En el vasto y siempre cambiante panorama de la música alternativa, pocas bandas han dejado una marca tan indeleble como The Jesus and Mary Chain. Formada en 1983 en East Kilbride, Escocia, por los hermanos Jim y William Reid, esta banda no solo definió un género, sino que también desafió las convenciones de la música popular con una mezcla audaz de melodías dulces y distorsión abrasiva. A lo largo de cuatro décadas, su sonido distintivo, su actitud desafiante y su influencia perdurable han asegurado su lugar como una de las bandas más importantes e incomprendidas de la historia del rock. Esta crítica explora la trayectoria de The Jesus and Mary Chain, desde su explosivo debut con Psychocandy hasta su reciente Glasgow Eyes, destacando por qué siguen siendo una fuerza vital en la música contemporánea.
Orígenes y la revolución de Psychocandy
The Jesus and Mary Chain irrumpió en la escena musical en 1984 con su sencillo debut, «Upside Down», un himno crudo y visceral que marcó el tono de lo que estaba por venir. Producido por Alan McGee de Creation Records, el sencillo fue un éxito underground que capturó la atención de la prensa musical británica, no solo por su sonido, sino también por la reputación de la banda de ofrecer conciertos caóticos, a menudo de menos de 20 minutos, llenos de distorsión y enfrentamientos con el público. Este enfoque kamikaze, combinado con su imagen de gafas oscuras y ropa negra, los convirtió en un fenómeno instantáneo en los círculos independientes.
En 1985, la banda lanzó Psychocandy, un álbum que no solo consolidó su reputación, sino que redefinió las posibilidades del rock alternativo. Psychocandy es una obra maestra de contrastes: melodías pop inspiradas en los Beach Boys y Phil Spector se entrelazan con un muro de ruido que recuerda a The Velvet Underground y The Stooges. Canciones como «Just Like Honey» y «You Trip Me Up» son perfectos ejemplos de esta dicotomía, con armonías dulces envueltas en un caos sónico alimentado por un pedal de fuzz defectuoso que los hermanos Reid descubrieron por casualidad. Jim Reid explicó en una entrevista: “Pensábamos que estaba roto, pero sonaba genial. Cuando escuchamos lo que podíamos hacer con ese cacharro, dijimos ‘sí, esto es’”. Este accidente feliz dio lugar a un sonido que se convirtió en la piedra angular del noise pop y precursor del shoegaze.
El impacto de Psychocandy no puede subestimarse. Su fusión de melodías accesibles con distorsión agresiva creó un nuevo paradigma que influyó en bandas como My Bloody Valentine, Slowdive y los Pixies (quienes versionaron «Head On» en 1991). A pesar de las críticas iniciales mixtas, el álbum es ahora considerado un hito, con su legado evidente en la música alternativa de las décadas posteriores. Como señala un artículo de EL PAÍS, Psychocandy estableció “un canon sonoro que todavía perdura en la música popular”.
La evolución sonora: de Darklands a Automatic
Tras el éxito de Psychocandy, The Jesus and Mary Chain no se conformaron con repetir la fórmula. Su segundo álbum, Darklands (1987), marcó un cambio significativo al reducir el feedback y centrarse en melodías más definidas y melancólicas. Grabado casi enteramente por los hermanos Reid con una caja de ritmos en lugar de un baterista, Darklands demostró que la banda podía explorar nuevos territorios sin perder su esencia. Canciones como «Happy When It Rains» y la titular «Darklands» muestran una sensibilidad pop más refinada, pero con un trasfondo oscuro que refleja la tumultuosa relación entre los hermanos y su entorno. Aunque algunos fans extrañaron la intensidad cruda de Psychocandy, el álbum recibió críticas positivas y amplió el alcance de la banda.
En 1989, con Automatic, la banda continuó su experimentación, abrazando un sonido más pulido y utilizando sintetizadores y cajas de ritmos de manera prominente. Canciones como «Head On» y «Blues from a Gun» combinan un enfoque más accesible con la actitud desafiante que siempre ha definido a la banda. Aunque Automatic dividió a los críticos, su disposición a innovar demostró que los Reid no estaban interesados en complacer expectativas, sino en seguir su visión artística. Como dijo Jim Reid en una entrevista con Mondo Sonoro, “un sintetizador no es más que un instrumento musical. No hay reglas. Se trata de hacer lo que te dé la gana”.
Los altibajos y la disolución
Los años 90 fueron un período de altibajos para The Jesus and Mary Chain. Álbumes como Honey’s Dead (1992) y Stoned & Dethroned (1994) mostraron a la banda explorando nuevos estilos, desde el rock electrónico hasta un sonido más acústico y americano. Sin embargo, la relación entre los hermanos Reid, siempre volátil, comenzó a deteriorarse. Las tensiones personales, exacerbadas por el consumo de alcohol y drogas, culminaron en una pelea durante una gira en 1998 que llevó a William a abandonar la banda, marcando su disolución en 1999.
