{"id":1099,"date":"2011-08-22T07:48:55","date_gmt":"2011-08-22T05:48:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/de-enebros-y-dunas\/"},"modified":"2023-12-29T13:45:02","modified_gmt":"2023-12-29T12:45:02","slug":"de-enebros-y-dunas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/de-enebros-y-dunas\/","title":{"rendered":"De enebros y dunas"},"content":{"rendered":"<p>Porque es burdo y es sentimental pretender agarrarse a algo cuando en este gran naufragio nada flota m\u00e1s que unos pocos segundos, los justos para sentir que los ojos se nublan y enrojecen por el agua; porque no s\u00f3lo somos unos seres cansinos hasta intolerable extremo, sino que nos empe\u00f1amos en disminuir a\u00fan m\u00e1s nuestra risible estatura con coronas y tiaras; porque tan in\u00fatil resulta encomendarse a Dios como al sabor voluptuoso de los frutos del cerezo cuando nada s\u00f3lido permanece bajo nuestros blandos pies de espuma, pues el monstruo ha despertado y ya separa sus labios y succiona con una sed milenaria el brebaje divino, el jugo del mundo; porque todos estamos heridos, acorralados, enfermos, enfebrecidos, enloquecidos, hambrientos, lisiados, y por eso alimentamos esperanzas y perseguimos metas hasta que por fin el cable nos lleva de cabeza a qui\u00e9n sabe d\u00f3nde, medio muertos y para no volver; porque siempre la l\u00ednea y el arp\u00f3n, siempre lo fluido y lo s\u00f3lido, la trama y la urdimbre, el cielo y la tierra se juntan y separan en nosotros abri\u00e9ndonos las carnes; es por esto, digo, que el oficial Stubb arroj\u00f3 por la borda nada m\u00e1s partir el inservible jarro de jengibre proporcionado por la t\u00eda Caridad, como si de un modo u otro supiese que de esa particular traves\u00eda no habr\u00eda retorno, y que m\u00e1s valdr\u00eda empezar a soltar lastre desde el primer momento, pues la nave hu\u00eda volando de todos los puertos amarrados a las costas de Nantucket.<\/p>\n<p>Hay una grandeza en Ahab que excede la comprensi\u00f3n de cualquier mortal nacido de la voluntad humana m\u00e1s que de alg\u00fan azar maravilloso y fortuito; que crece con simplicidad y salud, pero sin contacto alguno con el dolor o la miseria; que se casa, procrea, se afana y jam\u00e1s olvida a los leg\u00edtimos propietarios de una nave ballenera cuando se enrola en una como primer oficial. Hay una grandeza en Ahab que lo aproxima a la enormidad insensible del idiota, quien de entre los mortales se acerca m\u00e1s al infinito y silba y canta mientras planea tranquilamente m\u00e1s all\u00e1 del mundo de los hombres, siempre presos en alguna cerca de alambre, siempre chocando sus cabezas contra alg\u00fan muro de cristal, pues el idiota dijo adi\u00f3s a su alma al verse ahogado en las inmensas soledades del oc\u00e9ano, olvidado de Stubb y de todos, y entonces, libre de toda cordura, ligero como una hoja, flot\u00f3 y subi\u00f3 alegre los escalones de aire que lo transportaron al cielo. S\u00ed. El loco de Pip es dorso y espejo de la torre inexpugnable, el coraz\u00f3n de los tifones, la incurable herida; el negro idiota se une al inescrutable Ahab como la bestia se une al dios, entrecortadamente. \u00abAll\u00e1 van dos cabezas huecas \u2013gru\u00f1\u00f3 el viejo de Man\u2013. Una hueca por la fuerza, la otra por la debilidad\u00bb.<\/p>\n<p>El enjambre del ballenero Pequod, esa masa enmara\u00f1ada de marinos de todas las naciones, esos arponeros negros, indios y australianos, tatuados con liturgias y rezos, fornidos con fuego, met\u00e1licos, indestructibles; esa confusa nube sonora nada tiene en com\u00fan con el hombre de a pie, que cree que una sonrisa puede durar toda la vida y que hay cosas que no se pierden nunca. \u00bfQu\u00e9 no se pierden?, a\u00falla Ahab abriendo sus desorbitados, monoman\u00edacos, furiosos ojos insomnes (\u00ab\u00a1Un viejo con semejante ardor!\u00bb). \u00bfQu\u00e9 no se desploma el tronco del m\u00e1s robusto de los \u00e1rboles?, \u00bfqu\u00e9 no se ennegrece el m\u00e1s blanco de los dientes?, \u00bfqu\u00e9 no calla para siempre la voz del poeta m\u00e1s profundo?, \u00bfqu\u00e9 no se agotan el rugido y la brasa del sol minuto a minuto y se apaga todo, absolutamente todo, lo que una vez exhibi\u00f3 con orgullo su lumbre encendida? \u00a1Diablo de ojos azules, t\u00fa sabes que s\u00ed! \u00a1No pretendas negarlo! \u00bfY qu\u00e9 si Ahab ha querido detener por un instante la carrera estrepitosa del viento que barre con todo a su paso? \u00bfY qu\u00e9 si ha buscado plantar una bandera en el palo del barco que siempre se hunde? Tambi\u00e9n el cielo estrellado se hundi\u00f3 pegado a ese m\u00e1stil (el ala del halc\u00f3n martilleada); todo lo que se pens\u00f3 imperecedero fue pasto del v\u00f3rtice insaciable, cay\u00f3 y cay\u00f3 por su garganta hasta que el \u00faltimo burbujeo se deshizo en la quietud impert\u00e9rrita del eterno mar.