{"id":10114,"date":"2016-09-30T07:17:40","date_gmt":"2016-09-30T05:17:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistarambla.com\/?p=10114"},"modified":"2021-04-06T20:46:28","modified_gmt":"2021-04-06T18:46:28","slug":"maestros-olvidados-alphons-diepenbrock","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistarambla.com\/en\/maestros-olvidados-alphons-diepenbrock\/","title":{"rendered":"Maestros olvidados: Alphons Diepenbrock"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">Cuando uno piensa en compositores influ\u00eddos por el pensamiento schopenhaueriano inmediatamente le viene a la cabeza el nombre de Richard Wagner. Para bien o para mal, Schopenhauer y Wagner son nombres indisociablemente ligados. Nietzsche, en concreto, pensaba que para mal, pues en una carta dirigida a Malwida von Meysenburg fechada el 26 de marzo de 1885, se expresa sobre esta relaci\u00f3n musical en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-10116\" src=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1.jpg\" alt=\"Alphons Diepenbrock\" width=\"268\" height=\"375\" srcset=\"https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1.jpg 934w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1-214x300.jpg 214w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1-768x1075.jpg 768w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1-732x1024.jpg 732w, https:\/\/www.revistarambla.com\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/IMAGEN-1-500x700.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 268px) 100vw, 268px\" \/><\/a>\u00abPor lo que respecta a la m\u00fasica: el \u00faltimo oto\u00f1o hice, con detenimiento y curiosidad, la prueba de cu\u00e1l es mi posici\u00f3n <em>ahora <\/em>ante la m\u00fasica de R. Wagner. \u00a1C\u00f3mo me repugna esa m\u00fasica sofocante, sobre todo histri\u00f3nica y pretenciosa! Me repugna tanto como \u2013 como \u2013 como mil cosas, por ejemplo la filosof\u00eda de Schopenhauer. Es la m\u00fasica de un m\u00fasico y un ser humano fallido, pero de un gran <em>comediante <\/em>\u2013 estoy dispuesto a jurarlo\u00bb<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Tenga el reconcomio personal parte de la culpa de tal maledicencia o no, es cosa ya discutida y analizada en multitud de ensayos, luego no nos ata\u00f1e en absoluto tratarla ahora. Sin embargo, tampoco parece que el propio Schopenhauer habr\u00eda percibido la penetraci\u00f3n de su metaf\u00edsica de la m\u00fasica en las partituras de un indeciso Wagner que, a la saz\u00f3n conmovido sobremanera por el descubrimiento de la filosof\u00eda de aqu\u00e9l, le enviase por correo junto con unos libretos de <em>El anillo de los<\/em> <em>Nibelungos<\/em>. Es bastante conocida la reacci\u00f3n de Schopenhauer: le hizo saber como respuesta que tendr\u00eda m\u00e1s futuro como poeta que como m\u00fasico. Pero es que el genio de Danzig no pod\u00eda, de repente, asimilar una m\u00fasica tan distinta de la de Rossini, al que admiraba profundamente. En el <em>El mundo como voluntad y representaci\u00f3n, <\/em>leemos:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00abNadie se ha guardado tanto de este error como Rossini; de ah\u00ed que la m\u00fasica de \u00e9ste hable tan clara y puramente su <em>propio <\/em>lenguaje, hasta el punto de que no precisa de las palabras y por eso tambi\u00e9n surte todo su efecto al ser interpretada con instrumentos orquestales\u00bb<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Y es que, al hilo de su argumentaci\u00f3n, pero salvando las distancias entre ambos compositores, el estilo compositivo de Wagner es comparable al de Haydn, por cuanto que no lograr\u00edan ofrecer los<a