\" data-scaytid=\"26\">\u00c9chate<\/span> otra vez\u00bb.<\/p>\n<p>Qui\u00e9n podr\u00eda evitar sucumbir al encanto de esa casa en el valle, repleta de m\u00e1s manjares de los que un hombre podr\u00eda desear. Y no era simplemente el hecho de que all\u00ed se <span data-scayt_word=\"pudiesen\" data-scaytid=\"28\">pudiesen<\/span> degustar carnes y pescados excelentes; era la distancia lo que seduc\u00eda, la ilusi\u00f3n de autosuficiencia que uno sent\u00eda <span data-scayt_word=\"esparcirse\" data-scaytid=\"29\">esparcirse<\/span> alrededor al <span data-scayt_word=\"tumbarse\" data-scaytid=\"30\">tumbarse<\/span> en el jard\u00edn una tarde de marzo, <span data-scayt_word=\"adormilado\" data-scaytid=\"31\">adormilado<\/span> despu\u00e9s de comer, con la \u00fanica pero absorbente obligaci\u00f3n de levantar la vista y ver pasar una tras otra nubes rizadas como el vell\u00f3n de una oveja reci\u00e9n nacida, minuto a minuto, los p\u00e1rpados abri\u00e9ndose y cerr\u00e1ndose cada vez a menor velocidad, las manos cruzadas sobre el vientre, la cabeza <span data-scayt_word=\"recostada\" data-scaytid=\"32\">recostada<\/span>, las curvas de mujer de las monta\u00f1as formando un cerco protector en el horizonte, y en medio del cerco el valle, y en medio del valle la casa, y en la casa las <span data-scayt_word=\"fresas\" data-scaytid=\"27\">fresas<\/span>, la miel y la tortilla <span data-scayt_word=\"coci\u00e9ndose\" data-scaytid=\"33\">coci\u00e9ndose<\/span> en el fuego. All\u00ed no era posible citarse con un amigo a una hora determinada, a la salida del metro o frente a un caf\u00e9; ser\u00eda absolutamente absurdo, absolutamente descabellado, porque la verdad era que uno entraba y sal\u00eda de la casa sin necesidad de ver a nadie, caminando desde el jard\u00edn a la finca y desde la finca a la casa sin tener que dar nunca un paso de m\u00e1s. A veces alg\u00fan vecino elevaba su bast\u00f3n entre un reba\u00f1o de ovejas que avanzaba a trompicones por la carretera, y si en esos momentos uno estaba sentado en el porche, entonces le devolv\u00eda el saludo moviendo tranquilamente la mano, sin decir una sola palabra. No es que los pastores fuesen estampas mudas ni nada parecido; a veces eran motoristas que conduc\u00edan viejos cacharros a toda velocidad hasta qui\u00e9n sabe qu\u00e9 lugar detr\u00e1s de las monta\u00f1as, porque Irene cont\u00f3 que a Antonio le llamaron del juzgado para declarar por haber pegado a su mujer, que le denunci\u00f3 aconsejada por una asociaci\u00f3n que su hija conoc\u00eda, e Irene tuvo que llamar a Luis para evitar que Antonio acabase <span data-scayt_word=\"durmiendo\" data-scaytid=\"34\">durmiendo<\/span> tres d\u00edas en la c\u00e1rcel; al fin y al cabo, era su padrino. M\u00e1s tarde fue a darle las gracias, pero despu\u00e9s su mujer volvi\u00f3 a denunciarle y nada pudo hacerse esa vez. Pero esto no quer\u00eda decir que no fuese un aut\u00e9ntico pastor que guiaba a sus ovejas al pasto por las ma\u00f1anas; no dejaba de ser un hombre de la naturaleza, conforme con las c\u00f3smicas y universales reglas que dicen que no hace falta pronunciar palabra alguna cuando uno ve a su vecino, ese hombre que en otro tiempo navegaba veloz por los mares de Irlanda, sentado tranquilamente en el porche al mediod\u00eda, con algo de envidia quiz\u00e1 (era un crimen haber tirado tantas merluzas), pero sin ningunas ganas de estar en su piel ni por un solo d\u00eda (qui\u00e9n podr\u00eda vivir con tanta c\u00f3lera en el pecho).<\/p>\n<p>\u00a1Ay, el valle! Solitario como un \u00e1guila en la vastedad del aire, tranquilo como un viejo chopo ba\u00f1ado por las aguas de un manantial. Recuerdas todav\u00eda a los hombres envueltos en pieles cuando <span data-scayt_word=\"encaramados\" data-scaytid=\"35\">encaramados<\/span> a las rocas trazaban c\u00edrculos con piedras bajo el resplandor de las antorchas, uno alrededor de otro, para conjurar los astros, o para pintar el tiempo o alguna de esas cosas que uno se pone a pintar in\u00fatilmente una y otra vez. El tiempo; un c\u00edrculo en un c\u00edrculo; <span data-scayt_word=\"expandi\u00e9ndose\" data-scaytid=\"36\">expandi\u00e9ndose<\/span> m\u00e1s y m\u00e1s, como ondas en un estanque (el estanque era la vida), hasta que la piedra se desliza de la mano del hombre, que una vez fue un ni\u00f1o que bailaba sobre la roca y ahora es un viejo; la piedra se desliza entre sus dedos, el viejo desfallece, se desmaya, se desploma, cae dedicando el \u00faltimo instante de su pensamiento al enigma eterno, a la duda imperecedera: \u00bfEra bueno pensar que esos c\u00edrculos seguir\u00edan all\u00ed cuando de \u00e9l y de otros miles como \u00e9l (todos sus hijos y todos sus nietos y todos los nietos de sus nietos) no quedase ni una sola mota de polvo sobre la faz de la tierra? \u00bfO era mejor <span data-scayt_word=\"abatirse\" data-scaytid=\"37\">abatirse<\/span> y <span data-scayt_word=\"encolerizarse\" data-scaytid=\"38\">encolerizarse<\/span> contra todos esos humanos que hac\u00edan muecas desde el porvenir, pisoteando el c\u00edrculo con sus poderosos pies danzantes como \u00e9l mismo hab\u00eda hecho cuando era s\u00f3lo un ni\u00f1o, creyendo que siempre durar\u00eda, que la vida era \u00e9l y sus pies danzando sobre la roca y nada m\u00e1s que eso? \u00bfTen\u00eda sentido <span data-scayt_word=\"horrorizarse\" data-scaytid=\"39\">horrorizarse<\/span> por \u00faltima vez ante el hecho de estar vivo tan s\u00f3lo por unos segundos, como si no fu\u00e9semos m\u00e1s que el juguete de alg\u00fan gigante que r\u00ede y llora <span data-scayt_word=\"vi\u00e9ndonos\" data-scaytid=\"40\">vi\u00e9ndonos<\/span> crecer y perecer, siempre distintos, siempre iguales? \u00bfNo ser\u00eda quiz\u00e1 m\u00e1s sensato pensar que, fuese lo que fuese (porque nada sab\u00edamos), haber vivido fue maravilloso, el fuego sol\u00eda arder al anochecer como una rubia cabellera agitada por el viento, con un brillo inextinguible, y la luna cubr\u00eda y descubr\u00eda su blanco pecho moviendo largos dedos de plata? \u00a1Morir y vivir en el fondo del valle!, pens\u00f3 el anciano cubierto de pieles cuando la piedra se desliz\u00f3 de su mano, hace cientos y cientos de a\u00f1os, mientras la oscuridad cerraba sus p\u00e1rpados y el eco de la duda se perd\u00eda en las monta\u00f1as. \u00bfPor qu\u00e9, por qu\u00e9, por qu\u00e9?<\/p>\n<p>Hemos sido ni\u00f1os que corr\u00edan sin meta alguna en un espacio abierto, con el coraz\u00f3n hinchado por la velocidad, los pensamientos ligeros como blancas plumas de ganso haciendo del aire un mar donde flotar y <span data-scayt_word=\"sostenerse\" data-scaytid=\"41\">sostenerse<\/span>. Se sosten\u00eda la pluma, se sosten\u00eda la burbuja que hac\u00edamos crecer a trav\u00e9s de un agujero, sin objetivo alguno. Hemos sido j\u00f3venes que sufr\u00edan por dejar de ser ni\u00f1os, o se encolerizaban por no ser a\u00fan adultos. Hemos sido profesores que dec\u00edan con mon\u00f3tona voz \u00ab<span data-scayt_word=\"S\u00f3crates\" data-scaytid=\"42\">S\u00f3crates<\/span> era un hombre de nariz chata\u00bb, \u00ab<span data-scayt_word=\"Agamen\u00f3n\" data-scaytid=\"43\">Agamen\u00f3n<\/span> muri\u00f3 en una ba\u00f1era\u00bb. O carteros que sub\u00edan a toda velocidad las escaleras para entregar un libro en el quinto izquierda, un libro que nadie leer\u00eda o un libro que nadie deber\u00eda leer. Hemos sido madres por accidente, ornit\u00f3logos por vocaci\u00f3n. Hemos perseguido objetivos tanto si cre\u00edamos en ellos como si no cre\u00edamos en absoluto. Hemos movido un poco el cuerpo hacia arriba, Francia, Inglaterra, Escocia; a la izquierda, Florencia, Roma, <span data-scayt_word=\"Atenas\" data-scaytid=\"44\">Atenas<\/span> tal vez. Hemos dicho muchas veces \u00abTe odio\u00bb, \u00abTe quiero\u00bb. Hemos visto <span data-scayt_word=\"atardeceres\" data-scaytid=\"45\">atardeceres<\/span> y amaneceres o no los hemos visto en absoluto. Nos hemos asustado terriblemente cuando insomnes en la cama una pregunta mordi\u00f3 nuestro pie y nos dijo \u00ab\u00bfY esto es todo?