En un momento crítico para el equilibrio político en España, la reciente apuesta de Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, por articular un frente popular a la izquierda del PSOE ha reabierto un debate que parecía, hasta hace poco, cerrado: ¿es posible y deseable una alianza amplia de fuerzas progresistas y soberanistas para contrarrestar el avance de la derecha conservadora y de extrema derecha? O, por el contrario, ¿se trata de un espejismo político, falto de anclaje social y de viabilidad estratégica?

Las noticias publicadas al respecto revelan dos cosas fundamentales: primero, que la iniciativa de Rufián ya ha generado tensiones internas entre los propios aliados potenciales (como ERC y EH Bildu), y segundo, que la fragmentación de la izquierda española sigue siendo un problema estructural que ninguna fuerza política ha logrado resolver satisfactoriamente.

Rufián: del independentismo a la propuesta de unidad de izquierdas

Gabriel Rufián no es un político convencional dentro del espectro de la izquierda española. Su trayectoria, estrechamente ligada al independentismo catalán y a la estrategia parlamentaria de ERC, le ha otorgado un perfil que combina la defensa de causas identitarias con discursos sociales de corte progresista. Ese cóctel le confiere cierta popularidad —según encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)—, pero también suscita desconfianzas sobre sus motivaciones y objetivos reales.

Su propuesta de articular un frente popular con otras fuerzas a la izquierda del PSOE se presenta en un contexto político en el que el Partido Socialista ya no encarna la hegemonía progresista que ejerció en décadas anteriores. La caída de la afiliación tradicional, la percepción de ambigüedad ideológica y los resultados electorales mediocres —como los observados en recientes comicios autonómicos aragoneses— han dejado al PSOE en una posición vulnerable frente al auge de formaciones como el PP, Vox e incluso nuevos partidos regionales de izquierdas.

Al poner sobre la mesa la posibilidad de una coalición electoral amplia, Rufián intenta reconfigurar el tablero político: más allá de identidades territoriales y estrategias de partido, se propone un bloque que pueda defender programas sociales y frenar el avance de los bloques conservadores. Pero este llamamiento no ha sido recibido de forma homogénea, incluso entre quienes podrían ser aliados naturales.

Un frente deseado, pero no compartido: Junqueras y Otegi

Las reacciones de las figuras más prominentes dentro del espectro de la izquierda alternativa han sido esclarecedoras. Por un lado, Oriol Junqueras, presidente de ERC, ha expresado dudas radicales sobre esta idea. Desde su visión, una coalición amplia solo tendría sentido en circunscripciones unificadas como las europeas, pero pierde lógica en unas elecciones generales con múltiples circunscripciones estatales. Para Junqueras, lo prioritario no es hablar de coaliciones y reparto de escaños, sino de políticas concretas que afecten la vida cotidiana de la ciudadanía —como vivienda y transporte—, sin que ello implique sacrificar la identidad política ni la estrategia de ERC como partido.

Por otro lado, Arnaldo Otegi, líder de EH Bildu, ha sido aún más escéptico. Aunque reconoce la necesidad de cooperación entre las fuerzas progresistas, considera que la propuesta de Rufián para unificar a todos los partidos a la izquierda del PSOE no es factible en la práctica. Otegi subraya que la idea de una lista conjunta puede tensionar la autonomía política de cada fuerza y diluir sus programas específicos, dificultando así un proyecto común que realmente funcione.

La tensión entre Rufián y estas figuras no es anecdótica: simboliza un problema estructural de la izquierda española contemporánea. La diversidad programática y territorial que podría ser una fortaleza se ha convertido, en la práctica, en un obstáculo para construir proyectos comunes sólidos.

Más allá de las personalidades: un espacio político en terapia

El debate no se reduce a egos políticos o a diferencias tácticas. Lo que está en juego es la viabilidad del bloque de izquierdas como una alternativa real al centro-derecha dominante. En este punto, conviene considerar varios factores que complican la propuesta de Rufián:

a) Fragmentación electoral y estratégica.
La izquierda no es un bloque monolítico. Incluye partidos de corte más moderado como Más Madrid, otros con fuerte identidad territorial como ERC o Bildu, y fuerzas más rupturistas como la CUP o ciertos sectores de Podemos. A diferencia de épocas anteriores, no existe un núcleo central que aglutine a todas estas sensibilidades en torno a un proyecto único. La experiencia de Sumar, que ha intentado articular un espacio de confluencia sin lograr consolidarse como fuerza dominante, es sintomática de esas dificultades.

b) La propia debilidad del PSOE.
La caída del PSOE en varias regiones ha beneficiado a partidos minoritarios que no siempre comparten programas similares. El crecimiento de Chunta Aragonesista en Aragón, por ejemplo, muestra cómo la desafección con los socialistas puede traducirse en victorias locales, pero también refleja la complejidad de unir fuerzas que operan en esferas territoriales muy distintas.

c) La amenaza de la derecha y extrema derecha.
La preocupación por el avance de PP y Vox es una de las principales motivaciones detrás de la propuesta de Rufián. En sus palabras, nadie debería pensar que el fascismo o las políticas autoritarias se detendrán por fronteras ideológicas o territoriales de cada formación. Este argumento ha resonado entre algunos líderes de opinión y analistas, que ven en la fragmentación un riesgo claro para la democracia española.

¿Es viable una alianza de izquierdas? Entre el deseo y la realidad

Una mirada fría a la realidad política sugiere que la idea de un frente popular puede tener sentido teórico pero carece aún de condiciones materiales para convertirse en una opción electoral sólida. Las fragmentaciones históricas —ideológicas, territoriales, programáticas— no se resuelven únicamente con consignas o con una gira de actos. Requieren compromisos programáticos, estructuras internas que acepten ceder protagonismo, y, sobre todo, una base social cohesionada que respalde ese proyecto.

Además, la resistencia interna dentro de ERC y la falta de entusiasmo de Bildu indican que no basta con contar con líderes dispuestos a explorar la alianza: se necesita una visión estratégica compartida que articule objetivos claros más allá del simple rechazo a las fuerzas conservadoras.

Una izquierda en busca de sí misma

La iniciativa de Gabriel Rufián ha abierto un debate que era necesario: la izquierda española está en un punto de inflexión. Pero la propuesta de formar un frente popular a la izquierda del PSOE, tal como está planteada hoy, parece más una declaración de intenciones que una estrategia factible. La fragmentación, la desconfianza mutua y las diferentes prioridades de cada fuerza son obstáculos reales que ningún líder puede salvar por sí solo.

Lo que está en juego no es solo quién lidera o quién se suma, sino si la izquierda puede construir un proyecto común que vaya más allá de urgencias electorales puntuales y capture las aspiraciones de justicia social, igualdad y democracia que muchos ciudadanos todavía depositan en este espectro político. Ese es el verdadero reto: no solo unificar nombres, sino articular una visión política coherente y compartida capaz de hacer frente a los desafíos de la España contemporánea.

alejandra maller

Alejandra Maller

Periodista en Revista Rambla | Web |  Otros artículos del autor

Periodista y catalana.

Comparte: