Barcelona, esa ciudad de contrastes donde el Mediterráneo besa las calles empedradas, ha sido el escenario vital y literario de innumerables autores. Pero pocos la han retratado con la pasión crítica y el apetito voraz de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003). Escritor, periodista, poeta y gourmet empedernido, Montalbán inmortalizó la capital catalana a través de su icónico detective Pepe Carvalho, un antihéroe que deambula por barrios populares, devora platos tradicionales y quema libros en su chimenea. Sus novelas, como Los mares del sur o La soledad del manager, no solo desentrañan misterios, sino que pintan un fresco de la Barcelona posfranquista, con sus transformaciones urbanas, sus desigualdades y sus placeres sensoriales.
En este reportaje, proponemos un recorrido por los lugares que Montalbán frecuentaba: desde el humilde Barrio del Raval donde nació, hasta las ramblas bulliciosas, mercados vibrantes, restaurantes legendarios y espacios culturales que inspiraron su obra. Muchos de estos sitios perduran, testigos de la evolución de la ciudad, mientras que otros han desaparecido, víctimas del tiempo o la gentrificación. Siguiendo esta ruta, no solo reviviremos el espíritu de Montalbán, sino que descubriremos una Barcelona auténtica, lejos de los circuitos turísticos masivos. El itinerario se puede completar en un día caminando o en transporte público, con paradas para saborear la gastronomía que tanto amaba el autor.
El Corazón del Raval: Donde Todo Comenzó
Nuestro viaje se inicia en el Barrio del Raval, conocido en tiempos de Montalbán como el Barrio Chino, un laberinto de calles estrechas, prostíbulos y vida bohemia que él describió con crudeza y cariño en novelas como Tatuaje. Nacido el 14 de junio de 1939 en la calle de la Botella número 11, Montalbán creció en este enclave multicultural, marcado por la pobreza de la posguerra y la inmigración. Hoy, el edificio donde vio la luz alberga el restaurante Arume, un local gallego moderno que rinde homenaje a sus raíces con platos como vieiras con crema de maíz o pulpo a la gallega. El sitio existe y prospera, atrayendo a comensales que buscan un toque contemporáneo en un barrio gentrificado, aunque conserva el eco de la infancia humilde del escritor.
Paseando por la Rambla del Raval, una avenida ancha y arbolada inaugurada en los años 90 como parte de la renovación olímpica, imaginamos a Montalbán reflexionando sobre los cambios urbanísticos que criticó en sus crónicas. Esta rambla, con sus bancos y terrazas, sigue siendo un espacio público vivo, frecuentado por locales y turistas. Aquí, el autor atrae ahora a curiosos, irónicamente, dado su escepticismo ante la «turistificación» de Barcelona. Cerca, en la calle Sant Rafael 24, se erige Casa Leopoldo, quizás el restaurante más emblemático de su universo. Fundado en 1929, era el favorito de Montalbán y de Carvalho, donde devoraban rabo de toro, cap i pota o arroces caldosos. Cerrado temporalmente en 2020 por la pandemia, reabrió en marzo de 2024 bajo la gestión del grupo Banco de Boquerones, manteniendo su esencia catalana tradicional. Hoy, con menús a unos 40-50 euros, es una obligación para los fans, aunque algunos lamentan que haya perdido parte de su alma bohemia.

No lejos, en la calle de la Cera, yacía Can Lluís, otro refugio gastronómico donde Carvalho pedía olleta d’Alcoi o espalda de cabrito asada. Este restaurante, con historia desde los años 40 y escenario de tiroteos legendarios, cerró definitivamente durante la pandemia, desahuciado en 2022. Su ausencia duele como un símbolo de la Barcelona que se desvanece, pero el edificio persiste, recordándonos la efímera de los lugares queridos. En el Raval también frecuentaba bares como la Taberna de Manuel, descrita en sus textos como un espacio angosto y profundo, ideal para bohemios. Aunque no se especifica su ubicación exacta, similares tabernas sobreviven en el barrio, como el Marsella, la absenta bar más antiguo de Europa, que Montalbán podría haber visitado en sus noches de juventud. El Raval entero existe, transformado, en un hub cultural con el MACBA (Museu d’Art Contemporani de Barcelona), pero conserva rincones que evocan el «barrio chino» de antaño.
