{"id":10551,"date":"2016-11-07T11:32:40","date_gmt":"2016-11-07T09:32:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=10551"},"modified":"2021-04-06T19:06:46","modified_gmt":"2021-04-06T17:06:46","slug":"the-booth-at-the-end-deseos-de-dudosa-necesidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/the-booth-at-the-end-deseos-de-dudosa-necesidad\/","title":{"rendered":"&#8216;The booth at the end&#8217;: deseos de dudosa necesidad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">En el mundo del cine y la televisi\u00f3n se dan pocas situaciones en las que un producto goza de un halo de vida propia, capaz de despertar gran curiosidad entre los aficionados a ambos medios.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-10553\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/the_booth_1.jpg\" alt=\"the_booth_1\" width=\"610\" height=\"266\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/the_booth_1.jpg 610w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/the_booth_1-300x131.jpg 300w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/the_booth_1-500x218.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El m\u00e1s prodigado dentro de la gran pantalla es el de los libretos que pasan a engrosar la llamada <em>black <\/em>list: aquellos guiones que, a pesar de su indudable calidad, no llegan a filmarse por motivos varios, sobre el que suele destacar la decisi\u00f3n de su viable comercialidad o no<em>. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Para el, mal llamado, \u00abformato menor\u00bb, por el contrario, el primer lugar lo ocupa la cancelaci\u00f3n de una serie de ficci\u00f3n. Sin embargo, no todos los productos pueden alzarse con la corona del m\u00e1rtir. En primer lugar hay que partir del \u00fanico motivo relevante que lleva a suspender el programa y a dejar una historia inconclusa: la audiencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El cliente manda. Es un hecho tan antiguo como el concepto de comercio, y que no desaparecer\u00e1 hasta que se extinga el mismo. Por suerte para el innumerable ej\u00e9rcito de cadenas y productoras televisivas, los rangos de edad entre el p\u00fablico abarca actualmente un espectro mucho m\u00e1s amplio que hace unos escasos veinte a\u00f1os. Los preadolescentes maduran antes, o la sociedad los empuja a ello, la gente alarga su adolescencia hasta m\u00e1s all\u00e1 de los treinta, y la mayor\u00eda de abuelos est\u00e1n a la \u00faltima en tecnolog\u00eda, por no decir que <em>se apuntan a un bombardeo<\/em>. Todo esto ha servido para que el panorama seri\u00e9filo mute, poco a poco al principio y como un tsunami en los \u00faltimos diez a\u00f1os, hasta ofrecer un cat\u00e1logo de lo m\u00e1s extenso y variopinto, no solo en tem\u00e1ticas, sino tambi\u00e9n en t\u00e9rminos de duraci\u00f3n, horarios y formatos. Si hacemos un balance de todo esto vemos que el cliente m\u00e1s desatendido, hasta hace relativamente poco, era el m\u00e1s potencial a la hora de llenar las arcas de las productoras: el espectador maduro cuyos horarios de trabajo le imped\u00edan ver aquello en lo que estaba interesado. Nada que la televisi\u00f3n a la carta no haya podido arreglar.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Lo menos visto, sea en directo, <em>streaming<\/em> o por cualquier sistema de pago, tiende a ser descartado. Gran parte de estos programas lo merecen al ser productos con graves carencias t\u00e9cnicas: efectos especiales lamentables, guiones sosos, ritmos atrofiados, interpretaciones dignas de un huerto de <em>razzies<\/em>&#8230;.