Confesiones de un juez imaginario del Tribunal Supremo

―Ave María purísima. ―Sin pecado concebida. ―Padre, confieso que he pecado. ―Hoy vienes con cara de apurado. ¿Qué has hecho, hijo? ―Nada. ―Entonces no tienes nada de lo que preocuparte. ―Eso no es cierto padre, también se puede pecar por…