href=\"https:\/\/books.google.es\/books?id=EFWhDwAAQBAJ&amp;pg=PA105&amp;lpg=PA105&amp;dq=universalia+ante+rem+y+los+universalia+in+re&amp;source=bl&amp;ots=SuGSnFIcaF&amp;sig=ACfU3U1v7DA7IbX3xAQCb__FftlnK57UdQ&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwiwtb3Hop_kAhWlyYUKHWB8BucQ6AEwEXoECAgQAQ#v=onepage&amp;q=universalia%20ante%20rem%20y%20los%20universalia%20in%20re&amp;f=false\"> <em>universalia ante rem <\/em>y los <em>universalia in re <\/em><\/a>que s\u00ed lograba Rossini<em>, <\/em>sino que decepcionantemente s\u00f3lo, Wagner en sus \u00f3peras, Haydn en su m\u00fasica figurativa, los <em>universalia post rem, <\/em>esto es, lo que se deduce despu\u00e9s en el concepto, de igual modo a como hacen las artes cuyos resultados no alcanzan a ser trasuntos de la voluntad y devienen por tanto, en un arte de menor calidad. Al margen de esto, por supuesto, ser\u00edan musicalmente incomparables. Queda claro, pues, que si hay una manera un\u00edvoca de conmover y excitar a la voluntad es, indefectiblemente, la de Rossini. Pero el <em>factum<\/em> que nos ha legado la historia de la m\u00fasica es tan diferente que aun dir\u00edamos que desmiente la anterior opini\u00f3n; que, contra la creencia de Schopenhauer de que no pod\u00eda representarse el eterno vaiv\u00e9n de la voluntad, la cual se debate infinitamente en un querer que jam\u00e1s la satisface por completo, mejor que por medio de los ritmos nerviosos de la m\u00fasica de Rossini, de sus graciosas melod\u00edas que como pu\u00f1ales se clavan en la carne de la tragedia mediterr\u00e1nea; decimos, pues, contra esto, que en el legado recogido por la posteridad no se encuentra la menor se\u00f1al de esa tan evidente analog\u00eda. Pues muy al contrario de lo que hubiese esperado y deseado Schopenhauer, toda vez que un compositor se ha sentido inspirado por la prescriptiva voluntarista ha cortado su m\u00fasica por el patr\u00f3n wagneriano y, en menor medida, bruckneriano; mas en nada por el del gracejo rossiniano.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Y es aqu\u00ed adonde quer\u00edamos llegar: a la presentaci\u00f3n de un compositor pretendidamente schopenhaueriano que, por alg\u00fan lance oculto, el destino todav\u00eda no ha querido reconocer. Permanece en la sombra que proyecta el \u00c9boro de las infames corrientes musicales contempor\u00e1neas el holand\u00e9s Alphons Diepenbrock. En este brev\u00edsimo art\u00edculo se expondr\u00e1, a grandes rasgos, la filosof\u00eda que le subyace.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: left;\"><strong>Alphons Diepenbrock (1862 \u2013 1921)<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: left;\">Considerado el compositor holand\u00e9s m\u00e1s importante de principios de siglo XX, Alphons Diepenbrock naci\u00f3 el 2 de septiembre de 1862 y muri\u00f3 el 5 de abril de 1921. Adem\u00e1s de m\u00fasico fue profesor de filolog\u00eda cl\u00e1sica, traductor y un muy ingenioso ensayista.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pese a la ing\u00e9nita genialidad musical que ya testimoniaba el ni\u00f1o Alphons Diepenbrock, sus padres no aceptaron ingresarle en ning\u00fan conservatorio, y no tuvo m\u00e1s remedio, por consiguiente, que aprender por s\u00ed solo los sublimes ingenios del arte de Orfeo. Este autodidacta, sin embargo, no dedic\u00f3 todo su tiempo al viol\u00edn y al piano: sus devaneos intelectuales no se escaparon del atractivo mundillo de las lenguas cl\u00e1sicas que ofrec\u00eda la Universidad de \u00c1msterdam. As\u00ed, en lugar de empu\u00f1ar el cetro y dirigir su reci\u00e9n estrenada sinfon\u00eda, tal y como era habitual en aquella \u00e9poca decimon\u00f3nica tras la finalizaci\u00f3n de los estudios en el conservatorio, bajo la f\u00e9rula de un Brahms, de un Max Bruch o de un Bruckner, en 1888 este artista desviado se doctor\u00f3 en filolog\u00eda con una tesis sobre S\u00e9neca. Para su consuelo y el nuestro, al menos no se expuso a las invectivas furibundas de un profesor envanecido, como le ocurri\u00f3 al limf\u00e1tico y lun\u00e1tico Hans Rott (1858 <strong>\u2013 <\/strong>1884), que enferm\u00f3 mentalmente tras las despiadadas cr\u00edticas que le profiriese Brahms. \u00bfQu\u00e9 relevancia hist\u00f3rica hubiese tenido el joven Rott de no haber muerto prematuramente? Es cosa que nos hemos perdido para siempre; l\u00e1stima.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Y sin embargo, Alphons Diepenbrock, a pesar de que vivi\u00f3 m\u00e1s que este \u00faltimo e incluso se code\u00f3 con figuras de la talla de Willem Mengelberg (1871 <strong>\u2013 <\/strong>1951), Gustav Mahler (1860 <strong>\u2013 <\/strong>1911) y Claude Debussy (1862 <strong>\u2013 <\/strong>1918), es menos conocido que \u00e9l. Sin desmerecer el justo lugar que el tiempo ha reservado en la historia de la m\u00fasica a Rott, esto es, como ascendiente en la moderna sinfon\u00eda mahleriana, nos parece sin embargo injusto, tambi\u00e9n, que apenas su nombre figure como un precursor, y desde aqu\u00ed aprovechamos para vindicar su prodigiosa <em>Sinfon\u00eda en E mayor <\/em>(1880), a la cual elogia Mahler sin tapujos:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00abLo que la m\u00fasica ha perdido con \u00e9l es inconmesurable. Su primera sinfon\u00eda, escrita cuando s\u00f3lo era un joven de veinte a\u00f1os, pr\u00e1cticamente se eleva a unas alturas de genialidad que lo hacen <strong>\u2013 <\/strong>sin exageraci\u00f3n <strong>\u2013 <\/strong>el fundador de la Nueva Sinfon\u00eda tal y como yo la entiendo&#8230; Su naturaleza es tan parecida a la m\u00eda que se dir\u00eda que ambos somos como dos frutos del mismo \u00e1rbol, producidos por el mismo simiente, alimentados por el mismo aire. Podr\u00edamos haber tenido infinidad en com\u00fan. Tal vez ambos hayamos podido ir juntos, hasta cierto punto, hacia el agotamiento de las posibilidades de esta nueva \u00e9poca musical que a la saz\u00f3n amanec\u00eda\u00bb<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Pero volvamos a Alphons Diepenbrock. Rebuscando a consciencia entre los vestigios del pasado en la hemeroteca castellana de la <em>Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a, <\/em>s\u00f3lo me he topado con una alusi\u00f3n a su nombre por una tal holandesa Nora van Tricht, que a ra\u00edz de su estancia en el balneario de Scheveningue relata los conciertos que all\u00ed tuvieron lugar en la temporada de 1929 <strong>\u2013<\/strong> 1930; concretamente \u00e9sta:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">M\u00e1s no me ha concedido la suerte encontrar. As\u00ed, pues, que frente a las decenas de resultados que aparecen cuando introducimos los nombres de quienes fueron puntualmente consagrados por la fama, como el del mediocre Heinrich Marschner (1795 <strong>\u2013 <\/strong>1861) o el del irregular pero en ocasiones salvable Friedrich von Flotow (1812 <strong>\u2013 <\/strong>1883), el que sobre el nombre de Alphons Diepenbrock haya ca\u00eddo tal velo de silencio no tiene por qu\u00e9 sorprendernos. Y es que el recuerdo propende a ejercerse cuando evoca diversi\u00f3n y algazara, pero no cuando existe la posibilidad de ensombrecer el presente, como es el caso de la mayor parte de las obras de Alphons Diepenbrock, pin\u00e1culos de tragedia desplegados a lo largo y ancho de legendarios, arrebatadores y dolorosos poemas de los grandes de la tragedia griega y del romanticismo alem\u00e1n. Intensa es, por ejemplo, su pieza <em>Die Nacht <\/em>[La noche], inspirada en la eleg\u00eda de H\u00f6lderlin, para <em>Alto solo <\/em>y <em>Orquesta<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Podr\u00edamos atribu\u00edrle a la suerte del propio Alphons Diepenbrock las siguientes palabras del poema de H\u00f6lderlin: \u00ab[&#8230;] el ta\u00f1ido de cuerdas resuena en jardines lejanos\u00bb. Pues el cromatismo de sus notas no nos interpelan sino, como ya hemos visto, en lontananza, solitarias, arrestadas por un celoso horizonte, como el sonido casi extinguido de aquellos cencerros que Leopardi o\u00eda desde su lecho y que le sum\u00edan en la dulce melancol\u00eda de los viejos d\u00edas. Y me repito: \u00ab\u00bfQui\u00e9n se acuerda del viejo holand\u00e9s?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Muy pr\u00f3ximo a nosotros, en 2002 se acord\u00f3 de \u00e9l Juan Carlos Olite, profesor de filosof\u00eda en la Universidad de Zaragoza, quien escribi\u00f3 un art\u00edculo de un par de p\u00e1ginas a prop\u00f3sito de nuestro maestro holand\u00e9s en la revista <em>Ritmo<\/em>. Con no poco acierto, escribe:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00abLas melod\u00edas de Alphons Diepenbrock son verdaderamente hijas, leg\u00edtimas hijas, de la palabra, del sentir ritmo y cadencial del verso. Las s\u00edlabas se declaman suave, lentamente, dejando que se escuche cada palabra con un \u00e9nfasis sagrado, haciendo del lenguaje una revelaci\u00f3n metaf\u00edsica, record\u00e1ndonos el milagro de la palabra como m\u00e1ximo producto de la naturaleza\u00bb<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Ciertamente, por el acento que el autor deja caer sobre la palabra, pareciera que se est\u00e1 hablando de Proust, m\u00e1s que de un m\u00fasico. Pero es que sus melod\u00edas son como hechizos y, sus ritmos, como la respiraci\u00f3n de un drag\u00f3n tras un manto espeso de nieve. Su m\u00fasica, que primeramente accede por los o\u00eddos termina, en suma, apoder\u00e1ndose del esp\u00edritu entero; y tal es el buen \u00e9xito de que goza uniendo palabra e instrumental que, por cierto, \u00abel \u00e1nimo no sabe que filosofa\u00bb<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">En 1888, el a\u00f1o de su doctorado en filolog\u00eda, compuso tres <em>lied <\/em>a ra\u00edz de poemas de Uhland, Goethe y Heine. De \u00e9ste \u00faltimo su poema <em>Es war ein alter K\u00f6nig <\/em>[Hubo un rey, ya envejeciendo] en escalas menores, del que tambi\u00e9n podr\u00edamos rescatar su \u00faltima estrofa para dar cuenta del destino del compositor: \u00ab\u00bfConoces el arcano cantar? Suena tan verdadero: \u00a1suena tan dulce! \/ Ambos tuvieron que morir, de amor \/ de un amor muy profundo\u00bb. Es dif\u00edcil superar la belleza con que amarida el vigoroso canto del bar\u00edtono con la nostalgia de una melod\u00eda que parece estar al borde del \u00f3bito:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">youtube.com\/watch?v=_n-clxFlEHg<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Al tiempo que compon\u00eda obras como \u00e9sta fue nombrado maestro de lenguas cl\u00e1sicas griega y romana en una escuela de Bolduque (&#8216;s-Hertogenbosch), cargo que ejerci\u00f3 hasta 1894. Fue durante este per\u00edodo cuando escribi\u00f3, quiz\u00e1, su pieza m\u00e1s sublime y m\u00e1s recordada: la <em>Missa in die festo <\/em>(1890).<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">youtube.com\/watch?v=aK866aTllcg<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Es aqu\u00ed donde el genio de Diepenbrock se manifiesta como la emanaci\u00f3n plotiniana del Esp\u00edritu afectivo: desprendi\u00e9ndose en otro mundo, el profano, sin perder sin embargo su divino encanto indisociablemente fundido con la Belleza. En esta misa logra quebrar el principio de raz\u00f3n suficiente, pues el canto a Dios en tanto que evocaci\u00f3n suya no consiente escisi\u00f3n alguna, ni temporal ni espacial, y se eleva con el impulso \u00edgneo de un seraf\u00edn a los confines indiferenciados del Uno. El \u00f3rgano irrumpe como la resonancia de unos d\u00edas muertos que, despaciosamente, principian en el movimiento a causa de un arcano y desconocido impulso el\u00e9ctrico. Entonces, a esta inopinada fuerza se suma, tambi\u00e9n paulatinamente, el canto del coro renacentista. Y la uni\u00f3n de ambas fuerzas se entrevera en una sola, sintetizando por tanto la esencia de una \u00e9poca que hasta Alphons Diepenbrock dormitaba en el ocaso de los tiempos, la polifon\u00eda del siglo XVI, con el por entonces actual impresionismo. Y la m\u00fasica se troca en filosof\u00eda, en la mism\u00edsima actividad autocreadora de la voluntad, donde \u00abs\u00f3lo existen las pasiones, los movimientos de la voluntad y, al igual que Dios, s\u00f3lo ve los corazones\u00bb<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. En esta misa, sagaz y atrevida como la sinfon\u00eda m\u00e1s convulsa de Beethoven, se realiza \u00abla concordia discordante de las cosas\u00bb<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Las voces, siempre tan humanas, cuyos clamores no dejan de elevarse para tratar de llegar a la piel de Dios, se hacen aqu\u00ed carne de \u00c9l, luego quedan hipostasiadas y se hacen suprasensibles aun participando, a su vez, de la carne, la sangre, la bilis y el cuerpo, que no es sino un odre de verg\u00fcenza en un instante tan sobremanera elevado como el que est\u00e1 teniendo lugar. Luego las voces van apag\u00e1ndose y el eco del \u00f3rgano permanece resonando en espacios infinitos, desliz\u00e1ndose allende el tiempo y el espacio, llegando adonde el hombre con su cuerpo jam\u00e1s lograr\u00e1, y penetrando el esp\u00edritu de todos los seres despertando su parte divina all\u00ed donde mora dormida. El ritmo se paraliza; pasan los cuarenta minutos de ejecuci\u00f3n. Y en los diez restantes alguien desgarra el silencio con su grito afinado, al que se a\u00f1ade una multitud de voces tanto m\u00e1s varoniles; y el gigantesco instrumento, coloso y s\u00fabdito de Dios vuelve a expectorar unas notas m\u00e1s; y en un acto de amor ilimitado las voces y el \u00f3rgano quedan reunidos, cantando al son de la vida del Esp\u00edritu. Suave armon\u00eda, colores inflamados, el azur del cielo descompuesto en los vitrales, todo, sin excepci\u00f3n, va acompas\u00e1ndose a la medida del \u00e9xtasis amoroso. Y as\u00ed continuando durante unos minutos m\u00e1s, de pronto, la fraternidad se consuma: el hombre, la voz, comprende la m\u00fasica, y el \u00f3rgano, la m\u00fasica, por su parte comprende al hombre. Y en esta apocat\u00e1stasis sonora el hombre se reintegra en la M\u00fasica, y la M\u00fasica en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Siento, empero, al contrario de lo que pensaba August Wilhelm Schlegel, que las palabras no son capaces de todo, y menos, de transmitir siquiera una m\u00e1cula de la verdad que se despliega en el arte. Quiz\u00e1 sean las palabras hasta cierto punto id\u00f3neas para platicar con la pintura, tal y como demuestran A. W. Schlegel y Caroline Schlegel en la obra que juntos escribieron, <em>Las pinturas, <\/em>dentro de la cual se halla una edificante teor\u00eda de c\u00f3mo deber\u00eda trasplantarse la experiencia visual a la palabra escrita. Pero me temo que no pasar\u00eda lo mismo con la m\u00fasica, ya que \u00e9sta \u00abno presenta, al igual que todas las otras artes, las <em>ideas <\/em>o niveles de objetivaci\u00f3n de la voluntad, sino que presenta inmediatamente a la <em>voluntad misma<\/em>\u00bb<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">De todos modos, aunque no alcancemos a sentir en las sonoridad de las palabras lo que se siente en sonando la m\u00fasica, no quiere decir que no podamos inquirir si, por cierto, la m\u00fasica que suena se adecua a las palabras que juntamente conforman las teor\u00eda que las funda: la schopenhaueriana. Aqu\u00ed nos limitaremos a dar un par de pinceladas, dado que este art\u00edculo no pretende otra cosa que ejercer a modo de llamada sobre el nombre de Alphons Diepenbrock para que el lector, por su propia voluntad, lleve sus investigaciones adonde \u00e9l m\u00e1s prefiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Nos serviremos, para el comentario estrictamente filos\u00f3fico, de la pieza para orquesta <em>Im grossen Schweigen <\/em>[En gran silencio]<em>, <\/em>basada en un conocido aforismo de Nietzsche. Pertenece \u00e9ste al aforismo n\u00famero 432 de <em>Aurora, <\/em>y <em>dice<\/em> as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00abJunto al mar nos olvidamos de la ciudad. Las campanas tocan el avemar\u00eda con un sonido f\u00fanebre aunque dulce en esta hora crepuscular. Aguardad un poco m\u00e1s. Todo se encuentra ahora en silencio. Se extiende el mar p\u00e1lido y brillante. No puede hablar. A esta hora de la tarde, el cielo representa su eterno papel, revestido de rojos colores, de tintes amarillentos y verdosos. Las rocas y arrecifes que se precipitan en el mar como tratando de encontrar un lugar m\u00e1s solitario, tampoco pueden hablar. Hay una \u00edntima quietud. \u00a1Qu\u00e9 hermoso y qu\u00e9 cruel es este gran silencio que nos sorprende repentinamente! \u00a1Qu\u00e9 doblez encierra esta belleza muda! \u00a1Si quisiera, \u00a1cu\u00e1ntas cosas dir\u00eda y qu\u00e9 malas ser\u00edan estas cosas! Su lengua y la doliente felicidad que hay impresa en su rostro no es m\u00e1s que malicia para burlarse de su compasi\u00f3n. \u00a1Que as\u00ed sea! No me averg\u00fcenza servir de risa a semejantes poderes. Pero yo te compadezco, naturaleza, porque te han de hacer callar, aunque no sea sino la malicia lo que te hace enmudecer. S\u00ed, me apena tu malicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Mira c\u00f3mo aumenta el silencio y c\u00f3mo se oprime y se espanta mi coraz\u00f3n ante una nueva verdad; <em>tampoco \u00e9l puede hablar; <\/em>se ha puesto de acuerdo con la naturaleza para burlarse tambi\u00e9n. Cuando la boca trata de pronunciar palabras en medio de esta belleza, mi coraz\u00f3n disfruta con la dulce malicia del silencio. En medio de \u00e9ste, la palabra y el propio pensamiento me resultan odiosos. \u00bfAcaso no escucho detr\u00e1s de cada frase la risa y el error, la imaginaci\u00f3n y la ilusi\u00f3n? \u00bfHabr\u00e9 de burlarme de mi compasi\u00f3n y de mi propia burla? \u00a1Oh mar! \u00a1Oh tarde! \u00a1Sois seres malignos!: ense\u00f1\u00e1is al hombre a dejar de ser hombre. \u00bfHabr\u00e1 de abandonarse \u00e9ste a vosotros y convertirse en lo que sois vosotros, algo p\u00e1lido, brillante, mundo, inmenso, aquietado en s\u00ed mismo, elevado por encima de s\u00ed?\u00bb<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Y <em>suena <\/em>as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><div class=\"lyte-wrapper\" style=\"width:640px;max-width:100%;margin:5px auto;\"><div class=\"lyMe\" id=\"WYL_DVkpQR9njX8\"><div id=\"lyte_DVkpQR9njX8\" data-src=\"\/\/i.ytimg.com\/vi\/DVkpQR9njX8\/hqdefault.jpg\" class=\"pL\"><div class=\"tC\"><div class=\"tT\"><\/div><\/div><div class=\"play\"><\/div><div class=\"ctrl\"><div class=\"Lctrl\"><\/div><div class=\"Rctrl\"><\/div><\/div><\/div><noscript><a href=\"https:\/\/youtu.be\/DVkpQR9njX8\" rel=\"nofollow\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i.ytimg.com\/vi\/DVkpQR9njX8\/0.jpg\" alt=\"YouTube video thumbnail\" width=\"640\" height=\"340\" \/><br \/>Watch this video on YouTube<\/a><\/noscript><\/div><\/div><div class=\"lL\" style=\"max-width:100%;width:640px;margin:5px auto;\"><\/div><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Escuch\u00e9mosla. Comienza en calma, con unos t\u00edmidos golpes de tambor que pronto se extinguen y que recuerdan a la c\u00e9lebre marcha f\u00fanebre de Purcell. Por detr\u00e1s, unos pellizcos intermitentes a las cuerdas de los violines. En el silencio algo despierta, pues casi sin reparar en ello van introduci\u00e9ndose los instrumentos. La inquietud teme por s\u00ed misma y, como cada d\u00eda durante infinidad de siglos, observa c\u00f3mo se apagan sus colores al son del crep\u00fasculo. La quietud toma su relevo, con su infinita sombra que todo lo abraza. Y cuando parece que va a consumarse el dolor c\u00f3smico, cuando, como siempre, parece que va a estallar una conflagraci\u00f3n sobre la tierra, el mar y los p\u00e1jaros y va a hacer de ellos una espiral de im\u00e1genes desgarradas, de pronto, la noche cae suave y dulce sobre el d\u00eda. Y no hay fiera que no se sienta acariciado por ella. Las rocas y los arrecifes se duermen; los peque\u00f1os peces se detienen y flotan, suspendidos, sobre la ligera arena del fondo de los oc\u00e9anos; las aves pliegan sus hermosas alas y sin causar el menor ruido se ocultan bajo los aleros de la iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Ya despu\u00e9s de este recogimiento de la naturaleza Nietzsche puede, por fin, ofrecer un b\u00e1lsamo a su esp\u00edritu convulso. Entonces la voz rasga las vestiduras del cielo e irrumpe en el espacio. Y esta voz, porque no hay voz salvo la del hombre, se <em>hace <\/em>a imagen y semejanza del Verbo creador. Es esta estampa prodigiosa la que le impele a pronunciarse, pero \u00bfqui\u00e9n es \u00e9l? \u00bfNietzsche? En absoluto. \u00bfQui\u00e9n, entonces? Recuerda al punto aquellas palabras nunca escuchadas de su viejo educador: \u00abEres un sujeto puro, un sujeto avolitivo\u00bb. Y se espanta de haber dejado atr\u00e1s su humanidad. Ahora un clarinete se clava en su carne y termina por sacarle de su estado beat\u00edfico. \u00ab\u00bfQui\u00e9n soy yo\u00bb, se pregunta. Pero la naturaleza enmudece: nunca ha dado respuestas. Y en pos de este estado de \u00e1nimo, las melod\u00edas de Alphons Diepenbrock se ensombrecen; el bar\u00edtono, por su parte, no sabe si dejar de cantar, y en el timbre de su voz hallamos la insatisfacci\u00f3n de la voluntad. El hombre y la naturaleza se vuelven rid\u00edculos; Nietzsche se siente v\u00edctima de otro de sus episodios auto-indulgentes: la graciosa percusi\u00f3n de un xil\u00f3fono adelanta a todos los dem\u00e1s sonidos de la orquesta y marca el tono general del momento. Mas, s\u00f3lo era un tr\u00e1mite de la voluntad antes de volver a su incesante deseo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">El viol\u00edn, hasta ahora testimonial, se abroquela en la voz del hombre y apu\u00f1ala con sus agudos el esp\u00edritu desnudo de la naturaleza. Nietzsche, pues, comprende inmediatamente que la naturaleza corre pareja a \u00e9l, que tambi\u00e9n ella es v\u00edctima de s\u00ed misma y, por ende, del hombre. Que el destino, en definitiva, le ha crucificado provoc\u00e1ndole los dolores m\u00e1s abominables, s\u00ed, pero