\u00bb, y entonces <span data-scayt_word=\"supimos\" data-scaytid=\"46\">supimos<\/span> que jam\u00e1s nos <span data-scayt_word=\"reconciliar\u00edamos\" data-scaytid=\"47\">reconciliar\u00edamos<\/span> con la muerte. Y despu\u00e9s, cuando ya casi nos qued\u00e1bamos dormidos, otra pregunta, m\u00e1s veloz, m\u00e1s dura, mucho menos indulgente, tir\u00f3 violentamente de la s\u00e1bana y nos grit\u00f3 con voz de trueno \u00ab\u00bfY qui\u00e9n eres t\u00fa para vivir cuando \u00e9l y ella y todos los otros <span data-scayt_word=\"murieron\" data-scaytid=\"48\">murieron<\/span>?\u00bb Y la noche se alarga infinitamente, y al final nos dormimos, nos dormimos y no sabemos si no ser\u00e1 mucho peor dormir cuando el dolor sigue mordiendo nuestros pies desnudos, como tampoco sabemos si no ser\u00e1 preferible morir inmediatamente a vivir con todas esas muertes <span data-scayt_word=\"aullando\" data-scaytid=\"49\">aullando<\/span> a las espaldas. Pero al final dormimos, olvidamos lo bueno y lo malo, las piernas se encogen, los pies entran en calor y el coraz\u00f3n late al comp\u00e1s del sue\u00f1o de todo lo viviente.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os estaban tan cansados que se <span data-scayt_word=\"durmieron\" data-scaytid=\"50\">durmieron<\/span> en el coche durante el camino de vuelta a casa. Irene los <span data-scayt_word=\"arrop\u00f3\" data-scaytid=\"51\">arrop\u00f3<\/span> en sus camas como un hada amorosa sin tocar el suelo. Todo se deb\u00eda a que a veces sus abuelos los llevaban con ellos a un lugar a cinco o seis quil\u00f3metros de distancia donde viv\u00edan un hombre y una mujer ya mayores que nunca hab\u00edan tenido hijos. Su casa era completamente diferente a las casas que conoc\u00edan. Hab\u00eda tractores, pollos y gallinas, un cobertizo con trigo, guada\u00f1as, rastrillos, <span data-scayt_word=\"azadas\" data-scaytid=\"52\">azadas<\/span>, escaleras y mil cosas m\u00e1s que s\u00f3lo exist\u00edan en ese lugar. Tambi\u00e9n hab\u00eda una poza. Y establos detr\u00e1s de la casa. Una vez vieron c\u00f3mo unos hombres <span data-scayt_word=\"chamuscaban\" data-scaytid=\"53\">chamuscaban<\/span> un cerdo atado por las patas a una viga de madera. Despu\u00e9s el cerdo se <span data-scayt_word=\"balance\u00f3\" data-scaytid=\"54\">balance\u00f3<\/span> boca abajo desde lo alto de un gancho de metal, y al final, completamente rendido y sin un solo soplo de aire en el cuerpo, se dej\u00f3 abrazar por nebulosas de sal marina en un arc\u00f3n de pino claro. Hab\u00eda escalones de piedra y una puerta que llevaba a la cocina. La cocina era una losa de hierro bajo un fuego voraz, y ollas llenas de verdura, chorizo, calor, vapores, humo. Llegaban all\u00ed temprano en la ma\u00f1ana, jugaban junto al pozo, ve\u00edan sus rostros reflejados en el agua, echaban ma\u00edz a las gallinas, en grandes r\u00e1fagas, <span data-scayt_word=\"martille\u00e1ndolas\" data-scaytid=\"55\">martille\u00e1ndolas<\/span>, <span data-scayt_word=\"acribill\u00e1ndolas\" data-scaytid=\"56\">acribill\u00e1ndolas<\/span>, se sentaban un rato en los escalones y entraban otra vez en la cocina, donde la mujer remov\u00eda la sopa con una cuchara y despu\u00e9s la volcaba en una sopera de porcelana blanca. Entonces entraban en el comedor, que estaba helado y <span data-scayt_word=\"ol\u00eda\" data-scaytid=\"57\">ol\u00eda<\/span> a viejo, porque ella no hab\u00eda tenido hijos y Mario estaba siempre de aqu\u00ed para all\u00e1 ocupado con los cerdos y las vi\u00f1as y el trigo, su