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">En otras ocasiones el asunto est\u00e1 en tierra de nadie, pues algunos espectadores la echar\u00e1n de menos y otros no tanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Es en el menor de los casos cuando ocurren <em>cat\u00e1strofes<\/em> como \u201cCarnival\u201d o \u201cHannibal\u201d, series cuyo presupuesto excede la cantidad de espectadores necesarios para mantenerla viva. Imaginad por un momento que \u201cJuego de tronos\u201d viera su audiencia reducida a la mitad, seguir\u00eda siendo un n\u00famero bestial, pero sin duda correr\u00eda la suerte de quedar inconclusa.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">No es ning\u00fan descubrimiento, pero la verdad es que hasta las excepciones tienen excepciones. \u201cThe booth at the end\u201d cumple como ejemplo perfecto de lo que a series canceladas se refiere, detalle que junto al hecho de darla a conocer como la peque\u00f1a joya que es, supone la raz\u00f3n de que sea motivo de an\u00e1lisis. Lo que la diferencia de ejemplos como los anteriores es precisamente su presupuesto, nada abultado, pormenor que sobresale en el primer cap\u00edtulo. Tampoco adolece de otro mal muy imperante en ciertas ficciones, la de temporadas que se extienden durante casi todo el a\u00f1o. Ni siquiera la duraci\u00f3n de sus cap\u00edtulos llega a los veinticinco minutos, algo que los espectadores habituales de <em>sitcoms <\/em>tienen bien asimilado. Los menos avezados se atrever\u00edan a achacarlo al ritmo, pero lo cierto es que este va m\u00e1s all\u00e1 de ser bueno, de hecho el estilo de montaje y encadenamiento de la historia a trav\u00e9s del uso de sus planos deber\u00eda usarse como ejercicio en m\u00e1s de una escuela.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Su cancelaci\u00f3n responde al culpable antes citado: la audiencia; pero no por la raz\u00f3n m\u00e1s previsible. A pesar de disponer de toda esta variedad citada al principio, el p\u00fablico, no deja de responder ante unos artefactos convencionales dentro de la narraci\u00f3n. Cada g\u00e9nero tiene los suyos, y solo los m\u00e1s extremadamente arriesgados, los casi considerados un sub-g\u00e9nero, est\u00e1n desprovistos de ellos o, en su defecto, cuentan con unos pocos muy diluidos. Todas estas puntualizaciones solo dejan un lugar donde enmarcar a \u201cThe booth at the end\u201d: en el de serie adelantada a su tiempo. Y un \u00fanico status posible para aquellas canceladas injustamente: el de obra de culto.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>Hulu.com<\/em>, un sitio web solo disponible en Estados Unidos y que se apoya en la publicidad para ofrecer contenido v\u00eda <em>streaming<\/em>, fue el encargado de estrenar la primera temporada en 2011. La segunda, la que ser\u00eda, a la postre, la \u00faltima, dejando la serie inconclusa, vio la luz en 2012. El rodaje de ambas tuvo como escenario un cl\u00e1sico bar de carretera, siendo la segunda temporada filmada en un enclave real: la cafeter\u00eda del hotel Barclay en Los Angeles.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Habida cuenta de lo mencionado respecto a la cantidad de ofertas actuales en la parrilla televisiva, suele resultar dif\u00edcil encontrar motivos que lleven a visionar una serie cancelada hace cuatro a\u00f1os. \u201cThe boot at the end\u201d cuenta con muchos, algunos que iremos viendo y otros que es mejor mantenerlos alejados del espectador que se disponga a disfrutarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Si hay que empezar por alguno, ese es, sin duda, su duraci\u00f3n. Existe un punto realmente fuerte en que la serie completa no supere los diez cap\u00edtulos, y que estos, a su vez, sean de unos precisos veintitr\u00e9s minutos.