<\/p>\n<p>El monstruo marino sumergi\u00f3 una vez m\u00e1s las curvas sinuosas de su cola, todos los arpones clavados en su espalda, como si nada hubiese ocurrido, como si el barco fuese tan s\u00f3lo un insecto sacudido por Dios a manotazos. Ahab lo persigui\u00f3 hasta su \u00faltimo aliento de hombre; libr\u00f3 con \u00e9l una batalla sabiendo en todo momento que hoy o ma\u00f1ana acabar\u00eda estrangulado, y la visi\u00f3n avivaba la hoguera de sus ojos, que lanzaban chispas alrededor. El parsi cumpl\u00eda fielmente su palabra: su cad\u00e1ver salud\u00f3 una vez m\u00e1s prendido en la giba blanca, broma macabra, payaso cruel. \u00a1Felices aquellos que ven su propio ata\u00fad antes de morirse! \u00a1Felices los que bordaron su dibujo con las estelas del mar! El reflujo de la pierna mutilada arrastr\u00f3 al Pequod por medio mundo antes de anclarlo definitivamente en su morada submarina, como nos ocurre a tantos, o como a tantos deber\u00eda ocurrirnos, pues en este desfile de miembros cortados nadie llega inc\u00f3lume a su meta. \u00a1Ay capit\u00e1n, quien poseyera tu coraje! \u00a1Quien llegara tan alto apoy\u00e1ndose \u00fanicamente en un trozo de marfil! Porque a nuestro lado muchos lagrimean, muchos pretenden disuadirnos, nos miran con disgusto, les tiembla la voz (\u00a1Mar\u00eda, Mar\u00eda!, dice Starbuck). Mientras, otros conservan como el primer d\u00eda no s\u00f3lo su apetito primigenio, sino tambi\u00e9n el paladar que deguste ese manjar prohibido, pues no se ha inventado todav\u00eda la hiel que les amargue.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 es eso que tan despreocupadamente llamamos \u00abballena\u00bb? Un rorcual, un zifio, una orca, un cachalote; una cosa inefable; una embaucadora que en un instante est\u00e1 aqu\u00ed y en el otro desaparece entre nieblas y vapores; una larga llamarada que baila y despu\u00e9s se vela; una equilibrista que balancea su silueta por los aires encaramada a un columpio de dioses; un enorme batiscafo que toca fondo antes de dar el salto que rompa en dos el espejo del cielo. No, Ahab no midi\u00f3 su fuerza con cualquier cosa; el Pequod no arroj\u00f3 sus redes para pescar sardinas. La yubarta golpeaba las olas sacudiendo los nervios de un mundo enmohecido; el cachalote hend\u00eda sus dientes en el muslo de un gigante, y el delf\u00edn, atornill\u00e1ndose en el aire, continu\u00f3 riendo hasta que la humanidad toda se arrodill\u00f3 en la estela del ahogado y el barco hizo del ata\u00fad un salvavidas, pues en esta burla universal, en este perpetuo Apocalipsis no deja de ser cierto que el destino de Ismael, poeta de Moby Dick, nos recuerda que nosotros, que somos brit para la Ballena Blanca, que vivimos con la ola palpitando a dos pasos de nosotros como el pecho agitado de un gigante, nosotros s\u00f3lo tenemos dos opciones: o permitir que la ola nos entierre como la duna entierra con su manto al solitario pino, o cabalgar sobre la ola agarr\u00e1ndola del pelo, como el enebro agarra del pelo a la yegua ind\u00f3mita que corre siempre por la playa, transformando sus ramas en ra\u00edces y sus ra\u00edces en ramas, deteniendo el movimiento del monstruo encabritado como no pudo el pino, como no pudo Ahab; pero Ismael, que en el mar aprendi\u00f3 a calentar su cuerpo cuando bordeaba los lejanos c\u00edrculos polares y a mantener su sangre fr\u00eda al atravesar la humeante cortina de los tr\u00f3picos, Ismael sobrevivi\u00f3, agarrado al ata\u00fad de un can\u00edbal Ismael vivi\u00f3, como Job, para poder decirlo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Porque es burdo y es sentimental pretender agarrarse a algo cuando en este gran naufragio nada flota m\u00e1s que unos pocos segundos, los justos para sentir que los ojos se nublan y enrojecen por el agua; porque no s\u00f3lo somos unos seres cansinos hasta intolerable extremo, sino que nos empe\u00f1amos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":31,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75],"tags":[],"class_list":["post-1099","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-letras-y-cuentos"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>De enebros y dunas - Revista Rambla<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/de-enebros-y-dunas\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_GB\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"De enebros y dunas - Revista Rambla\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Porque es burdo y es sentimental pretender agarrarse a algo cuando en este gran naufragio nada flota m\u00e1s que unos pocos segundos, los justos para sentir que los ojos se nublan y enrojecen por el agua; 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