que, asimismo, con ello le ha dotado de la capacidad de trascenderse a s\u00ed mismo por medio de este calvario universal. Pero se ha adentrado tanto en su dolor que el camino que tiene tras de s\u00ed ha ido desdibuj\u00e1ndose. No le queda, en consecuencia, m\u00e1s opci\u00f3n que continuar abri\u00e9ndose paso a trav\u00e9s de sus heridas y hacer de ellas el recorrido de la ca\u00edda del hombre en la historia. Y esto sabe comunic\u00e1rnoslo muy bien Alphons Diepenbrock: en\u00e9rgicos pero lejanos soplos de tromb\u00f3n, una masa cristalina que centellea y una \u00faltima despedida a cargo del arpa, delicadas notas como angulosos dedos desliz\u00e1ndose sobre la piel lacerada del redentor. Los p\u00e1rpados pesan y se cierran. Y la flauta exhala el postrer suspiro de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Se acab\u00f3 la poes\u00eda, el arte y la metaf\u00edsica. Luego, despu\u00e9s de esta pieza, \u00bfc\u00f3mo seguir creando? Es \u00e9sta la pregunta fundamental que a Alphons Diepenbrock le urge responder. El secreto, sin embargo, asoma la cabeza, r\u00ede y vuelve a su escondite; se nos muestra y se oculta, desaparece y aparece, grita y susurra; una vez le habla al viento y otra, al hombre. Porque el secreto es voluntad, y la condici\u00f3n que impone por revelarse supone, desgraciadamente, nuestra disoluci\u00f3n, dado que nosotros no somos sino esa voluntad que se sutrae a existir. \u00bfQu\u00e9 m\u00fasicos habr\u00e1n al menos hecho el intento de transponer los misterios de la voluntad a su m\u00fasica? No demasiados, si uno de m\u00e1s elevados <em>iniciados <\/em>contin\u00faa siendo, para el p\u00fablico y la cr\u00edtica, no m\u00e1s que un resto inerte del pasado.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0\u00a0 Nietzsche, Friedrich. <em>Correspondencia V. <\/em>(Enero 1885 \u2013 Octubre 1887). Trotta. Madrid (2014), [p.53].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a>\u00a0\u00a0 Schopenhauer, Arthur. <em>El mundo como voluntad y representaci\u00f3n II. <\/em>Alianza. Madrid (2013), [p.482].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>\u00a0\u00a0 Traducci\u00f3n m\u00eda del ingl\u00e9s de un extracto de la conversaci\u00f3n entre Gustav Mahler y Natalie Bauer-Lechner. Bauer-Lechner, <em>Recollections of Gustav Mahler, <\/em>London (1980), [p.146].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a>\u00a0\u00a0 Olite, Juan Carlos. <em>Alphons Diepenbrock. <\/em>Ritmo, n\u00ba 738 (2002), [p. 106-107].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a>\u00a0\u00a0 Schopenhauer, Arthur. <em>El mundo como voluntad y representaci\u00f3n I. <\/em>Madrid (2013), Alianza, [p.486].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>\u00a0\u00a0 Schopenhauer, Arthur. <em>El mundo como voluntad y representaci\u00f3n II. <\/em>Madrid (2013), Alianza, [p.590].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a>\u00a0\u00a0 Schopenhauer, Arthur. <em>El mundo como voluntad y representaci\u00f3n II. <\/em>Madrid (2013), Alianza, [p.592].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a>\u00a0\u00a0 Schopenhauer, Arthur. <em>El mundo como voluntad y representaci\u00f3n II. <\/em>Madrid (2013), Alianza, [p.588].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a>\u00a0\u00a0 Nietzsche, Friedrich. <em>Aurora. <\/em>M.E. Editores, Madrid, [p. 225].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando uno piensa en compositores influ\u00eddos por el pensamiento schopenhaueriano inmediatamente le viene a la cabeza el nombre de Richard Wagner. Para bien o para mal, Schopenhauer y Wagner son nombres indisociablemente ligados. 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