cabeza redonda como una farola encendida de rojo brillante, por el vino o por la sopa que su mujer cocinaba los domingos con alguna gallina que el d\u00eda anterior a\u00fan correteaba llena de fuerza convulsa por el gallinero y cuya substancia penetraba ahora, una vez m\u00e1s, las venas de Mario, gruesas por los chorizos y el vino, y penetrar\u00eda tambi\u00e9n las venas de los ni\u00f1os, que en ese momento visitaban el comedor como quien visita un museo de historia, examinado los cuadros que <span data-scayt_word=\"cuelgan\" data-scaytid=\"58\">cuelgan<\/span> encima de las puertas (puertas diminutas, puertas para gnomos o <span data-scayt_word=\"enanitos\" data-scaytid=\"59\">enanitos<\/span>), mirando sin tocar las in\u00fatiles figuras y los pocos adornos. Quiz\u00e1 los <span data-scayt_word=\"compadec\u00edan\" data-scaytid=\"60\">compadec\u00edan<\/span> al principio, antes de que todos se sentasen a la mesa para tomar la sopa; s\u00ed, los <span data-scayt_word=\"compadec\u00edan\" data-scaytid=\"61\">compadec\u00edan<\/span> porque no hab\u00edan tenido hijos y parec\u00edan m\u00e1s dos hermanos que dos esposos (ah\u00ed estaba, la foto de la boda, completamente iguales), y los ni\u00f1os intu\u00edan que algo as\u00ed como un ritual incestuoso ten\u00eda lugar cuando ellos se marchaban medio dormidos despu\u00e9s de un d\u00eda de horrible espera, pues lo cierto es que despu\u00e9s de la sopa ya hab\u00edan tenido bastante, ten\u00edan bastante de cerdos, chorizos y olores extra\u00f1os saliendo de habitaciones extra\u00f1as; quer\u00edan marcharse de una vez a sus propias casas, casas sin cerdos ni tractores, pero no hab\u00eda manera, y miraban con ojos suplicantes mientras ellos segu\u00edan jugando en la cocina y la abuela les dec\u00eda \u00abYa vamos, ya vamos\u00bb, pero no se iban nunca. Entonces los ojos no ten\u00edan m\u00e1s remedio que proseguir su viaje errabundo por la habitaci\u00f3n y explorar por en\u00e9sima vez ese museo en el que estaban encerrados. Ve\u00edan hachas, platos, vasos y un sombrero mejicano; volv\u00edan los ojos al fuego cuando alguien abr\u00eda la puerta; <span data-scayt_word=\"o\u00edan\" data-scaytid=\"62\">o\u00edan<\/span> silbidos y <span data-scayt_word=\"aullidos\" data-scaytid=\"63\">aullidos<\/span> quebrando el silencio de la tarde, recordaban que en alg\u00fan lugar hab\u00eda una habitaci\u00f3n donde que no pod\u00edan entrar, el dormitorio, el cuarto prohibido, el lecho incestuoso, y entonces se tiraban aburridos en el sof\u00e1 sin usar del sal\u00f3n, posaban los ojos sobre los cerrojos de las ventanas y suplicaban a Dios les dejase morir all\u00ed mismo antes que aguantar un minuto m\u00e1s las emanaciones de aquella casa abominable. \u00bfPermanecer\u00edan Mario y su mujer aqu\u00ed para siempre, sin hijos, unidos como hermanos? \u00bfO morir\u00eda Mario de un ataque el coraz\u00f3n dej\u00e1ndola completamente sola? \u00bfY qu\u00e9 har\u00eda ella con los cerdos y las gallinas? \u00bfSeguir\u00eda preparando sopa los domingos? \u00bfQui\u00e9n la visitar\u00eda cuando ellos no volviesen nunca m\u00e1s? Entonces Mario y su abuelo ganaron la \u00faltima partida y los metieron en el coche.<\/p>\n<p>Mario muri\u00f3 de un infarto, la eterna duda humana aleteando en el \u00faltimo brillo de sus ojos. Su mujer sigui\u00f3 cocinando sopa los domingos, pero en peque\u00f1as cantidades.<\/p>\n<p>As\u00ed que esa era la forma de morir en valles y monta\u00f1as, la substancia de la felicidad (ovejas, cerdos, gallinas) fluyendo en abundancia, desbord\u00e1ndose y <span data-scayt_word=\"derram\u00e1ndose\" data-scaytid=\"64\">derram\u00e1ndose<\/span> como un torrente obstruyendo las venas. Te <span data-scayt_word=\"compadecemos\" data-scaytid=\"65\">compadecemos<\/span>, mujer que hundes el rostro en el humo de una sopa. Te visitaremos aunque est\u00e9s sola, dijeron los ni\u00f1os mientras sus cuellos se inclinaban hacia un lado como tallos de amapola, cuando el sol ocultaba el \u00faltimo rizo de su ardiente cabellera m\u00e1s all\u00e1 del horizonte. Pero la felicidad\u2026 \u00bfC\u00f3mo pod\u00edan estar seguros de que era la felicidad lo que se esfumaba para siempre con la desaparici\u00f3n de un hombre que, como un hermano, no se mov\u00eda ni un momento de su lado en las tardes de domingo, cuando se iban las visitas y fuera el viento azotaba los alambres del gallinero y la lluvia <span data-scayt_word=\"tamborileaba\" data-scaytid=\"66\">tamborileaba<\/span> sobre los charcos que inundaban el camino de tierra hasta el pozo? \u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s bien alivio, una inmensa sensaci\u00f3n de ligereza? Se iba el hermano, el s\u00f3lido marido, encendido como una llama furibunda; perd\u00eda de vista al hombre que siempre volv\u00eda fuese donde fuese, por la sopa caliente o los vasos de vino, sin decir una palabra, sin que una sola arruga surcase el rojo mar de sus <span data-scayt_word=\"hinchadas\" data-scaytid=\"67\">hinchadas<\/span> mejillas. Te felicitamos, mujer, pensaron los ni\u00f1os, cuyos cuerpos <span data-scayt_word=\"trotaban\" data-scaytid=\"68\">trotaban<\/span> en el asiento trasero del coche. En adelante las rosas florecer\u00e1n s\u00f3lo para ti, le dijeron <span data-scayt_word=\"despidi\u00e9ndose\" data-scaytid=\"69\">despidi\u00e9ndose<\/span>, los cuellos inclinados hacia un lado como tallos rotos de flor. El agua fr\u00eda del pozo lamer\u00e1 tus manos cuando laves tu ropa en la ma\u00f1ana, su frescor penetrar\u00e1 tu alma como una dulce melod\u00eda y jam\u00e1s la abandonar\u00e1. La melod\u00eda sonar\u00e1 mientras recoges los huevos al atardecer, susurrar\u00e1 secretos en tu o\u00eddo cuando alces los ojos en la noche hacia el cerdo que se balancea en su gancho junto al almac\u00e9n de trigo, partiendo en dos el cielo como el cuerpo de un ahorcado, y pensar\u00e1s en Mario, guardado en una caja de pino, sin un soplo de vida en sus venas, y la melod\u00eda tronar\u00e1 por un instante agitando tu coraz\u00f3n como el viento agita las encinas, pero cesar\u00e1 y habr\u00e1 una pausa; la pausa es el momento en el que todo lo disperso se <span data-scayt_word=\"re\u00fane\" data-scaytid=\"70\">re\u00fane<\/span>; la ropa vuelve a los armarios, las gallinas ocultan la cabeza junto al coraz\u00f3n, el sol muere <span data-scayt_word=\"ti\u00f1endo\" data-scaytid=\"71\">ti\u00f1endo<\/span> de rojo el pa\u00f1o azul del cielo. Luego la melod\u00eda reaparecer\u00e1 como el arroyo reaparece despu\u00e9s de morir en el oscuro silencio de la tierra, y te acompa\u00f1ar\u00e1 siempre, haciendo larga y luminosa tu vejez. \u00bfEra eso la felicidad?<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>All\u00ed donde la tarde desprend\u00eda una a una las horquillas de su pelo y las dejaba reposar junto a la luz de una l\u00e1mpara encendida, como una mujer liberando su melena despu\u00e9s de un d\u00eda de mucho trabajo, y la habitaci\u00f3n se llena de sombra cuando interpone su cuerpo entre [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":31,"featured_media":31409,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-1154","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Felicidad - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/felicidad\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Felicidad - Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"All\u00ed donde la tarde desprend\u00eda una a una las horquillas de su pelo y las dejaba reposar junto a la luz de una l\u00e1mpara encendida, como una mujer liberando su melena despu\u00e9s de un d\u00eda de mucho trabajo, y la habitaci\u00f3n se llena de sombra cuando interpone su cuerpo entre [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/felicidad\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2011-09-28T10:05:25+00:00\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2023-12-29T12:45:01+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/felicidad-1-768x506-1.