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Su rodaje no implic\u00f3 ninguna an\u00e9cdota o dificultad rese\u00f1able, gracias al car\u00e1cter sencillo de su puesta en escena. Evitar lo aparatoso de una filmaci\u00f3n corriente y optar por una propuesta minimalista, se debi\u00f3 a algo m\u00e1s que un simple ahorro de costes de producci\u00f3n. En dicha decisi\u00f3n art\u00edstica predominaba, por encima de todo, la intenci\u00f3n de ligar al espectador a cada historia individual y que experimentase empat\u00eda gracias al car\u00e1cter \u00edntimo de la propuesta. Pero, ya se sabe, salirse de los mecanismos con los que el p\u00fablico est\u00e1 familiarizado es jugar con fuego, y, en este caso, las quemaduras sufridas por la audiencia fueron de tercer grado, pues pocos sobrevivieron a la exigencia de poner sus cerebros a participar. Para entender los motivos del riesgo corrido podemos, tirar de refranes como: <em>menos es m\u00e1s<\/em>, revisar el mayor paradigma del g\u00e9nero cinematogr\u00e1fico de terror: <em>siempre es mejor sugerir que ense\u00f1ar<\/em>, o hasta citar a Paco Umbral: <em>cuando era un escritor joven y responsable quer\u00eda describir minuciosamente todo, luego comprend\u00ed que al lector le basta con conocer un olor o color, esto le sirve mucho m\u00e1s<\/em>. Todo viene a decir b\u00e1sicamente lo mismo: si sabes contarlo de forma simple, pero sin cometer errores, conseguir\u00e1s que el espectador est\u00e9 dispuesto a aceptar el reto de volver a la m\u00e1s pura ra\u00edz del principio de los tiempos. Cuando disfrutar de una historia era reunirse junto al fuego. No se trata tampoco de hacer creer que \u201cThe booth at the end\u201d haya inventado nada nuevo. El film \u201cCube\u201d sirve de ejemplo perfecto a aquello de un -\u00fanico- escenario e historia sustentada en personajes bien escritos a los que vemos cambiar a lo largo de la trama. Ni siquiera alej\u00e1ndonos del veh\u00edculo audiovisual podemos evitar otros casos como los juegos de rol de mesa, donde unos dados, papel, l\u00e1piz y voluntad, basta para dotar de vida a lo que es relatado. Si dejamos todo eso a un lado, el estar ante una historia cuyo estilo narrativo exige al espectador ejercitar su imaginaci\u00f3n, nos encontramos con el germen de la propuesta, y esta destila una calidad encomiable. Pero antes de llegar a ese punto o al de su aspecto puramente t\u00e9cnico, conozcamos un poco m\u00e1s de la serie.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Su protagonista principal es Xander Berkeley, cl\u00e1sico secundario de tv, especialmente por su papel en la famosa serie \u201c24\u201d, pero que los m\u00e1s viejos del lugar recordar\u00e1n por su breve papel como padre adoptivo de John Connor en \u201cTerminator 2\u201d. El resto del elenco es de lo m\u00e1s heterog\u00e9neo, pues as\u00ed lo requieren sus personajes, ya sea por sus diferentes edades o registros. Quiz\u00e1 la mayor curiosidad resida en el personaje de la hermana Carmel, una monja con la fe en horas bajas, encarnada por Sarah Clarke, actriz tambi\u00e9n perteneciente al reparto de \u201c24\u201d, adem\u00e1s de esposa de Berkeley en la vida real.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">La historia comienza con <em>el hombre<\/em>, nombre por el que se conoce al personaje principal, el \u00fanico presente durante toda la serie. Lo encontramos siempre en una cafeter\u00eda de carretera, en el asiento acolchado al final del local (de ah\u00ed el t\u00edtulo de la serie), disfrutando de alg\u00fan tentempi\u00e9, a la espera de alguien que solicite sus servicios: conseguir a sus clientes cualquiera cosa que le pidan, sin l\u00edmites. Da lo mismo la persona o el deseo, <em>el hombre<\/em> siempre reacciona de la misma forma, afirmando que la petici\u00f3n se puede conseguir. Tras consultar su misteriosa libreta de piel (un <em>mcguffin<\/em> que juega a ser m\u00e1s relevante de lo que parece) propone un precio a la persona interesada. No se trata de dinero, tampoco de un favor a cambio, no existe conveniencia alguna en los tratos. <em>El hombre<\/em> \u00fanicamente trasmite lo que encuentra en el diario: una acci\u00f3n a llevar a cabo y que va ligada de manera insustituible a la petici\u00f3n correspondiente. A veces es complicada, otras demasiado