Las Ramblas y la Boqueria
Subiendo hacia La Rambla, la arteria icónica de Barcelona, entramos en el territorio que Montalbán recorrió incansablemente. Esta avenida, dividida en secciones como la Rambla de Canaletes o la Rambla dels Caputxins, era para él un microcosmos de clases sociales, como se detalla en Orígenes literarios de la Barcelona de Vázquez Montalbán. Comenzamos en la Fuente de Canaletes, punto de partida de muchas rutas carvalhianas, donde los culés celebran victorias del Barça, un equipo que Montalbán adoraba y sobre el que escribió crónicas sentimentales. La fuente existe intacta, un lugar público gratuito para refrescarse y observar el flujo humano.
A pocos pasos, la Coctelería Boadas, en la calle Tallers 1, es un bar legendario fundado en 1933. Montalbán y Carvalho brindaban aquí con cócteles clásicos, y hoy sigue abierto, sirviendo daiquiris y martinis en un ambiente art déco. Es perfecto para una pausa, con precios razonables (alrededor de 10 euros por copa). Siguiendo La Rambla, llegamos al Mercado de la Boqueria, la «catedral de los sentidos» según Montalbán, quien le dedicó un libro entero. Este bullicioso mercado, con puestos de frutas exóticas, mariscos frescos y tapas, es donde Carvalho compraba ingredientes para sus festines. Existe y florece, aunque abarrotado de turistas; recomiendo visitarlo temprano para probar un pincho de bacalao o jamón ibérico.
En la Plaza Real (Plaça Reial), flanqueada por arcos neoclásicos, Montalbán ambientó escenas de intriga. Aquí, el Bar Glaciar, con sus terrazas sombreadas, era un punto de encuentro para intelectuales. Sigue operativo, ideal para un café o una cerveza mientras se contempla la plaza, que conserva su vibrante atmósfera multicultural. Cerca, la Plaza George Orwell (conocida como Plaça del Tripi), en el Raval limítrofe, evoca el lado alternativo del barrio, con bares eclécticos que Montalbán frecuentaba. Este espacio público existe, aunque más limpio y vigilado que en los 70.
Teatros y Espacios Culturales: El Alma Intelectual
Montalbán, hombre de letras y política, era asiduo a los templos culturales de Barcelona. El Gran Teatre del Liceu, en La Rambla 51-59, es uno de ellos. Este opulento teatro de ópera, reconstruido tras un incendio en 1994 (que Montalbán comentó en sus escritos), representa la alta cultura que contrastaba con su origen popular. Frecuentaba funciones aquí, y hoy sigue en pie, ofreciendo espectáculos de talla mundial. Si coincide una visita guiada (unos 15 euros), vale la pena explorar su interior barroco.
Otro lugar asociado es el Ateneu Barcelonès, en la calle Canuda 6, un club literario donde intelectuales como Montalbán debatían ideas. Fundado en 1835, existe y abre al público para eventos culturales, con una biblioteca impresionante. En la zona alta, Vallvidrera —donde Carvalho se refugia en novelas tardías— ofrece un contrapunto natural. Tomando el Funicular de Vallvidrera (en la sierra de Collserola), llegamos a este barrio boscoso que Montalbán eligió como retiro. El funicular opera diariamente, y desde allí se camina a la Ermita de Santa Maria, una capilla del siglo XVI que inspira paz. Ambos sitios perduran, ideales para un final reflexivo, con vistas panorámicas de la ciudad.
Más Sabores: Restaurantes que Perduran y Desaparecen
En el Barri Gòtic, Agut (ahora Ca l’Agut, en calle Gignàs 16) era otro favorito, con guisos catalanes como fricandó o bacalao. Cerrado durante la COVID, reabrió en 2023, preservando su tradición familiar desde 1924. Senyor Parellada, en calle Argenteria 37, ofrece croquetas y bacalao a la llauna; sigue abierto, con un encanto histórico. Can Solé, en Barceloneta (calle Sant Carles 4), especializado en arroces marineros desde 1903, resiste como un clásico.
Sin embargo, Quo Vadis, en calle del Carme, cerró su versión original, aunque un nuevo local homónimo opera cerca, sirviendo tapas. Bares como La Luna, frecuentado por bohemios, evocan el lado nocturno de Montalbán, sobreviven en el Raval.
Recorrer la Barcelona de Montalbán es revivir una época de cambios, donde la tradición choca con la modernidad. Muchos lugares —La Rambla, Boqueria, Casa Leopoldo— existen, invitando a saborear la ciudad como él lo hizo. Otros, como Can Lluís, han desaparecido, recordándonos la fragilidad urbana que criticaba. En total, este itinerario de unos 5 km ofrece no solo historia, sino una experiencia sensorial: come, camina y reflexiona. Como diría Carvalho, «Barcelona es una ciudad para quemar libros… y devorar platos». ¿Listo para el viaje?