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"768\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"506\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Aida M\u00edguez Barciela\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@revistarambla\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@revistarambla\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Written by\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Aida M\u00edguez Barciela\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Estimated reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"15 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Aida M\u00edguez Barciela\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/25a0419bcd668768d91ea2aed2fa2b3f\"},\"headline\":\"Felicidad\",\"datePublished\":\"2011-09-28T10:05:25+00:00\",\"dateModified\":\"2023-12-29T12:45:01+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/\"},\"wordCount\":3687,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2011\\\/09\\\/felicidad-1-768x506-1.jpg\",\"articleSection\":[\"Letras y Cuentos\"],\"inLanguage\":\"en-GB\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/\",\"name\":\"Felicidad - Revista Rambla\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2011\\\/09\\\/felicidad-1-768x506-1.jpg\",\"datePublished\":\"2011-09-28T10:05:25+00:00\",\"dateModified\":\"2023-12-29T12:45:01+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"en-GB\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"en-GB\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2011\\\/09\\\/felicidad-1-768x506-1.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2011\\\/09\\\/felicidad-1-768x506-1.jpg\",\"width\":768,\"height\":506},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/felicidad\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Felicidad\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"name\":\"Revista Rambla Barcelona\",\"description\":\"Periodismo independiente\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"en-GB\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#organization\",\"name\":\"Revista Rambla\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"en-GB\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2020\\\/09\\\/banner_rambla_1900x600_BB.png\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2020\\\/09\\\/banner_rambla_1900x600_BB.png\",\"width\":1900,\"height\":600,\"caption\":\"Revista Rambla\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/revistarambla\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/revistarambla\",\"https:\\\/\\\/www.instagram.com\\\/revista_rambla\",\"https:\\\/\\\/es.linkedin.com\\\/company\\\/revista-rambla\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/www.revistarambla.com\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/25a0419bcd668768d91ea2aed2fa2b3f\",\"name\":\"Aida M\u00edguez Barciela\",\"description\":\"Doctora en Filosof\u00eda por la Universidad de Barcelona. Su trabajo de investigaci\u00f3n se centra en la hermen\u00e9utica de los textos griegos antiguos.\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Felicidad - Revista Rambla","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/felicidad\/","og_locale":"en_GB","og_type":"article","og_title":"Felicidad - Revista Rambla","og_description":"All\u00ed donde la tarde desprend\u00eda una a una las horquillas de su pelo y las dejaba reposar junto a la luz de una l\u00e1mpara encendida, como una mujer liberando su melena despu\u00e9s de un d\u00eda de mucho trabajo, y la habitaci\u00f3n se llena de sombra cuando interpone su cuerpo entre [&hellip;]","og_url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/felicidad\/","og_site_name":"Revista Rambla","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/","article_published_time":"2011-09-28T10:05:25+00:00","article_modified_time":"2023-12-29T12:45:01+00:00","og_image":[{"width":768,"height":506,"url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/felicidad-1-768x506-1.