sencilla y en alguna ocasi\u00f3n excesivamente truculenta. Visto as\u00ed recuerda en general a la cl\u00e1sica historia de <em>pacto con el diablo<\/em>, y muy en particular a la novela de Stephen King \u00abLa tienda\u00bb (\u201cNeedful Things\u201d, en su versi\u00f3n original). Se suele decir que todo est\u00e1 inventado, pero es preferible pensar que las influencias existen para que nunca se pare de inventar, solo se necesita saber mezclar conceptos y tomar el desv\u00edo correcto. Aqu\u00ed el protagonista no est\u00e1 concebido como un sujeto que disfrute de su trabajo. Al principio su postura est\u00e1 m\u00e1s cercana a la de un funcionario, pero, m\u00e1s tarde, empiezan a apreciarse matices de c\u00f3mo dicha labor le supone cierta dosis de tortura, gracias a una interpretaci\u00f3n sofisticada y llena de precisi\u00f3n. Berkeley gan\u00f3 un premio Streamy por su papel en esta serie.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Durante el primer cap\u00edtulo asistimos, b\u00e1sicamente, a una inmersi\u00f3n en el camino que desarrollar\u00e1 la serie. Gracias a los diferentes perfiles, deseos y pruebas a cambio, conocemos su mecanismo. El resto de la temporada se podr\u00eda haber conformado, en especial debido a su corta duraci\u00f3n, con contar varias historias interesantes y mostrar hasta qu\u00e9 punto llega la desesperaci\u00f3n de algunos de sus personajes. No obstante, basarla solo en motivaciones como la necesidad, ambici\u00f3n o ego\u00edsmo, har\u00edan que el concepto de sacrificio perdiera su valor demasiado r\u00e1pido. Por esa misma raz\u00f3n centra su inter\u00e9s en poner al espectador en la piel de cada uno. \u00bfJustifica nuestro amor por un ser querido el que intentemos salvarlo a costa de cometer un crimen atroz? \u00bfSeriamos capaces de jugarnos nuestra moral a cambio de ese milagro con el que llevamos so\u00f1ando toda nuestra vida? Estas y muchas otras cuestiones, en las que es preferible no profundizar (\u201cThe booth at the end\u201d es una serie que se disfruta m\u00e1s conociendo lo menos posible sobre ella), no dejan de ser un buen ejemplo del impulso humano, ese del que nadie escapa y todos sienten alguna vez, como pensar en que hay gente mala que merece la muerte a cambio de ni\u00f1os inocentes que mueren de hambre. Es ese sentimiento de justicia que nos invade en caliente, pero que medit\u00e1ndolo en frio nos plantea tantas dudas morales. Esta \u00faltima postura es importante en el desarrollo de la trama, pues no todo es lo que parece. En algunos casos, las soluciones se pueden presentar en m\u00e1s de una forma y el t\u00e9rmino \u00ab<em>prueba\u00bb<\/em> cobra un cariz mucho m\u00e1s \u00e9tico.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Teniendo en cuenta la diversidad de casos, perfiles y sacrificios, no es dif\u00edcil imaginar cierta conectividad entre las diferentes historias, conformando una suerte de moraleja entramada que tampoco aporta nada nuevo a la manera en que se puede contar una o varias historias, pero que s\u00ed se postula como un ejercicio sobresaliente a la hora de emplear ese estilo entrecruzado que muchos se creen que invent\u00f3 Tarantino.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El cierre de la temporada sigue los religiosos pasos de ese salmo casi obligado en las series actuales, el del <em>cliffhanger<\/em>. Pero si hay que destacar otra habilidad a esta serie, es la de tomar recursos y retorcerlos a su favor, no siendo en este caso una excepci\u00f3n. Durante toda la temporada existe un atisbo de cierta duda, una muy clara, rondando los pensamientos del espectador. Si el concepto de <em>cliffhanger<\/em> fue concebido para dejar al espectador con ganas de m\u00e1s, aqu\u00ed es usado para lograrlo a trav\u00e9s de una duda satisfecha, un premio a la participaci\u00f3n que invita al deseo de seguir jugando. Y como ya se sabe, las segundas rondas suelen subir las apuestas.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Eso ocurre por completo en su excelente segunda temporada, en la que los pocos personajes que quedan evolucionan a un nivel m\u00e1s arriesgado, a la vez que interesante. Los deseos son m\u00e1s descabellados, pero dentro de una l\u00f3gica y diversidad que los hace muy apetecibles, algo cuya emoci\u00f3n no hace sino ampliar la reciprocidad del espectador. Al mismo tiempo las pruebas tambi\u00e9n se tornan desgarradoras. Todo este incremento de calidad y valent\u00eda en el argumento hace que su cancelaci\u00f3n se vuelva muy amarga, lo suficiente para considerarla m\u00e1rtir de las cancelaciones. En cuanto al <em>cliffhanger<\/em> de la segunda temporada, empuja los deseos del espectador hasta un l\u00edmite en el que desear\u00eda participar en la historia a una escala mucho m\u00e1s real, la de poder pedir al protagonista que mirase en su libreta y le dijera cual es la prueba a cambio de concluir la serie.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Una vez disfrutada solo queda hacer un balance de la calidad del conjunto. Obviamente no estamos ante una proeza de la televisi\u00f3n a nivel t\u00e9cnico. La fotograf\u00eda es bastante plana, incluso prescinde de esa calidad tan habitual en las series de los \u00faltimos a\u00f1os, m\u00e1s cercana al m\u00ednimo exigible de cualquier producci\u00f3n de elevado presupuesto. Aunque esta es una decisi\u00f3n que podr\u00eda incluso tomarse como art\u00edstica dado el car\u00e1cter de sus escenas, muy cercanas a una entrevista no solo por el uso de su lenguaje visual, sino tambi\u00e9n por ese marco inamovible que es el local donde se desarrolla la trama. La m\u00fasica tambi\u00e9n es un apartado resuelto de manera digna y funcional, con una presencia meramente ambiental y que juega m\u00e1s a ser un extra o secundario puntual, que a personaje integrante de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El mayor potencial t\u00e9cnico de \u201cThe booth at the end\u201d reside en tres apartados muy claros: Principalmente en su esforzado gui\u00f3n, ocasionalmente en la manera que evita abusar del plano contra plano, pero sobre todo en una coral de int\u00e9rpretes enamorados de la idea, en mayor o menor medida, y, en l\u00edneas generales, muy entregados a ella. Con unas interpretaciones bastante cre\u00edbles en el peor de los casos y estremecedoras en el mejor de ellos, sin importarles su escasa aparici\u00f3n en pantalla, que tengan que repartirse entre todos un pu\u00f1ado de minutos por capitulo o que sus historias sea finitas y no los lleven hasta la siguiente temporada. Algo que lleva inevitablemente al personaje de Berkeley a brillar por encima del resto.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Este conjunto de frescura, corta duraci\u00f3n, calidad del producto y reto a la mente del espectador, la convierte en una de esas pocas joyas a la deriva entre un mar de convencionalismos televisivos. Contar con un final enigm\u00e1tico y sin resolver, no supone suficiente raz\u00f3n para privarse de sus diez maravillosos cap\u00edtulos, los cuales han sido a\u00f1adidos recientemente al cat\u00e1logo de Netflix.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Incluso se podr\u00eda considerar su final abierto como parte del estilo que define a la serie como producto (en eso tampoco peca de originalidad) o, extremando el concepto de participaci\u00f3n del espectador y siendo rebuscados, una \u00faltima oportunidad para que cada uno elija en su mente el desenlace deseado.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el mundo del cine y la televisi\u00f3n se dan pocas situaciones en las que un producto goza de un halo de vida propia, capaz de despertar gran curiosidad entre los aficionados a ambos medios. 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