A pesar de estos desafíos, los 90 también produjeron momentos brillantes. Canciones como «Sometimes Always» (con Hope Sandoval de Mazzy Star) y «Far Gone and Out» muestran la habilidad de la banda para equilibrar su agresividad característica con un lirismo más introspectivo. Su influencia continuó creciendo, y su música comenzó a aparecer en bandas sonoras, como la icónica inclusión de «Just Like Honey» en la escena final de Lost in Translation (2003) de Sofia Coppola, un momento que reintrodujo a la banda a una nueva generación.
La resurrección y Damage and Joy
En 2007, The Jesus and Mary Chain se reunió para una actuación en Coachella, con Scarlett Johansson acompañándolos en «Just Like Honey». Este evento marcó el comienzo de una nueva etapa para la banda, que culminó con el lanzamiento de Damage and Joy en 2017, su primer álbum en casi dos décadas. Aunque incluye regrabaciones de canciones previamente publicadas, como «Song for a Secret» y «All Things Must Pass», el álbum es una síntesis equilibrada de su sonido clásico y un enfoque más maduro. Canciones como «Always Sad» y «Black and Blues» (con Sky Ferreira) muestran que los Reid aún podían capturar la magia de sus primeros días mientras exploraban nuevas texturas.
Damage and Joy no pretende ser un regreso triunfal, sino una reafirmación de la identidad de la banda. Como señala Mondo Sonoro, no es “una vuelta por todo lo alto”, pero sí una prueba de que los Reid seguían siendo relevantes. La colaboración con artistas femeninas como Isobel Campbell y Bernadette Denning añadió una dimensión fresca a su sonido, manteniendo la tradición de duetos memorables que comenzó con Psychocandy.
Glasgow Eyes: Un testimonio de longevidad
En 2024, The Jesus and Mary Chain lanzó Glasgow Eyes, un álbum que, aunque no alcanzó el impacto de Psychocandy, demuestra que los Reid aún tienen mucho que ofrecer. Canciones como «Venal Joy» y «Jamcod» combinan sintetizadores con guitarrazos característicos, evocando tanto su pasado como influencias más modernas como Suicide. Aunque la recepción crítica fue mixta (NME le dio un 3/5), el álbum es un testimonio de la capacidad de la banda para evolucionar sin traicionar sus raíces. Jim Reid, en una entrevista con Mondo Sonoro, expresó su confianza en el trabajo reciente: “Creo que estamos haciendo tan buena música a los 60 como la que hacíamos a los 20”.
Glasgow Eyes también refleja la madurez personal de los Reid. A diferencia de los días caóticos de los 80, cuando los conciertos a menudo terminaban en disturbios (como el infame “Disturbio The Jesus and Mary Chain” en Toronto en 1987), la banda ahora aborda su arte con una perspectiva más reflexiva. Sin embargo, su espíritu rebelde permanece intacto, como lo demuestra su desdén continuo por la crítica musical, expresado en su autobiografía Incomprendidos.
Legado e influencia
El legado de The Jesus and Mary Chain trasciende sus discos. Su enfoque sin concesiones, su fusión de ruido y melodía, y su actitud desafiante han inspirado a generaciones de músicos, desde el shoegaze hasta el indie rock moderno. Bandas como The Pixies, Nirvana y Black Rebel Motorcycle Club han reconocido su deuda con los Reid. Además, su impacto cultural se extiende más allá de la música, con su estética y actitud influyendo en el cine y la moda.
En su libro Incomprendidos, los hermanos Reid relatan su historia con una honestidad brutal, revelando tanto sus triunfos como sus luchas personales. La biografía, basada en entrevistas con el periodista Ben Thompson, captura la esencia de una banda que nunca buscó la aceptación masiva, sino que prefirió forjar su propio camino. Como dijo Jim Reid en GQ España, “cuando has escuchado a Bowie, a los Beatles o a Joy Division, al resto de bandas que quieren sonar como ellos se les ven las costuras”. The Jesus and Mary Chain, sin embargo, siempre ha sonado únicamente a sí misma.
Conclusión
The Jesus and Mary Chain es más que una banda; es un fenómeno cultural que desafió las normas y redefinió lo que el rock alternativo podía ser. Desde los días embriagadores de Psychocandy hasta la introspección de Glasgow Eyes, los hermanos Reid han demostrado una resiliencia y creatividad que pocas bandas pueden igualar. Su música, un matrimonio improbable de dulzura y caos, sigue resonando con una nueva generación de oyentes que buscan autenticidad en un panorama musical cada vez más homogeneizado. En un mundo obsesionado con la novedad, The Jesus and Mary Chain nos recuerda que la verdadera innovación surge de la valentía de ser diferente.