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Aida M\u00edguez Barciela","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@revistarambla","twitter_site":"@revistarambla","twitter_misc":{"Written by":"Aida M\u00edguez Barciela","Estimated reading time":"15 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/"},"author":{"name":"Aida M\u00edguez Barciela","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/person\/25a0419bcd668768d91ea2aed2fa2b3f"},"headline":"Felicidad","datePublished":"2011-09-28T10:05:25+00:00","dateModified":"2023-12-29T12:45:01+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/"},"wordCount":3687,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/felicidad-1-768x506-1.jpg","articleSection":["Letras y Cuentos"],"inLanguage":"en-GB","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/","name":"Felicidad - Revista Rambla","isPartOf":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/felicidad-1-768x506-1.jpg","datePublished":"2011-09-28T10:05:25+00:00","dateModified":"2023-12-29T12:45:01+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#breadcrumb"},"inLanguage":"en-GB","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"en-GB","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#primaryimage","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/felicidad-1-768x506-1.jpg","contentUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/felicidad-1-768x506-1.jpg","width":768,"height":506},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/felicidad\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/www.revistarambla.com\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Felicidad"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#website","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/","name":"Revista Rambla Barcelona","description":"Periodismo independiente","publisher":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"en-GB"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#organization","name":"Revista Rambla","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"en-GB","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/banner_rambla_1900x600_BB.png","contentUrl":"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/banner_rambla_1900x600_BB.png","width":1900,"height":600,"caption":"Revista Rambla"},"image":{"@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/revistarambla\/","https:\/\/x.com\/revistarambla","https:\/\/www.instagram.com\/revista_rambla","https:\/\/es.linkedin.com\/company\/revista-rambla"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/www.revistarambla.com\/#\/schema\/person\/25a0419bcd668768d91ea2aed2fa2b3f","name":"Aida M\u00edguez Barciela","description":"Doctora en Filosof\u00eda por la Universidad de Barcelona. Su trabajo de investigaci\u00f3n se centra en la hermen\u00e9utica de los textos griegos antiguos."}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1154","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/31"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1154"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1154\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":57806,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1154\/revisions\/57806"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/31409"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1154"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1154"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1154"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}